The Project Gutenberg EBook of Diario historico de la rebelion y guerra de los pueblos Guaranis situados en la costa oriental del Rio Uruguay, del ano de 1754, by Tadeo Xavier Henis This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at www.gutenberg.net Title: Diario historico de la rebelion y guerra de los pueblos Guaranis situados en la costa oriental del Rio Uruguay, del ano de 1754 Author: Tadeo Xavier Henis Release Date: August 18, 2004 [EBook #13216] Language: Spanish Character set encoding: ASCII *** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DIARIO HISTORICO *** Produced by Paz Barrios and the Online Distributed Proofreading Team. This file was produced from images generously made available by the Bibliotheque nationale de France (BnF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr [Nota del Transcriptor: Este texto digital ha conservado todas las irregularidades en puntuacion, acentuacion y ortografia del libro original.] DIARIO HISTORICO DE LA REBELION Y GUERRA DE LOS PUEBLOS GUARANIS, SITUADOS EN LA COSTA ORIENTAL DEL RIO URUGUAY, DEL ANO DE 1754. VERSION CASTELLANA DE LA OBRA ESCRITA EN LATIN POR EL P. TADEO XAVIER HENIS, DE LA COMPANIA DE JESUS. 1836. DISCURSO PRELIMINAR AL DIARIO DEL P. HENIS. Los esfuerzos combinados de dos grandes potencias europeas no bastaron para dar cumplimiento al tratado de 1750, que debia deslindar sus vastos dominios en America. A las representaciones respetuosas de los PP. de la Compania de Jesus, que llevaban a mal la cesion de sus misiones orientales, sucedieron los alborotos, que pronto acabaron en una general insurreccion. Los preliminares de este tratado habian sido ajustados secretamente con el rey Juan V contra el voto de sus ministros, que tenian por mucho mas importante la conservacion de la Colonia del Sacramento, que la adquisicion proyectada en las margenes del Uruguay. Pero Jose I, que se adheria a las miras de su padre y predecesor, autorizo a Gomez Freyre de Andrade, Gobernador y Capitan General de Rio Janeiro, para la entrega de la Colonia; mientras que el Marques de Valdelirios llenaba los compromisos contraidos por S.M. Catolica, segundado por el P. Altamirano, que venia tambien en clase de comisario. Luego que se traslucieron en Cordoba las clausulas de este tratado, el P. Barreda, provincial entonces, reunio una consulta para exponer al Virey y a la Audiencia los perjuicios que se inferian a los derechos de la Corona, de la Compania, y de los pueblos. El P. Lozano, que fue encargado de redactar este oficio, nada omitio para producir el convencimiento, y el P. Quiroga, que disfrutaba del concepto de gran _cosmografo_, formo un mapa, en que (segun se dijo) desfiguro el terreno, para hacer mas irresistibles los argumentos de los consultores. Estos manejos, y el poder de los PP. Misioneros sobre sus neofitos, los expusieron al cargo de haber fomentado, o favorecido la insurreccion de los indios. Concurrian a acreditar esta especie los sucesos del Para y del Maranon, donde un comisario del Rey de Portugal, en circunstancias identicas, hallo los mismos obstaculos en el norte, que Valdelirios y Freyre en el sud. No se llego a empunar las armas, porque no habia pueblos que ceder, ni territorio que evacuar; pero se negaron los auxilios, se trabaron las operaciones, dejando yermos los parages por donde debian transitar los demarcadores. Funes, que registro los archivos del vireinato, refiere, que en la entrevista que tuvo el capitan Zavala con el cacique _Sepe Tyaragu_ en el pueblo de San Miguel, dijo este "que circulaba en aquellos pueblos una carta del Gobernador de Buenos Aires, dirigida al Superior de las Misiones, ordenando a los indios _el empleo de la fuerza_ en defensa de su territorio, y a no permitir la entrada a ningun portugues: enfin, que _aquellas eran las instrucciones que tenian de sus doctrineros_."[1] Esta declaracion se halla confirmada en varios lugares del diario de Henis, que descubren el error en que vivian los PP., que "los indios harian un gran servicio al Rey, si se defendian, oponian y resistian con todas sus fuerzas, mientras llegaba de Europa la providencia que se esperaba."[2] En el mismo sentido se expresaba el P. Ravago, confesor del imbecil Fernando VI, asegurando al Superior de los Misiones, que el Rey, victima de las intrigas de su consejero Carvajal, autor del tratado, no se le habia opuesto hasta entonces por pusilanimidad e ignorancia. Entretanto la insurreccion, que cundia en los pueblos de Misiones, no dejaba mas arbitrio que el de la fuerza para sofocarla. En una junta que se celebro en la isla de Martin Garcia entre Valdelirios, Gomez Freyre, y Andonaegui, Gobernador de Buenos Aires, se acordo que, a mas de los cuerpos veteranos de la guarnicion, se convocarian las milicias de Montevideo, Santa Fe y Corrientes, a las que se reunirian 1,000 Portugueses y un competente numero de vecinos, para llevar la guerra a los pueblos insurreccionados. En estos preparativos se invertieron algunos meses, hasta que a principios de Mayo del ano de 1754 se abrio la campana, al mando de Andonaegui, que debia ocupar el punto central de San Nicolas, mientras Freyre, con otro trozo de tropas que se organizaban en el Rio Grande, atacaria el pueblo de Santo Angel, situado en el borde exterior del Yguy-guazu. Para agotar todos los medios de conciliacion de que podia hacerse uso sin menoscabo de la autoridad real, se hizo preceder al ataque un parlamentario, que debia hacer las ultimas amonestaciones a los rebeldes, por medio del cura de Yapeyu a quien fue dirigido. Pero el conductor de este oficio tuvo la desgracia de caer en manos de una partida de sublevados, que lo inmolaron en compania de otros cinco hombres que lo escoltaban. Este crimen hizo imposible todo avenimiento, y el ejercito, que habia hecho alto en las costas del Ygarapey, avanzo hasta el Ibicuy, por caminos intransitables, y en el rigor del invierno. La falta de pastos, y la extenuacion que causo en los caballos, obligaron el ejercito espanol a retroceder hasta el Salto-chico, y este movimiento retrogrado, al romper las hostilidades, envalentono a los indios, que le salieron al frente para hostilizarle. Por otra parte Gomez Freyre se habia enredado en los bosques del Yacui, donde supo la retirada de Andonaegui; mientras los sublevados, cuyo mayor odio era contra los Portugueses, fueron a desafiarlos hasta el rio Pardo. Estos ataques parciales, cuya victoria se atribuian los gefes aliados, acabaron en un armisticio que no tuvo a menos Gomez Freyre celebrar con los caciques en su campamento del rio Yacui.[3] Irritado por tanta cobardia e impericia, el Brigadier D. Jose Joaquin de Viana, Gobernador de Montevideo, volo al campamento de Freyre a instarle para que rompiese cuanto antes estas treguas vergonzosas. Las palabras de este bizarro oficial despertaron el valor de sus companeros, que, bajo su direccion y auspicios, derrotaron en un primer choque a los indios cerca de Batovi, en donde el mismo General derribo de un pistoletazo al famoso caudillo _Sepe_. Sucedio en el mando de los sublevados el corregidor, o cacique del pueblo de Concepcion, Nicolas Nanguiru, mas conocido en la historia de estos tumultos bajo el nombre de NICOLAS I, que se dijo haber tomado con el caracter de rey. Viana, que despues de la accion de Batovi, marchaba al frente de los espanoles y lusitanos en numero de 2,500, volvio a arrollar a los indios al pie del cerro de Caybate, donde le aguardaban con cerca de 2,000 combatientes. Al dia siguiente ocupo el pueblo de San Miguel, o mas bien sus escombros, por haber sido desamparado y reducido a cenizas; y desde este punto intimo la rendicion a los demas pueblos, que todos se sometieron, excepto el de San Lorenzo, que solo cedio a la fuerza: confirmando con este ultimo rasgo de obstinacion las sospechas que se tenian formadas sobre la cooperacion de los misioneros, siendo cura de este pueblo el mismo P. Tadeo Xavier Henis, autor del diario, cuyo autografo se hallo en su escritorio. De este modo termino una guerra que inspiro vivas alarmas a las cortes de Madrid y de Lisboa, acostumbradas a ver obedecidas ciegamente sus ordenes, y a mirar a los indigenas como a la clase mas abyecta de sus subditos. Despues del gran levantamiento de los Araucanos al fin de la XVI.'ta centuria, ningun acto de insubordinacion habia turbado las colonias, cuyo sosiego se tenia por inalterable. Y realmente la resistencia de los indios _Guaranis_ no arrancaba de un espiritu de sedicion, sino de _un sentimiento de fidelidad_ que la hacia mas obstinada. Asi es que el autor del diario, hablando de los rumores que circulaban en las Misiones durante la lucha, esclama: _?Quien creyera que las cosas de los indios esten en tal estado, que para servir al Rey sea necesario tomar las armas contra el mismo._[4] Si los PP. Misioneros fueron autores, o victimas de este engano, no es facil decidirlo; pero las cabalas que ya empezaban a urdirse contra la _Compania_, deben inspirar desconfianzas hacia todos los cargos que se le hicieron en aquella epoca. Cierto de que ellos conservaron hasta el ultimo desenlace la esperanza de ver anulado el tratado, y continuaron arreglando los pueblos como si nunca debieran abandonarlos. Cuando las tropas del Rey entraron en San Luis se trabajaba en rematar los dos hermosos gnomones que construyeron los PP. en el corredor de su huerta, y en el pueblo de San Lorenzo quedo a medio dorar el altar de San Antonio.[5] Estos pormenores pueden servir para disculpar a los Jesuitas de la complicidad que se les atribuye, y de un modo mas convincente que la fastidiosa repeticion que hace Funes de las alteraciones que noto Muriel en la version castellana de este diario por Ibanez. Si el concepto de la secreta oposicion del Rey al tratado no es bastante justificacion para los que lo atacaron, tampoco podran librarles de la nota de rebeldes las correcciones tan laboriosamente hacinadas por el continuador de Charlevoix para restablecer el texto de Henis. Por mas que se comenten estas _Efemerides_ nunca se llegara a desmentir por este lado lo que tan candidamente expresa el autor en cada uno de sus parrafos. Sin embargo, no es posible negar el mal uso que hizo Ibanez de este documento, en la formacion de su obra, titulada: _El reino jesuitico del Paraguay_.[6] Expulso del Colegio de Buenos Aires poco despues de la celebracion del tratado de 1750, este individuo se ofrecio al Marques de Valdelirios para suministrarle los conocimientos adquiridos sobre el estado de las Misiones, y las miras de los que las administraban. En estas revelaciones era natural que le guiase un espiritu de rencor, y que acreditase, en cuanto le era posible, el plan de usurpacion que se atribuia a los Jesuitas. Valdelirios, que estaba prevenido contra ellos, sobre todo despues de la insurreccion de sus pueblos, acogia con deferencia estas especies; y alentado Ibanez por esta proteccion, ataco con mas descaro a sus antiguos hermanos. No contento con la zizana que habia sembrado en Buenos Aires, paso a Madrid, donde las recomendaciones que llevaba, y los servicios que habia prestado, le pusieron en contacto con D. Ricardo Wall, sucesor de Carvajal, y comprometido en todos sus planes. Las circunstancias no podian ser mas a proposito para favorecer las miras de este ex-claustrado. Sus cargos, que en cualquier otra epoca se hubiesen mirado con el desprecio que inspira un sentimiento de venganza, trillaron el camino a otros ataques, que acabaron con la ruina de la Sociedad que le habia repudiado. Pero no se consiguio por esto dar cumplimiento al tratado; y se tuvo por fin que echar mano de la fuerza para desalojar a los Portugueses de la Colonia del Sacramento:[7] y del mismo arbitrio se valieron los Lusitanos para apoderarse muchos anos despues de las Misiones Orientales.[8] Entre tanto estas dos campanas, a las que los escritores espanoles dieron enfaticamente el nombre de _primera_ y _segunda guerra guaranitica_, como si en algo se parecieran a las _punicas_, hicieron derramar mucha sangre, y costaron a la Corte de Lisboa, (segun lo aseguro el Ministro Souza Coutino en la memoria que dirigio al gabinete de Madrid en Enero de 1776) veintiseis millones de cruzados, y no creemos que fueron inferiores los sacrificios de Espana. Una parte de la historia de estas desavenencias se halla en la correspondencia oficial de los Comisarios de las dos Coronas, y otra en el diario que publicamos, valiendonos de una version distinta de la que emprendio y publico Ibanez. La debemos a la amistad del Senor Dr. D. Leon Vanegas, que la conservaba inedita entre sus papeles. _Buenos-Aires, 2 de Setiembre de 1837._ PEDRO DE ANGELIS. DIARIO DE HENIS. 1. A mediado del mes de Enero del ano de 1754, confederados a los Guaranis los Guanoas gentiles, que diligentemente egercian el oficio de exploradores, hicieron saber a todos los habitantes de los pueblos, que a las cabeceras del Rio Negro se veia un numeroso escuadron de Portugueses. Con esta noticia se toco al arma por todas partes, se despacharon por los pueblos presurosos correos, se hicieron cabildos, se tomaron pareceres, y unanimemente proclamaron que debian defenderse. 2. El dia 27 de dicho mes salieron armados del pueblo de San Miguel 200 soldados a caballo a recoger la demas gente de sus establos, o estancias, hasta llegar al numero de 900. Despues siguieron 200 del pueblo de San Juan, y otros tantos de los pueblos de San Angel, San Luis y San Nicolas, con 80 de San Lorenzo: de suerte que todos eran 1,500, y fueron repartidos para defender los confines de sus tierras. 3. Mientras se disponian estas cosas cuidadosamente, el dia 8 de Febrero se aviso de las estancias vecinas de San Juan, que estan a las orillas del Rio Grande, por los indios de Santo Tome que a la sazon en sus montes fabricaban la yerba segun acostumbran, que no lejos de ellos habia gran numero de gente portuguesa, y que amenazaba de muy cerca a los pueblos, porque apenas distaban 20 leguas de ellos. 4. Casi al mismo tiempo avisaron de las estancias mas remotas de San Luis, las cuales estan a las orillas del mismo Rio Grande, limite antiguo de division entre las tierras guaranis y portuguesas, que se veia un trozo de enemigos portugueses, que ya habian pasado el rio en algunas barcas y canoas, y que en un bosque vecino habian construido dos grandes galpones, y que tenian tambien muchos caballos y armas. Habiendo yo sido llamado, marche al socorro de los estancieros de los circunvecinos campos y de otros pueblos, y tambien para que se transfiriese a tiempo a aquel parage el egercito que habia salido de los pueblos contra los invasores, y estar asi apercibidos para resistir unanimemente a todos los enemigos. 5. Tambien se esparcio por entonces cierta voz, que asi como alegro los animos de los soldados, los encendio y levanto a esperanzas de mayores cosas. Decia esta, que doce carros con alguna gente, pertrechos y caballos, habian pasado el Rio Uruguay, en el paso que llaman _de las Gallinas_, pero que por los confederados barbaros, Charruas y Minuanes, parte habian sido heridos, parte dispersos y muertos: que los animales habian sido retirados lejos y los carros quemados. Parece que dicho rumorcillo no era del todo vano: porque, volviendo un alcalde de Santo Angel de las tierras de sus estancias, lo contaba asi como lo habia oido a algunos de los confederados vencedores, que acababan de llegar. 6. Alegres y alentados con uno y otro aviso, se alistaron nuevos reclutas; y despues de haberse fortalecido con el sacramento de la penitencia y de la eucaristia, por espacio de tres o cuatro dias, 200 del pueblo de Santo Angel, (porque a estos amenazaba el peligro de mas cerca) revolvian las antiguas memorias, de que pocos anos antes por este mismo camino, cierto portugues habia penetrado hasta su pueblo, a quien, aunque los estancieros compatriotas conocian, ahora sospechaban que fuese espia. Tambien salieron armados casi 200 de cada uno de los otros pueblos, y hallaban 100 del pueblo de Santo Tome en el mismo sitio haciendo yerba, y 60 del de San Lorenzo juntos en la misma faena, que con los estancieros vecinos componian un ejercito de casi 1,200 hombres. 7. Mientras se preparaban a esta expedicion el domingo de Septuagesima, (era muy de manana) uno me hablo en nombre del capitan del ejercito, y pidio fuese con ellos por procurador y medico espiritual. Me escuse de esta carga por las conocidas calumnias, que los Portugueses y Espanoles acostumbran forjar, como poco ha me lo habia ensenado la experiencia: empero, considerando que si acaso alguno del ejercito adolesciese en el camino de alguna grave enfermedad, o se postrase con alguna herida, habia de ir luego al punto a confesarlo, si me llamasen, condescendi, por tener la cierta y suprema vicaria potestad de Christo. Juzgaron los capitanes que tenian en si dicha autoridad, para que ninguna alma sea privada de los sacramentos, y salvacion sin culpa proporcionada, y asi disponian la expedicion, limpiandose de las manchas internas de los pecados. 8. Finalmente, habiendo salido de sus pueblos hacia los montes de los yerbales, a tres dias de camino los mas cercanos, otros llegaron de partes mas remotas: mas luego que oyeron que el rumor del enemigo habia sido falso, habiendo enviado exploradores, corrieron estos toda la tierra, y no habiendo hallado vestigios algunos de enemigos, sino solamente algunos fogoncillos, dejados de los barbaros, y habiendo averiguado que el rumor sobredicho habia sido esparcido manosamente por los indios fugitivos de Santo Tome que estaban haciendo yerba, se restituyeron a sus propios pueblos: aunque es de advertir que despues los mismos Portugueses confesaron que 200 Paulistas de los pueblos circunvecinos se habian acercado: pero que vista de las copas de los arboles la multitud de los indios, se habian retirado. 9. La noticia de haber tomado aquellos doce carros y canones no se confirmaba, la mentira con el tiempo se iba olvidando, y ninguna confirmacion venia de las estancias de San Luis. 10. El dia tres de Mayo por la noche llego un correo que aviso, que los soldados de San Luis y San Juan, habian acometido a los fuertes que los Portugueses tenian ya hechos de estacas en el Rio Grande: pero que les salio mal su intento, porque habiendo los nuestros acometido al amanecer del veinte y tres de Febrero el pago de los Portugueses que ya estaba fortificado, estos huyeron al principio, pero habiendo despues vuelto sobre los indios que estaban entretenidos en los despojos, mataron a escopetazos a 14 Juanistas y a 12 Luisistas, y los obligaron a huir, habiendo muerto tambien algunos de los Portugueses. Cuando se retiraron los indios, volvieron a oir por otra parte los fusilazos, y sospecharon que los lorenzistas estaban en accion. Se esperaba mas estensa noticia de todo, pero despues se esparcio por los pueblos un rumor lamentable. 11. Tambien por este tiempo se aviso que en los campos de Yapey se veian 800 espanoles, y que habiendo huido los estancieros, se habian apoderado de los rebanos de ovejas. Se dudo de la verdad de este caso, y los capitanes de los demas pueblos se juntaron en consejo con el de la Concepcion (que era entonces el supremo): mas, lo que se acordo, quedo ignorado. 12. Ya se hablaba con mas fundamento de la accion de los Luisistas, de cinco anos a esta parte, en un extremo de las tierras de San Luis: entre los rios Grandes, Verde, Yacui y Guacacay, los Portugueses se habian establecido en un bosque, y habian edificado un pueblo de bastante numero de casas, sin noticia de los duenos de la tierra, que a corta distancia apacentaban sus ganados: y aunque muchas veces habian sido enviados a explorar tierras, nunca llegaron a aquellos terminos, ya por lo vasto de aquel territorio, ya por su innata pereza. Ahora finalmente en esta variedad de cosas, habiendo descubierto los mas vigilantes dicha colonia enemiga, y habiendola explorado, fueron a atacarla 110 Luisistas, y casi 200 Juanistas. Emprendieron la expugnacion el dia 22 de Febrero; la noche del 23 se arrimaron a ella, y hecha irrupcion al amanecer facilmente pusieron en huida a los moradores, que estaban desprevenidos. Habiendose apoderado del pueblecito, entraron en las casas, y se ocuparon del botin, dejando las armas. Entretanto el enemigo que habia huido, volvio sobre los que estaban entretenidos en el saqueo y sin armas, y les obligo a ceder otra vez el pago, porque con el rocio de la noche, y con haber pasado los rios a nado, se habian inutilizado las escopetas, no pudiendo tampoco manejar las lanzas por la espesura del bosque. Sacadas pues de las casas sus armas, atacaron a los indios, y les obligaron a cederles el paso, para retirarse a sus reales. Murieron de una y otra parte algunos: de los indios 22, entre los cuales fue uno el Alferez Real de San Luis (capitan valeroso de los indios) que, desamparado de los suyos y peleando valerosamente hasta el ultimo, fue aprisionado por la muchedumbre, y habiendole atado las manos, murio lanzeado por los enemigos que cargaron sobre el. De los Portugueses parece que murieron 12, quedando los demas heridos levemente, y de los nuestros salieron heridos 26. Volvieron 16 Luisistas para observar el movimiento del enemigo y tambien para enterrar los muertos, aunque fuese por fuerza. Los demas se retiraron a sus tierras y poblaciones, esperando nuevos socorros. Tambien el resto de los Luisistas volvio a su pueblo, no se si de verguenza, si de temor, o por alguna mutua disencion. 13. Despues en el mismo pueblo se alistaron nuevas reclutas, y porque acaso, como los prisioneros que perecieron en la guerra, no fuesen desamparados de medico espiritual, llamaron para el socorro de sus almas a aquel que por el mismo tiempo habia hecho la mision de Cuaresma en aquel mismo lugar. Consintio este a tan piadosas suplicas, recargado sin duda de los remordimientos de su propia conciencia, y tomando a su cuidado la vida y almas de aquellos indios que estaban en peligro. Luego que volvio a su pueblo, se previno para el camino, y partio a las estancias que estan a la falda de la montana. El dia 3 de Marzo le siguio despues un escuadron armado, aunque con paso lento, atendiendo a la debilidad y fatiga de los jumentos, y formo el campo a 12 de Abril en los rios Guacacay, Grande y Chico. Pasaron el rio los capitanes de San Luis con los de San Juan cerca de su boca, para avisar a los de San Miguel, que viniesen en su auxilio, porque era necesario cargar al enemigo con mucha gente, ya que por la situacion era superior y mas fuerte. Pero, discordando los confederados, redujeron su negocio e interes comun a contienda, porque estos desde su colonia de San Juan, todavia resentidos de los Luisistas, por un reciente escandalo o tropiezo, y por no haberles pedido y rogado la alianza para el asalto que se acababa de hacer; y ofendidos ahora por el modo en que los habian convocado, se arrojaban mutuamente chispas de discordias. Aquellos reprochaban a los mismos duenos de las tierras el haberse realizado casi toda la sobredicha invasion poco favorablemente, por haber sido los primeros que habian huido, y dejado en el peligro a sus companeros; y por lo mismo reusaban volver otra vez a probar fortuna. 14. Se negocio con unos y otros: con estos de palabra, con aquellos por escrito, para que se concordasen y uniesen sus animos y las armas, casi con este cumulo de razones: "Que no era tiempo de civiles disenciones, estando un enemigo extrangero a la puerta: que los hermanos las mas veces discordan para deshonra suya, cuando mas urge el mal que los amaga: que se debian unir las fuerzas para que cada una de por si no fuese otra vez desecha, y por una funesta disencion creciese al enemigo vencedor la audacia y soberbia: que las saetas una por una son faciles de romper, pero no siendo unidas: cuando se quema la casa vecina, todo ciudadano acude al socorro, y asi como abrasandose una casa, toda la ciudad se volveria a cenizas si los ciudadanos o vecinos no las defendiesen, asi les sucedia a ellos." Estas y otras cosas semejantes les fueron propuestas, y parecio que se apaciguasen los animos. Anadio no poco peso una carta que llego del cabildo de San Juan, la que persuadia a la union, y a la obediencia a entrambos capitanes. 15. Se esperaba de los Miguelistas, o un escuadron auxiliar, o sus respuestas. Tambien se decia, que los Nicolasistas y Concepcionistas ya venian: los Lorenzistas se escusaban de no haber venido antes de ayer, atribuyendolo a la larga distancia: los demas preparaban sus armas, y habiendo sido enviados algunos a explorar, observaron la marcha y movimientos del enemigo, y con ansia pedian se juntasen prontamente todas las legiones. Mientras esto se decia, se avanzaban hacia el Rio Grande, a quien los indios llaman _Igay_, esto es, amargo. 16. Estaba tranquilo el Rio Uruguay, todas las cosas estaban en silencio de parte de los Espanoles, y aquel grande aparato belico se quedo en proyecto; ni el invierno que ya habia empezado, permitia otra cosa. De la junta reciente que se habia celebrado, salieron por embajadores a los de Yapeyu, de cada uno de los pueblos de la otra banda del Uruguay, y tambien a algunos mas remotos, los principales caciques: porque como corrio la fama que los animos de aquellos moradores estaban discordes, y que unos con los proceres, se inclinaban con unanime sentir a la confederacion para reprimir al enemigo, y otros con el capitan del pueblo, no querian tomar las armas, fueron alli para renovar y promover la alianza, y atraer a su partido al capitan con todo el pueblo. A la verdad que estuvo oculto el egercito, pero esta embajada lleno de gozo a una y otra curia o consejo: unio los proceres con el capitan, y al pueblo con los proceres, y portandose a su modo magnificamente, se volvieron a sus propios lugares, formada y pactada la confederacion: y juntamente contaron por cierto, que no se veia enemigo alguno, y si solamente algunos ladrones y espias, que habian sido muertos y despojados de todas sus caballerias. 17. Por este tiempo el cura de San Borja, habiendo sido llamado poco ha por los superiores, y habiendo sido enviado al de la Trinidad, se decia que tambien habia bajado por el Parana a las ciudades de los espanoles, y que otro habia sido puesto en su lugar; despues que primero el cura de San Jose por algun tiempo cumplio alli una comision y pesquiza secreta. Estas cosas sucedian en la frontera de los Espanoles. 18. Y volviendo a los nuestros, y a los Portugueses, se acercaban ya los Miguelistas con su capitan, que poco ha se habia retirado de los otros pueblos, (este era Alejandro, vice-gobernador de San Miguel) y la cierta venida de aquellos la publicaba la fama, y la confirmaba o testificaba Sepe, uno de los mas famosos centuriones. 19. Entretanto se celebraba en el campo la semana santa con la devocion posible; y cumplidas las ceremonias y ritos de la iglesia, que el lugar y tiempo permitian, de la Conmemoracion de la Pasion Santisima del Senor, al tiempo que en las iglesias cantan solemnemente el _Alleluya_, aparecieron dos piezas de artilleria con sus guardas y custodias. Bajando despues de los collados, y formados los escuadrones debajo de seis banderas, presentaron mas de 200 hombres. Salieronles al encuentro los escuadrones Luisistas con sus dos banderas, y saludandose mutuamente, llevando su Santo Patron y otras imagenes de santos, (los que esta gente acostumbra traer siempre consigo) a una capilla hecha de ramos de palma, y habiendo corrido los caballos, y hecho a su usanza ejercicio de las armas, se fueron a un parage cercano, y se acamparon en lugar senalado para los reales. 20. El dia siguiente, que era el de la Resurreccion del Senor, y 12 de Abril, celebrada antes la solemnidad, (es a saber, con procesion y misa solemne) uno de los capitanes se fue a los Juanistas, los que, aunque estaban vecinos, no acababan de llegar, y dijo, que vendrian al dia siguiente, esto es, el tercero de Pascua. Impacientes los Miguelistas de la tardanza, y estimulados con las antiguas disenciones, reusaban esperar, y estuvieron firmes en tomar solos con los Luisistas el camino hacia los enemigos. 21. Se les exhorto con razones ya sagradas, ya politicas: es a saber, ser debiles las fuerzas que no corrobora la concordia: que esta nunca la habria si se buscaban nuevos motivos de desavenencia; que no se debia solamente confiar en las propias fuerzas contra un enemigo que, aunque inferior en numero, les aventajaba en el sitio, la destreza de las armas de fuego y la experiencia: que eran vanas tambien todas las fuerzas de los hombres, y vana la multitud, si el Senor de los ejercitos que nos fortalece no las protege: que entonces no hay esperanza ninguna de victoria: que Dios aborrece las enemistades: que se ahuyenta con las discordias, y se enajena o pone urano con las disenciones. El mismo predicador puso por egemplo su sufrimiento, que habia esperado por espacio de dos meses; y asi esperasen un dia, los que habian sido esperados por meses. Callaron los capitanes, y consintieron esperar hasta el dia postrero de Pascua. 22. Los Lorenzistas volvieron otra vez con sus escusas, esponiendo la debilidad y cansancio de sus caballos, y por tanto decian, que enviarian 30 soldados al socorro, que ellos se defenderian por sus tierras, y por otra parte pelearian con el enemigo. Parecio frivola la escusa, porque los otros habian andado mas largos caminos en caballos asimismo cansados; ni parecia que se debia contemporizar con los animales, estando en peligro la tierra. Y por tanto no se admitio la escusa, y se les aviso que si tardaban, custodiasen ellos sus casas, y mirasen a lo porvenir. Tampoco parecio oportuno esperarlos, porque como estuviesen los demas distantes o retirados, habian de causar una tardanza perjudicial, ni tan poquita gente (eran cerca de 60) podia dar tanto socorro para indemnizar el dano que se juzgaba causaria su tardanza. 23. Era ya el dia que debian llegar los Juanistas, y aun se habia pasado, y con todo no parecian, no obstante su campo apenas distaba tres o cuatro leguas. Poco despues de mediodia, llego del paso de San Juan el Alcalde de primer voto, que era enviado por el cabildo y los pueblos, para que tomase el gobierno en lugar del alferez real, quien mandaba su destacamento, y era el cabeza y caudillo de las disenciones; lo que ya se habia hecho saber a aquellos que mandaban en el pueblo. Luego al punto fue despachado, y se le encomendo diese priesa a los suyos: vino finalmente con algunos de ellos despues de visperas, y fue recibido como antes de ayer, de los Miguelistas. Pero se traslucia en todos su mal animo, porque venian sin banderas, sin pompa, y con un triste silencio; y la misma alma de la guerra, que son los tambores y trompetas, apenas resonaban. Con eso se ajustaron despues de visperas, y cada uno dio sus consejos, y parecio que todos conspiraban a una misma cosa. 24. Despues al dia siguiente, que era el 17 de Abril, al salir el sol, invocaron el Santo Espiritu del Senor con una misa solemne, y del modo que permitia el tiempo: no faltaron quienes se fortaleciesen con el sacramento de la penitencia y comunion. Despues hecha senal, enlazaron los caballos, los ensillaron, quitaron las tiendas, fueron a la capilla, y se ofrecieron al Senor con las oraciones y ritos que acostumbra esta gente. Finalmente a la falda del collado se formaron los escuadrones, pasaron revista, los numeraron, y no parecio estaba entero o cumplido el ejercito, porque aun no habian pasado el rio los escuadrones de San Juan, ni los que estaban alli salian de sus reales, demostrando su animo no aplacado bastantemente. Los que entonces estaban presentes, parecio que llegaban al numero de 200, debiendose aumentar a 500 mas, luego que se juntasen todos. Entretanto se emprendio el camino con alborozos, a son de trompetas y cajas. 25. Pasado el rio Guacacay Chico, al pie de las mismas montanas, se hizo noche siete leguas distantes de la estancia de San Borja: la siguiente se hizo pasados los cerros de _Ararica_. Habiendose llegado a este sitio, salieron al encuentro los exploradores, los que alli fijaron un palo, y trajeron por novedad que el enemigo habia fortificado el bosque con faginas y garitas de tierra, y que no pasaban el numero de 50 hombres: empero apenas supieron decir cosa cierta. Se les mando expusiesen todo lo que sabian; y habiendoseles pedido despues a los capitanes su parecer, dijeron que nada importaba, que ellos irian intrepidamente confiados en el divino auxilio, en la justicia de su causa, en la muchedumbre de su gente, y tambien en la calidad de su artilleria, mayor que la del enemigo. Se hizo alto en el mismo lugar. Con todo eso, la sospecha que recientemente se tenia de algunos de los pueblos, (es a saber que habia entre los Luisistas uno que tenia secreto comercio con el enemigo) parece que se confirmaba: porque la noticia de las cosas exploradas del enemigo, habiendo solo distancia de casi tres dias de camino; las continuas quemazones de los campos, hechas por los exploradores hacia los enemigos, y la misma tardanza en el andar de aqui, daban algun credito a lo que se decia. Parecio a los capitanes que debian acreditar esta sospecha, lo que se egecuto. Mas los Luisistas dieron claro indicio de su disgusto, cuando al dia siguiente, despues que se hizo el camino de casi siete leguas, acampamos en las orillas del rio Yaqui o Phacito; porque entonces el capitan de aquel pueblo ofrecio que el formaria el ultimo escuadron, y mas distante del rio, y de esta suerte mejor se cortaria a los suyos cualquiera comunicacion que tuviesen con el enemigo. La disposicion fue buena, pero la razon que se dio, manifesto el animo resentido del que la alegaba, porque "asi (anadio) mejor se conocera cual sea nuestra culpa." 26. En el mismo lugar se presento uno de los que mandaban la artilleria, y dijo no haber provision de polvora mas que para cuatro tiros de artilleria: y este aviso causo no poco cuidado, porque pedir ahora la polvora a los pueblos, parecia imposible, estando distantes 100 leguas; y era verguenza, estandose ya cerca del enemigo, faltar el alma de los canones, y mostrar las piezas mudas que no tronarian mas que una vez. Se pidio el parecer del capitan superior, mas este afirmaba que habia 17 cargas, y para cada canon cuatro; y aun mas, fueron traidas: entonces se vio claramente la mentira del artillero; con todo se sentia la poca providencia que se habia tenido en esto. 27. El sabado _in albis_ se empezo a pasar el rio Phacido o Yagui, y fue hallado mayor que lo que se habia pensado: porque en aquel lugar es mas ancho que todos los rios que corren entre estos pueblos, si se exceptuan el Parana y el Uruguay: por tanto se tardo en pasarlo, y apenas este dia lo transitaron los Miguelistas. 28. Al otro dia, por una grande lluvia, con dificultad pasaron los Luisistas; y los Juanistas, como todavia esperasen socorro de los suyos, determinaron pasar con el ultimo escuadron, y asi impedidos el lunes con la misma lluvia, cerca del anochecer lo vadearon a nado, llevando a hombro sus cosas. 29. Por este tiempo, pasado el Domingo, nuestros exploradores, a quienes por seguridad se mando vigiar el campo, hallaron cinco exploradores Lorenzistas, que llegaron a los reales despues de visperas. Dijeron que tambien los suyos pasaban el rio unas pocas leguas distantes de aqui; y que tambien ellos habian de ser companeros del ejercito en el camino. Uno de estos, a la primera noche, cuando todos dormian cerca del bosque, llego herido terriblemente en la cara por un tigre: curosele, y habiendo sido enviado al pueblo, los demas se fueron a los suyos a avisarles la llegada del ejercito. 30. El Martes, habiendose disipado el granizo y la niebla, se encaminaron ocho leguas, desde las orillas del Rio Yagui hasta el Rio Curutuy; y alli se acampo a la vista de un penasco del monte San Miguel, llamado del Lavatorio por los Ibiticaray. La figura de este penasco es del todo admirable, porque como desde su raiz se eleva suavemente, de repente se levanta hasta la cumbre, y en el remate se endereza a manera de pared. 31. Miercoles 22 de Abril: aunque estuviese malo con garua y nubes, vistas las orillas del rio, lo hallamos crecido de tal suerte, que no teniendo en otras ocasiones apenas cinco pasos de anchura la puente que era indispensable echarle, se debia estenderlo a sesenta. Se fabrico dicho puente con palos clavados en el arroyo, afianzados estos pertigos con varas, y sobre estas se entretejieron otras a lo largo: y asi dieron paso a la gente. Por este puente, fabricado a toda priesa, las cuatro piezas de artilleria se transportaron primeramente en hombros de los indios, y despues todo el tren de armas y caballos: hubieras visto con risa a un muchacho indio pasar a la otra parte su perro sobre los hombros. Pero la mayor dificultad y trabajo fue pasar las tropas de caballos, bueyes y vacas, que eran mas de 3,000; porque como el arroyo era rapido, y poblado en el medio de muchas malezas y arbolillos, a los que nadaban, o del todo los arrebataba, o los enredaba, y tambien los sorbia y ahogaba. Se echaron pues al arroyo, por una y otra parte, veinte nadadores, que impelian, arrimaban y forzaban con las voces y manos a los caballos, mulas y otros animales, hasta tanto, que todo aquel gran numero hubo pasado el rio. Al mediodia estuvo ya todo el egercito en la otra banda, y caminadas aun el mismo dia dos o tres leguas, cuando se habia ya campado, 30 Lorenzistas, que seguian el ejercito, lo aumentaron en algo, aunque menos de lo que se esperaba. 32. Seguiase despues la fiesta de San Marcos, y se invoco el auxilio de todos los moradores celestiales, con la misa, y letanias que se acostumbran en la iglesia, dentro del toldo o pabellon, porque el mucho heno o yerba, con la lluvia y tempestad de toda la noche, impidio la procesion, y porque todavia amenazaban las nubes un proximo aguacero. Hasta el mediodia estuvieron separados: mas tomadas las medidas militares, aunque un denso rocio humedecia la tierra, se caminaron tres leguas, y quiza cuatro. Esta noche el ejercito se mantuvo en sus reales, porque los exploradores que fueron enviados antes de ayer no habian vuelto. El mismo supremo capitan habia determinado ir a buscarlos, y habiendolos encontrado despues de entrada la noche, y pedidoles cuenta de lo que habian visto, ninguna cosa cierta digeron, sino que casi en este lugar y a la vista estaba el enemigo. Esta noche, y en adelante, se puso silencio a las trompetas y cajas, para que el enemigo no sintiese la venida del ejercito: tambien la estrella llamada Sirio sereno la noche, y asimismo el dia siguiente. 33. Al rayar este dia se caminaron casi tres leguas, porque no se habia de pasar adelante, si no es que incauto el ejercito se acercase demasiadamente al enemigo, y se presentase a su vista: fijaronse los reales, no en circulo como otras veces, sino en dos lineas, en orden de batalla, distante solamente dos leguas de los contrarios. Habiendo sido enviado por el rio Azul arriba, hacia el norte, algunos que sondasen las aguas, por si acaso se hallase un vado mas facil, porque en verdad no convenia pasar por el paso nuevo, ni tampoco por el que tenian fortificado con centinelas los Portugueses, para que de esta suerte el enemigo fuese acometido mas inopinadamente, y toda la tropa vadease el rio sin obstaculo y repugnancia, mas facilidad y desahogo. Tambien algunos baqueanos fueron por espacio de una legua y media a esplorar la fortaleza del enemigo, de modo que distasemos solamente media legua, del otro lado de un rincon o ensenada de un bosque. Se conocio, que habia dejado su primera situacion, y quemadas las primeras cabanas o ranchos, se habia situado poco mas arriba, en un collado lleno de monte, el cual, por la parte que mira y toca los dos rios, Phacido y Azul, acabando todo en un angulo con el bosque, mostraba la tierra hacia la llanura: pero estaba esta fortificada con una estacada desde una punta del bosque hasta la opuesta: en el medio se veian palos clavados en la tierra para los ranchos, y algunos galpones del todo acabados. Se oyo tambien el tiro de una escopeta, al tiempo que se exploraban estas cosas, mas no se juzgo fuese senal del enemigo que estuviese vigiando. Tambien se vio en el campo, de esta parte del rio, entro una alta maciega, algo que corria velozmente: se sospecho que fuese espia del enemigo, pero otros mas probablemente la juzgaron avestruz. Despues de visperas, se hallo que ya no habia para el sustento del ejercito mas que un poco de cecina cocida, de modo que no habia viveres sino para un dia, por la ninguna providencia que acostumbran los indios. Se mando que al dia siguiente se depachase un mensagero a traer reses, y que entretanto se diminuyese la racion a la tropa. Esta disposicion, sinembargo, no podia ser bastante para que el ejercito por algunos dias no padeciese hambre. En el sitio de la vigia o atalaya se mantuvo, con algunos soldados escogidos, el mismo capitan Sepe, miguelista. 34. Entro la noche con un horrible aspecto hacia el sud: toda estuvo frigidisima, y tambien el dia siguiente, 27 de Abril: con todo volvieron los exploradores que habian ido por una y otra parte. Estos digeron, que no se veia en la frontera movimiento ninguno del enemigo. Aquellos aseguraron que el vado que se habia hallado no estaba muy distante de los rios, ni del sitio del enemigo. Al amanecer, pues, se arrimo hacia alli todo el ejercito, y abriendo camino con las hachas, por medio del bosque, que esta de una y otra parte, se movieron al mediodia los reales hacia aquel sitio, dejando atras solamente algunos enfermos, con el custodio de sus almas, o sacerdote. 35. El dia 28 (Domingo) todo el ejercito se ocupo en armar un puente, tal cual se hizo en el rio Lavatorio, aunque este era mayor, y necesito el trabajo de todo un dia. Entretanto, llevaron todos los caballos a un valle, que con amenidad se estiende por las riberas del rio Verde, y tambien hicieron pasar alli al pastor de sus almas, con los demas, para que estuviesen seguros. Al ponerse la luna, en lo mas intempestivo de la noche, marcharon contra el pago de los Portugueses, avanzaron a cuatro casas, mataron dos negros, habiendose escapado en el bosque inmediato dos portugueses con sus mugeres, los que de alli fueron a la fortaleza a dar noticia del enemigo que los acometia: tambien quitaron al enemigo una partida de caballos que pasteaban en aquel mismo lugar, quedando muerto un Lorenzista. Demas de esto, al amanecer se acercaron a la fortaleza, haciendoles la niebla mas facil el acceso, y lo que era de admirar, que estando en otras partes clara sobre el fuerte, estuvo mas espesa para los que la miraban y asechaban desde el alto, lo que dio esperanza de victoria. Mas a la verdad, no se porque caso o desgracia, no supo aprovechare de ella el pueblo. Asalto una y otra vez, y sufrio por casi dos horas mas de mil tiros de fusil, y cien de ocho piezas, siendo dos de las mayores: pero sin dano particular, porque nunca avanzaron del todo. Mientras el gefe principal de los indios, valerosamente mandaba y animaba a los suyos, salieron tres negros por una oculta abertura de la tierra, y uno de ellos atraveso por el pecho al supremo capitan llamado Alejandro, del pueblo de San Miguel: no obstante dos de ellos pagaron con la vida su atrevimiento. Despues, acercandose mas a la artilleria, y sin cautela, a otro soldado Lorenzista lo mato un balazo: pero no murieron mas que estos tres. Fue herido gravemente un Luisista con seis Miguelistas, y su capitan levemente. Creo que ningun Juanista fuese herido, porque la mayor parte, mientras se estaba en el conflicto, se mantuvo en la otra parte del rio, comiendo sus ollas y asados, y el capitan de ellos, entrandose desde el principio en el bosque, no se sabe donde fue a parar. Finalmente retrocedieron los nuestros, y por esto, animandose el enemigo, salio de la fortaleza, en numero de 200, trayendo consigo dos piezas: por lo cual, aturdida la gente, comenzo a desparramarse, y dejo por despojos al enemigo el mayor canon que tenia. Se llegaron a razones: primeramente dijeron: haya paz entre nosotros y cese la guerra, porque en nuestros corazones no abrigamos enemistades contra vosotros, ni poseemos temerariamente esta tierra, sino por mandado de vuestro Rey, y del Gobernador que en su lugar las gobierna, y tambien con consentimiento de vuestros padres, (juzgo que entendian aquel que de Europa vino a este negocio) y de algunos de vuestra gente: dejadnos gozar de esta tierra, cuando por otra parte no nos esperimentais molestos (si es que se puede dar credito a estas razones): volvednos tan solamente los caballos que nos habeis tomado. Sepe, aquel celebre capitan de los Miguelistas, el cual entonces mandaba la artilleria, y sabia hablar algun tanto espanol, y era un poco conocido de uno de los Portugueses, porque ahora poco el estuvo en los limites de las tierras de San Miguel con los demarcadores, se allego mas cerca, convivado por ellos a entrar en la fortaleza a tratar de la paz y de los caballos que habian de volverse. He aqui! (iquien lo creyera!) que se dejo enganar de los enemigos, reclamandole, y disuadiendoles los capitanes amigos, y se cuenta, que fue recibido honorificamente, presentandole las armas. Despues, viendo que lo habian recibido con tanto honor, 14 subditos de su jurisdiccion, todos de a caballo, y con el ejemplo de estos, seis Luisistas, un Juanista, (porque acaso no habia mas) dos Lorenzistas, no siendo llamados ni forzados, y mas probablemente, afirman algunos, que los primeros fueron cautivados con otros 14, a la manera que un incauto ratoncillo se va a la trampa, le siguieron como una manada de cabras, que estando ciego el chivato, que sirve de capitan al rebano, perece con todas ellas. No bien habian entrado, cuando ya por todas partes fueron cercados del enemigo armado, y se hallaron cautivos. Hallandose con este hecho perpleja la demas turba, aunque alguna parte se mantenia constantemente a la vista, finalmente volvio las espaldas, y se retiro a la tarde a sus reales: aunque no enteramente, porque temerosa la fama, anunciaba la entrada del capitan con alguna gente, pero temia promulgar que estaba cautivo. Luego al punto se mando dos y tres veces, que volviesen a pasar el rio los caballos que se habian quitado, y que no tardasen, por si acaso por esto tuviesen cautivos a los soldados que habian de ser redimidos. 36. Cumplieron con lo primero, mas no pudieron ejecutar lo segundo, porque a medida que los soldados pasaban su caballo, se lo tomaban para si, y al amanecer, siendo los primeros aquellos que en allegarse eran los ultimos, tomaron una gran parte de los caballos del enemigo, se volvieron los Juanistas, despues de sepultados los dos muertos. Las partidas de los demas pueblos, despues de haber cantado solemnemente ayer a visperas el responsorio por el capitan y los soldados, en el valle en que estaba su pastor de almas, y estandose ante el, comenzaron a retroceder. Habiendose caminado un poco, se presento un explorador, y dijo, que los Portugueses pedian sus caballos, y prometian por su parte la libertad de los cautivos: mas aquellos habian ya caminado tanto, que sino despues de visperas, pero ni aun al dia siguiente se podian juntar: porque como los Juanistas tuviesen muchisimos, que ya habian pasado el Rio Curutuy, muchos Luisistas, que tambien habian caminado mucho, no pudieron reunirse a la gente esparcida, y antes bien lo reusaban. Llegaron a grandes pasos, o con precipitada marcha en el mismo dia cerca del Rio Curutuy, o del Lavatorio, y se hizo en medio dia el camino, que a la ida necesito cuatro, porque siempre la vuelta tiene los pies mas veloces. A la verdad, el pueblo o ejercito habia concebido tanto temor del enemigo, que de ninguna suerte se hallaba quien quisiese llevar a la presencia del enemigo los caballos, si estuviesen a mano. Anduvo un capitan dando vueltas para recogerlos, y viendo el ultimo escuadron que estaba parado cerca de la fortaleza del enemigo, no temio manifestar claramente su miedo, y hablar a voces a los suyos de esta suerte: "Caminemos, les dice, paisanos mios, porque pereceremos con los otros." Los reales esta tarde se formaron escondidos en un profundo valle, sobre un arroyito distante del enemigo ocho leguas. Se hizo toda diligencia por redimir los cautivos, pero en vano, y lo que mas se sentia era la cautividad del capitan Sepe, comandante de la artilleria. Mas cuando estas cosas se trataban, he aqui, corrio un cierto rumorcillo, que el capitan Sepe a pie seguia el ejercito: despues, habiendo llegado un muchacho, confirmo la venida, porque venia a llevar vestido y caballo para el cautivo que se volvia, y por fin, se presenta el mismo capitan Sepe apenas entro la noche, temblando con el frio y la caminata, y sin negar la verdad, conto su suerte; es a saber, que ayer, habiendo sido encerrado en el castillo enemigo, y llegando la tarde, fue mandado montar a caballo sin armas, sin espuelas, pero si vestido, y cercado de 12 soldados armados, se le mando buscase los caballos que se habian perdido. Habiase ya apartado un paso de la fortaleza, cuando un indiecillo, viendo cautivo a su capitan, (no temiendo nada el simple) se llego al enemigo, y le aviso que ya los caballos habian sido llevados a la otra parte del rio: lo cautivaron en premio. Comenzo otra vez el capitan Sepe a pedir licencia para pasar el rio, y solicitar la entrega de los caballos: mas los companeros negaron el poder hacer esto, sin saberlo el gobernador del castillo. Habiendo sido consultado, se le rogo diese licencia, enviando un soldado que le diese parte: pero trajo la negativa. Anadio el cautivo capitan: "vosotros que deseais poseer los caballos, dadme licencia para hablar con los mios, sino, aunque no querrais, me ire, si me diere gana, y ayudare a mis companeros." Esta audacia se recibio con risa, y le contestaron:--"estando cerca de 12 armados, ?seras capaz de irte?"--Se promovio una controversia: Sepe afirmando la huida, si la quisiese tomar, y los Portugueses riyendo, porque la juzgaban imposible, y tenian por vanas sus amenazas; pero el hecho las probo verdaderas: porque como una y otra vez le preguntaron ?como podia hacer esto? les dijo: veis ahi; y asorando el caballo con la voz, con el azote y con alaridos, se les escapo, y llevado en el pegaso, que parecia que volaba, se encamino hacia el rio y bosque, quedandose espantados, y no atreviendose a seguirle los soldados de a caballo, porque aun las balas de los 12 fusiles con sus llamas, parecia que no lo alcanzarian. Llegando empero Sepe a la orilla del bosque, quitandole el freno al caballo, se escondio en los arboles, y pasado a nado el rio al otro dia, siguiendo los reales que se retiraban, fue recibido en ellos con gozo increible. Esta misma noche se huyeron de las manos de los enemigos dos mozos, los demas quedaron cautivos. Se trato otra vez por medio del mismo capitan Sepe acerca de la lista de los cautivos, ofreciendo los caballos y mulas de su pueblo, si los que los tenian negasen los suyos a los Portugueses, y cierto es que persistieron en negarlos. Tambien los Miguelistas no asintieron en esto, antes bien no se hallaba alguno que se atreviese a acompanar la lista, o llevarlos a tierra del enemigo, aunque estuviesen a mano. En verdad que ellos tenian lastima de sus compatriotas, y especialmente de las mugeres, que tan infelizmente habian quedado viudas, y de sus hijos huerfanas. Mas ?quien hay que crea al enemigo que una vez engano? A un amigo, si una vez mintio, no se le debe creer la segunda, al enemigo empero nunca. La verdad es, que se temia no fuese que acaso recibiese el enemigo con asechanzas, o doblez a los que trataban de la redencion de los suyos; y con la artilleria y fusiles recobrasen los caballos y retuviesen los cautivos, quedandose con unos y otros. 37. En este estado pues de cosas, parecio conveniente fortificar con un presidio el residuo de tierra, que esta entre los rios Verde y Phacido, y para mayor seguridad de los presidarios, parecio oponer un castillo al del enemigo. Se hablo con los Luisistas sobre dejar por ahora en esta tierra un presidio con 60 hombres, y hacer una fortalecita, de la cual cada semana saliese un destacamento a correr toda la tierra; porque no fuese que en algun escondrijo se estableciese el enemigo, y levantase fortalezas dificiles de destruir a los indios, que no saben, ni sufren el sitio o combate. Empero no asentian los soldados, y no se podia juntar facilmente quienes se atreviesen a trabajar. Finalmente, dejando a cada cual lidiar con su genio, se senalo y escogio el lugar para la fortaleza futura, por si acaso la quisiesen hacer. 38. Comenzando hoy el mes de Marzo, se paso con sumo trabajo el rio Curutuy, y cerca de visperas, tambien el Yaguy, y caminadas tres leguas mas, a grandes jornadas por via recta, con camino y espacio de dos dias, llegamos al pie de la montana de San Lucas, y habiendo con realidad pasado la cercania, aunque continuaban las lluvias, y los rios estaban crecidisimos, apartandonos de muchos arroyos pantanosos, a 8 de Mayo llegamos, sin ser esperados, al pueblo de San Miguel, en el mismo dia de su aparicion: y no sucedio en el camino otra cosa digna de memoria, sino es que la tristeza puso en suma consternacion al pueblo. Cada cual del ejercito, que se habia dividido, se volvia a sus estancias y pueblos, muy despacio, mirando por las cabalgaduras, quedandose unos pocos por todas partes a explorar los movimientos de los enemigos, sus discursos, y prohibirles sus invasiones. 39. Cuando sucedian estas cosas con menos felicidad en los limites de los Portugueses, se esparcian en las ciudades de los Espanoles nuevas amenazas y nuevas mentiras. En 28 de Febrero habia llegado el navio llamado la _Aurora_, y tomo puerto, dando noticia del obstinado animo del secretario del Rey, el que se afirmaba cada vez mas en tan grandes injusticias. Tambien avisaba que el confesor del Monarca, aunque muy bien conocia aquella iniquidad, y de tal suerte era estimulado de su propia conciencia, que recelaba se oyese llamar ante el juez y autor supremo consejero de una cosa mala, con todo, desconfiando de la pusilanimidad del Rey, y temiendo no fuere que cayese de animo oyendo tan enorme maldad, llevado de humanos respetos, determino ocultar este negocio al principe; y antes bien pedir una y otra vez dejacion de su oficio, pero que era detenido por las lagrimas del Monarca: y que finalmente, con los estimulos de su conciencia, se habia visto obligado a declararle cada cosa de por si. Asi lo dicen las cartas escritas por el mismo confesor del Rey, dirigidas al digno Superior de Misiones. 40. Que cosa dicho navio haya traido a los gobernadores de estas provincias, acerca de este iniquisimo tratado, no se sabe; pero es cierto haberse entonces convenido por entrambas partes en la isla de Martin Garcia; aunque mucho antes estaba destinada para esto, y haberse alli acordado, que a 15 de Julio el ejercito espanol hostilizase, sugetase y obligase a obedecer los mandatos al pueblo de San Nicolas, y el Portugues, al de San Angel. Llego esta sentencia a mediado de Mayo, y tambien con esta, de parte del Comisionado general, una nueva amenaza del ultimo exterminio; y finalmente, por la importunidad de este, fue sacada por fuerza del Provincial de la provincia la declaracion de estar muerta o perdida toda esperanza. No obstante, llego tambien un secreto aviso del mismo Provincial, por segura y duplicada via, que se dirijia particularmente, y habia de intimarse a los que fuesen capaces de secreto: que no se arredrasen con estas amenazas, ni aun con las suyas, aunque pareciese no tenian limite, porque eran vanos y brutales todos estos rayos, y que no habian espirado del todo las esperanzas que se tenian, antes bien que estaba muy cerca el remedio.--Anadia a estas cosas una carta de un cierto asesor del consejo, que decia: "Que todo este aparato de la junta de la isla de Martin Garcia, y las amenazas hechas, eran patranas o chismes." Fortalecidos con este aviso, los enemigos Uruguayenses esperaban la feral sentencia, cuando se ponian amarillos, se turbaban y se consumian con el miedo los del Parana. Pero esta jamas vino, estando ya Junio muy avanzado. Se sospecho entonces que habia sido suprimida, y que, pareciendo del todo frustranea o vana su intencion, por no ser expedida del Consejo, tambien habia peligro que no hubiese sido pillada y extraviada por los indios, conmoviese sus animos, levantasen nuevas tropas, y las concitasen contra el mismo Provincial, exasperando y echando a perder todas las cosas. 41. La gente de Yapeyu avisaba aun, que 160 familias del mismo pueblo se habian ido al Rio Negro, otras tantas al paso de las Gallinas, o al rio Gueguay, a servir de presidio a sus tierras y de impedimento al enemigo, si las infestasen. Se decia que los de la Cruz habian acometido las estancias de los espanoles Taraguis, o Correntinos; y habiendo hecho huir los vecinos, les habian quitado un gran numero de caballos y otros animales. Corria la voz de que los Nicolasistas tambien habian traido cautivas algunas mugeres del rio de Santa Lucia; y aunque ya el termino de la transmigracion se pasaba, ni el ano para acabarse distaba del 15 de Julio mas que una semana, no se sentia movimiento alguno del enemigo, aunque corria un falso rumorcillo que los Espanoles habian esparcido, de que unos exploradores espanoles habian entrado hasta los sembrados de un pueblo, y que habian hallado desamparados los campos, y vacio el mismo pueblo: que tambien los Portugueses no distaban de San Angel mas que veinte leguas; sin que por el mismo tiempo faltasen varias cartas secretas, las cuales daban indudable esperanza de que pasaria la tempestad. Treinta Luisistas armados, con el capitan del pueblo, salieron contra los Portugueses que estaban en el rio Verde, para mudar sus centinelas por causa del invierno, que con las lluvias todo lo inundaba. Cuarenta Lorenzistas asimismo se fueron a los ultimos terminos de sus tierras, a fabricar un propugnaculo en el castillo del mismo rio Phacido, volviendose otros tantos en lugar de aquellos. Fueron tambien enviados exploradores, rio Uruguay arriba, porque hacia aquella parte se vieron estos dias humear los campos, a ver si por ventura por aquella parte se quisiese explicar el enemigo. Entretanto, vino antes de ayer un cierto espanol, que decia tenia orden para averiguar ?porque los indios eran tratados como esclavos y no como libres, diciendo que la corte le habia dado esta comision? Pero no enbalde se creia impostura o fabula, porque no mostraba nada de su potestad por escrito, como despues se vio claramente: sobre todo, porque no buscaba otra cosa que hacer trato, porque deseaba vender una gran cantidad de hierro por precio bastante bajo, y pedia a estos pueblos muchos caballos, vacas y bueyes para la guerra. Pero fue en vano, porque los indios, azorados con la guerra, antes buscaban ellos caballos y mulas que comprar, que darlas a vender. Cuando sucedian estas cosas, Junio se pasaba, y la fama descaramente mentia, o fingia, que 3,000 Espanoles habian salido de Buenos Aires, y otros tantos Portugueses, de la Colonia del Sacramento, con los Capitanes Generales de las Provincias. 42. Finalmente, no sabiendose nada de cierto, llego el 15 de Julio, aquel termino fatal, como decian: y he aqui que por ambas partes habia un profundo silencio, aunque se decia que el Gobernador de Buenos Aires a 5 de Mayo habia salido de aquella ciudad a los reales espanoles que estaban en el paso del Uruguay, que se dice de las Gallinas; que tambien Gomez Freire, Gobernador Portugues del Rio Janeiro, habia movido sus reales hacia el Rio Grande, asegurando la voz y fama, que 60 marineros con ocho o diez lanchas, cuyo capitan era Juan de Echavarria, subian por el Uruguay, con el fin (como se decia) y precepto, que poco ha se habia acordado en la isla de Martin Garcia, que a 15 de Julio acometiese el ejercito espanol al pueblo de San Nicolas, el lusitano el de San Angel, y las lanchas armadas por el rio, para que estas impidiesen los socorros del Parana, y aquellas obligasen a transmigrar, o mudarse a los habitadores de estos, o los destruyesen a fuego y hierro si se resistiesen. Porque decian asi:--que los indios y los Padres, luego que viesen que se obraba deveras, y comenzasen a experimentar la guerra, habian de amedrentarse, y salir al encuentro de los ejercitos mas inmediatos, rogando o pidiendo la paz, y con profunda humildad entregarian las armas, les pedirian perdon de la resistencia, y entonces se les concederia en nombre del Monarca: pero con estas condiciones; que, se permitiese a los ejercitos ir y discurrir por donde quisiesen: luego al punto llevarian, o enviarian las cosas movibles y semovientes, dejando a los Portugueses la tierra, campos, pueblos y pagos: pero si hiciesen al contrario, infaliblemente todos, como si fuera uno, habian de ser muertos a hierro y fuego. Estas amenazas, aunque siempre pareciesen locuras a todos los de animo esforzado, lo uno por el pequeno numero de la tropa (porque ahora bajaba de punto la fama su mentira) no siendo ya los Portugueses mas de 1,600: lo segundo, porque los Espanoles marchaban desarmados, y esto despues de haber pasado un desierto de 200 leguas por tierra, en tiempo de invierno, contra 20,000 armados, (si todos los varones tomasen las armas) que se les habian de oponer en sus tierras: con todo, temian algunos, y clamaban los pusilanimes _finis venit_. Estas cosas, vuelvo a decir, aunque las divulgase la fama, ya casi se tocaba al 15 de Julio, y otro correo trajo la noticia de que el Gobernador de Buenos Aires se habia vuelto a dicha ciudad cercano a la muerte; que muchisimos espanoles se habian desertado; que innumerables caballos con el invierno habian perecido; que toda la ciudad de Buenos Aires padecia una gran seca; que algunos millares de indios del sud (llamanse Aucas, Tueles y Pueles,) habian venido a invadir la ciudad, y finalmente que, sabiendo esto los cristianos, estaban ya prevenidos a obrar contra los indios. Que los lusitanos estaban consternados por 200 de los suyos que habian sido muertos (no se donde) por mano de los indios. A mas de esto, tambien que el Gobernador del castillo, que en el Yobi poco ha habia sido invadido de los indios, habia manifestado al General Gomez, que con dificultad el habia resistido a esta invasion, con el castillo y guarnicion, porque eran audaces y temerarios los indios, y no temian el fuego, ni el numero de soldados: por tanto que viese con quien se ponia, y con quienes emprendia la guerra; y que el mismo Gomez Freire ya pensaba en la paz. Que el Provincial tambien habia pedido las mulas para venir a estos pueblos, lo que no haria sino hubiera esperanza de paz, habiendo mantenido, y probado muy bien en Roma, que el apenas se creia capaz de cargar con el peso de esta provincia, estando tan turbada. Y finalmente corria por entonces cierto rumor, que habiendo vuelto los exploradores de Yapeyu, los cuales rio abajo vigiaban los movimientos de los espanoles, habian dicho, sin asegurarlo, que aquel su perseguidor habia sido llevado a Lima, _nande moangeio hare ogucrhaima Lima yape_. Se espera mas cierta noticia de esto. 43. Fenecia el mes de Julio, cuando unos correos de Yapeyu, volando o corriendo, avisaron que en el salto del Uruguay se veian 20 lanchas de espanoles: que los exploradores cruzenos se habian encontrado con los exploradores espanoles, y que les habian oido decir, que por mandado de los generales del ejercito se acercaban: que cuatro religiosos, de la familia del Serafico Padre San Francisco, habian de venir a Yapeyu, a las fiestas del gran Padre San Ignacio, a mover con actividad las cosas de la transmigracion: y habiendo llegado el teniente del corregidor de San Nicolas, habia traido cartas del Capitan General _D. Nicolas Nenguiru_, corregidor de los Concepcionistas, que pedian socorros militares o gente armada: se determino que despues de la fiesta de la Asumpcion de Nuestra Senora, partiesen las tropas de cada pueblo. Entretanto, la fama con tres correos consecutivos consolaba los tristes, porque decia que en los campos de Yapeyu habia llegado un escuadron de espanoles, a un pequeno pago, llamado de Jesus Maria, que esta situado cerca de los saltos del Uruguay: pero habiendolo mandado parar el indio superior del pago, y que se volviese a sus tierras, y habiendo afirmado que sus compatriotas de ninguna suerte se habian de mudar, y que ni los otros pueblos habian de permitir la transmigracion, ofendidos de la libertad del indio que se resistia, habiendolo amarrado, lo llevaron con los suyos al resto del ejercito. Esparcido este rumor por los vecinos estancieros, los excito a tomar las armas, y habiendo llamado y convocado las tropas de Charruas, Minuanes y Guanoas gentiles, que andaban vagando por estos campos en lo mas intempestivo de la noche, acometieron a todas las tropas de los espanoles: a algunos despojaron (se dijo que fueron 50), a otros obligaron a huir, quitaron toda una caballada, y pusieron en libertad a los prisioneros. Estas cosas sucedian en el Uruguay. En el rio Phacido, los exploradores Luisistas salieron de su ya destruida fortaleza, y acercandose a la de los Portugueses, hicieron huir tres guardas de los caballos, que los apacentaban junto a la misma fortaleza; y habiendoles tirado en vano un canonazo desde el castillo, quitaron al enemigo una tropa de 14 caballos. 44. De Europa avisaron por Lima, que el confesor del Rey, vencido al fin de los estimulos de su conciencia, habia declarado al Monarca _in totum_ el estado de las cosas de los indios: que se habia horrorizado su Magestad, y que luego al punto habia mandado juntar el Consejo de los Proceres, y que habia tambien convocado las Universidades a junta, para que dijesen y examinasen, si los indios, que sin armas y de su propio _motu_, por la sola predicacion se habian sujetado, y rendido a su proteccion sus tierras, y si estos, asi libremente sujetos, pudiesen ser licitamente despojados de sus tierras, y algunos otros puntos. Todavia no se sabe el fallo de los consejeros, pero se espera que la justicia de la causa obligara a los jueces a dar una justa sentencia. 45. Entretanto, los pueblos situados a la otra banda del Uruguay, con los de San Nicolas que estan de esta, juntaron a toda prisa 11 partidas contra los Espanoles que se iban acercando: a saber, los Concepcionistas, las Nicolasistas, los Tomistas, y finalmente los de la Cruz, los de los Apostoles, con los de San Carlos y San Jose, los de San Xavier, y tambien los de San Borja: pero, habiendo mudado de parecer, se apresuraban a unirse a los de Yapeyu. Demas de esto, los de los Martires, que ahora poco ha, persuadidos del cura, se habian resuelto a marchar, se quedaron atras: asi decian, pero falsamente, porque se fueron despues en canoas por el rio Uruguay. Solo un indio, unico del pueblo de Santa Maria, que poco ha habia sido depuesto del cargo de capitan de dicho pueblo, con algunos pocos companeros, se fue a los reales de los suyos a aumentarlos, no en numero sino en animo: se contaban 150 de cada pueblo, y no es bastantemente cierto si se juntaron tantos o menos. De los demas pueblos de la otra banda del Uruguay, se juntaron tropas auxiliares de 25 hombres de a caballo, y 60 a pie del pueblo de San Miguel; mas un nuevo caso o suceso, y otros nuevos avisos, obligaron a quedar en sus limites. 46. Era el dia de la fiesta de la Asumpcion, cuando tres Luisistas, que poco ha con astucia y perfidia habian sido cautivados en el Rio Verde, (o como dicen los Portugueses, _Pardo_, siendo por ellos mas conocido con este nombre) el dia antes de la fiesta se aparecieron en este puerto, cuando menos los esperaban. Estos contaban las siguientes cosas, es a saber: que despues de haber pasado dos semanas de cautiverio en la fortaleza del Rio Pardo, los llevaban rio abajo en una lancha a otro fuerte de los Portugueses, situado en la boca del Rio Grande, y de aquel grande estanque, para que fuesen presentados al Virey y autor de todos estos males--el iniquisimo Gomez Freire. Eran 50 los cautivos, custodiados por 15 o 16 Portugueses que los acompanaban. Por lo que, vista tan pequena guardia, y incitados por algunos espanoles que iban alli, los cuales dijeron que los llevaban a matar, conspiraron en matar la guardia, y ponerse en libertad, y no prevalecieron los pareceres de algunos que no aprobaban el motin por defecto de armas y discordia de los animos. La ultima deliberacion fue contra los Portugueses, y asi inopinadamente acometieron a los guardas, que acaso iban gobernando los remos y velas; y habiendo muerto al capitan y otros dos soldados (aunque las cartas de Gomez Freire numeraban diez, como se vera despues) salieron los demas, y habiendo atacado con armas a los que estaban desarmados, obligaron a muchisimos a arrojarse al agua. Navegaban por medio del gran rio, por lo que ahogados algunos por las rapidas olas de aquel, casi otros 20, que iban nadando, perecieron a escopetazos. Quedaron vivos solamente 16, (no se por que causa) los que fueron llevados a la fortaleza, en donde, habiendo sido examinados por Gomez Freire, los mando volverse a sus pueblos, con cartas llenas de quejas y amenazas. Los dos espanoles que iban presos y encadenados, no se por que delito, fueron mandados que acompanasen a los indios, y llevasen las cartas, y trajesen las respuestas, si viviesen. Los primeros que llegaron con estas noticias fueron tres Luisistas, despues otros tantos Lorenzistas; dos Juanistas se quedaron en sus estancias, y asi mismo seis Miguelistas, de los cuales uno enfermo en el castillo de los Portugueses, de viruelas (peste cruelisima para los indios): otro murio de la misma enfermedad en las estancias de San Lorenzo, en donde tambien aquellos dos espanoles, como se pensaba, acabaron la vida, lanceados. Los otros cuatro, porque no fuese que trajesen la peste al pueblo, se les mando se estuviesen en los campos de sus estancias: y ya comenzaba a cundir, porque, habiendose muerto algunos Lorenzistas, los Miguelistas, tomando con ansia los vestidos, trajeron la peste. 47. Demas de esto, avisaron estos recien venidos, que Gomez Freire habia llegado al rio Verde con 30 piezas, nueve barquillos, 2,000 soldados y 2,000 caballos: mas parecia del todo increible este numero, aunque lo afirmasen los Portugueses con la ponderacion que acostumbran los soldados: y que otros 2,000 estaban listos en el Rio Grande o en los Pinales; los que se componian de hombres Paulistas, (que tienen propiedad y costumbre de vender lo que no es suyo, a los que en el pais llaman _Gauderios_). Empero los indios, testigos oculares, decian que apenas llegaban los soldados al numero de 600 o 700: lo mismo referian otras cartas de algunos capitanes espanoles, que militaban entre los Portugueses, que no pasaban del numero de 1,150; que muchos caballos se les habian muerto, y probablemente se les habian de morir todos con la seca; y que una embarcacion de algunos artilleros se la habia tragado el mar. Contaron ademas, que entre los soldados se iba entrando la peste, de camaras de sangre y viruelas; tambien por este tiempo corria el rumor, y no falso, de que seis espanoles habian llegado de Buenos Aires con nueve cartas, al pago de San Pedro, que es de los de Yapeyu; mas que los estancieros, habiendoles quitados las cartas, habian muerto tres, salvandose los demas con la huida, y estaba entre los muertos un hijo de un regidor, que es ahora, y en otro tiempo fue Teniente General de la Ciudad de las Corrientes, como se supo por las cartas del padre, que inconsideradamente pedia se le diese sepultura eclesiastica, y los arreos del caballo. 48. Con mas lentitud que lo que convenia, tomaban las armas los indios, cuando el enemigo amenazaba seriamente. Juntaronse los capitanes Lorenzistas y Miguelistas, eligieron otra vez otro del mismo pueblo en el oficio de teniente y supremo capitan, sucesor de Alejandro que habia sido muerto, y despues del dia de San Miguel recojieron las tropas. Entretanto llego un aviso cierto, que los Portugueses se habian apoderado de las colonias del rio Yaguy, y que intentaban pasarlo; y que, habiendo hecho senal con un canon de los mayores, llamaban a los indios para que hablasen, se entregasen y sugetasen. Pero ellos en nada menos pensaban que en esto, porque, apareados todos en uno, reusaban, o no querian entregar las tierras de sus antepasados en manos de un enemigo que les habia sido siempre pernicioso. No obstante habia cierto fundamento, no se si verdadero o falso, que el teniente de San Lorenzo, quien gobernaba la partida de presidarios de dicho pueblo en las vecinas estancias, habia llevado a los reales de Gomez Freire los dos sobredichos espanoles, y que en ellos estaba detenido en rehenes. Mas despues se supo que habian errado en la parte segunda o posterior, porque el dicho teniente, habiendo hablado con los Portugueses, y habiendoles ofrecido libremente entrada a sus tierras, les dio mucho ganado para su alimento, pero con el fin o estratagema, que luego que saliese el Portugues a las campanas abiertas de aquellas tierras, de entre las espesuras del bosque, cercados por los de San Luis, (porque los indios pueden pelear a caballo con increible destreza, siendo los del Brasil torpes en este genero de milicias) los atacase la caballeria de los indios en sus tierras, y tambien con numero incomparablemente mayor que los Portugueses, que venian de lejos en caballos cansados con el hambre y consumidos con los frios, lo que ponia a los indios iguales en las armas a los Portugueses. Esperaba pues dicho Lorenzista, que si los sacase a las llanuras de aquellas sus tierras, los habia de acabar o derrotar con el impetu de su gente y caballos: pero como casi penetrase el intento Gomez Freire, se resistio fuertemente, y no quiso salir de entre los montes y brenas. Cierto indio fugitivo, baqueano de la tierra, y natural de San Borja, que de muchos anos a esta parte se habia huido de su pueblo, (como suelen los indios malhallados con la ensenanza, y deseosos de vida mas libre) y habitaba en las soledades de los bosques que terminan las estancias de los pueblos, con no pequena tropa de los de su mismo proceder, saliendo de cuando en cuando a las vecinas estancias de San Miguel, arreaba gran numero de caballos y ganado, no solo para su alimento y de los suyos, sino para contratar con los Portugueses. De cinco anos a esta parte, poco mas o menos, comenzaron los Miguelistas en las cabezas de sus tierras a perseguirlo como ladron; y si cierto sacerdote no hubiese intercedido al capitan de los estancieros, lo hubieran muerto, como lo tenia bien merecido. Pero dejandolo vivo, lo llevaron a su pueblo con casi 20 de sus paisanos o companeros. Apenas habia estado en este pueblo un poco de tiempo, cuando en el silencio de la media noche se fue a incorporar con 60 gentiles de la nacion Minuana, que poco ha se habia agregado al numero de los catecumenos, y persuadio a muchos que se huyesen; hallandose el cura a la sazon en ejercicios en el vecino pueblo de Santo Tome. "No creais, decia a los Padres, que inmediatamente os han de llevar con cadenas y grillos a las ciudades de los espanoles, para que seais esclavos de ellos: ?por ventura no advertis que os atraen con sus halagos a este fin?" El cura se habia ido a un pueblo vecino al rio. Habia llegado otro sacerdote, que no estaba bien impuesto en la lengua, con motivo de confesar a un indio herido de un tigre. Habia sido enviado antes por los espanoles, y era tan viejo, que desvariaba, sin poder tomar sueno, con una enfermedad que habia contraido en el camino. A este decia el embustero, que los espanoles venian: "creedme, anadia, que si esta noche no os escapais, acaso manana estareis cautivos." Finalmente, persuadidos con estas y semejantes mentiras, se huyeron todos, a excepcion cuando mas de 10 mugeres y ninos, quienes estando ya bien hallados con aquel racional modo de vivir, compraron de sus padres a precio de lagrimas la licencia para quedarse. Unos tomaron con teson la huida hasta el rio Ibicuy o de Arenas, otros hasta sus orillas, otros se escondieron por los campos y bosques vecinos a la vista del pueblo, para ver si sucedia algun mal a los suyos que se habian quedado. Pero, habiendo vuelto al amanecer el cura, e impuesto de lo acaecido, recojio a los fugitivos y, por sentencia del Superior de Misiones, envio o desterro al pesimo consejero embuidor al pueblo de la Trinidad, de la otra banda del gran rio Parana. Con todo, no basto esto para que este embustero perverso no se huyese otra vez, y se refugiase finalmente a los Portugueses, quienes por estas esclarecidas hazanas lo hicieron corregidor (o principal del pueblo, como llaman los espanoles) del pago que habian formado de los paisanos del dicho, y participantes de su suerte: y asi lo recibieron solamente para que diese dictamenes contra su gente y compatriotas. 49. Este versista embustero, pues, resistio audacisimamente, y conociendo el genio de los suyos, enseno que habia que recelar: mas que con mana y estratagema se debia abrir el camino; y el mismo contuvo con gran prudencia a los Portugueses, que deseaban entrar al pago de Santa Tecla, por las tierras de San Miguel, con un ejercito poderoso de valor, armas y caballos, que con su velocidad y arrebatada carrera los hubiera atropellado. Animaba tambien este Aquitofel a los sanguinarios enemigos con sus sazonados y agudos chistes. Y no ignorando el odio antiguo de los Brasileros, que aborrecen a los pastores de este rebano, y para hartar tambien el suyo, se llamaba companero de ellos, y se les ofrecia a correr la tierra, y recoger las cabezas de los PP. que cortasen las espadas vencedoras de Gomez Freire. 50. Los Luisistas, que tenian tomado el paso del rio Phacido, viendose desiguales en numero y armas al enemigo, y que este intentaba pasar el rio, por enganarlo en sus esperanzas, y hacerle creer que se querian entregar, bajo capa de amistad, les dieron o regalaron toros y vacas para que comiesen y matasen para su sustento, mientras volaban correos por los pueblos, y se juntaban los ejercitos. Pasaron finalmente algunas companias de Portugueses, y se decia que 20 canoas se habian ido a pique en las aguas del rio Guazu, cuando las pasaban, y se acamparon a sus orillas, entre un espeso monte que tenian por una y otra parte las riberas: y que tambien se habian fortificado con una estacada que habian cortado de lo interior del bosque. Aunque los exploradores aguardaban a los que despacharon hacia afuera, muchos no volvieron, muriendo sacrificados por las lanzas de los indios. Primeramente, los Luisistas despedazaron seis: otros veinte, que llevando frenos iban a juntar caballos, como viniesen los Miguelistas, tres de ellos quedaron victimas de su furor. Por estos se supo que los Portugueses padecian hambre, y que la gente se desparramaba por los montes, buscando con ansia para comer, los cogollos de las palmas, y que luego que cazaba uno algun tigre u otra fiera, volaban los otros, y se mataban mutuamente; y que con este genero de muerte habian acabado 64. 51. En este intermedio vinieron de los campos de San Juan algunos gentiles y capitanes barbaros, y se ofrecieron a si y a los suyos por auxiliares, y volviendose despues, fueron a recoger sus gentes. De las estancias de San Lorenzo, que estaban proximas al enemigo, se aviso, que la peste de las viruelas se aumentaba demasiadamente: por lo cual el cura de este pueblo, despues de vencidas algunas dificultades de los suyos, y la resistencia de los de su pueblo, se fue alla a proveer de medicinas espirituales a los enfermos, e impedir con toda industria no se extendiese este achaque. 52. Ya habia entrado Octubre, cuando compuestas algunas discordias y desconfianzas que los indios tenian entre si mismos se juntaron finalmente las tropas de los pueblos, y el dia 4 se presentaron delante del enemigo, y enviandole a Gomez Freire unas cartas, le declararen la ultima resolucion, que era defender valerosamente las tierras de sus antepasados, y por tanto que se volviese en paz a su casa, y que tuviese para si sus cosas, dejandoles a ellos lo que era suyo: y que si el deseaba tanto la paz (porque como habia informado por varios correos, queriendo enganar los indios, decia que el jamas habia venido a hacer la guerra; que queria ser amigo de los indios, y que solamente deseaba tomar posesion de las tierras que el Rey de Espana les habia dado) saliese de los montes, bosques y arenales, y sacase la artilleria gruesa, que ellos tambien se irian en paz a sus pueblos. Habiendo expresado otra vez Gomez Freire esto mismo por billetes, escusaba dar respuesta a cosa alguna, por ignorar el la lengua de los indios, ni entender bastantemente lo que decian. Se decia que los capitanes espanoles se habian escandalizado con las cartas recibidas, pero no constaba suficientemente que cosa en especial encendiese asi sus animos. Tambien vinieron por este tiempo algunas numerosas tropas de gentiles Guanas y Minuanes al socorro: a todos los cuales armaron los indios, senores de las tierras, con lanzas, saetas y caballos, y asi juntaron un ejercito de 2,000 poco mas o menos, y se mostraban con arrojo desde lejos al enemigo. Con todo eso aun no parecia oportuno encolerizarse, y venir a las manos, por estas causas: especialmente porque el enemigo por aquella parte, donde el rio se descubria, se ocultaba a si y a sus tropas, en lo denso de los bosques: aunque alguna vez habia salido de la selva desplegando sus banderas rojas, como deseoso de pelear. Mas luego que veia que el numeroso ejercito de indios se preparaba para la lidia, se retiraba a sus asperezas. Se sospechaba que queria solamente atraer a los indios a las asechanzas y ardides militares que tuviese preparado entre los montes. Por tanto los indios, ensenados con las trampas o enganos, que poco ha les habian hecho en el castillo, se portaban con mas cautela en acometer a tan cobardes enemigos, usando tambien del dictamen, que aunque los Portugueses en repetidas veces llamaban para hablar a los principales de los pueblos, ellos se les negaban, excepto uno. Aquellos que estaban de la otra parte del rio con Gomez Freire, los capitanes y los bagajes, que era la mayor parte del ejercito, estaban defendidos por el rio: porque, siendo bastantemente grande, con la lluvia de semanas enteras habia crecido inmensamente, y por esto, estandoles impedido un vado que hace, precipitandose de los vecinos montes, el cual solo los indios lo saben, y lo ignoraba el enemigo, estaban seguros en la ribera opuesta. 53. Oportunamente, en el Salto del Uruguay o de las Tortugas, en donde, como se decia, los otros reales de enemigos, a saber, los Espanoles se habian juntado con el Gobernador de la ciudad del Puerto, se deslizaron en partes, o desertaron muchos. Porque como el ejercito, que poco ha habia salido de estos pueblos del Uruguay, caminase a paso lento contra el enemigo, porque no sucediese que estando los caballos cansados y tambien los soldados, no estuviese apto para acometer al enemigo, comenzo este a levantar en dicho salto un fuerte. Entretanto con gran trabajo, o luchando contra el torrente de las aguas que caen de aquellos penascos, movieron las lanchas con intencion danada, o las arrastraron por el suelo con bueyes. 54. Por este tiempo los pastores o curas de Yapeyu, atemorizados de los anuncios amenazantes, se disponian a huirse del pueblo, e irse a los reales de los Espanoles: pero fue en vano, porque sus feligreses los guardaban o custodiaban con diligencia. Con todo, uno de ellos, pretestando iba a acudir a una fingida necesidad de los enfermos en el pago, o estancia de San Pedro, (donde no habia enfermo alguno) se escapo rio abajo en un botecillo: mas habiendo sido pillado por los soldados o indios, como reusaba parar, siendo requerido, habiendole echado un lazo, juntamente con el botecillo, lo tomaron. Despues fue llevado a los reales con el marinero, que en castigo le tuvieron atado de pies y manos toda la noche, a cuatro palos hacia diversas partes, y por la manana fue azotado con riendas: mas contra el sacerdote no hicieron cosa indecorosa, sino algunas amenazas, ponerle miedo con algunos tiros al aire de escopetas, y con dicterios. Luego que lo supo el Capitan general de los ejercitos, Nicolas, habiendo enviado gente que lo custodiasen; lo remitio al pueblo con seguridad, pidiendoles en algun modo licencia a los soldados para ello. 55. Despues de esto se iban arrimando poco a poco los reales o campos de los indios a los de los Espanoles, que estaban en las riberas del dicho rio Uruguay, y habiendo enviado por una y otra parte exploradores, luego llegaron a dejarse ver de tal manera, que se espantaron los espanoles. Observaron los indios, que seis de ellos, a vista de cuatro, huyeron a su campo, con tal precipitada fuga, que dejaron una bolsa llena de sal, otra de bizcocho, y algunas otras cosas, por despojo de los indios que venian, y se retiraron a su ejercito; en el cual, luego que se dio parte que el ejercito de los indios estaba cerca, el Gobernador y Capitan General mando tocar llamada, o a recoger. Deseaba el Gobernador dejar en el sobredicho castillo algunos presidarios, mas no habia alguno que se atreviese a estos peligros, al furor de los indios, y a las calamidades de un sitio, ni quien hiciese tal hazana, yendose al ejercito sin esperanza de socorro, y estando la ciudad distante mas de 100 leguas. Comenzaron pues a retirarse los Espanoles, aun no habiendo visto todo el ejercito de los indios, y habiendo hecho solamente presa de algunos millares de vacas en los campos de Yapeyu. Todos se retiraban a sus casas. Los indios daban priesa, o perseguian a los que se retiraban: y aunque facilmente podian apresurarlos con hostilidades, se abstuvieron de matar, para que fuese manifiesto a los Espanoles, que solamente defendian su causa y justicia. Tres lanchas por falta de aguas, a causa de una larga seca, no pudiendo navegar, vararon en la arena: a estas, por una parte algunos Guaranis, por otra los Charruas gentiles, les pusieron sitio, prohibiendoles solamente todo bastimento. 56. Se decia que del Consejo aulico, que como queda dicho poco ha se habia juntado, salio un secreto y declaracion de teologos, que los indios de ninguna suerte podian ser obligados con guerra a entregar sus tierras. Y por esto el Rey habia decretado, que desistiesen totalmente de este negocio, si los indios no querian; porque ya bastantemente sabian por esperiencia los Espanoles, que los Tapes de ninguna suerte querian ceder sus tierras; por eso tambien se juzgo que disponian la retirada. No obstante, poniendose mas contumaz Gomez Frire, se mantuvo otro mes en la tierra agena, fortificado con los montes, aunque veia en su presencia todo el ejercito de los indios opuesto a el, y obstinado a no ceder. Sufrian tambien no poco los Portugueses, de suerte que andaban de aqui para alli buscando cogollos de palmas, y los despojos de los tigres, y aun por estas mismas cosas se mataban mutuamente los hambrientos, y se decia que de este modo habian perecido 69. Ni perdonaban los indios, a los que andaban descarriados porque en cualquier parte que los encontraban, los mataban con las lanzas y alfanges: mas de 50 murieron asi el dia 4 de Octubre. Hemos dicho que, habiendo sacado la bandera roja, o estandarte de guerra, y habiendola guardado despues, seis indios, disponiendose de buena gana sobre las colinas a la lidia, se atrevieron a provocar al enemigo, formando sus escuadrones. Salio el Portugues de las asperezas, y despues mostro la bandera blanca, pero no se atrevio a apartarse de la margen del monte y salir al campo. Entretanto pidio viniesen a hablar algunos parlamentarios, y fueron enviados cinco Miguelistas: y como el Portuguez quisiese entablar una platica larga, humana y molesta, la interrumpieron los enviados, y les dijeron:--"Que una de dos, o que se fuesen de sus tierras, o que si tenian tanta ansia de ellas, que saliesen al campo, porque los indios estaban prontos a concluir el negocio con la espada." Reusaron la pelea, y dijeron que ellos se volverian luego que tuviesen las respuestas de los espanoles: y porque se recogieron a sus montes, y tambien la mayor parte habia pasado el rio, dejando 30 hombrea de guardia en el paso, los Tapes se retiraron a sus reales. 57. Pero he aqui que se suscito entre ellos mismos una viva contienda. Las companias de tres pueblos altercaban, que solo los Miguelistas habian llegado a hablar con los Portugueses; que solo ellos tenian las conferencias entre si; y los Portugueses, que ultimamente se gastaba el tiempo, y no se echaba o obligaba al enemigo a retirarse, con otras mil cosas de que se quejaban: y por tanto se disponian a volverse, para quedarse en sus pueblos. Mientras asi convertian con calor su negocio en diferencias, llego a tiempo D. Nicolas Nenguiru, sugeto principal del pueblo de la Concepcion, el cual habia sido elegido Capitan General de comun consentimiento: este hizo nacer la esperanza de concordia, y parecia que tomaba fuerza. Como hasta el 21 estuviesen discordes, determinaron la invasion hasta el dia 22, lo que no habiendo puesto en egecucion, un cierto capitan llamado Felipe, se fue otra vez a llamar a los gentiles Minuanes y Guanas, para que se confederasen con ellos, y con el vinieron 12 a explorar el real del enemigo. Y despues, habiendo considerado el aspecto de las cosas, prometieron que habian de ir a traer 260 de su gente armada, con su capitan Jose, con tal que del pueblo les diesen 100, y de las estancias otros tantos carcases de saetas para su uso. Por horas se esperaban, y se alegraban o mostraban regocijos en hacer dos caminos por medio de la espesura del bosque que hay entre ambas orillas del rio Phacido o Yaguy; es a saber, entre los montes, con trabajo de 10 dias, para que mas ocultamente los indios pudiesen tomar la espalda del enemigo, sin que este llegase a sentirlos. 58. A los de Yapeyu por este tiempo les fue muy mal en lo que intentaron contra los espanoles: porque como algunos de estos todavia se hallaban en el Salto del Uruguay, y habiendose ya vuelto los confederados de los otros pueblos, los de Santo Tome quitaron a los espanoles ayer por la noche (era la de 3 de Octubre) 20 caballos con sus sillas, y mataron a algunos de ellos: por lo cual procurando los espanoles les sucediese mejor, y deseando recuperar sus caballos, siguieron al enemigo; y bien de manana dieron sobre un escuadron de 192 Yapeyuanos, que estaban segregados de los demas, y confiados en si mismos. Enviaron por delante tres exploradores, y habiendo estos llegadose a razones, alegando cada cual la causa de su venida, los espanoles, acercandose a caballo con poca sinceridad, y numerado el escuadron, mudaron caballos y acometieron a los indios, que no sospechando tal cosa, se mantuvieron formados; pero viendose inferiores en numero y armas, se entraron y acogieron a pie en el bosque, y acometieron contra todos los indios. Algunos espanoles murieron, y se esperaba mas cierta noticia de este lance, cuando Octubre fenecia, con el cual, poco menos que espirando el capitan segundo, que poco ha habia sido elegido teniente de San Miguel, siendo llevado en un lecho, llego de los reales al pueblo para curarse. 59. Las cosas en Yapeyu anduvieron muy turbadas por todo el mes de Noviembre: porque como los curas de este pueblo lo querian apartar de la confederacion, no cesaban de persuadirles, que concediesen a los Espanoles paso franco, y abandonasen de facto las llaves. De tal modo se atrevieron a disponer y administrar las cosas a su propio arbitrio, y habiendo sacado todas las telas preciosas de lino, y 62 sacos de algodon, 1,210 arrobas de lana en 37 sacos, 20 piezas de lienzo de algodon, 14 piezas de bretana, 30 sacos de tabaco con 500 arrobas, algunas piezas de todo genero de pano, de angaripola y corales, 1,000 cuchillos, 200 frenos, 200 espuelas, 700 arrobas de yerba, las tomaron, y repartieron al pueblo libremente: y tratando a sus curas con imperio, tambien los castigaron cuatro dias con ayunos, no dandoles sino un solo plato de carne de buey. Quito o impidio este genero de insulto o mal obrar el teniente del capitan de la Concepcion, y les persuadio tratasen a los PP. con mas decencia. Empero los individuos de este, y de los otros pueblos vecinos, deliraban con guerras civiles y motines, porque algunos mas amantes de sus pastores se dolian de lo que padecian, y los mas obedientes iban a concitar en su auxilio a los de la Cruz. Pero la parte contraria confederaba en su ayuda a los barbaros gentiles Charruas. Por horas pues se temia, que de esta pavesa reventase un incendio: mas llego a tiempo una orden del Padre Provincial, que se mudasen los curas que servian de tropiezo a los ofendidos. Para esto partio el cura de la Concepcion, como mediador de los pastores de aquel pueblo: a la verdad este varon, Jose Cardiel, por amor del pueblo ha padecido mucho; y asi con otro companero se fue alla. Lo recibieron con grande alegria, con el festivo estrepito de la artilleria, (porque no ignoraban cuantas cosas habia padecido por defenderlos el nuevo cura) y colgando las banderas de todo el ejercito del pueblo, como tambien con repique de campanas. Luego que entraron en la casa de los PP., pusieron de su buena voluntad, y sin ser reconvenidos, en las manos y a los pies del cura las llaves, y todas las cosas pertenecientes al Gobierno, con los sellos del mando, que ya por algunos meses a beneplacito del pueblo los principales y caciques habian usurpado; prometiendo obedecer en todo, excepto el punto de transmigracion. Logro esta pacificacion, y habiendose hecho tres dias de funerales por los muertos, visito los enfermos, y los regalo con algunas cosas que le habian dado. Les esplico la manera de tratamiento, y reprendio las cabezas de la sublevacion, corrigiendolos amorosamente. No se supo en este mes otra cosa de lo acaecido en aquel pueblo. 60. No iban las cosas de mejor modo a los indios en el rio Phacido, o Yaguy, porque ya no solamente estaban discordes entre si, sino tambien con el capitan Nenguiru: porque como advirtiese la gente de algunos pueblos que dicho capitan a unos se entregaba totalmente, y a otros nada, le perdieron tambien la voluntad. Tuvieron por este tiempo frecuentes platicas con los Portugueses, provocandolos siempre a que saliesen a la llanura: pero asegurados por todas partes ellos en las riberas del rio, con montes asperos, habiendo cortado para murallas troncos, y habiendose fortificado, se mantuvieron inmobles. No faltaban en los reales de los indios quienes de noche, y otras veces a escondidas, se fuesen a los del enemigo, atraidos con las esperanzas de premios, y a hacer negociacion, la que prometia abundante el enemigo: y como todos los de los pueblos fuesen a estas ferias, todos se fingian Miguelistas: era gente de a acaballo, y a los que veian venir a pie, no querian de noche creer los Miguelistas. Estas y otras cosas fueron semilla de muchas discordias entre los ejercitos de los indios, de suerte que alguna vez hubieron de tener guerra civil o interna. Y finalmente, cundiendo el mal, contagio al ejercito, y ya cada uno determinaba volverse a su casa: aunque era obice esto, a saber, que se volverian, y que reclutadas por todas partes mayores tropas de los pueblos de la otra banda del Uruguay, y preparadas armas nuevas, a principios de Enero volverian. Los mas prudentes no aprobaban este proyecto, porque se esponia toda aquella provincia, y todos los ganados, con los estancieros, a las invasiones del enemigo. Mas otros, estando mas obstinados en su parecer, de facto empezaron a desbaratar el ejercito, yendose. Los primeros que se retiraron a su pueblo o casas, fueron los Nicolasistas; pero antes de la partida de estos, llegaron 200 Guanoas, con sus nobles capitanes, y entonces volviendo a enviar internuncios a los reales de los Portugueses, los provocaban a pelear, y desafiaban al enemigo: pero en vano. Viendo pues al enemigo inmoble, un capitan de gentiles, llamado Moreira, se fue a hablar con el enemigo, y llevo consigo mucha yerba y tabaco que pidio a nuestros indios, y tambien carne para que comiesen: porque decia este, que el hacia esto con engano o doblez. Y volviendo, persuadio a los Miguelistas, con cuyos caballos y esperanzas habian venido dichos gentiles, que se retirasen un poco de los reales, porque no fuese que les sucediese alguna desgracia: porque el habia mesclado veneno en los regalos que habia llevado, lo cual podia tambien redundar en dano del ejercito vecino, o de los indios: pero que era publico no haber sucedido cosa alguna adversa. Sospecho que el gentil habia sido sobornado por los Portugueses, para que persuadiese la retirada al ejercito; porque ?quien dara entero credito a una gente infiel? No obstante, obedecieron los Miguelistas a la persuasion, y habiendo levantado los reales o campamentos, los apartaron algunas leguas de la vista del enemigo. Entretanto, habiendo enviado un Miguelista a desafiar a los Portugueses, fue muy bien tratado por Gomez Freire, y habiendole mandado sentar, lo regalo con cena y cama, y fue rogado a quedarse a dormir en tanto que escribia al cura del pueblo. Escribio, y bien de manana entrego al enviado las cartas, y lo hizo volver en paz a los suyos. Mientras este venia a donde estabamos, fueron vistas por los Lorenzistas en el Yaguy, por aquella parte que divide las tierras de San Lorenzo y San Luis, tres lanchas portuguesas, o talvez canoas, que navegaban rio arriba, bajaron los Lorenzistas a las orillas de las riberas para impedir el transito al enemigo, mas porque no estaban bien proveidos de armas, que pudiesen ofender de lejos, llamaron algunos Juanistas fusileros. Vinieron estos, y trayendo consigo tres canones de cana silvestre, bien retobados con cuero de buey, y llegando con estos el capitan de la Concepcion: D. Nicolas Nenguiru con algunos de los suyos, fijados los canoncitos en las orillas del rio y entre el monte, asaltaron a las canoas, y con cuatro tiros atormentaron una, quebraron otras, y las obligaron a irse precipitadamente por el rio, quedandose tres paradas. Corrieron del campamento, rio abajo, algunos marineros Portugueses al socorro, y armandose entre los indios y portugueses una refriega, murieron algunos de estos ultimos: se decia eran 26, pero fue falso, solo fueron tres. Finalmente llegaron los Luisistas a su campo y con buen aguero; porque en estas embarcaciones venian con cuidado las cartas del Gobernador de Buenos Aires, en las cuales le daban noticia de su retirada, y lo mismo persuadia a los Portugueses. Habiendo pues leido Gomez Freire las cartas, fue de admirar lo furioso que se puso, dando en rostro a los Espanoles su engano y trato doble, y a los indios el haber acometido a los suyos, lamentando tambien haberse frustrado el trabajo, o proyecto de 12 anos. Despues el dia 12 de Noviembre cargaron los bagajes en los campos, y parecio que se disponian a la retirada. Mientras esto, pidio a los indios le dejasen libre el camino, ni le molestasen en la retirada, y para mas asegurar la cosa, habiendo llamado a conferenciar a algunos caciques de San Luis, San Lorenzo y San Angel, los cuales estaban entonces alli, porque los otros ya habian caminado a los pueblos, acordandose de sus mugeres y de sus sementeras, cuyo ultimo tiempo era necesario lograr, los hizo jurar sobre los Santos Evangelios, y el mismo con juramento firmo, o hizo un escrito firmado con los nombres de los principales de los indios y portugueses, en el cual promete. I. Que ni la una ni la otra parte se harian dano, hasta tanto que se diese la ultima y definitiva sentencia por los Reyes de Espana y Portugal, acerca de las quejas dadas y perdon de los indios, o hasta tanto que el ejercito espanol no volviese otra vez a campana. II. Que ambas partes se volverian a sus tierras, y que ni una ni otra nacion pasaria el Rio Grande. III. Que los indios serian cautivos si pasasen el rio, yendo a las tierras de los Portugueses, y mutuamente los Portugueses lo serian de los indios, si ellos intentasen pasar a sus tierras. IV. Pidieron solamente se les dejase descansar algun tiempo en el rio Yobi, mientras los animales recuperaban el aliento y fuerzas perdidas.--Firmaron estas treguas de parte de los Portugueses, el mismo Capitan General Gomez Freire de Andrade: Martin de Echauri, espanol, Gobernador de Montevideo: Miguel Angelo Velasco: Tomas Luis de Osorio: Francisco Xavier Cardoso de Meneses y Sousa: Tomas Clarque: Sacerdote Secular, capellan de Gomez, en cuyas manos se hizo juramento. De parte de los indios firmaron, Cristoval Acatu: Fabian Guaqui: Francisco Antonio y Bartolome Candeyu: Santiago Pindo: D. Ignacio Tariguazu: D. Lorenzo Mbaype: D. Alonso Guayraye. Concluidas estas cosas a 18 Noviembre en la media noche, los Portugueses que estaban de esta parte del rio lo pasaron calladito, y juntos los batallones, marcharon sin hacer ruido: al dia siguiente 19 se desaparecieron del todo. Asimismo tambien nuestros ejercitos, habiendo dejado unos pocos destacamentos por custodia y seguridad de las circunvecinas tierras de San Luis, San Lorenzo y San Juan, se retiraron a sus pueblos, no habiendo sido muerto indio alguno por mano del enemigo: pero si casi 100 Portugueses acabaron con las armas de los indios. Arrimadas las lanzas, se empleaban en la devocion de San Xavier, dandole gracias por haberlos librado de la tribulacion; y las legiones, en lugar de las armas, tomaron con brio los arados, porque no se pasase el tiempo que aun quedaba para la agricultura, recompensando siquiera algo en este mes, (ya empezaba Diciembre) el que se habia desperdiciado o perdido en el espacio de tantos otros. 61. En este tiempo llegaron de Buenos Aires, o de la ciudad del Puerto, mas amenazas, porque el Marques de Valdelirios con mas acrimonia escribio al Gobernador por su retirada. Tambien nuestro Altamirano prohibia con mas rigor se trabajasen las fabricas de polvora que ya tenia entredichas: no se dejo piedra por mover, y lo que es mas, interponiendose la ayuda y arte del P. Provincial. Estaba empenado dicho Altamirano en remover del lugar y oficio al Cura de San Juan, a quien por falsas denuncias, y por su pasion, lo tenia entre ojos, porque le atribuia toda la resistencia de los indios. Mas sus feligreses, oponiendose otra vez, como lo habian hecho en otras ocasiones, decian que ellos no sufririan que se le quitasen del todo, hasta tanto que ellos recibiesen los preceptos de la boca del P. Provincial, y que le pudiesen proponer las razones que militaban por la parte contraria. Se frustro, pues, por tercera vez el proyecto. 62. Se divulgaron tambien por este tiempo en los pueblos varios escritos y cartas, que habian sido introducidas ocultamente, y se les interceptaron parte a los Portugueses, parte a los Espanoles, y mesclados a estos los indios: las cuales todas manifestaban que el ejercito portugues estaba intimidado sumamente, y que no aflojaba la resistencia y obstinacion de los indios en defender sus tierras. Aunque se portaban amigablemente en los reales enemigos, y se mostraban blandos o tratables, esto lo hacian con doblez o intencion danada, porque cuantos salian de los reales con pretesto de contrato, morian irremediablemente, y no perdonaban a nadie, aunque fuese desertor: y por esto los Espanoles se quejaban de que el trato de los Portugueses era doloso, o nada sincero; y los Portugueses, de haberles los indios protestado y dicho claramente que jamas verian sus pueblos. 63. Corria la voz, que habia llegado a Montevideo un navio de Espana, y se esperaba que traeria alegres noticias: pero el _run run_ mezclaba una cosa bien sensible, y era que el P. Provincial, acerrimo defensor de los afligidos, habia acabado su trienio de gobierno, y se preparaba a volver a su provincia del Peru, de la cual habia venido. No faltaban quienes afirmasen (no se sabe si por sospecha o algun rumor, o si se fingio maliciosamente) que Altamirano habia de tomar el gobierno, mas no se dio credito a tan clara mentira. 64. En el pueblo de Santa Maria iban las cosas de mal en peor, porque el cura fue a la Candelaria. Concluidos algunos negocios del pueblo, siguieron los principales y pidieron al vice-Superior otro cura, mas por la penuria de quienes supiesen la lengua, porque casi todos los lenguaraces estaban detenidos y custodiados por los indios en los pueblos del Uruguay, no se les concedio lo que pedian. Acababa ya el ano de 1754, siendo el tercero de la persecucion y opresion de esta provincia, y el primero de la guerra. 65. Los principios del ano de 1755 parecieron tranquilos excepto que, habiendo los Yapeyuanos elegido en el motin proximo a su capitan por alcalde, abusando despues este de su autoridad, conspiraron juntamente con los de la Cruz, lo prendieron, dandole algunas heridas por haberse resistido, y lo enviaron desterrado hacia el Parana: mas al pasar por el pueblo de Santo Tome, sus moradores soltaron al preso, y lo restituyeron a su libertad; cuyo caso se creyo que ocasionase algun disturbio. 66. Tambien llegaron de Buenos Aires algunos rumores ciertos con otros inciertos: que las cosas en la Corte estaban muy turbadas; que Carvajal, autor de estos males, el dia 2 de Abril del ano pasado, con una muerte repentina habia partido al tribunal del recto juez, Jesu-Cristo, Senor Nuestro, habiendole citado para aquel lugar tres dias antes un varon de conocida santidad, el Padre Burke, del Colegio de Escoceses. Que el lugar de este lo habia ocupado un Irlandes, llamado W... Que el Marques de la Ensenada, primer Ministro, habia sido removido y privado de su empleo, y otros 16 ministros con el, y que todos habian sido desterrados a diferentes ciudades. Que del primero se habian confiscado inmensos caudales, y que en lugar de estos, se le habia consignado 8,000 pesos anuales. Hasta aqui es lo cierto pero las cosas inciertas que anadia la fama, eran: que la causa del destierro de tantos Ministros habia sido un oculto tratado con el Rey de Napoles, a quien unos dicen querian elevarlo al Reino, depuesto el que actualmente estaba, y otros para que, elevado al trono, se opusiese a este tratado; y esta maquina o traicion, muchos la atribuian a los Jesuitas. De aqui fingian unos que el confesor del Rey habia caido de la gracia, otros tambien que estaba preso. Por horas se esperaba de Europa algun navio que trajese algunas noticias. Entretanto los espanoles fueron llamados por Gomez Freire a reiterar la guerra en el proximo Marzo, y anadia, que si no lo hacian asi, tendria por sospechosa la fe de los espanoles, y daria de mano al negocio. Tambien el Marques de Valdelirios con mayor fervor movia las cosas de la guerra, habiendo sido llamados para unirse los Paraguayos: mas ellos poco animo mostraban para emprender esto. Tambien los vecinos de Santa Fe con mas eficacia negaban poder dar ellos otra vez tropas auxiliares, aunque el teniente de Gobernador se obstinaba en ello. No obstante de principiar ya Marzo, no se sentia movimiento alguno. La ciudad de Buenos Aires padecia graves males; es a saber: hambre e invasiones de los gentiles, que habitaban hacia el sur: en una de las cuales perdieron 30 carretas, que iban a las Salinas, con crecido numero de gente que fue muerta, ni con todo eso se arrepentian: y aunque claramente esperimentaban que la divina justicia estaba por la causa de la Compania, en nada se enmendaban por eso; antes bien con mas dureza se empenaban en odios contra la Compania, y la llenaban de quejas, achacando a los Jesuitas ser causa de todos los males y revoluciones. 67. De Lisboa se divulgo tambien un verdadero aviso, que el primer Ministro de aquella Corte, y familiar del Rey, habia caido al mismo tiempo que en Espana aquel principal Ministro, por un caso inopinado, y habia sido enviado del mismo modo que el otro, y que todo el Consejo real desde entonces andaba vacilando, y estaba dividido en diversos dictamenes; y por esto ya se creia, que todo este tratado se volveria en humo. Acabado Marzo, los Espanoles pedian se difiriese la expedicion para el estio, porque seria entonces menos molesta a las tropas, y mejor para los animales. Por tanto se suspendio, y en todos los tres meses no se oia casi hablar de otra cosa que de los aprestos de guerra, y alistamiento de soldados, de los cuales no obstante venian pocos, y con tibieza. 68. Entretanto todos los pueblos de los indios, y tambien nuestros colegios en las ciudades de los espanoles, imploraban con mayor confianza el patrocinio de los Santos, e instaban con oraciones: y especialmente por este tiempo sobrepujo a todos el Colegio de la ciudad de Santa Fe, dedicando y ofreciendo al taumaturgo de Bohemia, San Juan Nepomuceno, una funcion el dia de su fiesta: y cumplio sus votos con una solemnidad, que casi no habra habido en estas tierras otra mayor: porque en la iglesia se erigio un altar hecho por mano de los indios, y con grande aplauso, concurso y devocion de toda la ciudad, coloco en el una grande y elegante estatua, que habia sido hecha en uno de estos afligidos pueblos, es a saber, en el de San Lorenzo. La vispera, pues, se repicaron a mediodia las campanas de toda la ciudad, las cuales, de moto-propio y no siendo convidados, mandaron repicar los curas y prelados de las religiones. Resonaron de lo alto de la torre intrumentos musicos, es a saber, chirimias, trompetas, cajas y otros instrumentos de este genero: ademas se dispararon los canones de hierro, y los morteros con su gran ruido llenaron el aire. Fuera de esto, a las dos de la tarde toda la compania formo en procesion delante de la casa de cierto noble varon, llamado D. Melchor Echaguee, el cual a uso del pais fue elegido mayordomo del Santo. Y habiendose reunido alli un numeroso concurso del clero, y de los hijos de Santo Domingo, estaba sobre andas adornadamente la estatua del Santo, como se dira despues. Se ordeno la procesion, cargando la estatua del Santo el clero, mesclado con los PP. de la Compania, que alternaban con los PP. Dominicos hasta que se llego a la iglesia parroquial, que es la principal de la ciudad, resonando continuamente las armas de fuego, cohetes y la armonia de la musica. Luego que se llego a la iglesia que, toda adornada con primor de luces y lamparas muy hermosas, relucia iluminada interiormente, hecha senal con la campana para visperas, y colocado el Santo en el mismo presbiterio sobre una mesa, que para esto estaba adornada, se cantaron por punto las visperas en que oficiaron nuestros mejores musicos, asistiendo a ellas todo el clero y los PP. Jesuitas y Dominicos: concluidas las ceremonias, en el mismo orden, aparato y solemnidad, fue llevado el simulacro del Santo a nuestra iglesia, en donde se canto el _Te-Deum_ solemnemente, resonando los canones de fuego, y musica, y tambien las campanas: y dicha la oracion acostumbrada, se termino por este dia la solemnidad acordada. Despues a las Ave-Marias y final de la fiesta, se encendieron algunos cientos de lamparas, se ilumino la torre parroquial, y tambien la nuestra tenia muchas banderas, que con hermosura batian el viento y se mesclaban con las lamparas. Estando la noche mas oscura iluminaron el aire los cohetes voladores y se oyo el estrepito de las armas. 69. Al dia siguiente, desde la aurora, los sacerdotes que no eran de casa, digeron misa hasta las 9, y mas adelante, estando siempre la iglesia llena de pueblo de todo genero, de condicion y estado. Despues canto la misa solemne el Dr. Leiva, parroco de la ciudad, la que mucho antes habia pedido por un singular beneficio recibido: lo que llevo pesadamente el Vicario. Un sugeto de nuestra Compania predico, y muy bien. Estuvo desde ayer, y todo el tiempo de la misa, la imagen del Santo sobre el altar mayor, en un rico trono de oro y plata, reluciendo todo el altar con este metal, y la efigie del Santo, y principalmente la mesita donde estaba, toda cubierta de piedras preciosas, perlas y diamantes. Y aunque todas las matronas de Santa Fe juntaron sus riquezas para este ornato, con todo, sobrepujo cierta noble muger, advenediza del reino de Chile, que habia venido a esta ciudad: la cual, como ya no hubiese lugar en el altar, coloco bajo de las gradas del presbiterio una mesita con un nino Jesus, en quien lucian cosas tan preciosas, en oro, diamantes, y tambien por el arte singular con que las habia dispuesto, que a todos arrebataba, dejando muy atras a las demas Senoras patricias. Concluida la solemnidad de la misa, que duro hasta el mediodia, se saco del altar mayor la efigie del Santo, y cantado otra vez el _Te-deum_ los Padres de Santo Domingo, fue colocada (con increible gozo y alegria de todo el pueblo y ciudad, y principalmente de nuestros Padres, de que fueron testigo los reiterados y solemnes repiques de campanas) en su altar propio, que le habian preparado los afligidos indios; el cual, fuera de su propia hermosura, estaba grandemente adornado con alhajas de los vecinos. Se concluyo finalmente la solemnidad, pero no la devocion: porque ademas de ocurrir nuestros Jesuitas cada dia con mayor fervor al poderoso patronicio del Santo contra los murmuradores, tambien no era pequeno el concurso de los de toda la ciudad en las aflicciones y calumnias que por todas partes se suscitaban contra los indios, que han sido cometidos por Dios a nuestra fe y doctrina, y por eso mismo tambien contra nosotros, como defensores de esta justa causa. 70. Cuando estas cosas sucedian por Mayo en la ciudad de Santa Fe en honor del taumaturgo de Bohemia, el pueblo de San Miguel, distinguiendose entre todos, se preparaba a cumplir con otro semejante altar (excepto las riquezas) sus promesas hechas a Nuestra Senora de Loreto, cuya descripcion omitimos, por haber referido la anterior: pero despues por su orden se referira, cuando hayamos hablado de lo que sucedio por Julio; habiendose pasado casi tranquilamente el resto de Mayo, y tambien Junio. 71. Dijimos casi tranquilamente, porque no hubo hostilidad alguna: aunque no por esto dejaron los enemigos de maquinarlas, pues siempre su descanso es una asechanza, y aunque no hagan hostilidades, las estan disponiendo y proyectando. Por esta causa, para privar a la confederacion de los auxilios que debian dar a los Guaranis las infieles tropas de Guanoas gentiles, (las que deben ser tenidas como enemigas, aun cuando son amigas, pues a ninguno, ni aun a Dios, guardan fe) llamaron a ciertos caciques de ellos, y los llevaron a un castillo que estaba mas inmediato, para persuadirles lo que querian:--lo que es facil de conseguir de una gente pobre, y deseosa de donecillos, regalos y vestidos de ante o coletos. Fueron algunos a dicho fuerte por las dadivas, y tambien (lo que entre cristianos es abominable y vedado por excomunion) casi los violentaron con las armas, y se dijo que tambien los habian corrompido o sobornado. Asi lo contaron despues a nuestros Miguelistas otros caciques de los Minuanes, que habian participado de los dones o regalos. Que algunos de los suyos habian sido pagados para la guerra, y principalmente uno llamado Moreira, para que en la siguiente expedicion custodiase los bagages de los Portugueses con su gente. Que tenian mucha ropa, armas, y se veian armados, y estar instruidos con alfanges para este fin. Fuera de esto que los Portugueses, confiados en esta esperanza, erigian un fuertecillo que habia de servir de oportuno presidio a los reales que se habian de formar en las montanas de San Miguel, cercanos a las estancias de Santa Maria, las que se llaman de Yacegua: pero que tambien otros caciques de la nacion se escusaban, y que por tanto avisaban con anticipacion a los amigos lo que se habia tratado. Por esto fueron despues senalados exploradores catolicos o cristianos del pueblo de San Miguel, los cuales con la guarnicion que estaba en los ultimos terminos de la jurisdiccion, debian correr la tierra. Recorrieronla, y avisaron que no parecia enemigo alguno, y reconviniendo al mismo Moreira, afeandole su hecho, confeso que verdaderamente el habia sido llamado de los Portugueses, y solicitado con dones por las cosas sobredichas, pero que de ninguna suerte habia consentido: por lo cual se habia retirado, habiendo los Lusitanos con furor, hechole muchas amenazas. Esto decia el, mas si fuese verdad lo que decia se esperaba lo probase el efecto, si se ofreciese la ocasion; mas por entonces asi se creyo. 72. Tambien esparcieron los Portugueses con estas cosas no pocas mentiras contra los indios, y principalmente que muchisimos se habian pasado a ellos, y que numerosas cuadrillas a menudo se iban huyendo de la tirania de los PP., y que ya se contaban y numeraban algunos cientos de los dichos. Fingian estas cosas con el fin de provocar a los Espanoles a volver a emprender la guerra, pero despues se descubrieron reos o autores de la mentira, cuando por mano del Provincial de la provincia del Brasil enviaron la lista de los indios que moraban entre ellos: de los cuales algunos estaban casados, y otros lo pedian: pero no contaban mas de 50, de los cuales muchos tenian apellidos del pueblo de San Borja, pero discrepaban en los nombres. Se hallo tambien que otros, que estaban insertos en dicha lista por su nombre y apellido, ya se habian restituido otra vez a sus pueblos. Los Portugueses andaban solicitos en persuadir a los Espanoles estas cosas, mas a los indios les constaban otras: es a saber, que el Padre Rabago, (en quien ponian los indios en lo humano alguna esperanza de su patrocinio) habia sido privado del confesionario del Rey, que habia caido de gracia, y a mas de esto, que estaba preso: pero despues avisaron de Europa, que era impostura y mentira de los Portugueses. 73. Ya fenecia Julio, cuando en el puerto de Montevideo aparecio una embarcacion mercantil el dia 27 de Julio, la cual traia 150 soldados presidarios para aquel castillo, y 70 Misioneros de la Compania, 40 para la provincia de Chile, y 31 para la nuestra; quedandose en Espana los demas, que casi eran otros tantos, con el procurador que reside en la Corte, y tiene a su cuidado los negocios de la Provincia y Misiones. En verdad que no causo a todos poco consuelo esta noticia, especialmente por haberse llenado la provincia de noticias prosperas, y tambien de cartas que anunciaban todo favorablemente. Parecia que estaba el negocio concluido, que la Corte habia desecho el inicuo tratado, que se regocijaba o deleitaba con nuestra fidelidad y obediencia, que habia aceptado la apelacion por parte de los pueblos, que mandaba se suspendiesen las cosas. Asi se decia a los principios: mas como las noticias tristes suelen seguirse a las prosperas, los Comisarios reales de este negocio divulgaron todo lo contrario: que estaba aprobada la guerra hecha a los rebeldes, como ellos decian; que tambien se daban las gracias a los Ministros por el celo y gasto hecho para sugetar a los contumaces; que las cosas que se habian dicho favorables, habian salido de charcos, y no de la fuente; que se habia de proseguir la guerra y se habia de hacer mas cruda. Para este fin fueron expedidos nuevos decretos e intimaciones a nuestro Prelado inmediato, fulminando estragos, y amenazando llevarlo todo a sangre y fuego, sino se rendian los pueblos. 74. Remitio estas intimaciones al Gobernador de la Concepcion, Nenguiru, la Curia, Consejo o junta domestica, porque de otro modo se desconfiaba que se pudiesen publicar: para que este, interponiendo la autoridad que tiene entre ellos, pasando el rio, las intimase y promulgase a las provincias y pueblos obligados a mudarse. Mas este, no confiando del pueblo airado, y previendo y conociendo que no habia de hacer otra cosa que aumentar tropas de amotinados, volvio otra vez a remitir a la Curia todos los papeles, suplicando a los Prelados no diesen lugar a que la provincia, poco apaciguada, se alborotase aun todavia mas; ni tampoco obligasen a su cabeza, o Gobernador, a exponerse a peligro cierto de muerte. Se aquietaron, y despreciadas dichas amenazas, se esperaba lo que habia de suceder. 75. Entretanto por todo Agosto, Septiembre y Octubre, se reclutaban soldados en las ciudades de espanoles y portugueses: pero en las nuestras no habia sino paz y quietud, y se proveia que, en tanto que se aquietasen las cosas, se despachasen para todas partes exploradores como en otro tiempo, y que estuviesen con mas vigilancia. 76. A fines de Octubre, o por mejor decir a principios de Noviembre, el Gobernador de Buenos Aires, pasando el ancho alveo del rio, llego a la ciudad de Montevideo, en donde debia juntarse todo el ejercito de Espanoles. Tambien se decia que caminaban hacia Montevideo 200 soldados que habian sido despachados de la ciudad de las Corrientes, y otros tantos de la de Santa Fe; pero si esto es cierto o no, el tiempo lo dira: que de los 200 Correntinos no habian quedado sino 80, y que los demas se habian desertado. Asimismo, que entre los desertores se habian vuelto a su casa algunos Abipones que el Comandante habia traido como exploradores, siendo muy baqueanos. Tambien en Santa Fe, habiendo el teniente convidado para la liga a los Mocobis, se nego el cacique barbaro, y no dio respuesta de tal, porque dijo:--que el no habia abrazado la ley de Cristo para hacer guerra contra inocentes cristianos, y que antes bien favoreceria a los oprimidos, a no ser que se lo impidiese aquel gran rio. 77. Que a unos y otros, esto es, Santafecinos y Correntinos, se les habian disparado los caballos, y se les habian perdido por los inmensos campos: que por todas partes, y especialmente en Buenos Aires, cada dia se morian y perecian a centenares; y por esta razon algunos dudaban del eficaz progreso del ejercito. No obstante, aunque es cierto que la Corte no dudaba de la iniquidad, y que tambien trabajaba en la disolucion o nulidad de los pactos, no obstante, como no enviasen algun cierto y deliberado decreto sobre si se habia de suspender o continuar la guerra, los Ministros de ambas Cortes que estan aqui, mueven con mayor actividad las cosas de la guerra: y como los espanoles, con dificultad, y casi violentados, eran llevados a esta expedicion y, como decian, eran obligados y constrenidos a ella por solas unas razones politicas, procedian con lentitud, o procuraban irse despacio. Por esto, estando muy adelantado Noviembre, aun estaban en la ciudad de Montevideo, y no sabian si con sinceridad o con doblez se divulgaban aca, donde yo estaba, ciertos avisos secretos, que no deseaban otra cosa los espanoles sino que las fuerzas de los indios se les opusiesen, y quemasen los campos por donde habian de pasar, para que se les diese ocasion de dar por escusa el defecto de los pastos, y retroceder, o a lo menos retardarse, en tanto que llegase de la Corte alguna cosa cierta. Aunque sea dudando, no sin fundamento, de la posibilidad del expediente, porque los pastos maduros en estas tierras, y la paja que es apta para el fuego, no lo son para los animales, pero una vez quemadas, como poco despues vuelven y reverdecen, con ansia los comen los caballos y los gustan grandemente; asi se sospecho, y no vanamente, por algunos, que era estratagema, y que bajo el pretesto de ponerles miedo, se le pedia favor, y aun auxilio al enemigo: especialmente siendo asi que los campos y llanuras quemadas mostrarian mejor el camino a los viajantes, cuando por lo contrario estaria embarazado e impracticable, lleno de maleza. 78. Mas como ya no quedase duda alguna acerca de los preparativos de la expedicion, y tardasen los navios de Europa, se acordo que, estando desprevenida la provincia, para evitar que fuese atacada de los enemigos, se preparasen aqui las cosas, para su defensa, y se vigiasen con mas diligencia los caminos: tambien parecio del caso que se incendiasen o quemasen los campos. 79. Constaba suficientemente, no como al principio por mentiras, que eran 1,500 Espanoles, y con los socorros de las otras ciudades, casi 2,000: que los Portugueses eran 3,000; por tanto el total era 5,000: pero que uno y otro ejercito todo junto llegaria a 3,000, lo escribio el gefe