The Project Gutenberg EBook of Relacion historica de los sucesos de la rebelion de Jose Gabriel Tupac-Amaru en las provincias del Peru, el ano de 1780, by Anonymous This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at www.gutenberg.net Title: Relacion historica de los sucesos de la rebelion de Jose Gabriel Tupac-Amaru en las provincias del Peru, el ano de 1780 Author: Anonymous Release Date: November 26, 2003 [EBook #10293] Language: Spanish Character set encoding: ASCII *** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RELACION HISTORICA *** Produced by Miranda van de Heijning, Virginia Paque and PG Distributed Proofreaders. This file was produced from images generously made available by the Biblioth que nationale de France (BnF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr. [Nota del Transcriptor: Las irregularidades en acentuacion y ortografia encontradas en este libro son consistentes con la flexibilidad de las reglas en uso en 1836, y asi no deben ser consideradas "errores" sino un elemento del estilo de la epoca.] RELACION HISTORICA DE LOS SUCESOS DE LA REBELION DE JOSE GABRIEL TUPAC-AMARU, EN LAS PROVINCIAS DEL PERU, EL ANO DE 1780. Primera Edicion. BUENOS-AIRES. IMPRENTA DEL ESTADO. 1836 DISCURSO PRELIMINAR A LA REVOLUCION DE TUPAC-AMARU. * * * * * Las extorsiones de los corregidores, y la impunidad de que disfrutaban en las _Audiencias_, produgeron en 1780 una fuerte conmocion entre los indios del Peru, capitaneados por Jose Gabriel Tupac-Amaru [1], cacique de Tungasusa en la provincia de Tinta; [2] que, altivo por caracter e irascible por genio, miraba con rencor la degradacion de los indigenas. Ultimo vastago de los Incas, y reducido ahora a prosternarse ante el mas vil empleado de la metropoli, no pudo su animo sobrellevar en paz estos ultrages. [Nota 1: Se le da comunmente el nombre de _Tupamaro_, corrupcion de dos voces de la lengua _quicchua_, que significan literalmente, "resplandeciente" _(thupac)_ y "culebra" _(amaru)_. Los antiguos Peruanos comparaban los hombres grandes y poderosos a las serpientes, porque, como ellas infunden miedo con su presencia. Uno de los barrios del Cuzco, donde los Incas mantenian por magnificencia algunos de estos animales, llevaba el nombre de _Amanucancha,_ "corral de las serpientes."] [Nota 2: O mas bien _Ttintti_, que en el mismo idioma quiere decir "langosta."] Habia frecuentado las universidades de Lima y del Cuzco, donde aprendio lo bastante para descollar entre sus iguales. No contento con el cacicazgo, que era hereditario en su familia, solicito ser reconocido como descendiente legitimo de los antiguos dinastas del Peru, y habia ya conseguido reasumir el titulo de _Marques de Oropesa_ que habian llevado sus antecesores.[3] [Nota 3: D. Martin Garcia Loyola, sobrino de San Ignacio, y gobernador de Chile en 1583, caso con Clara Beatriz, _Coya_, hija unica y heredera del Inca Sayri Tupac. De este matrimonio nacio una hija, que paso a Espana, donde se enlazo con un caballero, llamado D. Juan Henriquez de Borga, y a quien el Rey concedio el titulo de _Marquesa de Oropesa_. De esta rama procedia tambien _Tupac-Amaru_.] Preocupado con sus ideas de venganza, sintio la necesidad de adquirir renombre, y derramo sus caudales para hacerse de clientes. Se puso tambien en contacto con las personas mas influyentes del clero, a quienes pintaba con los mas vivos colores los vejamenes que sufrian los indios. Movidos por sus quejas, los obispos de la Paz, del Cuzco, y otros prelados del Peru, las habian transmitido al Rey por medio de Santelices, Gobernador de Potosi, muy inclinado a favor de los naturales, y cuyos sufragios eran de un gran peso por el credito que disfrutaba en la corte. Carlos III, principe justo y magnanimo, habia acogido con interes estas suplicas, y para atenderlas con acierto habia llamado al mismo Santelices a ocupar un puesto en su Consejo de Indias. Con tan prosperos auspicios, D. Blas Tupac-Amaru, deudo inmediato de Jose Gabriel, fue a Madrid a solicitar la supresion de la mita y los repartos. Todo anunciaba un feliz desenlace, cuando la Parca trunco la vida de estos filantropos, no sin sospecha de haber sido envenenados. Solo, y expuesto al resentimiento de los que habian sido denunciados, se resolvio Tupac-Amaru a echar mano de un arbitrio violento. Hallabase de corregidor en la provincia de Tinta un tal Arriaga, hombre avido e inhumano, que abusaba del poder para saciar su inextinguible sed de riquezas. Hecho odioso al pueblo a quien tiranizaba, fue esta la primer victima que le fue inmolada. Bajo el pretexto de celebrar con pompa el dia del Monarca, el cacique lo atrajo a Tungasuca, donde en vez de las diversiones que esperaba, fue condenado a expiar sus crimenes en un cadalso. Igual suerte estaba reservada al corregidor de _Quespicancha_ [4], que salvo la vida, abandonando sus ricos almacenes, y mas de 25,000 pesos que tenia acopiados en las arcas del fisco. [Nota 4: Escriben comunmente _Quispicanchi_, que nada significa. El otro nombre se compone de _quespi_, que en el idioma _aymara_ corresponde "a cosa que brilla", como cristal, piedra preciosa, &c., y de _cancha_, "corral."] Estos despojos, repartidos generosamente entre las tropas, dilataron la esfera de accion de estos tumultos. Los funcionarios publicos, siguiendo el ejemplo de los corregidores, que eran el blanco principal de la animadversion de los pueblos, desamparaban sus puestos, y dejaban libre el campo a los amotinados. Sus filas, que se engrosaban diariamente, presentaron pronto una masa imponente para emprender mayores hazanas. Al sentimiento de venganza, que brotaba expontaneamente de todos los corazones, quiso Tupac-Amaru hermanar otro que lo afirmase y ennobleciese. Dos siglos y medio, pasados en la servidumbre, no habian podido borrar de la memoria de los indigenas los recuerdos del gobierno paternal de los Incas: grabados en las ruinas del Cuzco, donde moraban sus dioses, y descansaban sus heroes, hacian de esta ciudad el objeto de una supersticiosa veneracion; y aqui fue donde se dirigio Tupac-Amaru para inflamar el ardor de sus soldados. Trabado en su marcha por una fuerza de milicianos que se habia organizado de Sangarara, los ataco, y obligo a asilarse del templo, donde se defendieron hasta sepultarse bajo los escombros del edificio, que se desplomo sobre sus cabezas. Esta ventaja, poco considerable en si misma, dio alas a la anarquia, que se propago hasta la provincia de Chichas. El foco principal de esta nueva insurreccion era Chayanta, donde dominaban los Catari, hombres populares y atrevidos, que estaban quejosos por la indiferencia con que el virey Vertiz y la Audiencia de Charcas habian oido sus reclamos contra la escandalosa administracion de Alos, corregidor de aquel partido entonces, y promovido despues al gobierno del Paraguay. Tomas, el mayor de sus hermanos, desairado por el Virey, cuya justicia habia venido a implorar personalmente a Buenos Aires, regreso a su provincia, esparciendo la voz de haber conseguido mas de lo que habia solicitado: y este ardid sublevo contra Alos a todos los indios, que se resistian a pagar los tributos y a admitir sus repartos. El corregidor se vengo por una perfidia, que hizo mas arriesgada su posicion. Imputo a Catari la muerte de un recaudador de rentas, y le envio preso a la Audiencia de Charcas. Desde este momento la sangre corrio a torrentes, y la pluma del historiador se retrae de trazar el cuadro espantoso de tantos excesos. En Oruro, en Sicasica, en Arques, en Hayopaya, fueron innumerables las victimas. En la iglesia de Caracoto la sangre de los espanoles llego a cubrir los tobillos de los asesinos. En Tapacari, pequeno pueblo de la provincia de Cochabamba, se quiso obligar a un padre a desgarrar el corazon de sus hijos a la vista de la madre: y la repulsa a tan inicuo mandato, fue la senal de su comun exterminio. Nada fue respetado: ni la edad, ni el sexo, ni las suplicas, ni los lamentos libraban de la muerte, y una parte de la poblacion sucumbia al furor de la otra. Entretanto los Vireyes de Buenos Aires y de Lima trabajaban de consuno para sofocar la insurreccion del Peru. Varias tentativas de los rebeldes se habian malogrado por la impericia de los gefes en quienes Tupac-Amaru habia depositado su confianza. Su muger le habia obligado a volver a Tungasuco, para calmar los terrores que le habia causado la noticia de la salida de la tropas de Lima. iTriste y singular presentimiento! Con el Mariscal Valle, que mandaba esta expedicion, venia el Visitador Areche--ese hombre feroz, que, conculcando los derechos de la humanidad, y ultrajando al siglo en que vivia, debia renovar las escenas de los tiempos barbaros, en la epoca en que aun vivian Becaria y Filangeri! La ausencia de Tupac-Amaru, aunque momentanea, fue senalada por grandes reveses. Sus tropas, que no habian podido penetrar al Cuzco, fueron rechazadas de Puno y de Paucartambo. Estos contrastes, y la expedicion de Lima que se avanzaba a marchas redobladas, le hicieron advertir todo el peligro de la inaccion en que estaba, y de la que le importaba salir cuanto antes. Su reaparicion excito el mas vivo entusiasmo, y las poblaciones se agolpaban en el transito para aclamarle. Esta vez cinio las infulas, _(llantu)_ que, segun Garcilaso, eran las insignias de la dignidad real entre los Incas. Inexperto en el arte de mandar los ejercitos, se enredo nuevamente en el sitio del Cuzco, del que tuvo que desistir segunda vez, no por la resistencia que le oponia la ciudad, sino por el miedo de ser atacado por la fuerza de Valle. En este estado no le quedaba mas alternativa que salir al encuentro de la columna auxiliadora, o retirarse: prefirio este ultimo arbitrio, teniendo a su disposicion un ejercito de 17,000 hombres! Se replego hacia la provincia de Tinta, donde no tardo en alcanzarlo Valle al frente de 16,000 hombres. Le aguardo Tupac-Amaru con 10,000, que fueron arrollados en las inmediaciones de Tungasuca. Hecho prisionero con toda su familia, fue llevado al Cuzco, donde expio de un modo atroz el deseo de restablecer la dominacion de los Incas, o mas bien de sustraer a los indios de la baja e intolerable tirania de los corregidores. No por esto cesaron los males del Peru. Diego, y Andres, el uno hermano, y el otro sobrino de Tupac-Amaru, segundados por Julian Apasa, sucesor de Tomas Catari, continuaron hostilizando a las tropas y a los pueblos. Los sitios que pusieron a Puno, a Sorata y a la Paz, forman los episodios mas interesantes de este drama. La ultima de estas ciudades sostuvo dos cercos, que duraron 109 dias, a pesar de hallarse la ciudad embestida por 12,000 indios, duenos de las avenidas, y de todas las alturas que la dominan. En este teatro de desolacion brillo el genio activo de D. Sebastian Segurola, sobre el cual gravitaba la responsabilidad de conservar un numeroso vecindario, reducido a perecer de hambre, o a entregarse al cuchillo de una horda feroz. Solo la firmeza de este gefe pudo librarlo de tan grande infortunio. Ni fue menos honrosa la conducta de Valle, Flores, y del mas esforzado de todos, Reseguin. Cuando paso la frontera de Salta, se hallo este oficial en el centro de una gran insurreccion que devoraba la provincia de Chichas. Suipacha, Cotagaita, Tupiza, estaban en manos de los insurgentes, que en esta ultima ciudad habian imitado el ejemplo de Tupac-Amaru, ahorcando a su corregidor. Reseguin, con un punado de bravos, restablece el orden, escarmienta a los indios, y los pone en la imposibilidad de volverse a lanzar contra la autoridad publica. Su marcha hasta el Cuzco fue una serie continuada de combates y triunfos. Llego en circunstancias que el sitio de Sorata habia tenido un horrible desenlace. Irritado Andres Tupac-Amaru de la obstinada resistencia que le hacian sus habitantes, a quienes amagaba con un ejercito de 14,000 hombres, recoge las aguas del cerro nevado de Tipuani, y cuando las vio crecer en el estanque que habia formado en un nivel superior a la ciudad, rompe los diques, e inunda la poblacion, destruyendo de un modo irresistible todos sus medios de defensa. Quedaba la Paz, cercada por segunda vez por la famosa _Bartolina_, muger, o concubina de Catari. Valiendose del arbitrio empleado contra Sorata, los sitiadores hacen represas en el rio que pasa por la ciudad, y forman una inundacion que rompe sus puentes, y causa los mayores estragos. Tal vez hubiera tenido que ceder su intrepido defensor Segurola, sino hubiese aparecido Reseguin, que venia a socorrerle con 5,000 hombres, llenos de entusiasmo por un triunfo que acababan de reportar en Yaco. Tantos trabajos habian postrado a este incansable oficial, que por primera vez desde su salida de Montevideo, se veia forzado a interrumpir sus tareas. Aun no habia convalecido de una grave enfermedad que le habia asaltado, cuando llega a la Paz la noticia de una fuerza que Tupac-Catari organizaba en las Penas. Debil, y extenuado por sus padecimientos, Reseguin halla en su alma vigor bastante para reanimar sus fuerzas abatidas. Empuna su espada, alcanza a los rebeldes, los derrota, y cual otro Mariscal de Sajonia en la batalla de Fontenoi, entra al pueblo de las Penas, cargado en hombros de sus soldados. Tan leal como valiente, respetaba las personas de los que se habian amparado del perdon ofrecido por el Virey de Lima. Pero un oidor de Chile, que le acompanaba en calidad de _consultor_, complicando a los indultados en el proceso que seguia de oficio contra Tupac-Catari, mando prender a todos, e hizo destrozar vivo en la Paz a este caudillo. De todas las cabezas principales de esta revolucion no quedaba mas que Diego Cristoval Tupac-Amaru, a quien estos rasgos de perfidia hacian desconfiar de las promesas de los espanoles. Pero, arrastrado de su destino, se dejo persuadir a entregarse voluntariamente al General Valle en su campamento de Sicuani; y no tardo en arrepentirse de esta confianza. Vivia retirado y tranquilo en el seno de su familia, cuando se le asecho y prendio para someterle a un juicio, en que, por crimenes imaginarios, se le condeno a perecer barbaramente en un cadalso. Areche, Medina y Mata-Linares, autores de tantas atrocidades, recibieron honores y aplausos: pero el aspecto de las victimas, sus ultimos lamentos, sus miembros palpitantes, sus cuerpos destrozados por la fuerza de los tormentos, son recuerdos que no se borran tan facilmente de la memoria de los hombres;[5] y debe perpetuarlos la historia para entregar estos nombres a la execracion de los siglos. [Nota 5: Areche, que miraba la egecucion de Tupac-Amaru desde una ventana del Colegio de los ex-Jesuitas del Cuzco, cuando vio que los caballos no podian despedazar el cuerpo de este desgraciado, mando que le cortasen la cabeza: y a la muger de Tupac-Amaru la acabaron de matar "dandole patadas en el estomago." _iHorrcaco referens!_] Pocos ejemplos ofrecen los anales de las naciones de una carniceria tan espantosa. No solo se atormento, y sacrifico a Tupac-Amaru, su muger, su hijo, sus hermanos, tios, cunados, y confidentes, sino que se proscribio en masa a todo su parentezco, por mas remotos que fuesen los grados de consanguineidad que los unian. Solo se perdono la vida a un nino de once anos, hijo de Tupac-Amaru, que despues de haber presenciado el suplicio de sus padres y deudos, fue remitido a Espana, donde fallecio poco despues. Asi es que debe tenerse por apocrifo el titulo de _Quinto nieto del ultimo Emperador del Peru,_ que asumio _Juan Bautista Tupamaru_, para conseguir del Gobierno de Buenos Aires una pension vitalicia.[6] [Nota 6: El titulo del folleto que este impostor publico en Buenos Aires, es: _El dilatado cautiverio bajo el gobierno espanol de Juan Bautista Tupamaru, quinto nieto del ultimo Emperador del Peru._ _Buenos-Aires, 2 de Setiembre de_ 1837. PEDRO DE ANGELIS] El unico resultado util de este gran sacudimiento fue la nueva organizacion que la Corte de Espana dio a la administracion de sus provincias de ultramar, y la abolicion de los repartimientos. De este modo quedo legitimado el principio que invoco Tupac-Amaru para mejorar la suerte de los indios, que hallaron despues en sus Delegados, administradores mas responsables, y por consiguiente mas integros que los Corregidores. RELACION HISTORICA & * * * * * Aunque las crueles y sangrientas turbaciones, que han excitado y promovido los indios en la provincias de esta America Meridional, han sido la causa total de tantas lamentables desdichas, como se han seguido a sus habitantes, es no obstante preciso confesar que el verdadero y formal origen de ellas no es otro que la general corrupcion de costumbres, y la suma confianza o descuido con que hasta ahora se ha vivido en este continente. Asi parece se deduce de los propios hechos, y lo persuaden todas sus circunstancias. De algunos anos a esta parte se reconocian en esta misma America muchos de aquellos vicios y desordenes que son capaces de acarrear la mas grande revolucion a un estado, pues ya no se hallaba entre sus habitadores otra union que la de los bandos y partidos. El bien publico era sacrificado a los intereses particulares: la virtud y el respeto a las leyes, no era mas que un nombre vano: la opresion y la inhumanidad no inspiraban ya horror a los mas de los hombres acostumbrados a ver triunfar el delito. Los odios, las perfidias, la usura y la incontinencia representaban en sus correspondientes teatros la mas tragica escena, y perdido el pudor se transgredian las leyes sagradas y civiles con escandalo reprensible. Tal era el infeliz estado de estas provincias en punto a disciplina, y no mejor el que se manifestaba en orden a la seguridad y defensa de ellas; pues no se encontraban armas, municiones ni otros pertrechos para la guerra, carecian de oficiales y soldados que entendiesen el arte militar: porque, aunque en las capitales de este vasto reino, como son Lima y Buenos Aires, se hallasen buenos e inteligentes, como el fuego de la rebelion se encendio en el centro de las mismas provincias y casi a un mismo tiempo en todas, y la distancia de una a otra capital es mil leguas, cuando menos, no dio lugar a otra cosa que a hacer inevitables los estragos, pues aunque tenian nombrados regimientos de milicias, cuya fuerza se hizo crecer en los estados remitidos a la Corte, se conocio despues que solo existian en la imaginacion del que los formo, tal vez con miras poco decorosas a su alto caracter, por la utilidad que producian los derechos de patentes y otras gabelas. Los corregidores, poseidos de una ambicion insaciable con cuantiosos e inutiles repartos, cuyo cobro exigian por medio de las mas tiranas egecuciones, con perjuicio de las leyes y de la justicia, se les habia visto en algunas provincias hacer reparto de anteojos, polvos azules, barajas, libritos para la instruccion del egercicio de infanteria, y otros generos, que lejos de servirles de utilidad, eran gravosos y perjudiciales. Por otra parte se veian tambien hostigados de los curas, no menos crueles que los corregidores para la cobranza de sus obvenciones que aumentaban a lo infinito, inventando nuevas fiestas de santos y costosos guiones con que hacian crecer excesivamente la ganancia temporal: pues si el indio no satisfacia los derechos que adeudaba, se le prendia cuando asistia a la doctrina y a la explicacion del evangelio, y llegaba a tanto la iniquidad, que se le embargaban sus propios hijos, reteniendolos hasta que se verificaba la entera satisfaccion de la deuda, que regularmente se la habia hecho contraer por fuerza el mismo parroco. En algunas ocasiones habian manifestado anteriormente los indios estos justos resentimientos, que ocasionaron la alteracion de varias provincias, resistiendo y matando a sus corregidores, como sucedio en la de Yungas de Chulumani, gobernandola el Marques de Villa-hermosa, que se vio precisado, despues de haberle muerto a su dependiente Solascasas, a contenerlos con las armas, a cuyo acto le provocaron. Asi tambien en la de Pacajes y Chumbilvicas, en donde quitaron las vidas a sus corregidores, Castillo y Sugastegui, cometiendo otros excesos, que indicaban el vasto proyecto, que con mucho tiempo y precaucion iban meditando, para sacudir el yugo. Ya fuese fatigados y oprimidos de las extorsiones y violencias que toleraban, o insultados y conmovidos con un espiritu de sedicion que sembro el reo Tomas Catari, con el especioso pretesto de haber conseguido rebaja de tributos, se alzaron con tan furioso impetu, que en breve espacio de tiempo el incendio abraso todas las provincias. En el pueblo de Pocoata, provincia de Chayanta, se declaro la sedicion, y dando los indios muerte a muchos espanoles, prendieron a su corregidor, D. Joaquin de Alos, que retuvieron en el pueblo de Macha, como en rehenes, para solicitar insolentes la libertad de su caudillo Catari; y como presentandose la necesidad armada en toda la fuerza del poder, es irreparable el dano de la resistencia, fue forzoso que por salvar aquella vida, se libertase del castigo el delincuente Catari, logrando prontamente soltura de la prision en que se hallaba: ya fuese porque en tiempo que el peligro aprieta, la prudencia induce a no detenerse en formalidades, ni aventurar la quietud publica por los escrupulos de autoridad, o ya porque, poco acostumbrados los Oidores de Charcas al perdimiento del respeto tenido a sus personas, recelaban pasase adelante el atrevimiento, y se viese disminuida la sumision fastidiosa y excesiva que siempre han pretendido. Por otra parte, desde los principios del ano de 1780 se vieron en todas las ciudades, villas y lugares del Peru, pasquines sediciosos contra los ministros, oficiales y dependientes de rentas, con el pretesto de la aduana y estancos de tabaco. De modo que el vulgo, a quien se atribuyo esta insolencia, se despecho tanto en algunas partes, que hicieron victima de su furor a algunos inocentes: como en Arequipa, donde perdiendo el respecto a la justicia, saquearon la casa del corregidor D. Baltazar Semanat, le precisaron a ocultarse para salvar su vida, atropellaron las casas destinadas a la recaudacion de estos derechos reales, persiguieron a los administradores, y estuvo la ciudad a pique de perderse: trascendiendo hasta los muchachos el espiritu sedicioso, con juegos tan parecidos a las veras, que habiendo nombrado entre ellos a uno, con el titulo de aduanero, se enfurecieron despues tanto contra el, que a pedradas acabo su vida, costandole no menos precio el fingido empleo con que le habian condecorado. Como suelen las enfermedades de la naturaleza, originadas de pequenos principios, llegar al ultimo termino, asi en las dolencias politicas sucede muchas veces, que nacidas de leves causas, suben a tan alto punto, que es costoso su remedio. Esperimentose esta verdad en Macha; pues logrando en aquel enganado pueblo, Tomas Catari, todos aquellos rendimientos que son gages de la autoridad, y olvidado del no esperado beneficio de su libertad, dio agigantado vuelto a sus ideas, por la desconcertada fantasia de los indios, graduando la soltura de su caudillo por efecto del temor que habia infundido con sus insolencias; y persuadidos por el nuevo metodo que se seguia con ellos, no era la piedad la que obraba, para atraerlos suavemente a sus deberes, se creyeron autorizados para egecutar las mas sangrientas crueldades, siendo como consecuencia, se vean estas sinrazones donde no se conoce ni domina la razon. La Real Audiencia de Charcas, al paso que sentia la conmocion de tantas poblaciones, deseaba con ansia el remedio, pero no acertaba con el oportuno, porque sus miembros, poco acostumbrados a este genero de acontecimientos, se mantenian timidos e irresolutos, sin atreverse a tomar providencia, que cortase en sus principios el peligroso cancer que amenazaba al reino, haciendo algun castigo que escarmentase a los sediciosos, y arrancase en su nacimiento la raiz de rebelion, que comenzaba a sembrarse: unico remedio, cuando ya de nada servia la luchazon de sus personas, que con servil acatamiento se habia venerado hasta entonces. Y desenganados de que eran inutiles en estos casos las formulas del derecho y preeminencias de la toga, descendieron con tanto exceso a contemporizar con los rebeldes, franqueandoles el perdon de sus excesos y otras gracias, que no les fue dificultoso conocer que la suma condescendencia de unos ministros, que en las felicidades de su absoluto gobierno habian sido tan engreidos, nacia del terror y confusion en que se hallaban. Bien convencidos los indios de esta verdad, apenas habia poblaciones de ellos, que no se abrasase en la tragica llama del tumulto, porque a poco despues alborotose la provincia de Paria, dando en el pueblo de Challapata cruel muerte al corregidor D. Manuel Bodega, egecutandose lo mismo en la de Chichas, Lipes y Carangas, siguiendo el mal ejemplo la de Sicasica, parte de las de Cochabamba, Porco y Pilaya, siendo en todas iguales los excesos, y parecidos los insultos de muertes, robos, ruinas de haciendas, sacrilegas profanaciones de los templos. Y como era uno el principio del desasosiego, reglaban sus movimientos por el teatro de la de Chayanta, donde, despues de muchos tormentos y ultrajes, quitaron la vida a D. Florencio Lupa, cacique del pueblo de Moscani, falleciendo victima de la lealtad a manos de una plebeya indignacion, la que no satisfaciendose con juntar la muerte a la ignominia, le cortaron la cabeza, y tuvieron el arrojo de fijarla en las inmediaciones de la Plata, en una cruz, que se nombra Quispichaca, tremolando con esta audacia la bandera de la sedicion. Este suceso cubrio a la Plata de horror y de susto, temiendo con razon, que estos principios tuviesen consecuencias muy tristes. Fue este dia el 10 de Setiembre de 1780, y como se esparcio en la ciudad, que en sus extramuros se hallaba una multitud crecida de indios para invadirla y saquearla, fue notable la confusion que se origino. Presentaronse en la plaza mayor los Ministros de la Real Audiencia, en compania de su Regente, para dar algunas disposiciones, que en aquella necesidad pudieron graduarse oportunas, para rechazar la invasion del enemigo, y desde aquel momento se empezaron a reglar companias, alistandose la gente sin excepcion de clases: pero con tal desorden y confusion, que si hubiese sido cierta la noticia, indefectiblemente perece la ciudad a manos de los rebeldes: llegando la turbacion de aquellos togados a tales terminos, que uno de ellos pregonaba en persona el ridiculo bando de pena de muerte, y 10 anos de presidio al que no acudiese a la defensa, y no hallandose el pregonero para hacer igual diligencia con otra providencia, se ofrecio el mismo Regente a egecutarlo, anadiendo la circunstancia de que tenia buena voz. iO temor de la muerte, cuanto puedes con las almas bajas! pues unos hombres, que poco antes se consideraban poco menos que deidades, les obligas a egercer los oficios mas viles de la republica, haciendose irrisibles de los mismos que los tenian por sagrados. Aunque el rebelde Catari, desde el pueblo de Macha, aparentaba sumision y respeto a la autoridad de la Real Audiencia, no se ignoraba que secretamente escribia cartas, convocando las provincias para una general sublevacion, coligado con el principal rebelde Jose Gabriel Tupac-Amaru, indio cacique del pueblo de Tongasuca en la provincia de Tinta, del vireynato de Lima, quien pretendia ser legitimo descendiente de los Incas del Peru. Este, pues, dio principio a sus barbaras egecuciones el 4 de Noviembre de 1780, prendiendo a su corregidor, D. Antonio de Arriaga, en un convite que le dio, con el pretexto de que queria celebrar el dia de nuestro Augusto Soberano. Asegurado el tirano de su propio juez, que sorprendio inopinadamente cuando estaba comiendo, publico se hallaba autorizado con una real Cedula para proceder de aquel modo, y substanciandole la causa en pocos dias, el 10 del propio mes le quito la vida en una horca, en la plaza publica de su pueblo, y apoderandose de todos sus bienes, paso a hacer la misma egecucion con el de la provincia de Quispicanchi, que no tuvo efecto por haber huido a la ciudad del Cuzco, a donde llevo la noticia del suceso de Tinta. A contener este alboroto, salieron de aquella ciudad 600 hombres tumultuariamente dispuestos, los mas del pais, y entre ellos algunos europeos y a pocas leguas que anduvieron, avistaron al rebelde en el paraje llamado Sangarara, con un considerable trozo de indios y mestizos de aquella comarca: y como al mismo tiempo esperimentasen una cruel nevada, se refugiaron en la iglesia; y mas poseidos del miedo, que resueltos a acometer al enemigo, le despacharon un emisario que le preguntase cual era su intento, y el motivo que habla tenido para levantar gente y turbar la tierra: y la respuesta fue, que todos los americanos pasasen luego a su campo, donde serian tratados como patriotas, pues solo queria castigar a los europeos o chapetones, corregidores y aduaneros. Esta orden, que mando notificar Jose Gabriel Tupac-Amaru a los que le habian hecho el mensage, con apercebimiento de no reservar a ninguno de los que la contradigesen, excito entre ellos una especie de tumulto, y tratando sobre lo que se habia de resolver, fueron unos de parecer que se embistiese al enemigo, y otros que no; de modo que, divididos en los dictamenes, sintieron bien presto los efectos de la discordia, que paro en herirse reciprocamente. A esta fatalidad sobrevinieron otras, cuales fueron la de haberlos cargado el enemigo, haberse pegado fuego a la polvora que tenian, y caidoles un lienzo del edificio en que se alojaban: y muertos unos, otros abrasados, y no pocos envueltos en la ruina de la pared, fueron todos consumidos y disipados, y el rebelde se aprovecho de las armas de fuego y blancas, reforzandose con los despojos de sus mismos enemigos. Tanto cuanto este suceso desgraciado pudo ofrecer de turbacion a la ciudad del Cuzco, tuvo de feliz y ventajoso para Tupac-Amaru, con el cual, dueno de la campana, la corrio y saqueo, haciendo destrozos en los pueblos, haciendas y obrages de los espanoles, y avanzandose hasta la provincia de Lampa, entro en Ayabiri sin oposicion: porque aunque en este pueblo se habian juntado algunos vecinos espanoles de aquella y otras provincias comarcanas, conducidos de sus corregidores, al aproximarse al enemigo, tomaron la fuga: con lo que, difundiendose la confusion, el sobresalto y el temor, y profugos los curas y corregidores, quedaron abandonados, y a discrecion de los indios, los pueblos y provincias, excepto la de Pancarcolla, en que su corregidor, D. Joaquin Antonio de Orellana, lleno de heroicos sentimientos, formo poco despues el proyecto de mantenerla a costa de su vida, y buscando por asilo la villa de Puno, se fortifico en ella con pocos de los suyos. La desenfrenada codicia de los barbaros usurpadores los empenaba en pillarlo todo, sin respetar los templos; en ellos derramaban la sangre humana sin distincion de sexos, ni edades. Pocas veces se habra visto desolacion tan terrible, ni fuego que con mas rapidez se comunicase a tantas distancias, siendo digno de notar, que en 300 leguas que se cuentan de longitud, desde el Cuzco hasta las fronteras del Tucuman, en que se contienen 24 provincias, en todas prendio casi a un mismo tiempo el fuego de la rebelion, bien que con alguna diferencia en el exceso de las crueldades. Siguio Jose Gabriel Tupac-Amaru las huellas de todos los tiranos, y conociendo cuan facilmente se deja arrastrar el populacho de las apariencias con que se le galantea, porque no penetra los arcanos del usurpador, comenzo publicando edictos de las insufribles extorsiones que padecia la nacion, las abultadas pensiones que injustamente toleraba, los agravios que se repetian en las aduanas, y estancos establecidos: que los indios eran victima de la codicia de los corregidores, quienes buscaban todos los medios de enriquecer, sin reparar en las injusticias y vejaciones que originaban, cuyas modestas quejas, con que muchas veces les representaron sus excesos, no sirviesen de otra cosa que de incitar la ira y la venganza; y en fin que todo era injusticia, tirania y ambicion: que su intento estaba unicamente reducido a buscar el bien de la Patria, con esterminio de los inicuos y ladrones. Asi se esplicaba este rebelde, para seducir a los pueblos, engrosando su partido, y con mano armada pasando a los filos de su colera a cuantos se le oponian, invadio las provincias de Azangaro, Carabaya, Tinta, Calca y Quispicanchi, que por fuerza o de grado se declararon sus partidarias, a cuyo ejemplo siguieron el mismo rumbo las de Chucuito, Pacajes, Omasuyos, Larecaja, Yungas y parte de las de Misque, Cochabamba y Atacama. Siendo ya general la sublevacion, se experimentaron tragicos o inauditos sucesos, para cuya descripcion era necesario sudase sangre la pluma, y fuesen los caracteres nuestras lagrimas. Con los muchos indios que se habian juntado a Tupac-Amaru, y las armas de que ya se habia apoderado, resolvio ir sobre el Cuzco, con el fin de posesionarse de esta ciudad, y logrado su intento, coronarse en ella, por ser la antigua capital del imperio peruano, con todas las solemnidades que imitasen la costumbre de sus antiguos poderes. Se habian acogido a esta poblacion muchos fugitivos de las provincias inmediatas, que atemorizados de los estragos que ocasionaba el tirano, no pensaban sino en salvar sus vidas por aquel medio: y cuando estaban imaginando abandonar la ciudad, y que era en vano intentar resistir al rebelde, lo impidio D. Manuel Villalta, corregidor de Abancay, que habia servido en el real ejercito con el grado de Teniente Coronel. Este animoso oficial, despreciando los temores, y con la experiencia de su profesion, levanto aquellos espiritus abatidos, echo mano de las milicias, y ordeno las cosas de manera que dificultasen el proyecto del rebelde: a que contribuyeron mucho los caciques de Tinta y Chicheros, Rozas y Pumacagua, cuya lealtad y la de los Chuquiguancas, brillo como un astro luminoso en medio de la negra oscuridad de la rebelion, ofreciendo en obsequio de su fidelidad el digno sacrificio de algunas vidas de los de sus familias y todas las haciendas que poseian. Conocido por el tirano lo dificil que le era tomar el Cuzco, desistio del empeno, despues de algunos ataques, en que fue rechazado gloriosamente por sus vecinos, dirigidos y gobernados por Villalta, quien le quito de las manos una presa con que ya contaba, y perdida aquella esperanza, se contrajo a continuar las correrias y robos contra los espanoles. Declarada ya en todas partes la guerra, y las poblaciones y campana sin resistencia, los que pudieron escapar de los primeros insultos, se refugiaron a las ciudades y villas que les fueron mas inmediatas. En la de Cochabamba solo, de las partes de Yungas (con quienes confina por los valles de Ayopaya), entraron mas de 5,000 personas de ambos sexos y de todas edades, que condujo su corregidor, D. Jose Albisuri. No porque en los pueblos de espanoles faltase la alteracion y recelo que ofrecia el numeroso vulgo, sino porque el riesgo parecia menos egecutivo, aunque diariamente se fijaban pasquines y se oian canciones a favor de Tupac-Amaru, contra los europeos y el gobierno. Agitado el cuidado de los vireyes de Lima y Buenos Aires, los Exmos. Senores, D. Agustin de Jauregui y D. Juan Jose de Vertiz, pensaron seriamente al remedio de tantos males. El primero dispuso pasase al Cuzco el Visitador General, D. Jose Antonio Areche, con el mando absoluto de hacienda y guerra, nombrando tambien al Mariscal de Campo, D. Jose del Valle, Inspector de las tropas de aquel vireinato, al Coronel de Dragones, D. Gabriel de Aviles, y otros oficiales, para que tomasen el mando y direccion de las armas que habian de obrar contra los rebeldes; y el segundo confirmo la eleccion que habia hecho el Presidente de Charcas, del Teniente Coronel D. Ignacio Flores, Gobernador que era de Moxos, declarandole Comandante General de aquellas provincias, y demas que estuviesen alteradas en la jurisdiccion de su mando, con inhibicion de la Real Audiencia de la Plata, concediendole muchas y amplias facultades, para obrar libremente. Los Oidores, poco conformes con esta disposicion, manifestaron su resentimiento en distintas ocasiones, dificultando las providencias del Comandante, oponiendo obstaculos a sus determinaciones, criticando su conducta de morosa, calumniandole de pusilanime e irresoluto, fundandose en que no tomaba partido con prontitud, y suponiendo que si hubiese obrado con actividad ofensivamente contra los rebeldes, hubiera podido sofocarse con el escarmiento de pocos el atrevimiento de los demas. En cuyas alteraciones y etiquetas, suscitadas indebidamente en tan criticas circunstancias, pasaron algun tiempo: hasta que fue creciendo el cuidado, con motivo de haber mandado la Audiencia secretamente, y sin el conocimiento que le correspondia a Flores, prender al reo Tomas Catari, lo que egecuto D. Manuel Alvarez en el Asiento de Ahullagas, en virtud del auto proveido en acuerdo reservado que se celebro con todo sigilo, atropellando las prudentes disposiciones del Virey, y desairandole cruelmente, porque tal proceder era opuesto a sus providencias y a las facultades que tenia concedidas a aquel Comandante. Este suceso lleno de regocijo a la ciudad de la Plata, y no fue de poca satisfaccion a sus ministros, porque todos creian que cortada aquella cabeza, pasase la inquietud, y que un hecho de esta naturaleza podia servirles de escudo para cubrirse de sus primeros yerros y desacreditar la conducta del Comandante militar: porque no solo habia concurrido a el, sino que tenia significado, no era conveniente en aquella ocasion, antes bien proponia se empleasen los medios politicos que eran mas oportunos en tan criticas circunstancias, en que se debia sacar todo el partido posible de la autoridad y fuerzas que ya habia adquirido el delincuente, en tanto se acopiaban armas y municiones para resistirle, motivos porque ocultaron su determinacion. Pero a poco tiempo se desaparecio aquella alegria, desvaneciendose sus concebidas esperanzas con las desgraciadas muertes del dicho D. Manuel, y del Justicia Mayor, D. Juan Antonio Acuna, que con una corta escolta conducian preso a aquel rebelde: quienes, viendose inopinadamente atacados en la cuesta de Chataquilay, y que era muy dificultoso conservar su persona con seguridad, determinaron matarle antes de intentar la resistencia, sin que bastase despues el esfuerzo a salvar ninguno de los que le conducian; creciendo el espanto y susto con haberse acercado inmediatamente los indios agresores a la ciudad para cercarla, campando dos leguas de ella, en los cerros de la Punilla, mas de 7,000, capitaneados por Damaso y Nicolas Catari, hermanos del difunto Santos Achu, Simon Castillo y otros caudillos. Con cuyo hecho desgraciado vario el modo de pensar de la Audiencia, que empleo todos los recursos imaginables para ocultar habia sido suya aquella providencia, significando que Alvarez habia egecutado la prision de motupropio: pero Flores, que no se descuidaba en cubrirse de sus resultas, tuvo modo de conseguir copia de todo lo acordado sobre aquel hecho. Asi perpetuamente se eslabonan los fracasos con las dichas, teniendo en continua duda nuestros afectos, para que busquen en su centro la verdadera y estable felicidad. Aun no bien se supo estaban acampados los indios en aquel cerro, proyectando el asalto de la ciudad, se infundio en todos sus vecinos la generosa resolucion de defenderse, hasta derramar la ultima gota de sangre: y porque fuesen iguales el valor y la precaucion, ganando los instantes, se colocaron puestos avanzados para observar desde mas cerca los movimientos del enemigo, y cortando las calles con tapias de adobes, que impropiamente han llamado trincheras, se destacaron algunas companias de milicianos para que guarnecieran sus extramuros. El Regente en una continua agitacion expedia providencia sobre providencia, y los Ministros, disimulando el miedo que los dominaba con el celo y amor al Soberano, se hicieron cargo con las companias formadas del gremio de abogados, de rondar y patrullar todas las noches, reconociendo las centinelas avanzadas. Pero como todos carecian de los principios del arte de la guerra, servian de confusion mas que de seguridad sus diligencias, que tambien contribuyeren no poco a suscitar nuevas disputas sobre sus pretendidas facultades, y las que tenia el Comandante de las armas. Sin embargo de todo esto, se notaba en los vecinos buena disposicion, por mas que se haya querido disminuir despues, abultando desconfianzas para cubrir la negligencia, y el error de no haber acudido con resolucion y actividad a cegar el manantial de donde nacian estas alteraciones: siendo facil comprender, que si en sus principios se hubiese obrado con el valor y determinacion que piden semejantes casos, se hubieran evitado tantos estragos, como siguieron, y la muerte de mas de 40,000 personas espanolas, y mucho mayor numero de indios, que han sido victimas de estas civiles disenciones. Insolentes los rebeldes en su campamento, dirigieron a la Real Audiencia algunas cartas llenas de audaces amenazas, pidiendo las cabezas de algunos individuos, y asegurando hacer el uso mas torpe de las mugeres del Regente y algunos Ministros, ofreciendo emplearlas despues en las tareas mas humildes del servicio de sus casas. En esta ocasion fue sospechado complice en las turbaciones el cura de la doctrina de Macha, el Dr. D. Jose Gregorio Merlos, eclesiastico de corrompida y escandalosa conducta, de genio atrevido y desvergonzado, que fue arrestado por el Oidor D. Pedro Cernadas en su misma casa, y depositado en la Recoleta con un par de grillos, y despues en la carcel publica con todas las precauciones que requerian el delito que se le imputaba, y las continuas instancias que hacian los rebeldes por su libertad, quienes aseguraban entrarian a sacarle de su prision a viva fuerza: cuyo hecho se egecuto tambien sin consentimiento del Comandante militar, aprovechando la Audiencia, para proceder a su captura, del pretesto de hallarse ausente, para un reconocimiento en las inmediaciones de la ciudad. El cuidado se iba aumentando con continuos sobresaltos que ocasionaba la inmediacion de los sediciosos, y aunque no llegaron nunca a formalizar el cerco, se empezaba asentir alguna escasez de viveres, que fue tambien causa de aumentarse las discordias, por la libertad de pareceres para el remedio. Solicitaron los abogados, unidos con los vecinos, se les diese licencia para acometer al enemigo, pero luego que entendieron que se disgustaba el Comandante por esta proposicion, se apartaron de su intento. El Director de tabacos, D. Francisco de Paula Sanz, sugeto adornado de las mejores circunstancias y calidades, se hallaba en la ciudad casualmente, y de resultas de la comision que estaba a su cargo para el establecimiento de este ramo, movido de su espiritu bizarro, y cansado de las contemplaciones que se usaban con los rebeldes, quizo atacarlos con sus dependientes y algunos vecinos que se le agregaron, y saliendo de la ciudad con este intento, el dia 16 de Febrero de 1781 llego a las faldas de los cerros de la Punilla, en que estaban alojados los indios, que descendieron inmediatamente a buscarle para presentar el combate, persuadidos de que el poco numero que se les oponia, aseguraba de su parte el vencimiento. Cargaron con tanta violencia y multitud aquel pequeno trozo, que se componia de solos 40 hombres, que no basto el valor para la resistencia, y cediendo al mayor numero y a la fuerza, fue preciso pensar en la retirada, en que hubieran perecido todos por el desorden son que la egecutaron, a no haber salido a sostenerlos la compania de granaderos milicianos, no pudiendo evitar perdiese la vida en la refriega D. Francisco Revilla, y dos granaderos que le acompanaron en su desgraciada suerte: pues aunque despues salio Flores con mayor numero de gente, sirvio poco su diligencia, por haber entrado la noche. El genio docil y el natural agrado del Director Sanz, acompanados de su generosidad, le hacian muy estimado de todos, menos de Flores, con quien habia tenido algunos disgustos por el diverso modo de pensar. Sanz, todo era fuego para castigar la insolencia de los sediciosos, y Flores, todo circunspeccion y flema en contemplarlos, cuya conducta, mormurada generalmente, ocasiono pasquines denigrantes a su honor, tildandole de cobarde, atreviendose a decir, era afecto al partido de la rebelion: y llego a tanto la osadia del publico, que expreso sus sentimientos con satiricos versos y groseras significaciones, enviandole a su casa, la misma noche del ataque del 16, una porcion de gallinas, sin saber quien habia sido el autor de este intempestivo regalo. Al siguiente dia se presentaron los vecinos por escrito, manifestando estaban prontos y dispuestos a ir en busca del enemigo. Todos clamaban se anticipaba su ultima ruina, gritaban descaradamente, que si no se les conducia al ataque, saldrian sin el Comandante: y ya obligado de tantas y tan repetidas eficaces insinuaciones que se aumentaron con el desgraciado suceso del Director, determino para el 20 del mismo Febrero atacar a los indios de la Punilla. Serian las 12 de aquel dia, cuando se pusieron en marcha nuestras tropas, y llegando al campo se presento al Comandante un espectaculo agradable, que le anunciaba la victoria, y fue reconocer que un crecido numero de mugeres, mezcladas y confundidas entre la tropa, deseaba con ansia entrar en funcion: este raro fenomeno, cuanto lisonjeaba el gusto, arranco lagrimas de aquel gefe, que egercito toda su habilidad para disuadirlas se apartasen de tan peligroso empeno, con el cual unicamente habian conseguido ya una gloria inmortal: y aunque se les mitigo el ardor, nunca se pudo lograr se retirasen, y permanecieron en el campo de batalla, o bien para que su presencia inspirase aliento a los soldados, o para que sirviesen de socorro en cualquiera infortunio. Las dos de la tarde serian cuando se toco a embestir al enemigo, que se hallaba apostado en las alturas de tres montanas asperas y fragosas, cuya ventaja hacia peligrosa la subida: pero esta dificultad empeno el valor de los nuestros, que estaban tan deseosos de venir a las manos, y acometiendo con heroico denuedo, sufrieron los indios poco tiempo el asalto, ganando airosamente las cumbres de aquellos empinados cerros, llevandose con los filos de la espada a todos los que no retiro la fuga; dejando en el campo de batalla 400 cadaveres, con poca o ninguna perdida de nuestra parte, y de sus resultas libre la ciudad del bloqueo en tan breve espacio de tiempo, que pudo el Comandante General exclamar con Julio Cesar:--_Veni, vidi, vinci_. Celebrose esta victoria con festivas aclamaciones de _Viva el Rey_; e iluminandose la ciudad por tres noches, se rindieron al Todo-Poderoso las debidas gracias, manifestandose la alegria con todos aquellas senas con que acredita el amor, la sinceridad del afecto. Este destrozo de los enemigos trajo las mas favorables consecuencias, y hubieran sido mayores si se hubiese adelantado la accion: pues asustada la provincia de Chayanta, depuso toda inquietud, y para comprobar su arrepentimiento, entrego a los principales autores, que fueron Damaso y Nicolas Catari, Santos Hachu, Simon Castillo y otros varios, que todos murieron en tres palos: que asi burla la Divina Providencia las esperanzas de los delincuentes, disponiendo caigan a manos de la justicia, cuando se creen mas exentos de su rigor. Este hecho acredita cuan conveniente era ganar los instantes, y obrar con actividad contra los insurgentes, aprovechando la consternacion en que se hallaban por el dichoso suceso de la Punilla, antes que depusieran su espunto: pues los recelos y desconfianzas del Comandante, y su caracter mas politico que militar, le hacian observar una lentitud perjudicial a la causa publica. Y como vacilaba en un mar de dudas, paso el tiempo en hacer prevenciones, con que disimulaba su manejo, que pudiera haber variado con las repetidas pruebas de fidelidad y bizarria que le tenian dadas los vecinos de la Plata, que justamente se han quejado del concepto que le merecieron, porque consideraba no eran capaces de sostener operaciones ofensivas en campo abierto sin el auxilio de los veteranos que se esperaban: lo que debiera haber tentado sin esta circunstancia, pues algo se ha de aventurar en los casos estremos, en que no se presenta otro recurso. Estas detenciones ocasionaron no pocos males, particularmente en las provincias de Chichas y Lipes, que se sublevaron despues de aquel suceso, porque conocieron la superioridad que tenian, y les manifestaba semejante conducta, y que no eran muy temibles el Comandante y armas que se hallaban en la ciudad de la Plata, cuando aun despues de vencedoras se contentaban con volver a encerrarse en los terminos de su recinto, sin pensar al remedio de las calamidades agenas: a que contribuyo tambien el haber seguido el mismo sistema la imperial villa de Potosi, que creyo llenaba so obligacion con poner a cubierto sus preciosas minas. Cuando estaba para celebrarse en casa del Comandante, D. Ignacio Flores, con un banquete, el buen exito que tuvo la accion de la Punilla, se recibio la infausta noticia del horroroso hecho acaecido en la villa de Oruro, con lo que se consternaron los animos de todos los convidados, y se llenaron de amargura, convirtiendose en pesar el placer que tenian prevenido. Y como es uno de los acaecimientos mas notables de esta general sublevacion, no podra ser desagradable se refiera con extension, y con todas las circunstancias que requiere un hecho de esta naturaleza. El origen, pues, y las causas de esta funestisima tragedia, fueron haberse divulgado en aquella villa las fatalidades acaecidas en las provincias de Chayanta y Tinta, con un edicto que expidio Jose Gabriel Tupac-Amaru, en que espresaba todas sus crueles y ambiciosas intenciones: lo que, llegado a noticia del corregidor, D. Ramon de Urrutia, juntamente con los extragos que causaba en las provincias de Lampa y Carabaya, le determinaron a prevenirse para cualquier acontecimiento. Formo companias de los _cholos_ y vecinos, para disciplinarlas en el manejo de las armas, destinando diferentes sitios para la ensenanza, donde concurrian semanalmente dos veces, y aprendian con gusto la doctrina de sus maestros: algunos desde luego no aprobaron esta diligencia, o porque eran adictos al principal rebelde Tupac-Amaru, cuya venida deseaban con ansia, o lo mas cierto, porque eran sus confidentes. Estos tales solamente concurrian a aquel acto para emular a los que ensenaban, que eran europeos, y a formar diferentes criticas sobre sus operaciones, al mismo tiempo que con insolencia fijaban pasquines opuestos a la corona, censurando el gobierno del corregidor y demas jueces. Entre ellos amanecio uno el dia 25 de Diciembre de 1780, en que se anunciaba el asesinato, que despues egecutaron con los europeos, y zaherian la conducta de D. Fernando Gurruchaga, Alcalde ordinario, que acababa aquel ano, con dicterios denigrativos a su persona, y de la justicia. Tambien prevenian en el a los individuos del Cabildo, se abstuviesen de elegir Alcaldes europeos, porque si tal sucedia, no durarian ocho dias, porque se sublevarian y serian victima de su enojo, por ser ladrones: y que para evitar tan funesto suceso, habian de nombrar precisamente de Alcaldes a D. Juan de Dios y a D. Jacinto Rodriguez. El Corregidor, cuidadoso con estas publicas amenazas, e insolentes pretensiones: obraba vigilante en la averiguacion y pesquiza de los autores, pero por mas exactas diligencias, asi judiciales como extrajudiciales que practico, nunca pudo saber la verdad para castigar a los delincuentes, a fin de mantener a todos con la quietud y buena armonia, a que siempre propendio desde el ingreso a su corregimiento. Llegado el dia de la eleccion, para el ano de 1781, propuso a los vocales nombrasen a sugetos benemeritos y honrados, de buenas costumbres y amantes de la justicia, para que asi pudiesen desempenar con acierto los cargos, con la madurez y juicio que previenen las leyes, y requerian las criticas circunstancias, en que se hallaba el reino. Para este efecto les propuso a D. Jose Miguel Llano y Valdez, patricio, a D. Joaquin Rubis de Celis, y D. Manuel de Mugrusa, europeos, con la mira de que saliese la vara de la casa de los Rodriguez, que pretendia hacerla hereditaria, y que ni ellos ni ninguno de sus parciales y domesticos, fuese elegido, pues hacian 18 anos que estos sugetos estaban posesionados de aquellos empleos, sin permitir jamas que fuesen nombrados otros, por la desmedida ambicion de gobernar que los dominaba: y tambien para evitar las injusticias, estorsiones y violencias, que con titulo de jueces egecutaban con toda clase de gentes, validos del depotismo sin limite que habian adquirido, con el cual protegian todo genero de vicios, de que adolecian sus dependientes y criados. Trascendida por los Rodriguez esta idea, previnieron algunas alteraciones y diferencias para el dia de la eleccion: no obstante prevalecieron los votos a favor de la justicia, y salieron electos los propuestos por el Corregidor, que aborrecian cruelmente los Rodriguez, por la desemejanza de costumbres y nacimiento: y no podiendo ocultar la ponzona que encerraban sus corazones, al ver se les habia quitado el mando, que tantos anos tenian como usurpado, se quitaron la mascara, para dejarse ver a todas luces sentidos contra el. D. Jacinto estuvo para morirse con lo vomitos que le ocasiono la colera del desaire, y D. Juan salio de la villa para su ingenio a toda prisa, dejando prevenido en su casa, que ninguno de sus clientes saliese a las corridas de toros, que regularmente celebran los nuevos Alcaldes para festejar al publico, ni que a estos se les prestase cosa alguna que pidiesen para los refrescos acostumbrados. En este mismo dia empezo a descubrirse la liga que habia formado con ellos el cura de la iglesia matriz. Sucedio pues, que siendo costumbre de tiempo inmemorial, que acabadas las elecciones, y confirmadas por el corregidor en la casa capitular, pasaba todo el Cabildo a la iglesia mayor a oir la misa de gracias, se dirigieron los Cabildantes a esta pia demostracion, pero estando ya a las puertas de la iglesia, salio al encuentro el sacristan para decirles que no habia misa, porque ninguno habia dado la limosna. Estaban las cosas en este critico estado, cuando llego la noticia de la muerte de Tomas Catari; y creyendo el corregidor de Paria, D. Manuel Bodega, que quitado este sedicioso perturbador de la quietud publica, le seria facil sugetar la provincia, cobrar los reales tributos y su reparto, determino ir a ella con armas y gente. Pidio para esto a Urrutia le auxiliase con soldados, que le nego, previniendo no podian resultar buenas consecuencias: pero Bodega mal aconsejado, junto 50 hombres, pagados a su costa, y emprendio la marcha al pueblo de Challapata, donde el y los mas que le acompanaban, pagaron con la vida su lijera determinacion. Con este hecho, persuadidos quedaron los indios de Challapata, Condo, Popo y demas pueblos inmediatos, que el corregidor de Oruro habia auxiliado al de Paria con armas y gente para castigarlos, desde aquel dia amenazaban la villa y el corregidor, protestando asolarla, y dar muerte a todos sus habitantes. Agregose a esto, que un religioso franciscano, llamado Fray Bernardino Gallegos, que a la sazon se hallaba de capellan en los ingenios de D. Juan de Dios Rodriguez, solapando su malicioso designio, decia habia oido, que los indios de Challapata estaban prevenidos para invadir a Oruro, y que el principal motivo que los impelia, era saber que se hacia diariamente egercicio, por lo que consideraba conveniente se suspendiese; pues sin mas diligencia que esta, se sosegarian los animos de aquellos rebeldes, porque su resentimiento nacia unicamente de aquella disposicion. El corregidor, ya fue que no dio asenso a los avisos de aquel religioso, o porque penetrase su interior, no altero sus providencias, de que nacieron continuos sobresaltos y cuidados: porque, resentido de esto, no ceso de esparcir en adelante funestas noticias, que amenazaban por instantes el insulto ofrecido por los indios circunvecinos. En este conflicto se dudaba el medio que debia elegirse: no habia armas, ni pertrechos; hacianse cabildos publicos y secretos; nada se resolvia por falta de dinero en la caja de propios, o por decirlo con mas propiedad, por no haber tal caja, porque hacia muchos anos se habia apoderado de su fondo D. Jacinto Rodriguez. Tampoco podia acudirse a las cajas reales, porque lo resistian sus oficiales, alegando no serles facultativo extraer cantidad alguna, sin orden espresa de la superioridad; y por ultimo recurso, se penso en que los vecinos contribuyesen con algun donativo, que tampoco tuvo efecto, por la suma pobreza en que se hallaban. En estos apuros se manifesto el celo del tesorero D. Salvador Parrilla, dando de contado 2.000 pesos de sus propios intereses, para que se acuartelasen las milicias, y se previniesen municiones de guerra, entre tanto se daba parte a la Audiencia, para que deliberase lo que tuviese por conveniente. Con esta cantidad se dio principio a los preparativos; pusieronse a sueldo 300 hombres: se nombraron capitanes y demas oficiales, para hacer el servicio: D. Manuel Serrano, formo una compania de la mas infame chusma del pueblo, y nombro por su teniente a D. Nicolas de Herrera, de genio caviloso, que despues fue uno de los que mas sobresalieron en esta tragica escena. Acuartelada asi la tropa, se suscitaron muchas disenciones por la poca subordinacion de los soldados, la ninguna legalidad en los oficiales para la suministracion del prest senalado, y otros motivos, que se originaban, mas por la disposicion de los animos, que por, las fundadas quejas. El dia 9, a las diez de la noche, salieron del cuartel algunos soldados de la compania de Serrano, pidiendo a gritos socorro a los demas; y preguntada la causa, respondio en voz alta Sebastian Pagador:--"Amigos, paisanos y companeros, estad ciertos que se intenta la mas aleve traicion contra nosotros por los chapetones: esta noticia acaba de comunicarseme por mi hija; en ninguna ocasion podemos mejor dar evidentes pruebas de nuestro amor a la patria, sino en esta: no estimemos en nada nuestras vidas, sacrifiquemoslas gustosos en defensa de la libertad, convirtiendo toda la humildad y rendimiento, que hemos tenido con los espanoles europeos, en ira y furor, y acabemos de una vez con esta maldita raza." Se esparcio inmediatamente por todo el pueblo este razonamiento, y la mocion en que estaban las companias milicianas, no descuidandose D. Nicolas Herrera en atizar el fuego, contando en todas partes con los colores mas vivos, que su malicioso intento pudo sugerirle, la conjuracion de los europeos. Sebastian Pagador habia sido muchos anos sirviente en las minas de ambos Rodriguez, y en aquella actualidad concurria a ellas por las tardes con D. Jacinto, donde este se ponia ebrio, mal de que adolecia comunmente. Entre otras producciones de la borrachera, salio con el disparate que el corregidor le queria ahorcar, juntamente con sus hermanos, a D. Manuel Herrera y otros vecinos. El calor de la chicha, que tenia alterado a Pagador, le hizo facilitar el asesinato que despues egecutaron, tratandolo con D. Nicolas de Herrera, sugeto muchas veces procesado por ladron publico y salteador de caminos. A este no sola le constaba que muchos de los europeos estaban acaudalados, sino que el y algunos de sus inicuos companeros vieron depositar muchas barras y zurrones de plata sellada en cara de D. Jose Endeiza, a quien se le consideraba mas de 50,000 pesos efectivos. Como este sugeto era tan amable, concurrian a su mesa muchos de sus amigos, tambien acaudalados, y acordaron que en tanto se les proporcionaba trasladarse a Potosi, se juntasen todos con sus caudales a vivir en la casa donde se hallaba hospedado. La presa de tan crecido caudal fue el principal origen de este desgraciado suceso. D. Nicolas Herrera, que deseaba mas que todos llegase el caso de egecutar el saqueo, publicaba en todas partes el razonamiento de Pagador, y continuando sus diligencias, entro en casa de D. Casimiro Delgado, que a la sazon estaba jugando con D. Manuel Amezaga, cura de Challacollo, y con Fray Antonio Lazo, del Orden de San Agustin. Alborotaronse todos con la novedad, y resolvieron ir a avisar a los milicianos la desgracia que los amenazaba: determinacion, a la verdad, impropia de aquellos sugetos, y que tiene muchos visos de sediciosa; porque sin reflexionar en consecuencias pasaron al cuartel, llamaron al capitan D. Bartolome Menacho y a otros, y les dieron noticia de lo que sabian, haciendoles la prevencion de que se guardasen. Con esto, y la voz de traicion de parte de los europeos que Herrera habia esparcido por toda la villa, acudian en crecidas tropas al cuartel, las madres, mugeres y hermanas de los que estaban acuartelados: unas llevaban armas para que se defendiesen, y otras con las mas tiernas voces, pedian con lagrimas dejasen aquel recinto. A esto anadian los soldados, incitados por Pagador, se persuadiesen era cierta la conjuracion: los unos afirmaban que el corregidor tenia prevenida una mina para volarlos repentinamente, otros gritaban que no habia que dudar, porque tenia arrimadas escaleras para asaltarlos de improviso por el corral de su casa. Todo era confusion, desorden y alboroto, sin el menor fundamento; porque la malicia de los seductores inventaba estas y otras especias sediciosas para conmover los animos. De esta conformidad pasaron aquella noche en continuo sobresalto, y luego que aclaro el dia 10, desampararon el cuartel: unos se dirigieron a sus casas, y otros reunidos por Pagador, se presentaron a D. Jacinto Rodriguez, protestando que como a su Teniente Coronel debian comunicarle lo que se premeditaba contra ellos; que estaban prontos a obedecerle ciegamente, con lo que daban unas pruebas nada equivocas de la subordinacion que le tenian: quien, al oir las quejas, les dijo que no volviesen al cuartel, y quedandose con algunos de mayor confianza, les previno sigilosamente se amotinasen aquella noche, y les advirtio el modo con que lo habian de practicar. Habia marchado dias antes al pueblo de Challapata Fray Bernardino Gallegos, del Orden de San Francisco, con el pretesto de libertar algunos soldados que llevo D. Manuel de la Bodega, los que se hallaban escondidos en casa del cura; pero su verdadero designio fue el de convocar a los indios para aquel dia. En el mismo distribuyo D. Jacinto a sus negros, y algunos de sus criados por las estancias y pueblos inmediatos, para con la ayuda de estos, doblar sus fuerzas y lograr su intento; monto a caballo, se dirigio al Cerro de las Minas, donde junto a todos los indios, mulatos y mestizos, que trabajaban en ellas, y les dio la orden de que precisamente bajasen por el Cerro de Conchopata a la villa, luego que anocheciese. Todo se egecuto como estaba prevenido, empezando la bulla de los peones mineros en aquel lugar, a la hora senalada. Para asegurar mejor la accion premeditada, andaba por las calles y plazas un oficial de la compania de Menacho, llamado D. Jose Asurdui, publicando era cierta la traicion del corregidor y europeos, con tanto descaro, que, obligo a uno de ellos a reconvenirle, diciendoles: "Solamente un hombre de poco entendimiento podria proferir este disparate: Vd. se persuade que el corregidor, acompanado unicamente de 30 a 40 europeos, se consideren capaces de resistir y matar a mas de 5,000 hombres que tiene la villa; esto fuera lo mismo que intentar una hormiga hacer frente a un leon." Pero como eran otros los principios de aquel motin, de nada sirvieron estas solidas razones para contenerle, antes bien se aumentaron los corrillos en las esquinas de las calles y plaza publica, creciendo el cuidado, por haber encontrado un pedazo de carta de Fray Bernardino Gallego, en que avisaba a su hermano, Fray Feliciano, que indefectiblemente la noche del 10 seria invadida la villa por los indios Challapatas, pero que no tuviesen cuidado, que el fin era quitar la vida al corregidor y oficiales reales. Tales indios no parecieron aquella noche, y averiguada la verdad, muchos dias despues se supo no pensaron en venir por entonces, y que solo habia sido ardid para aumentar el temor y la confusion. A las 4 de la tarde mando el corregidor tocar llamada, para que las milicias se juntasen; en efecto obedecieron, siendo muy pocos los que hicieron falta; pero con la circunstancia de no querer entrar en el cuartel, y si mantenerse divididos en trozos por las esquinas de la plaza, hablando entre ellos de la supuesta traicion, y lo que habian de practicar; y no descuidandose Pagador en su comision, recordo los hechos de Jose Gabriel Tupac-Amaru, apoyando su conducta contra el Soberano, las vejaciones que sufrian por el mal gobierno de sus ministros, los insoportables pechos, que con motivo de la guerra con los ingleses, imponian a los pueblos, y otras razones eficaces para conducir los animos al fin que se habia propuesto. El corregidor, procuraba reducirlos, ya con suavidad, ya con amenazas; pero nada bastaba, y, solo pudo conseguir le ofreciesen, se mantendrian en la plaza, esperando a los indios que amenazaban invadir la villa aquella noche: y para que no quedase medio que emplear, se convido a dormir con ellos, y que cuando se verificase la conjuracion de los europeos, sacrificarian primero su vida antes que permitir pereciese ninguno de los soldados. Pero como faltaba ya la razon, y empezaban a descubrir su mala intencion, lejos de producir los buenos efectos que se prometia de esta sumisa oferta, solo sirvio para que se insolentasen mas. Rogabales humildemente, y procuraba disuadirlos de las supuestas quejas con los europeos: deciales que todo era falso e inventado por la malicia de los que les persuadian lo contrario; pero mas irritados con estos medios de suavidad, empezaron a manejar sus hondas, ensayando el modo con que habian de usar de ellas. Estas son las causas de donde se origino tan cruel rebelion contra la Magestad y los europeos; pero anadire otra que a mi ver es el principal fundamento de este sangriento suceso. Hacian 10 anos, que se esperimentaba un total atraso en las labores de minas; de modo que en la actualidad no habia una sola que llevase formal trabajo, ni pudiese rendir a su dueno lo necesario para su conservacion y giro, siendo lo unico que sostenia el vecindario: cuya total decadencia puso a sus mineros en tan lamentable constitucion, que los que se contaban por principales, y en otros tiempos poseian agigantados caudales, como eran los Rodriguez, Herrera, Galleguillos y otros, se hallaban en un estado de inopia, descubiertos en muchos miles, asi al Rey, como con otros particulares, sin poderlos pagar, ni seguir el trabajo de sus labores, por falta de medios. Los europeos, que eran los unicos habilitadores, ya no querian suplirles cantidad alguna, y desesperados por no hallar remedio para socorrerse, y chancelar sus deudas, maquinaron esta rebelion, que se hara dudosa a los tiempos venideros, por el conjunto de muertes, robos, sacrilegios, profanaciones y demas crueldades que se egecutaron. Obligados los milicianos, de las muchas suplicas y persuasiones que se emplearon por varios sugetos, entraron en el cuartel, despues de la oracion del citado dia 10 de Febrero, no para permanecer en el como otras noches, sino solo para enganar a sus capitanes con aquella aparente obediencia, y con la mira de que se les diese el prest que se les tenia asignado. Mientras se les pagaba, se oyeron por las calles y plazas, muchas voces y alaridos de muchachos y demas chusma, quienes despidiendo piedras con las hondas, pusieron al pueblo en bastante consternacion. A este tiempo tocaron entredicho con la campana de la matriz, segun se habia prevenido, para que todos se juntasen al puesto senalado. Practicaronlo asi, pero sin poder averiguar quien hubiese tocado, ni con que orden, lo que obligo al corregidor mandase apostar una compania en cada esquina de la plaza, por si hubiese algun inopinado asalto. Cuando se estaban tomando estas y otras disposiciones para precaverse, se oyo el sonido de diferentes cornetas, que de uno a otro o estremo se correspondian, para confirmar la entrada de los indios; por lo que se dispuso que algunos saliesen para hacer un reconocimiento, quienes volvieron con la noticia, de que no habia nadie en aquellas inmediaciones, y averiguado el caso, se hallo que los que tocaban las cornetas, eran dos negros de D. Jacinto Rodriguez, D. Nicolas de Herrera, e Isidoro Quevedo, para que reunidos con esta novedad los europeos, les fuese mas facil conseguir su desesperado intento. Asegurados estos, que nada habia que recelar de parte de los indios, se tranquilizaron algo, y entraron a cenar juntos en casa de Endeiza. Pero al primer plato que se puso en la mesa, entro D. Jose Cayetano de Casas, derramando mucha sangre, de una peligrosa estocada, que le habian dado los criollos, por haber resistido que entrasen por la esquina de la matriz, que estaba guardando con su compania, y al tiempo que referia su desgracia y aseguraba era cierta la conjuracion de los criollos contra ellos, oyeron que despedian desde la plaza millares de piedras hacia la casa y balcones, y determinados a defenderse hasta el ultimo estremo, tomaron las armas de fuego que tenian, para dispararlas contra los amotinados, y resistir su insulto: pero detuvolos el mismo dueno, D. Jose de Endeiza, sugeto de vida ejemplar, quien conociendo era inevitable la muerte de todos, les hizo el siguiente razonamiento, lleno del celo cristiano que le animaba. "Ea, amigos y companeros, no hay remedio, todos morimos, pues se ha verificado ser la sedicion contra nosotros: no tenemos mas delito que el ser europeos, y haber juntado nuestros caudales, para asegurarlos, a vista de los criollos. Cumplase en todo la voluntad de Dios, no nos falte la confianza de su misericordia, y en ella esperemos el perdon de nuestras culpas: y pues vamos a dar cuenta a tan justo tribunal, no hagamos ninguna muerte, ni llevemos este delito a la presencia de Dios, y asi procuren Uds. disparar sus escopetas al aire, y sin pensar en herir a ninguno: quiza conseguiremos con solo el estruendo atemorizarlos, y hacer que huyan." De esta suerte con lagrimas en los ojos, tiraban de la conformidad prevenida, lo que comprueba no haber herido a ninguno de los criollos con mas 200 tiros que dispararon, y aunque despues se quizo asegurar lo contrario, fue una invencion de los autores del motin. Enfurecidos los tumultuantes, y llenos de rabiosa colera, unos despedian hondazos contra los balcones, y otros procuraban incendiar la casa. Las mugeres se empleaban en acarrear piedras las mas solidas y fuertes que encontraban en las minas, cuidando no faltase a los hombres esta provision. Pasaban ya de 4,000 los amotinados, crecia el peligro de los europeos, encerrados en la casa de Endeiza, y se aguardaba por instantes fuesen victima del populacho. Para evitarlo, salio de la iglesia de la Merced el Senor Sacramentado, cuya diligencia no sirvio de otra cosa que a aumentar el delito de aquellos barbaros con el mayor sacrilegio: porque desprendidos de toda humanidad, faltaron tambien a la veneracion y respeto debido al Dios de los cielos y tierra, pues no hicieron caso de su presencia real, y continuaron el asalto de la casa. El corregidor, antes que oyese tiro alguno, paso a casa de D. Manuel de Herrera, y le rogo encarecidamente saliese con el por las calles a apaciguar el tumulto, para ver si con su respeto conseguia lo que no habia podido lograr despues de haber empleado muchos medios; a que le respondio no era ya tiempo, y siguio jugando tranquilamente con el cura de Sorasora, D. Isidoro Velasco, y otros, a quienes interesaba poco la consternacion en que estaba el pueblo. Viendose el corregidor desenganado, y cerciorado que procuraban quitarle la vida, se vio precisado a emprender la fuga para salvarla, y desde la misma casa de Herrera salio al campo, sin llevar prevencion alguna para el camino, y tomando el de Cochabamba, logro asilarse en la villa, capital de aquella provincia. Continuaron los amotinados sus diligencias, y para que no desmayasen de la empresa, gritaban algunos por las calles:--"Ea, criollos y criollas, acarreen piedras para matar a los chapetones, pues ellos han sido nuestros enemigos:" y para irritar y conmover los animos, decian unas veces "ya le quitaron la cabeza a D. Jacinto Rodriguez:" otros, "han muerto 30 paisanos nuestros." Pero entre ellos quien sobresalia mas que todos era D. Juan Montesinos, que decia a grandes voces:--"Vayan hombres y mugeres a mi casa, y saquen lena y paja para pegar fuego, y acabar con estos traidores chapetones:" lo que practicaran inmediatamente, incendiando los balcones y tienda principal, con lo que, obligados a salir por los tejados aquellos infelices europeos, se pasaron a las casas inmediatas. Luego que lo advirtieron, tomaron todas las avenidas, y no hallando otro recurso que el de salir huyendo por la puerta de la calle: se resolvieron a egecutarlo, pero acometidos de un furioso tropel de criollos, los iban matando asi como iban saliendo, hasta dejarlos despedazados e inconocibles. Mientras los unos se ocupaban en estas crueldades, y en quemar la casa, otros juntamente con las mugeres, saqueaban las tiendas y viviendas altas, donde se atesoraron hasta 700,000 pesos de los mismos europeos, y otros que, persuadidos los tendrian seguros, los depositaron en su poder, en las especies de oro, plata sellada, barras, pinas, efectos de Castilla y de la tierra: habiendo ya saqueado antes la tienda de un criollo, llamado Pantaleon Martinez, con el pretexto de que era complice en el supuesto intento de los europeos, por cuyo motivo debia perder todos sus haberes, y morir con ellos. A las cinco de la manana del dia 11 se veia ya el lamentable espectaculo de muchos muertos, tendidos por las calles, desnudos y tan despedazados, que era preciso examinarlos con gran proligidad para conocerlos. No contentos con esta venganza, los mandaron llevar al sitio afrentoso del rollo, y de alli los pasaron a los umbrales de la carcel, donde los mantuvieron dos dias, siendo los mas de ellos pasto de los perros. Se comprendieron en esta desgracia, D. Jose Endeiza, D. Juan Blanco, D. Miguel Salinas, D. Juan Pedro Ximenez, D. Juan Vicente Larran, D. Domingo Pavia, D. Ramon Llano, D. Jose Cayetano Casas, D. Antonio Sanchez, D. Francisco Palazuelos, otros que no se conocieron, y cinco negros. Siguieron los asesinos llevandose en dia claro los robos que egecutaban, diciendo publicamente lo habian ganado en buena guerra, y que por derecho les tocaba: y dirigiendose despues a la carcel, abrieron las puertas, echaron fuera todos los presos, y luego salieron diciendo en altas voces: _Viva nuestro Justicia Mayor, D. Jacinto Rodriguez:_ caminando juntos con grande algazara y alegria, tocando cajas y clarines, lo sacaron de su casa, le hicieron dar vuelta por la plaza mayor, y repitiendo las aclamaciones, lo volvieron a ella, y habiendo subido el cura vicario a los balcones de la casa capitular, a preguntarles que era lo que solicitaban para sosegarse, respondieron todos a una voz:--Queremos por Justicia Mayor a D. Jacinto Rodriguez, y que el corregidor y demas chapetones salgan luego del lugar, desterrados a vista nuestra. A las doce del dia empezaron a entrar algunos trozos de indios, tocando sus ruidosas cornetas, y armados de hondas y palos. Con horror de la naturaleza se veia, que despues de rendir la obediencia a D. Jacinto, para asegurarle con sus acostumbradas demostraciones de rendimiento, que eran venidos a defender su vida, cuyas expresiones gratificaba con generosidad, salian corriendo unidos con los criollos a ver los muertos, encarnizandose de modo que descargaban nuevamente su furia contra los cadaveres despedazados, dandoles palos, procurando todos ensangrentar sus manos, y banarlas en aquella sangre inocente. De alli pasaron a las casas de D. Manuel Herrera, del capitan Menacho, y de su cunado D. Antonio Quiros, a quienes distinguian con iguales honores. El resto de la tarde lo emplearon en examinar las casas donde presumian habia algun caudal para saquearlas, y en reconocer los lugares mas ocultos, donde sospechaban se hubiese escondido algun europeo, de los que se habian libertado la noche antecedente. Continuaban entrando en tropas los indios, que estaban convocados en las inmediaciones. Venian con banderas blancas, y salian los criollos a recibirlos, dandoles muchos abrazos, y les instaban para que entrasen a la iglesia matriz en busca de los europeos fugitivos, y cuando no pudiesen haberlos a las manos, a lo menos se hiciesen entregar las armas que habian escondido en ella. Consiguieron esto, porque el cura, a fin de que no violasen el sagrado, les entrego varias pistolas y sables; mas no contentos con ellas, pedian otras con insolencia, y no teniendo el cura modo de contentarles, determino subirse a la cima del rollo a predicar, y darse una disciplina en publico: cuyo acto, lejos de enternecerlos, les provoco la risa, e insolentandose mas, le despidieron algunos hondazos, con cuya eficaz insinuacion le hicieron bajar bien a prisa. A este tiempo habia sacado en procesion el Prior de San Agustin, acompanado de las comunidades de San Francisco y de la Merced, la devota efigie del Santo-Cristo de Burgos, llevandole en procesion por las calles, plazas y extramuros de la villa, pero solo le acompanaban las viejas: y sin hacer aprecio ni respetar tan sagrada imagen, se ocupaban los criollos, unidos con los indios, en saquear la casa del corregidor. Y habiendole suplicada al Padre Prior se dirigiese por la calle del Tambo de Jerusalem, por ver si contenia a los indios que estaban derribando la puerta de la tienda de D. Francisco Resa, lo egecuto, pero nada pudo conseguir, antes si ocasiono que los indios empezasen a declarar su apostasia a la religion catolica, que hasta entonces se juzgaba habian profesado: pues dijeron en alta voz, que dicha imagen no suponia mas que cualquiera pedazo de maguey o pasta, y que como de estos y otros enganos padecian por los pintores. Ya empezaba a sentirse la consternacion que causaban los indios, que habian entrado en la villa en el espacio de 6 horas, cuyo numero pasaba de 4,000, convocados por D. Jacinto Rodriguez y sus parciales: uno de ellos dijo al tiempo de entrar los de Paria, que venian de paz, pues el dia antes habian salido 25 sugetos para detenerlos y estorbar su venida, porque no eran ya necesarios, cuando se habia conseguido el triunfo deseado. Pero la noticia que tuvieron del saqueo y caudal que todavia existia, fue incentivo para que no obedeciesen la orden de retirarse, y se multiplicaron tanto, que se hace increible el excesivo numero que andaba por las calles, divididos en tropas, tocando sus cornetas, y despidiendo piedras con las hondas: de suerte que toda la gente de cristiandad y distincion estaba refugiada en los templos, implorando la clemencia del Altisimo, y esperando la muerte por instantes. Durante la noche se ocuparon en saquear las casas y tiendas de los europeos. D. Francisco Rodriguez, el Alcalde, el cura parroco y otros sacerdotes, intentaron el 12 por la manana contener los robos, que estaban egecutando en la tienda y casa de D. Manuel Bustamante, pero nada pudieron conseguir, porque prorrumpieron en estas voces: "muera el Alcalde, pues supo afrentar a sus paisanos:" a esto siguieron los indios gritando, _comuna, comuna_, palabra de que usaban cuando querian matar o robar, como si dijeran _todos a una_. No se verifico este estrago, porque el Alcalde logro ponerse en salvo por medio del mismo tumulto. El dia 13 mando abrir Cabildo D. Jacinto Rodriguez, y cuando se presumia fuese para tomar alguna providencia, solo se dirigio a que lo recibiesen de Justicia Mayor, empleo de que se habia posesionado con solo la autoridad de los sublevados. Antes de entrar en la casa capitular, se acerco a las puertas de la iglesia matriz, e hizo algunas demostraciones de querer contener a los indios, que intentaban entrar y profanar el templo, buscando a los europeos, lo que el cura habia resistido hasta entonces: pero persuadido por Rodriguez y por D. Manuel de Herrera, consintio que entrasen doce de los mas principales. El pretexto era sacar solo al corregidor, que creian estaba en la bobeda. El parroco les aseguraba que no habia tal, pero simple o maliciosamente anadio, que habia cuatro europeos ya confesados. Los indios que no deseaban otra cosa, se encendieron en ira, y llenos de furor entraron en la iglesia por fuerza, abrieron las bobedas, y las indias mas atrevidas que los hombres, penetraron lo mas oculto. No encontraron a ninguno, pero como era tanto el deseo de venganza contra el corregidor, sacaron el ataud, en que se habia depositado el cadaver de D. Francisco Mollinedos, administrador de correos, que pocos dias antes habia fallecido; mandaronlo desclavar, creyendo estuviese dentro el corregidor, pero no encontrandolo, sacaron los cuchillos y descargaron sobre aquel cadaver, sus furias, dandole muchas punaladas. Pasaron despues a reconocer segunda vez la iglesia, y encontraron a D. Miguel Estada, que mataron en el mismo cementerio: tambien hallaron a D. Miguel Bustamante, y llevandole a los portales de Cabildo, le presentaron vivo a D. Jacinto Rodriguez, le preguntaron si lo habian de matar, y habiendo dispuesto lo entrasen en la carcel, para cargarlo de prisiones, no hicieron caso de la orden, y le dijeron a gritos: "Vos nos habeis llamado para matar chapetones, y ahora quereis que solamente entren en la carcel; pues no ha de ser asi"; y usando la voz _comuna, comuna_, dieron muerte a aquel infeliz. Prosiguieron profanando el templo, escudrinando con luces los lugares mas ocultos de el, cercaronle, y sacaron a D. Vicente Fierro y D. Francisco Resa de un casa inmediata, a quienes tambien mataron. Cebados ya los indios en profanar los templos y matar europeos, entraron en la iglesia y convento de San Agustin, encontraron en la calle con D. Agustin Arregui, criollo, y queriendolo matar, porque les parecio europeo, a fin de escapar, les dijo: "Yo no soy chapeton, sino criollo: entrad al convento, donde estan cinco chapetones con sus armas." Pero para asegurarse, le llevaron con ellos, y despues de haber buscado los lugares mas ocultos, le dieron cruel muerte, porque no habiendolos encontrado, se persuadieron queria escaparse con este engano. No falto quien poco despues les avisase el lugar donde se escondian los que buscaban, y volviendo a entrar con doblada furia, hallaron a D. Ventura Ayarra, D. Pedro Martinez, D. Francisco Antonio Cacho y a un frances, que una hora antes habia tomado el habito de religioso: los que perecieron tambien a mano de aquellos barbaros. El dia 14 amanecio cercado de una multitud de indios el convento de la Merced, y para asegurar la presa se subieron a los techos, y entrando con el mayor desacato en la iglesia, la reconocieron toda, y hallando debajo del manto de Nuestra Senora de Dolores, a D. Jose Bullain, lo sacaron a empellones, y le dieron muerte. Volvieron en tropel a la iglesia, y hallaron que los que habian quedado sacaban a D. Jose Ibarguen, vestido de muger, trage que tomo para confundirse con el sexo, y estando rezando con las demas, lo acuso un criollo. Acometieronle furiosos, conocido por los zapatos, y arrancandole de los brazos de su propia consorte, a quien el dolor obligo a salir en seguimiento de su marido, y a quien consolaban los homicidas, con decirle: "no llores, que nosotros no tenemos la culpa, porque esto lo egecutamos por orden de D. Jacinto Rodriguez." Corrio en busca del indulto, pero cuando volvio, hallo a su marido desnudo, despedazado. En aquel instante encontraron debajo de una anda a un negro esclavo de D. Diego Azero, y le dieron la misma muerte. Siguieron estas y otras crueldades, que se aumentaron con la venida de 6,000 indios de la parte de Sorasora, quienes unidos a los demas, buscaban con igual furor y cuidado a los europeos: hallaron en un desvan a D. Pedro Lagraba, que habia libertado su vida la primera noche del tumulto, y le condujeron a la plaza, donde acabo de la misma suerte que los demas. De este modo se vio atropellada por la ambicion y codicia de cuatro o seis sugetos, la grandeza del Todo-Poderoso, profanados sus templos, despreciadas sus sagradas imagenes, usurpada la inmunidad de las iglesias por las casas de los Rodriguez, pues estas eran el mejor asilo para escapar de la muerte; como lo consiguieron varios europeos, ya fuese por las alianzas de una antigua amistad, o ya para cohonestar sus atroces delitos, con algunos hechos piadosos: pero la casa del Senor, sus altares y tabernaculos se vieron polutos, despreciados y ultrajados por esta vil canalla. Llegada la noche, desamparan los indios el convento de la Merced, se libraron en el D. Jose Caballero, D. Jose Lorzano, y D. Manuel Puch, por la diligencia de un religioso: pero creyendo el comendador que los sediciosos incendiarian la iglesia, por esta causa les obligo a salir a una casa que les tenia destinada, disfrazados en traje ordinario. El desgraciado D. Jose Caballero con la confusion se separo de los demas, y se vio precisado a mantenerse entre los tumultuados, hasta la media noche, que siendo descubierto le llevaron a D. Jacinto Rodriguez, quien habiendoles dicho no lo conocia, acabo a manos de los traidores, con la mas cruel muerte que puede idear la impiedad. Tambien fueron victimas de su furor 14 negros de los europeos, sin mas delito que ser sus esclavos. Siguieron saquando consecutivamente 20 casas, y segun una prudente regulacion, ascendjeron los robos hasta dos millones de pesos, habiendo perecido no solo los europeos que contenia la villa, sino tambien los de todas las inmediaciones, cuyas cabezas traian los indios, para presentarlas al nuevo Justicia Mayor, quien las hacia enterrar clandestinamente. Vacilaba ya la confianza de D. Jacinto Rodriguez, y empezaba a temer a los mismos que habia llamado: junto a los indios, y despues de prevenirles se mantuviesen solo un dia en la villa, ofrecio les daria de las cajas reales un peso a cada uno, cuyo hecho se egecuto al siguiente dia 15, sin mas autoridad que su antojo: y convenido con los oficiales reales, abrieron las puertas del tesoro del Rey, y extrageron cuatro zurrones, y mandandolos juntar de nuevo, se les cumplio lo prometido, y se les hizo entender por medio del cura, que no habia necesidad se mantuviesen dentro de la poblacion, y que recibido cada uno el peso, se retirasen a sus estancias. "Hijos mios, les decia, yo como cura y vicario vuestro, y en nombre de todo este vecindario, os doy las debidas gracias por la fidelidad con que habeis venido a defendernos, matando a estos chapetones picaros, que nos querian quitar la vida a traicion a todos los criollos: una y mil veces os agradecemos, y os suplicamos os retireis a vuestras casas, pues ya como lo habeis visto, quedan muertos, y por si hubieseis incurrido en alguna excomunion o censura, haced todos un acto de contricion, para recibir la absolucion." Y luego siguio con el _misereatur vestri_; hecho que se hara dudoso a cuantos no estuvieron presentes, pero asi es, y asi sucedio. Instaban despues los indios, para que se les declarase por el Justicia Mayor las reglas que debian observar en adelante: preguntaban si las tierras de los espanoles serian todas pertenecientes al comun de los indios: se les respondia que si. Anadian que en adelante no pagarian tributos, diezmos, ni primicias; a todo condescendian el cura, los prelados y los vocales del Cabildo, llenos de temor, viendose en medio de 15,000 indios, todos armados de palos, piedras y hondas. Se emplearon en aquella distribucion 25,000 pesos, que se extrageron del erario, previniendo D. Jacinto a los indios que el restante se reservaba en cajas, para cuando se verificase la venida de su Rey, Jose Gabriel Tupac-Amaru, a quien se le aguardaba por instantes. Cuando se estaba practicando esta inicua diligencia, llego un indio que venia de la provincia de Tinta, y dirigiendose a D. Jacinto, le dijo, era enviado por el Inca Tupac-Amaru, y que este encargaba mirasen con mucho respeto y veneracion a los templos y sacerdote; que no hiciesen dano alguno a los criollos, y que solo persiguiesen y acabasen a los chapetones. Y habiendole preguntado por las cartas, respondio que el dia antes habia llegado su companero con un pliego para D. Jacinto: de que resultaron repetidas aclamaciones del infame nombre del tirano, que se oia repetir en las plazas y calles publicas por toda clase de gente; con el mayor regocijo, corriendo todos con banderas y otras demostraciones de jubilo, que imito D. Manuel de Herrera desde el balcon de su casa, tremolando un panuelo blanco, y acompanando esta accion con las mismas palabras que los demas, que eran decir: "viva Tupac-Amaru;" las que volvia a pronunciar el pueblo, lleno de alegria. La chusma de criollos, que oia estas noticias tan favorables a sus ideas, manifestaba el gozo que le causaban, y algunos intentaron salir a encontrarle, porque aseguraba el indio, que muy breve se hallaria en la ciudad de la Paz. D. Jacinto Rodriguez, convenido con la muger del capitan de aquellas milicias, D. Clemente Menacho, intentaron que todos los espanoles usasen el traje de los indios. Salio de esta conformidad por las calles, vestido de terciopelo negro con ricos sobrepuestos de oro; amenazaba a todos serian victimas de los rebeldes, sino le imitaban, porque se persuadirian eran europeos, a que se convinieron por librarse de la muerte, y en un momento logro la transformacion que deseaba, adoptando los hombres prontamente la _camiseta_ o _unco_ de los indios, y las Senoras dejando sus cortos faldellines aseados, vistieron los burdos y largos _acsos_ de las indias. Cuando estaban ocupados en estas y otras providencias, llego la noticia de que se acercaban los indios Challapatas. Salieron a recibirlos al campo como a los otros; pero solo venian 40 de los mas principales, y a la cabeza de ellos D. Juan de Dios Rodriguez, y luego que entraron en la plaza, se mando repicasen las campanas, pasando despues a hospedarse en la casa del que los conducia, donde fueron bien regalados y asistidos. Al pasar por la Calle del Correo, quitaron las armas del Rey, que estaban fijadas sobre la puerta de la administracion, pisandolas y ultrajandolas, con cuyas atrevidas demostraciones querian dar a entender habia fenecido el reinado de Nuestro Augusto Soberano, D. Carlos III. Estos indios habian venido con el especioso pretexto de socorrer la villa, quienes aseguraban que para defenderla tenian prontos 40,000 hombres: pero se conocio que todo era invencion de la malicia, pues el tiempo que existieron se ocuparon en pedir a los hacendados cesiones y renuncias de sus haciendas para su comunidad, lo que egecutaron los duenos de ellas con escrituras publicas, para evitar la muerte, queriendo primero perder sus bienes que sus vidas. Y como hasta aqui estuviesen los indios hechos duenos de aquella poblacion, ensoberbecidos por el dinero que les habian pagado, y por las gratificaciones de los Rodriguez y sus parciales, contemplandose ya superiores, negaron la obediencia, y no quisieron egecutar la orden que se les habia dado para retirarse: antes con mayor insolencia volvieron por la noche al saqueo, acometieron la casa y tienda de D. Francisco Polo, que no le sirvio ser de un criollo para libertarla, y como amaneciesen en esta operacion, fueron vistos por el dueno, quien fue a pedir a D. Jacinto remediara aquel exceso: lo que oido por el indio, Gobernador de Challata, D. Lope Chungara, compadecido de tantos estragos, resolvio se juntasen los vecinos, y unidos echasen a los indios, y con la orden que dio, de que el que se resistiese lo matasen, habiendola egecutado en dos o tres de los mas atrevidos, se logro el intento, saliendo los demas sin la menor resistencia. Este fue el cruel y sangriento acontecimiento de la villa de Oruro, donde no solo se experimentaron tiranias de parte de los indios y cholos sublevados, sino tambien de algunos sacerdotes y prelados de las religiones. Uno de ellos europeo, y tal vez el mas beneficiado de sus paisanos, companero diario de sus mesas, cerro las puertas para que ninguno pudiese acogerse a su clausura, despidiendo inhumanamente y con la mayor violencia, a D. Francisco Duran y D. Jose Arijon, de respetable ancianidad que lo intentaron. Pero mucho mas tirano se mostro, viendo dentro del convento a D. Jose Isasa, que por huir de la persecucion, habia saltado por las tapias del corral, al que tambien hizo salir en medio del dia, exponiendole con barbaridad a que fuese recibido entre los garrotes, lanzas y hondas de sus enemigos. No menos indigno de su ministerio se mostro otro, que aunque permitio que sus religiosos amparasen algunos perseguidos, se apropio una cantidad crecida de alhajas de oro, perlas y diamantes, que en confianza puso en su celda un religioso, por recelar fuese saqueada la suya por los amotinados, a causa de haber encontrado en ella a un europeo: de suerte que segun una prudente regulacion, usurpo mas de 70,000 pesos fuertes. El cura de la villa, continuando su errada doctrina, recibio de D. Jacinto Rodriguez una barra de plata, cuyo valor ascendia a cerca de 2,000 pesos, y una _mancerina_ de oro que le remitio de las robadas, para que celebrase los sufragios a los europeos asesinados en el tumulto, contentandose con enterrarlos a todos juntos en un hoyo, y aplicarles algunas misas. Ninguno de estos ni otros superiores eclesiasticos hizo la menor demostracion para impedir a los indios violentasen las iglesias: todos consintieron en ello, poseidos del espanto, y lo que canso mayor dolor, fue ver que, despues de polutas las iglesias, permitiesen celebrar el santo y tremendo sacrificio de la misa, enterrando el cura, en el lugar que se hallaba violado, los cadaveres de los vecinos que morian de enfermedad. Satisfecha ya la tirania de los complices, con tantos y tan tragicos sucesos, procuraban cohonestar sus maldades con algun especifico pretesto, por si quedaban sometidos a la obediencia del Rey. Suponian era efectiva la mina, construida por el corregidor desde su casa al cuartel: formaron autos, cuyos testigos fueron los mismos asesinos y algunos muchachos, a quienes de propia autoridad dispensaba las edades el Justicia Mayor, D. Jacinto Rodriguez, haciendoles firmar declaraciones, que con anticipacion tenia hechas por direccion de los abogados Caro y Megia. Quizo probar el hecho de la mina con vista de ojos, persuadido se habia construido secretamente, como lo habia mandado: pero le salio el pensamiento errado, porgue los encargados de esta maldad abandonaron la obra con la consideracion del delito, y habiendo pasado el examen el escribano real, D. Jose de Montesinos, hallo solamente un agujero, que no se dirigia a parte alguna, pero sin embargo se siguio el proceso lleno de maldades y defectos, y se tuvo la audacia de remitirlo a la Audiencia de Charcas, para alucinar a sus Ministros. Se inventaban tambien diariamente continuas infaustas noticias, a fin de que los pocos vecinos fieles no levantasen el grito; unas veces aseguraban que habian arrasado la ciudad de la Plata, otras que en Potosi los criollos, unidos y confederados con los indios de la mita, habian muerto a todos los europeos, y que en la ciudad de la Paz se habia querido egecutar la misma traicion que en aquella villa, y que habian muerto 200 europeos y 300 criollos; con otras novedades de esta naturaleza, que discurria la malicia para infundir terror y sumision a los leales. Disfrutaban los Rodriguez todas las distinciones del usurpado mando con la mayor satisfaccion, fiados en la ciega subordinacion que les tenian los indios: pero se desvanecieron todas sus esperanzas la manana del dia 9 de Marzo, en que improvisamente fue asaltada su casa, de los mismos que tanto confiaban, y nada menos intentaban que quitarles las cabezas y destruir toda la villa. Tocaron inmediatamente a entredicho: se juntaron las milicias, y fueron rechazados los indios con perdida de 60. Este hecho les hizo variar de conducta, abandonando desde entonces la excesiva contemplacion con que les trataban, en especial D. Jacinto, que estaba persuadido vendrian en su ayuda luego que los llamase, como lo habian egecutado anteriormente: pero ya desenganados, mando fundir algunos pedreros, arreglar las milicias, y acopiar municiones para la defensa. Retirados los indios con este escarmiento a sus pueblos; estancias, empezaron a convocar desde ellas a los de las demas provincias inmediatas, atrayendolos con la plata robada en el saqueo de Oruro. Ocuparon los caminos para impedir la internacion de viveres, quitando la vida a los conductores, y aprovechandose de cuanto conducian: de suerte que aquellos vecinos se vieron reducidos a sufrir las mayores necesidades. Todas las noches se tocaba entredicho, por los repetidos avisos de que entraban los indios a destruir la villa, ocasion que aprovechaban los cholos para continuar robando cuanto podian, hasta el 18 de Marzo, en que se verifico; amaneciendo en las cimas de los Cerros de San Felipe y la Tetilla de 6,000 a 7,000. Salieron a combatirlos, mataron a pocos, y hubo algunos heridos de parte de los Orurenos que bajaron, perdida la esperanza de superar las alturas que estaban ocupadas, aumentandose la consternacion, asi como iba reforzandose el partido de los indios, con varias partidas que llegaban por instantes, y se colocaban en el Cerro de San Pedro. Presentaron de nuevo la batalla, que admitieron los vecinos: pero apenas se empezo el ataque, volvieron a ocupar las eminencias, excepto 14, que fueron muertos con unos de sus capitanes, cuya cabeza se enarbolo en la punta de una lanza. A este espectaculo cobraron nuevo esfuerzo, y olvidados del rencor contra los europeos, por su propia conveniencia, pensaron en buscar los que habian escapado, y estaban escondidos, para que ayudasen a la defensa, de cuya comision se encargo D. Clemente Menacho, con toda su compania, quien aseguro a un religioso mercedario, podia sacar libremente a algunos que sabia tenia en su celda, porque habia indulto general para ellos. En efecto salieron del convento D. Antonio Goiburu, y D. Manuel Puche, que fueron recibidos con brazos y demostraciones de buena fe, y sucesivamente se determinaron a hacer lo mismo los que quedaban, juntandose hasta 18 que tuvieron la felicidad de salvar sus vidas del furor de la pasada conjuracion. Unidos con los criollos, y sabiendo que los indios que habian ocupado los cerros inmediatos a Oruro, se mantenian en el de Chosequiri, distante dos leguas, determinaron seguirlos y atacarlos: en cuya accion, que duro todo el dia 19, consiguieron matar 120, y derrotarlos enteramente: sintiendo desde aquel dia los ventajosos efectos de este triunfo, porque los indios empezaron a implorar el perdon, y ofrecieron entregar las cabezas que los habian conmovido, como lo egecutaron despues, conduciendo a los caudillos de los pueblos de Sorasora, Challacocho y Popo. D. Jacinto Rodriguez y demas gefes de la milicia, acordaron con ellos un convenio, con la condicion de que asistiesen a la villa con los viveres necesarios a la subsistencia de su vecindario. No causa menos dolor el estrago que la rebelion hizo en el pueblo de San Pedro de Buena Vista, de la provincia de Chayanta, que, aunque tuvo la fortuna de escarmentar el atrevimiento de los indios cuando altivos y sobervios, lo asaltaron en los meses de Noviembre y Diciembre de 1780. Impacientes de que resistiese su furor tan pequena poblacion, mal asistida de municiones de guerra y boca, volvieron con mayores fuerzas por el mes de Febrero de 1781 a redoblar los ataques y los asaltos. El cura, Dr. D. Isidoro Jose de Herrera, en quien en competencia se admiraban con un gran juicio, una profunda sabiduria, y una acrisolada fidelidad, exhortaba a sus feligreses a la mayor constancia, y a que no manchasen su honor con el feo tizne de la deslealtad. Pudo este ejemplar parroco evadir el riesgo con la fuga: pero hizo escrupulo de conciencia desamparar aquella afligida grey, que en ocasion tan apretada necesitaba de su auxilio, y con una lijera esperanza de que su respeto y autoridad podrian apagar aquella voraz llama, permanecio en el pueblo. Con esta heroica resolucion enarbolo por estandarte un Santo-Cristo, y con tan sagrada efigie exhortaba a los espanoles y reprendia a los rebeldes: mas estos, despreciando aquellos divinos auxilios que les franqueaba el Todo-Poderoso por mano de su ministro, repetian los golpes con un diluvio de piedras; y aunque los nuestros por siete dias continuos hicieron prodigios de valor y de constancia, no solo rechazando los furiosos esfuerzos con que eran acometidos por aquella canalla, sino hiriendo y matando a muchos, cediendo ya las fuerzas a la obstinada porfia y numero desigual de los contrarios, y hallandose fatigados de la hambre y de la sed, con total falta de polvora y balas, y sin llegar el auxilio que repetidas veces habian pedido al Comandante Militar y Audiencia de la Plata, distante solas 30 leguas, determinaron por ultimo remedio retirarse al templo, creyendo que el respeto debido a la casa de Dios fuese la mas inespugnable fortaleza, que les salvase las vidas. Pero io barbaridad inaudita! no fue asi, pues con oprobio de la misma racionalidad, y menosprecio del adorable Sacramento, de las sagradas imagenes, y de toda la corte celestial, se convirtio el templo en cueva de facinerosos, que con sacrilegas manos quitaron la vida al cura y a cinco sacerdotes, pasando a cuchillo mas de 1,000 personas, entre hombres, mugeres y criaturas, quedando el santuario convertido en pielago de sangre inocente, y salpicados con ella los altares. Esperimentose la misma tragedia en el pueblo de Caracoto, provincia de Sicasica, donde la sangre de los espanoles, derramada en la iglesia, llego a cubrir los tobillos de los sacrilegos agresores: en el de Tapacari provincia de Cochabamba tuvieron igual suerte los que la habitaban: llegando la crueldad de los rebeldes a tanto exceso, que quisieron enterrar vivas a las mugeres espanolas, para lo que tenian ya abierto un hoyo en la plaza, capaz de enterrarlas a todas. Ejercitaron en este pueblo la crueldad hasta el estremo. Sacaron de la iglesia a un espanol, que se habia acogido al altar mayor con seis hijos varones, le arrastraron hasta su casa, le pusieron el cuchillo en las manos, precisandole con crueles azotes, a que fuese verdugo de su propia sangre, en presencia de la muger que se hallaba adelantada de su embarazo. Resistiose el infeliz a esta barbara egecucion, asi por los carinosos ruegos de la madre, como por los tiernos sollozos de los hijos, sin que bastase tan compasivo espectaculo a enternecer los corazones empedernidos de aquellos tiranos, que se resolvieron degollar al padre, y a los hijos a vista de la madre, por mas diligencias y lagrimas que empleo para libertarlos, y habiendo abortado con el dolor y susto, acudieron rabiosos a examinar el feto, y hallando que era varon, le quitaron la vida, antes que espirase naturalmente. En el de Palca, de la misma provincia de Cochabamba, cometieron las mismas tiranias y sacrilegios, dando muerte a muchas personas de todos sexos y edades, y al cura D. Gabriel Arnau, que acabo a golpes y empellones al pie de la sagradas aras, teniendo en las manos el Santisimo Sacramento del Altar, que quedo espuesto a la mas sacrilega profanacion: y tomando una india la hostia consagrada, corria con ella en las manos, diciendo: "mirad el engano, que padecemos por estos picaros; esta torta la hizo el sacristan con la harina que yo conduje del valle, y despues nos fingen que en ella esta Dios sacramentado." Asi tambien en el pueblo de Arque fueron victima de la sedicion todos los vecinos espanoles, establecidos en el y su quebrada. En ella asaltaron al pueblo de Colcha, y egercitaron iguales crueldades, prendiendo a su cura, el Dr. D. Martin Martinez de Tineo, que maneatado le condujeron en medio del tumulto, donde fue herido de un garrotazo en la cabeza, porque no quiso asentir a sus proposiciones, de que no les daria azotes, para que aprendiesen la doctrina. Este eclesiastico se mantuvo con la mayor entereza, a vista del peligro que le amenazaba: preguntandole si los azotaria, les respondia, que si, cuando diesen motivo, por no quererse instruir en las obligaciones cristianas. Reproducianle los indios, que solo les daria 20 o 25 azotes: a que replicaba, que si cometian aquella falta, los castigaria con los 50, como lo habia acostumbrado hasta entonces, manteniendose inflexible a estas y otras proposiciones que le hacian, opuestas a su ministerio. Pero como su celo y arreglada couducta, con las muchas limosnas que hacia, y los infinitos intereses de obvenciones que continuamente los perdonaba, le hubiesen hecho muy amado de todos, salvo la vida; y libre ya de sus opresores, paso sin perdida de tiempo a la capital de la provincia, dondo entro banado en su propia sangre, y presentandose en la plaza mayor, sin haber hecho otra diligencia, que ponerse en la herida una medida de Nuestra Senora de Copacabana, rodeado de un numeroso concurso, exorto a los circunstantes, diciendo: ?Donde esta la lealtad y religion de los Cochabambinos, que no evita tantos danos y sacrilegios? Y ensenando la herida, decia: "Mirad como se trata a los sacerdotes y ministros del santuario: no creais en las vanas ofertas del traidor Tupac-Amaru, todos sereis victima de su tirana ambicion, porque su intento es derramar toda la sangre espanola; buenos testigos son las crueldades egecutadas en Arque, Tapacari, Palca y otros pueblos." Y repitiendo las mismas razones, dio muchas vueltas por la plaza y calles de la villa, con lo que conmovio los animos de aquellos cholos, que estaban vacilando en la fidelidad, y anunciaban con pasquines y canciones, les faltaba poco para abrazar el partido del rebelde, lo que daba fundados motivos para temer una tragedia tan sangrienta, como semejante a la de Oruro, de que hubiera resultado la perdida inevitable de todo el reino; porque aquella provincia tiene mas de 20,000 hombres de todas castas, que pasan por espanoles, capaces de manejar las armas, y tan valientes como determinados. Este celoso parroco fue el principal movil para que los Cochabambinos se arraigasen en la fidelidad, vinculando Dios por este medio en aquella provincia el remedio de tan detestable sublevacion: porque no bien comprendieron el altivo pensamiento de los rebeldes, de pasar a los filos del cuchillo a todos los que no fuesen legitimamente indios, cuando armados con solas lanzas y palos, salieron con denuedo, y les hicieron conocer su esfuerzo. Estos valerosos provincianos se hicieron el terror de los sediciosos, porque en los repetidos encuentros que tuvieron, dejaron regadas las campanas con la sangre del enemigo, debiendose a su bizarria el haberlos contenido para que no repitiesen de nuevo las inauditas crueldades que se experimentaron al principio de la conmocion. Estos varones fuertes han dado a conocer que, disciplinados y armados como corresponde, no tenian que envidiar a las tropas veteranas mas aguerridas. Es verdad que se les ha notado poca obediencia y demasiada inclinacion al pillage, pero estos defectos dimanaron por la falta de disciplina y del mal egemplo que les dieron sus comandantes y oficiales. Conocida por el corregidor, D. Felix Jose de Villalobos, la buena disposicion de los Cochabambinos, y asegurado de su fidelidad, dispuso 600 hombres, que a las ordenes de D. Jose de Ayarza, saliesen a conocer los estragos que se experimentaban en su provincia. Se encamino este comandante por las quebradas de Arque en busca de los enemigos, que le esperaron en las inmediaciones del pueblo de Colcha, fiados en su mayor numero, y en las ventajosas situaciones que ocupaban. Presentoles la batalla, que admitieron audaces, haciendoles una larga y obstinada resistencia, hasta que derrotados y puestos en una vergonzosa desordenada fuga, dejaron sembrados de cadaveres y despojos, a disposicion del vencedor, los eminentes cerros que tenian por inespugnables. Subido despues de la victoria el tragico suceso de Oruro, dirigio sus marchas hasta aquella villa, donde entro, despreciando la repugnancia que manifestaron los Rodriguez y sus parciales, haciendo fijar en su puesto el escudo de armas del Soberano, que pocos dias antes habia sido hollado, y tremolar las reales banderas por las calles y plazas mas principales: y despues de haber permanecido tres dias en aquel destino, dejo algunos viveres para alivio del vecindario, y se retiro a Cochabamba; pero en Oruro se tuvo el atrevimiento de quitar segunda vez las armas de S.M., luego que verifico su salida. A evitar las crueldades de Tapacari se destino otro cuerpo de tropas de igual fuerza, que despues de haber combatido a los rebeldes, salvo oportunamente a las mugeres espanolas, que tenian ya recogidas y encerradas para hacer con ellas el cruel atentado de enterrarlas vivas. Por la parte de Tarata se tuvieron los mismos fundados recelos, que no llegaron a verificarse por la actividad de su cura D. Mariano Moscoso, cuyo celo y conocida fidelidad supieron aplicar eficaces remedios, sacrificando mucha parte de sus intereses para costear bastantes soldados de aquellas milicias, que sirviesen a contener la osadia de los malcontentos. Con estos estragos no quedaban por el Rey, desde el Tucuman hasta el Cuzco, mas que las ciudades de la Plata y la Paz, que las villas de Potosi, Cochabamba y Puno; porque en la provincia de Chucuito habian sido semejantes los robos y muertes de los espanoles y sacerdotes, habiendo sentido tambien en la de Mizque algunas turbaciones que dieron no poco cuidado. Los continuos y repetidos avisos que sucesivamente recibia de estos graves acontecimientos el Exmo. Senor D. Juan Jose de Vertiz, Virey de Buenos Aires, le determinaron a desprenderse de algunas tropas, sin embargo de las pocas fuerzas con que se hallaba para atender a las necesidades y recelos que ocasionaba en todas aquellas costas la guerra con los ingleses. Primeramente dispuso marchase un destacamento de 200 veteranos, a cargo del capitan de infanteria D. Sebastian Sanchez; y a pocos dias nombro otro de igual numero, inclusa en el la compania de granaderos del batallon de infanteria de Savoya, a las ordenes de su capitan, el Teniente Coronel D. Cristoval Lopez: y no contento aquel celoso y acreditado General con estas diligencias, envio tambien algunos oficiales sueltos para que pudiesen contribuir al arreglo y ensenanza de las milicias, y mandar las operaciones militares que ocurriesen en aquellas provincias para sugetarlas y mantenerlas en la debida obediencia al Soberano. Uno de ellos fue el Comandante en gefe del cuerpo de Dragones de la expedicion, D. Jose Reseguin, que salio de Montevideo con la mayor aceleracion; y recibida la instruccion del Virey se puso en camino por la posta, el 19 de Febrero de 1781, con la mira de alcanzar el destacamento que habia salido primeramente, y que llevaba ya dos meses de marcha: y aunque hizo presente a aquel Exmo. no le era nada airoso ir a servir bajo las ordenes de un Teniente Coronel mas moderno, y que solo era graduado, no fue obstaculo para que este oficial practicase cuantos esfuerzos le fueron posibles, a fin de lograr la idea que se habia propuesto, y que consiguio a costa de sus diligencias; habiendose incorporado en aquellas tropas el 13 de Marzo en el Puesto de los Colorados, que dista 460 leguas de la capital del vireinato, sin que lograsen detenerle los eficaces esfuerzos y ruegos que emplearon los vecinos de Jujuy, y los de muchos espanoles fugitivos, que por todo el camino encontraba, quienes le aseguraban estaban ya del todo sublevadas las provincias de Chichas, Ciuti, Lipes y Porco, que median hasta la villa de Potosi y ciudad de la Plata, cuya noticia confirmaba el corregidor de Chayanta, D. Joaquin de Alos, que disfrazado de religioso franciscano, iba huyendo por no caer segunda vez en manos de los sediciosos. Recibido por este oficial el mando del departamento, le hallo disminuido de 50 hombres, que habian desertado en el transito de la provincia del Tucuman, seducidos por sus habitantes, que ponderaban los riesgos a que iban a exponerse, y las comodidades y libertad que ellos disfrutaban, ofreciendoles casamientos y otras ventajas; cuyo dulce atractivo fue muy perjudicial a todas las tropas que se destinaron al Peru; pero se hallaba reemplazada aquellas falta con una compania de las milicias de Salta, aunque muy inferior en la calidad, asi por su poca disciplina y subordinacion, como por el ningun conocimiento que tenian en el manejo de las armas de fuego. Con estas cortas fuerzas, y con solos 5,000 cartuchos de fusil y algunas armas de repuesto, siguio Reseguin las marchas, forzandolas cuanto le permitia la debilidad de las caballerias, y el crecido numero de cargas de equipaje que habian multiplicado algunos oficiales, poseidos de miras lucrativas, faltando expresamente a las rigurosas ordenes del Virey, dirigidas a evitar todo comercio. Estos y otros embarazos que le ocurrieron, no lo fueron para que el dia 16 llegase a las inmediaciones del pueblo de Moxo, correspondiente ya a la provincia de Chicas, desde donde se adelanto a encontrarle el cura de Talina, el Dr. D. Antonio Jose de Iribarren, eclesiastico de recomendables circunstancias; de acrisolada fidelidad al Soberano, quien le impuso igualmente de la fermentacion en que estaban aquellas inmediatas provincias, los riesgos que habia padecido por mantener en la debida subordinacion a sus feligreses, y el terror panico de que estaban poseidos los vecinos espanoles, a vista de los estragos que cometian los rebeldes, habiendo sacrificado a su ira, la noche del 6 al 7 de aquel mes en la villa de Tupiza, al corregidor D. Francisco Garcia de Prado y algunos de sus dependientes; y que igual suerte habia tenido D. Francisco Revilla, corregidor de la de Lipes, hallandose fugitivos de las suyas, D. Martin de Asco, que lo era de la de Cinti, y D. Martin Boneo, de la de Porco. Persuadiale tambien a que se colocase y detuviese en su pueblo, a esperar el segundo destacamento que le seguia, porque el terreno que habia de transitar en adelante era muy quebrado; los caminos, a mas de ser asperos, estaban llenos de angosturas, y que era excesivo el numero de indios que se reunia para embarazar el paso a las tropas. Que si se perdian, era segura la ruina de la ciudad de la Plata, villa de Potosi, y demas poblaciones que aun se mantenian con alguna esperanza de salvarse, y que tambien quedaria cortada enteramente la comunicacion de ellas con el Tucuman y Buenos Aires, de que podia seguirse la perdida de todo el reino, pues de este modo les seria facil interceptar los socorros y demas auxilios que se remitiesen para contener a los sediciosos en los limites de la debida obediencia. Vacilaba Reseguin, combatido de la fuerza de estas razones, y del deseo que tenia de emprender alguna accion que acreditase su conducta, e impusiese respeto a los rebeldes. Conocia el inmediato peligro de todo el Peru, si se malograba aquel corto refuerzo de veteranos, lo arduo de la empresa que iba a emprender, los obstaculos insuperables que se le oponian, y el ningun recurso que le quedaba en caso de ser batido. Por otra parte consideraba, que buscar el abrigo de las trincheras indicaba temor, que su detencion era peligrosa, porque animaria a los sediciosos, les daria tiempo para adquirir mayores fuerzas, y concebir fundadas esperanzas de arraigarse en el dominio que tenian usurpado. Ignoraba la suerte de la Plata y Potosi, y el exito que habia tenido el ataque de la Punilla, que meditaba el Gobernador de armas, D. Ignacio Flores. Por instantes llegaban de todas partes espanoles fugitivos, que ponderaban los extragos, las muertes y los robos que cometian los indios: nadie se consideraba seguro, y todos creian perecer irremediablemente a manos de la tirania. Nada fue bastante para hacer decaer su animo. Oia con serenidad las tragicas relaciones de los que se le unian: hacia concebir a los timidos nuevos pensamientos y esperanzas, ponderandoles cuanto valia aquel corto numero de hombres, por su disciplina y por sus armas, y reflexionando importaba poco se sacrificase el y todos los suyos, cuando se trataba de evitar la perdida de todo el reino, y tal vez podria cortar los progresos de la rebelion que estaba en sus principios en aquellas provincias, con algunos movimientos y maniobras del arte militar que supliesen el numero y debilidad de sus fuerzas, echo la suerte, y resolvio vencer o morir, y dirigirse a evitar el riesgo inmediato y cierto, abandonando a la fortuna el que estaba mas distante y dudoso. Resuelto a poner en practica esta determinacion, desprecio las instancias de cuantos le persuadian lo contrario, y superadas en su interior todas las dificultades que le representaban, oculto las ideas que tenia determinadas, y trato solo de dar algunas horas de descanso a sus tropas, con el fin de conferir con el cura Iribarren el modo y medios que podrian emplearse para sorprender a Tupiza, residencia de Luis Laso de la Vega, cabeza principal del motin de aquella villa, y de todas las provincias inmediatas. Despues de reflexionado todo, con la madurez y resolucion que pedian las criticas circunstancias en que se hallaba, facilitole aquel parroco 200 mulas que le pidio, e hizo apostar en el puesto de Morara, distante tres leguas de Moxo, camino real de Potosi, y al propio tiempo significo a todos no podia alterar las ordenes de seguir su marcha, para incorporarse con Flores y salvar la ciudad de la Plata que tanto cuidado daba por el bloqueo que le hacian sufrir los indios, acaudillados por los dos hermanos Cataris, de cuya perdida se haria responsable por su detencion: y sin el menor retardo destaco algunas partidas, para que ocupasen los caminos y embarazasen el paso a cuantos se dirigiesen hacia adelante, con la orden de observar los movimientos de los enemigos, que con alguna distancia y disimulo, procuraban certificarse de la verdadera intencion de aquellas tropas. Lleno de confianza y algo reforzado con aquellos, que poco antes creian no les quedaba mas recurso que la fuga, se puso en marcha la misma tarde del citado dia 16 de Marzo, y campo en Moraja con todas las apariencias de pasar la noche en aquel campamento, tomando las precauciones necesarias a evitar el grave riesgo que le amenazaba por todas partes. Hizo poner las tiendas, encender fogatas, y cenar la tropa con brevedad, y al acabar el dia mando de nuevo tomar las mulas de refresco que tenia anticipadas, y dejando el campamento con solo 20 hombres veteranos a cargo de un oficial, se puso en movimiento con mucha precaucion y silencio; y dejando a la derecha en el pueblo de Suipacha el camino de la Plata, tomo el de la izquierda, que dirigia a Tupiza, previniendo al oficial que quedaba en el campo, cuidase con exactitud y vigilancia, permaneciesen encendidos los fuegos, y se pasase la palabra toda la noche: dejandole tambien la orden, para que antes de amanecer el nuevo dia, levantase el campamento, y siguiese sus pasos con el equipage y bagajes que le quedaban. Se practico este movimiento con tanto orden y destreza militar, que logro eludir la cuidadosa vigilancia con que le observaban los rebeldes, los cuales quedaron sorprendidos a las primeras luces del dia siguiente, por no saber el como, y por donde se habia desaparecido Reseguin. Dista Moraya de Tupiza 10 leguas de camino muy fragoso, la mitad cuestas y barrancos, y la otra mitad de profunda quebrada, por donde desciende un rio que se vadea muchas veces, y como a dos leguas de aquella villa, es inevitable una angostura de medio cuarto de legua, en que no pueden ir mas que dos hombres de frente, y a los lados tiene unos penascos escarpados, de altura extraordinaria, que forman un callejon tortuoso, muy a proposito para que un corto numero de hombres contenga y resista al mas numeroso ejercito. No ignoraban los indios las excelencias de aquel puesto, como que ha demostrado la experiencia su conocimiento y acierto para la eleccion de situaciones ventajosas, razon porque le habian escogido, para oponer la primera resistencia a las tropas del Rey, considerando, que cuando llegasen a el, estarian cansadas de superar los obstaculos, que por grados iban creciendo, asi como se iban acercando: porque a los naturales del camino, agregabase en aquella ocasion lo caudaloso del rio, que en algunos vados se pasaba con mucho trabajo y no poco peligro, aumentado por la oscuridad de la noche. Superados con diligencia y constancia todos los inconvenientes, llego la tropa a la natural fortaleza a que el arte no podia anadir circunstancia, la que reconocida por algunas partidas que se formaron de los espanoles fugitivos que eran practicos del terreno, la hallaron desocupada, y se siguio la marcha, no sin algun sobresalto, porque cuando se estaba en la mitad del peligro, se oyo un chasquido de honda, y que algunas piedras se precipitaban de lo mas alto. Todos se suspendieron, creyendo habian sido sentidos de los enemigos, pero el Comandante, animado de su resolucion, se volvio, y les dijo: "ya el peligro es inevitable, lo que importa es salir de el cuanto antes." Y avivando el paso, mando a todos le siguiesen: en efecto, logro atravesar aquel estrecho sin resistencia, y salir a otra quebrada mas espaciosa, donde tuvo ya lugar la imaginacion para concebir fundadas esperanzas de un exito feliz. No malogro instante Reseguin; y haciendo alto, reunio su formacion dilatada por los regularos efectos del desfiladero, estendio su frente cuanto le permitia la mayor anchura del camino; dividio los 200 hombres que llevaba en cinco divisiones, las cuatro iguales, a las ordenes de los oficiales veteranos, y la mayor quedo a las suyas. A cada una senalo un vecino del pueblo, que se dirigiese y apostase al paraje senalado, y despues de haber hablado con entereza a sus soldados, representandoles su obligacion, el orden que debian observar, la obediencia y resolucion en el obrar, doblo el cuidado y el silencio para seguir a Tupiza. Llego a esta villa a las 4 de la manana del dia 17, y la mando rodear inmediatamente por las partidas, que ocuparon toda su circunferencia, para que nadie saliese de ella, y con la suya entro por la calle principal, y se dirigio a la plaza mayor, sin que hasta entonces le hubiesen sentido sus vecinos ni los rebeldes que estaban entregados al sueno con la mayor confianza, asi por el desprecio que hicieron del corto numero de tropas que los amenazaba, como por la distancia en que se hallaban el dia antecedente. Su primer cuidado fue asegurarse del caudillo principal Luis Laso de la Vega, que prendio por si mismo en la casa que habitaba, llamandole por su nombre, a que contesto agriamente, porque se le incomodaba: pero reproduciendole desde afuera que se hallaba en gran peligro, porque estaban ya muy cerca las armas del Rey, se levanto, y medio vestido salio en persona a la puerta con un trabuco en la mano. Pero ganandole la accion, quedo inmovil al ver una visita que no esperaba, faltandole el movimiento, aun para dar impulso al gatillo, regulares efectos que ocasiona en los traidores la magnitud de su delito; a presencia del Juez, de quien aguardan el castigo. Siguieronse sin intermision las prisiones de su secretario, Fermin Aguirre, sugeto espanol y no de comun nacimiento, quien por la ambiciosa fantasia de haberle nombrado Virey de aquella provincia, abrazo el partido sedicioso; y la de otros que se hallaban condecorados con varios titulos, para dividirse el marido de las cuatro que se habian propuesto dominar: y como una exhalacion mando recorriesen sus tropas todas las inmediaciones de la villa, a dos leguas de distancia, que lograron asegurar a los demas complices del tumulto. De modo que, por la tarde se hallaban en las carceles 100 reos de los principales y que mas se habian distinguido en aquella conspiracion. Se tomaron despues por el comandante todas las precauciones y providencias convenientes para asegurarse de una sorpesa, y las que se requerian para resistir a los rebeldes, si intentaban invadir la villa, como se afirmaba, para libertar a sus caudillos. Coloco dobles guardias avanzadas, eligio la iglesia para hacer la ultima resistencia, dispuso rondas, nombro patrullas, encargo la exactitud del servicio, y aumentaron su vigilancia y cuidado a proporcion que aumentaba el peligro. Llamo las milicias del pueblo de Suipacha, que estaban por el Rey, y las de Tarija, reforzandose con las pocas reliquias de fidelidad que habian quedado, y antes que pudieran recobrarse los desleales del terror infundido por las armas del Soberano, la resolucion de aquella operacion, la inopinada prision de sus caudillos, y del conjunto de circunstancias que ocurrieron en accion tan determinada, nombro partidas para evitar los danos que seguian en todos los limites de la provincia que estaban conmovidos, y en que cometian los sediciosos atroces crueldades, obligando a los habitantes espanoles a venir fugitivos, para acogerse a la sombra de las tropas recien llegadas. Diariamente se presentaban viudas desamparadas y huerfanos afligidos, que abandonando sus haciendas, comodidades y domicilio, se reunian en Tupiza, para esponer al Comandante sus padecimientos, con la perdida de sus padres, maridos y bienes, que les habia quitado el rigor de los tiranos agresores; quienes egercitaron su barbarie, con mas exceso que en otras partes, en los minerales de Tomabe, Ubina, Tatasi, Portugalete y la Gran Chocalla, ultrajando a los sacerdotes, profanando los templos, y cometiendo las mas sacrilegas muertes en ellos, con cuantiosos robos, despedazando los ingenios, y destruyendo las labores de las minas. Oiales Reseguin con afabilidad, consolaba a todos con ternura, y ofreciales mirar por ellos, como un padre benefico por sus hijos; prometia hacerles restituir sus bienes, y derramar hasta la ultima gota de sangre en su defensa, y por tan justa causa. La sedicion de esta provincia tuvo algunas circunstancias, por las cuales se hacia mas temible que la general que se esperimentaba en el Peru, y pudiera haber dado muchos cuidados, a no haberse cortado tan oportunamente sus progresos. El autor y cabeza principal de ella, Luis Laso de la Vega, era de casta de los cholos, mas espanol que indio, y se hallaba sirviendo en calidad de sargento de aquellas milicias, a quien acompanaba un genio audaz y algunas particularidades que le hacian distinguir entre los suyos. Este inicuo, favorecido del corregidor, D. Francisco Garcia de Prado, correspondio a su benefactor con la mayor ingratitud, fraguando aquella trama, para usurpar el mando de las provincias de Chichas, Lipes, Cinti y Porco, aprovechandose de la fermentacion que habian causado los edictos y las diligencias de los comisionados del principal rebelde Tupac-Amaru, y los movimientos de las demas, que tambien obligaron al corregidor al acopio de algunas municiones, y a reunir en Tupiza el regimiento de milicias de este nombre, compuesto de cholos y mestizos, en que servia Laso, quien dio principio a sus ambiciosos y atrevidos pensamientos, el 6 de Marzo, aprovechando el acto de la revista, para conmover los animos de sus soldados y companeros, que no tardaron en dejarse seducir, y sacudiendo las riendas de la obediencia, principiaron cuantos excesos les dictaba su antojo y sugeria el caudillo cuyo egemplo siguieron los indios circunvecinos y de la villa, creciendo el tumulto en tanta aceleracion, que desenganado Prado del ningun fruto que producian sus persuasiones y autoridad, no le quedo otro recurso que buscar el asilo de su casa con algunos de los suyos. Cercole en ella Laso con una crecida multitud, que inutilmente intento romper a caballo en algunas ocasiones favorables que se le presentaron, para ponerse en fuga y huir del riesgo que por instantes iba creciendo: pero viendo eran inutiles sus esfuerzos para encontrar la salida, resolvio defenderse hast