IETF: la política de los protocolos

¿Qué es el IETF? ¿Qué son los protocolos y por qué importan? La sigla se refiere al Internet Engineering Task Force, un organismo informal cuya misión es hacer que internet funcione mejor: desde identificar problemas técnicos hasta proponer soluciones y reglas. No es una corporación, no tiene directores ni miembros. Se reúnen tres veces al año y su código de valores de resume en una frase que ha sido plasmada en su código de comportamiento: “rechazamos reyes, presidentes y votos. Creemos en el consenso duro y en correr códigos que funcionen”. Es pocas palabras, la regla en el IETF es que cuando algo funciona para la red, y tiene sentido para la mayoría de sus integrantes (casi todos voluntarios por cierto), entonces se ejecuta. Es un foro de personas y no compañías, con un enfoque muy pragmático en el que cantan “huuuummmm” en vez de votar.

No se encarga del hardware ni de los protocolos a nivel de aplicaciones, sino de lo que pasa en la arquitectura: las calles de internet que permiten que la información se mueva de un lugar a otro. Ahí es donde entran los protocolos: las reglas básicas del tráfico de internet que definen cómo se mueve la información, cómo y quién se conecta con otros contenidos y personas.

A medida que la tecnología permea nuestra vida, estas reglas técnicas afectan los derechos humanos. De entrada, internet es una herramienta de comunicación donde la libertad de expresión está casi siempre directamente implicada. Los protocolos no son la excepción. Por ejemplo, el XMPP (potocolo extensible de mensajería y comunicación) es un estándar que permite los mensajes de chat, incluyendo texto, voz y videos. Incluso los protocolos TCP/IP -inventados en 1970 y que hoy conforman la base de internet- permitieron que computadoras con distintos sistemas operativos pudieran comunicarse, ampliando nuestra capacidad para expresarnos desde cualquier parte del mundo.

De igual forma, en la medida en que tanto empresas como gobiernos vigilan estas comunicaciones, el derecho a la privacidad se entrecruza también con protocolos. Inicialmente, el estándar HTTP define la forma como nos comunicamos a un sitio. Sin embargo, el HTTPS (protocolo seguro de transferencia de hipertexto) asegura que cualquier información que escribamos o busquemos en una página cifrada. Se trata de proteger los contenidos de nuestra navegación, de cualquier persona conectada a nuestro mismo WiFi o proveedor de servicios de internet.

Al final todo es cuestión de diseño. Por eso los protocolos son políticos. Reflejan los valores y creencias de las personas que los crean. Y por lo mismo el IETF es tan importante, aunque su trabajo sea prácticamente invisible para la mayoría de usuarios.

Es importante que los derechos humanos formen parte de estas discusiones. Podemos incidir. En teoría, cualquier persona puede formar parte del IETF. Solo hay que inscribirse y pagar un registro. El único obstáculo -que no es menor- es que es un foro súper técnico. Hay que saber cómo funciona para lograr participar.

Los consensos al interior del IETF se plasman en Requests for Comments-RFC (petición de comentarios). Cuando se publican después de un proceso que asegura precisamente el consenso, se convierten en estándares o protocolos. Los más importantes están reflejados en este formato: el IP detallado en el RFC 791, el File Transfer Protocol para compartir archivos en el RFC 959, o el HTTP —escrito por Tim Berners Lee— en el RFC 2616.

Los RFCs expresan algo esencial: internet es un sistema de tecnología cambiante. Los documentos de hoy pueden cambiar mañana, y por lo mismo cualquiera puede entrar al proceso, siempre y cuando se sigan las reglas que el Tao y el BCP78 delinean.

En esencia, todo RFC empieza como un borrador; un texto a ser comentado. Cada ronda de comentarios se agrega al borrador. Luego, hay ocho áreas en el IETF: aplicaciones, general, internet, operaciones y manejo, routing, seguridad, transporte e investigación. En cada una hay un director de área que se encarga de llevar los borradores con los comentarios incorporados al Internet Engineering Steering Group, que es una especie de organismo directivo. Ahí se anuncia una última llamada para comentarios, se revisan, discuten e incorporan más criterios hasta lograr un consenso sólido que se convierte en RFC. Cada borrador se puede presentar a título individual o vía un grupo de trabajo adherido a alguna de las áreas.

Uno estos es el Grupo de Investigación sobre Derechos Humanos y Protocolos que precisamente se enfoca en ver cómo la arquitectura de internet fomenta y obstaculiza derechos humanos. El primer borrador de este grupo de trabajo está a algunos pasos de convertirse en RFC: por primera vez en la historia, los derechos humanos formarán parte de las discusiones técnicas, a pesar de ciertas resistencias por miembros del IETF quienes siguen sosteniendo que los protocolos no son políticos sino neutros.

Esta semana se celebra la sesión #IETF99. Junto con Artículo 19, desde Derechos Digitales escribimos un borrador para discutir de qué forma los protocolos y la arquitectura de internet impactan los derechos de asociación y de reunión. Estos dos derechos son cruciales en la era digital. Las redes son asociaciones y vínculos en sí mismos. Sin mencionar que en países autoritarios o con democracias débiles, los protocolos que permiten el uso de correos electrónicos o chats son esenciales para la organización de disidencias.

¿Cómo podemos diseñar la arquitectura para que estos derechos se protejan de mejor manera? ¿Qué criterios incorporar para minimizar los daños a la red, en el ejercicio de los mismos? De esto va la discusión en el IETF. Nuestro borrador ahora está en la segunda vuelta después de incorporar los comentarios del grupo de investigación sobre derechos humanos y protocolos. Con un poco de suerte y después de muchas discusiones, pronto también se convertirá en RFC.

En estos tiempos la comunicación en internet está mediada por empresas privadas. No solo a nivel de aplicaciones como Google y Facebook, sino también a nivel infraestructura, tanto las líneas de transmisión como los cables y fibra óptica mediante los que nos conectamos. Los Estados están rebasados. El poder y las políticas de gobierno no alcanzan a regular -ni entender- la globalidad de internet. Por lo mismo, hemos pasado de un modelo clásico de gobierno a uno de “gobernanza”: ya no es un solo poder el que domina, sino una serie de entidades que luchan por plasmar sus intereses en las reglas, principios, políticas y estándares técnicos que determinan cómo opera la red. El IETF es uno de los organismos más importantes en este modelo de gobernanza. Como usuarios y sociedad civil, es importante que estemos al tanto de sus discusiones.

Tratto da derechosdigitales.org

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