The Project Gutenberg EBook of Escenas Montanesas, by D. Jose M. de Pereda This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at www.gutenberg.net Title: Escenas Montanesas Author: D. Jose M. de Pereda Release Date: June 15, 2004 [EBook #12627] Language: Spanish Character set encoding: ASCII *** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ESCENAS MONTANESAS *** Produced by Stan Goodman, Virginia Paque and the Online Distributed Proofreading Team. OBRAS COMPLETAS DE D. JOSE M. DE PEREDA DE LA REAL ACADEMIA ESPANOLA TOMO V ESCENAS MONTANESAS MADRID 1919 ADVERTENCIA _Ha llegado el momento de realizar el proposito anunciado en la que se estampa en el tomo I de esta coleccion de mis_ OBRAS; _y le realizo incluyendo en el presente volumen los cuadros_ Un marino, Los bailes campestres _y_ El fin de una raza, _desglosados, con este objeto, del libro rotulado_ ESBOZOS Y RASGUNOS, _en el cual apareceran, en cambio y en su dia_, Las visitas y iComo se miente!, _que hasta ahora han formado parte de las_ ESCENAS MONTANESAS. _Por lo que toca a_ La primera declaracion _y_ Los pastorcillos, _si algun lector tiene el mal gusto de echar de menos estos capitulos en cualquiera de los dos libros, entienda que he resuelto darles eterna sepultura en el fondo de mis cartapacios, y iojala pudiera tambien borrarlos de la memoria de cuantos los han conocido en las anteriores ediciones de las_ ESCENAS! _Con este trastrueque, merced al cual ganan algo indudablemente ambas obras en unidad de pensamiento y en entonacion de colorido, se hace indispensable la supresion del prologo de mi insigne padrino literario, Trueba, el cual prologo es un analisis de las_ ESCENAS, _cuadro por cuadro, y en el orden mismo en que se publicaron en la primera edicion; y suprimido este prologo, claro es que debe suprimirse tambien el mio, que le precede en la edicion de Santander y no contiene otro interes para los lectores que el engarce de unos parrafos de Menendez y Pelayo, en los cuales se ventila a la ligera una cuestion de arte que el mismo ilustre escritor trata con la extension debida en el estudio que va al frente del tomo I de estas_ OBRAS. _Y con esto, y con anadir que todos los cuadros de este libro que no lleven su fecha al pie, o alguna advertencia que indique lo contrario, son de la edicion de 1864, queda advertido cuanto tenia que advertir al publico en este lugar su muy atento y obligado amigo_, J.M. DE PEREDA. Septiembre de 1885. SANTANDER (ANTANO Y OGANO) I Las plantas del Norte se marchitan con el sol de los tropicos. La esclavizada raza de Mahoma se asfixia bajo el peso de la libertad europea. El sencillo aldeano de nuestros campos, tan risueno y expansivo entre los suyos, enmudece y se apena en medio del bullicio de la ciudad. Todo lo cual no nos priva de ensalzar las ventajas que tienen los _Carmenes_ de Granada sobre las estepas de Rusia, ni de empenarnos en que usen tirillas y fraque las kabilas de Anghera, y en que dejen sus tardas yuntas por las veloces locomotoras nuestros patriarcales campesinos.... Pero si me autoriza un tanto para reirme de esas largas disertaciones encaminadas a demostrar que los nietos de Cain no supieron lo que era felicidad hasta que vinieron los fosforos al mundo, o, mejor dicho, los fosforeros, o como si dijeramos, los hombres de ogano. Y me rio muy descuidado de la desdenosa compasion con que hoy se mira a los tiempos de nuestros padres, porque estos, en los suyos, tambien se reian de los de nuestros abuelos, que, asimismo, se rieron de los de sus antepasados; del mismo modo que nuestros hijos se reiran manana de nosotros; porque, como es publico y notorio, las generaciones, desde Adan, se vienen riendo las unas de las otras. Quien hasta hoy se haya reido con mas razon, es lo que aun no se ha podido averiguar y es probable que no se averiguee hasta que ria el ultimo; pero que cada generacion cree tener mas derechos que ninguna otra para reirse de todas las demas, es evidente. He dicho que el hombre se rie de cuanto le ha antecedido en el mundo; y he dicho mal: tambien se rie de lo que le sigue mientras le quedan mandibulas que batir. Resultado: que el hombre no halla bueno y tolerable sino aquello en que el toma parte, o en que la toman los de su lechigada. Mientras es actor en los sucesos del siglo en que nace, todo va bien; pero desde el momento en que, gastado el eje de su vida, se constituye en mero espectador, nada es de su agrado.--Abrid la historia de las pasadas sociedades; leed al filosofo critico mas reverendo, y le vereis mientras se jacta de haber dado ensanche al patrimonio ruin de la inteligencia que heredo de sus mayores, lamentarse de los locos extravios de la de sus hijos. Y cuando a los nuestros entreguemos manana el imperio del mundo, palparemos mas evidente esta verdad. Una vez apoderados ellos del cetro, vereis lo que tarda nuestra generacion, entonces caduca e impotente, en llamarlos dementes y desatentados; casi tan poco como en que ellos nos miren con lastima, y, alumbrados por el sol de la electricidad, se rian a nuestras encanecidas barbas de los resoplidos del vapor de nuestras locomotoras. Y esto ?que significa? Que la humanidad siempre es la misma bajo los distintos disfraces con que se va presentando en cada siglo. Y si el lector al llegar aqui, y en uso de su derecho, me pregunta a que conducen las anteriores perogrullescas reflexiones, le dire que ellas son lo unico que saque en limpio de mi ultima sesion con mi buen amigo don Pelegrin. Don Pelegrin Tarin es un senor fechado aun mas alla de la ultima decena del siglo XVIII, uno de esos hombres cuyo conocimiento se hace en el cafe con motivo de una jugada a las damas, o la duda de una fecha, o el relato de un episodio de la guerra de la Independencia; un senor chapado y claveteado a la antigua, y en cuyo ropaje y fachada se puede estudiar la historia civil y politica de su tiempo, del mismo modo que sobre un murallon cubierto de grietas y de musgo se estudia el caracter de la epoca en que se construyo ... y no se cuantas cosas mas, segun es fama. La verdad es, sin que importe el como, que don Pelegrin se hizo amigo mio, y que raro es el dia en que no me echa un parrafo de historia antigua, apenas entro en el cafe, su morada habitual desde las tres de la tarde hasta las ocho de la noche, y me siento en mi rincon preferido... Y ahora recuerdo que la coincidencia de buscar los dos el angulo mas apartado, a la vez que el sofa mas mullido del cafe, dio origen a nuestro conocimiento. Comenzo el buen senor por aburrirme muchas veces, hablandome de la guerra _del frances_, como el dice, y del Duque de Wellington. Hablabame tambien a cada paso de la politica del Rey y de los puntales del Tesoro, del pinguee resultado de los _gremios_ ... y que se yo de cuantas cosas mas; y haciendo sus aplicaciones a las modernas doctrinas y al presente sistema administrativo, sacaba las consecuencias que le daba la gana, porque yo a todo atendia menos a contradecirle. Pero comenzo un dia a hablarme del Santander de sus tiempos y de las costumbres de su juventud, y sin darme cuenta de lo que me sucedia, halleme con que me iba interesando el viejo don Pelegrin. ?Y como no interesarme si es la mejor cronica del pueblo, la unica tal vez que nos queda? Desde entonces estreche mas mi trato con el, y di en agobiarle a preguntas. Pero el bendito senor, sea efecto de sus anos o de su caracter vehemente, tiene la costumbre de comentar todo lo que dice y de meterse a filosofar y a hacer digresiones sobre la cosa mas trivial; de suerte que nunca pude obtener un cuadro exacto y bien detallado del Santander de antano, tal como yo le queria para darsele a mis lectores, seguro de que me le agradecerian como una curiosidad. Lo mas acabado que salio de su descriptivo-critico ingenio, es lo que ustedes van a leer (si tanta honra quieren dispensarme). Malo o bueno, ello es de la propiedad de don Pelegrin, y en el declino mi responsabilidad.... II Despues de un vago preambulo, exclamo asi el buen senor: --Mire usted, amigo mio: yo no estoy literalmente renido con esa batahola infernal, con ese movimiento que forma hoy la base de la sociedad en que ustedes viven, no senor: comprendo perfectamente todo lo que vale y el caudal inmenso de ilustracion que representa; pero esto no puede satisfacer las humildes ambiciones de un hombre de mis anos. Desenganese usted, yo no puedo menos de recordar con entusiasmo aquellas costumbres rancias, tan ridiculizadas por los modernos reformistas: ellas me nutrieron, entre ellas creci y a ellas debo lo poco que valgo y el fundamento de esta familia que hoy me rodea, y, aunque montada a la moderna, respeta mis _manias_, como ustedes dicen, y me permite vivir cincuenta anos mas atras que ella. No tengo inconveniente en decirlo: mis vigilias, mis anhelos, todos mis afanes materiales han sido y aun son para mis hijos; pero lo demas.... iAh!; lo demas, incluso el traje, como usted esta viendo, todo lo rindo en honor de aquellos felices tiempos de mi juventud. Dicho lo cual sin resollar y con visible emocion, don Pelegrin, como de costumbre, diserto sobre la sencillez de las costumbres de sus tiempos, afanandose por convencerme de que eran mucho mas recomendables que las nuestras, con la cual intencion, asegurandome que la historia de los hombres de entonces, socialmente considerados, era, _plus minusve_, una misma en cada categoria, trazome de la suya lo que _ad pedem literae_ voy a copiar: --A los diez y siete anos--dijo--habia terminado yo la escuela; sabia las cuentas hasta la de _cuartos-reales_, y tenia una forma de letra que, como decia mi maestro, se escapaba del papel. A los diez y ocho entre con los Padres Escolapios a estudiar latin; a los veintitres era todo un filosofo apto para emprender cualquier carrera literaria. Mi senor padre (que Dios haya), fundandose en que ya habia en la familia un fraile, un guardia y un empleado en las Covachuelas de Madrid, se empeno en que yo fuese jurisconsulto, por lo cual habia escrito a Salamanca, un ano antes de terminar yo la filosofia, en demanda de hospedaje y de recua que me condujese, en retorno de una de sus expediciones semestrales de garbanzos, juntamente con los otros dos estudiantes que, segun se murmuraba por el pueblo, debian marchar tambien con igual destino que yo.... iMe parece que fue ayer cuando, por primera vez en mi vida, sali a correr el mundo!... En el meson del _Monje_, que estaba al principio de la calle de San Francisco, monte sobre un macho cargado de azucar y campeche; despues de haber recibido la bendicion de mi senor padre que me contemplaba con sereno rostro, aunque con el alma acongojada por la idea de separarse de mi. Tambien estaban alli los padres de mis dos companeros de expedicion, los amigos de todos ellos y los curiosos que nos habian visto confesar el dia antes; medio pueblo, amigo mio, nos rodeaba en el meson; medio pueblo que nos siguio hasta el Cristo de Becedo, que estaba en el lugar que despues ocupo el Peso publico, y ultimamente esa gran casa que llaman tambien del Peso. Alli rezamos un _Credo_, postrados todos de hinojos; eche algunos cuartos en el cepillo del santuario, volvi a montar sobre el macho, y con un "buen viaje" de todos y una mirada de mi senor padre que hizo brotar las lagrimas de mis ojos, partimos mis dos amigos y yo para Salamanca, adonde llegamos sanos y salvos, despues de mil divertidos episodios, que tal vez le cuente en otra ocasion, a los diez y nueve dias, ocho horas y catorce minutos. --?Es posible--dije interrumpiendo a don Pelegrin--que solo tres estudiantes salieran de Santander en un ano? --Y era mucho salir--me contesto en tono enfatico.--Repare usted que estaba carilla la carrera de letrado. Solamente el arriero costaba al pie de quince duros aunque era de su obligacion mantenernos a su costa durante el viaje; y la estancia anual en Salamanca no nos bajaba a cada uno, con ropa limpia y derechos de Universidad, de mil quinientos a dos mil reales. --iCaspita!--exclame yo muy serio, acordandome de lo que habia gastado en los tres dias del ultimo carnaval de mi vida de estudiante.--iAhi era un grano de anis!... Pero no sabia yo, don Pelegrin, que fuese usted abogado. --Y no lo soy, ica!...; porque vera usted lo que paso. En las primeras vacaciones que me dieron, y en recompensa de la buena censura que obtuve del sinodal en el examen, me permitio mi senor padre que hiciese un viaje de recreo adonde mas me acomodase y por todo el tiempo que me pareciese prudente. Entonces estaba muy de moda entre los jovenes pudientes de aqui, irse a San Juan de Luz y a Bilbao, con motivo de unos celebres partidos de pelota que habia a cada paso entre vascongados y bayoneses. Yo elegi el ultimo punto por la comodidad con que entonces se hacia el viaje; pues habia un _paquete_ quincenal entre aquel puerto y este; un quechemarin que se ponia junto a la botica del doctor Cuesta.... ?Se admira usted? Es que entonces ni existia la plaza de la Verdura, ni en su existencia se pensaba, porque llegaba la marea muy cerca del Arco de la Reina. Pues, senor, tome pasaje en el quechemarin, cuyo capitan era conocido de mi padre; y en la confianza de que tardariamos dia y medio en llegar, como era costumbre del barco, segun decian, y por eso se llamaba el _Rapido_, hicimonos a la mar. Pero dio en soplar un vientecillo del Nordeste apenas montamos el cabo Quejo, que nos echo sobre Llanes cuando pensabamos alcanzar a Portugalete. Alli se armo un zipizape del Noroeste con tal cerrazon y tales celliscas, que al cuarto dia amanecimos mar adentro y sin ver una pizca de tierra. El capitan, segun entonces nos confeso, nunca habia navegado mas que por la costa de Vizcaya, ni conocia la altura en que nos hallabamos, ni, lo que era peor, el modo de averiguarlo: asi fue que, encomendandonos a Dios, pusimos la popa al viento, trincamos el timon, y a los siete dias de tormenta nos colamos de noche en un boquete que al capitan se le antojo Santona; mas al preguntar, cuando amanecio, al patron de un patache que teniamos al costado, en donde nos hallabamos, supimos que en Castropol. Para abreviar, amigo mio: a los diez y siete dias de nuestra salida de Santander volvimos a fondear en las Atarazanas, despues de habernos equivocado en todos los puertos de la costa, y sin poder tropezar con el que ibamos buscando. A mi familia, que en todo ese tiempo no tuvo noticias mias, figurese usted que entranas se le habrian puesto: por lo que hace a mi padre, juro que en su vida me volveria a separar de su lado, y asi sucedio.--Ahora comprendera usted por que abandone la carrera. Veinticinco anos habia cumplido cuando entre en una de las pocas casas de comercio que habia en Santander, con animo de instruirme en el ramo para poder bandearme despues por mi cuenta. iQue vida aquella, cuan diferente de la de ustedes ... y que placentera, sin embargo! Y eso que no teniamos bailes de campo en el verano, ni fondas en el Sardinero, ni trenes de recreo, como ahora. No hablemos de los dias de labor, porque en estos se daba por muy contento el que de nosotros sacaba permiso para ayudar una misa en Consolacion o para cantar un responso con los Padres de San Francisco; pero llegaba el domingo, ivalgame Dios!, y ya no nos cabia en el pueblo tan pronto como se acababa el Rosario de la Orden Tercera, durante el que (Dios me lo perdone) nunca faltaba un ratoncito que soltar entre los devotos, o alguna divisa que poner en la coleta de algun currutaco. ?Ve usted esas casas primeras de la Cuesta del Hospital? Pues en su lugar habia un prado que cogia parte de la plaza de San Francisco. Alli jugabamos al _jito_, y a la _catona_, hasta sudar la gota de medio adarme; tambien jugabamos a las _guerrillas_ y al _rodrigon_, juegos muy en uso entonces que los habia traido un salmista de Cervatos, emigrado por cierto pique que tuvo con un prebendado de aquella Colegial. Otras veces nos ibamos a echar cometas al Molino de Viento, o a chichonar grilleras a los prados de Vinas, segun las estaciones del ano, o a saltar las huertas de San Jose, que a todo haciamos, como jovenes que eramos.... Yo, sobre todo, con este genio tan francote y acomodado que Dios me dio, gozaba con todo mi corazon. Tenia dos amigos en la calle de San Francisco que parecian nacidos para mi. El uno tocaba el pifano y el otro el rabel, entrambos de aficion; pero ique tocar!... Yo tambien era aficionadillo a la musica, y punteaba en la guitarra un baile estirio y dos minuetes. Pues, senor, nos poniamos los tres al anochecer de los domingos del verano, despues de nuestra partida de _jito_, a la puerta del balcon, y dale que le das a los instrumentos, llegabamos a reunir en la calle una romeria. Personas de todas edades y condiciones, cuanta gente volvia de pasear o de la novena, se plantaba al pie del balcon hasta que nosotros nos retirabamos.... Y vea usted, que demonio: en cuanto llego a hacerse de moda en aquella calle la reunion del pueblo, nos prohibio tocar el senor Corregidor. Yo no se que se corria entonces por la ciudad sobre francmasoneria. La guerra del frances habia dejado a las gentes muy recelosas y asombradizas, y la nota de _afrancesado_ todavia quitaba el sueno a mas de cuatro espanoles. Lo cierto es que por entonces comenzaron a gastar los elegantes el _peque_ sobre el _sortut_, y las madamitas la _escofieta_ con sus _airones_ de a media vara; tambien se introdujeron en la mesa la sopa a la _ubada_, el principio de _pulpiton_ y el postre de _compota_, que de alli data el que ustedes usan...; en fin, que las senas eran fatales; que se temia una logia a cada vuelta de esquina, y que creimos muy natural la prohibicion del senor Corregidor, que temblaba, como el nos dijo, toda reunion que pasara de tres individuos. III --Pues, senor, volviendo al asunto, y en la imposibilidad de referir punto por punto toda la historia de mi juventud, porque no acabariamos hoy, le dire a usted que a los cinco anos de mi practica de comerciante, habiendo conocido perfectamente el manejo de los negocios y a una joven vecina de mi principal, monte de cuenta propia un establecimiento de generos de refino, y me case el dia mismo en que cumplia treinta y un anos; cosa que me costo mis trabajillos, porque los once meses de Salamanca me habian procurado una reputacion de calavera de todos los demonios.--Casado ya, mi vida tomo un giro enteramente diverso del de hasta entonces. Desde luego fui nombrado sindico del gremio de zapateros, procurador municipal de dos pueblos agregados a este ayuntamiento, vocal perpetuo de una junta de parroquia, tesorero de la Milicia Cristiana y asesor jurado de una comision calificadora para los delitos de sospecha de traicion a la causa del Rey. Con todos estos cargos me puse en roce con las personas mas importantes de la ciudad y me dieron entrada en _palacio_, que era todo mi anhelo ya mucho tiempo hacia, porque Su Ilustrisima era hombre de gran eco entre las gentonas de Madrid, y lo que por su conducto se averiguaba en Santander, no habia que preguntar si era el Evangelio. Tenia Su Ilustrisima tertulia diaria de ocho a nueve de la noche, y la formabamos un medico muy famoso por sus chistes, que hablaba latin _como agua_; el P. Prior de San Francisco, hombre sentencioso y de gran consejo; un abogado del Rey, caballero de Carlos III; mi humildisima persona, y un Intendente de rentas, hombre de bien, si los habia, temeroso de Dios como ninguno, servicial y placentero que no habia mas que pedir.... Por cierto que murio anos despues en Cadiz, de una disenteria cuando el sitio del frances. Estas eran las personas constantes alrededor de Su Ilustrisima; ademas habia otras muchas que alternaban cuando les parecia oportuno. --Para que usted se forme una idea del caracter del bendito senor Intendente, voy a referirle un suceso digno, por otra parte, de que se imprimiese en letras de oro. Presentose una noche en la tertulia algo mas tarde de lo acostumbrado y con aire de hondo disgusto en su fisonomia. Tratamos de averiguar la causa, y despues de mil ruegos, hasta del senor Obispo que le queria mucho, pudimos arrancarle estas palabras:--"Senores, tenemos comediantes en la ciudad"; palabras que hicieron en la tertulia una impresion desagradabilisima, porque faltaban diez y siete dias para la cuaresma, y el pueblo, con la guerra y con las ideas locas que se iban apoderando de la gente, mas que comedias necesitaba sermones. Pues, senor, tratose seriamente sobre el particular, y se autorizo al fin al Intendente para que el lo arreglara a su antojo. Y, efectivamente, al otro dia se presento al director de la compania, que ya habia arrendado una bodega en la calle de las Naranjas, diciendole que era preciso que a todo trance saliese de Santander.--El pobre hombre se quedo hecho una estatua al oir la proposicion.--"Senor, le dijo, mire V.S. que vengo desde mas alla de Becerrilejo; que traigo ocho de familia y cuatro caballerias para ellos y para los equipajes; que he pagado adelantado el alquiler de la bodega, y he gastado mucho en colocar la tramoya que V.S. esta viendo. Si me marcho sin dar media docena de funciones, me pierdo para toda la vida.--?Cuanto pueden valerle a usted las seis funciones?, le pregunto el Intendente.--Yo cuento, senor, con que no baje de quinientos reales despues de pagar la bodega, las luces y los dos tamborileros que han de tocar durante los intermedios.--Pues ahi van mil, contesto el bendito senor, dandole un cartucho de monedas que ya llevaba preparado al efecto; pero es preciso que ahora mismo desaloje usted el local, y sin perder un solo minuto salga con su gente de Santander." El comediante vio el cielo abierto, hizo lo que deseaba el Intendente, y, sin salir este de la bodega, se desarmo la tramoya, se cargaron las caballerias, montaron los comediantes ... y nadie volvio a acordarse de ellos. ?Pero usted cree que cuando el Intendente, lleno de jubilo, entro por la noche en la tertulia, hallabamos medio de hacerle tomar la parte que nos correspondia de los mil reales? iQue si quieres! Fue preciso que Su Ilustrisima se lo suplicara con mucho empeno.--"He hecho una obra buena, decia; ?que mejor aplicacion he podido dar a esa parte del caudal que el Senor me ha confiado?..." Le digo a usted que era todo un bendito de Dios el senor Intendente. Reime de veras con el sucedido de los comediantes. --?Es posible--dije a don Pelegrin--que tal idea se tuviese entre ustedes del teatro?; ?que asi le tomasen como foco de desmoralizacion? --?Y que le dire yo a usted?--me contesto:--entre nosotros no faltaba quien dijera, como ustedes hoy, que era, mas que escuela de vicios, catedra de moralidad; pero, sin embargo, yo opinaba mejor (y cuidado que no soy fanatico) con el padre Prior que decia, cuando de ello le hablaban: "Podran los devotos del teatro asistir a el como a una catedra de virtudes; pero lo cierto es que en ninguna parte se predica mas moral y mas clara que en el pulpito, y si se pusiera la entrada a dos cuartos, tal vez ni los monaguillos nos escucharan." De todos modos, el pueblo no echaba en falta esos pasatiempos: ?a que empenarnos en darselos cuando, por lo menos, le habian de crear una nueva necesidad? --Segun ese sistema--repuse,--aun estariamos como el indio Caupolican. Sepa usted, don Pelegrin, que es un deber para el nombre adoptar todo aquello que puede dar ensanche a su inteligencia. Los progresos materiales.... --Ya parecio el peine--me interrumpio con cierto despecho;--icomo si hasta que ustedes vinieron al mundo no supiera el hombre lo que era dignidad! --No se ofenda usted, don Pelegrin, y oigame con calma. En todos tiempos y en todas epocas ha habido hombres ilustres: no hago al talento ni a la dignidad patrimonio de nuestros dias; pero ?a que en los suyos echaban esos mismos hombres muchas cosas de menos?; ?a que hallaban un vacio en la sociedad, como si adivinaran algo de la gran revolucion que muy pronto iba a operarse en las costumbres? Usted mismo.... --iQue vacio ni que calabaza!--exclamo mi viejo amigo, verdaderamente sulfurado, y con unos ademanes que no me dejaban duda de que habia cometido una torpeza en tocarle este resorte, precisamente cuando necesitaba e iba yo a saber grandes cosas de la tertulia de Su Ilustrisima.--Lastima--continuo--me causan ustedes cuando les oigo hablar de esa manera. Ustedes, ustedes son, por el contrario, los que desean siempre _algo_, y este algo es precisamente lo que nosotros teniamos de sobra: la paz del espiritu. Ustedes tienen la sensibilidad encallecida, expuesta al roce de todos los sucesos del siglo en su atropellada marcha; el alma rendida de vagar por un espacio enmaranado y de atmosfera pestilente, y las ideas revolviendose en una orbita insegura y desequilibrada, que no les permite encarinarse con un objeto sin que otro nuevo venga a borrar su huella. Nosotros, merced a lo que hoy se llama ignorancia, teniamos las afecciones mas limitadas, y con la sensibilidad casi virgen, nos preocupaba el suceso mas comun en la vida de ustedes; nuestras ilusiones eran pequenas, es cierto, pero fuertes, y, sobre todo, consoladoras. Nosotros, por lo mismo que ambicionabamos poco, nos satisfaciamos al instante; pero ustedes, cuya ambicion no conoce limites, no se satisfaran jamas. Yo, unicamente, que he pasado por las dos epocas, comprendo cuanta verdad encierra lo que le estoy diciendo: para que usted lo comprendiera del mismo modo, seria preciso que tocase y palpase aquello cuyo recuerdo le merece tan desdenosa compasion; es decir, que junto a este Santander de cuarenta mil almas, con su ferrocarril, con sus monumentales muelles, con su ostentoso caserio, con sus cafes, casinos, paseos, salones, periodicos, fondas y bazares de modas, surgiese de pronto la vieja colonia de pescadores, con sus diez mil habitantes y seis casas de comercio provistas de Castilla por medio de recuas, o de _carros de violin_; la vieja Santander sin muelles, sin teatro, sin paseos, sin otro periodico propio o extrano que la _Gaceta_ del Gobierno, recibida cada tres dias. Era preciso que usted pudiese apreciar vivos estos dos cuadros para que no dudase sobre cual de ellos cernia mas el tedio sus negras alas, y que generacion vivia mas tranquila y mas risuena, si la que se cubre con el oropel de la moderna sabiduria, o la cobijada bajo los harapos de nuestra vieja ignorancia. Seguro estoy de que no serian mis contemporaneos los que en esta exposicion presentasen mas arrugas en el alma. Por lo demas, amigo mio, pobres teniamos y pobres tienen ustedes; ricos avaros existian junto a ellos, y ricos insaciables existen. Es verdad que a nuestros pobres envilecian los mismos privilegios que hacian odiosos a los ricos; pero ustedes, quemando con la luz que han dado a los primeros las prerrogativas de los segundos y dejando las fortunas como estaban, han hecho pobres orgullosos, y ricos que a ciencia y conciencia son sordos a la voz del infortunio, y ciegos al aspecto de la miseria.... iLuces, ilustracion!...; todo estaria bien si a su claridad hallase pan el hambriento y abrigo el que tirita de frio; pero, desgraciadamente, la tan decantada luz solo sirve para hacer mas patentes la miseria y la opulencia, y mas insoportable para el pobre este eterno contraste.... Si esto es una preocupacion mia, que lo diga la historia politica y social de Europa de algunos anos a esta parte. El mismo tiempo hace que le dijeron al hombre desheredado de la fortuna: "no tienes oro, pero tienes derechos que conquistar, que al fin te valdran oro"; y desde entonces se esta rompiendo el bautismo en las calles, detras de las barricadas, para que se los arrebate el mismo que le provoca a la lucha; para no dejar de ver, ni por un solo instante en la sociedad, junto a uno que se muere de hambre, otro que revienta de harto. ?Que es esto, amigo mio? Pues todo ello ya lo teniamos nosotros sin tanta musica ni tanto cacareo de dignidad y de derechos; y aun teniamos mas, porque con la misma desigualdad de fortunas, habia buena fe en los de arriba y resignacion en los de abajo. Resultado: que habia paz en los pueblos, alegria en los hogares, y grandes virtudes en el corazon. Ahora, si estas menudencias no valen nada para ustedes, la cuestion cambia de aspecto; y si el destino del hombre sobre la tierra es otro que hacer risueno y apacible el grupo de una familia cobijada al calor del hogar domestico, confieso sin repugnancia que nuestras patriarcales costumbres fueron un borron que mancho a la humanidad en los tiempos del llamado obscurantismo. Aqui don Pelegrin se limpio los labios con su panuelo, arreglo la capa sobre las rodillas, saco la caja de rape y tomo un polvo con marcial desenfado. En vano le llame al orden y le rogue que continuase hablandome de la tertulia de Su Ilustrisima: le habia tocado su cuerda mas sensible, y, como siempre, se engolfo entre sus rancias memorias: no halle medio de dirigirle una pregunta sin obtener por respuesta parrafadas como la anterior. En vista de ello, supuse una ocupacion urgente, despedime de el y sali del cafe, haciendo que me reia de sus lucubraciones, o, lo que es lo mismo, comentando la sesion en terminos iguales o parecidos a los que han servido de introduccion a este bosquejo. EL RAQUERO I Antes que la moderna civilizacion en forma de locomotora asomara las narices a la puerta de esta capital; cuando el alipedo genio de la plaza, acostumbrado a vivir, como la pendola de un relo, entre dos puntos fijos, perdia el tino sacandole de una carreta de bueyes o de la bodega de un buque mercante; cuando su enlace con las artes y la industria le parecia una utopia, y un sueno el poder que algunos le atribuian de llevar la vida, el movimiento y la riqueza a un paramo desierto y miserable; cuando, desconociendo los tesoros que germinaban bajo su esteril caduceo, los cotizaba con dinero encima, sin reparar que sutiles zahories los atisbaban desde extranas naciones, y que mas tarde los habian de explotar con tan pinguee resultado, que con sus residuos habia de enriquecerse el; cuando miraba con incredula sonrisa arrojar pedruscos al fondo de la bahia; cuando, en fin, la aglomeracion de estos pedruscos aun no habia llegado a la superficie, ni el advertido que se trataba de improvisar un pueblo grande, bello y rico, el Muelle de las Naos, o como decia y sigue diciendo el vulgo, el _Muelle Anaos_, era una region de la que se hablaba en el centro de Santander como de Fernando Poo o del Cabo de Hornos. Confinado a un extremo de la poblacion y sin objeto ya para las faenas diarias del comercio, era el basurero, digamoslo asi, del Muelle nuevo y el cementerio de sus despojos. Muchos de mis lectores se acordaran, como yo me acuerdo, de su negro y desigual pavimento, de sus edificios que se reducian a cuatro o cinco fraguas mezquinas y algunas desvencijadas barracas que servian de depositos de alquitran y brea; de sus montones de escombros, anclotes, mastiles, maderas de todas especies y jarcia vieja; y, por ultimo, de los seres que respiraban constantemente su atmosfera pegajosa y denegrida siempre con el humo de las carenas. De nada de esto se habran olvidado, porque el Muelle de las Naos, efecto de su liberrimo gobierno, ha sido siempre, para los hijos de Santander, el teatro de sus proezas infantiles. Alli _se corria_ la catedra; alli se verificaban nuestros desafios a _trompada suelta_; alli nos familiarizabamos con los peligros de la mar; alli se desgarraban nuestros vestidos; alli quedaba nuestra ronosa moneda, despues de jugarla al _palmo_ o a la _rayuela_; alli, en una palabra, nos entregabamos de lleno a las exigencias de la edad, pues el baston del polizonte nunca paso de la esquina de la Pescaderia; y no se, en verdad, si porque los vigilantes juzgaban el territorio hecho una balsa de aceite, o porque, a fuer de prudentes, huian de el. Esta razon es la mas probable; y no porque nosotros fueramos tan bravos que osaramos prender a la justicia: es que sobre esta y sobre nosotros mismos, medio aclimatados ya a aquella temperatura, estaba el verdadero senor del territorio haciendo siempre de las suyas; el que intervenia en todos nuestros juegos como socio _industrial_; el que pagaba, si perdia, con el credito que nadie le prestaba, pero que, por de pronto, ganaba cuanto jugabamos; el que con solo un silbido hacia surgir detras de cada monton de escombros media docena de los suyos, dispuestos a emprenderla con el mismo Goliat; el que era tan indispensable al Muelle de las Naos como las ranas a los pantanos, como a las ruinas las lagartijas; EL RAQUERO, en fin. Este era el terror de los guindillas, el aluvion de nuestras fiestas, la rana de aquellos pantanos, la lagartija de aquellos escombros; el original del retrato que con permiso de ustedes, voy a intentar con mejor animo que colorido. La palabra _raquero_ viene del verbo _raquear_; y este, a su vez, aunque con energica protesta de mi tipo, del latino _rapio, is_, que significa _tomar lo ajeno contra la voluntad de su dueno._ Yo soy de la opinion del raquero: su destino, como escobon de barrendero, es apropiarse cuanto no tenga dueno conocido: si alguna vez se extralimita hasta lo dudoso, o se apropia lo del vecino, razones habra que le disculpen; y sobre todo, una golondrina no hace verano. El raquero de pura raza nace, precisamente, en la calle Alta o en la de la Mar. Su vida es tan escasa de interes como la de cualquier otro ser, hasta que sabe correr como una ardilla: entonces deja el materno hogar por el Muelle de las Naos, y el nombre de pila por el grafico mote con que le confirman sus companeros; mote que, fundado en algun hecho culminante de su vida, tiene que adoptar a punetazos, si a logicos argumentos se resisten. Lo mismo hicieron sus padres y los vecinos de sus padres. En aquellos barrios todos son paganos, a juzgar por los santos de sus nombres. II _Cafetera_, para servir a ustedes, era el de mi personaje. _Cafetera_, en el diccionario callealtero, es sinonimo de borrachera, una de las cuales tomo aquel, cuando apenas sabia andar, a caballo sobre una pipa de aguardiente, de cuyas entranas extrajo el liquido con una paja. Cafetera nacio en la calle Alta, del legitimo matrimonio del tio _Magano_ y de la tia _Carpa_, pescador el uno y sardinera la otra. Ya ustedes ven que, para raquero, no podia tener mas blasonada ejecutoria. Su infancia rodo tranquila por todos los escalones, portales y basureros de la vecindad. No hay contusion, descalabro ni tizne que su cuerpo no conociera practicamente; pero jamas en el hicieron mella el sarampion, la alfombrilla, la grippe, la escarlata ni cuantas plagas afligen a la culta infantil humanidad. Solamente la sarna y las viruelas pudieron vencer aquel pellejo: con la primera perdio la mitad de los cabellos; con las segundas gano los innumeros relieves de su cara. Pero asi y todo, le querian en su casa; tanto, que no habia cumplido cuatro anos cuando la tia Carpa le metio, de medio cuerpo abajo, en una pernera de los calzones viejos de su padre, dadiva que, anadida a una camisa que, tambien de desecho, le regalo su padrino el tio _Rebenque_, llego a formar un traje de lo mas vistoso, y a ser la envidia de sus pequenos camaradas, condenados a arrastrar su desnuda piel por los suelos, mientras su industria no les proporcionase mas lujosa vestimenta. Siete anos contaria, cuando su madre, conociendo por la chispa de que ya se hizo mencion y por otras proezas analogas, que era apto para las fatigas del mundo, comenzo a darle los tres mendrugos diarios de pan envueltos en soplamocos y puntapies. Cafetera, que no era lerdo, comprendio al punto hasta donde alcanzaba su privanza y lo que podia esperar de sus dioses lares; y como, por otra parte, sus liberrimos instintos se le habian revelado diferentes veces hablando con sus companeros sobre la vida raqueril, se decidio por el _arte_ en el cual hizo su estreno pocos meses despues del ultimo mendrugo, que le aplasto la nariz para nunca mas enderezarsele. Era un dia en que el tio Magano andaba a la mar, y la tia Carpa a vender un carpancho de sardinas. Cafetera estaba solo en casa, sentado sobre un arcon viejo, unico mueble de ella, no contando el catre matrimonial, rascandose la cabeza como aquel que acaricia una idea de gran transcendencia, y murmurando algunas palabras, no todas evangelicas, las mas de un colorido asaz rabioso. Despues de un largo rato asi invertido, alzose de su asiento, corrio la tapadera del mismo y saco media _basallona y_ un arenque, provisiones hechas por su madre para toda la semana y que el dividio en dos partes iguales. Comiose la primera, y guardo la segunda en el pecho de su camisa de bayeta verde. En seguida dio un par de chupadas a una punta que hallo pegada a la testera del catre, mientras se amarraba con una escota los enciclopedicos calzones a la cintura; oculto sus grenas bajo la cuspide de un gorro catalan; y, por ultimo, lanzose calle abajo en busca de aventuras, osado el continente, alegre la mirada, y tan lleno de jubilo como pudiera estarlo, en un caso muy parecido, el famoso manchego, si bien, a la inversa de este, no se le daba una higa porque la posteridad recordase o no que ya el rubicundo Apolo extendia sus dorados cabellos por la faz de la anchurosa tierra, cuando el, perdiendo de vista su casa, comenzo a respirar los corrompidos aires de la Darsena. Llegado al gran teatro de sus futuras operaciones, su primer cuidado fue buscar a la gente de su calana, a fin de orientarse mejor. No tardaron en aparecersele media docena de raqueros que, por unica bienvenida, le sacudieron tal descarga de coquetazos y de _pinas_, que el pobre quedo tendido en el suelo, aunque sin extranarse de semejante acogida, como no se extrana un novel academico, al ingresar en el seno de la corporacion, del consabido elocuentisimo discurso que le dedican los veteranos. Pasada la cachetina y solo Cafetera, limpio con el gorro sus lagrimas de coraje, y con la flema de un ingles recien llegado comenzo a reconocer el terreno que pisaba. Aburrido de pasear el Muelle en todas direcciones sin fruto alguno, encendio en un tizon de una carena una colilla que hallo al paso, y se sento a mirar como trabajaban los calafates. Cuando noto que estos le habian vuelto la espalda y que la estopa y las herramientas andaban al alcance de sus manos, virgen de toda nocion de fueros de pertenencia, creyo lo mas natural del mundo trasladar al insondable pecho de su camisa algunas libras de canamo y un escoplo; hecho lo cual, por consejo de su prudencia levantose con sigilo e hizo rumbo al polo opuesto. Pensando estaba en lo que haria con el hallazgo, cuando topo con la misma gente que poco antes le habia zurrado la badana: no hay necesidad de decir que el novel raquero, a la vista del enemigo, se preparo a virar en redondo; pero no le sirvio la maniobra. El jefe de los otros, pillastre de patente, con mas asomos de bozo que de vergueenza y que se llamaba _Pipa_, sacando por algunos hilos que se escapaban de la camisa del primero la madeja que ocultaba, cortole sus vuelos, y echando la zarpa al bulto, dijo, guinando el ojo a los suyos: --Arria en banda, Cafetera. Este, viendose abordado de tal manera, aunque sin esperanza de salvacion, trato de defenderse a mordiscos y patadas. --?Por que tengo de arriar?--gimio, apretando los dientes. --iArria, te digo! --iQue no me sale, vamos! --iAtizale, Pipa!--le decian los otros. Pero Pipa estaba por seguir, antes de la violencia, los tramites pacificos. --?Quien te dio esa estopa? --Lo he trincao--contesto Cafetera con acento sublime. iMagica palabra! Con ella dio el neofito, sin sospecharlo, una idea de su capacidad futura. Aquella cabeza chata, crespa y enmaranada, se habia engrandecido a los ojos de la patulea con la aureola del genio; el chico prometia mucho. Pipa, que no se parecia en nada a las eminencias de nuestra esclarecida sociedad, lejos de sofocar aquella naciente inteligencia, solto la presa que tenia agarrada y se dispuso, despues de mirar a los suyos, a prestarle toda la influencia de su posicion. --Sigueme--le dijo con ademan solemne. --?Aonde? --A pulir la estopa. ?Tienes mas? --iTengo un escoplo, de misto! --iAprieta!... iViva Cafetera!--exclamo el jefe, echando a correr hacia San Felipe. --iViva!--contestaron los demas, siguiendole y llevandose en medio al protegido. Por un callejon que entonces era intransitable por lo pendiente, y hoy es inaccesible porque forma angulo recto con la boveda celeste, echaron nuestros personajes a paso de carga, y no se detuvieron hasta llegar a una pequena barraca, incrustada entre un murallon de San Felipe y otro del Cristo de la Catedral, en cuyo estrecho recinto se veian amontonados diversidad de objetos, clasificados con la mayor escrupulosidad, y todos de la especie de los que ya Pipa habia recibido de manos del neofito. Alli, desde tiempo inmemorial, afluian los raqueriles productos de todo el pueblo, que, aunque singularmente valian cortisimas cantidades, llegaron, segun es fama, a formar, en cuerpo colectivo, un decente capital al humilde mercader que, ocultando su mustia fisonomia bajo una gorra de pieles, y detras de unas gafas como dos ruedas de polea, tenia fuerza de voluntad o codicia bastante para luchar de sol a sol con tan notabilisima parroquia. Clasificando estaba unas chapas de cobre, cuando asomo Pipa la cabeza dentro de la tienda. --?Que traes tu, pillete?--le interrogo, mirandole por encima de las gafas. --Esto--contesto laconicamente Pipa, depositando el genero sobre una mesa. El mercader de estopas y de cobre lo miro un instante como para evaluarlo, y saco del bolsillo, con mano torpe y perezosa, media peseta que dio al raquero. --?No echa mas usted?--dijo este contemplando la moneda. --Nada mas. --iAy, que contra!... iPues si el escoplo solo vale medio chule! --?Si?--gruno el comprador;--ipues descuidate y veras si te llevo al Capitan del puerto, tunante! Pipa comprendio que mas valia callar que comparecer ante tan encopetado personaje. Asi es que tomo la moneda, enseno la lengua al de las gafas ... y, a ser tan buen negociante como raquero, hubiera podido comprender, a la sola consideracion del contrato que acababa de hacer, que, sabiendo comprar, hasta la estopa, bien exprimida, arroja productos de oro. Pero ni el nene habia sonado jamas con la piedra filosofal, ni reparaba en los rendimientos de sus empresas cuando maldito el capital arriesgaba en ellas. Por eso salio muy ufano a la calle, reunio a los suyos, contolos uno a uno, miro a Cafetera con un poquillo de ternura, y con otra sena muy expresiva los arrastro a todos a la taberna de enfrente, en la que entro gritando: --iSeis tazas de cafe y seis copas de anisao! Cuando los granujas trasegaron a sus estomagos, en dos sorbos, las pocimas infames que les sirvio el tabernero, pago Pipa el gasto con la media peseta, mas un cuarto que saco de un pliegue de su mugriento gorro, y salieron todos a la calle. En ella formaron circulo, y el capitan, despues de escupir contra la cara del mas inmediato, echo mano a Cafetera y asi le hablo: --Ya sabes, nene, donde se compra cuanto se apanda. Mucho ojo y mucha vela. En un apuro, cuenta con nosotros. Raquear, a barredera, y mejor el cobre que el chicote. Si ves que andan las _chapas_, al vuelo ... y aprieta a correr. Si hay _cane_, orza y arria la mayor...; y avisa cuando haya trigo, que ya sabes como se gasta. Callo Pipa, miro a Cafetera que le escuchaba muy serio, y arrimandole un puntapie por la popa,--iA vivir!--le dijo.--Y se disolvio el corro, marchandose cada quisque por donde quiso. III Bien enterado Cafetera de los azares y estatutos de su nueva profesion, no quiso lanzarse a ella sin prevenirse antes contra las eventualidades. Al efecto, logro colocarse en uno de los botes del servicio publico. Era de su incumbencia achicar el agua; componer estrovos; buscar fletes y cuidar de la embarcacion cuando el botero no estaba presente; todo lo cual le producia un ochavo de cafe para el desayuno, una propina de cuatro o seis cuartos por cada flete si este valia la pena, lecho sobre el panel y una copa de cana de vez en cuando, amen, de algun chicotazo que el patron le sacudia siempre que lo juzgaba oportuno. Fuera del tiempo que esto le llevaba, consagraba el dia al ejercicio de su industria. Esta, en toda su esfera legal, le hacia legitimo dueno de cuanto cobre, estopa, hierro y madera de desperdicio hallara a sus alcances, ya sobre la superficie del Muelle, o revuelto entre el fango de la Darsena. Pero como el Muelle y la Darsena no tienen un limite determinado para la industria raqueril, solia tomar como prolongacion del primero la cubierta de algun buque atracado, llevandose a buena cuenta, si el vigilante se descuidaba, tal cual _menudencia_, como escotas, poleas, etcetera, etc. Con la propia sencilla buena fe, desde el centro de la Darsena se extendia hasta los contornos; y si se forraba algun casco, nunca le faltaba una chapita o clavo de cobre que ocultar en su remendada espuerta. Tal era la parte menos legal de su industria, que, en el poco tiempo que la ejercio, expuso su individual independencia a mil y un riesgos apuradillos. Por lo demas, lo pasaba en grande. No se pegaba de trompadas con los suyos mas de tres veces al dia; su madre no lograba echarle la vista encima arriba de una por semana, y para eso habia de cogerle durmiendo; de modo que sus siniestros de muelas, orejas y cabellos, por temporal materno, aunque pocos y buenos, aun le prometian pellejo sano para muchos anos. Alguna vez, entre otras, hacia sus correrias hasta el interior del pueblo, porque al raquero tambien le gusta el contacto de la civilizacion, por si algo se le pega; pero como esta suele andar muy precavida, y, por otra parte, sus raqueables materias no son del mayor aprecio en la oficina del comprador de hierro viejo, Cafetera frecuentaba poco este trato, y casi siempre tenia que huir de el a una de ... raquero, acosado por las estantiguas del municipio. Tambien se le ocurrio, como hijo que era de matriculado y marisco por los cuatro vientos, solicitar, a ejemplo de muchos de sus companeros, un puesto y quinon correspondiente en una lancha pescadora; pero esto le ocuparia demasiado. Tendria que esperarla todas las noches, limpiarla y vigilarla todo el ano y _desenmallar_ sardina en el verano. Precisamente su resistencia a este empleo era lo que mas provocaba la ira de la tia Carpa, que proyectaba sacar un buen pescador de su hijo, a quien, _velis nolis_, habia ya matriculado, y, por ende, sujetado a las ordenanzas de la Comandancia de Marina. Semejante idea preocupaba mucho a Cafetera, quien, como todos los de su laya, no concebia que ningun tribunal del reino alcanzase hasta el Muelle de las Naos con su vara, al paso que no podia recordar sentado y con paciencia la cara del Capitan del puerto. La carcel publica es para ellos un bulto mas en la poblacion pero los rebenques y los chicotes de a bordo, iira de Dios!, cosas son que les hacen temblar y no de frio. Hubierale a el dejado libre de toda persecucion el cabo de mar, y a fe que en poco tiempo, burlando la vigilancia de lo terrestre, se _embarba_, como el decia, de raqueo; y hasta comprado hubiera el almacen de hierro viejo, maximun de las fortunas, segun se creia en el Muelle de las Naos. Pero como no sucedia asi, los meses corrian y hasta los anos, y Cafetera, lejos de llegar a capitalista, perdio los ultimos pingajos de su vestido, ganando en cambio muchas nociones de baraja y no pocos titulos de borracho sobre el que ya tenia bien merecido. Entonces comenzo a mirar con desaliento la mezquindad de la Darsena, y la penuria de su explotacion legal. Sucediale algo de lo que al jugador que, acostumbrado a poner grandes cantidades a una carta, mira con aversion el corto salario que en la sociedad le proporciona el ejercicio de su profesion. En fuerza de meditar sobre su situacion concluyo por tirar su cesto a la mar; y sin otras armas que su ligereza de manos y de pies, se lanzo a lo sublime del arte. De todo habia en su nueva esfera de accion, especialmente de zozobras e inquietudes, dandoselas, y no flojas, la mala _traduccion_ que sus obras hallaban en el almacen de marras, unico punto adonde el se atrevia a llevarlas, porque en la poblacion del centro seguro estaba el de que no pasaban. Todo, sin embargo, iba hallando colocacion detras de los montones de estopa del almacen, aunque a muy bajo precio por ser genero de _mala venta_; pero no pudo haberla para el objeto de la ultima campana de Cafetera. Esto traia volado al raquero, que no sabia como deshacerse de el; pues ni regalarle queria, ni tirarle al mar, sin indemnizarse de los peligros que corrio al trincarle en la camara de popa de un buque de gran porte. El obstaculo que oponia a su compra el comerciante, era, aunque no se lo decia al raquero, el nombre del buque y el de su armador, diestramente esculpidos en la parte mas integrante del aparato; nombres que no podian borrarse sin exponer la estructura de este, ni darse al publico sin grave riesgo de los haberes y libertad del mercader. Largos dias paso Cafetera meditando sobre el asunto; y ya casi olvidado de el estaba una manana en que habia _libado_ bastante, sentado sobre un guardacanton, fumando una colilla, a caza de fletes para el bote y en espera de sus amigos para jugar al cane. Mucha gente habia pasado sin contestar al "?quiere un bote?" con que el raquero interpelaba a todo el mundo, cuando aparecio en escena un senor que, segun dijo el pillastre, traia _cara de flete_. --Uste, ?quiere un bote pa dir a bordo?--le dijo, como tenia por costumbre, asi que le tuvo a su lado. El senor, contra las presunciones del granuja, paso de largo, echandole a la cara una bocanada de humo de su grueso cigarro. Cafetera lo trago con ansiedad, y retirando de los labios su colilla, se fue detras del puro. --?Me da la punta uste? Choco al interrogado la desvergueenza del raquero. Mirole muy detenidamente, y --?Quien eres tu, chicuelo?--le pregunto. --Yo soy ... Cafetera. --?De donde eres? --De la calle Alta. --Y tu padre, ?como se llama? --El tio Magano. --Pero ?cual es tu nombre de pila? --?De que pila, uste? --De la de bautismo, animal. --Otra, ?que se yo?... ?Me da la punta! --?Conque tu fumas, eh? --iAy, que contra!...; ?quiere ver como las _tapo_? Y diciendo y haciendo, trago dos chupadas de su colilla, arrojando despues el humo por boca y narices con la abundancia y facilidad de una chimenea de vapor. El senor desconocido le miraba cada vez con mayor curiosidad. --Y ?a que te dedicas tu? --A cuidar el bote del tio Bandiate. --?Y nada mas? --Tambien soy raquero. --iHola, hola! ?Y que tal el oficio? --iQuia, senor; si no sale para cafe!... ?Me da dos cuartos? --Veremos si los mereces.... Dime antes lo que raqueas. --iComo no raquee! iSi andan mas listos a bordo!... --Pero alguna vez ya se descuidaran. --Quia, no senor. Ayer trinquemos, entre Pipa, Michero y yo, como tres libras de cobre; y pa eso, de poco nos guipan. --?En donde lo trincasteis?--insistio el senor con mas interes que nunca, dando dos cuartos al raquero. --Pos en esa freata que estan aforrando en el paredon--contesto Cafetera con la mayor sencillez, guardandose los cuartos en el faldon de la camisa y escupiendo por el colmillo. Para evitar tiempo, papel y paciencia, diremos que en fuerza de acosar y prometer el uno, acabo el otro por ir largando trapo, hasta que del ultimo remiendo de los calzones saco un magnifico cronometro de bolsillo, alhaja que, sin conocerla, le habia dado tanto que discurrir. A su vista, el buen senor quedose haciendo cruces y bendiciendo a la Providencia en sus adentros. Despues de prometer a Cafetera la compra como este decia, del _estrumento_, mandole que le siguiera para entregarle el dinero, lo cual hizo al punto lleno de jubilo el incauto raquero, sin sospechar lo que le habia de suceder, cosa que le hubiera sido muy facil al ser tan diestro conocedor de los atributos de un comisario de policia como de la verdasca de un cabo de mar. Grande fue la sorpresa del pilluelo cuando, siempre al lado del presunto comprador, llegaron a detenerse en la Capitania del puerto. Alli fueron los sobresaltos y congojas; tanto que, a no estar muy listo el grave senor de las borlas, se queda sin su presa, que ya andaba en trazas de escurrir el bulto. Entregado este y el cronometro a la autoridad, declaro Cafetera, llamose a Pipa y a Michero, cantaron todos de plano, y fueron al punto conducidos a la carcel, de donde despues de algunos meses de reclusion, salieron ... a tirar del _Bombo_ de la Carraca. Alli estuvieron tres anos agarrados a la maroma, hasta que, satisfechos sus jueces y la vindicta publica, los mandaron de retorno a su pais con algunos vicios de mas y mucha vergueenza de menos. Su primer pensamiento al pisar el patrio suelo, fue para el Muelle de las Naos; pero no fue poca su sorpresa cuando, en el colocados; comenzaron a examinarle en todas direcciones. La escollera de Maliano, la estacion del ferrocarril, el nuevo empedrado y otras reformas hechas precisamente mientras duro la condena de los pilluelos, era lo que ellos no podian comprender; mas lo que extravio sus razones hasta el extremo de llegar al espanto, fue la aparicion, por la Pena del Cuervo, de un monstruo silbando y arrojando nubes y fuego por la cabeza. No atreviendose a pronunciar una sola palabra, miraronse los tres sobrecogidos cuando notaron que el monstruo se acercaba a paso de gigante. Entonces perdieron la brujula; grito Pipa "iaguanta!" y se dieron a correr pensando que el mundo se acababa. Despues aca, aunque con la llegada de los trenes, a medida que la han visto repetirse, van familiarizandose bastante los raqueros, no ha sido hasta el punto de que estos permanezcan tranquilos en el Muelle de las Naos. Por el contrario, empujados y oprimidos por el potente movimiento que la poblacion ha tomado alli en los ultimos anos, van abandonando el territorio: ya tiene el raquero cien Argos que le contemplan, y no puede pasearse erguido como antes, senor de aquella insula remota. Para concluir, y en pro de este tipo tan popular en Santander, hare una ligera observacion: de vastagos tan carcomidos y tortuosos son muy frecuentes aqui robustos y fructiferos troncos. La historia de este puerto abunda en paginas brillantes debidas a la honradez, pericia y heroismo de nuestros marineros, muchos de los cuales han recorrido en su infancia un sendero tan expuesto y espinoso como el del tipo que acabo de bosquejar. Nuestro comercio tiene pruebas repetidas de lo que digo; y a fe, a fe, que no peco de prodigo con los venerables harapos de tan valientes marinos, al extender los anchos pliegues de su rico manto. LA ROBLA De maldita de Dios la cosa sirvieran los contratos de compraventa, si al tiempo de consumarlos no llevaran mas requisitos que el mutuo convenio de los contratantes y el _ante mi_ del tabelion mas competente del juzgado. Y cuidado, senores legistas, con atribuirme la pretension de poner en duda la legalidad de las formulas que sobre el particular se vengan usando desde la fecha de las Pandectas. iLibreme de ello Dios! Voy separandome del centro _civilizado_ donde la ley se halla en toda su pomposidad, y estoy refiriendome a los incultos moradores del campo, entre los cuales, sin dejar de acatarse el vigente codigo en todo lo que vale, aun se rinde culto reverente a la tradicion, la cual constituye para ellos un derecho tan sagrado como el que mas se funde en cuantas leyes se vengan haciendo desde la fabla de don Alonso el Sabio. Desenganese la previsora jurisprudencia: sin un requisito que les sea peculiar, estos paisanos no dan por terminado ningun negocio, aunque para cumplir con la ley le amortajen en mas testimonios y sellos que hay en un archivo de hipotecas. Pasar un objeto de las manos de Juan a las de Pedro sin cierta solemnidad _sui generis,_ valdria tanto como para la conciencia de un cristiano viejo un buen creyente sin bautizar, simil en que, sin duda alguna se fundaron los _academicos_ de mi lugar para llamar a dicha ceremonia _mojar el asunto_. No vale en el dia de manana, para disfrutar pacificamente la posesion de lo comprado, restregar los hocicos del vendedor con la resellada escritura de legitima pertenencia, que si ante la ley le asegura en la posesion, no es suficiente, sin embargo, para librar al poseedor de un litigio cada semana, en el que, por lo menos, pierda la paciencia, amen de algunos dinerillos que suelen irse en pos, por via de procuracion, asesoramiento y demas adminiculos de que es costumbre proveer a todo aquel que tiene la mala humorada de pesar sus derechos en la prudente balanza de Astrea. No hay, pues, titulo de propiedad que valga, si falta la fe de _bautismo_, el _fiat_ del tabernero mas proximo, LA ROBLA[1], para decirlo de una vez. El origen de esta ceremonia no consta en las cronicas montanesas, porque se pierde en la antigueedad de la aficion de los montaneses al acre mosto riojano[2]. Su definicion precisa tampoco es facil sin que se me olvide algun rasgo grafico de ella; por lo cual juzgo de rigor que nos traslademos adondequiera que se _eche_ una..., y alla nos vamos. Raro es el colono montanes que al poco tiempo de establecido no posea, como producto de sus _aparcerias,_ una pareja apta para las labores del campo, algun novillo _uncidero_, es decir, capaz de ser uncido, o cualquiera otra res vacuna; pero en absoluta propiedad y sin que el arrendador de sus haciendas tenga que intervenir en su venta, cambio o emparejamiento; casos en los cuales el colono, por lo que le va en ello, pone los cinco sentidos y emplea la mayor solemnidad posible. Tras ella va siempre la robla. Luego vamos a una feria. El lugar de ella queda a eleccion del lector, pues, gracias a Dios, abundan aqui como los helechos. Abran ustedes un calendario, y donde topen con su santo, catense una feria. En este dichoso pais, el dia que no es de fiesta tiene mercado; de los restantes del ano, los unos marcan feria, y los otros romeria. Elegido el punto mas cercano, tuvo que ser, por precision, un pequeno bosque de cajigas o de castanos, verde, fresco, frondosisimo, bello como es la naturaleza aqui hasta en su menor detalle. Estamos ya bajo el tupido follaje.... Cierra, lector, los ojos por un momento. ?No te crees transportado, en una serena noche de verano, a la orilla de una inmensa charca, y jurarias que sus ranas, en numero infinito, cantan todas a la vez? Es el sello de nuestras ferias y romerias: el sonido de las _tarranuelas_ de cien y cien bailadores _a lo alto_, al compas de las panderetas que tanen las mejores mozas del lugar. Sigamos.--Sin reparar en el corro de bolos en que acababan de gritar cincuenta bocas a la vez _ieseee!_ al hacer un _emboque_ uno de los jugadores; abriendonos paso a traves de la bateria formada por los pellejos de vino, barriles y cacharros que sobre un carro, debajo y a los lados de el, a la sombra de un castano, son la delicia de los bebedores; echandonos por la derecha para no turbar el sueno pacifico de los jamelgos de un cura y un senor de aldea, que estan amarrados al _cabezon_ del mismo carro, quiza por casualidad, quiza porque los jinetes tomaron este norte como de mejor atractivo para cuando vaya anocheciendo; guardando el cuerpo del fogoso troton de ese jandalo, que atraviesa la feria llevando a las ancas la parienta mas joven e inmediata que encontro en su pueblo cuando volvio de Andalucia, y cuyo chal de amarillo crespon, no menos que su vestido blanco de empinados volantes, forman extrano contraste con su reluciente y pasmada fisonomia; sin responder a las voces de las importunas fruteras, de los _agualojeros_, rosquilleros y otros analogos industriales que nos asedian al paso; sin fijarnos, en fin, en ese maremagnum alegre y estimulante que el cuadro presenta a primera vista, salgamos a aquella brana donde hay un grupo de ocho personas y una pareja de novillos uncidos. Alli va a haber robla. El que esta apoyado sobre sus engalanadas cabezas, hombre que tiene la suya algo mas sucia, calzones de _manga corta_, con un tirante solo, chaqueta al hombro y sombrero de copa alta, mas que medianamente apabullado, es el dueno de la pareja, y conocido y honrado en su pueblo por el nombre de Anton Perales. El otro, mas joven y de mejor traza que este, que pasea alrededor de los novillos examinandolos con gran atencion, es el comprador: llamanle Ogenio Berezo, y es de las inmediaciones. De los que forman el circulo, los cuatro son meros curiosos que, a titulo de conocidos de los primeros, se han aproximado al olor de la robla. La mujer, que come una manzana y tras de cada bocado que le tira se rasca la cabeza por debajo de la _muselina_, es la costilla de Anton Perales. El otro personaje, mas viejo que todos los demas, y que observa el cuadro, taciturno y reflexivo, es convecino del comprador: llamase tio Juan de la Llosa, y asiste, a la sazon, en calidad de perito. Sus titulos al efecto estan en toda regla. Es publico y notorio que en mas de cien sangrias que lleva hechas en el pueblo a los animales de sus vecinos, a la oreja, _al pelo_ y al rabo, que es la mas dificil, no se le ha desgraciado una sola res. Para poner una bizma, o sea un emplasto de trementina y polvos de suelda, no hay otro que se le iguale. Distingue a la legua un colico de un _empanderamiento_, y en las cojeras no confunde el _zapatazo_ con el _babon_; y si no ha curado un solo caso de _solenguano,_ es porque la enfermedad es mortifera, mas no por haber dejado de echar a tiempo, "por la boca abajo" del paciente animal, con el auxilio conductor de una teja, el agua de jabon, aceite y vino blanco bien caliente. Por algo dice el que, si le hubieran _desaminao, albitre_ podia ser; y es la verdad. En cuanto a las condiciones externas del ganado, ahora le veran ustedes. El comprador ha dejado de rondar la pareja, cruzase de brazos y exclama de repente: --Pues, senor, ?a que hemos de decir una cosa por otra? La pareja me gusta. ?Que le parece a uste, tio Juan? Este guarda en un bolsillo del chaleco la punta que mascaba rato hacia, da dos pasos al frente, cargase a la izquierda sobre el garrote, pone la diestra en jarras, cruza las piernas y reflexiona un instante. Entretanto el vendedor se sonrie con cierta malicia, su mujer menudea los mordiscos a la manzana, y murmura algunas palabras hacia los otros personajes que emiten su dictamen a media voz. --Apasealos--dice en tono grave el perito. Anton Perales hace caminar sus novillos un corto trecho, al son de las alegres campanillas que les adornan el pescuezo. --Ahora, hacia abajo ...--anade el primero.--iOooo, joois!--canturria, luego que el vendedor le ha complacido, para indicarle que pare ya. --Lo que toca al particular--dice la mujer, a quien no le cabe ya la lengua en la boca,--no tienen tacha. Tocante a eso, no es porque sean mios; pero, como dijo el otro.... Vamos, que son dos perlas. --Como que los he criao yo en casa--repone su marido;--y este que se llama _Galan_, es hijo de la _Leona_, y este otro, _Cachorro_, de la _Gallarda_, dos vacas que, mejorando lo presente, son dos soles. --Justo, que las vendimos el mes pasao al sobrino del Regioso, con perdon de ustedes, que por aquel pique que tuvo por la cuna del Mostrenco, que ya con este mote le han de enterrar, por el lindero del prao que le toco a resultas del _cobicillo_ que encontraron debajo del jergon de su tio, que en santa gloria este..., y ahi esta el mi hombre que no me dejara mentir, que a la verda que anduvo como una estorneja de aca para alla, ahora que la botica, despues que el senor cura, luego que la uncion, porque el enfermo daba el iay! que partia el alma, sin que hubiera en aquella casa un mal nacido a quien volver los ojos..., y no se lo tome Dios en cuenta a la que tanto fachendea hoy gracias a los cinco carros de tierra que apano.... Pues resulta de que.... A la buena mujer se le va la burra entre tanta marana, mientras el tio Juan no quita los ojos de la pareja. El comprador mira al perito como si quisiera leer en su fisonomia la opinion que va formando; el vendedor atusa el pelo a los novillos, y los intrusos los ponderan cuanto les es permitido, con objeto, evidentemente, de contribuir a que se cierre el trato y no se pierda la robla. Despues que el perito y el comprador han visto que los animales _se plantan_ bien al caminar, que no se aprietan, que no _zambean_ del cuarto trasero, que son bien encornados y que igualan perfectamente en alzada y color, el primero les mira la boca, les palpa bien los _brazuelos_ y las nalgas para ver si estan _despicados_ de algun remo, y les examina escupulosamente las astas por si son estoposas, las pezunas por si _blandean_, y los ojos por si tienen _nube_ o _glarimeo_. Hecho este examen, el tio Juan, sin perder un solo rasgo de su gravedad, dice en tono solemne: --Caballeros, la pareja..., lo que toca a la pareja, no tiene pero. Son dos rollos de cuatro anos, sanos como dos corales. --Pos a mi--anade el comprador,--lo que toca al particular, tambien me gusta la planta y el aquel de la pareja.... Conque si el senor trae gana de vender, diga, si a mano viene, en lo que estima su hacienda, que yo a comprar he venio. --Al respetive de eso mesmo--replica el vendedor,--no me quedo yo atras; que hoy por ti y manana por mi..., y, como dijo el otro, mortales nos hizo Dios.... Vamos al decir, que si tu traes ganas de comprar, no reniremos. --Cabales, que ni al mi hombre ni a mi nos ha perseguido nunca la justicia por embusteros; y cuando vemos que se trata con gente de formalida y de requilorios.... --Esa es la verda; y vamos, Anton, a estimar la pareja, como el otro que dice, con equida. --Pos la pareja, Ogenio, por ser para ti..., la pareja; que, como ha dicho el senor, no tiene pero; la pareja, y que no vea la cara de Dios si te engano; la pareja vale treinta doblones[3] como dos cuartos. --Tu no quieres vender, Anton--contesta con cierto desden el atildado Ogenio. --Ogenio--replica Anton,--tu me ofendes. --Que te digo que no quieres vender. --iQue mal rayo me parta si he venio a otra cosa a la feria! Y sabete que por ese dinero ya no tendria en casa los novillos hace una semana, si los hubiera querido vender...; pero hoy por ser pa ti.... --Pos yo no doy por ellos mas que veinticinco doblones. --Tu no quieres comprar, Ogenio. --A eso vine a la feria, Anton...; y si no, que diga tio Juan si me pongo en lo justo. --Lo que toca a mi--dice el aludido, que durante la escena referida se ocupaba en hacer rayitas en el polvo con el palo,--lo que toca a mi, no me gusta meterme en la hacienda del vecino, que cada uno puede estimarla en aquello que, pongo por caso, le acomoda. --De manera es--replica el comprador,--que aunque uste diga uno, o dos, o medio; o que la pareja vale tanto o cuanto, o que por aqui o que por alla, no ha de ser medida la palabra de uste. --Eso es--anade Anton;-que como dijo el otro, na se pierde con oir a este y al de mas alla. --Andando--grune su mujer, clavando los dientes en la quinta manzana,--que todos somos hijos de Dios, y mas ven cuatro ojos que dos. --Es de razon--exclaman a coro los demas circunstantes. --Pues, caballeros--concluye el perito con cierto tonillo de autoridad;--creo que se pueden dar veintisiete doblones por la pareja. --Ya lo oyes, Anton...; y yo no dejo mal a ningun amigo. --Por dicho de eso, yo tampoco, Ogenio; y si das los veintiocho, tuya es la pareja. Grandes murmullos en el grupo; animase el tio Juan, y exclama, imponiendo silencio a los circunstantes: --Ni los veintisiete ni los veintiocho, que han de ser los veintisiete y medio, y se pagara la robla ademas. --Corriente--dice Ogenio. --Pues buen provecho te hagan--anade Anton, entregando la ahijada al primero, como simbolo del dominio que le transmite.... El pequeno circulo se agita con gran ruido; todos se felicitan reciprocamente, todos hablan a la vez, y entre todas las voces se destaca la de la exduena de los novillos que charla mas que nadie y desbarra como nunca. Autorizado competente uno de los testigos del ajuste, marcha a buscar al punto mas inmediato dos azumbres de vino tinto para _mojar el trato_, es decir, para _hechar la robla_; y mientras vuelve, el comprador se sienta en el suelo, saca un pesado bulto del bolsillo interior de su chaqueta, y comienza a desliarle capa a capa, como si fuera una cebolla. Asi van saliendo, sucesivamente, un panuelo de percal aplomado, un viejo panal de una camisa y una bula, dentro de la cual aparecen, como nucleo de todo el envoltorio, un monton de napoleones y algunas monedas de oro cuidadosamente guardadas entre los amarillentos repliegues de una hoja de un catecismo. Con grandisimas dificultades cuenta los veintisiete doblones y medio, o sean 1.650 reales, y se los entrega al vendedor, quien, en el acto, y con no menores amarguras, los cuenta tambien; y envueltos en la bula, y la bula en la muselina de la mujer de Anton Perales, desaparecen en los profundos abismos de la faltriquera que debajo del refajo lleva esta[4]. El que fue por el vino vuelve con un enorme jarro lleno de el en una mano, y con una taza de barro blanca en la otra. Desatanse, a su vista, mas y mas las lenguas del corrillo; sonriense todas las fisonomias, y el rustico Ganimedes, apoyandose en la _yugata_ de la pareja, comienza a escanciar el vino con gran pulso y mucha solemnidad. El tio Juan, para quien es la primera taza, levantandola en alto, brinda: --Por la salud de los presentes, que se disfrute muchos anos la pareja, y que en el cielo nos veamos. --Amen--contesta a coro la reunion. La taza sigue pasando luego de mano en mano y de boca en boca, hasta que se agotan las dos azumbres de rioja. Pero Anton Perales no quiere ser menos que su contrinca, y paga otros ocho cuartillos que se beben con la misma solemnidad que los anteriores, con el mismo ceremonial, pero con mayor locuacidad de parte de los bebedores y con peor pulso de la del escanciador. Entretanto la tarde va acabandose, y el ganado y la gente que llenaban la feria se retiran poco a poco. Ya no se oyen las tarranuelas, ni los panderos, ni un solo grito en el corro de bolos. Los taberneros recogen sus baterias, y embridan sus jamelgos los curas, los jandalos y los senores de aldea; y perdiendose, por grados, desde el lugar de la feria, por la campina adelante en todas direcciones, se oye el sonido de las campanillas del ganado que se aleja. Nuestros conocidos, detras de los novillos, llevan, como quien dice, la llave de la feria, cierran la marcha ... y bien lo necesitan. Tal andan todos ellos, que no les basta entero el ancho del camino para no darse de calabazadas unos con otros. Aquello ya no es hablar: es una algarabia incomprensible e insoportable. La mujer de Perales, sobre todo, desafina como una cotorra; cuenta lo suyo, lo de los vecinos y hasta lo que no sabe. Su marido se empena en que relampaguea, y esta el cielo sin una sola nube; antojasele que los troncos de los arboles son ladrones y lleva a su costilla agarrada fuertemente por la saya para que no la roben el dinero. Tio Juan, el perito, canturria, con voz atiplada y temblorosa, aires de sus mocedades, y, recordando galantes aventuras, enamora a la disimulada a la mujer de Anton. Ogenio palpa con torpe mano las monedas que le quedan en el bolsillo, y contando por los dedos de la otra, sostiene y jura que ha dado dinero de mas a Perales.--Los cuatro intrusos dan la razon a todo el mundo, pero trocando los asuntos. A Perales le aseguran que Ogenio le engano, dandole dinero de menos; a este, que esta, en efecto, relampagueando y que al fin tronara; a la pobre mujer, que realmente ha sido muy _atravesa_ y muy revoltosa, y que si pellizca al tio Juan, hace muy bien, porque ella se entiende.... Pero al oir esto, su marido, aunque no es celoso, ni mucho menos, da instintivamente un tiron a la saya que lleva agarrada entre sus dedos; y como su duena no esta para grandes pruebas de equilibrio, viene al suelo como un fardo. En el mismo instante Ogenio toca en el bolsillo a Anton para advertirle que quiere ventilar la duda que le preocupa, y este, siempre sonando con los ladrones, sobrecogese de horror, dase por muerto, quiere huir, tropieza con su mujer y cae sobre ella; apresurase el otro a levantarle, pierde el equilibrio y da de hocicos sobre los dos caidos; acuden, al estrepito, los demas personajes; creen que aquello es una lucha, enmarananse para separarlos, empujanse los unos a los otros, y al cabo y al fin caen todos amontonados sobre la desdichada mujer que grita y se lamenta medio sofocada por tan enorme peso. Estrujanse y arananse todos buscando un punto de apoyo para salir de aquel enredo; y poco a poco, y con grandes fatigas, van levantandose uno a uno; y renqueando y vacilando, se vuelven a poner en marcha, y llegan a un punto en que se bifurca la carretera. Alli deben separarse el tio Juan, Ogenio y dos de los intrusos. Pero da la casualidad (y estas casualidades abundan en la Montana mas que las ferias, que los mercados y que las romerias), da la casualidad, repito, que en el punto de empalme de los dos caminos hay una taberna; y como tio Juan de la Llosa es hombre que no queda mal con sus amigos por un par de azumbres mas o menos, invita a sus camaradas a beber, para demostrarles que "si _aquello_ ha sido guerra, que nunca haya paz". Inutil es decir que el convite se acepta y se agradece. Pero los bebedores se han metido en la taberna y han atado la pareja a un poste del portal, indicios todos de que solo Dios sabe a que hora concluira aquello y bajo que techo dormiran nuestros conocidos la robla de los novillos. Ademas, la noche ha cerrado ya; me comprometi, lector, a acompanarte a una feria para que supieras con un ejemplo practico lo que es una robla: he cumplido mi palabra como me ha sido posible, y creeria abusar de tu amabilidad obligandote a pasar la noche al raso. Retiremonos, pues..., y hasta la vista. FOOTNOTES: [Footnote 1: De _robra:_ escritura o papel autorizado para la seguridad de las compras y ventas o de cualquier otra cosa. DIC. ACAD.--Refiriendose a este cuadro, escribia anos ha el eminente literato don Juan Eugenio Hartzenbusch: "Tambien alli (en la provincia de Cuenca) se usaba, aunque mas en pequeno, _echar la robra_ en terminos parecidos a los de la Montana, pero dicen _robra_, y robra significa una firma, una escritura, cualquier documento."] [Footnote 2: Mi erudito amigo y paisano don E. Pedraja Samaniego, dijo en _El Averiguador de Cantabria_, respondiendo a una pregunta hecha en el mismo acerca de la antigueedad de esta costumbre por mi descrita: _"Robla._--La costumbre de convidar el comprador o el vendedor, despues de consumado el contrato, a los que han intervenido en el, es tan antigua, que ya se halla mencionada con la palabra _Alvoroc_ (hoy alboroque) en el titulo 25 de las _Cortes de Leon celebradas el ano de 1020_."--El M. deg. Berganza, en el tomo I de sus _Antigueedades de Espana_, pag. 311, dice: "En el ano 1025, Zite Morielez vendio al Monasterio de Cardena una vina por sesenta sueldos de plata y cinco que se gastaron en el _Alvoroc_." El mismo, en el catalogo de palabras antiguas que trae al fin del tomo II, define asi la palabra _alvoroc: "robra_ que confirma la compra". (_Notas del A. en 1876._)] [Footnote 3: El doblon, en la Montana, es una moneda imaginaria, equivalente a 60 reales.] [Footnote 4: Quizas me objete algun montanes _resabido_ que no es usual, ni tal vez tolerado, recibir el vendedor en la misma feria el importe de lo vendido. No disputaremos sobre el caso, siempre que el me conceda que en los pormenores del pago no he puesto yo uno solo que no sea verosimil.] "A LAS INDIAS" "A las Indias van los hombres, a las Indias por ganar: las Indias aqui las tienen si quisieran trabajar." _(Canc. pop. de la Montana.)_ I Madre, este carraclan esta mal hecho. --iJesus, que condenao de chiquillo!... iSi le esta, que ni pintao! --iTisana, que me aprieta por todas partes, y los faldones se me suben al pescuezo cada vez que me voy a quitar el sombrero! --Di que eres un mocoso presumido, y no me rompas la cabeza. --Diga uste que no sabe coser por lo fino..., ni esta tarascona de mi hermana.... ?Lo ve?... Lo mismo coge la aguja que las _trentes_. iTisana, que camisa me esta cosiendo!... iA ver si das mas cortas esas puntadas!... --iEl demonio del renacuajo!... ?Cuando sonaste tu en gastar levita? iDespues que me llevo mes y medio sin pegar el ojo por servirle a el!... Madre, yo no coso mas. Y la censurada costurera, que es una mocetona como un castano, arroja al suelo la camisa que estaba cosiendo, y vuelve las espaldas con resuelto ademan al escrupuloso elegante, rapaz de trece anos, listo como una ardilla y tan flaco como el mango de una paleta. Su madre, mujer de cuarenta anos, aunque las arrugas del rostro y la curva de sus espaldas la hacen representar sesenta, despues de comerse media cuarta de hilo para hacerle punta y que pase por el ojo de la aguja que apenas se ve entre sus callosos dedos, pone en orden a la susceptible costurera, se acerca al muchacho, le hace girar tres veces sobre si mismo, le estira con fuerza la levita que lleva puesta y despues de contemplar un instante su obra, vuelve a sentarse, exclamando con acento de profunda conviccion: --Que la pinte mejor un sastre. Pero antes de ir mas lejos, y para mejor inteligencia de los lectores, es justo que, como diria el inedito poeta don Panfilo, expliquemos la situacion. Que nuestros personajes son montaneses, debe haberse deducido del estilo del dialogo anterior; y si este no lo ha demostrado bastante, conste desde ahora que lo son en efecto.--El lugar de la escena puede el lector colocarle en el punto de esta provincia que mas le conviniere, si bien su parte oriental es preferible por ser en ella mas frecuentes que en las demas, cuadros semejantes al que voy a describir.--El escenario es aqui el ancho soportal, o tejavana de una casa pobre de aldea.--Esta, como todas o la mayor parte de las de su categoria, tiene en la humilde fachada del portal tres huecos: la puerta principal en el centro; la de la cuadra a la izquierda, y a la derecha la ventana de la cocina. Sentadas en el alto batiente de la primera, cosen las dos mujeres; la segunda esta entreabierta, porque acaba de entrar por ella a arreglar el ganado el bueno de tio Nardo; jefe de la familia, o esposo y padre respectivamente de los personajes de nuestro dialogo. Por lo que hace a la ventana, aunque no la necesitamos para nada, dire, a fuer de veridico historiador, que esta cerrada, pues su destino, mas que dar luz a la cocina, es dejar que salga el humo de ella cuando hay fuego en el hogar, el cual esta ahora tan frio como la borona que en el se cocio por la manana para todo el dia...; y dicho se esta con esto que la escena es por la tarde: conste tambien, sin que este dato sea, como parecera a primera vista, una minuciosidad inutil, que corre el mes de septiembre. Ahora solo nos resta consignar que el pequenuelo interlocutor, al dirigir tan graves cargos a su madre y a su hermana, llegaba al portal, vestido con levita, pantalon y chaleco de mahon gris; agarrotado su cuello entre los revueltos y atropellados pliegues de una enorme corbata de percal con grandes cuadros rojos; medio oculta su diminuta e inteligente cabeza bajo las anchas alas de un sombrero de paja con cinta verde, y calzado, por ultimo, con gruesos zapatos de Novales. El polvo que los cubre, el arrebatado color de la cara del muchachuelo y el garrote que este trae en una mano, prueban bien a las claras que acaba de hacer una larga caminata. En cuanto a las razones que tiene para quejarse de las tijeras de su madre y de la aguja de su hermana, no dejan de parecer fundadas, si se mira su vestido con alguna atencion, pero tambien es cierto que las pobres mujeres nunca las vieron mas gordas, y que el intolerante rapaz se mete por primera vez bajo aquellos faldones que le estorban. Tambien debe constar que a pesar de lo que dijo al presentarse en escena, hay en su fisonomia algo de risueno y placentero que denota una satisfaccion interior; su viaje debe haber tenido un exito feliz.... Mas para saber lo que hay sobre esto y otras cosas que nos proponemos referir, volvamos a tomar el asunto donde le dejamos para hacer esta digresion. Mientras la madre pronunciaba las palabras que dejamos escritas, hecho el examen de la levita de su hijo, este se sento en el poyo del portal, entre las dos puertas; y limpiandose luego con el panuelo del bolsillo el polvo de sus zapatos, replico vivamente: --Eso lo dice usted aqui porque no hay comparanza; pero si me viera al lado de don Damian como yo acabo de verme.... iTisana, que levita!...; iaquellas si que son costuras!... Ni siquiera se conocen.... iY que corte! Da gloria de Dios el verla. Y no estos costurones ... imas mal asentaos! --Pero, condenao, ?como quieres tu comparar aquel pano tan fino con este mahon de a tres reales? --iQue mahon ni que ocho cuartos! En las manos consiste toa la cencia.... Si me hubiera hecho la ropa un sastre de Santander, como yo queria.... Lo mismo que el chaleco ... y los calzones: por un lado me sobra media fanega, y por otro no me puedo revolver adentro.... iY estos zapatos!... Yo no se en que consiste que cuanto mas tocino les doy, mas peor se ponen. iQue zapatos los de don Damian, tisana! Relumbran como el sol de mediodia. --Pero, hijo mio, ?no ves que don Damian es un senor muy rico?... --Tambien tu te vestiras asi el dia de manana, ?verda, madre? --iAnda, anda!; ya te estas relambiendo con los vestidos que te he de regalar.... iComo no pongas otros!... --Ni falta que me hacen, para que lo sepas; probe naci, y con saya de estamena y tirando de la azada me han de querer.... --Calla, tonta, que lo dije por oirte: imia tu que me importara a mi el dia de manana vestirte como una senora prencipal!... ?eh, madre? A la buena mujer, mientras sus dos hijos comenzaban a contender en este terreno, se le iban enrojeciendo los ojos, fenomeno que, en identicas circunstancias, habia observado de algunos dias a aquella parte el tio Nardo con no poca sorpresa; y sabiendo por la experiencia que si no combatia la emocion a tiempo no podria disimularla, dio al dialogo otro giro diverso, preguntando al muchacho: --?Te dio la carta don Damian? El interrogado que por otra parte, parecia estar deseando que se le hiciera semejante pregunta, llevo la diestra al bolsillo interior de su levita; despues a uno de los del chaleco; oculto entre sus dedos una moneda, y sonriendo con expresion de triunfo, exclamo, alzando progresivamente la voz: --Aqui esta la carta ... y aqui esto...; ?lo ven bien? Esto ... ?que diran que es esto?... iTisana!, que no lo aciertan.... Pues esto es ... imedia onza!... --iMedia onza!... --iMedia onza! --iMedia onza!--anadio el tio Nardo asomando la cabeza por la puerta de la cuadra;--imedia onza!--repitio mientras descubria el tronco;--imedia onza!--exclamo, en fin, trasladandose de un brinco junto al grupo que formaba su familia admirando la moneda que Andres (y ya es hora de decir como se llamaba el rapaz) mostraba como una reliquia. --iMedia onza, si!--recalcaba este ultimo girando en todas direcciones;--imedia onza mas maja que el sol!... Aqui esta; don Damian me la dio para mi solo.... iViva don Damian! Despues que hubo pasado la moneda de mano en mano por todas las del grupo, y que todas las personas que le componian la hubieron mirado y remirado y hecho sonar contra las piedras, Andres se volvio a apoderar de ella, y reclamando la atencion de toda su familia, desdoblo la carta que tambien le dio don Damian, y leyo en ella, con mucha seguridad, aunque con bien poco sentido gramatical, lo que sigue: "Senor don Frutos Mascabado y Caracolillo. "Habana. "Mi querido amigo y antiguo companero: El dador de esta lo sera, Dios mediante, el joven Andres de la Pena, que saldra de Santander, al primer tiempo, en la fragata _Panchita_ con rumbo a esa ciudad, en la cual se propone probar fortuna. Al efecto, me tomo la libertad de suplicar a usted le auxilie en todo lo que este de su parte, tratando por de pronto de proporcionarle acomodo conveniente a sus circunstancias. Dicho Andres es muchacho listo y de buena conducta, tiene excelente pluma y sabe de cuentas hasta la de _companias_ inclusive. "Contando con la buena amistad de usted, me atrevo a anticiparle las gracias por lo que en obsequio de mi recomendado haga, que sera, desde luego, uno de los buenos servicios entre los muchos que ya le debe su afectisimo amigo y seguro servidor Q.S.M.B. _Damian de la Fuente_." Despues de esta carta, parecenos excusado decir a nuestros lectores lo que significan la levita de Andres y el inusitado movimiento de toda su familia alrededor de su equipaje. II Por regla general, a los ninos, apenas dejan los juguetes, les acomete el afan, sobre todas sus otras aspiraciones, de hombrear, de tener mucha fuerza y de levantar medio palmo sobre la talla. Pero cuando los ninos son de estas montanas, por un privilegio especial de su naturaleza, su unico anhelo es la independencia con un _Don_ y mucho dinero. Y, segun ellos, no hay mas camino para conseguirlo que irse "a las Indias".... Los abismos del mar, los estragos de un clima ardiente, los azares de una fortuna ilusoria, el abandono, la soledad en medio de un pais tan remoto ... nada les intimida; al contrario, todo estos obstaculos parece que les excitan mas y mas el deseo de atropellarlos. ?No es cierto que en America es de plata la moneda mas pequena de cuantas usualmente circulan? Pues un montanes no necesita saber mas que esto para lanzarse a esa tierra feliz; la vida que en la empresa arriesga le parece poco, y otras ciento jugara impavido, si otras ciento tuviera. ?Hay quien lo duda? Ofrezca un pasaje gratis desde Santander a la Isla de Cuba, o una garantia de pago al plazo de un ano, y vera los aspirantes que a el acuden. Y no se apure porque el pasaje no sea en primera camara: un montanes de pura raza atraviesa en el tope el Oceano, si necesario fuese. Diganle "a las Indias vamos", y con tan admirable fe se embarca en una cascara de limon, como en un navio de tres puentes. Este heroismo suele ir mas alla aun. Un indiano de semejante barro ve transcurrir los mejores anos de su juventud de desengano en desengano, y no desmaya. No hay trabajo que le arredre, ni contrariedad que apague su fe: la fortuna esta sonriendole detras de sus desdichas, y la ve tan clara y tan palpable entonces, como la vio de nino, cuando, sonando sus ricos dones, se columpiaba en las altas ramas del nogal que asombraba su paterna choza. De lo cual se deduce que la honradez, la constancia y laboriosidad de un montanes, son tan grandes como su ambicion. Nadie, en buena justicia, podra quitar a esta noble raza un timbre que tanto la honra. Nuestro Andresillo, pues, vastago legitimo de ella, no bien supo hablar, ya dijo a su madre que el seria indiano. Crecio en edad, y la idea de irse a America fue el tema de todas sus ilusiones; y tanto y tanto insistio en su proyecto, que su familia comenzo a deliberar sobre el muy seriamente. Un dia fueron tio Nardo y su mujer a consultarlo con don Damian, indiano muy rico de aquellas inmediaciones, y de quien ya hemos oido hablar. Don Damian habia hecho, es cierto, un gran caudal: esto es lo que veia toda la poblacion de la comarca y lo que excitaba mas y mas en los jovenes el deseo de emigrar; pero en lo que se fijaban muy pocos, si es que alguno penso en ello, era en que don Damian se hizo rico a costa de veinte anos de un trabajo constante; que en todo ese tiempo no dejo un solo dia, una sola hora, de ser hombre de bien, ni de cumplir, por consiguiente, con todos los deberes que se le imponian en las dificilisimas circunstancias por que atraveso. Ademas, don Damian habia ido a America muy bien recomendado y con una educacion bastante mas esmerada que la que llevan ordinariamente a aquellas envidiadas regiones los pobres montaneses. Todas estas circunstancias que obraron como base principal de la riqueza de don Damian, le obligaban a exponerselas a cuantos iban a pedirle cartas de recomendacion para la Habana, y a consultarle sobre la conveniencia de salir a probar fortuna. Cuando semejantes consideraciones no bastaban a desencantar a los ilusos, daba la carta que se le pedia, y a las veces su firma garantizando el pago del pasaje desde Santander a la Habana. Los padres de Andres oyeron del generoso indiano las reflexiones mas prudentes y los mas sanos consejos, cuando a pedirselos fueron en vista de las reiteradas insinuaciones de aquel. En obsequio a la verdad, la mujer del tio Nardo no necesitaba de tantas ni tan buenas razones para oponerse a los proyectos de su hijo: era su madre, y con los ojos de su amor veia a traves de los mares nubes y tempestades que obscurecian las risuenas ilusiones del ofuscado nino; pero el tio Nardo, menos aprensivo que ella y mas confiado en sus buenos deseos, apoyaba ciegamente a Andres; y entre el padre y el hijo, si no convencian, dominaban a la pobre mujer, que, por otra parte, respetaba mucho las _corazonadas_, y jamas se oponia a lo que pudiera ser _permision del Senor._ El parroco del lugar le habia dicho en muchas ocasiones que Dios hablaba, a veces, por boca de los ninos; y por si a Andres le habia inspirado el cielo su proyecto, se decidio a respetarle en cuanto le pareciese deber hacerlo asi. Sobreponiendose, pues, a las reflexiones del indiano la fuerza de voluntad de Andresillo y la buena fe de su padre, el primero prometio su proteccion al segundo; y desde aquel dia no se penso mas en la casita que conocemos que en arreglar el viaje lo mas pronto posible. Los preparativos al efecto eran bien sencillos: sacar el pasaporte y hacer el equipaje. Este se componia: De tres camisas de estopilla; Un vestido completo de mahon, de dia de fiesta; Otro idem id. id., para diario; Una colchoneta y una manta, y Un arca de pino, pintada de almagre, para guardar, durante el viaje, la ropa que Andres no llevase puesta. Del pago del pasaje se encargo don Damian hasta que Andres supiera ganarlo. El producto de la unica vaca que tenia el tio Nardo, vendida de prisa y al desbarate, dio justamente para los gastos de equipo del futuro indiano y para el pequeno fondo de reserva que debia llevar consigo, fondo que se aumento con medio duro que el senor cura le regalo el mismo dia que le confeso; con seis reales del maestro que le dio ultimamente lecciones especiales de escritura y cuentas, y con la media onza de que tiene noticia el lector. Y no se arruino completamente la pobre familia para "echar de casa" a Andres, gracias al generoso anticipo del indiano; de otro modo, hubiera vendido gustosa hasta la cama y el hogar. Los ejemplos de esta especie abundan, desgraciadamente, en la Montana. El dia en que presentamos la escena a nuestros lectores era el ultimo que Andres debia pasar bajo el techo paterno: le habia destinado a despedidas, y ya tuvimos el gusto de ver el resultado que le dio la de don Damian; dia que, dicho sea _inter nos_, habia costado muchas lagrimas a la pobre madre, a escondidas de su familia, pues no podia resignarse con calma a ver aquel pedazo de sus entranas arrojado tan joven a merced de la suerte, y tan lejos de su proteccion. Pero las horas volaban, y era preciso decidirse. Cuando Andres acabo de leer la carta, su unico amparo al dejar su patria, y a vueltas de algunos halagueenos comentarios que se hicieron sobre aquella, la pobre mujer, a quien ahogaba el llanto, mando entrar en casa a su hijo para que su hermana le limpiara la ropa que llevaba puesta y se la guardara, mientras ella daba las ultimas puntadas a una camisa. Andres, entonando un aire del pais, obedecio, saltando de un brinco sobre el umbral de la puerta; pero su madre, al ver aquella expansiva jovialidad en momentos tan supremos, fijos en el sus turbios ojos mientras atravesaba el angosto pasadizo, abandono insensiblemente la aguja, y dos arroyos de lagrimas corrieron por sus tostadas mejillas. --iPobre hijo del alma!--murmuro con voz tremula y apagada. Tio Nardo, mas optimista, por no decir menos carinoso que su mujer, no comprendiendo aquel trance tan angustioso, hacia los mayores esfuerzos por atraerla a su terreno. --Yo no se, Nisca--le dijo cuando estuvieron solos,--que demonches de mosca te ha picao de un tiempo aca, que no haces mas que gimotear. Pues al muchacho no soy yo quien le echa de casa, que alla nos anduvimos al efeuto de embarcarle...; y por Dios que no lo afeaste nunca bastante, ni te opusiste de veras. --Y ?que habia de hacer yo? Tampoco hoy me opongo, aunque cuanto mas se acerca la hora de despedirme de el.... iPobre hijo mio!... Dicenme que puede hacerse rico...; iy nosotros somos tan pobres! iOfrecen tan poco para un hombre estos cuatro terrones que el Senor nos ha dado!... iAy, si El quisiera favorecerle!... --Pues ?que ha de hacer, tocha? iNo, que no!...; ahi tienes a don Damian.... --iSiempre habeis de salirme con don Damian! --Y con muchisima razon. ?Que mejor ejemplo? Un senor que vino al pueblo cargado de talegas; que a todos sus parientes ha puesto hechos unos senores; que no bien sabe que hay un vecino necesitao, ya esta el socorriendole; que alza el solo casi todas las cargas del lugar; que corta todos los pleitos para que no se coma la Justicia la razon del que la tiene y el haber de la otra parte, y que no quiere por tanto beneficio mas que la bendicion de los hombres de bien. ?Que mas satisfaccion para nosotros que ver a nuestro hijo en el dia de manana bendecido como don Damian? --iAy, Nardo!; en primer lugar, don Damian fue siempre muy honrado.... --No viene Andres de casta de picaros. --Despues, Dios le ayudo para que hiciera suerte. --Y ?por que no ha de ayudar a Andres? --Don Damian fue un senor desde sus principios, y cuando salio de aqui llevaba muchos estudios y sabia tratar con personas decentes...; y habia heredado la levita, que esto vale mucho para bandearse fuera de los bardales del lugar. --iBah, bah!...; riete de cuentos, Nisca, que todos los hombres nacimos de la tierra y tenemos cinco dedos en cada mano. --Valiera mas, Nardo, que en lugar de fijarnos en ejemplos como el de ese buen senor para echar de casa a nuestros hijos, volvieramos los ojos a otros mas desgraciados. iCuantas lagrimas se ahorrarian asi!... Sin ir mas lejos, ahi esta nuestra vecina que no halla consuelo hace un mes, llorando al hijo de su alma que se le murio en un hospital al poco tiempo de llegar a la Habana. --Si; pero ese muchacho.... --Era tan sano y tan robusto como Andres, y como el era joven y llevaba buenas recomendaciones. Tambien las llevo el del tio Pedro, y murio pobre y desamparado en lo mas lejos de aquellas tierras.... Bien colocado estaba el sobrino del senor alcalde, y malas companias le llevaron a perecer en una carcel; y Dios parece que lo dispuso asi, porque cuentan que si sale de ella hubiera sido para ir a peor paraje. Veinte anos brego con la fortuna su primo Anton, y, por no morirse de hambre, anda hoy de triste marinero ganando un pedazo de pan por esos mares de Dios. Bien cerca de tu casa tienes al pobre hijo de Pedro Gomez esperando a que se le acabe la poca salud que trajo de las Indias al cabo de quince anos de buscarse en ellas la fortuna, para que Dios le lleve a descansar a su lado; pues ya, pobre y enfermo, ni vale para apoyo de su familia, ni para el pueblo, ni para si mismo, que es lo peor...; y bien reniega de la hora en que salio de su casa.... --iAnda, anda!...; iecha por esa boca desventuras y lastimas! ?Por que no te acuerdas del hijo del Manco y de el del alguacil, que dicen que gastan coche en la Habana y que estan tan ricos que no saben lo que tienen? --iMal ano para ellos, que dejan morir de miseria a sus familias que se arruinaron por embarcarlos, y ni siquiera se acuerdan de la tierra en que vieron el sol! ... mucho quiero a ese pobre hijo que se va a ir por ese mundo; pero antes que verle manana sin religion, olvidado de su familia y de su tierra (Dios me perdone si en ello le ofendo), quisiera la noticia de que se habia muerto. --Vaya, Nisca, que hoy te da el naipe para sermones de animas.... Todavia me has de hacer ver el asunto por el lado triste. --iDichoso de ti, Nardo, que no le has visto ya! --No seas tonta, que yo no puedo ver esas cosas como tu las ves.... Porque este lugar haya sido poco afortunado para los indianos.... --Calcula tu como andaran los demas ... cuando en este rincon solo hay tanta lastima. iAy, Nardo!; aunque yo no lo tocara con mis manos ni lo viera con mis ojos, los consejos de don Damian, con la experiencia que tiene, serian de sobra para que yo llorara al echar, sola por el mundo, a esa pobre criatura. La salida de Andres interrumpio este dialogo. Traia puesto su traje de camino, nuevo tambien, pero de corte mas humilde que el que se habia quitado para que su hermana se le guardase. Tia Nisca se enjugo apresuradamente los ojos al ver a su hijo, y plego con esmero sobre sus rodillas la camisa que habia concluido. Toda aquella tarde se invirtio en arreglar el equipaje de Andres, y al anochecer se rezo el rosario con mas devocion que nunca, pidiendo todos a la Virgen, con esa fe profunda y consoladora de un corazon cristiano, amparo para el que se iba, y, para los que se quedaban, resignacion y vida hasta volver a verle. III Ahora, si el lector lo consiente, que si lo consentira, pues no le cuesta dinero ni cosa que lo valga, vamos a trasladarnos con la escena a otra parte. Estamos en el magnifico Muelle de Santander. Como de ordinario, multitud de carros, bultos de mercancias, basculas, corredores, dependientes, comerciantes, marineros, pescadores, vagos y curiosos forasteros, en el mas agitado y bullicioso desorden, le hacen intransitable desde la Ribera al cafe Suizo. Fijemonos un momento en este ultimo punto, como el mas despejado. Frente a la puerta pasan tres personas que nos son muy conocidas, y siguen, sin detenerse un segundo ante las vidrieras del establecimiento para ver sus espejos y divanes, hacia la punta del Muelle. Estos personajes son Andres, su padre y su madre. El primero en medio de los otros dos, metidas las manos en los bolsillos de sus anchos pantalones, tiradas hacia la espalda las solapas de la levita consabida, y el hongo muy calado sobre el cogote. El tio Nardo a la derecha, con su vestido nuevo de pano pardo, y su mujer al otro lado, con muselina blanca a la cabeza, la saya morada de los domingos colgada al hombro, y terciado en el brazo opuesto un gran paraguas envuelto en funda de percal rayado. Los tres caminan sin decirse una palabra: tio Nardo con las mas visibles muestras de indiferencia; su mujer abismada como siempre en su pena, y mirando al traves de sus lagrimas el barco fatal que espera a su hijo, meciendose sobre las aguas a una milla del Muelle. En cuanto a Andres, a juzgar por su resuelto continente y por su sonrisa desdenosa, puede asegurarse que acaricia la ilusion de construir por su cuenta, a su vuelta de America, un barrio tan elegante y monumental como el que va recorriendo. Tres dias hace que llegaron del pueblo. Despachados los papeles y demas diligencias indispensables a todo pasajero, solo se penso ya en complacer a Andres y en proporcionarle cuantas distracciones estuvieran al alcance de sus recursos. Tuvo este a su disposicion dos dias y cerca de veinte duros. De modo que a la hora en que le volvemos a encontrar, no cuenta un solo deseo que no haya visto satisfecho; es decir, se ha bebido, vaso a vaso, mas de media cantara de agua de limon "fria como la nieve"; ha comido, de seis en seis, mas de un ciento de merengues; ha convidado a cuantos paisanos y conocidos hallaba al paso; ha comprado una _sinfonia_ en una tienda de alemanes, y ha oido una misa mayor en la Catedral. Total de gastos, con hospedaje y alimentos de las tres personas en el _Cuartelillo_, cinco napoleones. Nada, pues, le quedaba ya que ver, como el decia, cuando le avisaron que era preciso embarcarse, porque estaba la fragata lista para darse a la vela. Esta noticia, que no le sorprendio lo mas minimo, acabo de anonadar a su madre y saco, por un instante, de su habitual atolondramiento a tio Nardo. Sigamosles ahora por el Muelle. En la ultima rampa se embarcan en un bote que se dirige en seguida a la fragata que aun no ha contemplado Andres mas que de lejos, sin que por ello la haya perdido de vista un solo dia desde su llegada a Santander; por consiguiente, no ha podido formarse todavia una idea exacta de lo que ella es. A medida que se aproximaban los tres al buque, este va desarrollando a sus ojos sus gigantescas proporciones; su negra mole parece que surge del agua, y tia Nisca, aunque jamas se forja ilusiones ni las toma en cuenta para nada, lo cree como el Evangelio. Y cree mas: para ella, aquel volumen enorme tiene una fisonomia, fisonomia satanica, imponente, que la mira siempre y con un gesto terrible que hiela la sangre en sus venas. Los gritos de adentro y el sinnumero de caras que asoman sobre la borda mirando a los del bote que llega, le parecen el alma diabolica y multiforme de aquel monstruoso cuerpo en cuyos antros va a desaparecer quiza para siempre, el hijo de su amor. El atezado rostro de tia Nisca se vuelve livido. Andres, por el contrario, se entusiasma mas y mas segun que se acerca a la fragata. La magnitud de su casco, la elevacion de sus palos, el laberinto de su jarcia, todo le enamora y hasta le enorgullece. ?Que vale la pobre choza de su aldea junto a aquel flotante palacio que va a habitar durante mes y medio? En cuanto a tio Nardo, si hemos de ser justos, desde que pudo apreciar la magnitud real y efectiva del barco hasta que llego a su costado, no penso mas que en calcular como no se iria a pique un cuerpo tan pesado, siendo el cuerpo tan _duro_ y tan _blando_ el elemento que le sostenia; cuestion que trato con sus vecinos mas de una vez, a su vuelta a la aldea. Otro cuadro mas raro tienen que contemplar nuestros tres conocidos al llegar sobre cubierta: montones de jarcia, cajas de provisiones, una res acabada de desollar, enormes jaulas conteniendo vacas, cerdos y carneros, y otras menores con gallinas; grupos de marineros aca izando una verga, alla bajando pesados bultos a la bodega; y por ultimo, revueltos y deslizandose entre tanto obstaculo, mas de un centenar de muchachuelos del corte de nuestro aspirante a indiano. Todo esto junto produce un ruido infernal. Tio Nardo se marea, su mujer solloza y Andres observa impavido. De aquella turba de ninos, algunos lloran, otros meditan tristemente reclinados contra la borda, otros miran atonitos cuanto les rodea..., imuy pocos rien! Todos, como Andres, van a America buscando la fortuna; todos van, como el, poco mas que a merced de la casualidad.... Seamos exactos: muchos de ellos no llevan ni siquiera una carta como la de don Damian. De todos los que acompanan a Andres, acaso no encuentre uno solo lo que va buscando; quiza todos ellos contemplen por la ultima vez de su vida la tierra sobre que han nacido. Tia Nisca logra ver el sitio que se destina a su hijo en la fragata. Sobre la carga que esta lleva en sus bodegas, se han tendido unas tablas de pino; entre estas tablas y la cubierta, espacio mucho mas bajo que la talla de un hombre, se han colocado en fila tantas colchonetas como son los pasajeros: una de ellas es la de Andres. Este departamento es el que se conoce con el nombre de _sollado_. La pobre madre se estremece al ver la mezquindad del sitio destinado al reposo de su hijo. Aquello es insano, no tiene bastante ventilacion...; isi Andres se pusiera enfermo!... No corre, vuela en busca del capitan.... Quiere gratificarle..., comprar un poco de comodidad para aquella inocente criatura. Se palpa los bolsillos, rebusca los de su marido; pero solo puede reunir ... imedio duro! iY el capitan es un senor tan elegante! ?Con que cara le ha de ofrecer ella diez reales? Pero nota, en su defecto, que tiene la mirada muy noble. Se decide a hablarle, y entre lagrimas y sollozos, --Senor--le dice,--el hijo mio que va a la Habana es Andres, aquel muchacho tan guapo y tan listo que esta mirando hacia aca. Creame usted, senor: no va en primera camara porque ni aun vendiendo la camisa hubieramos podido reunir tanto dinero si habiamos de dejarle algo al pobre muchacho por lo que pudiera sucederle fuera de su casa. Le juro a usted que es la pura verdad lo que le digo. Pero yo no sabia que el sitio donde tenia que ir era tan angosto, que si no, iay, Dios mio! ... mire usted senor, somos unos pobres; pero si al mi Andres le atendieran algo por el camino.... No es esto decir que yo desconfie de usted, iave Maria Purisima! Usted es hombre honrado, y no hay mas que mirarle para ... voy al decir, que.... iHijo mio de mi alma!...; yo no se ya lo que digo ni lo que he de hacer porque lo pase mas a gusto. Las lagrimas ahogan a la pobre mujer, y el dolor perturba su razon. El capitan, respetandole en todo lo que vale, promete a la afligida madre un sitio en primera camara para su hijo en cuanto se hagan a la mar y trata de consolarla con carinosas aunque breves palabras. Esta misma tactica ha seguido siempre con todas las madres de los pasajeros que han ido a su cuidado, porque es de advertir que todas ellas han solicitado para sus hijos lo mismo que la tia Nisca para Andres. Convengamos en que, en la imposibilidad de complacerlas, es muy recomendable esta manera de enganarlas a todas. Tia Nisca vuelve mas animada adonde esta su hijo, a quien refiere entre bendiciones, la buena acogida que le dispenso el capitan. Despues, abrazandole estrechamente, le recomienda de nuevo mucha devocion al escapulario bendito de la Virgen del Carmen que lleva sobre su pecho; que sea bueno y sumiso; que huya de las malas companias; que piense siempre en su pobre choza y en su patria..., en fin, cuanto es de necesidad que recomiende una madre carinosa a un hijo querido en el instante supremo de una larga o tal vez eterna separacion. Pero el sonido metalico y vibrante del molinete se oye: comienzan a levar anclas, y es preciso separarse. La desdichada madre siente que hasta la voz le falta para decir el ultimo "adios". Andres comprende por primera vez lo que es perder de vista su hogar y su patria, y lanzarse nino y solo a los desiertos del mundo, y tambien por primera vez llora, y acaso se arrepiente de su empresa; tio Nardo mira hacia el Muelle y procura no hablar para que no se vean las lagrimas que al cabo vierte, ni descubra su voz la pena que hay en su pecho; y deseando abreviar aquella escena por afligir menos a su hijo, estrechale en silencio entre sus brazos, coge por otro bruscamente a su mujer y desciende con ella al bote, imponiendose la dura penitencia de no mirar a la fragata hasta que llegue al Muelle. Cuando en el desembarcan, tia Nisca se deja caer en el umbral de la primera puerta que hallan al paso. Con los codos sobre sus rodillas, la cabeza entre las manos, los ojos fijos en la fragata y la cara inundada en llanto, espera inmovil, como una estatua del dolor, a que el buque desaparezca. Tio Nardo de pie a su lado, pero algo mas tranquilo, respeta la situacion de su mujer y no se atreve a separarla de alli. Transcurre media hora. La fragata despliega al viento su blanco velamen; hunde la proa en las aguas, como si dirigiera un galante saludo de despedida al puerto, y, deslizando rapidamente su quilla, desaparece en breve detras de San Martin. Al perderla de vista no cayo la pobre aldeana exanime sobre las losas del Muelle, porque Dios ha dado a estas criaturas una fuerza y una fe tan grandes como sus infortunios.... IV Aquella misma tarde, a la caida del sol, atravesaban tio Nardo y su mujer la extensa sierra que conduce a su lugar. Mustios iban los dos y cabizbajos, el uno en pos del otro. Pensaban en Andres. Pero tia Nisca, de imaginacion mas activa que su marido, examinaba interiormente el cuadro de sus pesares, iy no le faltaban causas con que justificar toda la amargura de los dolores que sentia! Por eso no pudo menos de dirigir un duro apostrofe a la tierra que pisaba, viendola poblada de asperos escajos, y cuya aparente esterilidad alejaba de ella a sus hijos para buscar en pais remoto lo que la madre patria no podia darles. iCargo injusto, por cierto, y que, perpetuamente en boca de tantos ignorantes, sostiene en esta provincia la plaga de emigracion que la despuebla!... Pero antes que de la pluma se me escapen ciertas reflexiones, mas propias del periodista que del pintor, volvamos a nuestros personajes, aunque no sea mas que para despedirnos de ellos. Es ya inutil: pasada la sierra, han desaparecido por una extrecha y larga calleja formada por dos frondosas seturas, verde y pintoresco toldo cuyas paredes no pueden atravesar los debiles rayos del sol que va a ocultarse: tampoco se columbra un alma en la campina; y solo turba el silencio de aquella soledad la voz de una mujer que, desde el fondo de la calleja, canta a grito pelado: "A las Indias van los hombres, a las Indias por ganar: las Indias aqui las tienen si quisieran trabajar." Esta mujer ha debido de encontrar, yendo a la fuente, a tia Nisca y a su marido. Quizas al verlos caminar silenciosa y tristemente hacia su casa, ha recordado esa estrofa que, por otra parte viene como de molde para dar fin a este cuadro, porque precisamente es la sintesis de el. LA COSTURERA (PINTADA POR SI MISMA) --Que linda esta usted hoy, Teresa! --iVaya! --Es la pura verdad. Ese panolito de crespon rojo junto a ese cuello tan blanco.... --iDale! --Ese pelo, tan negro como los ojos.... --iOtra! --Y luego, una cinturita como la de usted, entre los pliegues de una falda tan graciosa. iVaya una indiana bonita! --iJesus! --Es que me gusta mucho el color de lila..., cae muy bien sobre un zapatito de charol tan mono como el de usted.... iAy que pie tan chiquitin!... iSi le sacara un poco mas!... --iHija, que hombre! --Yo quisiera tener una fotografia de usted en esa postura, pero mirandome a mi. --iVaya un gusto! --Ya se ve que si. --Pues tambien yo tengo fotografias, sepalo usted. --iHola! --Y hecha por _Pica-Groom_. --?En la postura que yo digo? --iQuia!; no, senor. Estoy de baile, como iba el domingo cuando uste nos encontro junto a la fabrica del gas. --Por cierto que no quiso usted mirarme. iComo iba usted tan entretenida!... --iSi eramos ocho o nueve! --iPero que nueve, Teresa! Parecian ustedes un coro de Musas. --Uste siempre poniendo motes a todo el mundo. --Es que entre aquellos arboles, y subiendo la cuesta..., ni mas ni menos que la del monte Helicona.... --?Onde esta eso? --?Helicona?... Un poco mas alla de Torrelavega. El que no me gusto fue aquel Apolo que las acompanaba a ustedes. --Si no se llama Polo.... Es un chico del comercio. -Lo supongo. Quiero decir que iba algo cursi. iY ustedes iban tan vaporosas, tan bonitas! --iOtra! Si ibamos al baile de Miranda, como todos los domingos. --Ya oi el organillo. --Y aquel que nos acompanaba era uno de los que dan el baile.... Y como nos habia regalado billetes para todos los de verano en la huerta, y, si a mano viene, nos convida tambien a los de ivierno, de salon.... --Ya se que son chicos muy galantes esos empresarios y sus amigos: ellos pagan para que ustedes bailen todo el ano gratis. --Cabal. Y tan buenas somos nosotras como las senoritas que hacen lo mismo. --Ya se ve que si. --Me parece que _La Nata y Flor_ y _El Organo_, no tienen nada que envidiar a ningun baile. --Sobre todo en caras bonitas y cuerpos de sal y pimienta. --Es que, como uste decia.... --Lo que yo decia, o iba a decir, es que el ir a un baile no es motivo para que usted deje de saludar en la calle. --iJesus!; ?que se diria! --?Como que "que se diria"? --Pues es claro.... iTratarse uste con _costuderas_! --Lo dice usted con un retintin.... --No por cierto, hijo; pero es la verdad. --Pues no hay tal cosa. Yo saludo a todo el mundo en la calle, con muchisimo gusto ... y sobre todo a usted. --Muchas gracias; pero.... --?Pero que?... --Que no le creo a uste, vamos; que uste es muy truhan ... y que no me fio de uste, en plata. --iHola!; ?esas tenemos? ?Y por que me teme usted?... De fijo que no sera por seductor. --No por cierto. Es que entre uste y otros como uste, se cuenta lo que es y lo que no es. --Me hace usted poco favor, Teresa. --Lo siento, pero yo digo siempre la verdad. Cuando uste paso el domingo junto a nosotras, ibamos hablando de eso una amiga y yo. --?La que iba a la derecha de usted? --?Por que se fija uste en esa? --Porque me hace mucha gracia: es una rubia saladisima. --?Le gusta a uste la _Bigornia_? --?Que es eso de la bigornia? --iOtra!; pues esa chica, que la llaman asi. --?Y por que la llaman asi? --Porque es hija de un calderero. --iAve Maria Purisima! --?Y tampoco sabe uste como llaman a la que iba a mi izquierda? --No, hija mia. --Pues ?en que mundo vive uste, cristiano? --Eso le probara a usted cuan injusta fue conmigo antes, al sospechar de mi sinceridad. --Pero ?quien no conoce aqui a la _Faisanuca_? --Yo no la conozco por ese nombre.... ?Y por que se le han dado? --Porque su madre vende alubias en la plaza. --iQue atrocidad! --iOtra!...; y al tenor de esos, todas tenemos mote.... ?Pero ahora se desayuna uste? --Le aseguro a usted que si. ?Y quien se entretiene en bautizarlas de ese modo? --Pues en la _ensenanza_, cuando somos chiquillas..., o en los bailes despues, nunca falta alguno que, por reirse un rato de nosotras, nos ponga un mote; y como lo malo corre mucho.... --iVaya una barbaridad! ?Y ustedes entre si, se llaman por esos nombres? --iQuia!... Pero lo sabemos; y como no la deshonran a una.... --Es claro.... Pero volvamos a la rubia. --Parece que la tiene uste entre las cejas. --Como me ha dicho usted que iban hablando de mi.... --?Yo he dicho eso? --Por lo menos una cosa muy parecida. --Lo que yo dije es que ibamos hablando de lo mucho que se alaban algunos hombres de cosas que no les han pasado. --Eso si que no iria conmigo. --No por cierto; pero iba con algunos que uste conoce muy bien. --Podra ser asi.... ?Y sabe usted, Teresa, que de algun tiempo a esta parte anda muy entonada la rubia? --iLo ve uste! --Lo digo sin animo de injuriar a esa muchacha. --Es que asi se dicen todas las cosas, y luego ... el diablo las enreda.... En cuanto una se pone un dia un poco vestida.... Hija, ique lenguas!... Ya se ve, ustedes estan acostumbrados a oir que una senora gasta el oro y el moro para salir a la calle medio decente; y como nosotras no tenemos rentas, en cuanto nos ven algo majas, ies claro!, en seguida, que se lo regalan a una.... iComo no regalen!... Ni la rubia ni yo tenemos otras rentas que la peseta que ganamos a coser en las casas adonde nos llaman, y la jicara de chocolate, por la manana y por la tarde, que nos dan ademas, como uste sabe. Pero conocemos nuestra obligacion, y con dos varas de tul y seis de percalina hacemos un traje que los que no lo entienden piensan que vale un dineral.... Lo mismo que lo que ahora llevo puesto...; pues cuatro veranos tiene, y Dios sabe lo que tirara todavia si no se van del mundo el agua, el jabon y las planchas.... iVaya! --Si yo estoy en eso mismo, hija mia. --Es claro, esa muchacha es de suyo vistosa y arrogante; despues, tiene unas manos divinas para cortar y coser, y hace un vestido de baile aunque sea de unas enaguas.... --Si no digo yo lo contrario.... --Y al verla en la calle compuesta, como ella tiene aquel semblante y aquel cuerpo..., iuf!, lo que menos se figura la gente que lo ha ganado de mala manera. Pues mire uste, para que se vea lo que son las cosas, todavia, despues de vestirse con la peseta que gana la infeliz, le queda para que fume su padre.... iPero ya se ve!..., es una pobre costudera..., iy alla va eso! Pues si fuera yo a decir todo lo que se.... iCuantos vestidos de moare se pasean por esas calles que no se han pagado, y cuantos se han pagado sin el dinero del marido de las que los llevan!... Pero esas son senoras y tienen bula para todo.... Lo mismo que lo demas.... iCuantos cuerpecitos que a ustedes les marean estan hechos por estas manos!... Pero mas vale callar. --Es usted cruel, Teresa; lo que he dicho de la rubia fue ... por decir algo. Desde hace dos o tres dias, cuando pasa a las doce por la plaza Vieja, la veo mas compuesta que de costumbre.... --Eso es decir que uste se pone alli para verla pasar todos los dias. --No dire que por ella; pero por ella y por usted y por otras por el estilo, quiza, quiza. --Y ?que saca uste de eso? --Recrear la vista. iComo son ustedes tantas y tan bonitas!... Por cierto que me ha chocado ver como se las arreglan ustedes de manera que pasan siempre por la Plaza, sea cualquiera la procedencia que traigan. --Pues eso quiere decir que por todas partes se va a Roma, y que cuando una deja la costura al medio dia, de la hora que le queda para comer aprovecha la mitad para ver gente y tomar un poco el aire. --Y ique bonita era aquella amiga que la detuvo a usted esta manana en la esquina del Puente!...; pero no es tan elegante como usted. --?Una morena? Aquella no es amiga; es _costudera de sastre_. --iAh, ya!... Como la vi hablar con usted.... --Me estaba dando un recado. Y no es porque yo tenga a menos ser amiga de algunas de _esas_, sino que como las que cosemos en blanco en las casas tenemos sociedad aparte.... Y no crea uste que nos faltaria motivo para darnos tono con ellas, porque ahi estan las modistas que parece que nos honran cuando nos saludan en la calle. --iVea usted que demonio! --Y ahora que me acuerdo, ?que le decia uste esta manana a aquel otro senor de patillas, cuando nosotras pasabamos, que nos miraban tanto? --?Luego me vio usted? --Yo veo todo lo quiero. --iAh, picara!; me servira de gobierno. Pues decia a mi amigo que estaban ustedes mucho mas bonitas cuando salian a la calle en pelo, tan primorosamente peinadas, y con aquellos panolitos al cuello, como el que usted tiene puesto ahora, que con la mantilla y el chal que les comen lo mejor de la figura. --iOtra!...; imira que reparon! --Ya se ve que si. --Pues no llevan todas mantilla. --Y usted es una de esas excepciones; y para que nunca caiga en el pecado de ponersela, se lo advierto. --?Y que habria en ello de malo? --Que con la mantilla dejaria usted de ser un tipo lindisimo y de pura raza santanderina, para confundirse con la vulgaridad de las senoritas mas o menos cursis. --Yo tengo amigas que llevan el velo muy bien. --Es que el velo no le va bien a nadie, por que, sin cubrir una caballera fea, obscurece una bonita, y exige un chal que oculta las formas.... --iQue enterado esta uste de esas cosas, ave Maria! --Soy artista, Teresa. --?Y que tiene que ver lo uno con lo otro? --iFriolera! Estudio la belleza dondequiera que la encuentro. --Lo que uste estudia son picardias. --Eso no es exacto, ni siquiera una razon en favor de los velos. --Si a mi no me gustan tampoco; pero la moda.... ?Que esta uste mirando con tanto empeno por las vidrieras? --?Por que se ha puesto usted tan colorada? --?Yo? iJesus!... Puede que sea uste capaz de creer que es por ese chico que esta en el portal de enfrente. --Eso se llama curarse en sana salud. --Es que pudiera uste creer cualquiera otra cosa; y como es un chico que me carga.... Y eso que es muy buen mozo. --Usted no me dice la verdad.... Yo conozco bien a ese chico y se que no la esperaria a usted todos los dias a estas horas si no tuviera grandes esperanzas por lo menos.... --?Habra sido capaz, el muy tunante, de decirle a uste lo que no es? --Mi palabra de honor que no he hablado con el de este asunto. --Es que como se ha visto tanto de eso.... Pues mire uste, porque no se crea otra cosa, ese chico no deja de gustarme pero esta perdiendo el tiempo. --No comprendo.... --Hace un ano que bailo conmigo en la _Natar y Flor_. Desde entonces yo no se como el averigua en donde coso; pero lo cierto es que todas las tardes me le encuentro, como ahora, al dejar la labor..., sobre todo en ivierno, que salimos de noche..., y esto es precisamente lo que me carga. --?El que la acompane a usted de noche? --No, senor: el que tenga a menos acompanarme de dia. --Entonces, ?que hace ahi enfrente? --Esperarme; pero al llegar conmigo a la esquina me da una disculpa cualquiera y se larga.... Y cuando coso en el Muelle, o en alguna calle del centro, me espera en el mismo portal: alli estamos un rato hablando, y luego ... cada uno por su lado. Como uste comprendera, esto no halaga nada a una mujer.... Por eso me gustan mas los de mi parigual. --?Y quienes son esos? --Pues los chicos del comercio. Con estos se entiende una bien; y si manana u otro dia..., vamos..., ?esta uste? Quiere decirse que alla nos andamos, y de pobre a pobre va.... Pero de estos senoritos entran pocos en libra.... Y, iay de la infeliz a quien le toca uno!...; ique belenes, hija!; primero con el, y despues con su familia que la persigue a una como si una le hubiera ido a buscar.... Vea uste.... Y es claro: ellos empiezan por pasar el rato; y como suele suceder que una es tonta y se los cree, a lo mejor se encuentra con que no puede arrepentirse ya.... Por eso le digo a uste que ese chico pierde el tiempo. --Yo creo ahora todo lo contrario; porque acaba usted de decirme que a veces se los cree a pesar de todo. --Es que yo he escarmentado en cabeza ajena.... Mire uste que tengo una amiga, iay, la infeliz las lagrimas que ella ha llorado, las palizas que la ha dado su padre y la estimacion que ha perdido por un picaro de esos que la engano!... No, hijo, no: pobre naci, y no quiero ser senora a costa de tantos trabajos. --Muy bien pensado. Pero, entretanto, usted no despide a su adorador. --Hasta ahora no me compromete; quiere decirse que el dia en que esto vaya a suceder, ya sera distinto. --iYa! --Y eso que nosotras nos hemos propuesto no hacer caso de ningun _aristecrata_; pero vienen los bailes, y, como uste sabe, van a ellos...; porque lo que es en este particular, en nuestros bailes estan todos los hombres que van a los de las senoras..., y muchos mas. Pues, senor, la bailan a una, la hablan tan finos..., y una ?que ha de hacer? Pues es claro. --Total, que el mocito que esta en el portal de enfrente no perdera el tiempo. --Parece que va uste a medias con el. --Ojala, Teresita...; aunque en semejante negocio me seria muy dificil dar participacion a nadie. --?Por que? --Porque es usted demasiado bonita. --?Me va uste a hacer el amor? --Como usted me corresponda, si. --?Y si se lo digo a la rubia? --No tengo el gusto de conocerla mas que de vista. --De todos modos, no me gusta uste. --Gracias por la franqueza. --Tiene uste mala opinion de las mujeres. --Si todas me tratan como usted, no me faltan motivos. --Ya me hizo uste romper una _abuja_.... --No importa, yo la regalare a usted un paquete. --Es que a este paso no acabo la camisa en ocho dias. --Mejor: asi la vere a usted mas veces. --Y le saldra a uste muy cara la obra. --A ese precio vaya usted haciendome camisas. --Pues ya que no regatea uste el tiempo, voy a robarle hoy un cuarto de hora. --?Para charlar?...; aunque sea medio dia. --No, senor, para ir a una tienda que esta junto a la calle Alta, a comprar ... cuatro cuartos de _orejones_, que me gustan mucho. --(iLlevete el mismo Satanas, grosera!) --Como los trae de Castilla por mayor la tendera, que es amiga mia, da muchos mas por cuatro cuartos que en las otras tiendas.... ?No le gustan a uste? --iNo! --iJesus, pues vaya una rareza!... Hagame el favor de dar esa tira que esta debajo de uste, para amarrar la labor.... Muchas gracias.... iPero que mala cara se le ha puesto a uste de repente! --Es que ... tengo un flemon. --?Y no le dolia a uste antes? --No tanto como ahora. --Pues _chumpe_ uste un higo paso, que es muy bueno para los flemones. --Muchas gracias. --Conque hasta manana, que voy a por los orejones. --iVaya usted con Dios! * * * * * Escribir un libro de costumbres montanesas y no dedicar algunas paginas a la costurera, seria quitar a Santander uno de los rasgos mas caracteristicos de su fisonomia. Tan notorio, tan visible es entre su poblacion este _ramo_, que el sexo debil de ella puede, hechas las exclusiones de rigor, dividirse por partes iguales en mujeres-costureras y mujeres que no lo son. Pero hablar de las costumbres de las primeras tiene tres perendengues para un hombre que, como yo, no las conoce bien, porque equivocarse en el menor de los detalles tendria tres bemoles. En plata, lector: la costurera me infunde cierto respetillo, y no quiero echar sobre mi conciencia el compromiso de hacer su retrato. Y supuesto que el estilo es el hombre, y por ende, la mujer, enterate del dialogo anterior, que es historico; ve lo que de el puedes sacar en limpio, y alla te las arregles despues, si Teresilla se cree agraviada (en lo que no seria justa) con tus deducciones. Por mi parte, estoy a cubierto de sus iras con decirle, en un lance apurado: --_Tu es auctor_. LA NOCHE DE NAVIDAD I Esta apagando el sol el ultimo de sus resplandores, y corre un _gris_ de todos los demonios. A la desnuda campina parece que se la ve tiritar de frio; las chimeneas de la barriada lanzan a borbotones el humo que se lleva rapido el helado norte, dejando en cambio algunos copos de nieve. Pia sobresaltada la miruella, guareciendose en el desnudo bardal, o cita carinosa a su pareja desde la copa de un manzano; oyese, triste y monotono, de vez en cuando, el _ituba!, ituba!_ del labrador que llama su ganado; tal cual sonido de almadrenas sobre los morrillos de una calleja...; y paren ustedes de escuchar, porque ningun otro ruido indica que vive aquella mustia y palida naturaleza. En el ancho soportal de una de las casas que adornan este lobrego paisaje, y sobre una pila de junco seco, estan dos chicuelos tumbados panza abajo y mirandose cara a cara, apoyadas estas en las respectivas manos de cada uno. Han pasado la tarde retozando sobre el mullido lugar en que descansan ahora, y por eso, aunque mal vestidos, les basta para vencer el frio que apenas sienten, soplarse las unas de vez en cuando. De los dos muchachos, el uno es de la casa y el otro de la inmediata. De repente exclama el primero, en la misma postura y dandose con los talones desnudos en las asentaderas: --Yo voy a comer _torrejas_ ... ianda! --Y yo tamien--contesta el otro con identica mimica. --Pero las mias tendran miel. --Y las mias azucara, que es mejor. --Pues en mi casa hay guisao de carne y pan de trigo pa con ello.... --Y mi padre trijo ayer dos _basallones_ ... imas grandes!... --Mi madre esta en la villa ascar manteca, pan de alaga y azucara..., y mi padre trijo esta meodia dos jarraos de vino blanco, imas gueeno! Y toos los gueevos de la semana estan guardaos pa hoy..., ma e quince, asi de gordos.... Ello, vamos a gastar en esta noche-gueena veintisiete rialis que estan agorraos. --iMia que cencia! Mi padre trijo de porte cuatro duros y dimpues dos pesetas, y too lo vamos a escachizar esta noche.... ?Me guardas una teja de guisao y te doy un piazo de basallon? --iNo te untes!... Y tu no tienes un hermano estudiante que venga esta tarde de vacantes, y yo si. --Per