The Project Gutenberg EBook of El Diablo Cojuelo, by Luis Velez de Guevara This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at www.gutenberg.net Title: El Diablo Cojuelo Author: Luis Velez de Guevara Release Date: May 27, 2004 [EBook #12457] Language: Spanish Character set encoding: ASCII *** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL DIABLO COJUELO *** Produced by Stan Goodman, DP Spanish Team, Virginia Paque and the Online Distributed Proofreading Team. EL DIABLO COJUELO Luis Velez de Guevara CLASICOS CASTELLANOS EL DIABLO COJUELO Luis Velez de Guevara PROLOGO Y NOTAS DE FRANCISCO RODRIGUEZ MARIN 1922 A LA GRATA MEMORIA DEL INGENIOSISIMO ESCRITOR HISPALENSE DON FELIPE PEREZ Y GONZALEZ, MI LEAL AMIGO DESDE LOS TAN REGOCIJADOS COMO FUGACES ANOS DE LA MOCEDAD. _FRANCISCO RODRIGUEZ MARIN_ PROLOGO Luis Velez de Guevara--como dije en otra ocasion[1]--fue tan pobre, que bien puede dudarse si en algun tiempo de su vida llego a tener dos trajes en mediano uso; pero, en cambio, a los doscientos y mas anos de su muerte tiene dos biografias diversas: la que le inventaron algunos escritores, que es la mas conocida[2], y la que despacio y a retazuelos, como de limosna, pero solidamente, le vamos escribiendo algunos investigadores de nuestra historia literaria[3]. Segun la primera de entrambas biografias, Velez nacio en Ecija por enero de 1570, estudio Leyes en la Universidad de Sevilla y vino a ejercer su profesion a la Corte, en donde muy luego gano estimacion y fama por su sagacidad, gracejo y elocuencia. Defendiendo a cierto criminal capto a los jueces con su donaire; pero como el fiscal apelase de la benigna sentencia dictada, el reo fue condenado a muerte, y Luis Velez a pagar una multa. Tuvo noticia de ello el Rey, y cuando converso con el festivo abogado prendose tanto de el, que no solo le perdono la multa, y la vida al delincuente, sino que, ademas, ya no pudo pasar sin el trato de Velez de Guevara, a quien protegio sobremanera. Esto fue lo que suele llamarse hablar de memoria, porque en todo el relato no hay otra cosa verdadera que lo de ser Ecija la patria del escritor. Y lo realmente sucedido y cierto es, en este caso como en otros muchos, menos bello y agradable que la mentira. Veamoslo. Luis Velez de Guevara nacio en Ecija, a fines de julio de 1579, de padres hidalgos, pero pobres[4]: sabido es que la hidalguia y la pobreza casi siempre anduvieron juntas[5]. Estudio la Gramatica en su ciudad natal, y por julio de 1596 se graduo de bachiller en Artes en la Universidad de Osuna, eximiendose por pobre de pagar los derechos academicos[6]. Seguidamente entro a servir como paje a don Rodrigo de Castro, cardenal arzobispo de Sevilla, a quien acompano en el viaje que hizo a Madrid y a Valencia para asistir en las bodas de Felipe III y dona Margarita de Austria, de las cuales y de sus esplendorosas fiestas trato el poeta adolescente en un poemita que hizo imprimir en Sevilla, a su regreso[7]. Murio el Cardenal en septiembre de 1600; pero a esta sazon no perduraba Velez en su palacio, pues, ya harto talludo para paje, dos meses antes habia dejado su empleo, a fin de abrazar la profesion de las armas. El, en un memorial dirigido al Rey, dijo haber permanecido seis anos en la milicia[8]; pero que exagero en cuanto a la duracion de su vida soldadesca demuestrase con otras palabras suyas, porque el mismo, muchos anos antes, habia declarado que en el estio de 1603 estaba en Valladolid, y en tal declaracion, prestada en Sevilla a 26 de mayo de 1604 e inedita hasta ahora, llamabase nuestro poeta, sin mencionar para cosa alguna la cualidad de soldado, "vecino al presente en esta ciudad, en la collacion de Santa Marina"[9]. Ya apellidandose Velez de Guevara, en lugar de Velez de Santander, como se habia llamado hasta poco antes[10], escribio y publico en 1608 un nuevo opusculo poetico intitulado _Elogio del Ivramento del serenissimo Principe don Felipe Domingo, Quarto deste nombre_, y en la portada de esta obrita se decia criado del Conde de Saldana. Habia entrado, en efecto, a su servicio como gentilhombre antes o poco despues de enviudar de su primer matrimonio: del primero de los cuatro con que probo su grande aficion a este santo sacramento[11]. Para sus nuevas nupcias con dona Ursula Ramisi Bravo de Laguna[12], el mencionado Conde le hizo donacion de cuatrocientos ducados, amen de senalarle una pension anual vitalicia de otros doscientos; pero estas larguezas de los grandes de antano eran comunmente mas nominales que efectivas, porque a la hora de cobrar--tan endeudados andaban de ordinario--solian desvanecerse como el humo. Y en 1618, fallecida su segunda mujer, que le dejo, amen de algun otro hijo, a Juan, sucesor de su padre en la profesion y en el ingenio[13], nuestro escritor contrajo nuevo matrimonio, que la muerte habia de romper antes que pasaran dos anos, con dona Ana Maria del Valle[14]; y dejando la casa del conde de Saldana, paso a la del marques de Penafiel, manirroto primogenito del gran duque de Osuna, a cuyo servicio estuvo, asimismo como gentilhombre, cerca de un bienio[15]. Los continuos apuros, la perdurable indigencia y la negra fortuna de Luis Velez de Guevara en los anos de 1622 y siguientes estan pintados de mano maestra por el mismo en cinco memoriales en verso que salieron a luz pocos anos ha[16]. Ora pretende un humilde puesto en la servidumbre del cardenal e infante don Fernando; ora, ya frustrado este proposito, logra en 1623 la efimera porteria de camara del Principe de Gales, nuestro huesped; ya, en 1624, obtiene, despues de grande esfuerzo, la tambien harto breve mayordomia del archiduque Carlos, muerto aun no transcurrido un mes desde su llegada a Madrid, y mas adelante solicita infructuosamente del Rey, alegando sus meritos y servicios y la nobleza de su linaje, una plaza de ayuda de su guardarropa. Al cabo, este hombre celebrado y aplaudido de todos por sus excelentes comedias, a la par que por su deliciosa y amenisima conversacion, aludiendo a la cual habia escrito Cervantes: "Tope a Luis Velez, _honra y alegria y discrecion del trato cortesano_, y abracele en la calle a medio dia", consiguio en 1625 entrar definitivamente en la servidumbre de Palacio, ocupando una plaza de ujier de camara de Su Majestad. Pero esto, que parecia algo, era muy poco, salvo en lo honorifico, pues no tuvo senalada racion, y hasta el ano de 1635, en que el infortunado poeta entro en gajes[17], siguio condenado a vivir de lo poco que entonces producian las obras dramaticas[18] y de lo que pedia a sus amigos; tanto fue asi, que se hicieron proverbiales su extremada pobreza y sus donosas esquelas petitorias, casi siempre en verso.[19] Como si compartiendo la escasez de recursos se cupiese a menos porcion de ella, Velez se caso aun por cuarta vez, en 1626, con una viuda llamada dona Maria Lopez de Palacios,[20] bien que esta aporto a su nuevo enlace algunos bienes; mas pronto fueron vendidos, y juntos y procreando y criando algunos hijos, vivieron entrambos conyuges en cristiana estrecheza, hasta el dia 9 de noviembre de 1644, en que fallecio el donairoso autor de tantos primores literarios[21]. Su testamento, otorgado cuatro dias antes, contiene una larga lista de pequenas deudas. Al comienzo de este documento consigno: "Iten, declaro que por el presente estoy muy alcancado y necesitado de hacienda, para poder disponer y dejar las misas que yo quisiera por mi alma".[22] Velez de Guevara fue celebradisimo de sus contemporaneos, asi por la amenidad de su trato, que le ganaba amigos en todas partes, como por su facundia poetica y su florido e inagotable ingenio. Claramente llamabale en 1613, en el _Inquiridion_ que va al fin de su _Letania moral_, "floridissimo ingenio de Ezija, de quien esperamos grandes escritos y trabajos, y a hecho hasta oy muchas famosas comedias". Cervantes no le elogio menos en estos dos tercetos del cap. II de su _Viage del Parnaso_ (1614): "Este que es escogido entre millares, de Gueuara Luys Velez es el brauo, que se puede llamar quita pesares. Es Poeta Gigante, en quien alauo el verso numeroso, el peregrino ingenio, si vn Gnaton nos pinta, o vn Dauo." Lope de Vega le ensalzo dos veces, en sendas epistolas de _La Filomena, con otras diversas Rimas, Prosas y Versos_ (1621): "Aqui de Valdivielso el santo empleo, De Luis Velez, florido y elocuente, La lira que ya fue del dulce Orfeo." "...Y el famoso Luis Velez, que tenia En extasis las Musas, que a sus labios Iban por dulce nectar y ambrosia." Y aun volvio a loarle en la silva II de su _Laurel de Apolo_, publicado en 1630: "Ni en Ecija dejara el florido Luis Velez de Guevara de ser su nuevo Apolo, que pudo darle solo, y solo en sus escritos, con flores de conceptos infinitos, lo que los tres que faltan: asi sus versos de oro con blando estilo la materia esmaltan." ?Para que seguir transcribiendo frases laudatorias? Baste recordar muy resumidamente que Tamayo de Vargas (1622) pondero su donaire; y don Fernando de Vera y Mendoza (1627) le llamo "el Rey de Romanos"; y Perez de Montalvan (1632) encarecio los "pensamientos sutiles, arrojamientos poeticos y versos excelentisimos y bizarros" de sus comedias; y Salas Barbadillo (1635) afirmo que "en el Parnaso no se conocen otras salinas sino las de su felicissimo ingenio".... El insigne poeta ecijano, hoy mas famoso por su novela intitulada _El Diablo Cojuelo_, aun muy leida, que por sus obras teatrales, desterradas, como todas las antiguas, de la escena actual, principalmente por falta de buenos comicos y consiguiente carencia de buenas companias, escribio mas de cuatrocientas comedias, de las cuales ha llegado hasta nosotros un centenar escaso. Por estas se le puede diputar, si no como autor de senaladisima personalidad literaria, a lo menos, como uno de los mas aventajados discipulos de Lope de Vega, cuyas huellas siguio tan constante y acertadamente, que a las veces se hace harto dificil diferenciarlos. Tal sucede, verbigracia, con la comedia intitulada _Los Novios de Hornachuelos_, que pasa comunmente por obra de Lope; pero hay alguna indicacion antigua que la atribuye a Velez de Guevara, y, leida y estudiada, quedase perplejo el entendimiento mas avisado, sin resolverse a adjudicarla con cabal certeza a ninguno de entrambos ingenios. La misma grande semejanza con las de Lope se echa de ver en todas las comedias del poeta ecijano: las fuentes, unas; iguales los procedimientos; igualmente rica la diccion; analogo el nervio en lo dramatico; parecidisimas las gracias en lo festivo, e identica en ambos la propension a avalorar lo propio entreverandolo con todos los elementos del _folklore_ nacional; aqui, con la conseja vulgar y la tradicion legendaria; alla, con el refran habilmente desleido y glosado en cuatro o seis versos; aculla, con la vieja cancioncilla historica, que siempre, por lo grata, parece nueva a los oidos espanoles; y en otro lado, en fin, con el sabroso cuentecillo popular, picante sin demasia. De _El Diablo Cojuelo_, unica de las obras de Velez que ha conservado para su nombre alguna parte de la amplia popularidad que disfruto en vida, se han hecho en nuestros dias, amen de tal cual edicion corriente, dos eruditas y anotadas. Ambas se deben a la vasta cultura y harto probada laboriosidad de don Adolfo Bonilla y San Martin, ventajosamente conocido en el campo literario y en el filosofico. Enderezando un antiguo entuerto que se habia hecho a Velez de Guevara con interpretarle desaforadamente[23], publico la primera de estas dos ediciones (Vigo, 1902); pero como mi antiguo camarada y docto amigo don Felipe Perez y Gonzalez, cuyo felicisimo ingenio estaba emparentado muy de cerca, a pesar de los siglos que se habian puesto en medio, con el del donairoso ecijano, juntase burla burlando, articulo por articulo, en _La Ilustracion Espanola y Americana_, para formar un libro muy interesante y ameno, que saco a luz en 1903 bajo el titulo de _El Diablo Cojuelo: notas y comentarios_, libro en el cual patentizo algunos errores de las notas del senor Bonilla, este, en 1910, ano en que tras cruelisima enfermedad paso a mejor vida su festivo, pero amable corrector--que no sin fundamento habia usado en su mocedad el seudonimo de _Urbano Cortes_--, dio a la estampa en Madrid una nueva edicion de la obrita de Velez, mejoradas las notas y reconocido con nobleza el valioso auxilio que para ello le habia prestado el tan culto como donairoso escritor hispalense[24]. Pero, aun asi, _El Diablo Cojuelo_ ?se habia hecho del todo accesible a la inteligencia de los lectores medianamente ilustrados de nuestros dias? Aun rectificadas en su segunda edicion, ?bastan las notas del senor Bonilla para ahorrar tropiezos, en muchos lugares de la novela, hasta a los lectores mas avisados e instruidos? A estas preguntas, que algunos aficionados a las letras nos haciamos, respondio, como si estuviera en nuestro pensamiento, don Enrique Nercasseau y Moran, en su discurso de recepcion leido ante la Academia Chilena, correspondiente de la Espanola, el dia 21 de noviembre de 1915[25]: "La novela toda de Velez de Guevara--dijo--es una satira cortes de la sociedad de su tiempo, felicisima en la mayor parte de sus cuadros, y no afeada por la licencia y crudeza tan comunes en las novelas de la epoca. _El Diablo Cojuelo_ seria una narracion clasica de primer orden, y aun leible hoy dia, si no la deslustrara el conceptismo, y si no se hallara sobreabundante en equivocos y frases convencionales de dificil o imposible comprension en nuestra era. Aun despues del trabajo llevado a cabo por don Adolfo Bonilla y San Martin en su edicion de Madrid de 1910, la novela de Velez de Guevara queda aguardando un comentario que la explique y la ponga al alcance general." Ese comentario que el senor Nercasseau echaba de menos es el que, con temeridad que no puede buscar disculpa en la inexperiencia de los pocos anos, he intentado en la presente edicion. ?Habre conseguido darle cima? Nuestro senor el publico lo dira: a su inapelable fallo me someto gustoso. En las aprobaciones insertas en la edicion principe de _El Diablo Cojuelo_ elogiaron esta novela fray Diego Niseno, padre basilio, y fray Juan Ponce de Leon, de la orden de los Minimos. En sentir del primero, la obrita contiene "muchas cosas de mucha moralidad y ensenanca, escritas con la sazon y variedad que de tal ingenio se podian esperar. Merece--anadio--la licencia que pide, porque este linage de escritos es dificil de enquadernar con lo honesto y recatado de nuestras christianas leyes, y Luis Velez ha sido en este gloriosa excepcion desta vniuersal dolencia." Mas extremado es el parecer del segundo, que encarece el sazonado gusto de Velez, "por auer puesto la naturaleza en su ingenio la elegancia del estilo, la suabidad del dezir, la aduertencia en el colocar, la atenta circunspeccion en las palabras, y todo con tal modo, que dexa suspensa la razon sobre a qual de estas partes se deba con mas justificacion la primacia: en todo este discurso se corre la cortina a los conocidos enganos deste mundo, de modo que, para penetrarlos con sutileza, no necesita nuestra Nacion de salir de sus estendidos limites, pues dentro de si cria sugetos que, aun en suenos y burlas, la dexan superiormente ilustrada". Diametralmente opuesta a estas opiniones fue la de Francisco Santos, pues dijo en _El Arca de Noe y Campana de Belilla_[26]: "Toco la Campana y desaparecieron todos los Autores de viejo, siguiendolos vno que avia venido tarde, y tambien llevava vn libro en las manos, que preguntando a Noe quien era, me dixo: el libro se intitula el Diablo Cojuelo, Aventuras de Don Cleofas Leandro Perez Zambullo, digno de que le consumiera vn Polvorista: esta sin ensenanca buena, ni moralidad, y esto, sobre acabar como la nieve...." "Ni tanto, ni tan poco", podria haberse dicho a los tres censores, porque, en realidad de verdad, la novelita de Velez de Guevara, que se muestra en ella como un buen discipulo de Quevedo, de cuyas obras comicas y satiricas tiene reminiscencias muy frecuentes, sin ser una maravilla, es de agradable lectura, y mas lo fuera sin la pesada y adulatoria enumeracion de todo aquel inacabable senorio que el autor, en el tranco VIII, hace pasar por el espejo de Rufina Maria, dispuesto _ad hoc_ por el redomado desenredomado. En la vision, que pudieramos llamar cinematografica, de los diez trancos o capitulos en que esta dividido _El Diablo Cojuelo_, cada uno sabe a cosa diferente de los demas: son cuadros distintos e independientes entre si, que no tienen de comun sino la intervencion, o la presencia cuando menos, de los dos heroes de la novela. El tranco II, verbigracia, en que entrambos, desde el capitel de la torre de San Salvador, descubierta "la carne del pastelon de Madrid", otean despues de la media noche cuanto sucede en la coronada villa, trae a la memoria, por la traza y manera, como indique en las notas de mi edicion critica del _Quijote_[27], aquella inspeccion que desde la torre de la Giralda de Sevilla, y acompanado asimismo de un _cicerone_, el maestro Desengano, habia hecho Rodrigo Fernandez de Ribera, autor de _Los Antoios de meior vista_[28]. El desaforado poeta del tranco IV es pariente propincuo de otros dos muy conocidos en nuestra literatura: el del _Coloquio de los Perros_, de Cervantes, y el de la _Vida del Buscon,_ de Quevedo. A hacer entretenida y agradable la lectura de _El Diablo Cojuelo_ contribuyen con lo ingenioso de la invencion la interesante variedad de las escenas, la soltura y viveza del dialogo, y, especialmente, el chispeante gracejo de Velez de Guevara. En cambio, la elocucion suele ser descuidadilla, entre otras cosas, por la excesiva abundancia de gerundios. Del Diablo Cojuelo, entremetido espiritu infernal que da nombre y ser a la novela, trato el senor Bonilla en una breve nota. Mucho mas merecia el que "trujo al mundo la zarabanda, el deligo y la chacona", y yo he de volver hoy por su negra honrilla, recordando la mucha familiaridad que nosotros los espanoles hemos tenido con el. Hayase de llamar Renfas, o Asmodeo, o de otro cualquier modo, es lo cierto que este travieso diablillo, con parecer de menor cuantia y ser cojo por anadidura, tomo entre nosotros tal importancia, que nada malo se pudo hacer sin el. "_El Diablillo Cojo_ sabe mas que el otro", enseno el refran, y cuando en el calor de la ira se dijo a alguno que le llevase el diablo, no falto quien, rectificando festivamente, respondiera: "_El Diablo Cojuelo_, que es mas ligero". En las formulas supersticiosas llevabanle y traianle como un zarandillo nuestras hechiceras de los siglos XVI y XVII, para que les llevase y trajese sus galanes y paniaguados, y le daban prisa, y le adulaban celebrando su ligereza. Veanse algunos ejemplos. Dona Antonia Mexia declaro, entre otras cosas, en un proceso que se le siguio por los anos de 1633[29]: "Que habra seis anos que la dicha Beatriz dixo a esta que tomase un pedernal y le pusiese la mano encima y dixese: Estos cinco dedos pongo en este muro; cinco demonios conjuro: a Barrabas, a Satanas, a Lucifer, a Bercebu, _al Diablo Cojuelo, que es buen mensajero_, que me traigan a fulano luego a mi querer y a mi mandar." Y asi, en 1668, Agueda Rodriguez, vecina de Madridejos, tambien procesada por hechiceria[30]: "..._Diablo Cojuelo, traemele luego_; diablo del pozo, traemele, que no es casado; que es mozo; diablo de la Quinteria, traemele en la feria; diablo de la plaza, traemele en danza...." Teniase al Diablo Cojuelo, como dice el refran, por el mas listo de todos: Esperanza Bonfilla, procesada por la Inquisicion de Valencia en 1600, hizo que cierta mujer, para atraer a un hombre, "hiciese vn conjuro en la forma siguiente: tomando vna escoba, la puso vna toca como muger, y encendida vna bela que no fuese bendita, se arrodillo delante de la escoba, y sin hacer cruz, juntas las manos, dixo: Marta, Martica, no la santa ni la digna, ni la digna de rogar, ni la que esta en el altar, sino la que de noche andas por las beredas y los dias por las encrebelladas, yo te conjuro con Satanas y con Barrabas, con Bercebu y todos los diablos, _y con el diablo coxo, que corre mas que todos_, que todos vais a fulano y le deis tiempo para vestirse y le traigais por puntos ante mi y mis ojos, sin hacerle mal"[31]. Corria mas, y tenia mas poder que sus iguales y superiores, o no supo lo que se pescaba Isabel del Pozo al hacer sus conjuros, ni Maria Castellanos cuando lo declaro ante la Inquisicion de Toledo en 1631[32], pues decia: "... que tomo en las manos dicha Isabel del Poco un poco de sal de sardinas y cilantro, lo qual mezclo todo y lo echaba de una mano en otra diciendo: Conjurote, sal y cilantro, con Barrabas, _con el Diablo cojuelo, que puede mas._ No te conjuro por sal y cilantro, sino por el corazon de fulano; y echando la sal y cilantro en la lumbre, proseguia diciendo: Asi como te has de quemar, se queme el corazon de fulano, y aqui me le traygas, y conjurote por la reina Sardineta, y con la tataranieta, y con los navegantes que navegan por la mar." Pero la cualidad de diablo bullidor y zaragatero, aficionado a bailes y holgorios y a meter en danza a los mortales, haciendoles ganar el infierno alegremente, de ningun texto inquisitorial resulta tan clara como de la manifestacion de otra hechicera de Madridejos, llamada Mari Fernandez, que, procesada en 1532, al ser interrogada, trajo a colacion, como vamos a ver, un estragado fragmento de cierto curiosisimo romance, desconocido hoy[33]: "Preguntada sy ha dicho esta declarante a alguna persona como avia hecho cerco con ynvocacion de diablos, que eran berzebu y satanas _y el diablo coxuelo_, diziendo esta declarante que sin _el diablo coxuelo_ no se podia hazer aquel cerco, y que en aquel cerco que hizo avia esta declarante visto lo quel diablo queria hazer contra cierta persona, que diga lo que cerca desto ha dicho e fecho, dixo que ella suele cantar vn Romance que dize: A caca yba bienhecho por Riberas de la mar, no por mengua de vjno ni menos mengua de pan; por miedo del Rey Ramjro que lo querja matar. Ellos en aquesto estando enbjaronle a llamar. Vamonos, dixo, amigo, vamonos, dixo, a cenar; de que ovjeremos cenado dios dixo lo que sera; desque ovjeron cenado tomo libros en sus manos y comenco de Rezar; a los pecados mayores enpecolos de llamar: ?Que es de ti, berzebu, que es de ti, barravas, _que es de ti, diablo coxuelo, que eras tu el juglar_?..." Tanto don Adolfo Bonilla como don Felipe Perez indagaron con prolijidad cuando hubo de escribir su obrita Velez de Guevara, y si la escribio seguidamente, o a trozos y aun con largos intervalos entre unos y otros capitulos. Convienen ambos investigadores en esta ultima creencia, pero no en lo demas; porque si en opinion de Perez y Gonzalez la novela fue escrita despues de febrero de 1636 y antes de mayo de 1639, a juicio de Bonilla, Velez empezo a escribirla despues de febrero de 1637 y la termino hacia julio de 1640[34]. No creo que el poner en claro este punto, siendo corto, como lo es, dentro de la ordinaria duracion de la vida humana, el tiempo comprendido entre unas fechas y otras, merezca el improbo trabajo que echaron sobre si estos denodados eruditos[35]. Unas advertencias, para terminar. "Velez de Guevara, como Quevedo--noto el senor Bonilla--, es un escolastico del idioma. No hay que perder una sola de sus palabras, no hay que confiar en el valor directo de cualquiera de sus frases, porque lo mejor del cuento pasaria quizas inadvertido. Es preciso estar siempre ojo avizor para saborear como es debido aquellas atrevidas metaforas, aquellas extravagantes relaciones, aquellos estupendos equivocos, aquellas arbitrarias licencias en que se complace. Esta indispensable atencion fatiga en ocasiones; pero hace sacar doble fruto de la lectura de un libro cuyo atractivo consiste, mas bien que en el interes de los lances, en la ingeniosidad de los pensamientos. Solo el muy familiarizado con los secretos del habla podra darse cabal cuenta de las bellezas de una obra semejante." Exactisimo todo ello, y porque lo es y a los mas de los lectores falta esa extremada familiaridad a que se refiere el senor Bonilla, no podian buenamente pasar sin nota muchas de las frases que no la tienen en sus ediciones. Ciento treinta y cinco que estan en este caso senale de primera intencion cuando, leido el sobredicho discurso del senor Nercasseau y Moran, me senti deseoso de preparar, para la simpatica coleccion de "Clasicos Castellanos", esta humilde edicioncita de _El Diablo Cojuelo._ Como el senor Bonilla, "procuro pecar antes por carta de mas que por carta de menos, por lo cual a veces he explicado palabras y giros que podran parecer a los eruditos de muy llana inteligencia. Tengase en cuenta, sin embargo--anado con el--, que me dirijo a la generalidad y que mi proposito es facilitar la comprension del libro de Velez de Guevara a todo genero de lectores." Con mayor motivo habia yo de hacer lo propio en una edicion vulgarizadora, como es la presente. Pero aun asi, he huido con mucho cuidado de escribir notas por las cuales se me pudiese encasillar junto a Lucas de Valdes y Toro, aquel empecatado cirujano cordobes que en 1630 dio a la estampa un opusculo perogrullesco intitulado asi: _Tratado en que se prueba que la nieve es fria y humeda[36]_. No obstantes mi buena voluntad y la diligencia con que procure evitarlo, se me han quedado por entender algunas frases del texto. Hay quien, puesto a anotar uno cualquiera, explica lo que buenamente se le alcanza, y en cuanto a lo que no, hace, como dicen, la vista gorda y pasa de largo sin decir palabra, dando a colegir con su silencio que aquello que no explico no lo ha menester, por ser cosa llanisima. Jamas cometi esa reprobable fulleria: antes por el contrario, en casos tales confieso paladinamente que aquel lugar merece y pide explicacion, y que, por malos de mis pecados, yo no acerte a darsela[37]. Por ultimo, aunque en esta edicion sigo el texto de la original de Velez de Guevara (Madrid, Imprenta del Reyno, 1641), no la he copiado tan fielmente, tan servilmente, que reproduzca su endiablada ortografia, digo, la de los barbaros cajistas que compusieron los moldes. "Para regalar a los lectores--escribi trece anos ha[38]--con bocados como _abaricia_, _hajo, coetes, hizquierda, voca, vobos, obtica, valbucientes, abitos, hancas y hacechar_, como lo hizo el senor Bonilla reproduciendo la edicion principe de _El Diablo Cojuelo_, siempre hay tiempo, o, dicho mejor, no debe haberlo nunca. Ya no es poco _hacer morder el ajo_ a uno; pero hacerle morder el _hajo_ es crueldad doblada, porque pica aun mas la _hache_ que el _ajo_ mismo." Y con esto, lector amable, quedate a Dios, y perdoname si te cause enfado o tedio con la lectura de mi prologo. FRANCISCO RODRIGUEZ MARIN. _Madrid, 2 de junio de 1918_. EL DIABLO COJUELO [AL EXCMO. SR. D. RODRIGO DE SANDOVAL, DE SILVA, DE MENDOZA Y DE LA CERDA, PRINCIPE DE MELITO, DUQUE DE PASTRANA, DE ESTREMERA Y FRANCAVILA, ETC.] Excelentisimo senor: La generosa condicion de V.E., patria general de los ingenios, donde todos hallan seguro asilo, ha solicitado mi desconfianza para rescatar del olvido de una naveta[39], en que estaba entre otros borradores mios, este volumen que llamo _El Diablo Cojuelo_, escrito con particular capricho, porque al amparo de tan gran Mecenas salga menos cobarde a dar noticia de las ignorancias del dueno. A cuya sombra excelentisima la invidia me mirara ociosa, la emulacion muda, y desairada la competencia; que con estas seguridades no naufragara esta novela y podra andar con su cara descubierta por el mundo. Guarde Dios a V.E., como sus criados deseamos y hemos menester. Criado de V.E., que sus pies besa, LUIS VELEZ DE GUEVARA. PROLOGO A LOS MOSQUETEROS[40] DE LA COMEDIA DE MADRID. Gracias a Dios, mosqueteros mios, o vuestros, jueces de los aplausos comicos por la costumbre y mal abuso, que una vez tomare la pluma sin el miedo de vuestros silbos, pues este discurso del Diablo Cojuelo nace a luz concebido sin teatro original fuera de vuestra juridicion; que aun del riesgo de la censura del leello esta privilegiado por vuestra naturaleza, pues casi ninguno de vosotros sabe deletrear; que nacistes para numero de los demas, y para pescados de los estanques[41][42], de los corrales[43], esperando, las bocas abiertas[44], el golpe del concepto por el oido y por la manotada del comico, y no por el ingenio. Alla os lo habed con vosotros mismos, que sois corchetes[45] de la Fortuna, dando las mas veces premio a lo que aun no merece oidos, y abatis lo que merece estar sobre las estrellas; pero no se me da de vosotros dos caracoles: hagame Dios bien con mi prosa[46], entretanto que otros fluctuan por las maretas[47] de vuestros aplausos, de quien nos libre Dios por su infinita misericordia, Amen, Jesus. CARTA DE RECOMENDACION AL CANDIDO[48] O MORENO LECTOR. Lector amigo: yo he escrito este discurso, que no me he atrevido a llamarle libro, pasandome de la jineta de los consonantes[49] a la brida de la prosa, en las vacantes que me han dado las despensas[50] de mi familia y los autores de las comedias por su Majestad[51]; y como es _El Diablo Cojuelo_, no lo reparto en capitulos, sino en trancos[52]. Suplicote que los des en su leyenda[53], porque tendras menos que censurarme, y yo que agradecerte[54]. Y, por no ser para mas[55] ceso, y no de rogar a Dios que me conserve en tu gracia. De Madrid, a los que fueren entonces del mes y del ano, y tal y tal y tal[56]. EL AUTOR Y EL TEXTO. DE DON JUAN VELEZ DE GUEVARA A SU PADRE. SONETO[57] Luz en quien se encendio la vital mia, De cuya llama soy originado, Bien que la vida solo te he imitado, Que el alma fuera en mi vana porfia, Si eres el sol de nuestra Poeesia, Viva mas que el tu aplauso eternizado, Y pues un vivir solo es limitado, No te estreches al termino de un dia. Hoy junta en el deleite la ensenanza Tu ingenio, a quien el tiempo no consuma, Pues tambien viene a ser aplauso suyo. Y sufra la modestia esta alabanza A quien, por parecer mas hijo tuyo Quisiera ser un rasgo de tu pluma. TRANCO PRIMERO Daban en Madrid, por los fines de julio, las once de la noche en punto, hora menguada para las calles[58], y, por faltar la luna, juridicion y termino redondo de todo requiebro lechuzo y patarata de la muerte. El Prado boqueaba coches[59] en la ultima jornada de su paseo, y en los banos de Manzanares los Adanes y las Evas de la Corte, fregados mas de la arena que limpios del agua[60], decian el _Ite, rio[61]_ _es[62]_, cuando don Cleofas Leandro Perez Zambullo, hidalgo a cuatro vientos[63], caballero huracan y encrucijada de apellidos[64], galan de noviciado y estudiante de profesion, con un broquel y una espada, aprendia a gato por el caballete de un tejado, huyendo de la justicia, que le venia a los alcances[65] por un estrupo[66] que no lo habia comido ni bebido[67], que en el pleito de acreedores de una doncella al uso estaba graduado en el lugar veintidoseno[68], pretendiendo que el pobre licenciado escotase solo lo que tantos habian merendado[69]; y como solicitaba escaparse del "para en uno son[70]" (sentencia difinitiva del cura de la parroquia y auto que no lo revoca si no es el vicario Responso[71], juez de la otra vida), no dificulto arrojarse desde el ala del susodicho tejado, como si las tuviera, a la buarda[72] de otro que estaba confinante, nordesteado de una luz que por ella escasamente se brujuleaba, estrella de la tormenta que corria, en cuyo desvan puso los pies y la boca[73] a un mismo tiempo, saludandolo como a puerto de tales naufragios, y dejando burlados los ministros del agarro[74] y los honrados pensamientos de mi senora dona Tomasa de Bitigudino[75], doncella chanflona[76] que se pasaba de noche como cuarto falso, que, para que surtiese efecto su bellaqueria, habia cometido otro estelionato mas con el capitan de los jinetes a gatas que corrian las costas[77] de aquellos tejados en su demanda, y volvian corridos de que se les hubiese escapado aquel bajel de capa y espada[78] que llevaba cautiva la honra de aquella senora mohatrera de doncellazgos[79], que juraba entre si tomar satisfaccion deste desaire en otro inocente, chapeton[80] de embustes doncelliles, fiada en una madre que ella llamaba _tia,_ liga donde habia caido tanto pajaro forastero. A estas horas, el Estudiante, no creyendo su buen suceso[81] y deshollinando con el vestido y los ojos el zaquizami, admiraba la region donde habia arribado, por las estranjeras estravagancias de que estaba adornada la tal espelunca, cuyo avariento farol era un candil de garabato, que descubria sobre una mesa antigua de cadena[82] papeles infinitos, mal compuestos y ordenados, escritos de caracteres matematicos, unas efemerides abiertas[83], dos esferas y algunos compases y cuadrantes, ciertas senales de que vivia en el cuarto de mas abajo algun astrologo, dueno de aquella confusa oficina y embustera ciencia; y llegandose don Cleofas curiosamente, como quien profesaba letras y era algo inclinado a aquella profesion, a revolver los trastos astrologicos, oyo un suspiro entre ellos mismos, que, pareciendole imaginacion o ilusion de la noche, paso adelante con la atencion papeleando los memoriales de Euclides y embelecos de Copernico; escuchando segunda vez repetir el suspiro, entonces, pareciendole que no era engano de la fantasia, sino verdad que se habia venido a los oidos, dijo con desgarro y ademan de estudiante valiente: --?Quien diablos suspira aqui?, respondiendole al mismo tiempo una voz entre humana y estranjera: --Yo soy, senor Licenciado, que estoy en esta redoma, adonde me tiene preso ese astrologo que vive ahi abajo, porque tambien tiene su punta de la magica negra[84], y es mi alcaide dos anos habra. --Luego ?familiar eres?--dijo el Estudiante[85]. --Harto me holgara yo--respondieron[86] de la redoma--que entrara uno de la Santa Inquisicion, para que, metiendole a el en otra de cal y canto, me sacara a mi desta jaula de papagayos de piedra azufre. Pero tu has llegado a tiempo que me puedes rescatar, porque este a cuyos conjuros estoy asistiendo me tiene ocioso, sin emplearme en nada, siendo yo el espiritu mas travieso del infierno. Don Cleofas, espumando valor, prerrogativa de estudiante de Alcala, le dijo: --?Eres demonio plebeyo, u de los de nombre? --Y de gran nombre--le repitio el vidro endemoniado--, y el mas celebrado en entrambos mundos. --?Eres Lucifer?--le repitio don Cleofas. --Ese es demonio de duenas y escuderos--le respondio la voz. --?Eres Satanas?--prosiguio el Estudiante. --Ese es demonio de sastres y carniceros--volvio la voz a repetille. --?Eres Bercebu?--volvio a preguntalle don Cleofas. Y la voz a respondelle: --Ese es demonio de tahures, amancebados y carreteros. --?Eres Barrabas[87], Belial, Astarot?--finalmente le dijo el Estudiante. --Esos son demonios de mayores ocupaciones--le respondio la voz--: demonio mas por menudo soy, aunque me meto en todo: yo soy las pulgas del infierno, la chisme[88], el enredo, la usura, la mohatra; yo truje al mundo la zarabanda[89], el deligo[90], la chacona[91], el bullicuzcuz[92], las cosquillas de la capona[93], el guiriguirigay, el zambapalo, la mariona, el avilipinti, el pollo, la carreteria, el hermano Bartolo, el carcanal, el guineo, el colorin colorado[94]; yo invente las pandorgas[95]; las jacaras[96], las papalatas[97], los comos[98], las mortecinas[99], los titeres[100], los volatines[101], los saltambancos[102], los maesecorales[103], y, al fin, yo me llamo el Diablo Cojuelo. --Con decir eso--dijo el Estudiante--hubieramos ahorrado lo demas: vuesa merced me conozca por su servidor; que hay muchos dias que le deseaba conocer. Pero, ?no me dira, senor Diablo Cojuelo, por que le pusieron este nombre, a diferencia de los demas, habiendo todos caido desde tan alto, que pudieran quedar todos de la misma suerte y con el mismo apellido[104]? --Yo, senor don Cleofas Leandro Perez Zambullo, que ya le se el suyo, o los suyos--dijo el Cojuelo--, porque hemos sido vecinos por esa dama que galanteaba y por quien le ha corrido la justicia esta noche, y de quien despues le contare maravillas, me llamo desta manera porque fui el primero de los que se levantaron en el rebelion[105] celestial, y de los que cayeron y todo[106]; y como los demas dieron sobre mi, me estropearon, y ansi, quede mas que todos senalado de la mano de Dios y de los pies de todos los diablos, y con este sobrenombre; mas no por eso menos agil para todas las facciones que se ofrecen en los paises bajos, en cuyas impresas nunca me he quedado atras, antes me he adelantado a todos; que, camino del infierno, tanto anda el cojo como el viento[107]; aunque nunca he estado mas sin reputacion que ahora en poder deste vinagre, a quien por trato[108] me entregaron mis propios companeros, porque los traia al retortero a todos[109], como dice el refran de Castilla, y cada momento a los mas agudos les daba gato por demonio. Sacame deste Argel de vidro; que yo te pagare el rescate en muchos gustos, a fe de demonio, porque me precio de amigo de mi amigo, con mis tachas buenas y malas[110]. --?Como quieres--dijo don Cleofas mudando la cortesia[111] con la familiaridad de la conversacion--que yo haga lo que tu no puedes siendo demonio tan manoso? --A mi no me es concedido--dijo el Espiritu--, y a ti si, por ser hombre con el privilegio del baptismo y libre del poder de los conjuros, con quien han hecho pacto los principes de la Guinea infernal[112]. Toma un cuadrante de esos y haz pedazos esta redoma; que luego en derramandome me veras visible y palpable. No fue escrupuloso ni perezoso don Cleofas, y ejecutando lo que el Espiritu le dijo, hizo con el instrumento astronomico jigote[113] del vaso, inundando la mesa sobredicha de un licor turbio, escabeche en que se conservaba el tal Diablillo; y volviendo los ojos al suelo, vio en el un hombrecillo de pequena estatura, afirmado en dos muletas[114], sembrado de chichones mayores de marca[115], calabacino de testa y badea de cogote, chato de narices, la boca formidable y apuntalada en dos colmillos solos, que no tenian mas muela ni diente los desiertos de las encias, erizados los bigotes como si hubiera barbado en Hircania[116]; los pelos de su nacimiento, ralos, uno aqui y otro alli[117], a fuer de los esparragos, legumbre[118] tan enemiga de la compania, que si no es para venderlos en manojos, no se juntan. Bien hayan los berros, que nacen unos entrepernados con otros, como vecindades de la Corte, perdone la malicia la comparacion. Asco le dio a don Cleofas la figura, aunque necesitaba de su favor para salir del desvan, ratonera del Astrologo en que habia caido huyendo de los gatos que le siguieron (salvo el guante[119] a la metafora), y asiendole por la mano el Cojuelo y diciendole: "Vamos, don Cleofas, que quiero comenzar a pagarte en algo lo que te debo", salieron los dos por la buarda como si los dispararan de un tiro[120] de artilleria, no parando de volar hasta hacer pie en el capitel de la torre de San Salvador[121], mayor atalaya de Madrid, a tiempo que su reloj daba la una, hora que tocaba a recoger el mundo poco a poco al descanso del sueno; treguas que dan los cuidados a la vida, siendo comun el silencio a las fieras y a los hombres; medida que a todos hace iguales; habiendo una priesa notable a quitarse zapatos y medias, calzones y jubones, basquinas[122], verdugados[123], guardainfantes[124], polleras[125], enaguas y guardapies, para acostarse hombres y mujeres, quedando las humanidades menos mesuradas, y volviendose a los primeros originales, que comenzaron el mundo horros de todas estas baratijas; y engestandose[126] al camarada, el Cojuelo le dijo: --Don Cleofas, desde esta picota[127] de las nubes, que es el lugar mas eminente de Madrid, malano[128] para Menipo en los dialogos de Luciano, te he de ensenar todo lo mas notable que a estas horas pasa en esta Babilonia espanola, que en la confusion fue esotra con ella segunda deste nombre. Y levantando a los techos de los edificios, por arte diabolica, lo hojaldrado[129], se descubrio la carne del pastelon de Madrid como entonces estaba, patentemente, que por el mucho calor estivo estaba con menos celosias, y tanta variedad de sabandijas racionales en esta arca del mundo, que la del diluvio, comparada con ella, fue de capas y gorras. TRANCO II Quedo don Cleofas absorto en aquella pepitoria[130] humana de tanta diversidad de manos, pies y cabezas, y haciendo grandes admiraciones, dijo: --?Es posible que para tantos hombres, mujeres y ninos hay[131] lienzo para colchones, sabanas y camisas? Dejame que me asombre que entre las grandezas de la Providencia divina no sea esta la menor. Entonces el Cojuelo, previniendole, le dijo: --Advierte que quiero empezar a ensenarte distintamente, en este teatro donde tantas figuras representan, las mas notables, en cuya variedad esta su hermosura. Mira alli primeramente como estan sentados muchos caballeros y senores a una mesa opulentisima, acabando una media noche[132]; que eso les han quitado a los relojes no mas. Don Cleofas le dijo: --Todas esas caras conozco; pero sus bolsas no, si no es para servillas[133]. --Hanse pasado a los estranjeros, porque las trataban muy mal estos principes cristianos--dijo el Cojuelo--, y se han quedado, con las caponas[134], sin ejercicio. --Dejemoslos cenar--dijo don Cleofas--, que yo aseguro que no se levanten de la mesa sin haber concertado un juego de canas para cuando Dios fuere servido, y pasemos adelante; que a estos magnates los mas de los dias les beso yo las manos, y estas caravanas las ando yo las mas de las noches, porque he sido dos meses culto vergonzante de la proa[135] de uno de ellos y estoy encurtido de excelencias y senorias, solamente buenas para veneradas. --Mira alli--prosiguio el Cojuelo--como se esta quejando de la orina un letrado, tan ancho de barba[136] y tan espeso, que parece que saca un delfin la cola por las almohadas. Alli esta pariendo dona Fafula[137], y don Toribio su indigno consorte, como si fuera suyo lo que paria, muy oficioso y lastimado; y esta el dueno de la obra a pierna suelta en esotro barrio, roncando y descuidado del suceso. Mira aquel preciado de lindo, o aquel lindo de los mas preciados, como duerme con bigotera[138] torcidas de papel en las guedejas y el copete[139], sebillo en las manos[140], y guantes descabezados[141], y tanta pasa[142] en el rostro, que pueden hacer colacion[143] en el toda la cuaresma que viene. Alli, mas adelante, esta una vieja, grandisima hechicera, haciendo en un almirez una medicina de drogas restringentes para remendar una doncella sobre su palabra[144], que se ha de desposar manana. Y alli, en aquel aposentillo estrecho, estan dos enfermos en dos camas, y se han purgado juntos, y sobre quien ha hecho mas cursos[145], como si se hubieran de graduar en la facultad, se han levantado a matar a almohadazos. Vuelve alli, y mira con atencion como se esta untando una hipocrita a lo moderno, para hallarse en una gran junta de brujas que hay entre San Sebastian y Fuenterrabia, y a fe que nos habiamos de ver en ella si no temiera el riesgo de ser conocido del demonio que hace[146] el cabron, porque le di una bofetada a mano abierta en la antecamara de Lucifer, sobre unas palabras mayores que tuvimos; que tambien entre los diablos hay libro del duelo[147], porque el autor que le compuso es hijo de vecino del infierno. Pero mucho mas nos podemos entretener por aca, y mas si pones los ojos en aquellos dos ladrones que han entrado por un balcon en casa de aquel estranjero rico, con una llave maestra, porque las ganzuas son a lo antiguo, y han llegado donde esta aquel talego de vara y media estofado de patacones[148] de a ocho, a la luz de una linterna que llevan, que, por ser tan grande y no poder arrancalle de una vez, por el riesgo del ruido, determinan abrille, y henchir las faltriqueras y los calzones, y volver otra noche por lo demas, y comenzando a desatalle, saca el tal estranjero (que estaba dentro del guardando su dinero, por no fialle de nadie) la cabeza, diciendo: "Senores ladrones, aca estamos todos"[149], cayendo espantados uno a un lado y otro a otro, como resurrecion de aldea[150], y se vuelven gateando a salir por donde entraron. --Mejor fuera--dijo don Cleofas--que le hubieran llevado sin desatar en el capullo de su dinero, porque no le sucediera ese desaire, pues que cada estranjero es un talego bautizado[151]; que no sirven de otra cosa en nuestra republica y en la suya, por nuestra mala mana. Pero, ?quien es aquella abada[152] con camisa de mujer, que no solamente la cama le viene estrecha, sino la casa y Madrid, que hace roncando mas ruido que la Bermuda[153], y, al parecer, [bebe][154] camaras de tinajas y come jigotes de bovedas? --Aquella ha sido cuba de Sahagun[155], y no profeso--dijo el Cojuelo--si no es el mundo de agora, que esta para dar un estallido, y todo junto puede ser siendo quien es: que es una bodegonera tan rica, que tiene, a dar[156] rocin por carnero y gato por conejo a los estomagos del vuelo[157], seis casas en Madrid, y en la puerta de Guadalajara[158] mas de veinte mil ducados, y con una capilla que ha hecho para su entierro y dos capellanias que ha fundado, se piensa ir al cielo derecha; que aunque pongan una garrucha en la estrella de Venus y un alzaprima en las Siete Cabrillas, me parece que sera imposible que suba alla aquel tonel; y como ha cobrado buena fama[159], se ha echado a dormir de aquella suerte. --Atengome--dijo don Cleofas--a aquel caballero tasajo que tiene el alma en cecina, que ha echado de ver que es caballero en un habito[160] que le he visto en una ropilla[161] a la cabecera, y no es el mayor remiendo que tiene, y duerme enroscado como lamprea empanada, porque la cama es media sotanilla, que le llega a las rodillas no mas. --Aquel--dijo el Cojuelo--es pretendiente, y esta demasiado de gordo y bien tratado para el oficio que ejercita. Bien haya aquel tabernero de Corte, que se quita de esos cuidados y es cura de su vino, que le esta bautizando en los pellejos y las tinajas, y a estas horas esta hecho diluvio[162] en pena, con su embudo en la mano, y antes de mil anos[163] espero verle jugar canas[164] por el nacimiento de algun principe. --?Que mucho--dijo don Cleofas--si es tabernero y puede emborrachar a la Fortuna? --No hayas miedo--dijo el Cojuelo--que se vea en eso aquel alquimista que esta en aquel sotano con unos fuelles, inspirando una hornilla llena de lumbre, sobre la cual tiene un perol con mil variedades de ingredientes, muy presumido de acabar la piedra filosofal y hacer el oro; que ha diez anos que anda en esta pretension, por haber leido el arte de Reimundo Lulio y los autores quimicos que hablan[165] en este mismo imposible. --La verdad es--dijo don Cleofas--que nadie ha acertado a hacer el oro si no es Dios, y el sol, con comision particular suya. --Eso es cierto--dijo el Cojuelo--, pues nosotros no hemos salido con ello. Vuelve alli, y acompaname a reir de aquel marido y mujer, tan amigos de coche, que todo lo que habian de gastar en vestir, calzar y componer su casa lo han empleado en aquel que esta sin caballos agora, y comen y cenan y duermen dentro del, sin que hayan salido de su reclusion, ni aun para las necesidades corporales, en cuatro anos que ha que le compraron[166]; que estan encochados, como emparedados, y ha sido tanta la costumbre de no salir del, que les sirve el coche de conchas, como a la tortuga y al galapago, que en tarascando cualquiera dellos la cabeza fuera del, la vuelven a meter luego, como quien la tiene fuera de su natural, y se resfrian y acatarran en sacando pie, pierna o mano desta estrecha religion; y pienso que quieren ahora labrar un desvan en el para ensancharse y alquilalle a otros dos vecinos tan inclinados a coche, que se contentaran con vivir en el caballete del. --Esos--dijo don Cleofas--se han de ir al infierno en coche y en alma. --No es penitencia para menos--respondio el Cojuelo--. Diferentemente le sucede a esotro pobre y casado, que vive en esotra casa mas adelante, que despues de no haber podido dormir desde que se acosto, con un organo al oido de ninos tiples, contraltos, terceruelas[167] y otros mil guisados de voces que han inventado para llorar, ahora que se iba a trasponer un poco, le ha tocado a rebato un mal de madre de su mujer, tan terrible, que no ha dejado ruda en la vecindad[168], lana ni papel quemado, escudilla untada con ajo, ligaduras, bebidas, humazos y trescientas cosas mas[169], y a el le ha dado, de andar en camisa, un dolor de ijada, con que imagino que se ha de desquitar del dolor de madre de su mujer. --No estan tan despiertos en aquella casa--dijo don Cleofas--donde esta echando una escala aquel caballero que, al parecer, da asalto al cuarto y a la honra del que vive en el; que no es buena senal, habiendo escaleras dentro, querer entrar por las de fuera. --Alli--dijo el Cojuelo--vive un caballero viejo y rico que tiene una hija muy hermosa y doncella, y rabia por dejallo de ser con un marques, que es el que da la escalada, que dice que se ha de casar con ella, que es papel que ha hecho con otras diez u doce, y lo ha representado mal; pero esta noche no conseguira lo que desea, porque viene un alcalde de ronda, y es muy antigua costumbre de nosotros ser muy regatones[170] en los gustos, y, como dice vuestro refran, si la podemos dar roma, no la damos aguilena[171]. --?Que voces--dijo don Cleofas--son las que dan en esotra casa mas adelante, que parece que pregonan algun demonio que se ha perdido? --No sere yo, que me he rescatado--dijo el Cojuelo--, si no es que me llaman a pregones del infierno por el quebrantamiento de la redoma; pero aquel es un garitero que ha dado esta noche ciento y cincuenta barajas, y se ha endiablado de colera porque no le han pagado ninguna y se van los actores y los reos con las costas en el cuerpo, tras una pendencia de barato[172] sobre uno que juzgo mal una suerte, y los mete en paz aquella musica que dan a cuatro voces en esotra calle unos criados de un senor a una mujer de un sastre que ha jurado que los ha de coser a punaladas[173]. --Si yo fuera el marido--dijo don Cleofas--, mas los tuviera por gatos que por musicos. --Agora te pareceran galgos--dijo el Cojuelo--, porque otro competidor de la sastra, con una gavilla de seis o siete, vienen sacando las espadas, y los Orfeos de la maesa, reparando la primera invasion con las guitarras, hacen una fuga[174] de cuatro o cinco calles. Pero vuelve alli los ojos, veras como se va desnudando aquel hidalgo que ha rondado toda la noche, tan caballero del milagro[175] en las tripas como en las demas facciones, pues quitandose una cabellera, queda calvo; y las narices de caratula, chato; y unos bigotes postizos, lampino; y un brazo de palo, estropeado; que pudiera irse mas camino de la sepoltura que de la cama. En esotra casa mas arriba esta durmiendo un mentiroso con una notable pesadilla, porque suena que dice verdad. Alli un vizconde, entre suenos, esta muy vano porque ha regateado la excelencia a un grande. Alli esta muriendo un fullero, y ayudandole a bien morir un testigo falso, y por darle la bula de la Cruzada, le da una baraja de naipes, porque muera como vivio, y el, boqueando, por decir "Jesus", ha dicho "flux". Alli, mas arriba, un boticario esta mezclando la piedra bezar[176] con los polvos de sen. Alli sacan un medico de su casa para una apoplejia que le ha dado a un obispo. Alli llevan aquella comadre para partear a una prenada de medio ojo[177], que ha tenido dicha en darle los dolores a estas horas. Alli dona Tomasa, tu dama, en enaguas, esta abriendo la puerta a otro; que a estas horas le oye de amor. --Dejame--dijo don Cleofas--: bajare sobre ella a matarla a coces. --Para estas ocasiones se hizo el _tate, tate_[178]--dijo el Cojuelo--; que no es salto para de burlas. Y te espantas de pocas cosas[179]: que sin este enamorado murcielago[180], hay otros ochenta, para quien[181] tiene repartidas las horas del dia y de la noche. --iPor vida del mundo--dijo don Cleofas--que la tenia por una santa! --Nunca te creas de ligero--le replico el Diablillo--. Y vuelve los ojos a mi Astrologo, veras con las pulgas y inquietud que duerme: debe de haber sentido pasos en su desvan y recela algun detrimento de su redoma. Consuelese con su vecino, que mientras esta roncando a mas y mejor, le estan sacando a su mujer, como muela, sin sentillo, aquellos dos soldados. --Del mal lo menos--dijo don Cleofas--; que yo se del marido ochodurmiente[182] que dira[183] cuando despierto lo mismo. --Mira alli--prosiguio el Cojuelo--aquel barbero, que sonando se ha levantado, y ha echado unas ventosas a su mujer, y la ha quemado con las estopas las tablas de los muslos, y ella da gritos, y el, despertando, la consuela diciendo que aquella diligencia es bueno que este hecha para cuando fuere menester. Vuelve alli los ojos a aquella cuadrilla de sastres que estan acabando unas vistas[184] para un tonto que se casa a ciegas, que es lo mismo que por relacion, con una doncella tarasca, fea, pobre y necia, y le han hecho creer al contrario con un retrato que le trujo un casamentero, que a estas horas se esta levantando con un pleitista que vive pared y medio del[185], el uno a cansar ministros y el otro a casar todo el linaje humano; que solamente tu, por estar tan alto, estas seguro deste demonio, que en algun modo lo es mas que yo. Vuelve los ojos y mira aquel cazador mentecato del gallo[186], que esta ensillando su rocin a estas horas y poniendo la escopeta debajo del caparazon, y deja de dormir de aqui a las nueve de la manana por ir a matar un conejo, que le costaria mucho menos aunque le comprara en la despensa de Judas[187]. Y al mismo tiempo advierte como a la puerta de aquel rico avariento echan un nino, que por partes de[188] su padre puede pretender la beca del Antecristo[189], y el, en grado de apelacion, da con el en casa de un senor que vive junto a la suya, que tiene talle de comerselo antes que criallo, porque ha dias que su despensa espera el domingo de casi racion[190]. Pero ya el dia no nos deja pasar adelante; que el agua ardiente y el letuario[191] son sus primeros crepusculos, y viene el sol haciendo cosquillas a las estrellas, que estan jugando a salga la parida[192], y dorando la pildora[193] del mundo, tocando al arma a tantas bolsas y talegos y dando rebato a tantas ollas, sartenes y cazuelas, y no quiero que se valga de mi industria para ver los secretos que le nego la noche: cuestele brujeleallo por resquicios, claraboyas y chimeneas. Y volviendo a poner la tapa al pastelon, se bajaron a las calles. TRANCO III Ya comenzaban en el puchero humano de la Corte a hervir hombres y mujeres, unos hacia arriba, y otros hacia abajo, y otros de traves, haciendo un cruzado[194] al son de su misma confusion[195], y el pielago racional de Madrid a sembrarse de ballenas[196] con ruedas, que por otro nombre llaman coches, trabandose la batalla del dia, cada uno con disinio y negocio diferente, y pretendiendose enganar los unos a los otros, levantandose una polvareda de embustes y mentiras, que no se descubria una brizna de verdad por un ojo de la cara[197], y don Cleofas iba siguiendo a su camarada, que le habia metido por una calle algo angosta, llena de espejos por una parte y por otra, donde estaban muchas damas y lindos mirandose y poniendose de diferentes posturas de bocas, guedejas, semblantes, ojos, bigotes, brazos y manos, haciendose cocos[198] a ellos mismos. Preguntole don Cleofas que calle era aquella, que le parecia que no la habia visto en Madrid, y respondiole el Cojuelo: --Esta se llama la calle de los Gestos, que solamente saben a ella estas figuras de la baraja de la Corte, que vienen aqui a tomar el gesto con que han de andar aquel dia, y salen con perlesia de lindeza, unos con la boquita de rinon[199], otros con los ojitos dormidos, roncando[200] hermosura, y todos con los dos dedos de las manos, indice y menique, levantados, y esotros, de _Gloria Patri_[201]. Pero salgamonos muy apriesa de aqui; que con tener estomago de demonio y no haberme mareado las maretas[202] del infierno, me le han revuelto estas sabandijas, que nacieron para desacreditar la naturaleza y el rentoy[203]. Con esto, salieron desta calle a una plazuela donde habia gran concurso de viejas que habia sido damas cortesanas[204], y mozas que entraban a ser lo que ellas habian sido, en grande contratacion unas con otras. Pregunto el Estudiante a su camarada que sitio era aquel, que tampoco le habia visto, y el le respondio: --Este es el baratillo de los apellidos, que aquellas damas pasas truecan con estas mozas albillas[205] por medias traidas, por zapatos viejos, valonas, tocas y ligas, como ya no las han menester; que el Guzman, el Mendoza, el Enriquez, el Cerda, el Cueva, el Silva, el Castro, el Giron[206], el Toledo, el Pacheco, el Cordova, el Manrique de Lara, el Osorio, el Aragon, el Guevara y otros generosos apellidos los ceden a quien los ha menester ahora para el oficio que comienza, y ellas quedan con sus patronimicos primeros de Hernandez, Martinez, Lopez, Rodriguez, Perez, Gonzalez, etcetera; porque al fin de los anos mil, vuelven los nombres[207] por donde solian ir. --Cada dia--dijo el Estudiante--hay cosas nuevas en la Corte. Y, a mano izquierda, entraron a otra plazuela al modo de la de los Herradores[208], donde se alquilaban tias, hermanos, primos y maridos, como lacayos y escuderos, para damas de achaque[209] que quieren pasar en la Corte con buen nombre y encarecer su mercaderia. A la mano derecha deste seminario andante estaba un grande edificio, a manera de templo sin altar, y en medio del, una pila grande de piedra, llena de libros de caballerias y novelas[210], y alrededor, muchos muchachos de diez a diez y siete anos y algunas doncelluelas de la misma edad, y cada uno y cada una con su padrino al lado, y don Cleofas le pregunto[211] su companero que le dijese que era esto, que todo le parecia que lo iba sonando. El Cojuelo le dijo: --Algo tiene de eso este fantastico aparato; pero esta es, don Cleofas, en efeto, la pila de los dones, y aqui se bautizan los que vienen a la Corte sin el. Todos aquellos muchachos son pajes para senores, y aquellas muchachas, doncellas para senoras de media talla[212], que han menester el don para la autoridad de las casas que entran a servir[213], y agora les acaban de bautizar con el don. Por alli entra agora una fregona con un vestido alquilado, que la trae su ama a sacar de don, como de pila, para darla el tuson[214] de las damas, porque le pague en esta moneda lo que le ha costado el crialla, y aun ella parece que se quiere volver al pano[215], segun viene brunida de esmeril. --Un mono y unos dientes postizos y un guardainfante pueden hacer esos milagros--dijo don Cleofas--. Pero ?que acompanamiento--prosiguio diciendo--es este que entra agora, de tanta gente lucida, por la puerta deste templo consagrado al uso del siglo? --Traen a bautizar--dijo el Cojuelo--un regidor muy rico, de un lugar aqui cercano, de edad de setenta anos, que se viene al don por su pie, porque sin el le han aconsejado sus parientes que no cae tan bien el regimiento. Llamase Pascual, y vienen altercando si sobre _Pascual_ le vendra bien el _don_, que parece don estravagante[216] de la iglesia de los dones. --Ya tienen ejemplar--dijo don Cleofas--en don Pascual, ese que llamaron todos loco, y yo, Diogenes de la ropa vieja, que andaba cubierta la cabeza con la capa, sin sombrero, en traje de profeta, por esas calles. --Mudaranle el nombre, a mi parecer--prosiguio el Cojuelo--, por no tener en su lugar regidor Pascual, como cirio de los regidores. --Dios les inspire--dijo don Cleofas--lo que mas convenga a su regimiento, como la cristiandad de los regidores ha menester. --En acabando de tomar el senor regidor--dijo el Cojuelo--el agua del don, espera alli un italiano hacer lo mismo con un elefante que ha traido a ensenar a la puerta del Sol. --Los mas suelen llamarse--dijo el Estudiante--don Pedros, don Juanes y don Alonsos. No se como ha tenido tanto descuido su ayo o naire, como lo llaman los de la India Oriental; plebeyo debia de ser este animal, pues ha llegado tan tarde al don. Vive Dios que me le he de quitar yo, porque me desbautizan y desdonan los que veo. --Sigueme--dijo el Cojuelo--, y no te amohines; que bien sabe el _don_ donde esta; que se te ha caido en el _Cleofas_ como la sopa en la miel. Con esto, salieron del sonado (al parecer) edificio, y enfrente del descubrieron otro, cuya portada estaba pintada de sonajas, guitarras, gaitas zamoranas, cencerros, cascabeles, ginebras[217], caracoles, castrapuercos[218], pandorga prodigiosa de la vida, y pregunto don Cleofas a su amigo que casa era aquella que mostraba en la portada tanta variedad de instrumentos vulgares[219],--que tampoco la he visto en la Corte, y me parece que hay dentro mucho regocijo y entretinimiento. --Esta es la casa de los locos--respondio el Cojuelo--que ha poco que se instituyo en la Corte, entre unas obras pias que dejo un hombre muy rico y muy cuerdo, donde se castigan y curan locuras que hasta agora no lo habian parecido. --Entremos dentro--dijo don Cleofas--por aquel postiguillo que esta abierto, y veamos esta novedad de locos. Y, diciendo y haciendo, se entraron los dos, uno tras otro; pasando un zaguan, donde estaban algunos de los convalecientes pidiendo limosna para los que estaban furiosos, llegaron a un patio cuadrado, cercado de celdas pequenas por arriba y por abajo, que cada una dellas ocupaba un personaje de los susodichos. A la puerta de una dellas estaba un hombre, muy bien tratado de vestido, escribiendo sobre la rodilla y sentado sobre una banqueta, sin levantar los ojos del papel, y se habia sacado uno con la pluma sin sentillo. El Cojuelo le dijo: --Aquel es un loco arbitrista[220] que ha dado en decir que ha de hacer la reduccion de los cuartos, y ha escrito sobre ello mas hojas de papel que tuvo el pleito de don Alvaro de Luna. --Bien haya quien le trujo a esta casa--dijo don Cleofas--; que son los locos mas perjudiciales de la republica. --Esotro que esta en esotro aposentillo--prosiguio el Cojuelo--es un ciego enamorado, que esta con aquel retrato en la mano[221], de su dama, y aquellos papeles que le ha escrito, como si pudiera ver lo uno ni leer lo otro, y da en decir que ve con los oidos. En esotro aposentillo lleno de papeles y libros esta un gramaticon[222] que perdio el juicio buscandole a un verbo griego el gerundio. Aquel que esta a la puerta de esotro aposentillo con unas alforjas al hombro y en calzon blanco, le han traido porque, siendo cochero, que andaba siempre a caballo, tomo oficio de correo de a pie. Esotro que esta en esotro de mas arriba con un halcon en la mano, es un caballero que, habiendo heredado mucho de sus padres, lo gasto todo en la cetreria y no le ha quedado mas que aquel halcon en la mano, que se las come de hambre. Alli esta un criado de un senor que, teniendo que comer, se puso a servir. Alli esta un bailarin que se ha quedado sin son, bailando en seco. Mas adelante esta un historiador que se volvio loco de sentimiento de haberse perdido tres decadas de Tito Livio. Mas adelante esta un colegial cercado de mitras, probandose la que le viene mejor, porque dio en decir que habia de ser obispo. Luego, en esotro aposentillo, esta un letrado que se desvanecio en pretender plaza de ropa[223], y de letrado dio en sastre, y esta siempre cortando y cosiendo garnachas. En esotra celda, sobre un cofre lleno de doblones, cerrado con tres llaves, esta sentado un rico avariento, que sin tener hijo ni pariente que le herede, se da muy mala vida, siendo esclavos de su dinero y no comiendo mas que un pastel[224] de a cuatro, ni cenando mas que una ensalada de pepinos, y le sirve de cepo su misma riqueza. Aquel que canta en esotra jaula es un musico sinsonte, que remeda los demas pajaros, y vuelve de cada pasaje como de un parasismo. Esta preso en esta carcel de los delictos del juicio, porque siempre cantaba, y cuando le rogaban que cantase, dejaba de cantar. --Impertinencia es esa casi de todos los desta profesion. --En el brocal de aquel pozo que esta en medio del patio se esta mirando siempre una dama muy hermosa, como lo veras si ella alza la cabeza, hija de pobres y humildes padres, que queriendose casar con ella muchos hombres ricos y caballeros, ninguno la contento, y en todos hallo una y muchas faltas, y esta atada alli en una cadena porque, como Narciso, enamorada de su hermosura, no se anegue en el agua que le sirve de espejo, no teniendo en lo que pisa[225] al sol ni a todas las estrellas. En aquel pobre aposentillo enfrente, pintado por defuera de llamas, esta un demonio casado, que se volvio loco con la condicion de su mujer. Entonces don Cleofas le dijo al companero que le ensenaba todo este retablo de duelos: --Vamonos de aqui, no nos embarguen[226] por alguna locura que nosotros ignoramos; porque en el mundo todos somos locos, los unos de los otros[227]. El Cojuelo dijo: --Quiero tomar tu consejo, porque, pues los demonios enloquecen, no hay que fiar de si nadie. --Desde vuestra primera soberbia--dijo don Cleofas--todos lo estais; que el infierno es casa de todos los locos mas furiosos del mundo. --Aprovechado estas--dijo el Cojuelo--, pues hablas en lenguaje ajustado. Con esta conversacion salieron de la casa susodicha, y a mano derecha dieron en una calle algo dilatada, que por una parte y por otra estaba colgada de ataudes, y unos sacristanes con sus sobrepellices[228] paseandose junto a ellos, y muchos sepultureros abriendo varios sepulcros, y don Cleofas le dijo a su camarada: --?Que calle es esta, que me ha admirado mas que cuantas he visto, y me pudiera obligar a hablar mas espiritualmente que con lo primero de que tu te admiraste? --Esta es mas temporal y del siglo que ninguna--le respondio el Cojuelo--, y la mas necesaria, porque es la roperia de los agueelos, donde[229] cualquiera, para todos los actos positivos[230] que se le ofrece y se quiere vestir de un agueelo, porque el suyo no le viene bien, o esta traido, se viene aqui, y por su dinero escoge el que le esta mas a proposito. Mira alli aquel caballero torzuelo[231] como se esta probando una agueela que ha menester, y esotro, hijo de quien el quisiere, se esta vistiendo otro agueelo, y le viene largo de talle. Esotro mas abajo da por otro agueelo el suyo, y dineros encima, y no se acaba de concertar, porque le tiene mas de costa al sacristan, que es el ropero. Otro, a esotra parte, llega a volver un agueelo suyo de dentro afuera y de atras adelante, y a tremendallo con la agueela de otro. Otro viene alli con la justicia a hacer que le vuelvan un agueelo que le habian hurtado, y le ha hallado colgado en la roperia. Si hubieres menester algun agueelo o agueela para algun credito de tu calidad, a tiempo estamos, don Cleofas Leandro; que yo tengo aqui un ropero amigo que desnuda los difuntos la primera noche que los entierran, y nos le fiara por el tiempo que quisieres. --Dineros he menester yo; que agueelos no--respondio el Estudiante--: con los mios me haga Dios bien[232]; que me han dicho mis padres que deciendo de Leandro el animoso, el que pasaba el mar de Abido "en amoroso fuego todo ardiendo"[233], y tengo mi ejecutoria en las obras sueltas de Boscan y Garcilaso[234]. --Contra hidalguia en verso--dijo el Diablillo--no hay olvido ni chancilleria que baste, ni hay mas que desear en el mundo que ser hidalgo en consonantes. --Si a mi me hicieran merced[235]--prosiguio don Cleofas--, entre Salicio y Nemoroso[236] se habian de hacer mis diligencias, que no me habian de costar cien reales; que alli tengo mi Montana, mi Galicia, mi Vizcaya y mis Asturias[237]. --Dejemos vanidades agora--dijo el Cojuelo--: que ya se que eres muy bien nacido en verso y en prosa, y vamos en busca de un figon, a almorzar y descansar, que bien lo habras menester por lo trasnochado y madrugado, y despues proseguiremos nuestras aventuras. TRANCO IV Dejemos a estos caballeros en su figon almorzando y descansando, que sin dineros pedian las pajaritas que andaban volando por el aire[238] y al fenix empanado[239], y volvamos a nuestro astrologo regoldano[240] y nigromante enjerto, que se habia vestido con algun cuidado de haber sentido pasos en el desvan la noche antes, y, subiendo a el, hallo las ruinas que habia dejado su familiar en los pedazos de la redoma, y mojados sus papeles, y el tal Espiritu ausente; y viendo el estrago y la falta de su Demonuelo, comenzo a mesarse las barbas y los cabellos, y a romper sus vestiduras[241], como rey a lo antiguo. Y estando haciendo semejantes estremos y lamentaciones, entro un diablejo zurdo, mozo de retrete de Satanas, diciendo que Satanas su senor le besaba las manos[242]; que habia sentido la bellaqueria que habia usado el Cojuelo; que el trataria de que se castigase, y que entre tanto se quedase el sirviendole en su lugar. Agradecio mucho el cuidado el Astrologo y encerro el tal espiritu en una sortija de un topacio grande, que traia en un dedo, que antes habia sido de un medico, con que a todos cuantos habia tomado el pulso habia muerto. Y en el infierno se juntaron entre tanto, en sala plena, los mas graves jueces de aquel distrito, y haciendo notorio a todos el delito del tal Cojuelo, mandaron despachar requisitoria para que le prendiesen en cualquier parte que le hallasen, y se le dio esta comision[243] a Cienllamas, demonio comisionario que habia dado muy buena cuenta de otras que le habian encargado, y llevandose consigo por corchetes a Chispa y a Redina, demonios a la veinte[244], y subiendose en la mula de Linan[245], salio del infierno con vara alta[246] de justicia en busca del dicho delincuente. En este tiempo, sobre la paga de lo que habian almorzado habian tenido una pesadumbre el revoltoso Diablillo y don Cleofas con el Figon[247], en que intervinieron asadores y torteras, porque lo que es del diablo, el diablo se lo ha de llevar, y acudiendo la justicia al alboroto, se salieron por una ventana, y cuando el alguacil de Corte con la gente que llevaba pensaba cogellos, estaban ya de esotra parte de Getafe, en demanda de Toledo, y dentro de un minuto, en las ventillas de Torrejon, y en un cerrar de ojos, a vista de la puerta de Visagra, dejando la real fabrica del hospital de afuera a la derecha mano; y volviendose el Estudiante al camarada, le dijo: --Lindos atajos sabes: malhaya quien no caminara contigo todo el mundo, mejor que con el Infante don Pedro de Portugal, el que anduvo las siete[248] partidas del. --Somos gente de buena mana--respondio el Cojuelo. Y cuando estaban hablando en esto, llegaban al barrio que llaman de la Sangre de Cristo y al meson de la Sevillana[249], que es el mejor de aquella ciudad. El Diablo Cojuelo le dijo al Estudiante: --Esta es muy buena posada para pasar esta noche y para descansar de la pasada; entrate dentro y pide un aposento y que te aderecen de cenar; que a mi me importa llegarme esta noche a Constantinopla a alborotar el serrallo del Gran Turco y hacer degollar doce o trece hermanos que tiene, por miedo de que no conspiren[250] a la Corona, y volverme de camino por los Cantones de los esguizaros[251] y por Ginebra a otras diligencias deste modo, por sobornar con algunos servicios a mi amo, que debe de estar muy indignado contra mi por la travesura pasada; que yo estare contigo antes que den las siete de la manana. Y, diciendo y haciendo, se metio por esos aires como por una vina vendimiada, meando la pajuela[252] a todo pajarote y ciudadano de la region eterea, a fuer de los de la jerigonza critica[253], y don Cleofas se entro a tomar posada, que, aunque estaba llena de muchos pasajeros que habian venido con los galeones y pasaban a la Corte, con todo, al gueesped nuevo hicieron cortesia, porque la persona de don Cleofas traia consigo cartas de recomendacion[254], como dicen los cortesanos antiguos. Convidaronle a cenar unos caballeros soldados aquella noche, preguntandole nuevas de Madrid, y despues de haber cumplido con la celebridad de los brindis por el Rey (Dios le guarde), por sus damas y sus amigos[255], y haber dado las aceitunas[256] con los palillos carta de pago de la cena, se fue cada uno a recoger a su aposento, porque habian de tomar la madrugada para llegar con tiempo a Madrid, y don Cleofas hizo lo mismo en el que le senalo el Gueesped, sintiendo la soledad[257] del companero en algun modo, porque le traia tan entretenido; y haciendo varios discursos sobre el almohada, se quedo como un pajarito[258], jurando al silencio de las sombras, como lo demas del mundo, el meson de la Sevillana el natural vasallaje con el sueno, que solas [las][259] grullas, los murcielagos y lechuzas estaban de posta a su cuerpo de guardia, cuando a las dos de la noche unas temerosas voces repetian: "iFuego, fuego!" despertaron a los dormidos pasajeros, con el sobresalto y asombro que suele causar cualquier alboroto a los que estan durmiendo, y mas oyendo apellidar "ifuego!", voz que con mas terror atemoriza los animos mas constantes, rodando unos las escaleras por bajar mas apriesa, otros, saltando por las ventanas que caian al patio de la posada, otros que, por las pulgas u temor de las chinches, dormian en cueros, como vinagre, hechos Adanes del baratillo[260], poniendo las manos donde habian de estar las hojas de higuera, siguiendo a los demas, y acompanandolos don Cleofas, con los calzones revueltos al brazo y una alfajia que, por no encontrar la espada, hallo acaso en su aposento, como si en los incendios y fantasmas importase andar a palos ni a cuchilladas, natural socorro del miedo en las repentinas invasiones. Salio, en esto, el Gueesped en camisa, los pies en unas empanadas de Frenegal[261], cinchado con una faja de grana de polvo[262] el estomago, y un candil de garabato en la mano, diciendo que se sosegasen; que aquel ruido no era de cuidado; que se volviesen a sus camas, que el pondria remedio en ello. Apretole don Cleofas, como mas amigo de saber, le dijese la causa de aquel alboroto; que no se habia de volver a acostar sin descifrar aquel misterio. El Gueesped le dijo muy severo[263] que era un estudiante de Madrid, que habia dos u tres meses que entro a posar en su casa, y que era poeta de los que hacen comedias, y que habia escrito dos, que se las habian chillado en Toledo y apedreado como vinas[264], y que estaba acabando de escribir la comedia de _Troya abrasada_, y que sin duda debia de haber llegado al paso del incendio, y se convertia tanto en lo que escribia, que habria dado aquellas voces; que por otras experiencias pasadas sacaba el que aquello era verdad infalible como el decia; que para confirmallo subiesen con el a su aposento y hallarian verdadero este discurso. Siguieron al Gueesped todos de la suerte que estaban, y entrando en el aposento del tal Poeta, le hallaron tendido en el suelo, despedazada la media sotanilla, revolcado en papeles y echando espumarajos por la boca, y pronunciando con mucho desmayo: "iFuego, fuego!", que casi no podia echar la habla, porque se le habia metido monja. Llegaron a el muertos de risa y llenos de piedad todos, diciendole: --Senor Licenciado, vuelva en si y mire si quiere beber o comer algo para este desmayo. Entonces el Poeta, levantando como pudo la cabeza, dijo: --Si es Eneas y Anquises, con los Penates y el amado Ascanio, ?que aguardais aqui, que esta ya el Ilion hecho cenizas, y Priamo, Paris y Policena, Hecuba y Andromaca han dado el fatal tributo a la muerte, y a Elena, causa de tanto dano, llevan su presa Menalao[265] y Agamenon? Y lo peor es que los mirmidones se han apoderado del tesoro troyano. --Vuelva a su juicio--dijo el Guesped--; que aqui no hay almidones ni toda esa tropelia de disparates que ha referido, y mucho mejor fuera llevalle a casa del Nuncio[266], donde pudiera ser con bien justa causa mayoral de los locos, y metelle en cura; que se le han subido los consonantes a la cabeza, como tabardillo. --iQue bien entiende de afectos el senor Gueesped!--respondio el Poeta, encorporandose un poco mas. --De afectos ni de afeites--dijo el Gueesped--no quiero entender, sino de mi negocio: lo que importa es que manana hagamos cuenta de lo que me debe de posada, y se vaya con Dios; que no quiero tener en ella quien me la alborote cada dia con estas locuras: basten las pasadas, pues comenzando a escribir, recien llegado aqui, la comedia de _El Marques de Mantua_, que zozobro y fue una de las silbadas, fueron tantas las prevenciones de la caza y las voces que dio, llamando a los perros Melampo, Oliveros, Saltamontes, Tragavientos, etcetera, y el "iAtaja, ataja!" y el "iGuarda el oso cerdoso, y el jabali colmilludo!", que malpario una senora prenada que pasaba del Andalucia a Madrid, del sobresalto; y en esotra de _El Saco de Roma_, que entrambas parecieron cual tenga la salud[267], fue el[268] estruendo de las cajas y trompetas, haciendo pedazos las puertas y ventanas deste aposento a tan desusadas horas como estas, y el "iCierra, Espana!"[269], "iSantiago, y a ellos!", y el jugar la artilleria con la boca[270], como si hubiera ido a la escuela con un petardo, o criadose con el basilisco de Malta[271], que engano el rebato a una compania de infanteria que alojaron[272] aquella noche en mi casa, de suerte, que, tocando al arma, se hubieron de hacer a escuras unos soldados pedazos con otros, acudiendo al ruido medio Toledo con la justicia, echandome las puertas abajo, y amenazo a hacer una de todos los diablos; que es poeta grulla, que siempre esta en vela, y halla consonantes a cualquiera hora de la noche y de la madrugada. El Poeta dijo entonces: --Mucho mayor alboroto fuera si yo acabara aquella comedia de que tiene vuesa merced en prendas dos jornadas por lo que le debo, que la llamo _Las Tinieblas de Palestina_, donde es fuerza que se rompa el velo de el Templo en la tercera jornada, y se escurezca el sol y la luna, y se den unas piedras con otras, y se venga abajo toda la fabrica celestial con truenos y relampagos, cometas y exhalaciones, en sentimiento de su Hacedor; que por faltarme los nombres que he de poner a los sayones no la he acabado. iAhi me dira vuesa merced, senor Gueesped, que fuera ello! --Vayase--dijo el Mesonerazo--a acaballa al Calvario, aunque no faltara en cualquiera parte que la escriba o la representen quien le crucifique a silbos, legumbre y edificio[273]. --Antes resucitan con mis comedias los autores--dijo el Poeta--; y para que conozcan todos vuesas mercedes esta verdad y admiren el estilo que llevan todas las que yo escribo, ya que se han levantado a tan buen tiempo, quiero leelles esta. Y, diciendo y haciendo, tomo en la mano una rima de vueltas de cartas viejas, cuyo bulto se encaminaba mas a pleito de tenuta[274] que a comedia, y arqueando las cejas y deshollinandose los bigotes, dijo, leyendo el titulo, de esta suerte: --_Tragedia Troyana, Astucias de Sinon, Caballo griego, Amantes adulteros y Reyes endemoniados_. Sale lo primero por el patio, sin haber cantado, el Paladion[275], con cuatro mil griegos por lo menos, armados de punta en blanco[276], dentro del. --?Como--le replico un caballero soldado de aquellos que estaban en cueros, que parece que se habian de echar a nadar en la comedia--puede toda esa maquina entrar por ningun patio ni coliseo de cuantos hay en Espana, ni por el del Buen Retiro, afrenta de los romanos anfiteatros, ni por una plaza de toros? --iBuen remedio!--respondio el Poeta--. Derribarase el corral y dos calles junto a el para que quepa esta tramoya, que es la mas portentosa y nueva que los teatros han visto; que no siempre sucede hacerse una comedia como esta, y sera tanta la ganancia, que podra muy bien a sus ancas sufrir todo este gasto. Pero escuchen, que ya comienza la obra, y atencion, por mi amor. Salen por el tablado, con mucho ruido de chirimias y atabalillos, Priamo, rey de Troya, y el principe Paris, y Elena, muy bizarra en un palafren, en medio, y el Rey a la mano derecha (que siempre desta manera guardo el decoro a las personas reales), y luego, tras ellos, en palafrenes negros, de la misma suerte, once mil duenas a caballo. --Mas dificultosa apariencia es esa que esotra--dijo uno de los oyentes--, porque es imposible que tantas duenas juntas se hallen. --Algunas se haran de pasta[277]--dijo el Poeta--, y las demas se juntaran de aqui para alli; fuera de que si se hace en la Corte, ?que senora habra que no envie sus duenas prestadas para una cosa tan grande, por estar los dias que se representare la comedia, que sera, por lo menos, siete u ocho meses, libres de tan cansadas sabandijas?[278] Hubieronse de caer de risa los oyones[279], y de una carcajada se llevaron media hora de reloj, al son de los disparates del tal Poeta, y el prosiguio diciendo: --No hay que reirse; que si Dios me tiene de sus consonantes, he de rellenar el mundo de comedias mias, y ha de ser Lope de Vega (prodigioso monstruo espanol y nuevo Tostado en verso) nino de teta conmigo, y despues me he de retirar a escribir un poema heroico para mi posteridad, que mis hijos o mis sucesores hereden, en que tengan toda su vida que roer silabas. Y agora oigan vuesas mercedes...:--amagando a comenzar (el brazo derecho levantado) los versos de la comedia, cuando todos a una voz le dijeron que lo dejase para mas espacio, y el Gueesped, indignado, que sabia poco de filis[280], le volvio a advertir que no habia de estar un dia mas en la posada. La encamisada[281], pues, de los caballeros y soldados se puso a mediar con el Gueesped el caso[282], y don Cleofas, sobre un _Arte poetica_ de Rengifo[283], que estaba tambien corriendo borrasca entre esotros legajos por el suelo, tomo pleito homenaje[284] al tal poeta, puestas las manos sobre los consonantes, jurando que no escribiria mas comedias de ruido, sino de capa y espada, con que quedo el Gueesped satisfecho; y con esto se volvieron a sus camas, y el Poeta, calzado y vestido, con su comedia en la mano, se quedo tan aturdido sobre la suya, que aposto a roncar con los Sietes Durmientes[285], a peligro de no valer la moneda cuando despertase. TRANCO V Dentro de muy pocas horas lo fue de volverse a levantar los gueespedes al quitar[286], haciendo la cuenta con ellos de la noche pasada el gueesped de por vida, esperezandose y bostezando de lo trasnochado con el Poeta, y trataron de caminar, ensillando los mozos de mulas y poniendo los frenos al son de seguidillas y jacaras, y brindandose con vino y pullas los unos a los otros, ribeteandolas con tabaco en polvo y en humo, cuando don Cleofas tambien desperto, tratando de vestirse, con algunas _saudades_[287] de su dama: que las malas correspondencias de las mujeres a veces despiertan mas la voluntad; y antes que diesen las ocho, como habia dicho, entro por el aposento el camarada, en traje turquesco, con almalafa y turbante, senales ciertas de venir de aquel pais, diciendo: --?Heme tardado mucho en el viaje, senor Licenciado? El le respondio sonriendose: --Menos se tardo vuesa merced desde el cielo al infierno, con haber mas leguas, cuando rodo con todos esos principes que no han podido gatear otra vez a la maroma de donde cayeron. --?Al amigo, senor don Cleofas--respondio el Cojuelo--, chinche en el ojo[288], como dice el refran de Castilla? iBueno, bueno! --Pocos hay--respondio el Estudiante--que en ofreciendose el chiste, miren esos respetos; pero esto lo digo yo en galanteria[289], y la amistad[290] que hay ya entre nosotros. Mas dejando esto aparte, ?como nos ha ido[291] por esos mundos? --Hice todo a lo que fui, y mucho mas--respondio el genizaro recien venido--, y si quisiera, me jurara por Gran Turco aquella buena gente; que a fe que alguna guarda mejor su palabra, y saben decir verdad y hacer amistades, que vosotros los cristianos. --iQue presto te pagaste!--dijo don Cleofas--. Algun cuarto debes de tener de demonio villano. --Es imposible--respondio el Cojuelo--, porque decendemos todos de la mas noble y mas alta Montana de la tierra y del cielo, y aunque seamos zapatero de viejo, en siendo montaneses, todos somos hidalgos[292]; que muchos dellos nacen, como los escarabajos y los ratones, de la putrefaccion. --Bien se que sabes Filosofia--le dijo don Cleofas--mejor que si la hubieras estudiado en Alcala, y que eres maestro en primeras licencias. Dejemos estas digresiones y acaba de darme cuenta de tu jornada. --Con el traje del pais, como ves--respondio el Diablillo--, por ensuciallos todos, como cierto amigo que, por desaseado en estremo, ensucio el de soldado, el de peregrino y estudiante, volvi por los Cantones, por la Bertolina[293] y Ginebra, y no tuve que hacer nada en estos paises, porque sus paisanos son demonios de si mismos, y este es el juro de heredad que mas seguro tenemos en el infierno, despues de las Indias[294]. Fui a Venecia, por ver una poblacion tan prodigiosa, que esta fundada en el mar, y de su natural condicion tan bajel de argamasa y silleria, que, como la tiene en peso el pielago Mediterraneo, se vuelve a cualquier viento que le sopla. Estuve en la plaza de San Marcos, platicando con unos criados de unos clarisimos[295], esta manana, y hablando en[296] las gacetas de la guerra, les dije que en Constantinopla se habia sabido, por espias que estaban en Espana, que hay grandes prevenciones della, y tan prodigiosas, que hasta los difuntos se levantan, al son de las cajas, de los sepulcros para este efeto, y hay quien diga que entre ellos habia resucitado el gran Duque de Osuna[297]; y apenas lo acabe de pronunciar, cuando me escurri, por no perder tiempo en mis diligencias, y, dejando el seno adriatico me sorbi la Marca de Ancona, y por la Romania, a la mano izquierda, deje a Roma, porque aun los demonios, por cabeza de la Iglesia militante, veneramos su poblacion. Pase por Florencia a Milan, que no se le da con su castillo dos blancas de la Europa. Vi a Genova[298] la bella, talego del mundo, llena de novedades, y, golfo lanzado[299], toque a Vinaroz[300] y a los Alfaques, pasando el de Leon y Narbona. Llegue a Valencia, que juega canas dulces con la primavera, metime en la Mancha, que no hay greda que la pueda sacar, entre en Madrid, y supe que unos parientes de tu dama te andaban a buscar para matarte, porque dicen que la has dejado sin reputacion; y lo peor es lo que me chismeo Zancadilla, demonio espia del infierno y sobrestante de las tentaciones: que me andaba a buscar Cienllamas con una requisitoria; y soy de parecer, para oviar[301] estos dos riesgos, que pongamos tierra en medio. Vamonos al Andulucia[302], que es la mas ancha del mundo; y pues yo te hago la costa, no tienes que temer nada; que, con el romance que dice: "Tendre el invierno en Sevilla y el veranito en Granada"[303], no hemos de dejar lugar en ella que no trajinemos. Y volviendose a la ventana que salia a la calle, le dijo: --Hagote puerta de meson. Vamos, y sigueme por ella, don Cleofas; que hemos de ir a comer a la venta de Darazutan[304], que es en Sierra-morena, veinte y dos o veinte y tres leguas[305] de aqui. --No importa--dijo don Cleofas--, si eres demonio de portante[306], aunque cojo. Y diciendo esto, salieron los dos por la ventana, flechados de si mismos[307], y el Gueesped, desde la puerta, dandole voces al Estudiante cuando le vio por el aire, diciendo que le pagase la cama y la posada, y don Cleofas respondiendo que en volviendo del Andalucia cumpliria con sus obligaciones; y el Gueesped, que parecia que lo sonaba, se volvio santiguando y diciendo: --Pluguiera a Dios, como se me va este, se me fuera el Poeta, aunque se me llevara la cama y todo asida a la cola. Ya, en esto, el Cojuelo y don Cleofas descubrian la dicha venta, y, apeandose del aire, entraron en ella, pidiendo al Ventero de comer, y el les dijo que no habia quedado en la venta mas que un conejo y un perdigon, que estaban en aquel asador entreteniendose a la lumbre. --Pues trasladenlos a un plato--dijo don Cleofas--, senor Ventero, y venga el salmorejo[308], poniendonos la mesa, pan, vino y salero. El Ventero respondio que fuese en buen hora; pero que esperasen que acabasen de comer unos estranjeros que estaban en eso, porque en la venta no habia otra mesa mas que la que ellos ocupaban. Don Cleofas dijo: --Por no esperar, si estos senores nos dan licencia, podremos comer juntos, y ya que ellos van en la silla, nosotros iremos en las ancas. Y sentandose los dos al paso que lo decian, fue todo uno, trayendoles el Ventero la porcion susodicha, con todas sus adherencias y incidencias[309], y comenzaron a comer en compania de los estranjeros, que el uno era frances, el otro ingles, el otro italiano y el otro tudesco, que habia ya pespuntado la comida mas aprisa a brindis de vino blanco y clarete, y tenia a orza la testa[310], con senales de vomito y tiempo borrascoso, tan zorra[311] de cuatro costados[312], que pudiera temelle el corral de gallinas del Ventero. El Italiano pregunto a don Cleofas que de adonde venia, y el le respondio que de Madrid. Repitio el Italiano: --?Que nuevas hay de la guerra, senor Espanol? Don Cleofas le dijo: --Agora todo es guerra. --Y ?contra quien dicen?--replico el Frances. --Contra todo el mundo--le respondio don Cleofas--, para ponerlo todo el a los pies del Rey de Espana. --Pues a fe--replio el Frances--que primero que el Rey de Espana.... Y antes que acabase la razon el Gabacho, dijo don Cleofas: --El Rey de Espana.... Y el Cojuelo le fue a la mano, diciendo: --Dejame, don Cleofas, responder a mi, que soy espanol por la vida, y con quien vengo, vengo[313]; que les quiero con alabanzas del Rey de Espana dar un tapaboca a estos borrachos, que si leen las historias della, hallaran que por Rey de Castilla tiene virtud de sacar demonios, que es mas generosa cirujia que curar lamparones[314]. Los estranjeros, habiendo visto callar al Espanol, estaban muy falsos[315], cuando el Cojuelo, sentandose mejor y tomando la mano[316], y en traje castellano, que ya habia dejado a la guardarropa del viento el turquesco, les dijo: --Senores mios, mi camarada iba a responder, y a mi, por tener mas edad, me toca el hacello; escuchenme atentamente, por caridad. El Rey de Espana es un generosisimo lebrel, que pasa acaso solo por una calle, y no hay gozque en ella que a ladralle no salga, sin hacer caso de ninguno, hasta que se juntan tantos, que se atreve uno, al desembocar della a otra, pensando que es sufrimiento y no desprecio, a besalle con la boca la cola; entonces vuelve, y dando una manotada a unos y otra a otros, huyen todos de manera, que no saben donde meterse, y queda la calle tan barrida de gozques y con tanto silencio, que aun a ladrar no se atreven, sino a morder las piedras, de rabia. Esto mismo le sucede siempre con los reyes contrarios, con las senorias y potentados, que son todos gozques con su Majestad[317] Catolica; pero guardese el que se atreviere a besarle la cola; que ha de llevar manotada que escarmiente de suerte a los demas, que no hallen donde meterse, huyendo del[318]. Los estranjeros se comenzaron a escarapelar, y el Frances le dijo: --iAh, bugre, coquin espanol! Y el Italiano: --iForfante, marrano espanol! Y el Ingles: --iNitesgut espanol[319]! Y el Tudesco estaba de suerte, que lo dio por recibido, dando permision que hablasen los demas por el en aquellas cortes. Don Cleofas, que los vio palotear y echar espadanas de vino y herejias contra lo que habia dicho su camarada, acostumbrado a sufrir poco y al refran de "quien da luego, da dos veces", levantando el banco en que estaban sentados los dos, dio tras ellos, adelantandose el companero con las muletas en la mano, manejandolas tan bien, que dio con el Frances en el tejado de otra venta que estaba tres leguas de alli, y en una necesaria de Ciudad Real con el Italiano[320], porque muriese hacia donde pecan, y con el Ingles, de cabeza en una caldera de agua hirviendo que tenian para pelar un puerco en casa de un labrador de Adamuz; y al Tudesco, que se habia anticipado a caer de bruces a los pies de Cleofas, le volvio al puerto de Santa Maria, de donde habia salido quince dias antes, a dormir la zorra[321]. El Ventero se quiso poner en medio, y dio con el en Peralvillo[322], entre aquellas cecinas de Gestas, como en su centro. Volvieronse, con esto, a sentar a comer de los despojos que habia dejado el enemigo, muy de espacio, y estando en los postreros lances de la comida, entraron algunos mozos de mulas en la venta, llamando al Gueesped y pidiendo vino, y tras ellos, en el mismo carruaje, una compania de representantes que pasaban de Cordoba a la Corte, con ganas de tomar un refresco en la venta. Venian las damas en jamugas, con bohemios[323], sombreros con plumas y mascarillas en los rostros, los chapines[324], con plata, colgando de los respaldares de los sillones; y ellos, unos con portamanteos sin cojines, y otros sin cojines ni portamanteos, las capas dobladas debajo, las valonas[325] en los sombreros, con alforjas detras; y los musicos, con la guitarras en cajas delante de los arzones, y algunos dellos ciclanes de estribos[326], y otros, eunucos, con los mozos que le sirven[327] a las ancas, unos con espuelas sobre los zapatos y las medias, y otros con botas de rodillera, sin ninguna; otros con varas para hacer andar sus cabalgaduras y las de las mujeres. Los apellidos de los mas eran valencianos, y los nombres de las representantas[328] se resolvian en Marianas y Anas Marias, hablando todo recalcado[329], con el tono de la representacion. La conversacion con que entraron en la venta era decir que habian robado a Lisboa, asombrado a Cordoba y escandalizado a Sevilla, y que habian de despoblar a Madrid[330], porque con sola la loa que llevaban para la entrada, de un tundidor de Ecija[331], habian de derribar cuantos autores entrasen en la Corte. Con esto, se fueron arrojando de las cabalgaduras, y los maridos, muy severos[332], apeando en los brazos a sus mujeres, llamando todos al Gueesped, "y el de nada se dolia"[333]. La Autora se asento en una alhombrilla que la echaron en el suelo; las demas princesas, alrededor, y el Autor andaba solicitando el regalo de todos, como pastor de aquel ganado. Y dijo el Cojuelo: --Con el senor Autor estoy en pecado mortal de parte de mis camaradas. --?Por que?--dijo don Cleofas. Respondio el Diablillo: --Porque es el peor representante del mundo, y hace siempre los demonios en los autos del Corpus, y esta perdigado[334] para demonio de veras, y para que haga en el infierno los autores si se representaren comedias; que algunas hacen estas farandulas, que aun para el infierno son malas. --Uno he visto aqui--dijo don Cleofas--, entre los demas companeros, que le he deseado cruzar la cara, porque me galanteo en Alcala una doncella, moza mia, que se enamoro del viendole hacer un rey de Dinamarca. --Doncella--dijo el Cojuelo--debia de ser de alla[335]; pero si quieres--prosiguio--que tomemos los dos venganza del Autor y del Representante, espera y veras como lo trazo; porque agora quieren repartir una comedia con que han de secundar en Madrid, y sobre los papeles has de ver lo que pasa. Al mismo tiempo que decia esto el Cojuelo, el apuntador de la Compania saco de un alforja los de una comedia de Claramente[336], que habia acabado de copiar en Adamuz el tiempo que estuvieron alli, diciendo al Autor: --Aqui sera razon que se repartan estos papeles, entretanto que se adereza la comida y parece el Gueesped. El Autor vino en ello, porque se dejaba gobernar del tal Apuntador, como de hombre que tenia grandisima curia en la comedia, y habia sido estudiante en Salamanca, y le llamaban el Filosofo por mal nombre; y llegando con el papel de la segunda dama a Ana Maria, mujer del que cantaba los bajetes y bailaba los dias de Corpus, habiendole dado la primera dama a Mariana, la mujer del que cobraba y que hacia su parte tambien en las comedias de tramoya, arrojandole, dijo que ella habia entrado para partir entre[337] las dos los primeros papeles, y que siempre le daban los segundos, y que ella podia ensenar a representar a cuantas andaban en la comedia, porque habia representado al lado de las mayores representantas del mundo y en la legua[338] la llamaban Amarilis[339], segunda deste nombre. Esotra le dijo que no sabria mirar lo que ella con su zapato representaba[340], respondiendole esotra que de cuando aca tenia tanta soberbia, sabiendo que en Sevilla le presto hasta las enaguas para hacer el papel de Dido[341] en la gran comedia de don Guillen de Castro, echando a perder la comedia y haciendo que silbasen la compania. --Tu eres la silbada--dijo esotra--, y tu anima[342]. Llegando a las manos y diciendose palabras mayores, y tan grandes, que alcanzaron a los maridos; y sacando unos con otros las espadas, comenzo una batalla de comedia, metiendolos en paz los mozos de mulas con los frenos que acababan de quitar; y dejandolos empelotados, se salieron don Cleofas y el Cojuelo de la venta al camino de Andalucia, quedandose abrasando a cuchilladas la compania que fuera un Roncesvalles del molino del papel[343] si el Ventero no llegara con la Hermandad[344] en busca de los dos que se fueron, para prendello, con escopetas, chuzos y ballestas; y hallando esta nueva matanza en su venta, y jarros, tinajas y platos hechos tantos[345] en la refriega, los apaciguaron, y prendieron a los dichos representantes para llevarlos a Ciudad Real, habiendo de tener otra pelaza mas pesada con el alguacil que los traia a Madrid por orden de los arrendadores, con comision del Consejo[346]. TRANCO VI En este tiempo, nuestros caminantes, tragando leguas de aire, como si fueran camaleones[347] de alquiler, habian pasado a Adamuz, del gran Marques del Carpio, Haro y nobilisimo decendiente de los senores antiguos de Vizcaya, y padre ilustrisimo del mayor Mecenas[348] que los antiguos ingenios y modernos han tenido, y caballero que igualo con sus generosas partes su modestia. Y habiendose sorbido de los siete vados y las ventas de Alcolea, se pusieron a vista de Cordoba por su fertilisima campina y por sus celebradas dehesas gamonosas[349], donde nacen y pacen tantos brutos, hijos del Cefiro mas que los que fingio la antigueedad en el Tajo portugues[350]; y entrando por el Campo de la Verdad[351] (pocas veces pisado de gente desta calana) a la Colonia[352] y populosa patria de dos Senecas y un Lucano, y del padre de la Poesia espanola, el celebrado Gongora, a tiempo que se celebraban fiestas de toros aquel dia, y juego de canas, acto positivo[353] que mas excelentemente ejecutan los caballeros de aquella ciudad, y tomando posada en el meson de las Rejas[354], que estaba lleno de forasteros que habian concurrido a esta celebridad, se apercibieron para ir a vellas, limpiandose el polvo de las nubes; y llegando a la Corredera[355], que es la plaza donde siempre se hacen estas festividades, se pusieron a ver un juego de esgrima que estaba en medio del concurso de la gente, que en estas ocasiones suele siempre en aquella provincia preceder a las fiestas, a cuya esfera no habia llegado la linea recta, ni el angulo obtuso ni oblicuo[356]; que todavia se platicaba el unas arriba y el unas abajo de la destreza primitiva que nuestros primeros padres usaron; y acordandose don Cleofas de lo que dice el ingeniosisimo Quevedo en su _Buscon_[357], penso[358] perecer de risa, bien que se debe al insigne don Luis Pacheco de Narvaez haber sacado de la obscura tiniebla de la vulgaridad a luz la verdad deste arte, y del caos de tantas opiniones las demonstraciones matematicas desta verdad. Habia dejado en esta ocasion la espada negra[359] un mozo de Montilla, bravo aporreador, quedando en el puesto otro de los Pedroches, no menos bizarro campeon, y arrojandose, entre otros que la fueron a tomar muy apriesa, don Cleofas la levanto primero que todos, admirando la resolucion de el forastero, que en el ademan les parecio castellano, y dando a su camarada la capa y la espada, como es costumbre, puso bizarramente las plantas en la palestra. En esto, el Maestro, con el montante[360], barriendo los pies a los mirones, abrio la rueda, dando aplauso[361] a la pendencia vellori[362], pues se hacia con espadas mulatas; y partiendo el andaluz y el estudiante castellano uno para el otro airosamente, corrieron una ida y venida sin tocarse al pelo de la ropa, y a la segunda, don Cleofas, que tenia algunas revelaciones de Carranza, por el cuarto circulo[363] le dio al andaluz con la zapatilla un golpe de pechos, y el, metiendo el brazal, un tajo a don Cleofas en la cabeza, sobre la guarnicion de la espada; y convirtiendo don Cleofas el reparo en reves, con un movimiento accidental[364], dio tan grande tamborilada al contrario, que sono como si la hubiera dado en la tumba[365] de los Castillas. Alborotaronse algunos amigos y conocidos, que habia en el corro, y sobre el montante del senor Maestro le entraron tirando algunas estocadillas veniales al tal don Cleofas, que con la zapatilla, como con agua bendita, se las quito, y apelando a su espada y capa, y el Cojuelo a sus muletas, hicieron tanta riza[366] en el monton agavillado, que fue menester echalles un toro para ponellos en paz: tan valiente montante de Sierramorena, que a dos o tres mandobles puso la plaza mas despejada que pudieran la guarda tudesca y espanola, a costa de algunas bragas que hicieron por detras ciclopes a sus duenos[367], encaramandose a un tablado don Cleofas y su camarada, muy falsos[368], a ver la fiesta, haciendose aire con los sombreros, como si tal no hubiera pasado por ellos; y acechandolos unos alguaciles, porque en estas ocasiones siempre quiebra la soga por lo mas forastero[369], habiendo dejarretado el toro, llegaron desde la plaza a caballo, diciendoles: --Senor Licenciado y senor Cojo, bajen aca, que los llama el senor Corregidor. Y haciendo don Cleofas y su companero orejas de mercader, comenzaron los ministros o vaqueros de la justicia a quererlo intentar con las varas, y agarrandose cada uno de la suya, a vara por barba[370], dijeron a los tales ministros, quitandoselas de las manos de cuajo: --Sigan[n]os vuesas mercedes si se atreven a alcanzarnos. Y levantandose por el aire, parecieron cohetes voladores, y los dichos alguaciles, capados de varas, pedian a los gorriones "iFavor a la justicia!"[371], quedandose suspensos y atribuyendo la agilidad de los nuevos volatines a sueno, haciendo tan alta punta[372] los dos halcones, salvando a Guadalcazar, del ilustre Marques de este titulo, del claro apellido de los Cordovas, que dieron sobre el rollo de Ecija, diciendole el Cojuelo a don Cleofas: --Mira que gentil arbol berroqueno, que suele llevar hombres, como otros fruta. --?Que coluna tan grande es esta?--le pregunto don Cleofas. --El celebrado rollo[373] del mundo--le respondio el Cojuelo. --Luego ?esta ciudad es Ecija?--le repitio don Cleofas. --Esta _es_ Ecija, la mas fertil poblacion de Andalucia--dijo el Diablillo--, que tiene aquel sol[374] por armas a la entrada de esa hermosa puente, cuyos ojos rasgados lloran a Genil, caudaloso rio que tiene su solar en Sierra Nevada, y despues, haciendo con el Darro maridaje de cristal, viene a calzar de plata estos hermosos edificios y tanto pueblo de abril y mayo[375]. De aqui fue Garci Sanchez de Badajoz[376], aquel insigne poeta castellano; y en esta ciudad solamente se coge el algodon[377], semilla que en toda Espana no nace, ademas de otros veinte y cuatro frutos, sin sembrallos, de que se vale para vender la gente necesitada; su comarca tambien es fertilisima[378]. Montilla cae aqui a mano izquierda, habitacion de los heroicos marqueses de Priego, Cordovas y Aguilares, de cuya gran casa salio, para honra de Espana, el que merecio llamarse Gran Capitan por antonomasia, y hoy a su Marques ilustrisimo se le ha acrecentado la casa de Feria, por morir sin hijos aquel gran portento de Italia, que malogro la Fortuna, de envidia; cuyo gran sucesor, siendo mudo, ocupa a grandezas en silencio elocuente las lenguas de la Fama. Mas abajo esta Lucena, del Alcaide de los Donceles, Duque de Cardona, en cuyo oceano de blasones se anego la gran casa de Lerma. Luego, Cabra, celebrada por su sima[379], tan profunda como la antigueedad de sus duenos, pregona con las lenguas de sus almenas, que es del inclito Duque de Sesa y Soma, y que la vive hoy su entendido y bizarro heredero. Luego Osuna se ofrece a la demarcacion destos ilustres edificios, blasonando con tantos maestres Girones la altivez de sus duques; y veinte y dos leguas de aqui cae la hermosisima Granada, paraiso de Mahoma, que no en vano la defendieron tanto sus valientes africanos espanoles, de cuya Alhambra y Alcazaba es alcaide el nobilisimo Marques de Mondejar, padre del generoso conde de Tendilla, Mendozas del Ave Maria y credo de los caballeros. No nos olvidemos, de camino, de Guadix, ciudad antigua y celebrada por sus melones[380], y mucho mas por el divino ingenio del doctor Mira de Mescua[381], hijo suyo y arcediano. Cuando iba el Cojuelo refiriendo esto, llegaron a la Plaza Mayor de Ecija, que es la mas insigne del Andalucia, y junto a una fuente que tiene en medio del jaspe, con cuatro ninfas gigantas de alabastro derramando lanzas de cristal[382], estaban unos ciegos sobre un banco, de pies, y mucha gente de capa parda de auditorio, cantando la relacion muy verdadera que trataba de como una maldita duena se habia hecho prenada del diablo, y que por permision de Dios habia parado una manada de lechones, con un romance de don Alvaro de Luna y una letrilla contra los demonios, que decia: "Lucifer tiene muermo, Satanas, sarna, y el Diablo Cojuelo tiene almorranas. Almorranas y muermo, sarna y ladillas, su mujer se las quita con tenacillas."[383] El Cojuelo le dijo a don Cleofas: --?Que te parece los testimonios que nos levantan estos ciegos y las satiras que nos hacen? Ninguna raza de gente se nos atreve a nosotros si no son estos, que tienen mas animo que los mayores ingenios; pero esta vez me lo han de pagar, castigandose ellos mismos por sus propias manos, y dare, de camino, venganza a las duenas, porque no hay en el mundo quien no las quiera mal, y nosotros las tenemos grandes obligaciones, porque nos ayudan a nuestros embustes; que son demonias hembras[384]. Y sobre la entonacion de las coplas metio el Cojuelo tanta cizana entre los ciegos, que, arrempujandose primero, y cayendo dellos en el pilon de la fuente, y esotros en el suelo, volviendose a juntar, se mataron a palos, dando barato[385], de camino, a los oyentes, que les respondieron con algunos punetes y coces. Y como llegaron a Ecija con las varas de los alguaciles de Cordoba, pensando que traian alguna gran comision de la Corte, llego la justicia de la ciudad a hacelles fiesta y a lisonjeallos con ofrecerles sus posadas, y ellos, valiendose de la ocasion, admitieron las ofertas, con que fueron regalados como cuerpos de rey; y preguntandoles que era el negocio que traian para Ecija, el Cojuelo les respondio que era contra los medicos y boticarios, y visita general de beatas; y que a los medicos se les venia a vedar que despues de matar un enfermo, no les valiese[386] la mula por sagrado; y que, cuando no se saliese con esto, por lo menos, a los boticarios que errasen las purgas, que no pudiesen ser castigados si se retrujesen[387] en los cimenterios de las mulas de los medicos, que son las ancas[388]; y que a las beatas se les venia a quitar el tomar tabaco, beber chocolate y comer jigote. Pareciole al Alguacil Mayor, que no era lerdo y tenia su punta de hacer jacaras y entremeses, que hacian burla dellos, y quiso agarrallos para dar con ellos en la trena, y despues sacudilles el polvo y batanalles el cordoban, por embelecadores, embusteros y alguaciles chanflones[389]; y levantando el Cojuelo una polvareda de piedra azufre y asiendo a don Cleofas por la mano, se desaparecieron, entre la colera y resolucion[390] de los ministros ecijanos, dejandolos tosiendo y estornudando, dandose de cabezadas unos a otros sin entenderse, haciendo los neblies de la mas obscura Noruega[391] puntas a diferentes partes; y dejando a la derecha a Palma, donde se junta Genil con Guadalquivir[392] por el vicario de las aguas, villa antigua de los Bocanegras y Portocarreros, y de quien fue dueno aquel gran cortesano y valiente caballero don Luis Portocarrero, cuyo corazon excedio muchas varas a su estatura, y luego a la Monclova, bosque deliciosisimo y monte de Clovio, valeroso capitan romano, y posesion hoy de otro Portocarrero y Enriquez, no menos gran caballero que el pasado, y a la hermosa villa de Fuentes, de quien fue marques el bizarro y no vencido don Juan Claros de Guzman el Bueno, que, despues de muchos servicios a su rey, murio en Flandes con lastima de todos y envidia de mas, hijo de la gran casa de Medina-Sidonia, donde todos sus Guzmanes son Buenos por apellido, por sangre y por sus personas esclarecidas, sin tocar al pelo de la ropa a Marchena, habitacion noble de los duques de Arcos, marqueses que fueron de Cadiz, de quien hoy es meritisimo senor el excelentisimo duque don Rodrigo Ponce de Leon, en quien se cifran todas las proezas y grandezas heroicas de sus antepasados, columbrando desde mas lejos a Villanueva del Rio, de los marqueses de Villanueva, Enriquez y Riberas, y hoy de don Antonio Alvarez de Toledo y Beamonte, marques suyo y duque de Gueesca, heredero ilustre del gran Duque de Alba, Condestable de Navarra, llegaron de un vuelo los dos pajarotes de camarada[393], no siendo esta la mayor pareja que habian corrido, al pie de la cuesta de Carmona, en su dilatada, fertil y celebrada vega, donde les anochecio, diciendole don Cleofas al amigo: --Camarada, descansemos un poco, que es mucho pajarear este, y nos metemos a lechuzas silvestres; que la serenidad de la noche y el verano brindan a pasalla en el campo. --Soy de ese parecer--dijo el Cojuelo--: tendamos la raspa[394] en este pradillo junto a este arroyo, espejo donde se estan tocando las estrellas, porque aguardan a la madrugada visita del sol, Gran Turco de todas esas senoras. Y don Cleofas, poniendo el ferreruelo[395] por cabecera y la espada sobre el estomago, acomodo el individuo, y estando boca arriba, paseando con los ojos la boveda celestial, cuya fabrica portentosa al mas ciego gentil obliga a rastrear que la mano de su artifice es de Dios, y de gran Dios, le dijo al camarada: --?No me diras, pues has vivido en aquellos barrios, si esas estrellas son tan grandes como esos astrologos dicen cuando hablan de su magnitud, y en que cielo estan, y cuantos cielos hay, para que no nos den papillas[396] cada dia con tantas y tan diversas opiniones, haciendonos bobos a los demas con lineas y coluros imaginados, y si es verdad que los planetas tienen epiciclos, y el movimiento de cada cielo, desde el primer movil al remiso y al trepidante, y donde estan los signos de estos luceros escribanos, porque yo desengane al mundo y no nos vendan imaginaciones por verdades? El Cojuelo le respondio: --Don Cleofas, nuestra caida fue tan apriesa, que no nos dejo reparar en nada; y a fee que si Lucifer no se hubiera traido tras de si la tercera parte de las estrellas[397], como repiten tantas veces en los autos del Corpus, aun hubiera mas en que haceros mas garatusas la Astrologia. Esto todo sea con perdon del antojo del Galileo[398] y el del gran don Juan de Espina[399], cuya celebre casa y peregrina silla son ideas de su raro ingenio; que yo hablo de antojos abajo, como de tejas, y salvo la obtica[400] destos senores antojadizos que han descubierto al sol un lunar en el lado izquierdo, y en la luna han linceado montes y valles, y han visto a Venus _cornuta_. Lo que yo se decir, que el poco tiempo que estuve por alla arriba nunca oi nombrar la Bocina, el Carro, la _Espica Virginis,_ la _Ursa major_ ni la _Ursa minor,_ las Pleyades ni las Heliades, nombres que los de la Astrologia les han dado, y esa que llamaron _Via Lactea,_ y ahora los vulgares Camino de Santiago, por donde anda tanto el cojo como el sano; que si esto fuera asi, yo tambien, por lo cojo, habia de andar por aquel camino[401], siendo hijo de vecino de aquella provincia. Ya en estas razones ultimas se habia agradecido al sueno el tal Don Cleofas, dejando al companero de posta[402] como grulla[403] de la otra vida, cuando un gran estruendo de clarines y cabalgaduras le desperto sobresaltado, recelando que se le llevaba a otra parte mas desacomodada el que le habia agasajado hasta entonces; pero el Diablillo le sosego, diciendo: --No te alborotes, don Cleofas; que, estando conmigo, no tienes que temer nada. --Pues ?que ruido tan grande es este--le replico el Estudiante. --Yo te lo dire--dijo el Cojuelo--, si acabas de despertar y me escuchas con atencion. TRANCO VII El Estudiante se incorporo entonces, supliendo con bostezos y esperezos lo que le faltaba por dormir, y prosiguio el Diablillo, diciendo: --Todo este estruendo trae consigo la casa de la Fortuna, que pasa al Asia Mayor a asistir a una batalla campal entre el Mogor y el Sofi, para dar la victoria a quien menos la mereciere. Escucha y mira; que esta que pasa es su recamara, y en lugar de acemilas van mercaderes y hombres de negocios que llaman, cargados de cajas de moneda de oro y plata, con reposteros bordados encima con las armas de la Fortuna, que son los cuatro vientos, y un harpon en una torre, moviendose a todos cuatro, sogas y garrotes del mismo metal que llevan, y, con ir con tanto peso, van descansados, a su parecer. Esta tropa inumerable que pasa ahora mal concertada es de oficiales de boca, cocineros, mozos de cocina, botilleres, reposteros, despenseros, panaderos, veedores, y la demas canalla que toca a la bucolica. Estos que vienen agora a pie, con fieltros blancos terciados por los hombros, son lacayos de la Fortuna, que son los mayores ingenios que ha tenido el mundo, entre los cuales va Homero, Pindaro, Anacreonte, Virgilio, Ovidio, Horacio, Silio Italico, Lucano, Claudiano, Estacio Papinio, Juvenal, Marcial, Catulo, Propercio, el Petrarca, Sanazaro, el Taso, el Bembo, el Dante, el Guarino, el Ariosto, el caballero Marino, Juan de Mena, Castillejo, Gregorio Hernandez, Garci Sanchez, Camoes y otros muchos que han sido en diferentes provincias principes de la Poesia. --Por cierto que han medrado poco--dijo el Estudiante--, pues no han pasado de lacayos de la Fortuna. --No hay en su casa--dijo el Cojuelo--quien tenga lo que merece. --?Que escuadron es este tan lucido, con joyas de diamantes y cadenas y vestidos lloviendo oro y perlas--prosiguio el Estudiante--, que llevan tantos pajes en cuerpo que los alumbran con tantas hachas blancas, y van sobre filosofos antiguos que les sirven de caballos, de tan malos talles, que los mas son corcovados, cojos, mancos, calvos, narigones, tuertos, zurdos y balbucientes? --Estos son--dijo el Cojuelo--potentados, principes y grandes senores del mundo, que van acompanando a la Fortuna, de quien han recibido los estados y las riquezas que tienen, y, con ser tan poderosos y ricos, son los mas necios y miserables de la tierra. --iBuen gusto ha tenido la Fortuna, por cierto!--dijo don Cleofas--. iBien se le parece[404] que tiene nombre de mujer: que escoge lo peor! --Primero lo debieron a la naturaleza--respondio el Cojuelo, y prosiguio diciendo--; Aquel gigante que viene sobre un dromedario, con un ojo, y ese ciego, solamente, en la mitad de la frente, con un arbol en las manos de suma magnitud, lleno de bastones, mitras, laureles, habitos, capelos, coronas y tiaras, es Polifemo, que despues que le cego Ulises, le ha dado la Fortuna a cargo aquella escarpia de dignidades, para que las reparta a ciegas y va siempre junto al carro triunfal de la Fortuna, que es aquel que le tiran cincuenta emperadores griegos y romanos, y ella viene cercada de faroles de cristal, con cirios pascuales encendidos dentro dellos, sobre una rueda llena de arcaduces de plata, que siempre esta llenandolos y vaciandolos de viento, y esotro pie, en el elemento mismo, que esta lleno de camaleones que le van dando memoriales, y ella rompiendolos. Ahora vienen siguiendola sus damas en elefantes, con sillones de oro sembrados de balajes, rubies y crisolitos. La primera es la Necedad, camarera mayor suya, y aunque fea, muy favorecida. La Mudanza es esotra, que va dando cedulas de casamiento, y no cumpliendo ninguna. Esotra es la Lisonja, vestida a la francesa de tornasoles de aguas, y lleva en la cabeza un iris de colores por tocado, y en cada mano cien lenguas. Aquella que la sucede, vestida de negro, sin oro ni joya, de linda cara y talle, que viene llorosa, es la Hermosura: una dama muy noble y muy olvidada de los favores de su ama. La Envidia la sigue y la persigue, con un vestido pajizo, bordado de basiliscos y corazones. --Siempre esa dama--dijo don Cleofas--come grosura[405]: que es halcon de las alcandaras de palacio. --Esotra que viene--prosiguio el Cojuelo--, que parece que va prenada, es la Ambicion, que esta hidropica de deseos y de imaginaciones. Esotra es la Avaricia, que esta opilada de oro[406], y no quiere tomar el acero[407], porque es mas bajo metal. Aquellas que vienen, con tocas largas y antojos, sobre minotauros[408], son la Usura, la Simonia, la Mohatra, la Chisme[409], la Baraja[410], la Soberbia, la Invencion, la Hazaneria, duenas de la Fortuna. Los que vienen galanteando a estas senoras todas y alumbrandolas con antorchas de colores diferentes son ladrones, fulleros, astrologos, espias, hipocritas, monederos falsos, casamenteros, noveleros, corredores[411], glotones y borrachos. Aquel que viene sobre el asno de oro[412] de Lucio Apuleyo es Creso, mayordomo mayor de la Fortuna, y a su mano izquierda, Astolfo, su caballerizo mayor. Aquellos que van sobre cubas con ruedas y velicomenes[413] en las manos, dando carcajadas de risa, son sus gentiles hombres de la copa, que han sido taberneros de Corte primero. Aquella escuadra de selvajes[414] que vienen en jumentos de albarda son contadores, tesoreros, escribanos de raciones, administradores, historiadores, letrados, correspondientes[415], agentes de la Fortuna, y llevan manos de almireces por plumas, y por papel, pieles de abadas. Tras dellos viene una silla de manos, bordada de trofeos, para las visitas de la Fortuna; los silleros son Pitagoras, Diogenes, Aristoteles, Platon, y otros filosofos para remudar, con camisolas y calzones de tela de nacar, herrados los rostros con eses y clavos[416]. Aquellos que vienen agora de tres en tres, sobre tumbas enlutadas, a la jineta y a la brida, son medicos de la camara y de la familia, boticarios y barberos de la Fortuna. Agora cierra todo este escuadron y acompanamiento aquella prodigiosisima torre andante, que es la de Babilonia, llena de gigantes, de enanos, de bailarines y representantes, de instrumentos musicos y marciales, de voces, de algazaras, que se ven y oyen por infinitas ventanas que tiene el edificio, coronadas de luminarias y flechando girandulas[417] y cohetes voladores[418]; y en un balcon grande de la fachada va la Esperanza: una jayana vestida de verde, muy larga de estatura, y muchos pretendientes por abajo, a pie, soldados, capitanes, abogados, artifices y proferores de diferentes ciencias, mal vestidos, hambrientos y desesperados, dandola voces, y con la confusion no se entienden los unos a los otros, ni los otros a los unos. Y por otro balcon del lado derecho va la Prosperidad, coronada de espigas de oro y vestida de brocado de tres altos[419], bordado de las cuatro estaciones del ano, sembrando talegos sobre muchos mentecatos ricos, que van en literas roncando, que no los han menester y piensan que los suenan. Ahora sigue todo este aparato una infinita tropa de carros largos, llenos de comida y vestidos de mujeres y de hombres, que es la guardarropa de la Fortuna; y con ir tantos como la siguen desnudos y hambrientos, no les da un bocado que coman ni un trapo con que se cubran, y aunque los repartiera con ellos, no les vinieran bien, que estan hechos solamente a medida de los dichosos. Seguia este carruaje un escuadron volante de locos, a pie, y a caballo, y en coches, con diferentes temas, que habian perdido el juicio de varios sucesos de la Fortuna por mar y por tierra, unos riendose, otros llorando, otros cantando, otros callando, y todos renegando della[420]; y no tomaba de otros parecer, diligencia para no acertar nada, desapareciendo toda esta maquina confusa una polvareda espantosa, en cuyo temeroso pielago se anego toda esta confusion, llegando el dia, que fue mucho que no se perdiera el sol con la grande polvareda, como don Beltran[421] de los planetas, subiendose los dos camaradas la cuesta arriba a la recien bautizada ciudad de Carmona[422], atalaya del Andalucia, de cielo tan sereno[423], que nunca le tuvo, y adonde no han conocido al catarro si no es para serville[424]; y tomando refresco de unos conejos y unos pollos en un meson que se llama de los Caballeros, pasaron a Sevilla, cuya giralda y torre[425] tan celebrada se descubre desde la venta de Peromingo[426] el Alto, tan hija de vecino de los aires, que parece que se descalabra en las estrellas. Admiro a don Cleofas el sitio de su dilatada poblacion, y de la que hacen tantos diversos bajeles en el Guadalquivir, valla de cristal de Sevilla y de Triana[427], distinguiendose de mas cerca la hermosura de sus edificios, que parece que han muerto virgines[428] y martires, porque todos estan con palmas en las manos, que son las que se descuellan de sus peregrinos pensiles, entre tantos cidros, naranjos, limones, laureles y cipreses; llegando en breve espacio a Torreblanca, una legua larga desta insigne ciudad, desde donde comienza su Calzada y los canos de Carmona, hermosisima puente de arcos, por donde entra el rio Guadaira[429] en Sevilla, cuya hidropica sed se le bebe todo, sin dejar apenas una gota para tributar al mar, que es solamente el rio en todo el mundo que esta previligiado deste pecho[430]; haciendo mayor la belleza desta entrada infinitas granjas, por una parte y por otra, que en cada una se cifra un jardin terrenal, granizando azahares, mosquetas y jazmines reales. Y al mismo tiempo que ellos iban llegando a la puerta de Carmona, atisbo el Cojuelo entrar por ella a caballo, con vara alta y los dos corchetes que saco del infierno, a Cienllamas; y volviendose a don Cleofas, le dijo: --Aquel que entra por la puerta de Carmona es comisario de mis amos, que viene contra mi a Sevilla: menester es guardarnos. --No se me da dos blancas[431]--dijo don Cleofas--; que yo estoy matriculado en Alcala, y no tiene ningun tribunal juridiccion[432] en mi persona; y fuera de eso, dicen que es Sevilla lugar tan confuso, que no nos hallaran, si queremos, todos cuantos hurones tiene Lucifer y Bercebu[433]. Entrandose en la ciudad los dos a buen paso y guiando el Cojuelo, la barba sobre el hombro[434], fueron hilvanando calles, y, llegando a una plazuela, reparo don Cleofas en un edificio sumptuoso de unas casas que tenian una portada ostentosa de alabastro y unos corredores dilatados de la misma piedra. Preguntole don Cleofas al Cojuelo que templo era aquel, y el le respondio que no era templo, aunque tenia tantas cruces de Jerusalen del mismo relieve de marmol, sino las casas de los duques de Alcala, marqueses de Tarifa[435], conde de los Molares y adelantados mayores de Andalucia, cuya grandeza ha heredado hoy el gran Duque de Medina Celi, por falta de hijos herederos, que aunque fuera mayor, no le hiciera mas: que por Fox y Cerda es lo mas que puede ser. --Ya conozco ese principe--dijo don Cleofas--, y le he visto en la Corte, y es tan generoso y entendido como gran senor. Con esta platica llegaron a la Cabeza del Rey don Pedro, cuya calle se llama el Candilejo[436], y atravesando por cal[437] de Abades, la Borciguineria[438] y el Atambor[439], llegaron a las calles[440] del Agua[441], donde tomaron posada, que son las mas recatadas de Sevilla. En este tiempo, a nuestro Astrologo o Magico se lo habia llevado de una aplopejia[442] el demonuelo zurdo que sustituia al Cojuelo, y bajo a pedir justicia a Lucifer en el gueeso del alma, sin las mondaduras del cuerpo, del quebrantamiento de su redoma; y dona Tomasa, no olvidando los desaires de don Cleofas, trataba con otra requisitoria de venir a Sevilla, con un galan nuevo que tenia, soldado de los galeones, para tomar venganza casandose con el licenciado Vireno de Madrid la Olimpia de mala mano[443], sabiendo que se habia escapado alla. Don Cleofas y su camarada no salian de su posada, por desmentir las espias de Cienllamas y de Chispa y Redina, y subiendose a un terrado una tarde, de los que tienen todas las casas de Sevilla, a tomar el fresco y a ver desde lo alto mas particularmente los edificios de aquella populosa ciudad, estomago de Espana y del mundo, que reparte a todas las provincias del la sustancia de lo que traga a las Indias en plata y oro (que es avestruz de la Europa, pues digiere mas generosos metales)[444], espantandose don Cleofas de aquel numeroso ejercito de edificios, tan epilogado, que si se derramara, no cupiera en toda la Andalucia, le dijo a su companero: --Ensename desde aqui algunos particulares, si se descubren a la vista. El Cojuelo le dijo: --Ya por aquella torre que descubrimos desde tan lejos discurriras que esa bellisima fabrica que esta arrimada a ella es la Iglesia Mayor y mayor templo de cuantos fabrico la antigueedad ni el siglo de agora reconoce. No quiero decirte por menudo sus grandezas; basta afirmarte que su cirio pascual pesa ochenta y cuatro arrobas de cera[445], y el candelero de tinieblas, de grandeza notable, es de bronce, y de tanta ostentacion y artificio, que si fuera de oro no hubiera costado tanto[446]. Su custodia es otra torre de plata, de la misma fabrica y modelo[447]; su trascoro no perdono piedra esquisita y preciosa a los minerales; su monumento es un templo portatil de Salomon[448]. Pero salgamonos della; que aun con las relaciones ni los pensamientos no podemos los demonios pasealla, y vuelve los ojos a aquel edificio que se llama la Lonja[449], cortada del pernil de San Lorenzo el Real, diseno de don Felipe II, y a mano derecha della esta el Alcazar, posada real y antigua de los reyes de Castilla, fertil albergue de la primavera, de quien es ilustrisimo Alcaide el Conde Duque de Sanlucar la Mayor, gran Adtlante[450] del Hercules de Espana, cuya prudentisima cabeza es el reloj del gobierno de su monarquia; que a no estar labrado el Buen Retiro[451], fabrica de inimitable ejemplar por el edificio, los jardines y estanques, tuviera este palacio sevillano la primacia de todas las casas reales del mundo, poniendo en primer lugar el real salon que la majestad del rey don Felipe IV el Grande ha copiado de su divina idea, donde todas las admiraciones vienen cortas, y las mayores grandezas enjagu