The Project Gutenberg EBook of Filosofia fundamental, by Jaime Balmes This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at www.gutenberg.net Title: Filosofia fundamental Author: Jaime Balmes Release Date: October 5, 2004 [EBook #13608] Language: Spanish Character set encoding: ASCII *** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK FILOSOFIA FUNDAMENTAL *** Produced by Miranda van de Heijning, Paz Barrios and the PG Online Distributed Proofreading Team. FILOSOFIA FUNDAMENTAL por D. JAIME BALMES, PRESBITERO. TOMO I. Barcelona: IMPRENTA DE A. BRUSI. 1848 PROLOGO. El titulo de _Filosofia fundamental_, no significa una pretension vanidosa, sino el objeto de que se trata. No me lisonjeo en _fundar_ de filosofia, pero me propongo examinar sus cuestiones fundamentales; por esto llamo a la obra: _Filosofia fundamental_. Me ha impulsado a publicarla el deseo de contribuir a que los estudios filosoficos adquieran en Espana mayor amplitud de la que tienen en la actualidad; y de prevenir, en cuanto alcancen mis debiles fuerzas, un grave peligro que nos amenaza: el de introducirsenos una filosofia plagada de errores trascendentales. A pesar de la turbacion de los tiempos, se nota en Espana un desarrollo intelectual que dentro de algunos anos se hara sentir con mucha fuerza; y es preciso guardarnos de que los errores que se han extendido por moda, se arraiguen por principios. Tamana calamidad solo puede precaverse con estudios solidos y bien dirigidos: en nuestra epoca el mal no se contiene con la sola represion; es necesario ahogarle con la abundancia del bien. La presente obra ?podra conducir a este objeto? El publico lo ha de juzgar. LIBRO PRIMERO. DE LA CERTEZA. CAPITULO I. IMPORTANCIA Y UTILIDAD DE LAS CUESTIONES SOBRE LA CERTEZA [1.] El estudio de la filosofia debe comenzar por el examen de las cuestiones sobre la certeza; antes de levantar el edificio es necesario pensar en el cimiento. Desde que hay filosofia, es decir, desde que los hombres reflexionan sobre si mismos y sobre los seres que los rodean, se han agitado cuestiones que tienen por objeto la base en que estriban los conocimientos humanos: esto prueba que hay aqui dificultades serias. La esterilidad de los trabajos filosoficos no ha desalentado a los investigadores: esto manifiesta que en el ultimo termino de la investigacion, se divisa un objeto de alta importancia. Sobre las cuestiones indicadas han cavilado los filosofos de la manera mas extravagante; en pocas materias nos ofrece la historia del espiritu humano tantas y tan lamentables aberraciones. Esta consideracion podria sugerir la sospecha de que semejantes investigaciones nada solido presentan al espiritu y que solo sirven para alimentar la vanidad del sofista. En la presente materia, como en muchas otras, no doy demasiada importancia a las opiniones de los filosofos, y estoy lejos de creer que deban ser considerados como legitimos representantes de la razon humana; pero no se puede negar al menos, que en el orden intelectual son la parte mas activa del humano linaje. Cuando todos los filosofos disputan, disputan en cierto modo la humanidad misma. Todo hecho que afecta al linaje humano es digno de un examen profundo; despreciarle por las cavilaciones que le rodean, seria caer en la mayor de ellas: la razon y el buen sentido no deben contradecirse, y esta contradiccion existiria si en nombre del buen sentido se despreciara como inutil lo que ocupa la razon de las inteligencias mas privilegiadas. Sucede con frecuencia que lo grave, lo significativo, lo que hace meditar a un hombre pensador, no son ni los resultados de una disputa, ni las razones que en ella se aducen, sino la existencia misma de la disputa. Esta vale tal vez poco por lo que es en si, pero quizas vale mucho por lo que indica. [2.] En la cuestion de la certeza estan encerradas en algun modo todas las cuestiones filosoficas: cuando se la ha desenvuelto completamente, se ha examinado bajo uno u otro aspecto todo lo que la razon humana puede concebir sobre Dios, sobre el hombre, sobre el universo. A primera vista se presenta quizas como un mero cimiento del edificio cientifico: pero en este cimiento, si se le examina con atencion, se ve retratado el edificio entero: es un plano en que se proyectan de una manera muy visible, y en hermosa perspectiva, todos los solidos que ha de sustentar. [3.] Por mas escaso que fuere el resultado directo e inmediato de estas investigaciones, es sobre manera util el hacerlas. Importa mucho acaudalar ciencia, pero no importa menos conocer sus limites. Cercanos a los limites se hallan los escollos, y estos debe conocerlos el navegante. Los limites de la ciencia humana se descubren en el examen de las cuestiones sobre la certeza. Al descender a las profundidades a que estas cuestiones nos conducen, el entendimiento se ofusca y el corazon se siente sobrecogido de un religioso pavor. Momentos antes contemplabamos el edificio de los conocimientos humanos, y nos llenabamos de orgullo al verle con sus dimensiones colosales, sus formas vistosas, su construccion galana y atrevida; hemos penetrado en el, se nos conduce por hondas cavidades, y como si nos hallaramos sometidos a la influencia de un encanto, parece que los cimientos se adelgazan, se evaporan, y que el soberbio edificio queda flotando en el aire. [4.] Bien se echa de ver que al entrar en el examen de la cuestion sobre la certeza no desconozco las dificultades de que esta erizada; ocultarlas no seria resolverlas; por el contrario, la primera condicion para hallarles solucion cumplida, es verlas con toda claridad, sentirlas con viveza. Que no se apoca el humano entendimiento por descubrir el borde mas alla del cual no le es dado caminar; muy al contrario esto le eleva y fortalece: asi el intrepido naturalista que en busca de un objeto ha penetrado en las entranas de la tierra, siente una mezcla de terror y de orgullo al hallarse sepultado en lobregos subterraneos, sin mas luz que la necesaria para ver sobre su cabeza inmensas moles medio desgajadas, y descurrir a sus plantas abismos insondables. En la oscuridad de los misterios de la ciencia, en la misma incertidumbre, en los asaltos de la duda que amenaza arrebatarnos en un instante la obra levantada por el espiritu humano en el espacio de largos siglos, hay algo de sublime que atrae y cautiva. En la contemplacion de esos misterios se han saboreado en todas epocas los hombres mas grandes: el genio que agitara sus alas sobre el Oriente, sobre la Grecia, sobre Roma, sobre las escuelas de los siglos medios, es el mismo que se cierne sobre la Europa moderna. Platon, Aristoteles, san Agustin, Abelardo, san Anselmo, santo Tomas de Aquino, Luis Vives, Bacon, Descartes, Malebranche, Leibnitz; todos, cada cual a su manera, se han sentido poseidos de la inspiracion filosofica, que inspiracion hay tambien en la filosofia, e inspiracion sublime. Todo lo que concentra al hombre llamandole a elevada contemplacion en el santuario de su alma, contribuye a engrandecerle, porque le despega de los objetos materiales, le recuerda su alto origen, y le anuncia su inmenso destino. En un siglo de metalico y de goces, en que todo parece encaminarse a no desarrollar las fuerzas del espiritu, sino en cuanto pueden servir a regalar el cuerpo, conviene que se renueven esas grandes cuestiones, en que el entendimiento divaga con amplisima libertad por espacios sin fin. Solo la inteligencia se examina a si propia. La piedra cae sin conocer su caida; el rayo calcina y pulveriza, ignorando su fuerza; la flor nada sabe de su encantadora hermosura; el bruto animal sigue sus instintos, sin preguntarse la razon de ellos; solo el hombre, en fragil organizacion que aparece un momento sobre la tierra para deshacerse luego en polvo, abriga un espiritu que despues de abarcar el mundo, ansia por comprenderse, encerrandose en si propio, alli dentro, como en un santuario donde el mismo es a un tiempo el oraculo y el consultor. Quien soy, que hago, que pienso, por que pienso, como pienso, que son esos fenomenos que experimento en mi, por que estoy sujeto a ellos, cual es su causa, cual el orden de su produccion, cuales sus relaciones; he aqui lo que se pregunta el espiritu; cuestiones graves, cuestiones espinosas, es verdad; pero nobles, sublimes, perenne testimonio de que hay dentro nosotros algo superior a esa materia inerte, solo capaz de recibir movimiento y variedad de formas, de que hay algo que con su actividad intima, espontanea, radicada en su naturaleza misma, nos ofrece la imagen de la actividad infinita que ha sacado el mundo de la nada con un solo acto de su voluntad[I]. CAPITULO II. VERDADERO ESTADO DE LA CUESTION. [5.] ?Estamos ciertos de algo? a esta pregunta responde afirmativamente el sentido comun. ?En que se funda la certeza? ?como la adquirimos? estas son dos cuestiones dificiles de resolver en el tribunal de la filosofia. La cuestion de la certeza encierra tres muy diferentes, cuya confusion contribuye no poco a crear dificultades y a embrollar materias que, aun deslindados con suma exactitud los varios aspectos que presentan, son siempre harto complicadas y espinosas. Para fijar bien las ideas conviene distinguir con mucho cuidado entre la existencia de la certeza, los fundamentos en que estriba, y el modo con que la adquirimos. Su existencia es un hecho indisputable; sus fundamentos son objeto de cuestiones filosoficas; el modo de adquirirla es en muchos casos un fenomeno oculto que no esta sujeto a la observacion. [6.] Apliquemos esta distincion a la certeza sobre la existencia de los cuerpos. Que los cuerpos existen, es un hecho del cual no duda nadie que este en su juicio. Todas las cuestiones que se susciten sobre este punto no haran vacilar la profunda conviccion de que al rededor de nosotros existe lo que llamamos mundo corporeo: esta conviccion es un fenomeno de nuestra existencia, que no acertaremos quizas a explicar, pero destruirle nos es imposible: estamos sometidos a el como a una necesidad indeclinable. ?En que se funda esta certeza? Aqui ya nos hallamos no con un simple hecho, sino con una cuestion que cada filosofo resuelve a su manera: Descartes y Malebranche recurren a la veracidad de Dios; Locke y Condillac se atienen al desarrollo y caracter peculiar de algunas sensaciones. ?Como adquiere el hombre esta certeza? no lo sabe: la poseia antes de reflexionar; oye con extraneza que se suscitan disputas sobre estas materias; y jamas hubiera podido sospechar que se buscase porque estamos ciertos de la existencia de lo que afecta nuestros sentidos. En vano se le interroga sobre el modo con que ha hecho tan preciosa adquision, se encuentra con ella como con un hecho apenas distinto de su existencia misma. Nada recuerda del orden de las sensaciones en su infancia; se halla con el espiritu desarrollado, pero ignora las leyes de este desarrollo, de la propia suerte que nada conoce de las que han presidido a la generacion y crecimiento de su cuerpo. [7.] La filosofia debe comenzar no por disputar sobre el hecho de la certeza sino por la explicacion del mismo. No estando ciertos de algo nos es absolutamente imposible dar un solo paso en ninguna ciencia, ni tomar una resolucion cualquiera en los negocios de la vida. Un esceptico completo seria un demente, y con demencia llevada al mas alto grado; imposible le fuera toda comunicacion con sus semejantes, imposible toda serie ordenada de acciones externas, ni aun de pensamientos o actos de la voluntad. Consignemos pues el hecho, y no caigamos en la extravagancia de afirmar que en el umbral del templo de la filosofia esta sentada la locura. Al examinar su objeto, debe la filosofia analizarle, mas no destruirle; que si esto hace se destruye a si propia. Todo raciocinio ha de tener un punto de apoyo, y este punto no puede ser sino un hecho. Que sea interno o externo, que sea una idea o un objeto, el hecho ha de existir; es necesario comenzar por suponer algo; a este algo le llamamos hecho: quien los niega todos o comienza por dudar de todos, se asemeja al anatomico que antes de hacer la diseccion quemase el cadaver y aventase las cenizas. [8.] Entonces la filosofia, se dira, no comienza por un examen sino por una afirmacion; si, no lo niego, y esta es una verdad tan fecunda que su consignacion puede cerrar la puerta a muchas cavilaciones y difundir abundante luz por toda la teoria de la certeza. Los filosofos se hacen la ilusion de que comienzan por la duda; nada mas falso; por lo mismo que piensan afirman, cuando no otra cosa, su propia duda; por lo mismo que raciocinan afirman el enlace de las ideas, es decir, de todo el mundo logico. Fichte, por cierto nada facil de contentar, al tratarse del punto de apoyo de los conocimientos humanos, empieza no obstante por una afirmacion, y asi lo confiesa con una ingenuidad que le honra. Hablando de la reflexion que sirve de base a su filosofia, dice: "Las reglas a que esta reflexion se halla sujeta, no estan todavia demostradas; se las supone tacitamente admitidas. En su origen mas retirado, se derivan de un principio _cuya legitimidad_ no puede ser establecida, sino bajo la condicion de que _ellas sean justas_. Hay un circulo, pero _circulo inevitable_. Y supuesto que es inevitable, y que lo confesamos francamente, es permitido, para asentar el principio mas elevado, _confiarse a todas las leyes de la logica general_. En el camino donde vamos a entrar con la reflexion, debemos partir de una proposicion cualquiera que nos sea concedida por todo el mundo, sin ninguna contradiccion." (Fichte, Doctrina de la ciencia, 1.ª parte, Sec. 1). [9.] La certeza es para nosotros una feliz necesidad; la naturaleza nos la impone, y de la naturaleza no se despojan los filosofos. Viose un dia Pirron acometido por un perro, y como se deja suponer, tuvo buen cuidado de apartarse, sin detenerse a examinar si aquello era un perro verdadero o solo una apariencia; rieronse los circunstantes echandole en cara la incongruencia de su conducta con su doctrina, mas Pirron les respondio con la siguiente sentencia que para el caso era muy profunda: "es dificil despojarse totalmente de la naturaleza humana." [10.] En buena filosofia, pues, la cuestion no versa sobre la existencia de la certeza, sino sobre los motivos de ella y los medios de adquirirla. Este es un patrimonio de que no podemos privarnos, aun cuando nos empenemos en repudiar los titulos que nos garantizan su propiedad. ?Quien no esta cierto de que piensa, siente, quiere, de que tiene un cuerpo propio, de que en su alrededor hay otros semejantes al suyo, de que existe el universo corporeo? Anteriormente a todos los sistemas, la humanidad ha estado en posesion de esta certeza, y en el mismo caso se halla todo individuo, aun cuando en su vida no llegue a preguntarse que es el mundo, que es un cuerpo, ni en que consisten la sensacion, el pensamiento y la voluntad. Despues de examinados los fundamentos de la certeza, y reconocidas las graves dificultades que sobre ellos levanta el raciocinio, tampoco es posible dudar de todo. No ha habido jamas un verdadero esceptico en toda la propiedad de la palabra. [11.] Sucede con la certeza lo mismo que en otros objetos de los conocimientos humanos. El hecho se nos presenta de bulto, con toda claridad, mas no penetramos su intima naturaleza. Nuestro entendimiento esta abundantemente provisto de medios para adquirir noticia de los fenomenos asi en el orden material como en el espiritual, y posee bastante perspicacia para descubrir, deslindar y clasificar las leyes a que estan sujetos; pero cuando trata de elevarse al conocimiento de la esencia misma de las cosas, o investigar los principios en que se funda la ciencia de que se gloria, siente que sus fuerzas se debiliten, y como que el terreno donde fija su planta, tiembla y se hunde. Afortunadamente el humano linaje esta en posesion de la certeza independientemente de los sistemas filosoficos, y no limitada a los fenomenos del alma, sino extendiendose a cuanto necesitamos para dirigir nuestra conducta con respecto a nosotros y a los objetos externos. Antes que se pensase en buscar si habia certeza, todos los hombres estaban ciertos de que pensaban, querian, sentian, de que tenian un cuerpo con movimiento sometido a la voluntad, y de que existia el conjunto de varios cuerpos que se llama universo. Comenzadas las investigaciones, la certeza ha continuado la misma entre todos los hombres, inclusos los que disputaban sobre ella; ninguno de estos ha podido ir mas alla que Pirron y encontrar facil el despojarse de la naturaleza humana. [12.] No es posible determinar hasta que punto haya alcanzado a producir duda sobre algunos objetos el esfuerzo del espiritu de ciertos filosofos empenados en luchar con la naturaleza; pero es bien cierto: primero, que ninguno ha llegado a dudar de los fenomenos internos cuya presencia sentia intimamente; segundo, que si alguno ha podido persuadirse de que a estos fenomenos no les correspondia algun objeto externo, esta habra sido una excepcion tan extrana que, en la historia de la ciencia y a los ojos de una buena filosofia, no debe tener mas peso que las ilusiones de un maniatico. Si a este punto llego Berkeley al negar la existencia de los cuerpos, haciendo triunfar sobre el instinto de la naturaleza las cavilaciones de la razon, el filosofo de Cloyne, aislado, y en oposicion con la humanidad entera, mereceria el dictado que con razon se aplica a los que se hallan en situacion semejante: la locura por ser sublime no deja de ser locura. Los mismos filosofos que llevaron mas lejos el escepticismo, han convenido en la necesidad de acomodarse en la practica a las apariencias de los sentidos, relegando la duda al mundo de la especulacion. Un filosofo disputara sobre todo, cuanto se quiera; pero en cesando la disputa deja de ser filosofo, continua siendo hombre a semejanza de los demas, y disfruta de la certeza como todos ellos. Asi lo confiesa Hume que negaba con Berkeley la existencia de los cuerpos: "Yo como, dice, juego al chaquete, hablo con mis amigos, soy feliz en su compania, y cuando despues de dos o tres horas de diversion vuelvo a estas especulaciones, me parecen tan frias, tan violentas, tan ridiculas, que no tengo valor para continuarlas. Me veo pues absoluta y necesariamente forzado a vivir, hablar y obrar como los demas hombres en los negocios comunes de la vida." (Tratado de la naturaleza humana, tomo 1.º). [13.] En las discusiones sobre la certeza es necesario precaverse contra el prurito pueril de conmover los fundamentos de la razon humana. Lo que se debe buscar en esta clase de cuestiones es un conocimiento profundo de los principios de la ciencia y de las leyes que presiden al desarrollo de nuestro espiritu. Empenarse en destruir estas leyes es desconocer el objeto de la verdadera filosofia; basta que las sometamos a nuestra observacion, de la propia suerte que determinamos las del mundo material sin intencion de trastornar el orden admirable que reina en el universo. Los escepticos que comienzan por dudar de todo para hacer mas solida su filosofia, se parecen a quien, curioso de observar y fijar con exactitud los fenomenos de la vida, se abriese sin piedad el pecho y aplicase el escalpelo a su corazon palpitante. La sobriedad es tan necesaria al espiritu para sus adelantos como al cuerpo para su salud; no hay sabiduria sin prudencia, no hay filosofia sin cordura. Existe en el fondo de nuestra alma una luz divina que nos conduce con admirable acierto, si no nos obstinamos en apagarla; su resplandor nos guia, y en llegando al limite de la ciencia nos le muestra, haciendonos leer con claros caracteres la palabra _basta_. No vayais mas alla; quien la ha escrito es el Autor de todos los seres, el que ha establecido las leyes que rigen al espiritu como al cuerpo, y que contiene en su esencia infinita la ultima razon de todo. [14.] La certeza que preexiste a todo examen no es ciega; antes por el contrario, o nace de la claridad de la vision intelectual, o de un instinto conforme a la razon: no es contra la razon, es su basa. Cuando discurrimos, nuestro espiritu conoce la verdad por el enlace de las proposiciones, como si dijeramos por la luz que refleja de unas verdades a otras. En la certeza primitiva, la vision es por luz directa, no necesita de reflexion. Al consignar pues la existencia de la certeza no hablamos de un hecho ciego, no queremos extinguir la luz en su mismo origen, antes decimos que alli la luz es mas brillante que en sus raudales. Tenemos a la vista un cuerpo cuyos resplandores iluminan el mundo en que vivimos; si se nos pide que expliquemos su naturaleza y sus relaciones con los demas, ?comenzaremos por apagarle? Los fisicos para buscar la naturaleza de la luz y determinar las leyes a que esta sometida, no han comenzado por privarse de la luz misma y ponerse a oscuras. [15.] Este metodo de filosofar tiene algo de dogmatismo, pero dogmatismo tal que, como hemos visto, tiene en su apoyo a los mismos Pirron, Hume, Fichte, mal de su grado. No es un simple metodo filosofico, es la sumision voluntaria a una necesidad indeclinable de nuestra propia naturaleza; es la combinacion de la razon con el instinto, es la atencion simultanea a las diferentes voces que resuenan en el fondo de nuestro espiritu. Pascal ha dicho: "la naturaleza confunde a los pirronicos, y la razon a los dogmaticos." Este pensamiento que pasa por profundo, y que lo es bajo cierto aspecto, encierra no obstante alguna inexactitud. La confusion no es igual en ambos casos: la razon no confunde al dogmatico si no se la separa de la naturaleza; y la naturaleza confunde al pirronico, ya sola, ya unida con la razon. El verdadero dogmatico comienza por dar a la razon el cimiento de la naturaleza; emplea una razon que se conoce a si misma, que confiesa la imposibilidad de probarlo todo, que no toma arbitrariamente el postulado que ha menester, sino que lo recibe de la naturaleza misma. Asi la razon no confunde al dogmatico que guiado por ella busca el fundamento que la puede asegurar. Cuando la naturaleza confunde a los pirronicos atestigua el triunfo de la razon de los dogmaticos, cuyo argumento principal contra aquellos, es la voz de la misma naturaleza. El pensamiento de Pascal seria mas exacto reformado de esta manera: "La naturaleza confunde a los pirronicos, y es necesaria a la razon de los dogmaticos." Habria menos antitesis, pero mas verdad. La necesidad de la naturaleza no la desconocen los dogmaticos; sin esta basa la razon nada puede; para ejercer su fuerza exige un punto de apoyo; con el ofrecia Arquimedes levantar la tierra; sin el la inmensa palanca no hubiera movido un solo atomo (II). CAPITULO III. DOS CERTEZAS: LA DEL GENERO HUMANO Y LA FILOSOFIA. [16.] La certeza no nace de la reflexion; es un producto espontaneo de la naturaleza del hombre, y va aneja al acto directo de las facultades intelectuales y sensitivas. Como que es una condicion necesaria al ejercicio de ambas, y que sin ella la vida es un caos, la poseemos instintivamente y sin reflexion alguna, disfrutando de este beneficio del Criador como de los demas que acompanan inseparablemente nuestra existencia. [17.] Es preciso pues distinguir entre la certeza del genero humano, y la filosofica; bien que hablando ingenuamente, no se comprende bastante lo que pueda valer una certeza humana diferente de la del genero humano. Prescindiendo de los esfuerzos que por algunos instantes hace el filosofo para descubrir la base de los humanos conocimientos, es facil de notar que el mismo se confunde luego con el comun de los hombres. Esas cavilaciones no dejan rastro en su espiritu en lo tocante a la certeza de todo aquello de que esta cierta la humanidad. Descubre entonces que no era una verdadera duda lo que sentia, aunque quizas el mismo se hiciese la ilusion de lo contrario; eran simples suposiciones, nada mas. En interrumpiendo la meditacion, y aun si bien se observa, mientras ella dura, se halla tan cierto como el mas rustico, de sus actos interiores, de la existencia del cuerpo propio, de los demas que rodean el suyo, y de mil otras cosas que constituyen el caudal de conocimiento necesario para los usos de la vida. Desde el nino de pocos anos hasta el varon de edad provecta y juicio maduro, preguntadles sobre la certeza de la existencia propia, de sus actos, internos y externos, de los parientes y amigos, del pueblo en que residen y de otros objetos que han visto, o de que han oido hablar, no observareis vacilacion alguna; y lo que es mas, ni diferencia de ninguna clase, entre los grados de semejante certeza; de modo que si no tienen noticia de las cuestiones filosoficas que sobre estas materias se agitan, leereis en sus semblantes la admiracion y el asombro de que haya quien pueda ocuparse seriamente en averiguar cosas tan _claras_. [18.] Como no es posible saber de que manera se van desenvolviendo las facultades sensitivas intelectuales y morales de un nino, no es dable tampoco demostrar _a priori_, por el analisis de las operaciones que en su espiritu se realizan, que a la formacion de la certeza no concurren los actos reflejos; pero no sera dificil demostrarlo por los indicios que de si arroja el ejercicio de estas facultades, cuando ya se hallan en mucho desarrollo. Si bien se observa, las facultades del nino tienen un habito de obrar en un sentido directo, y no reflejo, lo cual manifiesta que su desarrollo no se ha hecho por reflexion, sino directamente. Si el desarrollo primitivo fuese por reflexion, la fuerza reflexiva seria grande; y sin embargo no sucede asi: son muy pocos los hombres dotados de esta fuerza, y en la mayor parte es poco menos que nula. Los que llegan a tenerla, la adquieren con asiduo trabajo, y no sin haberse violentado mucho, para pasar del conocimiento directo al reflejo. [19.] Ensenad a un nino un objeto cualquiera y lo percibe bien; pero llamadle la atencion sobre la percepcion misma, y desde luego su entendimiento se oscurece y se confunde. Hagamos la experiencia. Supongamos un nino a quien se ensenan los rudimentos de la geometria.--?Ves esta figura, que se cierra con las tres lineas? Esto se llama triangulo: las lineas tienen el nombre de lados, y esos puntos donde se reunen las lineas se apellidan vertices de sus angulos.--Lo comprendo bien.--?Ves esa otra que se cierra con cuatro lineas? es un cuadrilatero; el cual como el triangulo, tiene tambien sus lados y sus vertices.--Muy bien.--?Un cuadrilatero puede ser triangulo o vice-versa?--No senor.--Jamas?--Jamas.--?Y por que?--?No ve V. que aqui hay cuatro y aqui tres lados? ?como pueden ser una misma cosa?--Pero quien sabe?..... a ti te lo parece..... pero.....--?No senor, no lo ve V. aqui? este tres, ese otro cuatro, y no es lo mismo cuatro que tres. Atormentad el entendimiento del nino tanto como querais, no le sacareis de su tema: siempre notareis su percepcion y su razon obrando en sentido directo, esto es, fijandose sobre el objeto; pero no lograreis que por si solo dirija la atencion a los actos interiores, que piense en su pensamiento, que combine ideas reflejas, ni que en ellas busque la certeza de su juicio. [20.] Y he aqui un defecto capital del arte de pensar, tal como se ha ensenado hasta ahora. A una inteligencia tierna, se la ejercita luego con lo mas dificil que ofrece la ciencia, el reflexionar: lo que es tan desacertado como si se comenzase el desarrollo material del nino, por los ejercicios mas arduos de la gimnastica. El desarrollo cientifico del hombre se ha de fundar sobre el natural, y este no es reflejo sino directo. [21.] Apliquese la misma observacion al uso de los sentidos. ?Oye Vd. que musica? dice el nino.--Como, que musica?--No oye Vd.? esta Vd. sordo?--A ti te lo parece.--Pero senor, isi se oye tan bien!... ?como es posible?--Pero, ?como lo sabes?--Senor si lo oigo!..... Y de ese _lo oigo_ no se le podra sacar, y no lograreis que vacile, ni que para deshacerse de las importunidades apele a ningun acto reflejo: "yo la oigo; ?no la oye Vd.?" para el no hay mas razon, y toda vuestra filosofia no valdria tanto como la _irresistible fuerza_ de la sensacion que le asegura de que hay musica, y que quien lo dude, o se chancea o esta sordo. [22.] Si las facultades del nino se hubiesen desarrollado en una alternativa de actos directos y reflejos, si al irse cerciorando de las cosas hubiese pensado en algo mas que en las cosas mismas, claro es que una continuacion de actos semejantes hubiera dejado huella en su espiritu, y que al encontrarse en una situacion apremiadora en que se le preguntaban los motivos de su certeza, hubiera echado mano de los mismos medios que le sirvieron en el sucesivo desarrollo de sus facultades, se hubiera desentendido del objeto, se hubiera replegado sobre si mismo, y de un modo u otro habria pensado en su pensamiento, y contestado a la dificultad en el mismo sentido. Nada de esto sucede; lo que indica que no han existido tales actos reflejos, que no ha habido mas que las percepciones acompanadas de la conciencia intima y de la certeza de ellas; pero todo en confuso, de una manera instintiva, sin nada que parecerse pudiera a reflexiones filosoficas. [23.] Y es de notar que lo que acontece al nino, se verifica tambien en los hombres adultos, por claro y despejado que sea su entendimiento. Si no estan iniciados en las cuestiones filosoficas, recibireis a poca diferencia las mismas respuestas al proponerles dificultades sobre los expresados objetos, y aun sobre muchisimos otros en que al parecer podria caber mas duda. La experiencia prueba mejor que todos los discursos, que nadie adquiere la certeza por acto reflejo. [24.] Dicen los filosofos que las fuentes de la certeza son el sentido intimo o la conciencia de los actos, los sentidos exteriores, el sentido comun, la razon, la autoridad. Veamos con algunos ejemplos lo que hay de reflejo en todas estas fuentes, como piensa el comun de los hombres, y hasta los mismos filosofos, cuando no piensan como filosofos sino como hombres. [25.] Una persona de entendimiento claro, pero sin noticia de las cuestiones sobre la certeza, acaba de ver un monumento que deja en el alma una impresion viva y duradera, _el Escorial_ por ejemplo. Al ponderar lo grato del recuerdo, suscitadle dudas sobre la existencia de este en su espiritu, y su correspondencia, ya con el acto pasado de ver, ya con el edificio visto; es bien seguro que si no piensa que os chanceais, le desconcertareis completamente haciendole sospechar que habeis perdido el juicio. Entre cosas tan diferentes como son: la existencia actual del recuerdo, su correspondencia con el acto pasado de ver, y la conveniencia de todo con el edificio visto, el no descubre diferencia alguna. Para este caso no sabe mas que un nino de seis anos: "me acuerdo; lo vi; es tal como lo recuerdo:" he aqui toda su ciencia; nada de reflexion, nada de separacion, todo directo y simultaneo. Haced las suposiciones que bien os parezcan, no sacareis del comun de los hombres, con respecto al sentido intimo, mas que lo que habeis sacado del recuerdo del Escorial: "es asi y no hay mas." Aqui no hay actos reflejos, la certeza acompana al directo; y todas las reflexiones filosoficas no son capaces de anadir un adarme de seguridad, a la que nos da la fuerza misma de las cosas, el instinto de la naturaleza. [26.] Ejemplo del testimonio de los sentidos. Se presenta a nuestros ojos un objeto cualquiera, y si esta a la correspondiente distancia y con la luz suficiente, juzgamos luego de su tamano, figura y color; quedandonos muy seguros de la verdad de nuestro juicio, aun cuando en nuestra vida no hayamos pensado en las teorias de las sensaciones, ni en las relaciones de nuestros organos entre si y con los objetos externos. Ningun acto reflejo acompana la formacion del juicio; todo se hace instintivamente, sin que intervengan consideraciones filosoficas. Lo vemos y nada mas; esto nos basta para la certeza. Solo despues de haber manejado los libros donde se ventilan semejantes cuestiones, volvemos la atencion sobre nuestros actos; y aun es de notar, que esta atencion dura, interin nos ocupamos del analisis cientifico; pues en olvidandonos de esto, lo que sucede bien pronto, entramos de nuevo en la corriente universal, y solo echamos mano de la filosofia en casos muy contados. Notese que aqui se habla de la certeza del juicio formado a consecuencia de la sensacion, solo en cuanto esta ligado con los usos de la vida, y de ninguna manera en lo tocante a su mayor o menor exactitud con respecto a la naturaleza de las cosas. Asi, poco importa que los colores por ejemplo, sean considerados como calidades inherentes a los cuerpos, aun cuando esto sea ilusion; basta que el juicio formado no altere en nada nuestras relaciones con los objetos, sea cual fuere la teoria filosofica. [27.] Ejemplo del sentido comun. En presencia de un concurso numeroso, arrojad a la aventura en el suelo un cajon de caracteres de imprenta, y decid a los circunstantes que resultaran escritos los nombres de todos ellos; por unanimidad se reiran de vuestra insensatez; y ?en que se fundan? ?han reflexionado sobre el fundamento de su certeza? No, de seguro. [28.] Ejemplo de la razon. Todos raciocinamos, y en muchos casos con acierto. Sin arte, sin reflexion de ninguna clase, distinguimos con frecuencia lo solido de lo futil, lo sofistico de lo concluyente. Para esto no necesitamos atender al curso que sigue nuestro entendimiento; sin advertirlo siquiera nos vamos por el buen camino; y tal hombre habra formado en su vida millones de raciocinios muy rigurosos y exactos, que no habra atendido una sola vez al modo con que raciocina. Aun los mas versados en el artificio de la dialectica se olvidan a menudo de ella; la practican quizas muy bien, pero sin atender expresamente a ninguna de sus reglas. [29.] Los ideologos escriben volumenes enteros sobre las operaciones de nuestro entendimiento; y estas operaciones las ejecuta el hombre mas rustico sin pensar que las hace. iCuanto no se ha escrito sobre la abstraccion, sobre la generalizacion, sobre los universales! Y no hay hombre que no tenga todo esto muy bien arreglado en su cabeza, aunque no sepa que existe una ciencia que lo examina. En su lenguaje, hallareis expresado lo universal y lo particular, notareis que en su discurso cada cosa ocupa el puesto que le corresponde; sus actos directos no le ofrecen dificultad. Pero llamadle la atencion sobre esos mismos actos, sobre la abstraccion por ejemplo: lo que en el orden directo del pensamiento era tan claro y luminoso, se convierte en un caos al pasar al orden reflejo. Se echa pues de ver que en el medio de suyo mas reflexivo, cual es el raciocinio, obra muy poco la reflexion, que tiene por objeto el mismo acto que se ejerce. [30.] Ejemplo de la autoridad. Ningun habitante de paises civilizados ignora que existe una nacion llamada _Inglaterra_; y la mayor parte de ellos, no lo saben sino por haberlo oido o leido, es decir, por autoridad. Claro es que la certeza de la existencia de la Inglaterra es tanta, que no la excede la de los mismos objetos que se tienen a la vista; y sin embargo, ?cuantos son los que han pensado en el analisis de los fundamentos en que se apoya semejante certeza? Muy pocos. ?Y esta sera mayor en los que se hayan ocupado de ella que en los demas? No, seguramente. Luego en el presente caso y otros infinitos analogos, para nada intervienen los actos reflejos; la certeza se forma instintivamente, sin el auxilio de ningun medio parecido a los filosoficos. [31.] Estos ejemplos manifiestan que la humanidad en lo tocante a la certeza, anda por caminos muy diferentes de los de la filosofia: el Criador que ha sacado de la nada a los seres, los ha provisto de lo necesario para ejercer sus funciones segun el lugar que ocupan en el universo; y una de las primeras necesidades del ser inteligente era la certeza de algunas verdades. ?Que seria de nosotros si al comenzar a recibir impresiones, al germinar en nuestro entendimiento las primeras ideas, nos encontrasemos con el fatigoso trabajo de labrar un sistema que nos pusiese a cubierto de la incertidumbre? Si asi fuese, nuestra inteligencia moriria al nacer; porque envuelta en el caos de sus propias cavilaciones en el momento de abrir los ojos a la luz, y cuando sus fuerzas son todavia tan escasas, no alcanzaria a disipar las nubes que se levantarian de todos lados, y acabarian por sumirla en una completa oscuridad. Si los filosofos mas aventajados, si las inteligencias mas claras y penetrantes, si los genios de mas pujanza y brio, han trabajado con tan escaso fruto por asentar los principios solidos que pudiesen servir de fundamento a las ciencias, ?que sucediera si el Criador no hubiese acudido a esta necesidad, proveyendo de certeza a la tierna inteligencia, del propio modo que para la conservacion del cuerpo ha preparado el aire que le vivifica, y la leche que le alimenta? [32.] Si alguna parte de la ciencia debe ser considerada como puramente especulativa, es sin duda la que versa sobre la certeza: y esta proposicion por mas que a primera vista parezca una paradoja, es sin embargo una verdad nada dificil de demostrar. [33.] ?Que puede proponerse en este particular la filosofia? ?Producir la certeza? Esta existe, independiente de todos los sistemas filosoficos: nadie habia pensado en semejantes cuestiones, cuando la humanidad estaba ya cierta de infinitas cosas. Todavia mas: despues de suscitada la cuestion, han sido pocos los que se han ocupado de ella, comparados con la totalidad del genero humano: lo mismo sucede ahora, y sucedera en adelante. Luego cuantas teorias se excogiten sobre este punto en nada pueden influir en el fenomeno de la certeza. Lo que se dice con respecto a producirla, puede extenderse al intento de consolidarla. ?Cuando han tenido o tendran ni ocasion ni tiempo el comun de los hombres, para ocuparse de semejantes cuestiones? [34.] Si algo hubiera podido producir la filosofia en esta parte, habria sido el escepticismo; pues que la variedad y oposicion de los sistemas eran mas propias para engendrar dudas que para disiparlas. Afortunadamente, la naturaleza se resiste al escepticismo de una manera insuperable; y los suenos del gabinete de los sabios no trascienden a los usos de la vida del comun de los hombres, ni aun de los mismos que los padecen o los fingen. [35.] El objeto mas razonable que en esta cuestion puede proponerse la filosofia es el examinar simplemente los cimientos de la certeza, solo con la mira de conocer mas a fondo al espiritu humano, sin lisonjearse de producir ninguna alteracion en la practica: a la manera que los astronomos observan la carrera de los astros, y procuran averiguar y determinar las leyes a que esta sujeta, sin que por esto presuman poder modificarlas. [36.] Mas aun en esta suposicion, se halla la filosofia en situacion nada satisfactoria: porque si recordamos lo que arriba se lleva establecido, echaremos de ver que la ciencia observa un fenomeno real y verdadero, pero le da una explicacion gratuita, haciendo de el un analisis imaginario. En efecto, se ha demostrado con la experiencia que nuestro entendimiento no se guia por ninguna de las consideraciones que tienen presentes los filosofos; su asenso, en los casos en que va acompanado de mayor certeza, es un fruto espontaneo de un instinto natural, no de combinaciones; una adhesion firme arrancada por la evidencia de la verdad, o la fuerza del sentido intimo o el impulso del instinto, no una conviccion producida por una serie de raciocinios; luego esas combinaciones y raciocinios, solo existen en la mente del filosofo, mas no en la realidad; luego cuando se quieren senalar los cimientos de la certeza, se indica lo que tal vez pudiera o debiera haber, pero no lo que hay. Si los filosofos se guiasen por sus sistemas y no se olvidasen o no prescindiesen de ellos, tan pronto como acaban de explicarlos, y aun mientras los explican, pudiera decirse que si no se da razon de la certeza humana, se da de la certeza filosofica; pero limitandose los mismos filosofos a usar de sus medios cientificos, solo cuando los desenvuelven en sus catedras, resulta que los pretendidos cimientos son una pura titulo que poco o nada tiene que ver con la realidad de las cosas. [37.] Esta demostracion de la vanidad de los sistemas filosoficos en lo tocante a los fundamentos de la certeza, lejos de conducir al escepticismo, lleva a un punto directamente opuesto: porque haciendonos apreciar en su justo valor la vanidad de las cavilaciones humanas, y comparando su impotencia con la irresistible fuerza de la naturaleza, nos aparta del necio orgullo de sobreponernos a las leyes dictadas por el Criador a nuestra inteligencia, nos hace entrar en el cauce por donde corre la humanidad en el torrente de los siglos, y nos inclina a aceptar con una filosofia juiciosa, lo mismo que de todos modos nos fuerzan a aceptar las leyes de nuestra naturaleza (III). CAPITULO IV. SI EXISTE LA CIENCIA TRASCENDENTAL EN EL ORDEN INTELECTUAL ABSOLUTO. [38.] Los filosofos han buscado un primer principio de los conocimientos humanos: cada cual le ha senalado a su manera, y despues de tanta discusion, todavia es dudoso quien ha acertado, y hasta si ha acertado nadie. Antes de preguntar cual era el primer principio, era necesario saber si existia. Esta ultima cuestion no puede suponerse resuelta en sentido afirmativo, pues como veremos luego, es susceptible de diferentes resoluciones segun el aspecto bajo el cual se la mira. El primer principio de los conocimientos puede entenderse de dos maneras: o en cuanto significa una verdad unica de la cual nazcan todas las demas; o en cuanto expresa una verdad cuya suposicion sea necesaria, si no se quiere que desaparezcan todas las otras. En el primer sentido se busca un manantial del cual nazcan todas las aguas que riegan una campina; en el segundo, se pide un punto de apoyo para afianzar sobre el un gran peso. [39.] ?Existe una verdad de la cual dimanen todas las otras? En la realidad, en el orden de los seres, en el orden intelectual universal, si; en el orden intelectual humano, no. [40.] En el orden de los seres hay una verdad origen de todas; porque la verdad es la realidad, y hay un Ser, autor de todos los seres. Este ser es una verdad, la verdad misma, la plenitud de verdad; porque es el ser por esencia, la plenitud del ser. Esta unidad de origen la han reconocido en cierto modo todas las escuelas filosoficas. Los ateos hablan de la fuerza de la naturaleza, los panteistas, de la sustancia unica, de lo absoluto, de lo incondicional; unos y otros han abandonado la idea de Dios, y trabajan por reemplazarla con algo que sirva de origen a la existencia del universo y al desarrollo de sus fenomenos. [41.] En el orden intelectual universal hay una verdad de la cual dimanan todas; es decir, que esa unidad de origen de todas las verdades, no solo se halla en las verdades realizadas, o en los seres considerados en si mismos, sino tambien en el encadenamiento de ideas que representan a estos seres. Por manera que si nuestro entendimiento pudiese elevarse al conocimiento de todas las verdades, abrazandolas en su conjunto, en todas las relaciones que las unen, veria que a pesar de la dispersion en que se nos ofrecen en las direcciones mas remotas y divergentes, en llegando a cierta altura van convergiendo a un centro, en el cual se enlazan, como las madejas de luz en el punto luminoso que las despide. [42.] Los teologos al paso que explican los dogmas de la Iglesia, siembran a menudo en sus tratados doctrinas filosoficas muy profundas. Asi santo Tomas en sus cuestiones sobre el entendimiento de los angeles, y en otras partes de sus obras, nos ha dejado una teoria muy interesante y luminosa. Segun el, a proporcion que los espiritus son de un orden superior, entienden por un menor numero de ideas; y asi continua la disminucion hasta llegar a Dios, que entiendo por medio de una idea unica, que es su misma esencia. De esta suerte segun el Santo Doctor, hay no solo un ser autor de todos los seres, sino tambien una idea unica, infinita, que las encierra todas. Quien la posea plenamente lo vera todo en ella; pero como esta plenitud, que en terminos teologicos se llama comprension, es propia unicamente de la inteligencia infinita de Dios, las criaturas cuando en la otra vida alcancen la vision beatifica, que consiste en la intuicion de la esencia divina, veran mas o menos objetos en Dios segun sea la mayor o menor perfeccion con que le posean. iCosa admirable! El dogma de la vision beatifica bien examinado, es tambien una verdad que derrama torrentes de luz sobre las teorias filosoficas! El sueno sublime de Malebranche sobre las ideas, era quizas una reminiscencia de sus estudios teologicos. [43.] La ciencia trascendental, que las abraza y explica todas, es una quimera para nuestro espiritu mientras habita sobre la tierra; pero es una realidad para otros espiritus de un orden superior, y lo sera para el nuestro cuando desprendido del cuerpo mortal, llegue a las regiones de la luz. [44.] En cuanto podemos conjeturar por analogias, tenemos pruebas de que existe en efecto esa ciencia trascendental que las encierra todas, y que a su vez se refunde en un solo principio, o mejor, en una sola idea, en una sola intuicion. Observando la escala de los seres, los grados en que estan distribuidas las inteligencias individuales, y el sucesivo progreso de las ciencias, se nos presenta la imagen de esta verdad de una manera muy notable. Uno de los caracteres distintivos de la inteligencia es el generalizar, el percibir lo comun en lo vario, el reducir lo multiplo a la unidad; y esta fuerza es proporcional al grado de inteligencia. [45.] El bruto esta limitado a sus sensaciones, y a los objetos que se las causan. Nada de generalizar, nada de clasificar, nada que se eleve sobre la impresion recibida, y el instinto de satisfacer sus necesidades. El hombre, tan pronto como abre los ojos de su inteligencia, percibe desde luego un sinnumero de relaciones; lo que ha visto en un caso lo aplica a otros diferentes: generaliza, encerrando en una idea muchisimas otras. Quiere el nino alcanzar un objeto, no puede llegar a el; y al instante improvisa su escalera arrimando una silla o un banquillo. Un bruto estara mirando largas horas la tajada que le hechiza, pero que esta colgada demasiado alto, sin que le ocurra que pudiera practicar la misma operacion que el nino, y formar una escalera. Si se le disponen los objetos a proposito para subir, sube; pero es incapaz de pensar que en situaciones semejantes se debe ejecutar la misma operacion. En un caso vemos un ser que tiene la idea general de un _medio_ y de sus relaciones con el _fin_, y que cuando la necesita la emplea; en el segundo, vemos otro ser que tiene delante de sus ojos el fin y el medio, pero que no percibe su relacion, y que por consiguiente no se eleva sobre la individualidad material de los objetos. En el primero hay la percepcion de la unidad; en el segundo, no hay ningun lazo que reuna la variedad de los hechos particulares. En este ejemplo tan sencillo se nota que la infinidad de casos, en que por estar el objeto demasiado alto ofrece dificultad el alcanzarle, los tiene reducidos el nino a uno solo: posee por decirlo asi la formula del pequeno problema. Por cierto que el no se da cuenta a si mismo de esta formula, es decir que no hace acto reflejo sobre ella: pero en la realidad la tiene, y la prueba es, que en ofreciendose el caso, la aplica instantaneamente. Aun mas: no le pongais delante un objeto determinado, y habladle en general de cosas demasiado altas, indicandole velozmente unas tras otras; vereis que con la rapidez del relampago aplica siempre la idea general de un medio auxiliar. Seran los brazos de sus padres, o de un hermano mayor, o de un criado; sera una silla si esta en su casa, sera un monton de piedras si se halla en el campo; de todo se vale, en todo descubre la _relacion del medio con el fin_. Cuando el fin se presenta, su atencion se vuelve instantaneamente hacia el medio; la idea general, busca un caso en que individualizarse. [46.] ?Que es un arte? ?es un conjunto de reglas para hacer bien alguna cosa? ?y cuando es mas perfecto? lo es tanto mas, cuanto encierra mayor numero de casos en cada regla, y por consiguiente cuanto es menor el numero de estas. Antes de que se hubiesen formulado las de la arquitectura, se habian construido sin duda edificios solidos, hermosos, y adaptados al uso a que se destinaban: pero el gran progreso de la inteligencia en lo relativo a la construccion de edificios consistio en encontrar lo que tenian de _comun_ los bien construidos; en fijar la causa de la solidez y de la belleza en si mismas, pasando de lo individual a lo universal, es decir, formandose ideas generales de solidez y de belleza aplicables a un sinnumero de casos particulares: simplificando. [47.] Lo dicho de la arquitectura, puede extenderse a las demas artes liberales y mecanicas: en todas se encontrara que el adelanto de la inteligencia se cifra en reducir a la unidad la multiplicidad, en hacer que en el menor numero de ideas posible, se encierre el mayor numero de aplicaciones posible. Por esta razon los amantes de las letras y de las bellas artes, se afanan en busca de la idea de la belleza en general, con la mira de encontrar un tipo aplicable a todos los objetos literarios y artisticos. Tambien podemos observar que los que se ocupan de artes mecanicas, discurren siempre por reducir sus procedimientos a pocas reglas, y aquel se tiene por mas adelantado que alcanza a combinar mayor variedad de los productos con mas sencillez en los medios, haciendo depender de una sola idea lo que otros tienen vinculado con muchas. Al contemplar una maquina que nos da admirables productos con una combinacion muy sencilla, no tributamos menos elogios al artifice por lo segundo que por lo primero: "esto es magnifico, decimos, y lo mas asombroso es la sencillez con que se ejecuta." [48.] Hagamos aplicacion de esta doctrina a las ciencias naturales y exactas. El merito del sistema actual de numeracion consiste en encerrar en una sola idea la espresion de todos los numeros, haciendo el valor de cada guarismo, decuplo del que tiene a la derecha, y supliendo los huecos con el cero. La expresion de la infinidad de los numeros, esta reducida a una sola regla, fundada en una sola idea: la relacion del lugar con el decuplo del valor. La aritmetica ha hecho un grande adelanto disminuyendo el numero de sus operaciones fundamentales por medio de los logaritmos: reduciendo a sumar y restar las de multiplicar y dividir. El algebra no es mas que la generalizacion de las expresiones y operaciones aritmeticas: su simplificacion. La aplicacion del algebra a la geometria, es la generalizacion de las expresiones geometricas: las formulas de las lineas, de las figuras, de los cuerpos, no son mas que la expresion de su idea universal. En ella, como en un tipo conserva el geometra la idea matriz, generadora, bastanle las aplicaciones mas sencillas para formar calculos exactos de todas las lineas de la misma clase que puedan ofrecersele en la practica. En la sencilla expresion dz/dx = A, apellidada coeficiente diferencial, se encierra la idea matriz del calculo infinitesimal; ella dimano de consideraciones geometricas, pero tan pronto como fue concebida en su universalidad, esparcio sobre todos los ramos de las matematicas y de las ciencias naturales un raudal de luz que hizo descubrir un nuevo mundo cuyos confines no se alcanzan. La prodigiosa fecundidad de este calculo dimana de su simplicidad, de que generaliza por decirlo asi de un golpe la misma algebra y la geometria, reuniendolas en un solo punto que es la relacion de los limites de las diferencias de toda funcion. [49.] Esta unidad de idea, es el objeto de la ambicion de la humana inteligencia, y una vez encontrada es el manantial de los mayores adelantos. La gloria de los genios mas grandes se ha cifrado en descubrirla; el progreso de las ciencias ha consistido en aprovecharla. Vieta expone y aplica el principio de la expresion general de las cantidades aritmeticas; Descartes hace lo mismo con respecto a las geometricas; Newton asienta el principio de la gravitacion universal; el propio, al mismo tiempo que Leibnitz, inventa el calculo infinitesimal; y las ciencias naturales y exactas alumbradas por una grande antorcha marchan a pasos agigantados por caminos antes desconocidos. ?Y por que? porque la inteligencia se ha aproximado a la unidad, ha entrado en posesion de una idea matriz en que se encierran otras infinitas. [50.] Es digno de notarse que a medida que se va adelantando en las ciencias se encuentran entre ellas numerosos puntos de contacto, estrechas relaciones que a primera vista nadie hubiera podido sospechar. Cuando los matematicos antiguos se ocupaban de las secciones conicas estaban muy lejos de creer que la idea de la elipse hubiese de servir de base a un sistema astronomico; los focos eran simples puntos, la curva una linea y nada mas; las relaciones de aquellos con esta, eran objeto de combinaciones esteriles, sin aplicacion. Siglos despues esos focos son el sol, y la curva las orbitas de los planetas. Las lineas de la mesa del geometra representaban un mundo!..... El intimo enlace de las ciencias matematicas con las naturales es un hecho fuera de duda; ?y quien sabe hasta que punto se enlazan unas y otras con las ontologicas, psicologicas, teologicas y morales? La dilatada escala en que estan distribuidos los seres, y que a primera vista pudiera parecer un conjunto de objetos inconexos, va manifestandose a los ojos de la ciencia como una cadena delicadamente trabajada cuyos eslabones presentan sucesivamente mayor belleza y perfeccion. Los diferentes reinos de la naturaleza se muestran enlazados con intimas relaciones; asi las ciencias que los tienen por objeto, se prestan reciprocamente sus luces, y entran alternativamente la una en el terreno de la otra. La complicacion de los objetos entre si, trae consigo esa complicacion de conocimientos; y la unidad de las leyes que rigen diferentes ordenes de seres, aproximan todas las ciencias y las encaminan a formar una sola. iQuien nos diera ver la identidad de origen, la unidad del fin, la sencillez de los caminos! Entonces poseeriamos la verdadera ciencia trascendental, la ciencia unica, que las encierra todas; o mejor diremos, la idea unica en que todo se pinta tal como es, en que todo se ve sin necesidad de combinar, sin esfuerzo de ninguna clase, como en un clarisimo espejo se retrata un magnifico paisage, con su tamano, figura y colores! Entretanto, nos es preciso contentarnos con sombras de la realidad; y en el instinto de nuestro entendimiento para simplificar, para reducirlo todo o aproximarlo cuando menos a la unidad, debemos ver el indicio, el anuncio, de esa ciencia unica, de esa intuicion de la idea unica, infinita; asi como en el deseo de felicidad que agita nuestro corazon, en la sed de gozar que nos atormenta, hallamos la prueba de que no acaba todo aqui, de que nuestra alma ha sido criada para la posesion de un bien que no se alcanza en la vida mortal. [51.] Lo mismo que hemos observado en la escala de los seres, y en el progreso de las ciencias, podemos notarlo comparando hombres con hombres, y atendiendo el caracter que ofrece el punto mas elevado de la humana inteligencia: el genio. Los hombres de verdadero genio se distinguen por la unidad y amplitud de su concepcion. Si tratan una cuestion dificil y complicada, la simplifican y allanan tomando un punto de vista elevado, fijando una idea principal que comunica luz a todas las otras; si se proponen contestar a una dificultad, senalan la raiz del error, y destruyen con una palabra toda la ilusion del sofisma; si emplean la sintesis, aciertan desde luego en el principio que ha de servir de base, y de un rasgo trazan el camino que se ha de seguir para llegar al resultado que se desea; si se valen del analisis atinan en el punto por donde debe empezar la descomposicion, en el resorte oculto, y de un golpe por decirlo asi, nos abren el objeto, nos ponen de manifiesto sus interioridades mas reconditas; si se trata de una invencion, mientras los demas estan buscando aca y aculla, ellos hieren el suelo con el pie, y dicen "el tesoro esta aqui." Nada de dilatados raciocinios; nada de rodeos: pocos pensamientos, pero fecundos: pocas palabras, pero en cada una de ellas engastada una perla de inmenso valor. [52.] No cabe pues duda alguna de que en el orden intelectual hay una verdad de la cual dimanan todas las verdades, hay una idea que encierra todas las ideas; asi nos lo ensena la filosofia, asi nos los indican los esfuerzos, las tendencias naturales, instintivas, de toda inteligencia, cuando se afana por la simplificacion y la unidad; asi lo estima el sentido comun, que considera tanto mas alto y noble el pensamiento, cuanto es mas vasto y mas uno (IV). CAPITULO V. NO EXISTE LA CIENCIA TRASCENDENTAL EN EL ORDEN INTELECTUAL HUMANO NO PUEDE DIMANAR DE LOS SENTIDOS. [53.] En el orden intelectual humano, mientras vivimos sobre la tierra, no hay una verdad de la cual dimanen todas: en vano la han buscado los filosofos; no la han encontrado porque no era posible encontrarla. Y en efecto, ?donde se hallaria la deseada verdad? [54.] ?Dimanara de los sentidos? Las sensaciones son tan varias como los objetos que las producen. Por ellas adquirimos noticia de cosas individuales y materiales; y en ninguna de estas ni en las sensaciones que de ellas dimanan, puede hallarse la verdad, fuente de todas las demas. [55.] Observando las impresiones que por los sentidos recibimos, podemos notar que con respecto a producir certeza, todas son iguales entre si. Tan ciertos estamos de la sensacion que nos causa un ruido cualquiera como de la producida por la presencia de un objeto a nuestros ojos, de un cuerpo oloroso cercano al olfato, de uno sabroso aplicado al paladar, o de otro que afecte vivamente el tacto. En la certeza producida por aquellas sensaciones no hay gradacion, todas son iguales; porque si hablamos de la sensacion misma, esta la experimentamos de una manera que no nos consiente incertidumbre; y si se trata de la relacion de la sensacion con la existencia del objeto externo que la causa, tan ciertos estamos de que a la sensacion que se llama _vision_, corresponde un objeto externo _visto_, como que a lo que se apellida _tacto_, corresponde un objeto externo _tocado_. Se infiere de lo dicho, que no hay una sensacion origen de la certeza de las demas; en este punto todas son iguales; y para el comun de los hombres no hay mas razon que los asegure de la certeza, sino que lo experimentan asi. No ignoro que lo sucedido con los individuos a quienes se ha hecho la operacion de las cataratas, indica que para apreciar debidamente el objeto _sentido_ no es suficiente la simple sensacion, y que unos sentidos auxilian a los otros; pero esto no prueba la preferencia de ninguno de ellos; pues asi como el ciego a quien se dio repentinamente la vista, no formaba por la simple vision juicio exacto sobre el tamano y distancia de los objetos vistos, sino que necesitaba el auxilio del tacto; asi es muy probable que si suponemos a una persona con vista, privada de tacto desde su nacimiento, y se lo damos despues repentinamente, tampoco formara juicio exacto de los objetos tocados, hasta que con el auxilio de la vista, se haya ido acostumbrando a combinar el nuevo orden de sensaciones con el antiguo, aprendiendo con el ejercicio a fijar las relaciones de la sensacion con el objeto y a conocer por medio de aquella las propiedades de este. [56.] El mismo hecho del ciego a quien se quitaron las cataratas, esta contrariado por otros que conducen a un resultado directamente opuesto. La joven a quien hizo la misma operacion el oculista Juan Janin, y unos ciegos de nacimiento a quienes el profesor Luis de Gregori restituyo en parte la vista, no creyeron como el ciego de Cheselden, que los objetos estuviesen pegados a sus ojos, sino que luego los vieron como cosas realmente externas y separadas. Asi lo refiere Rosmini (Ensayo sobre el origen de las ideas parte 5. cap. 4. Tomo, 2. p. 286 citando el opusculo "de las cataratas de los ciegos de nacimiento, observaciones teorico-quimicas, del profesor de quimica y oftalmia Luis de Gregori, Romano." Roma 1826); bien que dando la preferencia al de Cheselden que dice fue renovado en Italia por el profesor Jacobo de Pavia, con toda diligencia y con el mismo resultado en todas sus partes. [57.] El modo con que esta combinacion de unas sensaciones con otras nos ensena a juzgar bien de los objetos externos es dificil saberlo: porque cabalmente el desarrollo de nuestras facultades sensitivas e intelectuales se verifica antes que podamos reflexionar sobre el; y asi nos encontramos ya ciertos de la existencia y propiedades de las cosas, sin que hayamos pensado en la certeza, ni mucho menos en los medios de adquirirla. [58.] Pero aun suponiendo que despues nos ocupemos de las sensaciones mismas, y de sus relaciones con los objetos, prescindiendo de la certeza que ya tenemos y haciendo como que la buscamos, es imposible hallar una sensacion que pueda servir de punto de apoyo a la certeza de los demas. Las dificultades que estas nos ofrecieran las encontrariamos en aquella. [59.] El fijar las relaciones del sentido de la vista con el del tacto, y el determinar hasta que punto dependen uno de otro, da lugar a cuestiones que pienso examinar mas abajo con alguna extension; y por lo mismo me abstendre de entrar en ellas por ahora, ya porque no son tales que puedan ventilarse por incidencia, ya tambien porque su resolucion sea en el sentido que fuere, en nada se opone a lo que me propongo establecer aqui. [60.] Nada adelantariamos con saber que la certeza de todas las sensaciones esta, filosoficamente hablando, vinculada en una. Toda sensacion es un hecho individual contingente; ?como podemos sacar de el la luz para guiarnos a las verdades necesarias? Considerese bajo el aspecto que se quiera la sensacion, no es mas que la impresion que recibimos por conducto de los organos. De la impresion estamos seguros porque esta intimamente presente a nuestra alma; de sus relaciones con el objeto que la produce, nos cercioramos por la repeticion de ella, con el auxilio de otras sensaciones, ya del mismo sentido, ya de otros; pero todo instintivamente, con poca o ninguna reflexion, y siempre condenados, por mas que reflexionemos, a llegar a un punto del cual no podemos pasar porque alli nos detiene la naturaleza. [61.] Lejos pues de encontrar en ninguna sensacion un hecho fundamental en que podamos apoyarnos para establecer una certeza filosofica, vemos un conjunto de hechos particulares, muy distintos entre si, pero que se parecen en cuanto a producir en nosotros esa seguridad que se llama certeza. En vano es que se descomponga al hombre, que se le reduzca primero a una maquina inanimada, que luego se le otorgue un sentido haciendole percibir diferentes sensaciones, que despues se le conceda otro, haciendole combinar las nuevas con las antiguas, y asi se proceda sinteticamente hasta llegar a la posesion y ejercicio de todos; estas cosas son buenas para entretener la curiosidad, alimentar pretensiones filosoficas, y dar un viso de probabilidad a sistemas imaginarios; pero en la realidad se adelanta poco o nada: las evoluciones que finge el observador, no se parecen a las de la naturaleza; y el verdadero filosofo debe examinar, no lo que en su concepto pudiera haber, sino lo que hay. Condillac animando progresivamente su estatua y haciendo dimanar de una sensacion todo el caudal de los conocimientos humanos, se parece a aquellos sacerdotes que se ocultaban dentro de la estatua del idolo y desde alli emitian sus oraculos. No es la estatua que se va animando lo que piensa y habla, es Condillac que esta dentro. Concedamosle al filosofo sensualista todo lo que quiera; dejemosle que arregle a su modo la dependencia respectiva de las sensaciones; todo se le desconcierta desde el momento en que le exigis que no discurra sino con sensaciones puras, por mas que las suponga transformadas. Pero reservemos estas cuestiones para el lugar en que examinaremos la naturaleza y el origen de las ideas. [62.] ?Por que estoy seguro de que la grata sensacion que experimento en el sentido del olfato procede de un objeto que se llama _rosa_? Porque asi me lo atestigua el recuerdo de mil otras ocasiones en que he experimentado la misma impresion, porque con el testimonio del olfato estan de acuerdo el tacto y la vista. Pero ?como puedo saber que estas sensaciones son algo mas que impresiones que recibe mi alma? ?por que no he de creer que viene de una causa cualquiera sin relacion a objetos externos? ?Sera porque dicen lo contrario los demas hombres? ?Me consta que existan? ?Y como saben ellos lo que me dicen? ?como se que los oigo bien? La misma dificultad que se ofrece con respeto a los otros sentidos existe en cuanto al oido; si dudo del testimonio de tres, ?por que no dudo del de cuatro? No adelanto pues nada con el raciocinio; este me conduciria a cavilaciones tales, que me exigirian una duda imposible, que me arrancarian una seguridad de que no puedo desprenderme por mas esfuerzos que haga. Ademas, si para apoyar la verdad de la sensacion apelo a los principios del raciocinio, ya salgo del terreno de las sensaciones, ya no pongo en estas la verdad primitiva origen de las otras, no cumplo lo que habia ofrecido. [63.] De lo dicho resulta: 1.º que no se encuentra una sensacion origen de la certeza de las otras, lo que me he contentado con indicarlo aqui, reservandome demostrarlo al tratar de las sensaciones; 2. deg. que aun cuando existiese esta sensacion, no bastaria a fundar nada en el orden intelectual, pues con las solas sensaciones no es posible ni aun pensar; 3.º que las sensaciones lejos de poder ser la basa de la ciencia trascendental, no sirven por si solas para establecer ninguna ciencia; pues de ellas, por ser hechos contingentes, no pueden dimanar las verdades necesarias (V). CAPITULO VI. CONTINUA LA DISCUSION SOBRE LA CIENCIA TRASCENDENTAL. INSUFICIENCIA DE LAS VERDADES REALES. [64.] Ha sido conveniente rebatir de paso el sistema de Condillac, no por su importancia intrinseca, ni porque no este ya bastante desacreditado, sino para dejar el campo libre a investigaciones mas elevadas, mas propiamente filosoficas. Es preciso no perder ocasion de indemnizar a la filosofia de los perjuicios que le irrogara un sistema tan vanidoso como esteril. Todo lo mas sublime de la ciencia del espiritu, desaparecia con el _hombre-estatua_, y las sensaciones transformadas; venguemos pues los derechos de la razon humana, manifestando que antes de entrar en las cuestiones mas trascendentales, le es indispensable descartar el sistema de Condillac; como para construir un buen camino se quita ante todo la broza que obstruye el paso. [65.] Vamos ahora a probar que en el orden intelectual humano, tal como es en esta vida, no existe ningun principio que sea fuente de todas las verdades; porque no hay ninguna verdad que las encierre todas. Las verdades son de dos clases: reales o ideales. Llamo verdades reales a los hechos, o lo que existe; llamo ideales el enlace necesario de las ideas. Una verdad real puede expresarse por el verbo _ser_ tomado sustantivamente, o al menos supone una proposicion en que el verbo se haya tomado en este sentido; una verdad ideal se expresa por el mismo verbo tomado copulativamente, en cuanto significa la relacion necesaria de un predicado con un sujeto, prescindiendo de la existencia de uno y de otro. _Yo soy_, esto es, _yo existo_, expresa una verdad real, un hecho. _Lo que piensa existe_; expresa una verdad ideal, pues no se afirma que haya quien piense ni quien exista, sino que si hay quien piensa, existe; o en otros terminos, se afirma una relacion necesaria entre el pensamiento y el ser. A las verdades reales corresponde el mundo real, el mundo de las existencias; a las ideales el mundo logico, el de la posibilidad. El verbo _ser_ se toma a veces copulativamente sin que la relacion que por el se expresa sea necesaria; asi sucede en todas las proposiciones contingentes, o cuando el predicado no pertenece a la esencia del sujeto. A veces la necesidad es condicional, es decir que supone un hecho; y en tal caso tampoco hay necesidad absoluta, pues el hecho supuesto es siempre contingente. Cuando hablo de las verdades ideales, me refiero a las que expresan una relacion absolutamente necesaria, prescindiendo de todo orden a la existencia; y por el contrario, comprendo entre las reales a todas las que suponen una proposicion en que se haya establecido un hecho. A esta clase pertenecen las de las ciencias naturales, por suponer todas algun hecho objeto de observacion. [66.] Ninguna verdad real finita puede ser origen de todas las demas. La verdad de esta clase es la expresion de un hecho particular, contingente; y que por lo mismo no puede encerrar en si ni las demas verdades reales, o sea el mundo de las existencias, ni tampoco las verdades ideales, que solo se refieren a las relaciones necesarias en el mundo de la posibilidad. [67.] Si nosotros viesemos intuitivamente la existencia infinita, causa de todas las demas, conoceriamos una verdad real, origen de las otras; pero como esta existencia infinita no la conocemos por intuicion, sino por discurso, resulta que no conocemos el hecho de la existencia en que se contiene la razon de todas las demas existencias. Despues que por el discurso nos hemos elevado a dicho conocimiento, tampoco nos es posible explicar desde aquel punto de vista la existencia de lo finito por sola la existencia de lo infinito; porque si prescindimos de la existencia de lo finito, desaparece el discurso por el cual nos habiamos elevado hasta el conocimiento de lo infinito, y por consiguiente se hunde todo el edificio de nuestra ciencia. Dad a un hombre por medio del discurso la demostracion de la existencia de Dios, y pedidle que prescindiendo del punto de partida, y fijandose solo en la idea de lo infinito explique la creacion, no solo en su posibilidad sino en su realidad, no lo podra verificar. Con solo prescindir de lo finito se hunde todo su discurso, sin que ningun esfuerzo sea bastante a evitarlo; se halla en el caso de un arquitecto a quien, habiendo construido una soberbia cupula, se le exigiese que la sostuviera, quitando el cimiento al edificio. [68.] Tomese una verdad real cualquiera, el hecho mas seguro, mas cierto para nosotros; nada se puede sacar de el si no se le fecunda con verdades ideales. Yo existo, yo pienso, yo siento. He aqui hechos indudables; pero ?que puede deducir de ellos la ciencia? nada: son hechos particulares, contingentes, cuya existencia o no existencia, no afecta a los demas hechos ni alcanza al mundo de las ideas. Estas verdades son de puro sentimiento; en si solas nada tienen que ver con el orden cientifico, y solo se elevan hasta el, cuando se las combina con verdades ideales. Descartes, al consignar el hecho del pensamiento y de la existencia, pasaba sin advertirlo, del orden real al orden ideal, forzado por su proposito de levantar el edificio cientifico. _Yo pienso_, decia; si se hubiese limitado a esto, se habria reducido su filosofia a una simple intuicion de su conciencia; pero queria hacer algo mas, queria discurrir, y por necesidad echaba mano de una verdad ideal: _Lo que piensa existe_. Asi fecundaba el hecho individual, contingente, con la verdad universal y necesaria; y como habia menester una regla para conducirse en adelante, la buscaba en la legitimidad de la evidencia de las ideas. Por donde se echa de ver como este filosofo, que con tanto afan buscaba la unidad, se encontraba desde luego con la triplicidad: _un hecho, una verdad objetiva, un criterio_. Un hecho en la conciencia del _yo_; una verdad objetiva en la relacion necesaria del pensamiento con la existencia; un criterio, en la legitimidad de la evidencia de las ideas. Se puede desafiar a todos los filosofos del mundo a que discurran sobre un hecho cualquiera sin el auxilio de las verdades ideales. La esterilidad que hemos encontrado en el hecho de la _conciencia_, se hallara en todos los demas. Esto no es una conjetura, es una demostracion rigurosa. Solo una existencia contiene la razon de todas las demas; en no conociendola pues de una manera inmediata, intuitiva, nos es imposible encontrar una verdad real origen de todas las otras. [69.] Aun suponiendo que en el orden de la creacion hubiese un hecho primitivo de tal naturaleza que todo el universo no fuera mas que un simple desarrollo suyo, tampoco habriamos encontrado la verdad real, fuente de toda ciencia; pues con esto nada adelantariamos con respecto al mundo de la posibilidad, es decir, al orden ideal, infinitamente mayor que el de las existencias infinitas. Supongamos que el progreso de las ciencias naturales conduzca al descubrimiento de una ley simple, unica, que presida al desarrollo de todas las demas, y cuya aplicacion, variada segun las circunstancias, sea suficiente para dar razon de todos los fenomenos que ahora se reducen a muchas y muy complicadas. Este seria sin duda un adelanto inmenso en las ciencias que tienen por objeto el mundo visible; ?pero que sabriamos por esto del mundo de las inteligencias? ?que del mundo de la posibilidad? (VI). CAPITULO VII. ESTERILIDAD DE LA FILOSOFIA DEL _yo_ PARA PRODUCIR LA CIENCIA TRASCENDENTAL. [70.] El testimonio de la conciencia es seguro, irresistible, pero nada tiene que ver con el de la evidencia. Aquel tiene por objeto un hecho particular y contingente, este una verdad necesaria. Que yo pienso ahora, es absolutamente cierto para mi; pero este pensar mio no es una verdad necesaria sino muy contingente, ya que podia muy bien suceder que jamas hubiese pensado ni existido; es un hecho puramente individual, pues no sale de mi, y su existencia y no existencia en nada afecta las verdades universales. La conciencia es un ancora no un faro; basta para evitar el naufragio de la inteligencia, no para indicarle el derrotero. En los asaltos de la duda universal, ahi esta la conciencia que no deja perecer; pero si le pedis que os dirija, os presenta hechos particulares, nada mas. Estos hechos no tienen un valor cientifico sino cuando se objetivan, permitaseme la expresion; o bien cuando reflexionando sobre ellos el espiritu, los bana con la luz de las verdades necesarias. Yo pienso; yo siento; yo soy libre; he aqui hechos; pero ?que sacais de ellos por si solos? nada. Para fecundarlos es necesario que los tomeis como una especie de materia de las ideas universales. El pensamiento se inmoviliza, se hiela, si no le haceis andar con el impulso de estas ideas; la sensacion os es comun con los brutos; y la libertad carece de objeto, de vida, si no hay combinacion de motivos presentados por la razon. [71.] Aqui se encuentra la causa de la oscuridad y esterilidad de la filosofia alemana, desde Fichte. Kant, se fijaba en el sujeto, pero sin destruir la objetividad en el mundo interior; y por esto su filosofia, si bien contiene muchos errores, ofrece al entendimiento algunos puntos luminosos; pero fue mas alla, se coloco en el _yo_, no sirviendose de la objetividad sino en cuanto le era necesaria para establecerse mas hondamente en un simple hecho de conciencia; asi no encontro mas que regiones tenebrosas o contradicciones. La inteligencia de hombres de talento se ha fatigado en vano para hacer brotar un rayo de luz de un punto condenado a la oscuridad. El _yo_ se manifiesta a si mismo por sus actos; y para ser concebido de si propio no disfruta de ningun privilegio sobre los seres distintos de el, sino el de presentar inmediatamente los hechos que pueden conducir a su conocimiento. ?Que sabria el alma de si misma, si no sintiera su pensamiento, su voluntad, y el ejercicio de todas sus facultades? ?Como discurre sobre su propia naturaleza sino fundandose en lo que le suministra el testimonio de sus actos? El _yo_ pues no es visto por si propio intuitivamente; no se ofrece a sus mismos ojos, sino mediantamente, esto es por sus propios actos; es decir que en cuanto a ser conocido, se halla en un caso semejante al de los seres externos, que lo son por los efectos que nos causan. El _yo_ considerando en si, no es un punto luminoso; es un sustentaculo para el edificio de la razon; mas no la regla para construirle. La verdadera luz se halla en la objetividad; pues en ella esta propiamente el blanco del conocimiento. El _yo_ no puede ni ser conocido, ni pensado de ninguna manera, sino en cuanto se toma a si mismo por objeto, y por consiguiente en cuanto se coloca en la linea de los demas seres, para sujetarse a la actividad intelectual que solo obra en fuerza de las verdades objetivas. [72.] La inteligencia no se concibe sin objetos al menos internos; y estos objetos seran esteriles, si el entendimiento no concibe en ellos relaciones y por consiguiente verdades. Estas verdades, no tendran ningun enlace, seran hechos sueltos, si no entranan alguna necesidad; y aun las relaciones que se refieran a hechos particulares suministrados por la experiencia, no seran susceptibles de ninguna combinacion, si al menos condicionalmente, no incluyen algo de necesario. El brillo de la luz en el aposento en que escribo es en si un hecho particular y contingente; y la ciencia como tal, no puede ocuparse de el, sino sujetando el movimiento de la luz a leyes geometricas, es decir a verdades necesarias. Luego el _yo_ en si mismo, como sujeto, no es punto de partida para la ciencia, aunque sea un punto de apoyo. Lo individual no sirve para lo universal, ni lo contingente para lo necesario. La ciencia del individuo A, es cierto que no existiria si el individuo A no existiese; pero esta ciencia que necesita del _yo_ individual, no es la ciencia propiamente dicha, sino el conjunto de actos individuales con que el individuo percibe la ciencia. Mas lo percibido no es esto; lo percibido es comun a todas las inteligencias; no necesita de este o aquel individuo; el fondo de verdades que constituyen la ciencia no ha nacido de aquel conjunto de actos individuales, hechos contingentes que se pierden cual gotas imperceptibles en el oceano de la inteligencias. ?Como se quiere pues fundar la ciencia sobre el simple _yo_ subjetivo? ?Como de este _yo_ se quiere hacer brotar el objeto? El hecho de la conciencia nada tiene que ver con la ciencia, sino en cuanto ofrece hechos a los cuales se pueden aplicar los principios objetivos, universales, necesarios, independientes de toda individualidad finita, que constituyen el patrimonio de la razon humana, pero que no han menester la existencia de ningun hombre. [73.] Analicense cuanto se quiera los hechos de la conciencia, jamas se encontrara en ellos uno que pueda engendrar la luz cientifica. Aquel acto sera o una percepcion directa o refleja. Si es directa, su valor no es subjetivo sino objetivo; no es el acto lo que funda la ciencia, sino la verdad percibida, no el sujeto sino el objeto, no el _yo_ sino lo visto por el _yo_. Si el acto es reflejo, supone otro acto anterior, a saber, el objeto de la reflexion; no es pues aquel el primitivo sino este. La combinacion del acto directo con el reflejo, tampoco sirve para nada cientifico, sino en cuanto se somete a las verdades necesarias, objetivas, independientes del _yo_. ?Que es un acto individualmente considerado? un fenomeno interior. Y ?que nos ensena este fenomeno separado de las verdades objetivas? nada. El fenomeno representa algo en la ciencia, en cuanto es considerado bajo las ideas generales, de ser, de causa, de efecto, de principio o de producto de actividad, de modificacion, de sus relaciones con su sujeto que es el _substratum_ de otros actos semejantes; es decir cuando es considerado como un caso particular, comprendido en las ideas generales, como un fenomeno contingente, apreciable con el auxilio de las verdades necesarias, como un hecho esperimental, al cual se aplica una teoria. El acto reflejo no es mas que el conocimiento de un conocimiento, o sentimiento, o de algun fenomeno interior sea cual fuere; y asi toda reflexion sobre la conciencia presupone acto anterior directo. Este acto directo no tiene por objeto el _yo_; luego el conocimiento no tiene por principio fundamental el _yo_, sino como una condicion necesaria (pues no puede haber pensamiento sin sujeto pensante), mas no como objeto conocido. [74.] Estas consideraciones derriban por su cimiento el sistema de Fichte y de cuantos toman el _yo_ humano por punto de partida en la carrera de las ciencias. El _yo_ en si mismo, no se nos presenta; lo que conocemos de el lo sabemos por sus actos, y en esto participa de una calidad de los demas objetos, que no nos ofrecen inmediatamente su esencia sino lo que de ella emana, por la actividad con que obran sobre nosotros. De esta manera nos elevamos por raciocinio al conocimiento de las cosas mismas, guiados por las verdades objetivas y necesarias, que son la ley de nuestro entendimiento, el tipo de las relaciones de los seres, y por tanto una regla segura para juzgar de ellos. ?Que sabemos de nuestro espiritu? que es simple: ?y esto, como lo sabemos? porque piensa, y lo compuesto, lo multiplo, no puede pensar. He aqui como conocemos el _yo_. La conciencia nos manifiesta su actividad pensadora; esta es la materia suministrada por el hecho; pero luego viene el principio, la verdad objetiva, iluminando el hecho, mostrando la repugnancia entre el pensamiento y la composicion, el enlace necesario entre la simplicidad y la conciencia. Si bien se observa, este raciocinio se aplica no solo al _yo_, sino a todo ser que piense; y asi es que la misma demostracion la extendemos a todos; el _yo_ pues que la aplica no crea esta verdad, solo la conoce, y se conoce a si propio como un caso particular comprendido en la regla general. [75.] El pretender que del _yo_ subjetivo surja la verdad, es comenzar por suponer al _yo_ un ser absoluto, infinito, origen de todas las verdades, y razon de todos los seres: lo que equivale a comenzar la filosofia divinizando el entendimiento del hombre. Y como a esta divinizacion no tiene mas derecho un individuo que otro, el admitirla equivale a establecer el panteismo racional, que como veremos en su lugar, dista poco o nada del panteismo absoluto. Suponiendo que las razones individuales no son mas que fenomenos de la razon unica y absoluta; y que por tanto lo que llamamos espiritus, no son verdaderas substancias, sino simples modificaciones de un espiritu unico, y las conciencias particulares meras apariciones de la conciencia universal, se concibe por que se busca en el _yo_ la fuente de toda verdad, y se interroga a la conciencia propia como una especie de oraculo por el cual habla la conciencia universal. Pero la dificultad esta en que la suposicion es gratuita: y que tratandose de buscar la razon de todas las verdades, se principia por establecer la mas incomprensible y repugnante de las proposiciones. ?Quien es capaz de persuadirnos que nuestras conciencias no son mas que una modificacion de una tercera? ?Quien nos hara creer que eso que llamamos el _yo_, es comun a todos los hombres, a todos los seres inteligentes, y que no hay mas diferencia que la de modificaciones de un ser absoluto? Este ser absoluto, ?por que no tiene conciencia de todas las conciencias que comprende? ?Por que ignora lo que encierra en si, lo que le modifica? ?Por que se cree multiplo si es uno? ?Donde esta el lazo de tanta multiplicidad? ?Las conciencias particulares, tendran su unidad, su vinculo de todo lo que les acontece, a pesar de no ser mas que modificaciones; y este vinculo, esta unidad, faltaran a la substancia que ellas modifican? [76.] Como quiera, aun con la suposicion del panteismo, nada adelantan en sus pretensiones los amigos de la filosofia del _yo_. Con su panteismo, legitiman por decirlo asi su pretension, mas no logran lo que pretenden. Se llaman a si mismos dioses; y asi tienen razon en que en ellos esta la fuente de verdad; pero como en su conciencia no hay mas que una aparicion de su divinidad, una sola fase del astro luminoso, no pueden ver en ella otra cosa que lo que se les presenta; y su divinidad se encuentra sujeta a ciertas leyes que la imposibilitan para dar la luz que la filosofia le pide. [77.] Si interrogamos nuestra conciencia sobre las verdades necesarias, notaremos que lejos de pretender o fundarlas o crearlas, las conoce, las confiesa independientes de si misma. Pensemos en esta proposicion: "es imposible que a un mismo tiempo, una cosa sea y no sea" y preguntemonos si la verdad de ella nace de nuestro pensamiento; desde luego la conciencia misma responde que no. Antes de que mi conciencia existiera, la proposicion era verdad; si yo no existiese ahora, seria tambien verdad; cuando no pienso en ella, es tambien verdad; el _yo_ no es mas que un ojo que contempla el sol, pero que no es necesario para la existencia del sol. [78.] Otra consideracion hay que demuestra la esterilidad de toda filosofia que busque en el solo _yo_ el origen unico y universal de los conocimientos humanos. Todo conocimiento exige un objeto; el conocimiento puramente subjetivo es inconcebible; aun suponiendo identidad entre el sujeto y el objeto, se necesita la dualidad de relacion, real o concebida; es decir que el sujeto en cuanto conocido, este en cierta oposicion al menos concebida, con el mismo sujeto en cuanto conoce. Ahora bien; ?cual es el objeto en el acto primitivo que se busca? Es el _no yo_? Entonces la filosofia del _yo_ entra en el cauce de las demas filosofias: pues en este _no yo_ estan las verdades objetivas, ?Es el _yo_? Entonces preguntaremos, si es el _yo_ en si, o en sus actos; si es el _yo_ en sus actos, entonces la filosofia del _yo_ se reduce a un analisis ideologico, nada tiene de caracteristico; si es el _yo_ en si, diremos que este no es conocido intuitivamente; y que menos que nadie pueden pretender a esta intuicion, los que le llaman el _absoluto_. Para ellos mas que para los otros, es el _yo_ un abismo tenebroso. En vano os inclinais sobre este abismo y gritais para evocar la verdad; el sordo ruido que os llega a los oidos es el eco de vuestra voz misma, son vuestras palabras que la honda cavidad os devuelve mas ahuecadas y misteriosas. [79.] Entre estos filosofos que se pierden en vanas cavilaciones, descuella el autor de la _Doctrina de la ciencia_, Fichte, de cuyo sistema ha dicho con mucha gracia Madama de Stael, que se parece algun tanto al dispertar de la estatua de Pigmalion, que tocandose alternativamente a si misma y a la piedra sobre que esta sentada, dice: soy yo, no soy yo. Fichte comienza su obra titulada _Doctrina de la ciencia_, diciendo que se propone buscar el principio mas absoluto, el principio absolutamente incondicional de todo conocimiento humano. He aqui un metodo erroneo; se comienza por suponer lo que se ignora, la unidad del principio, y ni aun se sospecha que en la basa del conocimiento humano puede haber una verdadera multiplicidad. Yo creo que la puede haber y la hay en efecto, que las fuentes de nuestro conocimiento son varias, de ordenes diversos, y que no es posible llegar a la unidad, sino saliendose del hombre y remontandose a Dios. Lo repito, hay aqui una equivocacion en que se ha incurrido con demasiada generalidad, resultando de ella el fatigar inutilmente los espiritus investigadores, y arrojarlos a sistemas extravagantes. Pocos filosofos habran hecho un esfuerzo mayor que Fichte para llegar a este principio absoluto. ?Y que consiguio? Lo dire francamente; nada: o repite el principio de Descartes, o se entretiene en un juego de palabras. Lastima da el verle forcejar con tal ahinco y con tan poco resultado. Ruego al lector que tenga paciencia para seguirme en el examen de la doctrina del filosofo aleman, no con la esperanza de adquirir una luz que le guie en los senderos de la filosofia, sino para poder juzgar con conocimiento de causa, doctrinas que tanto ruido meten en el mundo. "Si este principio, dice Fichte, es verdaderamente el mas absoluto, no podra ser ni definido ni demostrado. Debera expresar el acto que no se presenta ni puede presentarse entre las determinaciones empiricas de nuestra conciencia; por el contrario, sobre el descansa toda conciencia, y solo el la hace posible (1. deg. parte Sec. 1.)." Sin ningun antecedente, sin ninguna razon, sin tomarse siquiera la pena de indicar en que se funda, asegura Fichte que el primer principio debera expresar un acto. ?Por que no podria ser una verdad objetiva? esto merecia cuando menos algun examen, ya que todas las escuelas anteriores, incluso la de Descartes, no habian colocado el primer principio entre los actos, sino entre las verdades objetivas. El mismo Descartes al consignar el hecho del pensamiento y de la existencia, echa mano de una verdad objetiva. "Lo que piensa existe" o en otros terminos: "Lo que no existe, no puede pensar." [80.] La observacion que precede, senala uno de los vicios radicales de la doctrina de Fichte y otros filosofos alemanes, que dan a la filosofia subjetiva, o del sujeto, una importancia que no merece. Ellos acusan a los demas de hacer con demasiada facilidad la transicion del sujeto al objeto, y olvidan que al propio tiempo ellos pasan del pensamiento objetivo al sujeto puro, sin ninguna razon ni titulo que los autorice. Ateniendonos al citado pasaje de Fichte, ?que sera un acto que no se presenta, ni se puede presentar entre las determinaciones empiricas de nuestra conciencia? El principio buscado, por ser absoluto, no se exime de ser conocido, pues si no lo conocemos, mal podremos afirmar que es absoluto; y si no se presenta ni se puede presentar entre las determinaciones empiricas de nuestra conciencia, ni es, ni puede ser conocido. El hombre no conoce lo que no se presenta en su conciencia. El principio absoluto en que toda conciencia descansa y que la hace posible, pertenece o no a la conciencia. Si lo primero, sufre todas las dificultades que afectan a los demas actos de la conciencia; si lo segundo, no puede ser objeto de observacion, y por consiguiente nada sabemos de el. Para llegar al acto primitivo, separando del mismo todo lo que no le pertenece realmente, confiesa Fichte que es necesario suponer valederas las reglas de toda reflexion, y partir de una proposicion cualquiera de las muchas que se podrian escoger entre aquellas que todo el mundo concede sin ningun reparo. "Concediendosenos esta proposicion, dice, se nos debe conceder al mismo tiempo como acto, lo que queremos poner como principio de la ciencia del conocimiento; y el resultado de la reflexion debe ser que este acto nos sea concedido como principio, junto con la proposicion. Ponemos un hecho cualquiera de la conciencia empirica, y quitamos de el una tras otra todas las determinaciones empiricas, hasta que se reduzca a toda su pureza, sin contener mas que lo que el pensamiento no puede absolutamente excluir y de lo que nada puede quitar; (ibid.)." Se ve por estas palabras que el filosofo aleman se proponia elevarse a un acto de conciencia enteramente puro, sin ninguna determinacion. Esto es imposible: o Fichte toma el acto en un sentido muy lato, entendiendo por el el _substratum_ de toda conciencia, en cuyo caso no hace mas que expresar en otros terminos la idea de substancia; o habla de un acto propiamente dicho, esto es, de un ejercicio cualquiera de esa actividad, de esa espontaneidad que sentimos dentro de nosotros; y en este concepto el acto de conciencia no puede estar libre de toda determinacion so pena de destruir su individualidad y su existencia. No se piensa sin pensar algo; no se quiere sin querer algo; no se siente sin sentir algo; no se reflexiona sobre los actos internos, sin que la reflexion se fije en algo. En todo acto de conciencia hay determinacion: un acto del todo puro, abstraido de todo, enteramente indeterminado, es imposible, absolutamente imposible; ya subjetivamente, porque el acto de conciencia aun considerado en el sujeto, exige una determinacion; ya objetivamente, porque un acto semejante es inconcebible como individual, y por tanto como existente, pues que nada determinado ofrece al espiritu. [81.] El acto indeterminado de Fichte no es mas que la idea de acto en general; el filosofo aleman creyo haber hecho un gran descubrimiento cuando en el fondo no concebia otra cosa que el principio de los actos, es decir la idea de la substancia aplicada a ese ser activo cuya existencia nos atestigua la conciencia misma. Si he de decir ingenuamente lo que pienso, seame permitido manifestar que en mi concepto Fichte con todo el alambicar de su analisis, no ha hecho adelantar un solo paso a la filosofia en la investigacion del primer principio. Por lo dicho hasta aqui se echa de ver que es muy facil detenerle con solo pedirle cuenta de las suposiciones que hace desde la primera pagina de su libro. Sin embargo, para proceder en la impugnacion con cumplida lealtad, no quiero extractar sus ideas, sino dejarle que las explique el mismo. "Todo el mundo concede la proposicion: A es A, asi como que A = A, porque esto es lo que significa la copula logica, y esto es admitido sin reflexion alguna como completamente cierto. Si alguno pidiese la demostracion, nadie pensaria en darsela sino que se sostendria que esta proposicion es cierta absolutamente, es decir, sin razon alguna mas desarrollada. Procediendo asi incontestablemente con el asentimiento general, nos atribuimos el derecho de poner alguna cosa absolutamente." "Al afirmar que la proposicion precedente es cierta en si, no se pone la existencia de A. La proposicion A es A, no equivale a esta A es, o hay un A. (_Ser,_ puesto sin predicado, tiene un significado muy distinto de _ser_ con predicado, segun veremos despues). Si se admite que A designa un espacio comprendido entre dos rectas, la proposicion permanece exacta, aun cuando en este caso la proposicion A es, sea de una falsedad evidente. Lo que se pone es, que si A es, A es asi. La cuestion no esta en si A es o no; se trata aqui no del contenido de la proposicion, sino unicamente de su forma; no de un objeto del cual se sepa algo, sino de lo que se sabe de todo objeto sea el que fuere." "De la certeza absoluta de la proposicion precedente resulta que entre el _si_ y el _asi_ hay una relacion necesaria: ella es la que esta puesta absolutamente y sin otro fundamento; a esta relacion necesaria la llamo previsoriamente X." Todo este aparato de analisis no significa mas de lo que sabe un estudiante de logica; esto es, que en toda proposicion la copula, o el verbo _ser_, no significa la existencia del sujeto, sino su relacion con el predicado; para decirnos una cosa tan sencilla no eran necesarias tantas palabras, ni tan afectados esfuerzos de entendimiento, mucho menos tratandose de una proposicion identica. Pero tengamos paciencia para continuar oyendo al filosofo aleman. "?Este A es o no es? nada hay decidido todavia sobre el particular; se presenta pues la siguiente cuestion, bajo que condicion A es? "En cuanto a X ella esta en el _yo_ y es puesta por el _yo_; porque el _yo_ es quien juzga en la proposicion expresada y hasta juzga con verdad, con arreglo a X como una ley; por consiguiente X es dada al _yo_; y siendo puesta absolutamente y sin otro fundamento, debe ser dada al _yo_ por el _yo_ mismo." [82.] A que se reduce toda esa algarabia? helo aqui traducido al lenguaje comun; en las proposiciones de identidad o igualdad, hay una relacion, el espiritu la conoce, la juzga y falla sobre lo demas con arreglo a ella. Esta relacion es dada a nuestro espiritu, en las proposiciones identicas no necesitamos de ninguna prueba para el asenso. Todo esto es muy verdadero, muy claro, muy sencillo; pero cuando Fichte anade que esta relacion debe ser dada al _yo_ por el mismo _yo_, afirma lo que no sabe ni puede saber. ?Quien le ha dicho que las verdades objetivas nos vienen de nosotros mismos? ?tan ligeramente, de una sola plumada, se resuelve una de las principales cuestiones de la filosofia, cual es la del origen de la verdad? nos ha definido por ventura el _yo_? nos ha dado de el alguna idea? Sus palabras o no significan nada o expresan lo siguiente. Juzgo de una relacion; este juicio esta en mi; esta relacion como conocida, y prescindiendo de su existencia real, esta en mi; todo lo cual se reduce a lo mismo que con mas sencillez y naturalidad dijo Descartes: "Yo pienso, luego existo." [83.] Examinando detenidamente las palabras de Fichte se ve con toda claridad que nada mas adelantaba sobre lo dicho por el filosofo frances. "No sabemos, continua, si A esta puesto, ni como lo es; pero debiendo X expresar una relacion entre un poner desconocido de A y un poner absoluto del mismo A, en tanto por lo menos que la relacion es puesta, A existe en el _yo_, y esta puesto por el _yo_, lo mismo que X. X no es posible sino relativamente a un A; es asi que X es realmente puesta en el _yo_; luego A debe estar puesto en el _yo_, si en el se encuentra la X." iQue lenguaje mas embrollado y misterioso para decir cosas muy comunes! icuan grande parece Descartes al lado de Fichte! Ambos comienzan su filosofia por el hecho de conciencia que revela la existencia. El uno expresa lo que piensa con claridad, con sencillez, en un lenguaje que todo el mundo entiende y no puede menos de entender; y el otro para hacer como que inventa, para no manifestarse discipulo de nadie, se envuelve en una nube misteriosa, rodeada de tinieblas, y desde alli con voz ahuecada pronuncia sus oraculos. Descartes dice: "yo pienso, de esto no puedo dudar, es un hecho que me atestigua mi sentido intimo; nada puede pensar sin existir; luego yo existo." Esto es claro, es sencillo, ingenuo, esto manifiesta un verdadero filosofo, un hombre sin afectacion ni pretensiones. El otro dice: "deseme una proposicion cualquiera, por ejemplo A es A" explica en seguida que en las proposiciones el verbo ser no expresa la existencia absoluta del sujeto, sino su relacion con el predicado; todo con un aparato de doctrina, que cansa por su forma y hace reir por su esterilidad; ?y para que? para decirnos que A esta en el _yo_ porque la relacion del predicado con el sujeto o sea la X, no es posible sino en un ser, pues que A significa un ser cualquiera. Pongamos en parangon los dos silogismos. Descartes dice: "nada puede pensar sin existir, es asi que yo pienso, luego existo." Fichte dice literalmente lo que sigue: "X no es posible sino relativamente a un A; es asi que X es realmente puesto en el _yo_; luego A debe estar puesto en el _yo_." ?Cual es en el fondo la diferencia? ninguna, ?Cual es en la forma? la que va del lenguaje de un hombre sencillo a un hombre vano. Repito que en el fondo los silogismos no son diferentes. La mayor de Descartes es: "nada puede pensar sin existir." No la prueba, y confiesa que no se puede probar. La mayor de Fichte es: "X no es posible sino relativamente a un A" o en otros terminos: una relacion de un predicado con un sujeto, en cuanto conocida, no es posible sin un ser que conozca. "Debiendo X expresar una relacion entre un _poner_ desconocido de A, y un _poner_ absoluto del mismo A, en tanto por lo menos que _esta relacion es puesta_" es decir en tanto que es conocida. ?Y como prueba Fichte que un _poner_ relativo, supone un _poner_ absoluto, esto es, un sujeto en que se _ponga_? Lo mismo que Descartes: de ninguna manera. No hay A relativo, si no le hay absoluto; nada puede pensar sin existir; esto es claro, es evidente, y ni Descartes ni Fichte van mas alla. La menor de Descartes es esta: yo pienso; la prueba de esta menor no la da el filosofo, se refiere al sentido intimo y de alli confiesa que no puede pasar. La menor de Fichte, es la siguiente: X es realmente puesta en el _yo_, lo que equivale a decir, la relacion del predicado con el sujeto es realmente conocida por el _yo_; y como la proposicion podia ser escogida a arbitrio segun el mismo Fichte, siendo indiferente la una o la otra, decir la relacion del predicado con el sujeto es conocida por el _yo_, es lo mismo que decir una relacion cualquiera es conocida por el _yo_, lo que podia expresarse en terminos mas claros: _yo_ pienso. [84.] Y notese bien; si hay aqui alguna diferencia, toda la ventaja esta de parte del filosofo frances. Descartes entiende por pensamiento todo fenomeno interno de que tenemos conciencia. Para consignar este hecho, no necesita analizar proposiciones, ni confundir el entendimiento, cuando cabalmente es menester mas claridad y precision. Para llegar al mismo hecho Fichte da largos rodeos, Descartes lo senala con el dedo, y dice: aqui esta. Lo primero es propio del sofista, lo segundo del genio. Estas formas del filosofo aleman aunque poco a proposito para ilustrar la ciencia, no tendrian otro inconveniente que el de fatigar al lector, si se las limitase a lo que hemos visto hasta aqui; pero desgraciadamente, ese _yo_ misterioso que se nos hace aparecer en el vestibulo mismo de la ciencia, y que a los ojos de la sana razon, no es ni puede ser otra cosa que lo que fue para Descartes, a saber, el espiritu humano que conoce su existencia por su propio pensamiento, va dilatandose en manos de Fichte como una sombra gigantesca, que comenzando por un punto acaba por ocultar su cabeza en el cielo y sus pies en el abismo. Ese _yo_ sujeto absoluto, es luego un ser que existe simplemente porque se pone a si mismo; es un ser que se crea a si propio, que lo absorbe todo, que lo es todo, que se revela en la conciencia humana como en una de las infinitas fases que comparten la existencia infinita. Basta la presente indicacion para dar a conocer las tendencias del sistema de Fichte. Tratandose de la certeza y de sus fundamentos no seria oportuno adelantar lo que pienso decir largamente en el lugar que corresponde, al exponer la idea de sustancia y refutar el panteismo. Este es uno de los graves errores de la filosofia de nuestra epoca; en todas partes, y bajo todos los aspectos, es menester combatirle; y para hacerlo con fruto conviene detenerle en sus primeros pasos. Por esto, he examinado con detencion la reflexion fundamental de Fichte en su _Doctrina de la ciencia_; despojandola de la importancia que el filosofo pretende atribuirle para establecer sobre ella una ciencia trascendental, pues que se lisonjea de poder determinar el principio absolutamente incondicional de todos los conocimientos humanos (VII). CAPITULO VIII. LA IDENTIDAD UNIVERSAL. [85.] Para dar unidad a la ciencia apelan algunos a la identidad universal; pero esto no es encontrar la unidad, sino refugiarse en el caos. Por de pronto la identidad universal, cuando no fuese absurda, es una hipotesis destituida de fundamento. Excepto la unidad de la conciencia, nada encontramos en nosotros que sea uno: muchedumbre de ideas, de percepciones, de juicios, de actos de voluntad, de impresiones las mas varias; esto es lo que sentimos en nosotros; multitud en los seres que nos rodean o si se quiere en las apariencias; esto es lo que experimentamos con relacion a los objetos externos. ?Donde estan pues la unidad y la identidad, si no se las encuentra ni en nosotros, ni fuera de nosotros? [86.] Si se dice que todo cuanto se nos ofrece no son mas que fenomenos, y que no alcanzamos a la realidad, a la unidad identica y absoluta que se oculta debajo de ellos, se puede replicar con el siguiente dilema: o nuestra experiencia se limita a los fenomenos, o llega a la naturaleza misma de las cosas; si lo primero, no podemos saber lo que bajo los fenomenos se esconde, y la unidad identica y absoluta nos sera desconocida; si lo segundo, luego la naturaleza no es una sino multipla, pues que encontramos por todas partes la multiplicidad. [87.] Es curioso observar la ligereza con que hombres escepticos en las cosas mas sencillas, se convierten de repente en dogmaticos, precisamente al llegar al punto donde mas motivos se ofrecen de duda. Para ellos el mundo exterior es o una pura apariencia, o un ser que nada tiene de semejante a lo que se figura el linaje humano; el criterio de la evidencia, el del sentido comun, el del testimonio de los sentidos son de escasa importancia para obligar al asenso; solo el vulgo debe contentarse con fundamentos tan ligeros: el filosofo necesita otros mucho mas robustos. Pero, icosa singular! el mismo filosofo que llamaba a la realidad apariencia enganosa, que veia oscuro lo que el humano linaje considera claro, tan pronto como sale del mundo fenomenal y llega a las regiones de lo absoluto, se encuentra alumbrado por un resplandor misterioso, no necesita discurrir, sino que por una intuicion purisima ve lo incondicional, lo infinito, lo unico, en que se refunde todo lo multiplo, la gran realidad cimiento de todos los fenomenos, el gran todo que en su seno tiene la variedad de todas las existencias, que lo reasume todo, que lo absorbe todo en la mas perfecta identidad; fija la mirada del filosofo en aquel foco de luz y de vida, ve desarrollarse como en inmensas oleadas el pielago de la existencia, y asi explica lo vario por lo uno, lo compuesto por lo simple, lo finito por lo infinito. Para estos prodigios no ha menester salir de si propio, le basta ir destruyendo todo lo _empirico_, remontarse hasta el acto puro, por senderos misteriosos a todos desconocidos menos a el. Ese _yo_ que se creyera una existencia fugaz, dependiente de otra existencia superior, se asombra al descubrirse tan grande; en si encuentra el origen de todos los seres, o por mejor decir el ser unico del cual todos los demas son modificaciones fenomenales; el es el universo mismo que por un desarrollo gradual ha llegado a tener conciencia de si propio; todo lo que contempla fuera de si y que a primera vista le parece distinto, no es mas que el mismo, no es mas que un reflejo de si propio, que se presenta a sus ojos y se desenvuelve bajo mil formas como un soberbio panorama. ?Creeran los lectores que finjo un sistema para tener el gusto de combatirle? nada de eso: la doctrina que se acaba de exponer es la doctrina de Schelling. [88.] Una de las causas de este error es la oscuridad del problema del conocimiento. El conocer es una accion inmanente y al propio tiempo relativa a un objeto externo, exceptuando los casos en que el ser inteligente se toma por objeto a si propio con un acto reflejo. Para conocer una verdad sea la que fuere, el espiritu no sale de si mismo; su accion no se ejerce fuera de si mismo: la conciencia intima le esta diciendo que permanece en si y que su actividad se desenvuelve dentro de si. Esta accion inmanente se extiende a los objetos mas distantes en lugar y tiempo y diferentes en naturaleza. ?Como puede el espiritu ponerse en contacto con ellos? ?Como puede explicarse que esten conformes la realidad y la representacion? Sin esta ultima no hay conocimiento; sin conformidad no hay verdad, el conocimiento es una pura ilusion a que nada corresponde, y el entendimiento humano es continuo juguete de vanas apariencias. No puede negarse que hay en este problema dificultades gravisimas, quizas insuperables a la ciencia del hombre mientras vive sobre la tierra. Aqui se ofrecen todas las cuestiones ideologicas y psicologicas que han ocupado a los metafisicos mas eminentes. Pero como quiera que no es mi animo adelantar discusiones que pertenecen a otro lugar, me limitare al punto de vista indicado por la cuestion que examino sobre la certeza y su principio fundamental. [89.] Que existe la representacion es un hecho atestiguado por el sentido intimo; sin ella no hay pensamiento; y la afirmacion _yo pienso_, es, si no el origen de toda filosofia, al menos su condicion indispensable. [90.] ?De donde viene la representacion? ?como se explica que un ser se ponga en tal comunicacion con los demas, y no por una accion transitiva sino inminente? ?como se explica la conformidad entre la representacion y los objetos? Este misterio, ?no esta indicando que en el fondo de todas las cosas hay unidad, identidad, que el ser que conoce es el mismo ser conocido que se aparece a si propio bajo distinta forma, y que todo lo que llamamos realidades no son mas que fenomenos de un mismo ser siempre identico, infinitamente activo, que desenvuelve sus fuerzas en sentidos varios, constituyendo con su desarrollo ese conjunto que llamamos universo? No: no es asi, no puede ser asi, esto es un absurdo que la razon mas estraviada no alcanza a devorar; este es un recurso tan desesperado como impotente para explicar un misterio si se quiere, pero mil veces menos oscuro que el sistema con que se le pretende aclarar. [91.] La identidad universal nada explica, mas bien confunde; no disipa la dificultad, la robustece, la hace insoluble. Es cierto que no es facil dar razon del modo con que se ofrece al espiritu la representacion de cosas distintas de el; pero no es mas facil el darla de como el espiritu puede tener representacion de si propio. Si hay unidad, si hay completa identidad, entre el sujeto y el objeto, ?como es que los dos se nos ofrecen cual cosas distintas? de la unidad ?como sale esta dualidad? de la identidad ?como puede nacer la diversidad? Es un hecho atestiguado por la experiencia, y no por la experiencia de los objetos exteriores, sino por la del sentido intimo, por lo mas recondito de nuestra alma, que en todo conocimiento hay sujeto y objeto, percepcion y cosa percibida, y sin esta diferencia no es posible el conocimiento. Aun cuando por un esfuerzo de reflexion nos tomamos por objetos a nosotros mismos, la dualidad aparece; si no existe la fingimos, pues sin esta ficcion no alcanzamos a pensar. [92.] Si bien se observa, aun en la reflexion mas intima y concentrada, la dualidad se halla, no por ficcion como a primera vista pudiera parecer, sino realmente. Cuando la inteligencia se vuelve sobre si misma, no ve su esencia, pues no le es dada la intuicion directa de si propia; lo que ve son sus actos, y a estos toma por objeto. Ahora bien; el acto reflexivo no es el mismo acto reflexionado; cuando pienso que pienso, el primer pensar es distinto del segundo, y tan distinto, que el uno sucede al otro, no pudiendo existir el pensar reflexivo, sin que antes haya existido el pensar reflexionado. [93.] Un profundo analisis de la reflexion confirma lo que se acaba de explicar. ?Es posible reflexionar sin objeto reflexionado? Es evidente que no. ?Cual es este objeto en el caso que nos ocupa? El pensamiento propio; luego este pensamiento ha debido preexistir a la reflexion. Si se supone que no hay necesidad de que se sucedan en diferentes instantes de tiempo, y que la dependencia se salva a pesar de la simultaneidad, todavia queda en pie la fuerza del argumento; dado y no concedido que lo simultaneidad sea posible, no lo es al menos la dependencia, si no hay distincion. La dependencia es una relacion; la relacion supone oposicion de extremos; y esta oposicion trae consigo la distincion. [94.] Que estos actos son distintos, aun cuando se supongan simultaneos, se puede demostrar todavia de otra manera. Uno de ellos, el reflexionado, puede existir sin el reflexivo. Se piensa continuamente sin pensar en que se piensa; y de toda reflexion sea la que fuere, se puede verificar lo mismo, ya sea no presentandose ella para ocuparse del acto pensado, ya desapareciendo y dejando solo al acto directo: luego estos actos son no solo distintos sino separables; luego la dualidad de sujeto y de objeto existe no solo con respecto al mundo exterior, sino en lo mas intimo, en lo mas puro de nuestra alma. [95.] No vale decir que la reflexion no tiene por objeto un acto determinado, sino el pensamiento en general. Esto es falso en muchos casos, pues no solo pensamos que pensamos, sino que pensamos una cosa determinada. Ademas, aun cuando la reflexion tenga por objeto algunas veces el pensamiento en general, ni aun entonces la dualidad desaparece: el acto subjetivo es en tal caso un acto individual, que existe en determinado instante de tiempo, y su objeto es el pensamiento en general, es decir, una idea representante de todo pensamiento, una idea que envuelve una especie de recuerdo confuso de todos los actos pasados, o de eso que se llama actividad, fuerza intelectual. La dualidad existe pues, mas evidente si cabe, que cuando el objeto es un pensamiento determinado. En un caso se comparaban al menos dos actos individuales; mas en este se compara un acto individual con una idea abstracta, una cosa que existe en un instante de tiempo, con una idea que o prescinde de el, o abarca confusamente todo el trascurrido desde la epoca en que ha comenzado la conciencia del ser que reflexiona. [96.] Estas razones tienen mucha mas fuerza dirigiendose contra filosofos que ponen la esencia del espiritu, no en la fuerza de pensar, sino en el pensamiento mismo, que no dan al _yo_ mas existencia de la que nace de su propio conocimiento, afirmando que solo existe porque se _pone_ a si mismo conociendose, y que solo existe en cuanto se _pone_, es decir, en cuanto se conoce. Con este sistema no solo existe la dualidad o mas bien la pluralidad en los actos, sino en el mismo _yo_; porque ese _yo_ es un acto, y los actos se suceden como una serie de fluxiones desenvueltas hasta lo infinito. Asi, lejos de salvarse la unidad absoluta, ni la identidad entre el sujeto y el objeto, se establece la pluralidad y multiplicidad en el sujeto mismo; y la misma unidad de conciencia, en peligro de ser rasgada por las cavilaciones filosoficas, tiene que guarecerse a la sombra de la invencible naturaleza. [97.] Queda probado pues de una manera incontestable, que hay en nosotros una dualidad primitiva entre el sujeto y el objeto; que sin esta no se concibe el conocimiento; y que la representacion misma es una palabra contradictoria, si de un modo u otro no se admiten en los arcanos de la inteligencia cosas realmente distintas. Permitaseme recordar que de esta distincion hallamos un tipo sublime en el augusto misterio de la Trinidad, dogma fundamental de nuestra sacrosanta religion, cubierto con un velo impenetrable, pero de donde salen torrentes de luz para ilustrar las cuestiones filosoficas mas profundas. Este misterio no es explicado por el debil hombre; pero es para el hombre una explicacion sublime. Asi Platon se apodero de las vislumbres de aquel arcano como de un tesoro de inmenso valor para las teorias filosoficas; asi los santos padres y los teologos al esforzarse por aclararle con algunas razones de congruencia, han ilustrado los mas reconditos misterios del pensamiento humano. [98.] Los sostenedores de la identidad universal a mas de contradecir uno de los hechos primitivos y fundamentales de la conciencia, no adelantan nada para explicar ni el origen de la representacion intelectual, ni su conformidad con los objetos. Es evidente que ningun hombre posee la intuicion de la naturaleza del _yo_ individual, y mucho menos del ser absoluto que estos filosofos suponen como el _substratum_, de todo lo que existe o aparece. Sin esta intuicion, no les sera posible explicar _a priori_ la representacion de los objetos, ni tampoco la conformidad de estos con aquella. El hecho pues en que se quiere cimentar toda la filosofia, o no existe, o nos es desconocido, en ambos casos no puede servir para fundar un sistema. Si este hecho existiese no se podria presentar a nuestro entendimiento por medio de una enunciacion a que llegasemos por raciocinio. Ha de ser mas bien visto que conocido; o ha de ocupar el primer lugar o ninguno. Si empezamos por raciocinar sin tomarle a el por fundamento, estribamos en lo aparente para llegar a lo verdadero; nos valemos de la ilusion para alcanzar la realidad. Asi resulta evidentemente del sistema de nuestros adversarios, que, o la filosofia debe comenzar por la intuicion mas poderosa que imaginarse pueda, o no le es dable adelantar un paso. [99.] Las escuelas distinguian entre el principio de ser y el de conocer, _principium essendi et principium cognoscendi_; mas esta distincion no tiene cabida en el sistema filosofico que impugnamos; el ser se confunde con el conocer; lo que existe, existe porque se conoce, y solo existe en cuanto se conoce. Deducir la serie de los conocimientos es desenvolver la serie de la existencia. No hay ni siquiera dos movimientos paralelos, no hay mas que un movimiento; el _yo_ es el universo, el universo es el _yo_; todo cuanto existe es un desarrollo del hecho primitivo, es el mismo hecho que se despliega ofreciendo diferentes formas, extendiendose como un oceano infinito: su lugar es un espacio sin limites, su duracion la eternidad (VIII). CAPITULO IX. CONTINUA EL EXAMEN DEL SISTEMA DE LA IDENTIDAD UNIVERSAL. [100.] Estos sistemas tan absurdos como funestos, y que bajo formas distintas y por diversos caminos, van a parar al panteismo, encierran no obstante una verdad profunda, que desfigurada por vanas cavilaciones, se presenta como un abismo de tinieblas, cuando en si es un rayo de vivisima luz. El espiritu humano busca con el discurso lo mismo a que le impele un instinto intelectual: el modo de reducir la pluralidad a la unidad, de recoger por decirlo asi la variedad infinita de las existencias en un punto del cual todas dimanen y en que se confundan. El entendimiento conoce que lo condicional ha de refundirse en lo incondicional, lo relativo en lo absoluto, lo finito en lo infinito, lo multiplo en lo uno. En esto convienen todas las religiones, todas las escuelas filosoficas. La proclamacion de esta verdad no pertenece a ninguna exclusivamente; se la encuentra en todos los paises del mundo, en los tiempos primitivos, junto a la cuna de la humanidad. Tradicion bella, tradicion sublime, que conservada al traves de todas las generaciones, entre el flujo y reflujo de los acontecimientos, nos presenta la idea de la divinidad presidiendo al origen y al destino del universo. [101.] Si: la unidad buscada por los filosofos es la Divinidad misma, es la Divinidad cuya gloria anuncia el firmamento y cuya faz augusta nos aparece en lo interior de nuestra conciencia con resplandor inefable. Si: ella es la que ilumina y consuela al verdadero filosofo, y ciega y perturba al orgulloso sofista; ella es la que el verdadero filosofo llama Dios, a quien acata y adora en el santuario de su alma, y la que el filosofo insensato apellida el _yo_ con profanacion sacrilega; ella es la que considerada con su personalidad, con su conciencia, con su inteligencia infinita, con su perfectisima libertad, es el cimiento y la cupula de la religion; ella es la que distinta del mundo le ha sacado de la nada, la que le conserva, le gobierna, le conduce por misteriosos senderos al destino senalado en sus decretos inmutables. [102.] Hay pues unidad en el mundo; hay unidad en la filosofia; en esto convienen todos; la diferencia esta en que unos separan con muchisimo cuidado lo infinito de lo finito, la fuerza creatriz de la cosa creada, la unidad de la multiplicidad, manteniendo la comunicacion necesaria entre la libre voluntad del agente todopoderoso y las existencias finitas, entre la sabiduria de la soberana inteligencia y la ordenada marcha del universo; mientras los otros tocados de una ceguera lamentable, confunden el efecto con la causa, lo finito con lo infinito, lo vario con lo uno; y reproducen en la region de la filosofia el caos de los tiempos primitivos; pero todo en dispersion, todo en confusion espantosa, sin esperanza de reunion ni de orden: la tierra de esos filosofos esta vacia, las tinieblas yacen sobre la faz del abismo, mas no hay el espiritu de Dios llevado sobre las aguas para fecundar el caos y hacer que surjan de las sombras y de la muerte pielagos de luz y de vida. Con los absurdos sistemas excogitados por la vanidad filosofica, nada se aclara; con el sistema de la religion que es al propio tiempo el de la sana filosofia y el de la humanidad entera, todo se explica; el mundo de las inteligencias como el mundo de los cuerpos es para el espiritu humano un caos desde el momento en que desecha la idea de Dios; ponedla de nuevo, y el orden reaparece. [103.] Los dos problemas capitales: ?de donde nace la representacion intelectual? ?de donde su conformidad con los objetos? tienen entre nosotros una explicacion muy sencilla. Nuestro entendimiento aunque limitado, participa de la luz infinita: esta luz no es la que existe en el mismo Dios, es una semejanza comunicada a un ser, criado a imagen del mismo Dios. Con el auxilio de esta luz resplandecen los objetos a los ojos de nuestro espiritu; ya sea que aquellos esten en comunicacion con este por medios que nos son desconocidos; ya sea que la representacion nos haya sido dada directamente por Dios a la presencia de los objetos. La conformidad de la representacion con la cosa representada, es un resultado de la veracidad divina. Un Dios infinitamente perfecto no puede complacerse en enganar a sus criaturas. Esta es la teoria de Descartes y Malebranche: pensadores eminentes que no sabian dar un paso en el orden intelectual sin dirigir una mirada al Autor de todas las luces, que no acertaban a escribir una pagina donde no pusiesen la palabra Dios. [104.] Como veremos en su lugar, admitia Malebranche que el hombre lo ve todo en Dios mismo, aun en esta vida; pero su sistema lejos de identificar el _yo_ humano con el ser infinito, los distinguia cuidadosamente, no encontrando otro medio para sostener e iluminar al primero que acercarle y unirle al segundo. Basta leer la obra inmortal del insigne metafisico para convencerse de que su sistema no era el de esa intuicion primitiva, purisima, que es un acto despegado de todo empirismo, y que parece salir de las regiones de la individualidad, de esa intuicion del hecho simple, origen de todas las ideas y de todos los hechos, y en que, uno de los dogmas de nuestra religion; la vision beatifica, parece realizado sobre la tierra, en la region de la filosofia. Estas son pretensiones insensatas, que estaban muy lejos del animo y del sistema de Malebranche (IX). CAPITULO X. EL PROBLEMA DE LA REPRESENTACION. MONADAS DE LEIBNITZ. [105.] La pretension de encontrar una verdad real en que se funden todas las demas, es sumamente peligrosa, por mas que a primera vista parezca indiferente. El panteismo o la divinizacion del _yo_, dos sistemas que en el fondo coinciden, son una consecuencia que dificilmente se evita, si se quiere que toda la ciencia humana nazca de un hecho. [106.] La verdad real, o el hecho que serviria de base a toda ciencia, debiera ser percibido inmediatamente. Sin esta inmediacion le faltaria el caracter de origen y cimiento de las demas verdades; pues que el medio con que le percibiriamos, tendria mas derecho que el al titulo de verdad primera. Si este hecho mediador fuese causa del otro, es evidente que este ultimo no seria el primero; y si la anterioridad no se refiriese al orden de ser sino de conocer, entonces resultarian las mismas dificultades que tenemos ahora para explicar la transicion del sujeto al objeto, o sea la legitimidad del medio que nos haria percibir el hecho primitivo. Siendo necesaria la inmediacion, la union intima de la inteligencia con el hecho conocido, claro es que como esta inmediacion no la tiene el _yo_ sino para si mismo y para sus propios actos, el hecho buscado ha de ser el mismo _yo_. Lo que tenemos inmediatamente presente son los hechos de nuestra conciencia; por ellos nos ponemos en comunicacion con lo que es distinto de nosotros mismos. En el caso pues de deberse encontrar un hecho primitivo origen de todos los demas, este hecho seria el mismo _yo_. En no admitiendo esta consecuencia, es necesario declarar inadmisible la posibilidad de encontrar el hecho fuente de la ciencia trascendental. He aqui como las pretensiones filosoficas en apariencia mas inocentes, conducen a resultados funestos. [107.] Hay aqui un efugio, bien debil por cierto, pero que es bastante especioso para que merezca ser examinado. El hecho, origen cientifico de todos los demas, no es necesario que sea origen verdadero. Distinguiendo entre el principio de ser y el principio de conocer, parecen quedar salvadas todas las dificultades. Es absurdo, y ademas contrario al sentido comun, que el _yo_ sea origen de todo lo que existe; pero no lo es que sea principio representativo de todo lo que se conoce y se puede conocer. La representacion no es sinonima de causalidad. Las ideas representan y no causan los objetos representados. ?Por que pues no se podria admitir que existe un hecho representativo de todo lo que el humano entendimiento puede conocer? Es cierto que la percepcion de este hecho ha de ser inmediata, que se le ha de suponer intimamente presente a la inteligencia que le percibe, por cuyo motivo no puede ser otra cosa que el mismo _yo_; pero esto no diviniza al _yo_, solo le concede una fuerza representativa que puede haberle sido comunicada por un ser superior. Hace del _yo_, no una causa universal, sino un espejo en que reflejan el mundo interno y el externo. Esta explicacion recuerda el famoso sistema de las monadas de Leibnitz, sistema ingenioso, arranque sublime de uno de los genios mas poderosos que honraron jamas al humano linaje. El mundo entero formado de seres indivisibles, todos representativos del mismo universo del cual forman parte, pero con representacion adecuada a su categoria respectiva y con arreglo al punto de vista que les corresponde segun el lugar que ocupan; desenvolviendose en una serie inmensa que principiando por el orden mas inferior va subiendo en gradacion continua hasta los umbrales de lo infinito; y en la cuspide de todas las existencias la monada que contiene en si la razon de todas, que las ha sacado de la nada, les ha dado la fuerza representativa, las ha distribuido en sus convenientes categorias estableciendo entre todas ellas una especie de paralelismo de percepcion, de voluntad, de accion, de movimiento, de tal suerte que sin comunicarse nada las unas a las otras, marchen todas en la mas perfecta conformidad, en inefable armonia; esto es grande, esto es bello, esto es asombroso, esta es una hipotesis colosal que solo concebir pudiera el genio de Leibnitz. [108.] Pagado este tributo de admiracion al eminente autor de la _Monadologia_, advertire que su concepcion gigantesca es solo una hipotesis que todos los recursos del talento de su inventor no bastaron a fundar en ningun hecho que le diera visos de probabilidad. Prescindire tambien de las dificultades gravisimas que, contra la voluntad del autor sin duda, ofrece esta hipotesis a la explicacion del libre alvedrio: me cenire al examen de las relaciones de dicho sistema con la cuestion que me ocupa. En primer lugar, siendo la representacion de las monadas una mera hipotesis, no sirve para explicar nada, a no ser que la filosofia se convierta en un juego de combinaciones ingeniosas. El _yo_ es una monada, esto es, una unidad indivisible; en esto no cabe duda; el _yo_ es una monada representativa del universo; esta es una afirmacion absolutamente gratuita. Hasta que se la pruebe de un modo u otro, tenemos derecho a no querer ocuparnos de ella. [109.] Pero supongamos que la fuerza representativa tal como la entiende Leibnitz, exista en el _yo_; esta hipotesis no destruye lo que se ha dicho contra el origen primitivo de la ciencia trascendental. Si bien se observa, la hipotesis de Leibnitz explica el origen de las ideas, mas no su enlace. Hace del alma un espejo en que por efecto de la voluntad creatriz, se representa todo; pero no explica el orden de estas representaciones, no da razon de como unas nacen de otras, ni les senala otro vinculo que la unidad de la conciencia. Este sistema pues, se halla fuera de la cuestion; no disputamos sobre el modo con que las representaciones existen en el alma, ni sobre la procedencia de ellas, sin