The Project Gutenberg EBook of Viajes por Filipinas: De Manila á Albay by Juan Álvarez Guerra This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at www.gutenberg.net Title: Viajes por Filipinas: De Manila á Albay Author: Juan Álvarez Guerra Release Date: May 6, 2004 [EBook #12275] Language: Spanish Character set encoding: ISO-8859-1 *** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK VIAJES POR FILIPINAS *** Produced by Ginger Paque, Jeroen Hellingman, and the DP team, from images generously made available by the Bibliothèque nationale de France (BnF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr. Viajes por Filipinas De Manila á Albay Por Don Juan Álvarez Guerra (Primera Edición) Madrid Imprenta de Fortanet Calle de la Libertad, Núm. 29 1887 Al Excmo. Sr. D. Germán Gamazo _Dedica este libro como prueba de gratitud y respeto_ Juan Álvarez Guerra. ÍNDICE DE CAPÍTULOS CAPÍTULO I. Quietismo.--_Fiebres termométricas._--_D. Francisco_.--Una carta y una visita.--Proyectos de viaje.--El _Sorsogon_.--Fisonomía del capitán.--Cubierta del _Sorsogon_.--Faenas de levar.--En marcha.--Bandera de saludo.--Bahía de Manila.--Naig.--Bataan.--Primer almuerzo.--Luís.--Monomanía francesa.--Dos mestizas y un fraile.--Razas.--Gustos y aficiones.--_El puerto y la isla_.--Cavite y San Roque.--Enriqueta y Matilde.--Costas de Tayabas.--La oración de la tarde.--Francés y bicol.--Fuegos artificiales.--Discreteos.--El cementerio protestante.--Promesa.--Sueño.--¡Fondo!--Tierra de Albay. CAPÍTULO II. Provincia de Albay.--Situación.--Etimología.--Pueblo de Albay.--Su aspecto.--Casa Real.--La Administración de Hacienda.--El Tribunal.--La cárcel.--Su mala disposición.--Obras principiadas.--Principios humanitarios convertidos en inhumanitarios.--Monumento á Peñaranda.--La iglesia.--El Gogong y el Ligñion.--La raza bicol.--Estadística. CAPÍTULO III. El Mayon CAPÍTULO IV. Iraya.--Tabaco.--Sorsogon y Cantanduanes.--De Albay á Daraga.--¿Cagsaua ó Daraga?--Culebras domésticas.--Etimologías.--M. Montano y sus viajes por Filipinas.--Iglesia y cementerio.--_Pintacasi_ de Daraga.--Gustos europeos.--Banquetes chinos.--_La bandala_.--Hospitalidad.--Recuerdos.--Días tristes.--Estadística.--Comparación de razas.--El _patadeon.--_La línea curva.--Mercado de Daraga.--Vendedoras de sampaguitas.--Tertulias al aire libre.--La casa de Aramburo. CAPÍTULO V. Mejoras.--Transformaciones llevadas á cabo por el canal de Suez.--Seis meses reducidos á treinta días.--Quietismo.--Mares bíblicos.--Orientales civilizaciones.--Nuevos gustos y aficiones.--Inmigración europea.--Comparaciones.--Notables variaciones.--La nipa y el hierro.--Maestrillos y arquitectos.--Sustituciones y copias.--Nivelación de gastos.--La _Encarnación_ y la _María Fidela_.--Puertos del Pacífico y viejos continentes.--Intereses materiales y morales.--Reformas.--Escuelas municipales.--Lengua española.--Resistencia pasiva.--Desconocimiento del valor de las palabras.--Los enemigos del alma.--El discurso de un Gobernadorcillo. Y punto redondo. CAPÍTULO VI. Camalig.--Su etimología y situación.--Proximidad al volcán.--¡1814!--Barrio de Tondol.--Estadística.--Zonas abacaleras.--El padre Blanco y su Flora.--_Muta textoria_.--El ramio.--_Urtica-nívea._--Competencia imposible.--Comparaciones.--Desconocimiento del abacá.--Exportación en 1885.--Núcleo de producción.--Abacá colorado.--Fuerza productiva--Beneficio del abacá.--Su riqueza.--Jornaleros.--Cotizaciones y ventas.--Márgenes.--Enfardaje.--Setenta y cinco por ciento de beneficio.--Precios del abacá.--El _buntal_, el _nito_ y el _cabo negro_. CAPÍTULO VII. Guinobatan.--Etimologías.--Situación.--Estadística.--Mauraro.--Catástrofes originadas por el volcán.--Eternas amenazas.--La iglesia y la casa parroquial.--El bardo del Mayon.--_Tacay_.--El Padre Luís.--Aguas y nieblas.--El Banao.--El puente de Isabel II.--Destrozos originados por un tifón.--Un diminuto Galeno.--Los sobanderos.--El mediquillo herborista.--Cómica gravedad.--Pseudo enterradores.--Recetario.--Su copia.--Autógrafo inapreciable.--Descanso. CAPÍTULO VIII. Ligao.--Su situación.--Etimología.--Historia.--Fundación.--Los libros parroquiales.--Primeras partidas bautismales.--El Padre Crespo.--La fe y el patriotismo.--Veladas lírico-literarias.--Gramática bicol-española.--Ideas antitéticas.--Frey Pedro Payo.--Estadística.--Oás.--Su etimología.--Su fundación.--Jurisdicción de Oás.--Productos y estadística.--Párrocos europeos de la Iraya.--Polangui.--Su etimología.--Su fundación.--Estadística.--Campos de Polangui.--Libon.--Etimología, situación, historia, productos, obras y estadística.--Antigüedad de su iglesia--Regreso á la cabecera. CAPÍTULO IX. Prestación personal. CAPÍTULO X. Legaspi.--Correrías moras.--El comisario Juan.--Un viejo uniforme y una alma grande.--Cuatrocientas orejas moras.--Estadística.--El Tribunal, la iglesia y la casa parroquial.--La imagen de San Rafael.--Un deportado de tiempo de Narvaez.--El literato Fernández.--Alguaciles y maitines.--Las leyendas del capuntocan.--Teatro bicol. CAPÍTULO XI. Talía á la luz de un juepe. CAPÍTULO XII. La cueva de las calaveras. CAPÍTULO XIII. Partido de Tabaco.--Libog.--Su etimología--Situación.--Fundación.--Una antigua iglesia.--Tifones é incendios.--Piraterías moriscas.--Canal de Bujatan.--Acumulación de arenas.--Datos estadísticos.--Ríos.--Productos.--Bacacay.--Su etimología.--Vicisitudes de este pueblo.--Estadística.--Malilipot.--Significación de esta palabra.--Barrios y estadística.--Productos.--De Malilipot á Tabaco.--Situación de este último.--Su fundación.--El Padre Llorente.--Un reloj de buena marcha y un cementerio modelo.--Barrios y visitas.--Estadística.--Productos.--Edificios.--Ríos y puentes.--Puerto de Tabaco.--Malinao.--Su etimología.--Su administración parroquial.--Rancherías de negritos.--Estadística. CAPÍTULO XIV. Tigbi ó Tiui.--Etimología de esta palabra.--Situación.--Estadística.--Historia.--Rancherías de monteses.--Sus usos y costumbres.--Bautizos.--Casamientos.--Inhumaciones.--_Day canama olang padagoson moan simong lacao_.--El _magnaguram._--El _dumago_.--El _tolodan_.--El monte _Putianay_.--Maravillas geológicas.--Solfataras.--Manantiales incrustantes de _Maglagbong_--Lago peligroso.--Formaciones silíceas.--Mr. Jagor ante los manantiales de _Maglagbong_--La solfatara Igabó.--El cono rojo y el cono blanco.--_Geysers de Islandia_ comparados con los de _Maglagbong_.--La tierra de las maravillas.--Nombres y apellidos--Confusiones.--El libro de vitácora de Legaspi.--Caracteres físicos del agua de Tiui. CAPÍTULO XV. Los chinos en Filipinas. CAPÍTULO XVI. De Tabaco á Calolbon.--Isla de Catanduanes.--Su situación.--Clima, terreno y productos.--Los primeros misioneros.--Calolbon.--Etimología.--Estadística.--Clero.--Medios para que se aprendiera el español.--Birac.--Su extraña configuración.--Censo civil y eclesiástico--Formaciones auríferas--La bandera y la lengua patria--Bato.--Situación, etimología y estadística.--Puente y balsa.--_Perecederas_ obras.--Viga.--Formas de locomoción.--El gran Cantilamo.--_Expedicioncita de recreo._--Los altos plenilunios--El lintiance bicol.--Etimología.--Estadística.--Payo.--Origen de esta palabra.--Censo tributario.--Bagamanot.--Etimología, situación, estadística y temperatura.--Ocupación de aquellos habitantes.--Pandan.--Origen de este nombre.--Productos.--Estadística.--Caramoran.--El por qué de este nombre.--Estadística.--Falta de una cifra. CAPÍTULO XVII. La cédula y el tributo. CAPÍTULO XVIII. Último rincón de la Iraya.--Manantial de Borogborocan.--Quipia.--Su historia.--Estadística.--Donsol.--Situación.--Censo civil y eclesiástico.--Azcune y Melliza.--Un buen astillero.--Música y escuela.--De Donsol á Pilar.--Límites.--Caserío.--El remedio cerca del mal.--Censo tributario.--El _Catalina._--Partido de Sorsogon.--Castilla.--Su fundación, y etimología.--Límites y estadística.--Magallanes.--La _María Rosario_.--Restos de un astillero.--Las armas de Castilla.--Estadística.--Bulan.--Seno de Sorsogon.--Límites.--Productos y censo tributario.--Matnog--Viaje por tierra y por mar de Bulan á Matnog.--Etimologías y estadística.--Bulusan.--Derivación de esta palabra.--Historia y cifras comparativas.--Volcán de Bulusan.--Barrios y población.--El indio y las galleras. CAPÍTULO XIX. De Bulusan á Barcelona--Situación y estadística.--Gubat.--Censo civil y parroquial.--Casiguran.--Su etimología.--Campos y productos.--Minas de azogue.--Estadística.--Juban.--Sus límites y población.--Sorsogon.--Puerto.--Iglesia y convento.--Su población.--Bacon.--Estadística.--Su párroco.--Isla de Bataan.--Minas de carbón.--Laguna de las Lágrimas.--El canto del calao.--Mantio.--Su población.--Resumen.--Retorno á la cabecera.--Últimos recuerdos. CAPÍTULO I. Quietismo.--_Fiebres termométricas_.--_D. Francisco_.--Una carta y una visita.--Proyectos de viaje.--El _Sorsogon_.--Fisonomía del capitán.--Cubierta del _Sorsogon_.--Faenas de levar.--En marcha.--Bandera de saludo.--Bahía de Manila.--Naig.--Bataan.--Primer almuerzo.--Luís.--Monomanía francesa.--Dos mestizas y un fraile.--Razas.--Gustos y aficiones.--_El puerto y la isla_.--Cavite y San Roque.--Enriqueta y Matilde.--Costas de Tayabas.--La oración de la tarde.--Francés y vicol.--Fuegos artificiales.--Discreteos.--El cementerio protestante.--Promesa.--Sueño.--¡Fondo!--Tierra de Albay. Son las cuatro de la tarde del tres de Octubre de 1879 ... 37° marca el centígrado, y doscientas y pico de muertes acusa la fúnebre estadística de la última semana, siendo originadas en su mayor parte por una fiebre que los médicos llaman no sé cómo, ni me importa, pero que yo le doy el nombre de _fiebres termométricas_, pues be observado que en casa donde un doctor _aplica_ un termómetro, hay una baja en la vida, un pedazo de mármol menos en los talleres de Rodoreda, y una página más en los registros trienales de _Paco_. El _alquiler_ de cualquiera de los cuartos de los tres pisos que tiene la _barriada_ de mi respetable _Sr. D. Francisco_, exige un pago adelantado de tres años; si al cabo de ese tiempo no se renueva el inquilinato, se hace el desahucio á golpe de piqueta, sin que nadie tenga derecho á quejarse, puesto que el _casero_, por _boca_ de la _Gaceta_, tiene la magnanimidad de conceder un plazo de veinte días. ¿Por qué se llamará _Paco_ al campo-santo? Pregunta es esta á la que jamás han podido darme contestación. Mientras hago estas observaciones, espanto los mosquitos, rompo el varillaje de un paypay y empapo de sudor dos pañuelos. Ha pasado un cuarto de hora y el calor es insoportable. Mi _bata_, que para ser un completo caballero solo le falta haber nacido en una cuna más alta, me alarga una carta, cuyo contenido me anuncia una espera en la visita de un amigo. Del recibo de la carta al taconeo de mi amigo medió una hora larga, hora que no puedo datar en mi diario de trabajo, pues la despilfarré con la prodigalidad propia de un millonario, ó de un escéptico de veinte años. Mi amigo, que se anunció con un resoplido digno de mejores pulmones--pues el pobre no los tiene muy sanos--tomó sillón y alientos. --¿Has recibido mi carta? --Sí. --¿Presumes á qué vengo? --No. --Pues vamos al grano. ¿Quieres acompañarme á un viaje? --¿Por mar ó por tierra? --Por mar. --Pero ¡hombre! tú estás empecatado. Es la época de los baguios. _El Comercio_ no duerme por observar las burbujas del Pasig, _La Oceanía_ mira de reojo á su vecino de enfrente, y el _Diario_ profetiza, por boca de no sé quién, que el tifón está poco menos que soplando en los aldabones de la puerta de Santa Lucía, y piensas en viajitos por mar. Vaya, vaya, tú estas malo y tratas de contagiarme. --Pero, en fin, ¿me acompañas ó no? --Te lo diré cuando contestes á varias preguntas: ¿Adonde vamos, ó mejor dicho, adonde piensas que vayamos? --Vamos--dijo mi amigo con todo el entusiasmo de un _touriste_ de pura raza--á la cuna del _abacá_, á la tierra de los volcanes, á dormir dos noches á la falda del Mayon, á pisar la boca de su cráter, á ser posible; á Albay, en fin. --¿Quién manda el vapor? Pues presumo no pensarás en barco de vela. --El barco se llama _Sorsogon_ y lo manda X. Conque ¿te decides ó no? --Te repito que cuando contestes á todas mis preguntas lo haré á la tuya. Deseo saber de dónde es el capitán, su edad, estado, carácter, circunstancias de su mujer, sí es casado, si tiene suegra, hijos, fortuna y.... --Quién es el sastre que lo viste y qué come, ¿no es verdad? Ni que esto fuera una oficina de policía ó una expendeduría de pasaportes. Ya estoy acostumbrado á tus genialidades, y como quiera que conozco perfectamente al capitán, puedo decirte es andaluz, joven, de buen humor, casado, su mujer es guapa y lo hace completamente feliz; tiene un chiquitín muy mono, algunos miles de pesos y no conoció á su suegra. --¿Cuándo sale el vapor? --El sábado cinco á las nueve de la mañana. --¡Quico!--grite á mi criado.--Ten todo listo para embarcarnos el sábado de madrugada. --¿Luego vienes? ¿Luego no tienes miedo á los baguios? --¡Baguios! Baguios montando un buen barco mandado por un capitán inteligente, y por ende andaluz y joven, y rico, y con mujer guapa, y con hijos, y feliz, y sin suegra, no hay temor; yo no tengo nada de eso, su vida responde de la mía, de modo que _él cuidado_; por otra parte, me seduce este viaje, pues estoy aburrido de Manila y deseo conocer los pueblos bicoles. Toca esos cinco, y hasta el sábado á bordo del _Sorsogon_. Mi amigo se marchó, yo me vestí y.... * * * * * Han pasado dos días. Son las siete de la mañana y nos encontramos sobre la cubierta del _Sorsogon_. Un prolongado silbido pone en movimiento cadenas, cuerdas y motones. El complemento de la humana actividad, lo representa el acto de levar un barco. Todo se mueve, todo cruge, todo rechina. El ancla desgarra con sus dientes el lecho de algas en que ha dormido, el carbón chisporrotea en las parrillas dando aliento á los pulmones de acero de la caldera, los engranajes se ajustan, las dobles poleas hacen alarde de su potencia, las burdas, cabos y calabrotes, prueban su elasticidad, las cadenas hieren la cubierta, y en medio de toda aquella vida y de aquel movimiento en que nada está quieto, el barco se columpia libre de toda traba, combinando las palas de la hélice en el fondo de las aguas espirales remolinos que llevan á la superficie entrelazadas ondulaciones en las que se tejen las filigranas de espuma que deja en pos de sí la bullente estela. El _Sorsogon_, que obedece las riendas de su timón con una precisión matemática, dobla el malecón del Sur plegando su bandera de saludos, con la que ha dado un cariñoso adiós al _Marqués del Duero_, una de las más hermosas naves de la Marina española. De la bandera que saluda en lo alto de un trinquete á la que flamea en lo elevado de un muro, encuentro la misma diferencia que en el pañuelo que absorbe una lágrima al que reprime una sonrisa. El muro acusa confianza, su enseña define una patria; la nave indica un peligro, su bandera constantemente escribe en sus pliegues un desconsolador adiós de despedida. El primero, es la quietud, la segunda, el errante viajero que termina sus días ó en la inhospitalaria playa que sepulta sus despojos, ó en las embravecidas ondas que en vertiginoso remolino lo llevan á dormir el sueño eterno á sus misteriosos lechos de coral.... El _Sorsogon_ navega á toda máquina por la extensa bahía. Manila se achica, se contrae, se confunde, y por último, al aclararse las costas de Cavite, solo una faja de bruma señala en el horizonte el lugar de partida. Después, solo el anteojo percibe cual blanca gaviota posada sobre un copo de espuma, el torreón del faro: más tarde, la espuma se funde en el Océano, la gaviota desaparece en los mundos de la luz, la bruma se disuelve en los cielos, y al borrarse en la retina la última línea de la ciudad murada, se abre un nuevo registro en los misterios de los recuerdos. A la banda de babor tenemos las costas de Naig; á estribor las agrestes sierras de Bataan, y á proa la isla del Corregidor. Once campanadas resonaron en la cámara, y tres golpes fueron picados en la campana del castillo de proa. El almuerzo estaba servido. La presentación oficial á bordo se hace siempre en la primera comida. Al tomar posesión de un barco, cada cual se ocupa en arreglar su camarote, y en los pequeños detalles que trae en pos de sí la instalación en un nuevo domicilio, por más que esté reducido á un cajón de dos metros en cuadro. En la primera comida á bordo no se descuida ningún perfil por parte de los viajeros. Luego más tarde entra la confianza y con ella el desaliño; pero lo que es la entrada primera en el comedor de un barco es irreprochable. _Ellas_ se rodean de todos los pequeños detalles de la coquetería, estrenando, por supuesto, el indispensable traje de viaje. Antes de ponerse en marcha tienen que anunciarlo á las amigas, y al anunciarlo es preciso enseñar unas cuantas varas de tela cortadas y cosidas con arreglo al último figurín. El traje de viaje es tan indispensable como el de boda. Decir á una joven ó vieja que _encienda_ la antorcha de himeneo sin recubrir previamente su cuerpo con trapos nuevos y de seguro no da _chispas_: anunciarle un viajito, que tenga siquiera un trayecto de una veintena de millas y no le presentéis antes un muestrario, y no hay viaje posible. Para una mujer _en viaje_, su verdadero pasaporte es una factura pagada ó no pagada de una tienda de modas. Parapetado tras una tripuda botella de lo tinto, y haciendo boca con media libra de salchichón, esperaba pasar una escrupulosa revista á cuanto se pusiese al alcance de mi vista. Puesto que entre personas de tono, lo primero es la presentación, voy á ir presentando á mis bellas lectoras, y digo lectoras porque ellas son siempre más curiosas que ellos, los bocetos de mis compañeros á bordo. Seis blancas servilletas oprimidas en otros tantos aros de marfil, se ven sobre la mesa. Tres son las desconocidas ó desconocidos que me toca bosquejar, pues en cuanto al capitán y á mi amigo, ya los han visto ustedes, siquiera haya sido á la ligera. En el boceto del capitán poco tengo que añadir. ¿Quién de mis lectoras no conoce á un andaluz joven, buen mozo, bullanguero y galante? De seguro todas. Por lo tanto, al capitán ya lo conocemos. En cuanto á mi amigo, completaremos el cuadro con cuatro brochazos. Se llama Luís, tiene 26 años, es rubio, alto, delgado, viste á la francesa, come á la francesa, piensa á la francesa, y no es francés porque su madre tuvo la debilidad de aligerar su carga en cierto lugarejo del prosáico garbanzo y de la judía, que Luís jamás nombra porque cree es poco francés. Luís se llama literato; pero conoce más á Balzac que á Cervantes, tararea música, pero á buen seguro que no podrá recordar un _aire_ de Barbieri más siempre una _cancionette_ de Ofembach. La revolución francesa, las jornadas del imperio y las encrucijadas de la _Commune_ las recorre sin tropezar; en cambio da sendos traspiés al entrar en el campamento de Santa Fe ó al pasear los campos de Almansa y de Bailén. A nuestras góticas catedrales y á nuestros moriscos palacios les encuentra el defecto de que al pié de sus muros se alce la albahaca silvestre y el agreste tomillo, circunstancias poco en consonancia con los monumentos franceses. Luís, no tocándole la cuerda del _chic_, el _esprit_ y el _confort_, es un perfecto hombre en su juicio; pero en cuanto se traspasa el tabique de los Pirineos, enristra la lanza de Don Quijote y demuestra que en todos los siglos nacen andantes caballeros. Luís tiene todas las condiciones para ser feliz, y sin embargo, no lo es. Continuamente le atormenta la idea de que no le planchan los cuellos á la francesa, y la de que no toquen los barcos de las mensajerías en Manila. La probabilidad de tenerse que ir en un barco español y el ponerse un cuello planchado con _morisqueta_ le hacen completamente desgraciado. En el tiempo que he invertido en dar los anteriores brochazos, han ocupado sus respectivos sitios dos mestizas, una vestida de saya y otra á la europea, y al lado de aquellas un anciano y reverendo padre franciscano. El almuerzo era servido sobre cubierta, gracias á la amabilidad del capitán. Un doble toldo nos preservaba del sol, mas no de las brisas marinas que acariciaban los festones de la lona y de la potente luz de los trópicos que descomponía sus rayos en las talladas copas. Las dos mestizas comían y callaban, el capitán servía, el fraile se reservaba, Luís mascullaba el prosáico español cocido, y un servidor de ustedes espiaba la ocasión para tomar un buen punto de luz que llenase por completo á mis modelos. Sobre la paleta tenía combinadas dos tintas desde que principié á analizar á las dos mestizas que comían frente á mí. Es imposible contemplar en criatura humana unos ojos más negros y aterciopelados, cual los que tenía delante, un pelo más en armonía con los ojos, y unos dientes más en contraposición con el color del pelo. Las dos mestizas indudablemente eran hermanas y no diré gemelas, pues á simple vista se notaba entre ambas una desproporción de edades, que si no llegaba á la suposición de que fuesen madre é hija, en cambio completaba la de que eran hermanas. En sus fisonomías había rasgos salientes y notablemente acentuados, que denunciaban la unión de la raza europea con la raza india. La mestiza que lleva en sus venas una sola gota de sangre china, jamás puede confundirse ni con la cuarterona ni con la mestiza de india y europeo. Es imposible encontrar en las razas humanas una fuerza de atracción como la que se nota en la china y japonesa. Que haya unión de chino y europea ó viceversa, y de seguro los hijos son chinos; que la haya de india con chino y la prole es china y siempre china, no dándose ni aun el caso del salto atrás, pues tan chino es el biznieto de chino como el tataranieto, por más que este nazca en Europa y no se conozca en la familia el más leve recuerdo del Celeste Imperio. Los ojos chinos no los corrige ni las conjunciones de sangre, ni el bisturí del operador, ni los cosméticos del tocador. La hija de mestiza europea y de padre europeo, ó sea la cuarterona, también se distingue y se define perfectamente, no dando lugar á que se confunda con la mestiza pura de india y europeo. Esta última es morena, sus ojos por lo regular son negros, su nariz algo deprimida, su pelo largo y de gruesa hebra y sus labios ligeramente abultados. El rasgo característico que define á la cuarterona de la mestiza, es que esta última conserva en toda su pureza las tradiciones de su airoso y pintoresco traje. La saya suelta, la diminuta chinela, la bordada piña, el alto _pusod_, la aplastada peineta y los pequeños aretes, constituyen su atavió, que jamás deja, á no ser que la Epístola de San Pablo se encargue de modificar trajes y costumbres, cosa que suele acontecer, casándose con europeo. En este caso, una de dos: ó el europeo se hace indio ó la india se hace europea; y digo india, pues que las costumbres de la mestiza por regla general, son las mismas de su madre. Las impresiones, hábitos y costumbres de la infancia no se borran con facilidad; así que la morisqueta, el lechón, el pequeño _buyito_, el _lancape_, el petate en el suelo, el cigarrillo á hurtadillas, el pelo suelto y la decidida afición al _poto_, á la _bibinca_, al _sotanjú_, á la _manga verde_ y al _gulamán_ es muy difícil hacerlas olvidar: en cuanto á que dejen de coser sentadas sobre el petate y á que hablen castellano con sus criadas, eso es imposible. En cambio en la cuarterona es muy común encontrar tipos que no solamente no usan chinelas, sino que aun dentro de casa están oprimidas con el corsé y las botitas; cuarteronas que dicen no hablan tagalo, ni comen lechón ni morisqueta y que tienen cama en alto, suscripción á _La Moda Elegante_, batas encañonadas, pendientes largos y escote cuadrado. En reserva les diré á ustedes que con mucho sigilo me dijo en una ocasión una india que servía á una mestiza cuarterona, que ó pesar de todo cuando decía su ama, de cuando en cuando mascaba un chiquirritín _buyito_ y saboreaba un cigarrillo; pero que siempre lo hacía teniendo cerca el cepillo de los dientes y el agua perfumada. En cuanto al lechón--me dijo la doméstica--que solía comerlo, pero pura y exclusivamente por no _desairar_ á alguna amiga. Con arreglo á los anteriores apuntes, no nos cabe duda que nuestras dos desconocidas son mestizas de pura raza: el traje de la mayor hace suponer que es casada, y casada con europeo. Durante los primeros platos que se sirvieron no tomaron parte en la conversación. Miraban y comían con el embarazo propio de quien sabe es observado. Varias veces que la hermana menor alzó los ojos, encontró frente á frente los míos, que procuraban investigar lo que se albergaba tras aquellas negrísimas pupilas. El fondo de todo abismo es negro. Los ojos de la primera mujer que pecó no sé de qué color serían, pero los de la primera que obligó á pecar, de seguro eran negros. Habiendo notado que por momentos se cubría de palidez el rostro de la más joven, no pude menos de interrogarla; su hermana se fijó un ella y repitió mi pregunta, con las circunstancias de hacerla más familiar y concluirla con un nombre.--¿Qué tienes, Enriqueta?--Nada,--replicó la interrogada,--sin duda un poco de mareo.--Vamos,--continuó aquella,--está visto que no puedes embarcarte ni en un bote; y es extraño; pues figúrense ustedes,--añadió dirigiéndose á nosotros,--que está bien acostumbrada á la mar, pues ella es del Puerto y yo de la Isla. --¡Caramelo!--dije en mi interior,--pues menudo chasco me he llevado, yo que creía habérmelas con dos hijas de este extremo Oriente y me encuentro de manos á boca con Cádiz y San Fernando disfrazados de saya y _candonga_. --Bien, pero esta señorita se embarcaría en ferrocarril. --¡Cá! No señor--replicó aquella con la mayor naturalidad,--siempre nos hemos embarcado en _baroto_ ó en _parao_. --Pero, señora, ni en Cádiz ni en San Fernando hay barotos, ni menos _paraos_. --Pero sí en Cavite y en San Roque. --¡Ah! vamos, con que esta señorita es de San Roque y V. de Cavite. --Cabal, ella del Puerto y yo de la Isla. Entonces recordé que las caviteñas se llaman andaluzas, conociendo á Cavite por el nombre de la Isla y á San Roque por el del Puerto, siendo tan _marineras_ y tan resaladísimas las dichosas niñas, que en una ocasión una de aquellas, que veía que á un chiquillo lo iba á tirar el caballo que montaba, le gritó:--_¡Fondea,_ muchacho, _fondea_! El mareo de Enriqueta debió ir en aumento, pues antes de concluir la comida se levantó, diciéndole á su hermana:--Acompáñame, Matilde. Enriqueta y Matilde, pues ya sabemos sus nombres, abandonaron la mesa, quedando solamente el sexo fuerte. El almuerzo terminó, y siguiendo la añeja costumbre, el fraile se despidió de nosotros para buscar una tranquila y cómoda digestión en unas horas de siesta. En la ligera conversación que tuvimos durante el café, supe que aquel reverendo padre hacia la friolera de cuarenta y siete años que arribó á estas playas. Mientras saboreó el café habló largamente con su criado, quien en su larga práctica de quince años que estaba á su servicio, debía conocerle perfectamente sus gustos y necesidades. Siento no poder trasladar ni una sílaba de lo que se dijeron, pues lo hicieron en bicol, única forma de entenderse, pues el criado no conocía ni una sola palabra de las que forman la rica y armoniosa lengua castellana. Sentados en cómodos sillones de bejuco y aspirando, sino el aroma, por lo menos el humo de un segundo habano, quedamos sobre cubierta, Luís, el capitán y mi persona. Se habló del viaje, de las costas que íbamos perdiendo en los horizontes y de varios episodios de abordo, quedando, por último, en silencio, aletargados de esa dulce somnolencia á que predispone un buen almuerzo, una temperatura agradable y una retorcida hoja de Cagayan. Las horas de la tarde fueron anunciándose una á una en los golpes del bronce, dados por el vigilante guarda de proa. A las cinco se sirvió la comida. Las mestizas no se presentaron. La mar se había rizado á las caricias de un fresco Noroeste. Los balances cada vez más sensibles avivaron la comida, que fué servida en la cámara. Cuando subimos sobre cubierta se desvanecía en los horizontes del Poniente la luminosa transparencia del día, yendo poco á poco borrándose los contornos de los monstruosos grupos que dibujan en las nubes los últimos destellos del sol. A la tenue y melancólica luz del crepúsculo divisamos á la banda de babor una cenicienta faja. Eran las costas de Tayabas. Sobre aquellos picachos de eterna verdura fijaba mi vista con la misma insistencia con que lo hace el que trata de reconocer á larga distancia las facciones de un sér querido. La campana de proa anunció la oración. La marinería cesó en sus faenas, reinó el silencio y la plegaria alzó su vuelo á otros mundos. La mía fué un recuerdo para los seres queridos que habitan aquella lejana tierra que iba perdiéndose entre los crespones de la noche. El nombre de Tayabas arrancará siempre una vibración á nuestra alma. Concluída la oración nos dimos las buenas noches, siguiendo las legendarias costumbres de nuestros abuelos, cubrimos nuestras cabezas y tomamos asiento al abrigo de la camareta del timón. En una de las discusiones que se suscitaron, Luís, siguiendo su eterna manía, trató de convencer al Padre de que el guingón que se fabricaba en Francia aventajaba en mucho al que producen los telares de Barcelona; el buen Padre que no conocía Francia, ni su guingón, que era español rancio y por ende castellano viejo, que se levantaba invariablemente á las cinco, comía la prosaica olla con mucho azafrán, sobra de jamón y falta de huesos, á las doce, que la monumental jícara de espeso chocolate le era tan necesaria al cuerpo á las cinco, como necesarios para la guarda de su regla los maitines á las doce, oía sin pestañear á mi buen amigo Luís, sonriendo maliciosamente. En el curso de la conversación, Luís mezclaba no pocas palabras francesas. El Padre tenía constantemente detrás de su sillón á su criado, quien encendía más de una caja de fósforos para cada tabaco que fumaba su amo. Siempre que este dirigía la palabra á aquel lo hacía en bicol, de modo que como el abuso del francés en Luís era muy frecuente y los fósforos en el doméstico no lo eran menos, puede asegurarse que la lengua española estaba en minoría. En un momento en que Luís se separó de nosotros, no pudo por menos de decirme el Padre:--Pero, diga V., ¿por qué no quita á su amigo ese vicio de hablar en otra lengua que la nuestra?--En aquel momento cortó la interrogación la centésima vez que se le apagaba el tabaco, volvió la cabeza y en perfecto bicol sostuvo una conversación con su criado, conversación que sin duda debió versar sobre lo incombustible de la hoja, ó lo combustible del fósforo, pues tan pronto señalaba la escueta caja como estrujaba la mascada colilla que para llegar á tal estado había pasado por la llama de cien palitos.--Con que decía V. Padre, cuando se le apagó el cigarro, por qué no procuraba quitar á Luís el resabio de hablar francés con españoles, pues es muy sencillo--le dije muy bajito--porque todos tenemos nuestra correspondiente viga en el ojo, viendo la paja en el ajeno; la viga de Luís es el francés, la viga de V. es el bicol. Quince años dice que le sirve ese criado, pues bien, en ese tiempo él debía hablar español y no V. bicol. Esta razón le debió parecer tan fuerte que se sonrió, sacó de la manga otro tabaco, y ... en efecto, pidió en bicol á su criado el primer fósforo, inaugurándose la segunda parte de fuegos artificiales. Veinticinco Säkerhets-Tandstikor, que es como si dijéramos veinticinco émulos de Cascante habían rozado el amorfo betún de la caja cuando sonaron las diez en el reloj de la cámara. Políticamente dimos las buenas noches, y en efecto, buena la fué para mí, pues no tardé en quedarme dormido el tiempo que invertí en contar unos cien golpes de la hélice, golpes que entre sueños los asemejaba yo á otras tantas pulsaciones de aquel monstruo de hierro, en cuyas entrañas dormía con la tranquilidad del que jamás había roto un plato. Aquí vendrían bien dos líneas de puntos suspensivos, ó el obligado cuentecito de duendes y aparecidos; pero como no se me _apareció_ nadie, ni soñé que me cogía un toro, ó cosa que lo valga, renuncio á los puntitos y á soporíferas relaciones, limitándome á decir que con la luz del alba de un nuevo día volví á la vida real, entrando en el concurso social, como diría un aprendiz á _objetivo subjetivo_, habiendo previamente cubierto mis calzoncillos con telas menos ligeras. Salí de la cámara. La mar estaba tan perfectamente dormida, cual yo lo había estado dos horas antes. Una brisita impregnada de puras emanaciones azoadas daban elasticidad y bienestar á todo el cuerpo. Bienestar que en mí se aumentó al ver el inverosímil pié, por lo pequeño, de Enriqueta, la que subía por la escalera de la cubierta recogiendo ligeramente su saya de fuertes colores. Con la confianza que da el vivir bajo un mismo techo, y la que presta todo viajero, me acerqué á la mestiza, sirviéndome de introductor su pasado mareo. Hablamos de varias cosas, indiferentes al principio, acentuadas después, é intencionadas más tarde. Enriqueta tenía suelto su rizado y hermoso pelo, este arrancó de mis labios la primera palabra del arriesgado lenguaje de las personalidades. La mestiza por lo general es muy susceptible, así que es difícil abordar esos sabrosos discreteos en que entran en juego la galante frase, la emboscada promesa y las incipientes sensaciones. --Con tanto pelo como V. tiene no me extraña le duela la cabeza. --Gracias por la lisonja,--contestó Enriqueta sonriendo, al par que instintivamente jugaba con las espirales de uno de sus hermosos rizos. --No hay lisonja alguna, pues presumo no aceptará como tal el que la duela la cabeza. --Antes de los dolores que solo son presuntivos se ha ocupado de una abundancia que por mucha que sea, jamás creemos excesiva las mujeres.--Esta contestación me hizo comprender que no solo tenía á mi lado una mujer hermosa sino también una mujer discreta. A las dos horas de conversación estoy completamente seguro que Enriqueta lo estaba también de no haberse equivocado al conceptuarse bonita, circunstancia que la sabe toda la que lo es, antes de que la pongan el primer vestido largo, pero que las gusta comprobar siempre que se presenta ocasión, no en la luna del espejo sino en la frase y en los ojos del hombre con quien hablan. La mujer hasta los treinta años, constantemente está alerta, á la primera palabra que se cruza con un individuo del sexo opuesto, se pone en guardia; si no le agrada contrae las cejas y su contestación fría y displicente le dice _atrás paisano_, siguiendo imperturbable su camino; si por el contrario le agrada, entonces el disimulo es imposible, en este caso procede una proclama incendiaria y el motín es casi seguro. La impertinente voz de Matilde llamando á su hermana cortó nuestra conversación. Hasta el almuerzo no volvió á salir Enriqueta de su camarote. Mientras duró aquel se habló de distintas cosas, sin que pudiese reanudar la conversación pendiente, pues no bien se sirvió el café se volvieron á la cámara las dos mestizas. Por la tarde tuve ocasión de acercarme á Enriqueta de quien supe varios detalles de su vida. Aquella era mestiza inglesa, su padre respetable comerciante escocés había heredado de sus mayores toda la rigidez de los principios puritanos, en cuya doctrina hacia dos años había bajado á la tumba, dejando á Enriqueta bajo la guarda de Matilde, casada hacia algún tiempo con un comerciante español quien á la sazón se encontraba en la provincia de Albay dedicado á su profesión. Enriqueta varias veces había significado sentimiento por ausentarse de Manila; traté de indagar la causa y á vuelta de algunos rodeos supe que aquella iba todos los sábados al cementerio protestante, en cuyo solitario recinto descansaban los restos de su padre, cuya tumba tenía limpia de ramas y malezas el filial cuidado de Enriqueta, quien me dijo que el pequeño enverjado que cierra el mausoleo estaba recubierto de las rojas campanillas de las trepadoras enredaderas, á cuya sombra se resguardaban gran número de macetas en las que se criaban pintadas y caprichosas flores. --Siento no estar en Manila en esta ocasión,--dije cuando concluyó Enriqueta de darme aquellos pormenores. --¿Y por qué lo siente V.?--me replicó aquella. --Lo siento porque quizás cuando V. vuelva á Manila encontrará secas y mustias las flores, mientras que si yo estuviese allí las hallaría cual las dejó. --Mi ausencia será corta, pues mi cuñado trata de realizar su negocio, y nos volveremos en seguida; entretanto he dejado bien gratificado al guarda, con promesa de aumentar el premio, si á mi vuelta encuentro en perfecto estado el pequeño jardín que sombrea los dorados caracteres que señalan sobre el mármol el nombre de mi padre. Enriqueta al pronunciar aquellas palabras se quedó callada, vagando su mirada por el Océano en cuyo majestuoso desierto quizá evocaría su querida memoria. Hay silencios que deben respetarse. Enriqueta por largo tiempo no separó sus negrísimas pupilas de las azules ondas, cuya movible superficie retrataba las cenicientas nubes que preceden á la noche. Esta bien pronto nos envolvió con sus sombras. --¿Conoce V. la provincia de Albay?--dijo Enriqueta rompiendo el silencio. --No, señora; es la primera vez que voy á ella, y lo hago como el que nada busca ni desea. --Ya deseará y buscará. Yo no pude sondear toda la intención de aquellas palabras. --¿Y piensa V. describir su viaje?--añadió Enriqueta. --No pienso escribir una línea más. Todos los hombres nacemos con una cruz que llevar y un calvario que recorrer, la cruz del escritor es muy pesada y su calvario muy largo, así que creo imposible el que vuelva á emprender tan espinoso camino. --Creo haber oído ó leído no sé en donde, que la palabra imposible no estaba en el diccionario español. --Si V. la borra del mío, de seguro no estará--repliqué no con malicia sino con ingenua seguridad. --De modo que si yo borro esa palabra, no habrá imposible para V.; pues bien,--me dijo con gran viveza,--queda borrada, escriba V. --¿Lo manda V.? --Si tuviera derecho para ello lo mandaría; Como no lo tengo solo me limito á expresar un deseo.--Al decir esta última palabra, sin duda creyendo había ido más allá de lo que se proponía, se levantó, dándome las buenas noches, al par que me tendía una de sus manos. --Puesto que V. me manda que escriba, escribiré--la dije, reteniéndola un momento,--y es más, la prometo que el primer ejemplar de mi nuevo libro será para V. --No lo hará V. --Juro que sí. Al alejarse Enriqueta de mi lado experimenté un triste vacío dentro de mi alma. A los pocos momentos oí se cerraba su camarote. Dormí aquella noche, pero no cual la anterior: soñé que Enriqueta y yo arrancábamos juntos las gramas de la tumba de su padre. * * * * * Al amanecer del día 7 teníamos á la vista un extenso caserío. El _Sorsogon_ disminuyó su marcha, evitando con grandes precauciones los bajos de que estaban sembradas aquellas mares. Una boya que se balanceaba á un tiro de pistola de un rústico pantalán de madera se puso al alcance de las maniobras del barco y ... ¡fondo! gritó el capitán, confundiéndose él ruido de hierro de la cadena, con el del bronce de dos campanas que tocaban en tierra. La una se alzaba en el torreón de la iglesia, la otra en la puerta de un almacén de depósito. La religión llamaba al cristiano, el trabajo convocaba al obrero. Aquel pueblo se despertaba á la voz de la fe y á la voz del trabajo. ¡¡Sacrosanto lenguaje, que hace feliz á todo el que comprende!!.... Quico quedó en el encargo de recoger los equipajes. Luís y yo pusimos el pie en la plancha; nos columpiamos dos minutos sobre las movibles tablas del pantalán y pisamos tierra de Albay. Estábamos en Legaspi. CAPÍTULO II. La provincia de Albay.--Situación.--Etimología.--Pueblo de Albay--Su aspecto--Casa Real.--La Administración de Hacienda.--El Tribunal.--La cárcel.--Su mala disposición.--Obras principiadas.--Principios humanitarios convertidos en inhumanitarios.--Monumento á Peñaranda.--La iglesia.--El Gogong y el Ligñion--La raza bicol.--Estadística. La provincia de Albay se encuentra situada en el extremo S. de la isla de Luzón; palabra cuya raíz es _Lúsong,_ nombre con que se conoce el mortero en donde descascarilla el indio el palay; antiguamente el _lúsong_ no solo era un utensilio doméstico, si que también un instrumento de guerra. Cuando había alarmas batían la cavidad del mortero con el mazo de su servicio, dando en sus broncos sonidos voces de alarma. Luzón según algunos cronistas se llamó isla Manila, tomando el nombre de la capital; otros, entre ellos el erudito Padre Colín, tratan de aclarar la noche de los tiempos queriendo ver en las islas _Maniolas_ que marca Ptolomeo á los 142° long., en sus tablas geográficas formadas en el segundo siglo de nuestra era, el origen de la palabra Manila: sea de esto lo que quiera, es lo cierto que en la llamada hoy Isla de Luzón, y en su extremo Sur, se encuentra la provincia de Albay. El nombre de Albay, es una corruptela según unos, de _Ibat_, régulo que imperaba á la llegada de los españoles en dicha parte de tierra, y según otros se la hace derivar de _Ibalón,_ voz que procede del término local _ivald_, que quiere significar toda cosa que está al otro lado de algún río ó brazo de mar. Con el nombre de _Ibalón_ se conocía de antiguo la provincia de Albay, tomado sin duda de su primitiva cabecera así llamada, situada en _Gaditaan_--hoy visita de Magallanes;--este barrio lo separa un brazo de mar de sus vecinas islas de San Diego, Tinacos y Bagatao, como asimismo se interpone entre aquel y las islas de Ticao y Samar, el estrecho de San Bernardino; separándole por último la bocana de la bahía de Larsogon de Tumalaytay y Macalaya, donde estuvo también algún tiempo la capital de la provincia, siéndolo hoy el pueblo de Albay que le da nombre. La palabra _albay,_ es corrupción de _albay-bay; al_ preposición castellana, y _bay-bay_ palabra bicol que significa playa; de modo, que unida la palabra española á la bicol, resulta _albay-bay_, ó sea _á la playa_. Sabido es que antiguamente se vivía por lo general tierra adentro para evitar las sorpresas de los desembarcos moros ó de los mismos _barangayanes_ enemigos, y acaso entre aquellos habitantes habría algún europeo que al mandarlos á la playa, construiría la palabra _albay-bay._ El abuso que hace el indio del apócope, justifica que la palabra _albay-bay_ quedase reducida á la de Albay. El primitivo pueblo fué el conocido hoy por el de Legaspi, y al cual muchos naturales le siguen llamando _Vanuangdaan,_ ó sea Albay viejo. El lugar que ocupa en la actualidad la cabecera, se denominaba _tay-tay_ que significa fila ó hilera. Albay, ó sea la capital de la provincia de la que toma el nombre, se encuentra situado entre los pueblos de Daraga y Legaspi, distando de este último, y por consiguiente de la mar, 3 km. escasos. El aspecto del pueblo no demuestra ser la cabecera de una de las provincias más ricas del archipiélago filipino. La Casa Real, residencia del Gobernador, es una destartalada vivienda de construcción mixta, predominando en ella la tabla y la nipa. La Administración de Hacienda tiene techo de hierro, y el Tribunal, pobrísimo edificio, es al par que casa municipal cárcel de partido. Esta cárcel dividida en dos reducidas cuadras, ocupa los bajos del Tribunal y alberga no solo los presos preventivos, si que también los que procedentes de causas sustanciadas en aquel juzgado, fueron condenados á menos de dos años de prisión. La provincia que nos ocupa tiene una gran masa de población, y aunque su criminalidad no es mucha, siempre hay que contar entre los detenidos por el Gobierno, juzgado y administración, y los que extinguen condena, con unos 150 á 200 individuos por término medio, amontonados en los sucios sótanos de aquella cárcel. Es de advertir que Albay es una de las provincias que más rendimiento llevan á las cajas locales, siendo la última que dejó de pagar la contribución llamada _tanorias,_ importante unos 25.000 duros. Estos ingresos, visto el desamparo y la carencia absoluta de edificios públicos, prueba no se les da su verdadero destino; cierto es que á saliente de la plaza del pueblo se alzan los muros de una soberbia cárcel, pero ciertísimo es también que ya se han agotado no sabemos cuántos presupuestos, y que los muros siguen poco menos que en cimientos, que las maderas acopiadas se pudren y que los hierros y sillares desaparecen. Y al hablar de la cárcel no podemos pasar en silencio un hecho que se verifica, no solamente en la de Albay, si que también en la mayoría de las de Filipinas. Un Gobernador general práctico y conocedor de las necesidades del indio, consiguió del Gobierno supremo un Real decreto por el que se le autorizaba á dar permisos á los jefes de provincias, para que á los presos preventivos no solamente se les dejara salir de las cárceles, con la competente custodia, á bañarse, lavar la ropa y hacer aguada, si que también á ocuparlos en trabajos moderados que revistieran caracteres puramente higiénicos. Esta concesión como se ve, teniendo en cuenta la estrechez, malas condiciones de las cárceles y fuertes temperaturas de aquellos climas, era benéfica y humanitaria: pero _en efecto_, el tiempo y las _circunstancias_ han convertido el principio humanitario en inhumanitario y cruel, y el trabajo regenerador, higiénico y voluntario del preso preventivo, en el infamante, durísimo y forzoso del condenado. Se dirá, ¿y el indio por qué no reclama? Pues es muy sencillo; el indio de cárcel pertenece á la clase desheredada que ni defiende derechos ni muchas veces los conoce, y á falta de ese conocimiento, elevamos nuestra débil voz á los poderes públicos pidiéndoles hagan desaparecer este monstruoso abuso que ha introducido la costumbre en no pocas provincias filipinas. Frente á la Casa Real hay un hermoso y espacioso jardín en cuyo centro se alza un sencillo monumento dedicado á la memoria del Gobernador D. José María Peñaranda. La iglesia es de una sola nave, y tanto su construcción como cuanto contiene, es muy pobre. Su administración corre á cargo de un clérigo indígena. Nada tiene este pueblo de particular que, de contar sea, salvo recordar la bellísima vega en que se asienta, y las aguas termales del Gogon, cuyo manantial se encuentra á las faldas del Sigñion, heraldo del grandioso Mayon, que se alza á su espalda. En Albay como en toda la provincia se habla el bicol siendo esta raza inferior á la tagala, y así se ve que donde quiera que aparece un tagalo, bien pronto se impone. El espíritu de provincialismo no está tan arraigado como en otras provincias, no siendo por lo tanto extraño ver votar para Gobernadorcillos á individuos de corta radicación, hecho que jamás se registra en los pueblos tagalos, en donde las cartas de naturaleza tardan muchísimo tiempo en otorgarse. Albay tiene 56 cabecerías, 1.052 tributos y 4.365 almas. Según los libros parroquiales, se consumaron 40 casamientos, 410 bautizos y 282 inhumaciones. Hay en su población 11 europeos y 12 chinos; asisten á las escuelas unos 230 niños y 85 niñas, siendo escaso el número de las que hablan español. Se procesaron 15 individuos. Sería una verdadera profanación tourista, ocuparse de Albay y no consagrar las primeras páginas al gran _Mayon_ ó _Buquid_, como le llaman algunos indios. Cumplamos, pues, con este deber, en el siguiente capítulo. CAPÍTULO III. El Mayon. Al hablar de Albay no es posible dejar de consagrar un recuerdo al Mayon. El Mayon es uno de los montes más bellos que se conocen en el mundo. Se alza á más de 8.000 piés en una inmensa cañada, formando su cono desde la base hasta los límites de su altura, suaves é iguales ondulaciones por todos sus lados, lo que hace que á cierta distancia se asemeje á una gigantesca tienda de campaña. Al darle esta configuración el autor de lo creado, parece quiso recordar al mortal lo pequeñísimo de sus obras. La justicia humana acampa sus legiones en un puñado de tierra cubriendo sus ejércitos con cuatro varas de lona; la Divina justicia hace dormir bajo dilatadas sábanas de candente lava, poderosas fuerzas cuyo solo aliento remueve montañas llevando la muerte y la destrucción por doquier. Las zonas del monte son dignas de estudio por distintos conceptos. En las primeras estribaciones fructifica toda la flora filipina. Desde la delicada _sensitiva_ al añoso tronco de la pintada _marra_, y desde el agreste _lagundi_ á las poéticas _casuarinas_, tienen allí su representación. La _artemisa_ con las tradicionales virtudes de sus jugos; la _yerba buena_ con las delicadas emanaciones de sus ásperas hojas; el adusto _romero_ con su salvaje independencia, adornan las faldas del coloso, esparciendo á su alrededor finísima fragancia. Cuando el ábrego hiere las copas de las casuarinas produce en sus delicadas ramas una armonía extraña y conmovedora. Varias veces hemos recorrido los bosques de casuarinas que adornan al Mayon, y al perdernos en aquella revuelta vegetación, hemos caído en esos misteriosos ensueños á que tan propensos son todos los dolores, y en medio de aquellos sueños en que el corazón palpita con fuerza y la imaginación vuela á otras regiones, hemos encontrado una bienhechora sensación en las extrañas vibraciones producidas por las casuarinas. Estas tienen un no sé qué indefinible, imposible de expresar. Las raíces de las casuarinas se extienden entre las muertas cenizas, y los raros filamentos que forman sus ramas dan sombra á extensos campos de ruinas. La sombra que proyecta la casuarina, parece encerrar un hálito venenoso. Al pie de su áspero tronco no crece planta alguna; solo sus ramas se alzan sobre las candentes arenas sembradas de monstruosos bloques. La casuarina tiene en el balete un hermano que gusta de las ruinas tanto como ella. En la dilatada planicie que se encuentra á la derecha del camino que dirige de Daraga á Camalig, llama poderosamente la atención del viajero, tres grupos de exuberante vegetación que se destacan sobre la monotonía de aquel movedizo arenal. Saliendo del camino y tomando la dirección de aquellos canastillos de verdura, se divisa primero un roto torreón, cuyas grietas son otras tantas macetas en que la potente vegetación de los trópicos encuentra vida y alimento. Más cerca, los grupos de follaje descubren las antiguas ruinas de tres edificios. Las retorcidas ramas de los baletes ocultan los restos de una noche de luto y de lágrimas. Aquellos desunidos sillares formaron en otro tiempo la iglesia, el tribunal y la escuela de Cagsaua, pueblo que fué sepultado en la memorable noche del 1.° de Febrero de 1814. Noche de terror y espanto en que el Mayon lanzó sobre los dormidos pueblos todos sus gérmenes de destrucción. De la populosa y rica Cagsaua, solo queda la tradición escrita en informes restos. Estos desaparecerán ante el poder del tiempo, si antes no son sepultados por nuevas avalanchas de lavas y cenizas, y entonces Cagsaua ira á dormir el sueño eterno del olvido al lado de otros cien pueblos que á su vez desaparecieron en otros siglos ante las espantosas y rojizas llamas del volcán. En las faldas del Mayon crecen adheridas á las rocas ó abrazadas á los añosos troncos gran variedad de _orquídeas_ y _parásitas,_ á las que llaman _dapos_ los naturales. La leyenda, la poesía y la medicina tienen en aquellas especies maravillosas páginas. Según Homero con los jugos del _Nepenthes_--ó sea el dapo que llaman los indios _jarro_--hizo el rey de Egipto olvidar á la bella Helena todas sus amarguras. La palabra _Nepenthes_ deriva de la partícula negativa _Ne_ y de _penthes_ que significa duelo, aflicción, melancolía. Hablando de esta parásita que tantísimo abunda en el Mayon, dice en su _Flora filipina_ el Padre Blanco lo siguiente: «Esta planta singularísima y hermosa, es parásita y fácil de enredarse con otros árboles por medio de los jarros ó vinageras; estos casi hacen una taza de agua, y tanto el cordón de la boca, como el del tallo y peciolos de las hojas, son encarnados. Cada hoja tiene su jarro, lo cual hace una perspectiva, rara y extraordinaria. No es del todo cierto que estos jarritos se abran y cierren todos los días. Lo más singular es la tapadera que cierra tan exactamente la boca que es imposible se derrame una gota de agua, aunque haya vientos fuertes, ó se vuelva el jarrito boca abajo: á esta firmeza de la tapadera contribuye el diente ó laminilla, que tiene por debajo, hacia donde suelen estar los goznes de una vinagera, la cual encaja entre una pequeña abertura que dejan entre sí los extremos del cordón. Es, pues, este vegetal digno de admiración y asombro por su estructura tan singular.» En los jarritos de la parásita que queda descrita, encuentra el cansado viajero donde saciar su sed. El agua que aquellos contienen se conserva fresca, sin que le den mal sabor las paredes que la guardan. El _dapo mariposa_ es de lo más fantástico que puede verse: es de largas y flexibles ramas, oscilando en cada una de ellas cientos de menuditas flores completamente blancas. Cuando el viento mueve las ramas y las miles de florecillas tiemblan bajo sus flexibles tallos, se asemejan á una bandada de blancas mariposas, revoloteando alrededor de un canastillo de verdura. A más de la anterior _orquídea_ se encuentran en las zonas del Mayon gran variedad de aquellas que vienen siendo hace algún tiempo objeto de comercio, exportándose con grandes cuidados á Europa, figurando en los suntuosos salones como uno de los más bellos y raros adornos. No solo se encuentran en el Mayon curiosísimos ejemplares de la flora, si que también los hay de la fauna. En las hojas de los árboles se halla una gran variedad de esos monstruosos y misteriosos seres, llamados por la ciencia _Fasmidos_, los mismos que son conocidos en el lenguaje vulgar por _bichos hojas, bichos palos_ y _bichos troncos_. Quien no haya visto uno de estos extraordinarios animales, no es posible pueda figurarse la absoluta semejanza que tienen con los vegetales. Son, ni más ni menos, una rama, un tronco ó una hoja más del vegetal en que viven. El _bicho hoja_, produce durante la noche un canto agudo y monótono, parecido al del grillo de Europa, si bien el del primero guarda intermitencias más cortas que el del segundo. Los indios llaman á aquellos _fasmidos, garau-garau._ El _balor_, el _bató-bató,_ la _tórtola_ y una gran variedad de palomas tienen su nido en los bosques del Mayon. El milano de las regiones intertropicales bate sus alas por cima de los precipicios, siéndole difícil remontar el vuelo hasta contemplar la cabeza del coloso. A medida que se hace la ascensión del Mayon va desapareciendo la vegetación, hasta que, por último, se entra en la zona de las muertas cenizas. De allí, solo aridez, solo precipicios, solo lagos de movedizas arenas, salpicados de ennegrecidos bloques. En las cavidades de las masas basálticas habita el más terrible de los reptiles. Entre el hueco de dos piedras suele verse la chata y verde cabeza del _Upon,_ reptil que figura en la familia de los _votrofídeos_, cuya mordedura es mortal. Al Mayon constantemente lo adorna un penacho de humo, que unas veces lo abate el viento, en cuyo caso se revierte por los dentados cortes del cráter, y otras se alza orgulloso y altanero por cima de la región de las nubes. El humo del Mayon revela que los gigantescos cíclopes de los oscuros antros vigilan al pie de hirvientes lagos las enrojecidas montañas de candentes bloques, cuyas monstruosas y desiguales masas son azotadas de continuo por abrasados torrentes de cenizas y escorias. El coloso del Estrecho con la regularidad matemática á que necesaria y fatalmente sujeta toda ley perfecta, acumula en sus calcinadas entrañas gérmenes de espanto y desolación. ¡Desgraciado el día en que abra la válvula! ¡Infeliz del pueblo en que sacie su cólera! Todo lo que la ilusión reviste de sombrío y terrible el fondo del Mayon, la realidad lo presenta en su exterior de sonriente, grandioso y sublime. Dentro, impenetrables misterios, medrosas tinieblas, luto y espanto; fuera, límpidos horizontes, aires purísimos, melancólicas armonías, luz, perfumes, espacios sin fin y caricias eternas de una mar bravía que viene sumisa y obediente á besar los pies del coloso, cual besan los blancos copos de las altas nubes su altanera cabeza. Dentro, la noche sin fin; fuera, el día sin crepúsculos. * * * * * ¡La muerte y la vida, la sonrisa y la lágrima, la fuerza que destruye y el botón que germina, el mal y el bien, el arcángel rebelde y el arcángel sumiso! CAPÍTULO IV. Iraya.--Tabaco.--Sorsogon y Cantanduanes.--De Albay á Daraga.--¿Cagsaua ó Daraga?--Culebras domésticas.--Etimologías.--M. Montano y sus viajes por Filipinas.--Iglesia y cementerio.--_Pintacasi_ de Daraga.--Gustos europeos.--Banquetes chinos.--_La bandala_.--Hospitalidad.--Recuerdos.--Días tristes.--Estadística.--Comparación de razas.--El _patadeon.--_--La línea curva.--Mercado de Daraga.--Vendedoras de sampaguitas.--Tertulias al aire libre.--La casa de Aramburo. La provincia de Albay se divide en cuatro distritos ó partidos llamados Iraya, Tabaco, Sorsogon y Catanduanes: el primero lo componen los pueblos de Cagsaua ó Daraga, pues con ambos nombres se le conoce. Camalig, Guinobatan, Ligao, Oás, Palangui, Libon, Quipia, Donzol y Pilar. El segundo, ó sea el de Tabaco, lo forman los de Albay, Legaspi, Libog, Bacacay, Malilipot, Tabaco, Malinao, y Tiui. El tercero, denominado como hemos dicho, Sorsogon tiene los pueblos de Castilla, Sorsogon, Casiguran, Juban, Magallanes, Bulan, Matnog, Bulusan, Barcelona, Gubat Bacon, y Manito: y en el cuarto, ó sean las Islas Catanduanes, se encuentran los pueblos de Calolbon, Virac, Bato, Viga, Payo, Bagamanoc, Pandan y Caramoran. Con el tiempo y en plazo no muy lejano, esta inmensa provincia está llamada á ser dividida en tres, formando la Iraya y Tabaco una de término, y Sorsogon y Catanduanes, otra de ascenso y entrada respectivamente. Para proceder con método vamos á hacer una correría á toda la provincia, visitándola por partidos. Damos la preferencia á la Iraya, y al efecto y puesto que ya conocemos el pueblo de Albay, trasladémonos al de Daraga recorriendo en coche y en veinte minutos la pintoresca y bien conservada carretera que los une. Daraga ó Cagsaua, pues con ambos nombres se conoce á este bonito pueblo, debía ser, dada su importancia, la cabecera de la provincia. Cagsaua es término compuesto de _Cag_- (dueño) y _saua_ (culebra). En el sitio que ocupa el pueblo habría quizá alguna culebra domesticada, y en ese caso de aquí vendría la etimología de aquella palabra, deducción lógica, siendo como es costumbre tener en muchas casas de Filipinas grandes culebras completamente inofensivas y en domesticidad, que hacen el oficio de gatos ó perros ratoneros. Lo mismo sucede en las bodegas de no pocos barcos filipinos, siendo de notar que tales huéspedes son conceptuados como de buen agüero para los dueños de las casas y barcos donde moran. La etimología de Daraga la encontramos más adaptable que la anterior, puesto que significando dicha palabra bicol, virgen, y teniendo el pueblo por titular la Natividad de la Virgen, lógico es que se le llamara _daraga_ ó virgen, en recuerdo de la pureza de la Madre de Dios. El comercio, la industria y la vida de Albay, afluye á Daraga en donde radican las casas más ricas de la provincia. Mi querido amigo el doctor Montano en su precioso libro de _Voyage aux Philipines et en Malaisie_ dedica no pocas páginas á Daraga, siendo justo en sus apreciaciones, hecho digno de consignarse por escasear obras extranjeras que juzguen á nuestras provincias de Oriente en su verdadero valor. La plaza del pueblo que nos ocupa está asentada á las faldas de un montecillo en cuya amplia meseta se levanta la iglesia y el cementerio. Como se ve, los muertos no pueden estar más cerca de los vivos. Las fiestas ó _pintacasis_ de Daraga son renombradas en toda la provincia, pero al objeto de nuestro trabajo poco podremos de ellas decir, por cuanto nuestra misión es dar á conocer costumbres indígenas y no europeas, y es lo cierto que en aquel pueblo se van perdiendo las primeras por el gran número de españoles y extranjeros que allí viven ó transitan. Los bailes, los convites y hasta los gustos líricos ó dramáticos buscan recuerdos europeos, y para oir el característico _cutang-cutang_ indio hay que dejar el pueblo. De citar es, sin embargo, los convites chínicos de Daraga en sus días solemnes, por figurar en las mesas de sus festines platos tan originales como los de orejas de ratón, nidos de golondrina, aletas de tiburón y cabezas de culebra. En Daraga, como ya hemos dicho, hay establecidos ricos comerciantes cuyo tráfico se circunscribe á la _bandala_ ó sea el abacá, filamento del que extensamente nos ocuparemos en otro lugar. La hospitalidad que se dispensa en Daraga no tiene límites, y si á relatar fuéramos nombres y atenciones de que fuimos objeto mientras permanecimos en aquel pueblo, llenaríamos no pocas cuartillas. Estando en aquella provincia, pasamos por amarguísimas penas á consecuencia de pérdidas de seres queridos ausentes, y seríamos harto ingratos si no recordáramos á Aramburo y á su bella y distinguida señora é hijas; á toda la colonia que forman la casa comercial de los Muñozes, al chispeante al par que misántropo Avila, al decidor Carrascoso, tan olvidado de la política que le llevó á aquellas tierras, como ingrata fué con él, al cáustico José María, al servicial Rufino, al inteligente Pasiano, y á tantos amigos y amigas á quienes mandamos en estas páginas un profundo recuerdo de gratitud. Daraga cuenta con una población de 19.252 almas, repartidas en su caserío, sumando 5.025 tributos. A las escuelas concurren por término medio unos 150 niños y 120 niñas, sabiendo el español 15 de los primeros y 5 de las segundas. Hay radicados 10 europeos y 77 chinos. Se registraron 869 bautizos, 111 casamientos y 631 defunciones. Fueron procesados 9 individuos. Ya hemos dicho que los bicoles son de raza más inferior que la tagala, y aun la visaya, y buena prueba de ello está en Daraga, en donde si nos es admisible aplicar la palabra caciquismo, diremos que este lo ejercen los tagalos é ilongos allí establecidos. El bicol es más humilde, más modesto, y menos aparatoso que los tagalos; no predominando ni en sus fiestas, ni en sus trajes la riqueza de que hacen gala los primeros. El _patadeon_, ó sea esa feísima y única prenda de vestir que usa la mayoría de las bicoles, es casi desconocida en las provincias del centro de Luzón. El _patadeon_ es desde luego muy cómodo, tanto que consiste en una faja de tela más ó menos ordinaria, que da las bastantes dimensiones de largo y ancho para que una mujer se dé con ella una vuelta, sujetándola á su cuerpo bien con una cuerda ó correa, ó bien, y esto es más general, haciéndola un nudo por cima de los pechos. De algún tiempo á esta parte el característico _patadeon_ bicol principia en la cintura, habiéndose aumentado el traje con la camisa y candonga tagala, pero de todos modos el patadeon es tan poco honesto como buen _agente_ escultural, no escapándose á la flexibilidad de aquellas ligeras telas ni las más ocultas de las líneas, y sabido es que la línea que predomina y define la belleza en el eterno femenino es la curva. Creemos que la coquetería en la mujer es innata en todas las razas, y esto es tan cierto que generalmente la bicol que más usa, abusa y oprime el _patadeon_ á su cuerpo, es la que lo tiene más bonito y esbelto. En los nocturnos mercados de la plaza de Daraga, se ven no pocos irreprochables _patadeones_ festoneados de hilo de seda, llevados con toda la desenvoltura que consiente la escasez de la tela, por graciosas vendedoras de olorosas sampaguitas, delicadísima flor que crece en gran abundancia en aquellos campos. En la plaza de Daraga, y tomando por lugar de cita la puerta de cualquier establecimiento, se forman tertulias á las que todas las tardes concurren cuantos europeos viven en aquel pueblo y en los de Legaspi y Albay. En esas tertulias se derrocha ingenio, agudeza, y hasta su poquita maledicencia, á pesar de tener á la altura de las narices, y muchas veces _dentro_ de ellas, el vecino cementerio que parece debía ser con su presencia valladar á _ciertos_ y arriesgados discreteos. En época de lluvias, las tertulias al aire libre se trasladan bajo cubierto invadiendo indistintamente cualquier casa de las muchas y buenas que tiene Daraga, descollando entre ellas el verdadero palacio en que Aramburo ha sembrado el dinero á manos llenas; habiendo dirigido la decoración y pinturas al fresco que allí se admiran, el inspirado pintor italiano César Alberoni. Lo que Filipinas ha adelantado en confort y buen gusto de pocos años á esta parte, merece otro capítulo. CAPÍTULO V. Mejoras.--Transformaciones llevadas á cabo por el canal de Suez.--Seis meses reducidos á treinta días.--Quietismo.--Mares bíblicos.--Orientales civilizaciones.--Nuevos gustos y aficiones.--Inmigración europea.--Comparaciones.--Notables variaciones.--La nipa y el hierro.--Maestrillos y arquitectos.--Sustituciones y copias.--Nivelación de gastos.--La _Encarnación y la María Pídela._--Puertos del Pacífico y viejos continentes.--Intereses materiales y morales.--Reformas.--Escuelas municipales.--Lengua española.--Resistencia pasiva.--Desconocimiento del valor de las palabras.--Los enemigos del alma.--El discurso de un Gobernadorcillo.--Y punto redondo. La apertura del istmo de Suez, necesariamente había de llevar grandes transformaciones al extremo Oriente, no solo en su vida moral y material, si que también en la política y gubernamental. Los seis meses de pesadas navegaciones por los derroteros del cabo de Buena Esperanza quedaron reducidos á los treinta días que hoy separan las costas Filipinas de las playas españolas. La facilidad, comodidad y relativa baratura de la travesía, despertó primero la curiosidad del viaje, y tras aquella el deseo de conocer el país que lo termina. En la historia de los pueblos una veintena de años poco ó nada significan, cuando aquellos marchan dentro del universal concierto. Filipinas por su situación, sus tradiciones, sus costumbres, su falta de necesidades, su desconocimiento de lo supérfluo, yacía hasta hace pocos años en perfecto quietismo. Aquellas provincias con su privilegiado suelo y su hermosísimo cielo, con su verano constante y sus escasas necesidades, dormían sin que el atronador ruido de cercanas civilizaciones las despertaran en los largos siglos en que han permanecido estacionadas. El rumor de unirse las tranquilas aguas de los mares bíblicos con las revueltas que recuerdan grandes epopeyas, llegó poco á poco al extremo Oriente; y el Japón dando el ejemplo avanzó en tres lustros lo que no había hecho en muchos siglos; y el rutinario chino abrió sus infranqueables murallas, rompiendo muchos de los antiguos moldes de sus costumbres, al par que perfeccionaba y daba novedad á las líneas en que modela sus bronces y cerámicas. Junto á estas orientales civilizaciones se alzan pueblos de gran contingente europeo que les despiertan y avivan todo género de aficiones, no ya solo de lo que constituye lo necesario y cómodo de la vida, si que también á cuanto la embellece, adorna y distrae. La creciente inmigración europea en Filipinas que en pos de sí lleva todas las necesidades y superfluidades de Occidente; el conocimiento de aquellas por los naturales; el apreciarlas comparándolas con las suyas tan sencillas como primitivas, fueron causas más que suficientes para operarse la radical revolución que de pocos años á esta parte se viene observando en la manera de ser de aquellos pueblos. La pobre casa de torcidos y ásperos harigues, de irregular distribución y peligrosa nipa, que por todo ajuar mostraba en las cañas de sus tabiques media docena de pintarrajeados cuadros de asuntos místicos, cuatro toscos bancos en su caída, dos ollas en el fogón, unos cuantos petates en el suelo, y un desvencijado aparador en la sala, hoy ha sufrido una notable transformación. El harigue se oculta, se talla ó pulimenta; la nipa deja el campo al hierro ó la teja, quedando aquella relegada á zonas especiales; el lugar del maestrillo lo ocupa el hábil arquitecto imprimiendo gusto y seguridad á las nuevas construcciones, que guardan dentro de sus muros ricos mobiliarios que responden á las nuevas aficiones tantos años desconocidas. El autor de este libro conoce las Filipinas desde hace diez y ocho años, ha recorrido constantemente sus campos y visitado sus poblaciones, y puede asegurar que en ese tiempo la transformación de aquellos pueblos ha sido marcadísima. Todo viene sufriendo sensibles evoluciones, no solo á virtud de las nuevas costumbres que lleva el europeo que se radica en aquellas comarcas, si que también por el gran número de sus hijos que son mandados á educar á los grandes centros de la civilización, quienes al retornar á sus hogares importan en ellos refinamientos completamente desconocidos. Y no es solo en la casa del que va ó en la del que vuelve, donde se cambia el desnudo petate por la torneada cama, el comistrajo indígena por los sazonados manjares, las humildes telas por las costosas sedas, si que también esos mismos cambios se operan en las casas de los vecinos que observan y copian con orgullo todo cuanto procede de Europa. Este cambio de vida exige mucho dinero, y ante el deseo de poseerlo se perfecciona el arte, se ensancha el comercio y se aumenta la industria, buscando aquel honrado pueblo en el trabajo, la nivelación de sus nuevos gastos. En comprobación de cuanto queda expuesto, no hay más que comparar el número de barcos que de _altura_ arribaban á Filipinas hace diez y ocho años, y los que hoy echan anclas en sus puertos. En aquella época hacían la derrota del _Cabo_ media docena de embarcaciones, algunas de ellas como la _Encarnación_ y la _María Fidela_ de 400 toneladas. Hoy, por el contrario, dan fondo en aquellos puertos, poderosos vapores cuyas inmensas bodegas ocupan constantemente todo lo que las modernas civilizaciones americanas acumulan en sus puertos del Pacífico, y cuantos productos se refinan y perfeccionan en los viejos continentes, retornando esas mismas naves cargadas de valiosos productos filipinos. Ese rápido y creciente desenvolvimiento en intereses materiales, poderosamente había de influir en los morales, sintiéndose no pocos vacíos en la vida jurídica de aquellos pueblos, y de aquí tanta y tanta reforma como de día en día se lleva á Filipinas, y de aquí el que el código indiano resultara deficiente, y el que aquella imperecedera recopilación de Carlos II, base y fundamento del derecho escrito ultramarino, no respondiera á las necesidades de las nuevas civilizaciones, imponiendo la necesidad la promulgación de nuevos códigos y leyes. Lástima grande es que en este camino de adelantos no podamos incluir datos que revelen la extensión de la lengua castellana en aquellas provincias españolas. En vano se crearon las escuelas municipales y en vano se pensionaron jóvenes de ambos sexos para que una vez terminadas sus carreras difundieran en sus respectivos pueblos, la lengua de la madre patria, y en vano se dictan uno y otro día extensas circulares encaminadas á ese fin; todo es inútil y todo se estrella ante la resistencia pasiva y ante imaginarios temores entre no pocas influyentes personalidades que creen de buenísima fe sí, pero de fatales resultados, que tal adelanto podría debilitar la base de nuestra dominación. El remedio de este mal no hay que buscarlo en las circulares, el remedio está en que el sacerdocio de la conciencia hermanado con el de la ley, emprendan esta beneficiosa reforma, que la llevarían indudablemente á cabo en poquísimo tiempo dadas las aptitudes del indígena, siempre que emprendieran la obra con verdadera constancia. Los que sigan la lectura de este libro podrán comprobar en los datos estadísticos el escaso número de niños de ambos sexos, de los que asisten á las escuelas que hablen el español, siendo de advertir que la provincia de Albay costea la educación de maestros y maestras; pero estos al encontrarse al frente de la enseñanza en sus respectivos pueblos, se olvidan en absoluto de sus compromisos y emprenden sus explicaciones en la lengua local, y para cubrir las formas y en previsión de las pocas visitas del Inspector provincial, fijan en la memoria de sus educandos algunas contestaciones en español, y como el significado no puede apreciarlo la inteligencia por no conocer el valor de las palabras, de aquí el que en una ocasión presenciáramos la gran imperturbabilidad de un maestro que oía decir en forma coreada á sus discípulos, que los enemigos del alma eran _mimoria, intindimiento y voluntad_. El indio copia la escritura española sin entenderla, [1] y se aprende de memoria con gran facilidad relaciones ó discursos más ó menos largos. Esa facilidad de emitir palabras que no entienden, puso á un Gobernadorcillo en una ocasión en lance bien apretado. Visitaba un General los pueblos del Sur de Luzón y en plena recepción oficial en uno de ellos, le preguntó el General al Gobernadorcillo sobre el estado de la localidad, á lo que con gran claridad y precisión le contestó: _Con el cólera, la langosta, las viruelas y la visita de V.E. el pueblo está al pelo_. Esta extraña salida produjo el efecto consiguiente, y aquel _pelo_ por poco se le atraganta al munícipe que en mal hora quiso hacer un discurso con media docena de palabras españolas cuyo valor no conocía. Y con esto creemos que en ninguna ocasión está más justificado el hacer punto y punto _redondo_. CAPÍTULO VI. Camalig.--Su etimología y situación--Proximidad al volcán.--¡1814!--Barrio de Tondol.--Estadística.--Zonas abacaleras.--El padre Blanco y su Flora.--_Musa textoria_.--El _ramio_.--_Urtica-nivea._--Competencia imposible.--Comparaciones.--Desconocimiento del abacá.--Exportación en 1885.--Núcleo de producción.--Abacá colorado--Fuerza productiva--Beneficio del abacá.--Su riqueza.--Jornaleros.--Cotizaciones y ventas.--Márgenes.--Enfardaje.--Setenta y cinco por ciento de beneficio.--Precios del abacá.--El _buntal_, el _nito_ y el _cabo negro._ Cuenta la tradición que en el sitio que hoy ocupa el pueblo de Camalig, encontraron los primeros españoles que pisaron aquel suelo un extenso camarín, á cuyo alrededor se formaron algunas viviendas, dándoseles el nombre de _Camalig_, ó sea _camarín,_ y de aquí la denominación de la provincia de Camarines, á la que perteneció este pueblo hasta 1847, en que se agregó al de Albay. Linda con Daraga, Guinobatan y Quipia, distando del primero 2,50 km., del segundo 3,75 y del tercero 9,50. Se encuentra situado en las estribaciones del Mayon, en sitio bastante elevado, siendo el pueblo que se halla más cerca del cráter, así que es el que más ha sufrido en las distintas erupciones de aquel, hasta el punto de haber desaparecido en 1814, en que todo el pueblo quedó envuelto en fuego y cenizas. Los habitantes que escaparon de la catástrofe formaron barrio en Tondol, de donde se trasladaron á Quilaponte y Baligan, para ir por último, olvidando antiguos siniestros y no previendo los venideros, á situarse en 1838 en el mismo lugar que ocupó el primitivo pueblo. Camalig, con sus cinco barrios, contiene 17.457 almas y 8.889 tributos, repartidos en 92 cabecerías, habiendo entre sus habitantes 5 europeos y 25 chinos. Se verificaron en el año á que se contraen estos datos estadísticos 134 casamientos, 581 bautizos y 301 inhumaciones. A las escuelas asisten, por término medio, 250 niños y 130 niñas, hablando muy pocos el español. Fueron procesados 14 varones y 1 hembra. Camalig es uno de los pueblos más ricos de la provincia, y en él tienen las casas abacaleras, uno de los centros más activos de acopio. Posee buenos y sólidos edificios, descollando la iglesia y casa parroquial. La jurisdicción de Camalig es sin disputa una de las zonas abacaleras más ricas, siendo el abacá, ó sea la _bandala_ como se llama en bicol el producto que constituye la riqueza de la provincia. El abacá lo define el sabio botánico filipino Padre Blanco de la siguiente manera: «_Musa trogloditarum textoria_. Musa de los trogloditas de telares. Corola, el labio inferior, casi sin escotaduras. Estambres cinco, sin rudimento del sexto. Fruto con tres costillas y muchas semillas perfectas. Este plátano llamado abacá le reputo por variedad del _Musa trogloditarum errans_; él es de los más útiles, y se cultiva con cuidado en la provincia de Camarines y en otras partes. A primera Vista no se diferencia de los otros. El fruto es comestible y muy pequeño, pues el que yo he visto apenas pasaba de dos pulgadas de largo. Las semillas llegan á su perfecta madurez. El uso que se hace de este plátano es inmenso. De él se fabrican cuerdas, cables y tejidos de una finura extremada. Para esto se corta el tronco por el pie y por el extremo, cuando está próximo á dar fruto, quitándole las hojas. Quítanse también uno á uno los peciolos, y se les hace por la parte de adentro una incisión en el medio al través con un cuchillo, para quitarles la corteza que les cubre interiormente. Despojado ya el peciolo de su corteza interior, todavía se hace tiras de dos dedos de ancho, las cuales se colocan una por una debajo del corte de un cuchillo, fijo en una caña larga, que hace el efecto de un resorte, y cuyo extremo más largo está afianzado en la tierra. Puesta, pues, la tira del abacá debajo del cuchillo, de modo que la corteza exterior mire arriba, se tira de ella con fuerza por una punta, lo cual se practica una ó dos veces, y entonces aparecen claros los hilos; pero con este método se desperdicia la mitad del abacá. Todavía hay que pasarlos por una especie de sierra, que hace el oficio de un rastrillo, como los que se usan en Europa para el hilo; esta segunda operación no la he visto hacer, pero sí la otra. Allí quedan ordenados los hilos, pero unos son más finos que otros, y por eso las mujeres tienen el cuidado de separarle en varias clases, antes del tejido, lo cual ejecutan con suma destreza, aunque sea á oscuras. Si el abacá se ha de emplear en hacer telas, se forma de ellos primero un ovillo apretado, como la cabeza de un niño de grande, el cual se echa en el mortero en que pilan el arroz, y allí le dan muchos golpes con la mano del mortero que es de madera. Esta operación hace muy flexible el abacá, y menos expuesto á quebrarse. Hecho esto, no hay más que ir atando un hilo con otro por los extremos, en lo cual se ocupan generalmente las mujeres y las niñas. El tejido se hace como el del algodón; pero si el abacá es demasiado fino se meten las mujeres dentro de un pabellón para tejerle, porque el viento quiebra fácilmente los hilos. Hechas las telas, se meten por un día y una noche en agua, con un poco de cal de conchas. Se lavan después, y se estiran. El abacá se da muy bien en la provincia de Batangas, y en otras partes; pero no es tan bueno como el de Camarines, y este parece que es inferior también al de Panay y Marinduque; bien que sobre esto hay opiniones. Pero tengo por muy probable, que estos otros son distintos del de Camarines, pues la fruta de este es amarga y no se come, y las de los de Batangas sí. El agua, que se recoge en un hoyo que se hace en el pié del tronco que se ha cortado, se dice ser buena para la contracción del miembro viril, enfermedad singular (colo-colo), que no deja de ser frecuente en las provincias visayas, y que regularmente viene acompañada de contracción en la lengua. El inglés Dampierre, según se lee en la historia de los viajes del abate Prevost, se engañó cuando dijo que el abacá era solamente conocido en Mindanao. El abacá se tiñe fácilmente de azul y de encarnado. Para teñirle de azul se empleaban ya desde tiempos antiguos las hojas de un arbusto ó enredadera que en Camarines llaman payanguit y aringuit, según la sabía relación que de esta enredadera ha hecho á la Sociedad Económica de Manila, el curioso y diligente observador P. José de la Mata, religioso de San Francisco; que es quien la ha dado á conocer en estos tiempos á los europeos de Filipinas. Las hojas de este arbusto dan un color azul muy abundante. Para teñir el abacá de encarnado, he oído que se cuece en Camarines la corteza de la raíz de la morinda con un poco de cal ó de alumbre, hasta que se logra el color deseado, y con esto se procede al teñido. Pero es mejor teñirle del modo usado con el hilo de algodón; esto es, con legía y aceite de ajonjolí.» En la esfera textoria ha aparecido recientemente un producto que lo suponen algunos superior á todos los de su clase. Este se llama el ramio y sus partidarios creen ver en la siembra de este textil la salvación de la riqueza agrícola, no solamente de España si que también de las provincias ultramarinas. Desearíamos que las Granjas modelo de Luzón y Visayas, ensayasen el cultivo del ramio tal como hoy se practica en Europa, siquiera esos ensayos solo den por resultado emular ante los ojos del indio toda la riqueza que atesora la diversidad de textiles que se crían en sus campos. Hemos dicho tal como se cultiva en Europa, puesto que el género _Urtica_ al que pertenece la especie _Utilis_, ó sea el ramio, de antiguo es conocido en Filipinas en donde crece y se desarrolla sin que para nada entren los cuidados del hombre; y esa misma _Urtica_ es seguramente la que ya describió en 1837 el sabio botánico Frey Manuel Blanco, en su _Flora Filipina_ con el nombre de _Urtica Nivea_, de la que dice en la primera edición de su obra «que la corteza preparada se hila y sirve para hacer telas.» Y nada tiene de extraño que la tan renombrada _ortiga_ fuese de tiempo inmemorial conocida en Filipinas, pues que de sus vecinas costas de China procede. Nosotros creemos que por razón de precio y por otras no menos atendibles, el ramio jamás podrá competir con el abacá. Las largas preparaciones, labores hondas y cruzadas, estercoladuras, extracción de raíces y piedras, formación de caballones, riegos, abonos, delicadas faenas en la siembra, escogimiento de tiempos y lugares, toldos, abrigos, tanto contra el frío como del viento, trasplantes, viveros, escardas, peritación en los cortes, desecación al sol, almacenajes, complicadas máquinas desfibradoras y tantos y tantos gastos y operaciones como necesita el ramio, forzosamente han de resaltar ante la simplicidad y baratura del cultivo y faenas á que se presta el abacá desde que lleva su germen á la tierra, hasta que extraídas de su tronco sus finísimas y blancas hebras salen al mercado prensadas formando fardos á servir de importante factor en múltiples industrias de Inglaterra y América. Este filamento no tiene entre los de su clase más competidor que el cáñamo, y esto solo en algunas propiedades de la cordelería, superándole el abacá en cambio en cuanto se refiere á trabajos de telar, del que salen piezas tan finas que se confunden con los estimados paños de la seda de China [2]. El abacá es poco conocido en España, adonde el año 1885 solo se importaron 20.340 kg., y de estos solo 3.064 en rama, de los 53.331.009 kilogramos que salieron por los puertos filipinos. Este textil es tanto más rico cuanto que no tiene que luchar con la competencia. Lo produce un plátano propio y peculiar de las Filipinas, y eso solo en la parte Sur, radicando el núcleo de su producción en la volcánica provincia de que venimos ocupándonos. Ni los ingleses en la India, ni los holandeses en Java, ni los franceses en Saigon y Conchinchina han podido dar vida en sus campos á tan preciada planta. No teniendo los abacaleros competencia en mercados extranjeros, no comprendemos que este producto sufra depreciaciones, siempre que la ambición no ciegue al agricultor, desprestigiando el filamento con su codicia, beneficiándolo fuera de sazón ó llevándolo colorado al mercado; signo evidente de que se ha hecho mal la sencilla operación de la extracción de la hebra, dejándole pulpa ó carnaza que si bien la hace subir de peso la hace bajar de precio. El abacá se produce todo el año, y las plantaciones una vez en beneficio se reproducen á medida que se cortan de una forma, y con una exuberancia tal, solo concebible en la fuerza productora de aquellas tierras. No exige cava, ni arado, ni abono, y con solo el indispensable desbrozamiento que necesariamente ha de hacerse en campos que continuamente están en producto, se comprenderá la riqueza de este filamento. El jornalero dedicado á las faenas de la extracción del abacá, no recibe salario, compartiendo el producto con el propietario. Una familia india compuesta del matrimonio y un chico, puede muy bien extraer al día una arroba de filamento: cantidad que al declinar la tarde y dejar en reposo la cuchilla del tosco aparato que limpia la hebra se parte entre el trabajador y el dueño de la plantación á quien generalmente vende con arreglo á la cotización del día, pues es de advertir que el precio del abacá es objeto de fluctuaciones que diariamente comunica el telégrafo, imponiendo precios los mercados de Inglaterra; dando esto lugar á que con los acopios de abacá se concierten verdaderas jugadas, en las que el dueño del almacén hace adelantos al dueño del textil, y según que los telegramas señalan bajas ó alzas, así se cobran ó se abonan _márgenes,_ nombre que equivale á lo que aquí se llaman _diferencias_. Hasta la última operación que precede al embarque del abacá, deja un gran rendimiento, consistiendo este en los beneficios del enfardaje que se verifica en bultos de á dos _picos_, ó sean 11 arrobas. El coste del bejuco, petate y trabajo que representa cada fardo asciende á unos 25 céntimos de peso que con el recargo de un 5 más en bulto que puede apreciarse por deterioro de material y tanto por ciento del capital invertido en el almacén, suma un total de gastos de 25 céntimos de peso por fardo. Y como quiera que es cosa corriente é invariable el que se recargue un peso por enfardaje, solo esta operación como vemos produce un 75 por 100 de su coste, y producirá más el día que estos trabajos dejasen de hacerse á brazo realizándose per medio del vapor. El precio del abacá tiene constantes fluctuaciones, habiéndosele visto subir en poco tiempo de 4 á 12 pesos el pico, ó sean las cinco arrobas y media. El agricultor que vende su abacá á peso la arroba, ya le queda un buen producto al capital empleado; vendido á 10 ó 12 pesos, aquellos serán muy cuantiosos é importantes. El ramio sin quitarle toda su bondad y mérito, no tendrá nunca gran desarrollo en Filipinas, en donde con muchísimos menos gastos que los que origina aquel producto se obtienen otros que los reemplazan, pues no hay que olvidar que aquellos campos contienen la variedad de textiles más numerosa del mundo, no solamente en sus especiales plátanos, si que también en la diversidad de palmas de que se extraen el _buntal,_ el _nito_, el incorruptible cabo negro, y tantos otros que se emplean en finísimos tejidos y preciadas cordelerías. Antes que el ramio tratara de hacer competencia á los textiles filipinos, ya lo intentaron sin resultado los yutes y sisales de América. CAPÍTULO VII. Guinobatan.--Etimologías.--Situación.--Estadística.--Mauraro.--Catástrofes originadas por el volcán.--Eternas amenazas.--La iglesia y la casa parroquial.--El bardo del Mayon.--_Tacay_.--El Padre Luís.--Aguas y nieblas.--El Banao.--El puente de Isabel II.--Destrozos originados por un tifón.--Un diminuto Galeno.--Los sobanderos.--El mediquillo herborista.--Cómica gravedad.--Pseudo enterradores.--Recetario.--Su copia.--Autógrafo inapreciable.--Descanso. A seis kilómetros escasos de Camaling, se encuentra Guinobatan, palabra cuya raíz _gubat_ tiene tres significados, dando á conocer lo mismo el terreno _desmontado_ que el lugar en que se ha verificado un _asalto_, ó conseguido una _conquista_. Nos inclinamos á creer que la verdadera etimología hay que buscarla en el primer sentido, teniendo en cuenta la necesidad que habría de hacer cortes y talas para formar aquel pueblo. Guinobatan confina por Este con Camalig, por Oeste con Ligao: Tabaco por el Norte, dejando al Sur Quipia y los mares de Burias. Tiene con sus barrios un total de población de 15.994 almas, que forman 88 cabecerías con 4.131 tributos. Se registraron 689 bautizos. 111 casamientos y 400 defunciones. Asistieron á las escuelas por término medio 340 niños y 260 niñas, conociendo medianamente el español 40 entre unas y otros. Hay radicados 4 europeos y 57 chinos. La criminalidad figura con 15 procesados. El pueblo que nos ocupa es uno de los mejores de la provincia de Albay; en lo antiguo fué barrio de Camalig de quien dependió hasta 1688 en que adquirió propia autonomía. El año 1814 fué destruido por el fuego del volcán, formándose el nuevo pueblo en la que hoy es visita de Mauraro. Nueva catástrofe hizo que el caserío se fijara en las playas Panganiran: volviendo por último al primitivo sitio, pesando sobre el pueblo la eterna amenaza del vecino Mayon. Guinobatan tiene bonita iglesia y espaciosa casa parroquial, morada que fué muchos años del Padre Melendreras, inspirado poeta que ha dejado escritos no pocos versos llenos de melancolía y sentimiento. Este poeta ha sido el bardo de las comarcas del _bicol_ y en todos sus escritos palpitan tiernos recuerdos. La siniestra luz de las rojizas llamas del Mayon, los monstruos y quimeras del Lignion, la flora de sus campos, las leyendas de sus bosques, y sobre todo la originalísima _Tacay_, hermosa flor ninfácea de sus lagos, de la que hizo el poeta motivo y tema de sus versos, fueron las fuentes en que el Padre Melendreras bebía la inspiración de sus cantares inéditos en su mayoría, y casi podríamos decir en su totalidad, consecuencia de su extremada modestia que á todo trance rehuía la publicidad. La casa parroquial de Guinobatan tiene suerte con sus inquilinos. Preguntad en toda la provincia de Albay, lo mismo á indio que á castilla por el Padre Luís, y no oiréis más que bendiciones para aquel párroco que durante las últimas epidemias fué la providencia de Guinobatan. Aguas constantes y tenaces y espesas nieblas hacen que en aquella localidad la humedad sea muy grande, circunstancia que favorece el desarrollo del plátano abacá cuyo textil es el principal producto de su suelo. El _Banao_ riega la jurisdicción de Guinobatan y sobre dicho río se levantaba hasta hace pocos años el magnífico puente de Isabel II. Tenía 1.500 pies de largo por 54 de ancho, formándolo dos grandes ojos. Este puente fué destruido por un tifón. Igual suerte sufrió el Tribunal. En este pueblo conocí un celebérrimo mediquillo. La rama de este _diminuto_ Galeno era general en el partido de la Iraya. Lo vi por primera vez _maniobrando_ sobre un paciente que seguramente quedaría sin hueso sano. En los distintos _sistemas_ curativos que los mediquillos filipinos emplean, figura el de la _soba_, ostentando los que la practican el poco tranquilizador título de _sobanderos_. Líbrelos Dios de caer en manos de uno de esos _asesinos_, y preferid antes que tal os aconteciese, un vuelco, un despeño, ó un choque de trenes en la seguridad que de estos no saldríais tan magullados como de los aceitosos, largos y apergaminados dedos que la emprenden con vuestras carnes con una fe tal que no hay dolor que no desaparezca, por aquello de que baza mayor quita menor, y de seguro que en aquel juego, la menor es siempre la dolencia, y la _mayor_ la que os propina el _sobandero_ en medio de resoplidos, apretones y magullamientos. El mediquillo á que me refiero era _herborista-sobandero_, es decir, que participaba de ambos _sistemas_ curativos, dejando las sobas cuando el paciente prefería las hierbas. Y no se crea que el mediquillo ejerce su _noble_ profesión con el descreimiento del charlatán, no; la practica con la misma fe que el más concienzudo hombre de ciencia, rodeando todos sus actos de una solemne y cómica gravedad, tan rayana al ridículo, que no he podido menos de reirme siempre que he tropezado con alguno de esos pseudo enterradores. El mediquillo de Guinobatan tenía para las _funciones_ de herboristería un recetario, sacado de su propio caletre, recetario que de su puño y letra guardo una copia, como un tesoro, entre otros autógrafos de igual _mérito._ No quiero privar á mis lectores de tan sabrosísima lectura, y en el mismo _castila_ en que está escrito, y con su propia puntuación y ortografía, lo traslado aquí, y que Dios me perdone. Dice así: _«Recetario de yerbas y flores de Guinobatan_. «Las hojas del arbol _Calongay_ es medicinal para muchos padecimientos, especialmente para los que provienen de _ayre_ como dolores de Barriga con _ventocidad_ pues tomando de ellas lo necesario y después de _piladas_ esprimir y en el _sumo_ meter una _purcion_ de sal hecho ascua y dando en seguida _de tomar_ al paciente se sanará, Es un activo vegigatorio la corteza de este arbol, pues raspando y mesclando después un poco de sal, y calentar en el fuego y aplicar á la persona que quiere se le _ampolle_ alguna parte del cuerpo no hay duda que se conseguirá el deseo. «Las hojas ó cogollos de Guayabas colorado también es medicinal para el que esté atacado de _ayre_, pues se mastica bien y después se traga, verá que después de momento eruptará aire. El cocimiento de las hojas de este arbol es útil para lavatorio á las heridas se evita de gangrena y se cura pronto. «La cáscara de Narangita mezclando en el cocimiento de té, y calentito se toma y después se arroja bien el que padece de tos por efecto de _romadizo_ mal curado se corrije pronto. «La fruta del arbol _Sampaloc_ tomándola á manera de cagelada con caramelo, no solo _antivilloso_ sino también cura al que padece _ofrecion_ de pecho _hechando_ sangre por la boca. «El cosimiento de la corteza del arbol _Agoyo_ tomándolo la muger que se le haya retenido el período, se consigue bajarlo. «Para el que tiene trastornado la memoria por causa de haber recibido mucho frío se tomara muchas frutas de Limoncito _osua_ y se pone al fuego y cocido, se parte y se aplica á la cabeza del paciente y sanara. «Para el que padece dolores de dientes por _cauza_ de _Gusanos_ ó irritación, se debe tomar cocimiento de la corteza del arbol _Molare_ ó _Santol_,_enjugando_ con el únicamente la _boca_. El mismo cocimiento del Santol es útil _lavar]_ con el la parte llagosa ó _canserosa_ para curarse mas pronto como con el cocimiento de la corteza del _Afenic_ para disolver el _lamparon_. «Las hojas de algodón ó _Cayo_ calentándolas un poco en el fuego y aplicándolas á la parte _dislocada_ se cura. «El _pasmo provenido de calor_ también se cura raspando la corteza del arbol Dapdap y después de calentado al fuego se aplica al vientre y á la espalda, para curar la _ventosidad_ y _vapor de tierra_, debe rasparse la corteza del arbol Manugal y su cocimiento se da de tomar al paciente. «Para contener la hemorragia en alguna herida se debe aplicar á ello raspadura de la corteza del arbol _Nanca, Baje_, ó sea _Palmabraba_. «Para el que padece ronquera se le dará de comer fruta del arbol _Sua_ ó limoncito á las cuatro de la madrugada, partiéndose y secándose antes al sereno y verá que la ronquera se quitará. «Para el constipado mal curado se debe tomar de la fruta de _Bayasong_ ó Leimon y se asa entero en ascuas, y cocido se parte en estremo, y el jugo se unta en el pecho abrigándose después el cuerpo. «Para el que padece _pasmo por el calor del Sol,_ se le debe aplicar la corteza del arbol _Borobarira_ raspada, y cocida en el fuego envolviéndolo en hojas de plátano se pone en el vientre. «Para volver su color natural al cutis que lo tenga amarillento á causa de _irritación_ y _frío_, debe tomarse el paciente el cocimiento de la corteza del arbol _Malobayo_. «Para cortar los pujos no hay más que tomar cocimiento de las hojas del arbol Manga. «Para disolver tumores en cualquiera parte del cuerpo, se consigue sacando un poco de calamasado con el jugo del arbol Ditadita se unta en la parte que trata del tumor para disolverlo. El cocimiento de la corteza de este mismo arbol, sirve para corregir un tanto las tercianas, y para lavatorio de heridas. «Con el cocimiento de la corteza del arbol del _Mambog_ se lava las _implamaciones elifanticas_ para curarse. «Para curar la enfermedad que llaman _culebra_ no hay mas que coger pepitas en sazón del arbol _Sapran_ y amasadas con un poquito de agua para estraer la parte colorada que las envuelve, y untado con dicha agua desaparece la enfermedad. «Con el cocimiento de le corteza del arbol _Layoan_ tomándolo, es un medio de cortar la sangre por la boca. «Untando en la herida el jugo del arbol _Balite_ sana pronto y _revive la carne_. «La _suciedad_ que la lengua demuestra por efecto de alguna calentura, se quita enjuagando la boca todas las mañanas con el cocimiento de la corteza del arbol _Ciruelo_. «Es muy útil _dar de tomar_ á las paridas cocimiento de la corteza del arbol Tanag al objeto de echar fuera la sangre coagulada. Para este mismo padecimiento las hojas de la Yerba _Daloydoy_ se pasan un poco al fuego para _ahuyentar_ la frescura y se aplican al vientre. También á falta de Daloydoy suple las hojas de la yerba Peregrina bajo el mismo método de aplicación de la Daloydoy. «Para calmar los dolores de Barriga, se debe aplicar á ella hojas del arbol Alom. «Se cura el _espasmo_ tomando el cocimiento de la corteza del arbol Yba. «Para un constipado mal curado se saca corteza del arbusto _Taló_ ó _talago_ se _ajusta_ ambos estremos de ella y después se pone en forma de rosario para que el constipado _salga_. «Con el aceite del arbusto _Tagnan-tagnan misturado_ con polvos de pimienta, se cura la _cojera_ que proviene de tumores. «La _hernia_ ó sea la _potra_ también se cura con la fruta de _papaya_ asando esta, y cuando esté bien caliente se aplica hasta que se enfrie. «Cuando la matriz estuviese _hinchada_ á causa de la obstrucción de periodo, se cojen hojas del arbusto Cipris se pasan al fuego y calentito se aplica al bajo vientre y se calmará la hinchazón. «Para las enfermedades _de punzada_ es muy util las hojas del arbusto _Quilala_ que después de piladas se aplican á la parte _dañada._ «Para _disolver_ algún _flato_ en el estómago, efecto del _pasmo de hambre_, es muy util tomar cocimiento de las raizes del arbusto _Talanisog_. «Para la _opresion_ de pecho conviene que las hojas del arbusto Bani calentarlas un poquito al fuego y aplicarlas al pecho. «Para bajar la calentura que proviene de irritación se toman hojas del arbusto _Payatpayat_ y se las unta jugo de limoncito y se las aplica en el vientre. «También es muy bueno para la calentura las hojas del arbusto _Balensua_ aplicandola en la cabeza. «También para disolver tumores é _implamaciones_ es muy util la corteza del arbusto _Damos_ raspándola se aplica á la parte dolorida. «Para las mugeres de parto que _se recaen_, las hojas de _Pulli_ sacadas se amasan con sal, y después se pasa al fuego y caliente se aplica al vientre y se sanara. «Para mugeres que están con la _mesturacion_ y quiere contenerla, se saca el arbol Ydioc una especie de pelusa, y hecho ceniza se mezcla en un vaso de agua, y lo toma, y al poco instante se contiene la hemorragia. «Para curar el garrotillo no hay mas que raspar la corteza del arbusto _Tagum_ y aplicar á la parte dolorida y se sanara. «Para picadura de cien piés no hay mas remedio eficaz como coger cogollos del arbusto Anmamali y después de calentar un poco en el fuego aplicarlo en la picadura. «Para disolver algún _bulto en el interior del estómago_ se saca tres pedazos de las enredaderas Balogo y se pone al fuego, y cuando ya están bastante tiempo, _se pila_ y bien machacado se _esplime_ y el jugo se _da de tomar_ al enfermo. «Para cortar los pujos se debe sacar hojas de la yerba Santo Angel y se _pila_ y después de mezclar clara de huevo se aplica en la barriga y espalda. «La enredadera Paytan es antivenenosa, pues al que _se le haya picado_ alguna culebra ponzoñosa debe _darle de tomar_ cocimiento de ella. «Las hojas de _Amargoso se pilan_ y después se esprime para sacar el jugo que se _dará_ de tomar al chiquillo ó persona _flemativa_ para arrojarla. «Para curar la hidropesía se debe cojer planta de _Tanglad_ en regular cantidad y con las raíces se cuece en una olla, echandola agua suficiente; se cubre bien con hojas de plátano, cosa que no _respire_ de vapor y cuando ya está hirviendo, se hace sentar al enfermo en una silla, se le cubre bien con sabanas hasta la cabeza, y después se pone la olla debajo del asiento y en la cubierta se forma un ahujero para salir el vapor que el enfermo lo irá recibiendo, para que sude mucho, pues con este sudorífico se curará. «El cocimiento de Camod es vomitivo. «El cocimiento de la yerba _Penit_ es eficaz para lavatorio _á las heridas cancerosas_, pues _mata á los bichos que agrupan en el cutis_. «El cocimiento del arbusto Canios ó Tabios es util dando de tomar á los chiquillos que padecen _en constipado_ mal curado. «El cocimiento de la flor de Manzanilla, es remedio para _ventosidad y constipado_. Con el cocimiento de las hojas de orégano se consigue que á la muger baje el periodo retenido por efecto de calor. «La debilidad que padezca la muger á causa del desarreglo de la menstruacion, se corrije comiendo en ayunas flor de Coles. «Para curar el _pasmo que proviene de hambre_ se saca hojas del arbusto _Laguindi_ y se cuece como la esplicacion de la yerba _Tantae_ bajo la misma aplicación para la cura de esta enfermedad. Las hojas de este mismo arbusto ahuyenta los chinches dejándolas secar sobre sillas ó catres atestados de este bicho. «Para dolores de cabeza la _Yerbabuena_ se mezcla con un poquito de sal, y se calienta en el fuego y después se aplica á la frente se mitiga el dolor. «Cuando alguno tiene el cutis amarillento por consecuencia de no _haberse salido al sol_, se aplica al cuerpo hojas de la yerba _Batolong_ y se sanara. «Para _hinchazon de vientre por causa de calor_ se debe tomar cocimiento del arbusto _Lacadbulan_ ó salvia. «Para curar los calambres provenidos de mucho trabajo corporal ó material, las hojas de Romero se friega en la parte dolorida ó suspensa del cuerpo y se sanara. «Para que los niños de pecho _espelan por el conducto natural_ lo _que han mamado en el vientre_, se cogen yerbas de _Corocanding_ y después de machacarlas con la mano se aplican al vientre, y verá en breve el efecto también para este fin es bueno las de la _Tarotarayo_ ó _Sorosoró_ machacandolas en el agua que se le _ha de dar de bañar_ al chiquillo. «También es _contra aire_ la pepita de Calombibit ó Dalogdog, pues para el que padece este mal se le debe de dar medio vaso de agua mezclada con la pepita de dicha yerba asada y _polvoreada_ y se sanara. «Las hojas de la yerba Rangá ó Camantigue haciendo en cocimiento es bueno para lavar la herida ó llaga que provenga de la enfermedad _gangrena_. «El Barang ó Zarzaparrilla, tomando el cocimiento de su tronco en agua de tiempo sirva para purificar la sangre. «Las Malvas es un refresco sano para el convaleciente, se puede tomar en cocimiento para refrescarse ó en lavativas, para retención de orina es bueno tomar tres cinco ó siete ponos de malvas con la raíz de las que aun no han dado ninguna flor, se quita las ramas y la parte de tallo quedando solo el tronco y raizes de que se hace un cocimiento, y en ayunas ó en cualquier hora del día se toma y verá como se orinará. Para este mismo padecimiento el cocimiento de la yerba _Torotogod_ ó grama. «Para que los chiquillos que tienen _lumbrises_ las espelan con facilidad se debe coger muchas hojas de la yerba _Bagnagan,_ se pila y después se calienta en el fuego, y á las ocho de la noche se aplica á la boca del estómago del enfermo poniendole una faja para que no se caiga. Para picadura de Culebras ponzoñosas es un remedio infalible las hojas de la yerba _Badian na burit pilan dolas_ y aplicando á la picadura.» Tras la anterior lectura no hay más remedio que descansar. CAPÍTULO VIII. Ligao.--Su situación--Etimología.--Historia--Fundación.--Los libros parroquiales.--Primeras partidas bautismales.--El Padre Crespo.--La fe y el patriotismo--Veladas lírico-literarias.--Gramática bicol-española--Ideas antitéticas--Frey Pedro Payo.--Estadística.--Oás.--Su etimología.--Su fundación--Jurisdicción de Oás.--Productos y estadística.--Párrocos europeos de la Iraya--Polangui.--Su etimología.--Su fundación.--Estadística.--Campos de Polangui.--Libon.--Etimología, situación, historia, productos, obras y estadística.--Antigüedad de su iglesia--Regreso á la cabecera. En el partido de la Iraya, y entre Guinobatan y Oás, se encuentra el pueblo de Ligao. Está situado en un extenso y hermoso valle á la derecha del río Cabilogan, siendo su clima templado y agradable. Dista de Guinobatan 12 km., 6 de Oás y 42 de Tabaco por el nuevo camino que recientemente se ha construido, bajo la inteligente iniciativa de su último Alcalde mayor D. Joaquín Beneyto. Esta vía ha abierto nuevos horizontes comerciales á la provincia de Albay, adquiriendo gran importancia el puerto de Tabaco, mucho más seguro y resguardado que el de Legaspi. Algunos creen que el nombre de Ligao está tomado de un árbol, así llamado, que antiguamente abundaba en su término: nosotros respetando esta opinión nos inclinamos á creer que aquella palabra es corrupción del término bicol _Licao_ que significa _irse_ ó _separarse_, no siendo extraño se le diera tal denominación al tener en cuenta la situación que ocupa aquel pueblo, _separado_ en la antigüedad por larga distancia de la carretera real. Los reyezuelos que mandaban las rancherías que formaron Ligao, denominábanse según manifiesta el erudito Padre Huertas, Pagquilatan, Macabangoy, Sampongam, Mabao y Hocoman que imperaban en la ranchería Babasi, la misma que después fué visita del pueblo. Dichos régulos se hallaban discordes entre sí sobre el mando superior, dirimiendo estas contiendas un cabo español, y concediendo el mando al Pagquilatan, quien se sometió á los españoles con todas sus rancherías. La conversión de este pueblo se comenzó por los Padres Franciscanos el año 1606, hallándose una partida bautismal de 24 de Agosto de 1608 firmada por el Padre Luís de San Juan, según consta en los libros de la iglesia de Polangui, á cuya matriz perteneció Ligao en sus principios. Después fué agregado al pueblo de Oás, y más tarde en el año 1665 fué separado adquiriendo propia autonomía. La actual iglesia se construyó en 1709 habiendo sufrido de entonces acá, notables transformaciones. En estos últimos años y merced á la constancia de acero de mi querido amigo el Padre Crespo, se ha cambiado completamente al gusto moderno la iglesia y casa parroquial. E Padre Crespo es el prototipo acabado del misionero de la fe y el patriotismo: espíritu batallador, que lo mismo sabe dominar las fatigas de su cuerpo en las largas noches de insomnio en los hospitales de coléricos, que vencer con un entusiasmo sin límites y una tenacidad á toda prueba los múltiples obstáculos que por doquier se le presentaron para organizar y dar carácter permanente á veladas lírico-literarias, que periódicamente se celebran en aquella casa, en la que el libro, la revista y el periódico tienen un lugar preferente. El Padre Crespo es autor de una notable gramática bicol-española [3] y de sinnúmero de folletos, poesías, artículos y leyendas, todas ellas impregnadas de las notas que vibran siempre en todos los escritos del Padre Crespo. Los antiguos caballeros tomaban por _mote_ Dios y su dama: el franciscano que nos ocupa, su enseña es la de religión y España. De no pocas críticas ha sido objeto el autor de estas líneas por la forma en que ha tratado á los frailes, no viendo muchos la manera de armonizar sus ideas con las antitéticas del fraile: esto, no obstante, diremos que el mutuo respeto ha sido el eslabón que nos ha unido, á pesar de estar tan distantes en no pocas apreciaciones que abrigan algunos, no todos los frailes que hay en Filipinas. Por lo demás, dejando á un lado excepciones que en toda sociedad ó institución existen, repetiré una y mil veces que en los diez y siete años que he vivido en aquellas provincias españolas, siempre he encontrado en mi camino no pocos frailes, verdaderos modelos de patriotas y caballeros, figurando á la cabeza de esta legión el jefe de aquellas Iglesias, el dominico Frey Pedro Payo, que bien recientemente ha adquirido España á sus gestiones un hermoso barco, pudiéndose admirar cuanto contiene la Exposición Filipina, merced á sus esfuerzos, presidiendo aquella junta central. Dependen de Ligao 11 barrios, comprendiendo entre estos y aquel un total de 17.244 almas y 4.251 tributos. En el año 1878 se verificaron 121 casamientos, 699 bautizos y 432 defunciones. Hay radicados en aquel pueblo 23 europeos y 47 chinos. Asisten á las escuelas, por término medio, 170 niños y 70 niñas, hablando medianamente el español unos 40 entre ambos sexos. Al Noroeste de Ligao, y á 3 km. de buen camino, se halla el pueblo de Oás. Esta palabra quizás sea derivación del término anticuado bicol _Ovás_, que quiere decir _perder en la carrera_. Hoy se sustituye aquella palabra por la de _Ombás._ El cronista de la Orden de San Francisco, dice respecto á la fundación de este pueblo que, doce personas principales de varias rancherías, bautizadas en un mismo día, fueron sus fundadores. Dichas personas debieron ser bautizadas por los años de 1585 á 1587. Del día 13 de Setiembre de 1587 ya se registra una partida de bautismo, firmada por el Padre Jerónimo de Aguilar, quien desplegó tal celo por la conversión de este pueblo, que desde el referido día 13 hasta el 8 de Octubre del siguiente año 1588, bautizó aquel Padre 451 personas de 19 años para abajo. La jurisdicción de Oás se extiende de Norte á Sur 6 leguas, y 2 de Este á Oeste. Tiene montes con buenas maderas, bejucos, burí, excelentes pastos y caza mayor y menor. El terreno cultivado es de regadío gran parte, y sus productos consisten en arroz, abacá, maíz y caña de azúcar. Sus naturales se dedican á la agricultura y beneficio del abacá. Oás, con sus 12 barrios, contiene 11.373 almas, registrándose en 77 cabecerías 3.343 tributos; hay radicados 1 europeo y 39 chinos. Se inscribieron en los libros parroquiales 464 defunciones, 83 casamientos y 603 bautizos. A las escuelas publicas concurrieron, por término medio, 340 niños de ambos sexos, de los que solo 70 conocen medianamente el español. En el cuadro de criminalidad de la provincia figura Oás con 23 individuos procesados. El epigramático y profundo bicolista Padre Santos, párroco de Oás, juntamente con el reservado y taciturno de Polangui, el austero y asceta de Camalig, el correcto humanista de Pilar, el furibundo hidrópata de Daraga y el obeso y grave de Libón, constituían el año 1880, con los ya nombrados anteriormente, el clero parroquial europeo del distrito de la Iraya, de cuyo partido solo nos falta conocer los pueblos de Polangui, Libón, Quipia, Donzol y Pilar, encontrándose el primero de estos distante de Oás 6 km., de Ligao 7,50 y de Libón 6. El nombre de Polangui creen algunos fué tomado de un frondoso árbol así llamado, que existía en el terreno de su fundación. Eruditos filólogos bicoles creen que Palongui se deriva de _Polangguisoc_, ó sea _Pola na Guisoc_, que es _Guisoc_, ó _Gijoc_, que significa encarnado. Se formó este pueblo, según el historiador Padre Huertas, de 5 rancherías de unas 100 personas cada una, con la singular circunstancia que los primeros que se bautizaron fueron 25 hombres en un mismo día, y todos ellos aparentaban tener de 60 años para arriba. Su fundación debió verificarse á últimos del año 1583 ó principios del 1584, porque en un antiguo manuscrito que se conserva en los archivos del convento de Franciscanos en Manila, consta que Palangui ya era pueblo en esta última fecha, siendo su fundador el Padre Baltasar de la Magdalena, fijándose primeramente en el sitio llamado _Binanuan_, de donde se trasladó al hermoso valle que hoy ocupa. Polangui, con sus 4 barrios, suma 8.490 almas, tributando 4.936 en 54 cabecerías. El número de casamientos, bautizos y defunciones está representado por 93, 374 y 210 respectivamente. Asistieron 120 niños de ambos sexos á las escuelas, de los que escasamente entienden el español media docena. Hay 2 europeos radicados y 26 chinos. Su criminalidad la representan 12 procesados. Los campos de Polangui son fertilísimos, siendo regados por 10 ríos sobre los que hay 17 puentes. Se cultiva no solo abacá, si que también arroz, calculándose en 20.000 cavanes su cosecha anual. A 6 km. de Polangui, encontramos el antiquísimo pueblo de Libón, último de la provincia de Albay entre esta y la de Camarines Sur. _Libon_ ó _Libong_, pues de ambos modos se pronuncia, significan el acto de _matar salteando. Libong_ es palabra anticuada, diciéndose hoy _Ribong_ que es _confusión intelectual, ó acto de engañar á uno en alguna cuenta_. Tomando en pasivo aquella palabra, significa _marearse_. Me inclino á creer que la etimología de _Libon_ hay que buscarla en la palabra bicol _Libtong_, que quiere decir _sitio profundo_. El pueblo que nos ocupa fué fundado por el valiente D. Juan de Salcedo á fines de 1573, siendo por lo tanto uno de los más antiguos de Filipinas. Hasta el año 1847, perteneció como todos los de la Iraya á Camarines Sur. En Libon hay una magnífica iglesia de ladrillo. La bóveda del presbiterio es del mismo material, y es asombroso el ver cómo ha resistido á tantos y tantos temblores de tierra como se han sucedido desde que fué edificada. Entre los objetos que posee esta iglesia, hay una campanita en la que se lee perfectamente el año 1600. El altar mayor, de tres cuerpos y de orden compuesto, es exactamente igual al de San Francisco de Manila. En el barrio de Pantao hubo un arsenal en el que hasta principios de este siglo se construyeron buenas y sólidas embarcaciones. El lugar que ocupó el astillero lo indican dos cañones de hierro de grueso calibre, que en otros tiempos resguardaron aquel puerto de las piraterías moriscas. El vecindario de Libon con sus barrios llega á 3.666 almas, tributando 1.882 en 21 cabecerías. Su estadística parroquial registra 29 casamientos, 156 bautizos y 75 inhumaciones. Europeo solo lo es el párroco, contándose en aquel vecindario dos chinos. De los 60 niños que asisten á las escuelas, no hay ninguno que conozca el español. No tuvo criminalidad. Los pueblos de Quipia, Donzol y Pilar, que están muy distantes de la carretera que hemos seguido, ya los encontraremos cuando hagamos la visita al partido de Sorsogon. De Libon regresamos á la cabecera. En el tiempo que estuve en Albay, tuve ocasión de apreciar en todas sus manifestaciones, lo que es la prestación personal, siendo mis observaciones objeto del siguiente capítulo. CAPÍTULO IX. Prestación personal. --¿Querías ver funcionar lo que se llama en presupuestos prestación personal? Pues héla ahí.--Esto me decía un amigo encontrándonos sobre el camino que dirige á Daraga en una hermosa tarde, señalándome una doble hilera de indios de poca edad la mayoría, que _parecía_ querían trabajar en el arreglo de un terraplén. Había unos 300 hombres, y entre ellos poquísimos tenían herramientas. --Y bien, si no me explicas lo que es la prestación personal, poco podré saber por lo que veo. --Puesto que no tenemos prisa y hay tiempo, sentémonos bajo un árbol y teórica y prácticamente podrás apreciar esa cuestión tan debatida en la prensa y en los proyectos, llamada prestación personal. Todo indio--dijo mi amigo encendiendo un cigarro,--tiene derechos y deberes con relación al Estado y á la provincia en que vive, estando entre los deberes el de trabajar cuarenta días [4] dentro del año, en la jurisdicción de su pueblo. De este trabajo están exceptuados los privilegiados por sangre, por inutilidad ó por edad. No habiendo ninguna de estas circunstancias, todo indio que cumple los 18 años debe trabajar hasta que llega á los 60, los cuarenta días en beneficio de la circunscripción del pueblo en que está avecindado. El indio pudiente que no quiere trabajar puede redimirse, y en este caso la ley le admite dicha exención mediante una cuota. La redención puede ser total ó parcial, la primera se adquiere pagando 3 pesos, al principio del año, llamándose esta contribución exención de polos. Veamos ahora la parcial, ó sea la redención por días llamada falla. [5] El cabeza de barangay una vez que hay dispuesto un trabajo, anuncia con tiempo á sus polistas el día que han de salir á hacerlo, y el que quiere redimirse de él da 12 cuartos y con ellos paga su jornal. --Pues no exigiéndose más de 12 cuartos y pagando, como en esta provincia paga, el particular á 40 ó más el jornal, desde luego se supone que todos los indios se rediman, bien por año ó bien por días,--objeté yo con la mayor candidez del mundo. --Pues ahí verás tú, sucede todo lo contrario, y cuesta un triunfo el poder llevar algunas fallas á las cajas de la provincia. La prestación personal es uno de los asuntos más dignos de estudio, y sin embargo, casi puedo asegurarte que es el que menos se ha profundizado. Se juega continuamente con una serie de palabras, cuyos significados constituyen los verdaderos ingresos de la colonia, y sin embargo no se llega á definirlas en la practica en su verdadero valor. Mucho se habla de economía política, de proteccionismo y de derechos y deberes; pero pocas, poquísimas veces, vemos que se aquilaten en lo que significan, en lo que son y en lo que pueden ser las palabras prestación personal, polos, fallas, comunidad y subsidio y tanorias y guardias, palabras en las que se juegan una porción de millones y en las que se encierran todas las obligaciones del indio en la esfera gubernativa, pues en la administrativa tiene otras que tienden de día en día á regularizarse. Un administrador de Hacienda sabe perfectamente cuánto debe ingresar un pueblo por concepto de tributo, lo mismo que el párroco conoce al centimaje la cantidad que á su iglesia corresponde por concepto de _santorum;_ en cambio, los cálculos en las oficinas de fondos locales jamás podrán ser ni aun aproximados en la cuestión de fallas mientras dure el actual sistema. No pudiendo fijarse cifras, dime si hay calculo posible, ni presupuesto aproximado, y dime asimismo si esta cuestión no merece la pena de que se estudie de una vez, se discuta, se analice y se vea la forma y manera de que obedezca á reglas y principios fijos. Ves esos individuos, ¿qué hacen? pasar el tiempo lo mejor posible. ¿Ves aquel que lleva una esportilla? ¿qué ha hecho en la media hora que llevamos aquí? casi nada. ¿Qué ha hecho aquel otro que tiene por toda herramienta de trabajo una caña afilada? remover dos puñados de tierra y levantar un poco de polvo. ¿En qué se han ocupado aquellos otros, que no tienen herramienta alguna? en extender con los pies un poco de arena. ¿Es esto trabajo, es esto beneficio? --Poco es en efecto--repliqué yo.--¿Pero á esa gente no se la vigila? ¿Por qué no se la reglamenta? --Tá, tá, tá,--dijo mi amigo,--y al vigilante, ¿qué le importa que trabajen ó no? ¿Es suyo el camino? No, ¿pues entonces? ¿Sientes á nuestra espalda el ruido de la cuchilla del beneficiador de abacá, ó sea el jornalero que paga el particular? Pues bien, á ese bracero nadie le ha preguntado quién es cuando llegó esta mañana á ese late, cogió una herramienta, cortó un pono, limpió sus hebras, las acumuló con las de otros y al caer el sol colgará de la romana el montón de blanco filamento, y ya sabe que si ha beneficiado una arroba, media es suya, recibiendo en el acto el precio de su trabajo. Por bajo que esté el valor del abacá, siempre puede ganar un bracero más de 30 cuartos. ¿Por qué, pues, esos 300 hombres no prefirieron esta mañana al amo que les da 30 ó más y sí al que solo les data 12? La contestación la tienes sobre el terreno. El obrero del Estado trabaja poco ó nada, el obrero del particular, por el contrario, trabaja mucho y duro. Hace falta, muchísima falta, escribir menos y observar en la práctica mucho más. --De modo que si tú algún día hablaras sobre este particular con el Ministro de Ultramar, por ejemplo, ¿qué le dirías? --Pues le diría lo siguiente. Las fallas, tal como hoy existen, perdieron toda su razón de ser en el mero hecho de que no responden á la idea del que las creó. Antiguamente todas las obras de las provincias las hacía el fraile ó el Alcalde con el trabajo personal, ó sea la antítesis de la falla; entonces se hacían obras que requerían trabajo duro, constante y pesado; antes la vigilancia podía hacerse porque se localizaba el trabajo en un punto dado al que podía llegar la inspección; antes un fraile decía á un Alcalde, ó un Alcalde á un fraile, vamos á hacer una iglesia, como San Agustín por ejemplo, ó un puente como el de la Perseverancia, pongo por caso, y tras aquellas palabras, ni más papeles ni más expediente, se abría á las pocas horas un cimiento por la piqueta de la prestación personal, cuya prestación personal no dejaba la obra hasta que fijaba en su punto mas culminante una sencilla cruz con el añejo «_Finís coronat opus_». El trabajo personal entonces era una verdad, se circunscribía al círculo de los muros de un convento ó al espacio que separan los estribos de un puente, y la prestación personal perfectamente vigilada sabía que desde formar el horno para hacer la cal hasta cepillar el último trozo de madera, todo lo había de hacer. Con esto, dicho se está, que fallaban cuantos querían los encargados de la obra. Faltaba dinero para el hierro, por ejemplo, pues se admitían fallas y se cubría en seguida la cantidad. ¿Pasa hoy esto? No, hoy la prestación personal está reducida á la recomposición de los caminos, á la construcción de escuelas y cuarteles, obras que necesariamente han de ser insignificantes, pues que son de materiales ligeros, y á la limpieza de las calles. Hoy para hacer una alcantarilla se necesita por lo menos un ingeniero, un teodolito, media docena de banderolas, unos cuantos metros de papel tela, un plano, un proyecto, un expediente y un estuche de matemáticas. Hoy, añadiría al señor Ministro de Ultramar, es preciso variar la forma de ser de la prestación personal, y para hacerlo y hacerlo con cordura es preciso oir antes no á los que la conocen en teoría, sino á los que han tenido necesidad de estudiarla y bregar con ella en la práctica en sus menores detalles. De cada una de las órdenes monásticas se podría designar por sus provinciales un individuo de los que siempre han ocupado curatos en provincias, pudiéndose nombrar por el Gobierno general cuatro Gobernadores de los de más antigüedad en el país, formada esta Junta se les pediría informe sobre el asunto y con este primer elemento se vendría á una buena reforma. Muchas más cosas le diría al señor Ministro de Ultramar sobre el particular, pero estas muchas cosas se las diría de silla á silla y como S.E. no puede hacerme el honor de dejarme acercar la mía á la suya por razón del charco [6] que las separa, de aquí el que renuncie á decir más por hoy. CAPÍTULO X. Legaspi.--Correrías moras.--El comisario Juan.--Un viejo uniforme y una alma grande.--Cuatrocientas orejas moras.--Estadística.--El Tribunal, la iglesia y la casa parroquial.--La imagen de San Rafael.--Un deportado de tiempo de Narvaez.--El literato Fernández.--Alguaciles y maitines.--Las leyendas del Capuntocan.--Teatro bicol. Legaspi es el primer pueblo que se encuentra en el partido de Tabaco. Ya hemos dicho que donde hoy se levanta aquel, existió la antigua cabecera de Albay, y que aún le llaman algunos naturales Albay viejo. El primitivo pueblo como todos los playeros de aquella provincia, fueron blanco en el siglo pasado y principios del presente, de las crueldades y correrías meras, en cuyas empresas vencedores unas veces ó vencidos otras, siempre dejaban á su paso huellas de sangre é incendio. Las piraterías moras no reconocían cuartel, salvándose únicamente el hombre fuerte que le conceptuaban útil para los duros trabajos del esclavo, ó la mujer joven y hermosa que pasaba á ser en las tolderías moriscas víctima del insaciable sensualismo de aquellas razas. La esclavitud, el deshonor y el incendio, eran las consecuencias á que se entregaba el vencido, de aquí el que las resistencias fuesen tan tenaces como el ataque. En el poético canal que se abre frente á Albay y que divide la isla de Bataan de la de Cagraray, achacoso y octogenario vive el célebre comisario Juan, héroe de una de las correrías moriscas. Marcialmente viste en las grandes solemnidades un viejísimo uniforme de sargento y periódicamente cobra una pequeña asignación en premio á sus servicios entre los que descuella el siguiente: Una mañana se encontraba el Gobernador de Albay en su despacho, cuando se le anunció que un indio mal herido y cubierto de sangre deseaba hablarle. Recibido el permiso se presentó el hoy comisario Juan, y con el laconismo, indiferencia y poco valor que le dan los indios á los actos y acciones de la vida, le dijo al Gobernador al par que abría un tosco saco:--«Señor; anoche asaltaron los moros el pueblo; á todos los cogimos, y como eran muchos, y las cabezas seguro no habría podido traer; aquí en este saco hay más de cuatrocientas orejas moras;»--y esto dicho, las presentó ensartadas en una larga cuerda de abacá. El valor del indio Juan fué recompensado con el título de comisario, uso de uniforme de sargento y pequeña pensión. El pueblo de Legaspi recibió en 1856 ese nombre en honor del célebre navegante. Legaspi, con los barrios que de él dependen cuenta con una población de 6.411 almas. Tiene 1.587 tributos, distribuidos en 34 cabecerías. Se inscribieron 35 casamientos, 284 bautizos y 184 defunciones. Hay radicados 8 europeos y 13 chinos, asintiendo, por término medio á las escuelas de 120 á 130 niños y otras tantas niñas, siendo 8 y 6 respectivamente los que hablan imperfectamente el español. A la estadística criminal dió 8 individuos. Los grandes acopidores de abacá poseen al pie de los almacenes que hay en Legaspi, sólidos pantalanes de madera que les facilita las faenas de carga y descarga. Este puerto es sin disputa el más importante de la provincia de Albay, sosteniendo un constante movimiento con el arroz que importa, y la gran masa de abacá que exporta, dándole algunos días extremada animación las operaciones del puerto, el prensaje y enfardamiento del abacá en los extensos almacenes. Fuera de la vida comercial poco notable tiene Legaspi de que podamos ocuparnos. El Tribunal, la iglesia y la casa parroquial son pobrísimas, sin razón de ser que justifique semejante pobreza, puesto que su municipio lo forman no pocos mestizos ricos; y en cuanto á la iglesia, baste decir que en ella se venera una célebre imagen de San Rafael, que viene á representar no solo para la provincia de Albay, si que también para otras de Luzón y aun de Visayas, lo que la Virgen de la Paloma es para los madrileños ó la de Antipolo para los manileños. Las deportaciones de Narvaez, llevaron bastantes individuos á la provincia de Albay, en donde la mayoría de ellos se casaron y no pocos hicieron su fortuna. En Legaspi, vive un antiguo deportado maestro constructor de coches, que en sus ratos de ocio se dedica á la literatura. Jamás hemos podido amalgamar la pueril inocencia, hábitos pacíficos y bonachón carácter de aquel deportado, con los antitéticos que debían delatar al conspirador; y en efecto, esta es la bendita hora (y cuidado que han pasado unas pocas), que no ha podido averiguar el bueno de Fernández el por qué una noche que se retiraba á su c