Project Gutenberg's Parnaso Filipino, by Eduardo Martin de la Camara This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at www.gutenberg.net Title: Parnaso Filipino Antologie de Poetas del Archipelago Magellanico Author: Eduardo Martin de la Camara Release Date: July 4, 2005 [EBook #16201] Language: Spanish Character set encoding: ISO-8859-1 *** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PARNASO FILIPINO *** Produced by Michael Ciesielski, Mariano Cecowski and the Online Distributed Proofreading Team PARNASO FILIPINO ANTOLOGÍA DE POETAS DEL ARCHIPIÉLAGO MAGALLÁNICO Prólogo, selección y notas DE EDUARDO MARTÍN DE LA CÁMARA BARCELONA CASA EDITORIAL MAUCCI Gran Medalla de oro en las Exposiciones de Viena de 1903, Madrid 1907, Budapest 1907 y Gran Premio en la de Buenos Aires de 1910. MALLORCA 166 ES PROPIEDAD DE ESTA CASA EDITORIAL A LA HONRADA MEMORIA DE MI PADRE Eduardo Martín de la Cámara y Dávila, Notario que fué de Manila; _español a ultranza; humano, fraterno y justo, cuando el serlo, bajo aquel_ "medio", _despertaba suspicacias_... E.M. de la C. y M. [Ilustración: PARNASO FILIPINO] PROLOGO No te alebres, lector, al afrontar el título de este volumen, imaginando que van a servirte versos escritos en todas o algunas de las treinta y tantas lenguas vernáculas del Archipiélago Filipino. Ni yo sabría aderezar ese manjar, ni tú cómo catarle. Sobre que tal poesía es parva, "difícil de exponer", según el ilustrado erudito de allá Don Epifanio de los Santos Cristóbal, y con la antinomia de ser sus cultivadores, tanto o más que los autóctonos, misioneros españoles, en rimas "a lo divino", enderezadas a inyectar la fe de Cristo en los corazones isleños. Los poetas son filipinos, pero los versos castellanos. Por los dedos pueden contarse los vates indígenas en nuestro romance durante los tres siglos y pico de dominación hispánica. W.E. Retana[1] nota tres hasta 1896: Atayde, Paterno y Rizal. Hubo algunos más: Seva, quejumbrón cantor de Charing (que aquí diríamos Rosarito); Manolo Rávago, en números de pura ortodoxia; Juan Caro y Mora, Hermógenes Marcó, Isabelo de los Reyes, etcétera, y ciertos bardos de ocasión aspirantes a la láurea en los certámenes patrióticos y religiosos, mocerío casi siempre adoctrinado en el "Ateneo" de la Compañía. Hasta 1898, año límite de nuestro señorío, fué meñique la falange versificadora, ¿Motivos? Retana aduce dos: la censura de imprenta y el desconocimiento del castellano literario por la mayor parte de los filipinos netos. Con la primera,--ejercida por funcionarios a tono con el ambiente, de patriotismo anquilosado, dignos de las covachuelas de Fernando VII,--sobra para justificar la inanidad del Arte egregio que no admite trabas ni menoscabos, sólo germinante en la gleba arada con reja de libertad y de justicia. [Nota 1: De la evolución de la Literatura Castellana en Filipinas.--Los Poetas.--Madrid, 1909.] Cuanto a la propagación del castellano, prueba Retana, documentalmente, cómo la coercieron los frailes--excepción los jesuítas--contrariando espíritu y letra de sucesivas reales cédulas metropolitanas. Cuán poco valió la treta lo demuestra no haber finado 1898 sin que vieran la luz pública composiciones de los más altos metrificadores tagalos, Cecilio Apóstol, Fernando M.ª Guerrero y José Palma, seguramente florecidas en aquellos retirados cenáculos donde se hacía literatura y revolución. ¿Están todos los que son y son todos los que están? Creemos sinceramente que sí. De los "inolvidables" no debe de faltar ninguno. Si se advierte llenura en la selección, entiéndase que el editor tiene sus exigencias y que este volumen ha de contar predeterminado número de páginas. Por añadidura, tratándose de exhumar una literatura inédita para muchedumbre de españoles, pide la discreción entregar al lector los mayores elementos de juicio en cantidad y calidad. Poetas se hallarán capaces de medirse con los consagrados nuestros: tales Guerrero y Apóstol. Rizal, Bernabé, Recto, Palma, Balmori, Pérez Tuells, Victoriano, Torres, Marfori, muéstranse también versificadores de inspiración y enjundia, sin desdeñar a los otros, ni a ninguno, como explícitamente demuestra la recolección de su cosecha pimplea. Pero no queremos trocar en índice lo que es prólogo. Además, bueno es dejar un margen al leyente para que, con su propia solercia, espigue en el FLORILEGIO lo bello y lo galano. La poesía filipina, por la época de su gestación, brota--¡en castellano!--algo hostil a la Metrópoli exdominadora. No pudiéndose evitar el idioma, esquívanse los únicos razonables modelos, nuestros clásicos y nuestros modernos, yendo los bardos a beber las castalias aguas en los "parnasianos" y simbolistas franceses y en los modernistas hispano-americanos. En éstos, singularmente. El _azul_ y los lirios y rosas líricos de Rubén coloran y perfuman la nueva poesía ultramarina. Chispea el "anillo de oro hecho pedazos, que ya no es anillo, pero siempre es oro", de Santos Chocano. ¡Y cuán equivocados los neo-versificadores, si así creyeron librarse de hispanismo! ¡El autor de la _Sonatina_ es poeta excelso porque hay muchos, muchos clásicos españoles en su educación literaria; y Mallarmé, por sólo citar un ejemplo, es chozno de Góngora!... Es poeta elegante y lapidario Cecilio Apóstol, en cuyos números campa serenidad clásica. Bebió el licor ático en búcaro francés, posibles divinos "alfareros" Moreas o Heredia, no nacidos en Francia. Otro vate plenamente logrado es Fernando María Guerrero, "príncipe de los líricos filipinos". En nuestra opinión desautorizada es el exponente etnológico, el poeta malayo por excelencia, el que más hondamente siente su raza. En _Ilang-ilang, El Kundiman, A Filipinas, Bajo las cañas_... vibra aquel alma tagala tan incomprendida, psiquis sin complicaciones ni morbosidades, primitiva, melancólica, paciente, siempre opresa y nostálgica de libertad, nervea y con arrestos en las ocasiones altas. Trasciende en Bernabé, con muy gallardas estrofas en su obra, la preparación latina e hispano-clásica. También en Pacífico Victoriano y en Ramón J. Torres, poetas vigorosos. Recto--discípulo de Guerrero como Marfori--luce amplio léxico, rico de color. Es lírico verdadero. ¡Si no se repitiera! Palma, de estro enfermizo, fué delicado, noble y correcto. Balmori es desigual. Tiene temperamento. Sabe decir muy bellamente..., cuando quiere. Pérez Tuells ha de cuajarse. Ya da mucho. Más promete. En la lira femenina el cordaje más melodioso pertenece a Adelina Gurrea, toda sentimiento y emoción. Y asombrárase el leyente de que no haya aparecido todavía el nombre del doctor Rizal, cuya soberana poesía _Ultimo Adiós_ ha recorrido el orbe. Sí, Rizal fué poeta; pero secundariamente. Su rasgo característico, bastante a obscurecer otras modalidades de su mentalidad, fué el de revolucionario: dentro de este amplio círculo están insertos el científico, el literato y el políglota. Cultivó todas las artes bellas, pero siempre disfrazada de musa la obsesión de manumitir y dignificar a su patria. Como poeta, le superan Guerrero y Apóstol. En toda esa labor apolinea, aun sin cumplir--prescindiendo de los precursores--el cuarto de siglo de existencia, abundan inspiraciones gemelas: cantos a la patria, a la nacionalidad y la independencia, a los héroes epónimos--Rizal, Mabini, Jacinto, Bonifacio--loanzas de lo aborigen... A las veces--¡ay! con demasiada frecuencia,--y asombrados de discurrir sobre aquel bravío paisaje, surgen "Mimí", los violines de Versalles y el tacón rojo. Aun la metrificación suele ser exótica. Pero hay ternuras como la de Guerrero, tejiendo su canto _A Hispania_ en el romance rotundo de los abuelos peninsulares. Los poetas de este PARNASO, por lo general, no parecen descubrir en su solar motivos de inspiración. Porque los encuentra, elogia Guerrero a Marfori en el proemio de _Aromas de ensueño_. Ni el paisaje, tan sugeridor, les tienta, de lo que se duele el ya citado erudito de los Santos Cristóbal en el prólogo a _Palomicas de mi palomar_, de Felipe A. de la Cámara. Acaso lamentos tales obraron como nervino sobre algunas idiosincrasias, pues Apóstol, Recto, Valdés, Marfori, en composiciones recientes, plasman sensaciones de aquella prodigiosa Naturaleza. Recapitulación de tildes. Es frecuente en los filipinos, aun los ilustrados, el sesear, defecto emergente de carecer del fonetismo de la _ce_ sus lenguas vernáculas. De ahí el aconsonantar _besos_ con _rezos_ y _sonrisa_ con _sinfoniza_. Otro vate consuena _jazmín_ con _jardín_, lo que es menos explicable. Un tercero, queriendo decirle "rimador" a Rueda le dice _rimero_, cosa bien distinta... Pero no desmenucemos. En la construcción, es anomalía reiterada la de emplear los varios modos de los verbos cual si tuvieran igual valor en el tiempo. Atañe este tema de los poetas filipinos pronunciándose por el castellano, a otro de transcendencia nacional: la perdurabilidad de nuestro idioma en el lejano Oriente. Norte-América hizo, hace y hará lo posible por desarraigarle. Es un hecho que desde 1911 el lenguaje oficial obligatorio de las islas es el inglés; pero otro que dos años antes, o sea a los once de férula "yankee", se publicaban en el Archipiélago 79 periódicos, de los que 29 estaban redactados en castellano, 15 en lenguas vernáculas, 16 en castellano y lenguas vernáculas, 11 en inglés, 1 en castellano, inglés y lengua vernácula y 7 en castellano e inglés[2]. Ahora mismo, "La Vanguardia" y "El Debate", los diarios filipinos de mayor autoridad y circulación, en castellano se imprimen. Es también un hecho que de los 40 poetas insulares catalogados en esta ANTOLOGÍA poseen el inglés cuantos moran en las islas; pero otro que todos escriben ¡y sienten! sus composiciones en castellano. Y así, cuando vemos como título de una el _Awake_ britano en lugar del español, _Despierta_, nos sentimos sorprendidos, como defraudados... [Nota 2: _El idioma castellano en Filipinas_.--Artículo de Antonio Medrano en la revista "Cultura Filipina". n.º I, Abril de 1***] No parece próxima la concesión al solar rizalino de la independencia que ansía. Tanto peor para el idioma inglés. Porque el nacionalismo, henchido de brillantes poetas y prosistas, por dar en rostro al detentador, más ahincadamente empleará y propagará nuestro romance. Y arribada la independencia, que al fin ha de llegar, insuficientes las lenguas vernáculas para las relaciones exteriores, así como el Japón, en trance parigual, escogió el inglés, el nuevo estado, si cae del lado del corazón, elegirá el castellano. Al fin, el área de los países de habla hispana es superior al área de los territorios de habla inglesa, y como idioma internacional el imperio del castellano será creciente, por lo prolífico de la raza, por el desarrollo de las jóvenes repúblicas de América, por haber sustituído su enseñanza a la del inglés y francés en las naciones que cuando la gran guerra lucharon frente a la _Entente_, y por extenderse el cultivo en las de ésta misma, con vistas a los mercados del Nuevo Mundo. ¡Sean los bardos tagalos paladines en su dorada Malasia del idioma colonizador! Que "en Flandes se puso el sol"; pero para la lengua castellana no se ha puesto todavía... Algunas líneas para justificar la incorporación al PARNASO de la sección consagrada a los _Poetas españoles en Filipinas_. Apenas esgrimiendo el plectro, durante nuestra dominación, los nativos, por las razones apuntadas, ¿era posible que una robusta colonia de españoles alentara sin ejercitar el noble arte de la Poesía? No, por cierto. Siempre hubo poetas, pero más desde que la prensa fuése extendiendo. El culto estuvo reservado a una minoría de peninsulares, que, sin entrar de lleno en el país, estimándose transeúntes, no recibieron la sugestión de aquellas almas ni de aquella Naturaleza. A que la inspiración poética volara rastrera contribuyeron el medio y la censura de imprenta, también aplicada a la raza dominadora. Era de mal tono loanzar al país sin muchas reservas y alguna ironía; y quien con perennidad lo hiciera, corría el riesgo de que le apellidaran filibustero... Aquellos metrificadores hispanos fueron, por lo común, "poetas de 'Madrid Cómico', fabricantes de versitos festivos, sin pretensiones" ni transcendencia. De los que merecieron dictado de poetas se han recogido muestras. Hay entre ellos dos, Manuel Romero de Aquino y José García Collado, sobre cuya obra requerimos la atención del lector. Peninsulares ambos; pero emigrantes en edad moza al Archipiélago, allí besaron las pimpleides su frente de elegidos. Allí murieron, desconocidos de la tierra del abolorio. Mostráronse vates verdaderos, aun bajo el yugo de la censura, y habrían lucido como tales en los senos de cualquier mundo literario. No sin esfuerzo hanse juntado los materiales del presente FLORILEGIO. Para seleccionar lo moderno, la enorme distancia entre aquende y allende y la inveterada pereza--por poetas y por filipinos--de los vates luego arracimados, nos amontonaron dificultades. Por suerte, hanos acorrido la sacra amistad, personificada en Adelina Gurrea, gentil poetisa insular, morante ahora en España, y en dos ilustres directores de periódico, que son algo más que periodistas: José María Romero Salas, de "El Mercantil", de Manila en esta oceánica ciudad conocido, entre literatos, por "El Maestro", y Joaquín Pellicena Camacho, eximio periodista en España. Con generosidad ejemplar de artistas enamorados de la Belleza y del Bien, nos han franqueado libros y papeles donde el alma malaya dejó su emoción lírica... Váyales nuestra gratitud, que no es una palabra más, sino un cordial latido del corazón. Ahora, lector, déjame, porque yo te dejo. Tú vas ganando. Avanza la procesión de poetas... EDUARDO MARTÍN DE LA CÁMARA Alcalá de Henares, ciudad abuela del "Quijote", Septiembre, 1922. Apostol (Cecilio) Nació en Manila--humilde su cuna como la de Plauto--el 22 noviembre 1877. Fué bachiller por el Ateneo municipal, que regentaban los Jesuitas; y abogado, 1903, mediante exámenes ante la Corte Suprema de Manila. Comenzó a escribir, adolescente, en periódicos españoles de su ciudad natal. Su salida al mundo de las letras fué en "El Comercio", 1895, con la composición _El terror de los mares índicos_. Declara ser sus poetas dilectos Verlaine, Moreas y Baudelaire. Escribió versos en lengua francesa. Muchos premios en certámenes literarios. A RIZAL (EN EL SEGUNDO ANIVERSARIO DE SU FUSILAMIENTO) ¡Héroe inmortal, coloso legendario, emerge del abismo del osario en que duermes el sueño de la gloria! Ven. Nuestro amor, que tu recuerdo inflama, de la sombrosa eternidad te llama para ceñir de flores tu memoria. Esta es la fecha, el día funerario en el cual el tirano sanguinario te hizo sufrir el último tormento, cual, si al romper el ánfora de tierra, la esencia que en el ánfora se encierra no hubiera, acaso, de impregnar el viento. ¡Cuánto te debe el pueblo! En tu calvario eras ayer el astro solitario que alumbraba los campos de batalla, la dulce aparición, rizo del cielo, que infundía a los mártires consuelo, valor al héroe y miedo a la canalla. ¿Quién no sintió huídas sus congojas repasando tu libro[3] en cuyas hojas la popular execración estalla? Hermanando la mofa y el lamento, vibra, encarnado en su robusto acento, el silbo agudo de candente tralla. [Nota 3: José Rizal, _Noli me tangere._] Quizás en tu ostracismo voluntario juzgabas que era un sueño temerario manumitir nuestra oprimida raza; mírala hoy: es virgen arrogante que, con la augusta libertad, tu amante, en un amplexo fraternal se enlaza. Caíste como fruta ya amarilla, pero cayó contigo la semilla. Ya es una planta vigorosa; el germen ha medrado en el surco de la senda, y libres ya de la mortal contienda bajo su sombra tus hermanos duermen. ¡Duerme en paz en las sombras de la nada, redentor de una patria esclavizada! ¡No llores, de la tumba en el misterio, del español el triunfo momentáneo, que si una bala destrozó tu cráneo, también tu idea destrozó un imperio! ¡Gloria a Rizal! Su nombre sacrosanto, que con incendios de Thabor llamea, en la mente del sabio es luz de idea, vida en el mármol y en el arpa canto. El enjugó de nuestra patria el llanto; su verbo fué la vengadora tea que encendió, en el fragor de la pelea, los laureles de Otumba y de Lepanto. Reverénciale, ¡oh pueblo redimido! Llanto del corazón vierte afligido por el amargo fin del gran patriota. Y hoy que en los aires la tormenta zumba, ¡no salga ni un quejido de su tumba al verte, oh pueblo, nuevamente ilota! 30 Diciembre 1898. A EMILIO JACINTO[4] [Nota 4: Aparece registrado como poeta en el lugar correspondiente de este Florilegio.] Patriota: en los tiempos de ingratos estudios y audaces locuras, y dulces visiones de rostros fugaces con rezos y risas en labios de ingenuo carmín, hermético fuiste al amor y su gaya conquista. Lo raro anidaba en tu airosa melena de artista, y raras orquídeas poblaban tu austero jardín... En odio implacable a todo lo inicuo y nefario, tu mente inflamaba una arenga del nuevo Brumario o un trozo del "Noli"; adorabas a Ibarra[5] y Danton y amabas lo antiguo. La edad patriarcal y de oro del pristino régulo, tuvo en tu verbo sonoro la clara justeza de amada y distante visión. [Nota 5: Personaje central de _Noli me tangere_, donde el autor de la novela tal vez quiso personificarse.] Espíritu prócer, sensible al poético encanto,-- que a veces es ritmo y a veces es flor,--de tu canto aun queda el recuerdo sonoro en el aire natal; aun vibra y contagia el patriótico ardor de tus versos, y muestra tu limpia versión el claror de los tersos diamantes que enjoyan el "Ultimo adiós" de Rizal. No fué tu exclusiva misión la del canto apolíneo. La arcana virtud, que preside el rodar curvilíneo de pueblos y razas que integran la adámica grey, tu acción en el ciclo inicial prefijó en el espacio: Rizal puso el germen; su músculo Andrés Bonifacio[6]; tú, el brazo y la idea juntaste en armónica ley. [Nota 6: Revolucionario filipino, caudillo de las partidas que dieron (Agos* **illisible** Balintauac) el grito de rebelión.] Así como el gris tenebroso de edades provectas doraron las máximas puras de las Analectas, y en ellas el Asia, rompiendo el sopor secular, la voz escuchó del que luego escribiera a Corinto, tu noble evangelio de honor y de patria, ¡oh Jacinto!, nimbando a tu raza, engrandece la historia insular. Rumor subterráneo, en mitad de la idílica fiesta, sintió la colonia, y un viento de airada protesta pasó por las frentes su fuego de cálido tul. Plasmaste el anhelo en que espíritus libres se adunan, y entonces, al rojo fulgor del audaz _Katipunan_, puñales febriles lanzaron su reto al azul... La ubérrima tierra tornóse después en un lago de sangre firmada en el Pacto,[7] y el bolo hizo estrago, fulgiendo en el puño broncíneo de añoso rencor. La suerte fué adversa a tu ardor eficaz de guerrero; no obstante, a tu genio encubría el vulgar prisionero, y hubiste merced del hidalgo oficial cazador. [Nota 7: Alusión al de amistad concertado entre Miguel López de Legaspi, primer Adelantado de las islas Filipinas por España, y el régulo Lacandola. Por imitación de éste le firmaron ambos personajes, mojado el cálamo en sangre para el caso extraída de sus venas. Tal suceso histórico sujirió al gran pintor tagalo Juan Luna y Novicio un hermoso lienzo que, al cesar la soberanía de España en el Archipiélago, (Agosto, 1898), decoraba un salón del Palacio municipal de Manila.] Después que la amada bandera se irguió hacia los astros, en montes y valles, floridos, de históricos rastros, tu dúplice gloria fué esquiva al favor popular. Buscó tu nostalgia el retiro ancestral, y en belleza rendiste, por fin, a la Parca tu insigne cabeza, de cara a tu cielo, debajo de airoso palmar. "La muerte es descanso". Cerebro en que tuvo su hornaza, la idea que urdió la epopeya inmortal de la raza, descansa. La Patria vigila tu sueño de paz. La patria, orgullosa, entre epónimos héroes te nombra. Moriste dichoso, sin ver que sobre el pecho la sombra del ala extendida y las garras del buitre voraz. La suerte está echada. Borraste el padrón infamante, y en su híspida senda tu pueblo camina adelante. Tal vez llegue al fin, o tal vez lo sepulte el alud. Ya el árbol, nutrido con sangre y acerbos dolores, sonríe en sus frutos y espera en sus vírgenes flores. No es una razón el negarlo; tampoco es virtud. 1912. SOBRE EL PLINTO (A. MABINI)[8] _Justum et tenacem propositi virum_. HORACIO. [Nota 8: Apolinario Mabini, paralítico de cuerpo pero luminoso cerebro de estadista, redactó las leyes sobre que se asentó la efímera república filipina y fué elegido presidente del primer gobierno revolucionario de Malolos, Enero, 1899.] Ante el eterno símbolo granítico, consagración de tus civiles palmas, cumbre mental, sublime paralítico, te aclaman hoy nueve millones de almas. El tiempo, que devora despiadado nobles recuerdos dignos de la historia, sobre el rojo horizonte del pasado conserva y magnifica tu memoria. Hoy, como ayer, la multitud te aclama, te elogia el sabio, te celebra el sistro; y es actual, por imperio de tu fama, tu investidura de primer ministro. Murió el Estado efímero que urdiste, sin otro alguno, ni anterior, ni análogo; mas tu gobierno espiritual, subsiste, está en vigor tu original Decálogo. Cuantos admiran tu genial vestigio grabado en el solar de tu linaje, vinculan a tu límpido prestigio la sanción de un perpetuo caudillaje. Madura en hechos la rebelde idea, mútilo el cetro de la noble España, la reconquista levantó su tea para alumbrar tu constructiva hazaña. La patria de las ansias juveniles estaba allí, de sus destinos dueña, alzada sobre un bosque de fusiles bajo el amparo de una libre enseña. La que soñaste, acaso, en un monólogo bajo un frandaje de rotundas _mangas_,[9] labrando arquitecturas de ideólogo en la quietud de tu natal Batangas. [Nota 9: Fruto del árbol terebintaceo nombrado _mango_.] Patria inmortal de la actuación primera, que en sangre mártir empapó tu suelo, y en los pliegues cuajó de una bandera la afirmación de su vital anhelo. Patria naciente, tras labor titánica como aquellas de Bismarck y de Mazzini, faltaba un hombre que la hiciese orgánica, ¡y ese hombre fuiste, colosal Mabini! Ignota corre el agua subterrána hasta que, gracias al humano ingenio, bajo el subsuelo surge subitánea: así, glorioso, apareció tu genio. Y fué cuando otra vez tembló la tierra al paso audaz del triunfador Emilio,[10] cuando la mano que rigió la guerra se levantó al poder desde tu exilio. [Nota 10: Aguinaldo, caudillo de la revolución, luego generalísimo y presidente de la república.] Todo el nuevo fervor del patriotismo que exaltaba un espíritu halagüeño, la intuición, la acuidad, el dinamismo mental pusiste en tu grandioso empeño. Y tu obra demostró que, si fecundo fué tu pueblo en heroismos de batalla, también podía presentar al mundo un estadista de tu enorme talla. La flor ilustre que cuidó tu mano tronchóla el soplo de enemigo cierzo; mas la medida del valor humano no el éxito la da, sino el esfuerzo. No queda del ayer para el fenicio mas que la huella del sangriento agravio, y para el pueblo el noble sacrificio y tus laureles de patriota y sabio. Será execrado el triunfo de la fuerza en nuestra actualidad de cautiverio, mientras la ley de la justicia ejerza en la conciencia universal su imperio. Mas no murió la causa independiente. Faltóla el brazo, pero tiene asilo en las almas, y flota en el presente como la cesta bíblica del Nilo. No es fácil, no, que el ideal sucumba bajo la acción del tiempo o la violencia, pues, como el trigo de la egipcia tumba, en sí contiene secular potencia. Y ha de surgir en el futuro ignoto, llevado a plenitud por el destino, como la flor del legendario loco, como el cofre del Padre Florentino; porque supo de triunfos y derrotas, porque tuvo su cruz y su calvario; la sangre le ofrecieron los patriotas y tú el cerebro, ¡oh gran Apolinario! Era de hierro y de cristal tu mente; grandes ideas modeló su fragua; tuvo el vuelo del águila potente y la profunda claridad del agua. La vida concentró sus energías en tu cerebro luminoso y triste. Ninguna falta de los pies tenías para los altos vuelos que emprendiste. Fuiste toda una mente geométrica, fórmula abstracta, puro pensamiento, que nos hablaba en nuestra noche tétrica con una voz de sibilino acento. A la tienda llegó del adversario, razonador, sin altivez ni reto. Si no cambió su juicio refractario, mucho fué que ganara su respeto. Buscó el retiro de rural sosiego y prosiguió su ruta sin desmayo. Para trazar su rúbrica de fuego, tras densa nube se recoge el rayo. Sobre el rojo fulgor del exterminio, sobre el mortal estruendo de las balas, en el azur, su natural dominio, serenamente desplegó las alas. Allí alumbró la senda tenebrosa en su función de numen y atalaya; allí engendró la concepción grandiosa de una fecunda comunión malaya. Tu inteligencia en su carnal encierro, era un poder supremo y absorbente. ¿Que fué tu misma voluntad de hierro sino una fuerza que forjó tu mente? Y este fué el timbre, el sello más glorioso que señaló tu espléndida carrera; rimaste el pensamiento vigoroso con la indomable voluntad austera. Aquí estás ya en lo eterno de la piedra, genio vindicador de nuestra raza. A tu columna, con amor de hiedra, nuestra ferviente admiración se abraza. Gentes futuras cantarán tu nombre, y al contemplar tu busto en el espacio dirán:--"Fué un alto pensador, un hombre justo y tenaz como el varón de Horacio." Patria, que ves, gozosa, en tu sorpresa, los saltos de gigante de tu raza, y vives entre un iris de promesa y un nubarrón lejano de amenaza; patria fecunda en héroes y licurgos, nadie habrá que tus méritos no estime; pues siendo madre de Rizal y Burgos, pariste un paralítico sublime. Mabini fué un excelso paradigma. En sus virtudes tu virtud renueva. Así saldrás, gallarda y sin estigma, de los rojos crisoles de la prueba. Y aunque contemples en casual desfile el torpe halago y la esperanza trunca, sabrás sentir, cuando tu fe vacile, toda la fuerza del vocablo "nunca". Pero, si indigna de tus dioses lares perpetuamente has de vivir cautiva, fuera mejor que tus contiguos mares en un sepulcro te sepulten viva. Marzo, 1915. (Al inaugurarse en Batangas el monumento a Apolinario Mabini). A ESPAÑA IMPERIALISTA (CON OCASIÓN DEL VIAJE A FILIPINAS DE SALVADOR RUEDA) Y mientras en Europa tiene un festín la "Intrusa" y los vetustos pueblos son como inmensas piras, España, fabricante de las más fuertes liras, desda el castillo en donde la hostilidad rehusa, amante nos recuerda enviándonos su musa. Gracias, oh madre antigua, por el presente regio que a la abundancia sumas de tus pasados dones. ¿Qué más que la embajada de tu poeta egregio, qué más que su exquisito y vasto florilegio para sellar afectos y sugerir uniones? España: está en el mundo tu alta misión fijada; en sueños de conquista tu acción total se inspira, tu historia está en América, en Flandes y en Granada. Ayer fundaste reinos por medio de la espada. Hoy vuelves a ganarlos por medio de la lira. En la extensión del tiempo aquel sueño aquilino que presidió las hoestes del Quinto de los Cárlos, en forma renovada, prosigue su camino. Si a pueblos de tu raza no intentas sojuzgarlos, sus rumbos enderezas hacia un común destino. Yo admiro el alto vuelo de tu ideal conquista que, alzándose del lodo de la mortal miseria, abarca el mundo hispano con ojo imperialista, y aspira, por la magia del sabio y del artista, a establecer las bases de una mayor Iberia. España: nos desune del piélago la anchura; también la propia sangre de tí nos diferencia. Mas tuyo es nuestro idioma, es tuya la cultura que a remontar nos lleva tu nacional altura; que nutre el santo anhelo de nuestra independencia. Y si, por rasgos étnicos, en gran desemejanza de tu linaje insigne nuestra nación está, sabemos que, al principio, para pactar su alianza, juntaron y bebieron, a la nativa usanza, sus sangres en un vaso Legazpi y el Rajah. Madre de veinte pueblos que hablan tu hermoso idioma yo te saludo en este tu embajador poeta y ansío que tu sueño, análogo al de Roma, lo vivifique un mundo que te ama y te respeta eterno sea el triunfo de tu vital axioma. Vivir es renovarse. De tu pasada gloria el canto repetido tu acción jamás empaña. España ya estás libre; no hay moros en tu entraña. Renueva el viejo grito que truena por tu historia y dí al patrón heróico: ¡Santiago, y abre España! Abre España a las nuevas corrientes de la vida, abre España al abrazo de sus hijos dispersos y surja del Pirene, como hostia bendecida, el sol de un culto unánime, en el que adore unida la progenie del inca de los cultos diversos. Bendito será el día en que a la vida brote del suelo de Pelayo un nuevo y fuerte imperio que pase de Galicia, que pase del islote de Gibraltar, el día en que medio hemisferio raye con larga sombra la lanza de Quijote. Septiembre, 1915. PAISAJE FILIPINO El sol en su ebriedad suprema el suelo muerde. Porque todo en la hora canicular concuerde, Ni un hálito de brisa cruza la extensa y verde Paz del campo, ni un ave en el azúl se pierde. Un mango aislado eleva su centenaria fronda Junto a un _punsó_[11] enano de giba aguda y monda, Que las hormigas alzan para que en él se esconda El _nunu_[12] vigilante que por las mieses ronda. Lejos corre, seguida del crío, una potranca; Un carabao lustroso en un charco se estanca; En su lomo una garza hace una nota blanca. Un río desenrosca las eses de su tripa, Y asoman, allá en donde su curva se disipa, Las manchas trapeciales de unos techos de nipa. [Nota 11: _(Punsó)_ Montículo de tierra elevado para su albergue por la hormiga nombrada _anay_.] [Nota 12: Fauno, silvano.] LÍNEAS ACTUALES (EN LA NATIVIDAD DE RIZAL) Fué en una hora de graves indicios, cuando por sobre la calma ilusoria, tú, que ensayabas tus vuelos novicios, patria, escuchaste mi voz monitoria. Dieron los hechos razón a mi aviso diste en la clave del pérfido enigma, cándido el pueblo que fué manumiso en la quimera que dora su estigma. Sobrevivimos con harto desdoro a los horrores del fiero desastre; sobrevivimos y un áureo decoro cubre un harapo de vida en arrastre. ¡Oh, cuántas veces, en noches sin astros, como al imperio de un alto dictamen, héroe, tu sombra define sus rastros fija en un gesto solemne de examen! Y yo te veo, temblando ante el mágico gesto que imprime en el aire su marca, (tal vió la sombra paterna aquel trágico príncipe triste que hubo en Dinamarca). No de vindicta de infamias inultas tu epifanía camino me traza; yo te adivino las ansias ocultas: quieres la suerte saber de tu raza. ¡Cómo decirte que un huésped ingrato, hábil en agios y en constituciones, rota la suya, mediante un contrato, es nuestro dueño por veinte millones![13] [Nota 13: Alfilerazo a los Estados Unidos.] ¡Cómo decirte que un mal metabólico identifica a la antigua colonia, que, bajo el peso de hierro simbólico, nuestro terruño nos es Babilonia! ¡Cómo decirte que yerras ilusas las esperanzas bajo un cielo obscuro, que el Ideal, con ambiguas excusas, tiénenlo a fianza de ignoto futuro! Una tutela que no demandamos pone a las ansias el freno del hecho. Y tras dos guerras por no tener amos, ¡somos mendigos del propio derecho! Hay libertades civiles, hay templos en que se plasman futuras matrices de ideas sanas, hay nobles ejemplos, ¡hay el empeño de hacernos felices! Tiene un programa de sano humanismo el nuevo César plutócrata y rubio, y hasta en el culto a tu excelso heroismo se nos asocia en un sabio connubio. Bellas promesas que un rato recrean luego se fugan con gestos ausentes, y en combativas arenas chispean cruentos reproches, cual gladios fulgentes. Propios y ajenos pecados disculpo; --con la codicia, del brazo, va el hambre,-- cierto es, en tanto, que hemópico pulpo viene extendiendo su odiosa raigambre. Haz que formemos, Señor y Maestro, contra ambiciones un sólido muro, por la memoria inmortal del ancestro, por el destino del nieto futuro. Frente a la audacia del imperialismo, que en triunfo ostenta el orgullo del yelmo, danos tu lumbre, tu bravo heroismo, y une las almas en fuerte cogüelmo. Y proclamemos, de cara al Destino y ante cañones de gruesos calibres, que existe un nuevo derecho divino: el de los pueblos a ser todos libres. Y antes que el tiempo nuestra espalda encorve, pueda la patria de tu amor, Rizal, bajo el glorioso luminar del orbe, levantar su bandera nacional. 1920. Atayde (Juan) Manileño. Residió largas temporadas en la metrópoli, forzado algunas veces por su profesión militar. Murió, siendo comandante, en 1896. Cultivó el apólogo. Dirigió en Manila un diario. UN AÑO MENOS Ve el hombre pasar el año con mirada indiferente, cual ve el árbol la corriente que le riega con su baño. Justo el desprecio es quizá; que el agua que va pasando a la tierra socavando, al árbol arrastrará. Tampoco el hombre "no" advierte del tiempo la brusca huida, ¡que al par que le da la vida, le va arrastrando a la muerte! Balagtás (Dalmacio H.) Contemporáneo. Natural de la Pampanga. LÁGRIMAS Lentamente se mustian mis pobres ilusiones Tristemente se mueren mis ensueños en flor... Y en todas mis endechas y en todas mis canciones Solo hay cantos de pena y quejas de dolor. Ignoro este misterio tan triste de mi vida Que a veces con mis lloros, yo quisiera morir... Ignoro si hay otra alma sensible y dolorida Que en esta vida quiera mis penas compartir. Ni los labios henchidos de mimos y embelesos Que mitigan las penas con caricias y besos Han podido de mi alma suavizar el dolor. ¡Misterio de mi vida! ¡Oh mi queja infinita! ¡Sólo a ti te comprende, mi fiel madre bendita, Que con su santo beso, regenera mi amor!... DULCEMENTE Hay como besos locos de bocas olorosas, hay brisas perfumadas de lejanos abriles, hay aromas quiméricos de mileguas y rosas, al oscular la aurora los dormidos pensiles. Hermosa está Natura. Albarizos encajes pueblan el azúl cielo. En amorosas citas las aves mañaneras juegan en los ramajes y se inebrian de esencias de suaves sampaguitas. Besos de sol se posan en las cabezas mustias, y ante las plantas de una Virgen de las Angustias, musitando plegarias de matinal candor, como una blanca sombra, está Mimí de hinojos desgreñada la trenza, soñolientos los ojos, --princesa fugitiva de un país del amor. HOMENAJE A SALVADOR RUEDA Embajador poeta que vienes a esta tierra donde flameó un día la enseña roja y gualda, toma las galas todas que mi solaz encierra y danos de tus rimas la perennal guirnalda. De tus gloriosos versos la prodigiosa alquimia afianzará los vínculos de nuestra antigua alianza, que no en balde parlamos la hispana lengua eximia y bruñó el sol nativo del "Quijote" la lanza. No morirá en mi tierra la lengua de Castilla, la cultura española no encontrará su ocaso, las leyes del Rey Sabio tendrán vida inmortal; porque en la historia un nombre eternamente brilla, al lado de Cervantes, Molina y Garcilaso, el nombre de aquel vate, héroe y mártir: Rizal. Octubre, 1915. Balmori (Jesús) Manileño. Comenzó a metrificar para el público a los quince años, y a los diez y siete publicó su volumen _Rimas malayas_ (Manila, 1904). Sus primeros modelos fueron Bécquer, Espronceda y otros bardos hispanos. Idolatró, luego, en Rubén. También cree en Villaespesa, Rostand y D'Annunzio. Es padre de dos novelas y dos zarzuelas. Laureáronle en copia de certámenes poéticos. ¡GLORIA! (LETRA DE UN HIMNO ESCOLAR A RIZAL, PREMIADO NOVIEMBRE, 1908), EN CONCURSO PROMOVIDO POR _El Renacimiento_, DIARIO NACIONALISTA DE MANILA. Del suelo de la patria que vuestra, sangre encierra hoy brota un himno santo en vuestro augusto honor. ¡Gloria al que abrió los surcos para labrar su tierra! ¡Gloria al que abrió las almas para enseñar su amor! No se extinguió en los aires vuestra palabra amada; no faltan labios jóvenes que besen vuestra cruz; y la legión de apóstoles por vos fructificada no olvida al que en la noche cayó pidiendo luz. Luz para las conciencias, para las almas todas; luz para el ara triste del olvidado altar; que aquella vuestra lámpara que se apagó en las bodas iluminó, estallando, el alma popular. Brotan frutos del suelo que el germen vuestro encierra; las almas aprendieron a amar en vuestro honor... ¡Gloria al que abrió los surcos para labrar su tierra! ¡Gloria al que abrió las almas para enseñar su amor! LA VENGANZA DE LAS FLORES (CUENTO) I Señor: Pues ésta era una gentil chiquilla Hija de un primitivo y autóctono rajhá, Más bella que la estrella que sobre el viento brilla, Más dulce que este cuento que a tí brindado vá. ¡Si hubieras visto qué ojos! ¡Lo mismo que dos frutas De un _lomboy_[14] que tuviera las ramas perfumadas! ¡Y qué labios de rosa! ¡Y qué gloriosas rutas Y líneas las del cuerpo de carnes encantadas! Y se llamaba Flora, como la primavera, Y su voz como el canto de los pájaros era, Y sus cabellos negros y largos, y su frente... Su frente era como un jazmín harto de aurora, Con mucho de románticos amores soñadora Y mucho de los rayos de luna. Dulcemente. [Nota 14: Fruto negro, brillante, del árbol así nombrado.] II Señor: Pues esta niña estaba abandonada Por el rajhá, ocupado en combates sin fin, Y como ya muriera su madre, infortunada, Ahora buscaba amor y aroma en el jardín. Pero las flores, muchísimo menos amorosas Que esas santas llamadas las madres de los hombres, De la gentil chiquilla y su beldad celosas Acordaron matarla, señor, aunque te asombres. Que a veces la flor mata, como matan las leyes, Así sean las víctimas diosas o hijas de reyes, Así el verdugo luego grite arrepentimiento. Y el acuerdo de todas las flores vengativas, Desde las sampaguitas hasta las siemprevivas, Quedó temblando a modo de una hoz sobre el viento. III Y aquí viene lo triste, señor, de todo esto; Porque una tarde Flora cortó y cortó más flores, Y luego de apiñarlas en su tagalo cesto, Se fué a su lecho para contarlas sus amores. Y se quedó dormida con ellas, y con ellas, Que se reían bajo la luz de las estrellas,-- Lámparas de oro puestas en el celaje cónico,-- Flora, a la luz del alba amaneció abrasada, Completa y dulcemente, de muerte perfumada. ¡Las flores la mataron con su ácido carbónico! 1910. EL VOLCAN DE TAAL (HACIA LO PARADÓJICO) Y Dios cogió una vara de estrellas encendidas Para prenderle fuego al cráter del volcán. Temblaron las entrañas del monstruo, sacudidas. La noche se tiñó del sol de sus heridas. Y al despertar del sueño de siglos el titán, Buscó a las dulces vírgenes al pié de su albo lecho, Buscó a las flores hechas de todos sus vapores Para clavar--¡qué loco!--sus garras en el pecho De vírgenes y flores. Cayeron. Y por ellas Lloró el coloso luego sus lágrimas de estrellas. Y es que algo en el zarpazo del débil a los fuertes Pudiera aventurarnos a inmensos silogismos. Si fueran esas cumbres eternamente inertes Las águilas no harían su nido en los abismos ¡Oh ejemplo de las lavas! ¡Oh, tú, que matas vírgenes y rosas con tus babas Llorando aquella risa con que rodó Satán! Sigue rompiendo almas, sigue rompiendo prados. Dios cogerá una vara de lirios perfumados Para apagar el fuego del cráter del volcán. 1910. EN EL CIRCO Alma bohemia que jamás se abate, gemela de Talión y Prometeo, antes que suene el grito de combate por la arena del circo me paseo. No temas tú, oh Amor, porque me veas despreciando mi vida ante el Coloso; Una gota de sangre en las ideas ¡es Jesús en el Gólgota glorioso! ¡Y yo no temo al César! Por mis venas corre sangre de mártires malayos... ¿Quién dijo que con balas o cadenas puede atajarse el vuelo de los rayos? Se ha de inclinar su testa coronada bajo el verbo de gloria que pregono, ¡que es más grande mi pluma que su espada! ¡y hay más fuerza en mi pecho que en su trono! Pero no has de temblar, ¡oh dulce amada, Luz de mis ojos, paraiso mío! Cuando tú veas fulgurar mi espada en el solemne y loco desafío. Que así cubra mi frente la victoria como sobre la arena me desangre, ¡Si triunfo, para tí toda mi gloria! ¡Si caigo, para tí toda mi sangre! BIENAVENTURANZA Yo he abierto mi puerta al mendigo y le he dado el dinero que tengo. El pobre es mi padre y mi amigo, y es pobre el hogar de que vengo. He dado mi plata, a los ruegos del viejo que llama a mi puerta y clava sus ojos, ya ciegos, en mi alma al amor siempre abierta. Yo he dado mi plata ¡qué importa! No lloren por mí los abuelos. La vida es muy triste y muy corta, y hay algo que premian los cielos. Y no ha de faltarme a la mesa el triste mendrugo que he dado; que un ángel de Dios siempre besa la mesa del que es desgraciado. Bendiga mi frente la muerta; la madre que lloro y bendigo. Por ella yo he abierto mi puerta, y he dado mi plata al mendigo. A NUESTRO SEÑOR DON QUIJOTE DE LA MANCHA (PREMIADA EN CONCURSO ORGANIZADO POR LA "CASA DE ESPAÑA", DE MANILA, 1920). Señor de los poetas, de los desventurados De todos los de ensueño de libertad turbados, De los que han hambre y sed de justicia en la tierra! Señor de los esclavos, señor de las zagalas, En cuya frente baten las águilas sus alas, Y en cuyo pecho España su corazón encierra! En la vida que es triste, que es llena de amargura, Y que sólo el amor salpica de ventura, Como a ingrata doncella amante dadivoso, ¿Qué corazón que suena, que espíritu que adora, No convierte en princesa la humilde labradora Y no cree que Aldonza es la flor del Toboso? Aún seguimos soñando castillos las posadas, Ejércitos de príncipes altivos las mesnadas, Jardines encantados los páramos sin dueño, Y en todos los instantes y en todos los caminos, Todos vamos cayendo por luchar con molinos, Y a todos nos destrozan las aspas del ensueño! ¿Qué sería del mundo sin el halo divino Que nos cubre lo mismo que el yelmo de Mambrino? ¿Qué sería la vida sin la dulce poesía Que ciega nuestros ojos con sus flotantes tules, Para llenar el alma de límites azules, Y partir con un Sancho el pan de cada dia? ¡Oh, señor, ve que es cosa de gran desesperanza salir por esos campos empuñando la lanza, A desfacer entuertos en sin igual empresa! ¡Luchar con la quimera hasta rendir los brazos, Y azotarse las carnes hasta hacerlas pedazos, Por romper el encanto que aduerme a una princesa! Pero todos lo hacemos. Todos siguen de trote No hay un hijo de España que no sea Quijote, Y aunque vaya soñando, haga el bien por doquiera. Destrozado y herido le hallarán en la vida, Pero no habrá una herida más ideal que su herida, Ni habrá estrella más alta que su noble quimera. Nada importa el que clama que su esfuerzo es locura, Que es inútil su arrojo, que es fatal su aventura ¡Don Quijote discute todo eso con su lanza! Y, en tanto ya ensartando malandrines follones, Cargado de esperanzas, de ensueños, de visiones, Por los campos del mundo avanza, avanza, avanza.... A su paso se llenan de flores los caminos, Se abren todas las ventas, se callan los molinos, Y aunque por todo oro lleve su sola historia, Ante su porte triste soberbio, vagabundo, El sol se para en lo alto de la frente del mundo, Y como una campana de luz repica a gloria. TRIPTICO REAL (PREMIADA EN EL MISMO CERTAMEN QUE LA ANTERIOR) I ALFONSO XIII Cuando cada monarca de la tierra Sobre un cráter de horror su espada afila, Y muere en flor la pompa de la tierra Bajo los potros del moderno Atila; Cuando Europa, violada y destruida, En ese loco batallar sin nombre, Siente que escapa su divina vida En el agonizar de cada hombre; Sólo tú, paladín excelso y franco, Caballero ideal de punta en blanco, Guardas tu espada de encendida lumbre. Y abres en cruz tus brazos soberanos, Para llamar a todos tus hermanos, Como un Dios en lo alto de una cumbre. II VICTORIA DE BATTEMBERG Mujer de fresa y nieve y terciopelo, Suave como los besos de las brisas, En cuyos ojos el azul del cielo Es una flor de luz rota en sonrisas; Hada dormida en pálido y sonoro Ensueño ideal de amores y sigilos, Cuyos cabellos de fragante oro perfumaron a un rey entre sus hilos; Reina gentil de aroma y maravillas A quien un pueblo puesto de rodillas Como a custodia de su fé venera. No de Isabel la sangre esplendorosa Va en tus venas. ¡Pero eres una rosa Que lleva España abierta en su bandera! III BANDERA ESPAÑOLA No hubo rincón en el mundo en que no ondearas, Izada por la gloria de una hazaña; No hubo ciudad ni yermo en que no hablaras, Con tu oro y con tu púrpura, de España. Y siempre en lo alto del ideal que enfloras, Y del amor divino que sustentas, Te besaron sonriendo las auroras, Y te escupieron su ira las tormentas. Pero aún flameas bajo el sol intacta, Y la gloria que aun contigo pacta Alza hacia ti su corazón desnudo. Te reserva más cumbres y más cielo; Cumbres de amor y honor para tu vuelo; Cielos de egregia luz para tu escudo! CANTO A ESPAÑA El alma del poeta filipino Se detiene en la aurora del camino Y llama con sus alas a tu puerta ¡Es la hora en que el amor abre sus galas Si has oido los golpes de mis alas, Señora de mis cánticos, despierta! Crisol de veinte estados castellanos, Reina que sostuviste con tus manos De dos Mundos la esfera estremecida, Y rasgaste en pedazos tu bandera Porque la enseña de esos pueblos fuera Girón de tu alma, soplo de tu vida! ¡Vieja y noble leona castellana! Tuya será la norma del mañana, Como es hoy, por la gloria de tus hechos. ¡Te lo rujen unidos los cachorros Que se amamantaron con los chorros De las divinas fuentes de tus pechos! Te lo dice esta fiesta de la Raza, Rosal de luz que en rosas se te enlaza; Y de onda a onda, en rebrincar mirífico Te lo clama vibrando en aureo cántico, Cristóforo Colombo en el Atlántico, Y Hernán de Magalhaes en el Pacífico. Tu eres la amada que jamás se olvida, La labradora, de ilusión vestida, Que hace de eriales, cármenes fecundos, Y si ante el Cid, Castilla no se ensancha, En cambio Don Quijote de la Mancha Tiene por lanza el cetro de los mundos. ¿Qué te importa que en tierras del Oriente Coronaran de abrojos la tu frente? ¿Qué, el que las Américas en coro Se desprendieran todas de tus brazos? "Un anillo de oro hecho pedazos, Ya no es anillo, pero siempre es oro!" Y nos queda el amor. ¡Lo que no muere! Lo que es igual cuando nos besa o hiere! ¡Rosa inmortal rodeada de espinas! El santo amor que te empujó quimérica A vender tu corona por América, Y a abrirte el corazón por Filipinas. Alza la frente que abatió la pena; Sacude el huracán de tu melena; Llene el viento el clangor de tus rugidos... Despierta, hermosa leona castellana, Que tus huestes tocando están a diana, Con los aceros hacia a tí rendidos. Restallan bajo el sol tus estandartes, Dice España el amor por todas partes, Las almas beben cuanto tú interpretas, Y por cumbres, collados y senderos, Se une al himno triunfal de los guerreros, La divina canción de los poetas. Por igual en las pampas argentinas Que en nuestras sementeras filipinas, La espiga de oro que en el sol se baña Y la flor que perfuma estremecida, Flor que es el alma, espiga que es la vida, Son vida y alma tuyas, madre España... ¡Madre, sí, más que reina, más que dueña, Madre de Guatemoc cuando te sueña, Y de Kalipulako si te hiere! ¡Madre que todo lo ama y lo perdona! ¿Qué labio ruin tu gloria no pregona? ¿Qué pecho es el traidor que no te quiere? ¡Oh, España! ¡Porque en tu alma nos enlazas, Que te troven su amor todas las razas! ¡Y pues sus grandes gestas altaneras Creó el mundo al calor de tus leones, Que te echen flores todas las naciones, Y que te besen todas las banderas! El eco de tu mágico renombre Que de hemisferio en hemisferio vuela, Es el atril divino de tu Historia.... ¡Llenas están las tierras de tu nombre! ¡Llenos están los mares de tu estela! ¡Llenos están los cielos de tu gloria! Octubre, 1921. Barbaza (Florencio G.) Contemporáneo. De familia lauta, nació en Manila el 30 de Septiembre de 1892. Cursó estudios en el Instituto de los Jesuitas y Universidad dominicana de Santo Tomás. Aquí, algunos de Medicina. Colabora en Prensa de Manila e Ilo-Ilo, habiendo dirigido en la capital de las Bisayas el "Nuevo Heraldo". Sus poetas favoritos son Villaespesa, Carrere, Marquina, Juan Ramón Jiménez, los hermanos Machado y Nervo. Pero, sobre todos, Rubén Darío. Ha usado el seudónimo _Floriam_. ELOGIO A TUS OJOS He mirado tus ojos serenos, me be bañado en su luz tardecina, y he sentido vibrar alma adentro una voz misteriosa escondida... Fiel remedo de acordes lejanos, con arrullo de besos y brisas, con susurro de mansas corrientes, con acento de notas distintas, con la amarga profunda tristeza que evoca doliente la cítara lírica. He mirado tus ojos serenos, me he bañado en su luz tardecina, y he logrado saber tus angustias, y he logrado leer tus desdichas. Hay un dardo mortal en tu pecho y en tu frente una sombra querida, una tenue tristeza en tu rostro y en tu boca una vaga sonrisa... algo raro que es todo un misterio, que nadie lo acierta y no lo adivina. No te importe la cruel carcajada de esa gran muchedumbre que grita. Ven a mi, pobre enferma del alma, y en mis hombros amantes reclina. Yo te doy el calor de mis brazos, yo te entrego gustoso mi vida, yo te ofrendo la miel de mis trovas, yo seré tu cantor, alma mía... quien arrulle con versos tus sueños tus sueños marchitos, mimosa chiquilla. 1920. FANTASÍA CREPUSCULAR En las postreras horas del crepúsculo, cuando respira todo paz y calma, y la tristeza reina en el ambiente oloroso a sampagas...; ese momento hermoso del sol que se desmaya, ocultando sus últimos fulgores en las cumbres lejanas, para dar paso a la plateada luna que en luces se desata; cuando pára el acento de las corrientes mansas, y de las ramas dormidas descansan sosegadas las _mayas_[15] que anhelantes sólo sueñan en la pronta alborada para lanzar de nuevo por los aires la voz de su garganta; cuando parece que la gente toda el calor del hogar busca en sus casas, gusta en estas horas de quietud solemne mi fantasía alada de remontarse hasta el azul del cielo a regiones soñadas donde no existen viles opresores, ni pasiones funestas y malvadas. [Nota 15: Pájaro diminuto, de dulce pio, abundante en los bosques del país.] Semejante ilusión mi mente crea cuando en la imperial calma de la tarde que muere lentamente, cual la luz de una llama, yo dejo en libertad mi pensamiento que forja una añoranza; sueño estar a tu lado, y es mi anhelo y son mi dicha y mi alegría tantas que con amor te llamo como un loco buscando a la mujer que yo soñara en un rato de ciego desvarío, que con fervor pensaba, recordando en el brillo de tus ojos cual fulgor de alborada... Mas, ¡nada!, esta ilusión, fugaz, ligera, sólo es vana esperanza que aumenta mi dolor y mi agonía que me roba la calma, y arranca de mis ojos melancólicos, sinceras, fugitivas, muchas lágrimas. Abril, 1919. CATILINARIA Bien, aquí estoy, de cara al Universo, Altivo el gesto y el mirar sereno; Lanzando al viento mi sonoro verso, De grato incienso y de perfumes pleno. Desde mi alto sitial, indiferente, Contemplo al pueblo que ante mi se inclina; La pobre humanidad triste y doliente Que por la senda del ideal camina. Me encuentro solo, sin ningún recelo A los Zoilos pedantes y ruines. Yo tengo por bandera el ancho cielo, Vibra mi voz en todos los confines. Me inspiran compasión esos traidores Que vallas van poniendo en mi camino, Mi numen de centellas y fulgores Les señala a cada uno su destino. No me asusta el ladrido de los canes Que celosos envidian de mi suerte; Yo, como Cristo, repartiendo panes Protejo al débil cuanto insulto al fuerte. Soy el bardo rebelde que en sí encierra Un corazón ingente y bondadoso; Y mi verbo es de admonición y guerra Que aplasta al necio vil, ruin y coloso. No me espanta la voz del sordo trueno. Yo no conozco el miedo ni el fracaso, Mi alma es un sol de resplandores lleno... Sobre la ignata muchedumbre paso. ¡Oh, musa, ven a mi! Dame tu aliento, Que quiero hablar retando al orbe entero, Y aunque el dolor me abrume el sentimiento No he de soltar mi cítara de acero. Me gusta combatir. Amo la lucha. Me siento fuerte ante el cruel tirano, Y al torpe que mi voz no atento escucha, Castigo impío con nervuda mano. ¿Qué me importa lidiar?--Si tras la lidia Me aguarda entre sus brazos la victoria. ¿Qué me importa que otros con perfidia Quieran manchar mi nombre envuelto en gloria? Detesto el odio, la traición y engaño Y a aquellos quienes me odian los perdono; Podrán viles hacerme todo daño, Mas no me harán temblar en mi alto trono. Por encima del odio y de la inquina, Todos pregonan mi carácter noble. Yo proclamo mi sangre filipina, Y tengo la altivez del viejo roble. He heredado mi roja rebeldía De un valiente sultán invicto moro. Es mi sola heredad, y a fe mía, Yo la guardo como único tesoro... 1920. TRISTEZAS Alma presa de dolencia, Nunca encontrarás clemencia Si no te acudes a mí: Yo tu tristeza sentí, Alma presa de dolencia. Rosa de melancolía, Toda pasión y dulzura, ¿Quien te dará su alegría? Yo por tu bien te daría, Todo mi amor y ternura, Rosa de melancolía. Todo es mentira en el mundo. El desengaño encontraste, Tu que mi afán despertaste, Con tu desprecio profundo. ¡Todo en la vida es contraste, Todo es mentira en el mundo! Olvidemos lo pasado, Ven de mis ansias en pos... Ya que el amor ha tronchado La existencia de los dos, Olvidemos lo pasado. Lejos de todo, olvidados, Entre mil plantas y flores Construyamos nuestro hogar; Y por siempre enamorados, Cantemos nuestros amores, Ciegos a cualquier pesar, Lejos de todo, olvidados.... Barroso-Arrieta (José María) Manileño aunque de abolengo español. Abogado por la Universidad de Manila. En esta ciudad, muy joven, comenzó a actuar de periodista en "El Comercio" y otros diarios españoles. Alrededor del cambio de dominación vino a España, fijando su residencia en Barcelona, donde ejerce con lucimiento su carrera hace más de veinte años. CONSUMMATUM EST...! ¡Qué dulcemente en el eterno sueño que en flor segó una vida sin agravios...! La pálida escarlata de tus labios que el rocío del alma humedecía, los santos clavos del sagrado Leño tenuamente teñía. Contemplando tu faz agonizante, contemplando impotente que arrastraba mis venturas la Muerte en su fiereza, "¡En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu...!", clamaba trémula de estupor mi voz desesperante. Dulcísima rendiste la cabeza consumando espantoso sacrificio; a la gloria ascendiste con presteza para empuñar de la virtud la palma, dejándome en el alma mortal tortura, aterrador suplicio... Tus despojos después enriquecieron próvidas flores que en cercano día en ánforas tus manos dispusieron, las mismas que en tus últimos delirios impetrabas la amable compañía. Y verbenas y anémonas y lírios, llenos de excelsitud y de poesía, rociados con mi llanto fueron contigo, ¡Emula!, al Camposanto... ESPIRITUALIDAD Me prestas la sonrisa encantadora que el pecho desgarrado necesita para aplacar los ayes que vomita del terrible dolor que le devora. De nuestro amor el ánsia arrobadora que fluya eternamente Dios permita, feliz en tu alma en la Mansión bendita, triste en mí en esta Tierra engañadora! Por eso le suplico reverente que no falte jamás luz en la mente para que en ti se fije el pensamiento; en el habla, calor para ensalzarte; y fuego abrasador, encendimiento vivo en el corazón, para adorarte. EL EUCALIPTO DEL PANTEÓN ¡Mirtácea esplendorosa...! ¡Quién pudiera en tu médula inyectar la esencia misteriosa del alma tormentosa que no ha podido el llanto debelar! Tu estrenua arboladura gallarda y rígida se yergue al pie de sacra sepultura que guarda la armadura de la verdad de mi amorosa fe. Tu fronda balancea temerosa, y las hojas ven lucir cuando el día febea, la líquida presea que ha de absorber la tierra al efundir. El pétalo minúsculo ufana ostenta tu plateada flor, y al brote de su súrculo más vivo en el crepúsculo en declinando el sol dominador. Exhala ténue esencia, que es plegaria que envuelve, al descender hasta la Omnipotencia, lamento y asistencia, primera lágrima, efusión postrer. ¡Eucalipto arrogante que erguido impávido junto al panteón despliegas fascinante tu fronda murmurante y embalsama tu nívea floración; cipo fúnebre; estela que Natura levanta a la virtud; superno centinela que siempre, siempre vela de mi amada la frígida quietud; mirtácea esplendorosa...! ¡Quién pudiera en tus fibras inyectar la esencia misteriosa del alma congojosa que no ha podido el llanto debelar! Bautista (Vicente) Comtemporáneo. Frisaba con los 17 años cuando publicó en Manila (1911) su colección de poesías _Luzónicas_. Es natural de la Pampanga. MAYO Ha llegado a mi casa sobre el ala de un rayo y ha llenado de rosas mi pobre habitación, y yo le he preguntado quién era, y era Mayo, Mayo con su perfume de flor y corazón. Abriéronse mis brazos a su áurea caravana y se llenó mi mesa de vaga devoción; fué un desfile de rosas y aves por mi ventana, abierta a la olorosa y dulce procesión. Y al fin, emocionado, hablé:--Mayo, ¿qué quieres? (El me miraba como miran esas mujeres que están enamoradas o enfermas de soñar). Mayo ¿qué quieres?--dije de nuevo. Y él entonces, sonó todas sus risas, sus besos y sus bronces, para rugirme como pudiera un tigre:--¡Amar...! REQUIESCAT... Que descansen en paz los que cayeron porque el volcán les hizo lo que fueron: barro, barro no más, ¡Que descansen en paz! Un requiescat a todos los temblores, y a todos los dolores, de los niños, ancianos y mujeres, que mató ese maldito, ese loco criminal que en el mapa se llama el volcán de Taal. Dios puso el fuego en los volcanes como galas, para que su humo trémulo, a modo de un favor, le incensase; como puso dos alas en el ave y cien alas en la flor para que le perfumase. Y de esto que proclamo ¡oh, pueblo! no te asombres; conos de cumbres, horror de los infiernos, los volcanes, los reyes, los gobiernos, son para la vida universal que yo amo y no para matar razas y hombres. Para el desastre hay que oponer el alma; a la indigencia abrir nuestro tesoro, y ahora que alumbra, en calma, el sol, los restos de aquel toro de oro que adoraba el taaleño como Israel el becerro en los vastos desiertos, lloremos por los muertos, por el hombre, el águila y el perro. También lloró el volcán. Y fué su llanto de lágrimas de oro, de besos de quebranto, y de terror, después que vió a sus vírgenes completamente yertas, después que vió a sus islas completamente muertas, Y sobre todo, muerto para él, todo el amor. Mirad. No tiene fuego; su cumbre está violada, su entraña carcomida, perdió el Coloso vida, de tanta vida en flor, como extirpara luego, y loco de vergüenza y de arrepentimiento, va hundiéndose, va hundiéndose, la mismo que un perfume deshecho por el viento; reuniéndose; plegándose como una multitud plegárase en un templo, o como van los pájaros enfermos a su nido, para gemir:--¡Oh, Césares, miraos en mi ejemplo! para gritar:--¡Oh fuertes, yo muero arrepentido...! Bernabé (Manuel) Nació en Parañaque (hoy provincia de Rizal), el 17 de Febrero de 1890. Estudió en el Ateneo municipal de los Jesuitas y luego en la Universidad de Santo Tomás. A los nueve años hacía versos castellanos. A los 14 los componía en latín. Ha obtenido premios en certámenes. Sin desdeñar lo moderno, venera a los clásicos españoles. Es maravilloso declamador. Ahora actúa como redactor muy distinguido de "La Vanguardia" y profesor de la Universidad de Filipinas. LO IMPOSIBLE (EN UN ALBUM) En la flor de tus labios adivino algo ideal que tu hermosura viste, mientras, soñando en ellos, bebo el vino de un ensueño de gloria que no existe. Lo imposible es un ala que nos roza creando en el dolor fuertes enojos. ¡Ay! No poder volver hasta mi choza, llevando la presea de tus ojos! Le diría a mi madre:--¡Madre mía, pon tu albo traje, alégrate sin tasa; ya tenemos los dos, de noche y día, Un milagro de Dios en nuestra casa! SOLDADO-POETA Dios ha puesto en el arco de tus cejas la excelsitud de un arco-iris santo, igual que pongo un borbotón de canto en una lira de cadencias viejas. En el hondo negror de tus guedejas la Noche obscura distendió su manto, esa deidad que sorprendió mi llanto más de una vez en tus doradas rejas. Ven, y no tardes más. Dios ha querido que fueras la paloma que convida a las ternezas místicas del nido, y yo, un fuerte soldado apolonida, que, recogiendo mi pendón caído, con la espada y laud, te dé la vida. Julio, 1919. ¡CANTA, POETA! (A SALVADOR RUEDA, DURANTE SU ESTANCIA EN MANILA) (FRAGMENTO) Embajador de madre Hispania: alzo la copa a lo alto del Ensueño por la salud de Europa, la Europa uncida al yugo del hado militar bautizada con sangre por aire, tierra y mar, la Europa que há rencores de hermanos entre hermanos pero jamás de bardos indios y castellanos, porque es la onda que corre por la arteria del verso piélago de armonías que baña el Universo. La España de hoy es sorda a irrumpir de metralla ahita de laureles en cesáreas batallas, no quiere ya ser cuna del Cid y de Pelayo, de la Armada Invencible, los Tercios, Dos de Mayo, la que hizo de los pueblos haz de suelo español en que no se ponía la hipérbola del sol; ramo de oliva porta en sus divinas manos, que no quieren teñirse en sangre de cristianos, consiguiendo el arrullo de la fabla rimada lo que soñara en vano tiranizar la espada. Tú, que al partír de Cuba, inclinada la frente, cojiste tierra, "para besarla eternamente", lee en el libro abierto de mi Naturaleza, donde es panal la vida y otro Dios la belleza, donde, como en un pórtico de bienaventuranza, encontrarás a cada aurora una esperanza, y en la mujer, la flor, el nido y los alcores, oirás la sinfonía de todos los amores; el cielo, siempre azul, sin mácula ni daño, que da eternal cobijo al propio y al extraño; los árboles ciclopeos que alzan la copa al cielo y hunden, por defenderse, la raigambre en el suelo, de corteza tan amplia, que unida la cintura de tres gigantes de descomunal figura; el Apo y el Maquiling, el Taal y el Mayón[16] de fraguas encendidas como un gran corazón, incensario de fuego hiriente en el altar de la patria, como un eterno luminar, como idea que salta del crisol de tu mente, como el anhelo indígena de ser independiente... [Nota 16: Volcanes filipinos.] Y así, mientras la Europa riñe feroz contienda, y España es madre que no olvida a su hija ausente, también como guerrero de acero no humillado que alegra la vejez mirando en el pasado... Ese es el pueblo tuyo, que canta diplomacias del rey Alfonso XIII, flor de las democracias; que con la unción del reino te entregó el estandarte tutelar y simbólico de la Paz y del Arte, para que tu voz fuera en mi indiano solar el reparto y renuevo de un amor secular, (el árbol que la entraña de nuestro bosque cría en cada retoñar acrece su ufanía); para que tu voz fuera el aviso y proclama de que el idioma hispano no muere, pues se le ama, y España es madre que no olvida a su hija ausente a quien dió sangre e idioma en un rincón de Oriente; y de que es ley que el vínculo espiritual subsista por cima del destino, del tiempo y la conquista. Heraldo de grandezas de la matrona ibérica, que pulsaste la cítara en la española América, y envuelto entre los pliegues de su argentino manto volcaste toda el ánfora de tu lirismo santo, la flor que aroma, clave que trina, el río en calma, como en el laberinto de sus dudas el alma, te brindará su encanto la paz de los cañales, desatará tu rima bajo espesos mangales, te pondrás en el cuello un collar de sampagas, la flor amada de las vírgenes dalagas... Verás, al fin, un breve Edén en el planeta que no pudo jamás soñar ningún poeta. Canta, poeta, canta. Pienso y no es desvarío, que ha de inmortalizar tu canto al pueblo mío. Septiembre, 1915. BLASON Al ver los oros tenues de tu encaje, tu lino de eucarística blancura, quiero curar mi hidalga desventura encarcelado en la prisión de un traje. Tal que mis potros es mi amor salvaje; pero, en mi sed de clásica aventura, yo deshojo una flor a la hermosura y la rindo perpetuo vasallaje. Ya se que afirmas que no sabes cómo el ciego impulso de mis potros domo; pero perdona si a mi vez te arguyo. Que este mi amor es impetuosa fiera que sólo una mujer domar pudiera con un mirar celeste como el tuyo. MI ADIOS A ILOILO Antes de abandonarte, ciudad maravillosa, que ungiste de alegrías mi peregrinación, quiero dejar prendida en tu escudo una rosa, que yo he santificado ante el altar de Otón. La nave lleva al bardo. Pero en la silenciosa lágrima que yo vierto, queda mi corazón; y el noble ilongo amigo, como la ilonga hermosa, vivirán por los siglos dentro de mi canción. Más alto que el _kanuyos_ cerniéndose en los montes mi alma tenderá el vuelo a extraños horizontes, cantando de los pueblos el himno redentor; Pero, así bramen vientos y se refosquen cielos, hacia estas islas sacras retornará sus vuelos, ¡como el ave que vuelve a su nidal de amor! Abril, 1920. CASTIDAD Mujer, ¿te acuerdas? Con la sien caída, en tu palor marmóreo de azucena, tú desleías, como un alma buena, todo el rosal de una ilusión perdida. Aquella tarde fué. No sé si herida en la raíz de tu virtud serena, mi audacia fácil añadió otra pena al calvario de penas de tu vida. Llorabas y reías. De tu boca, rojo nidal de sierpes del deseo, fluían en suspiros mil encantos... --¡Qué loco eres!--dijiste. Y yo, ¡qué loca!-- Pero en medio de tanto devaneo, --¿lo recuerdas aún?--fuimos dos santos. Julio, 1920. ESPAÑA EN FILIPINAS I La dulce Hija, postrándose de hinojos, dice a la Madre, a tiempo que sus ojos leve cendal de lágrimas empaña:-- Dios ha dispuesto el término del plazo y ya es la hora de romper el lazo que nos unió tres siglos, ¡Madre España! II ¡Madre, sí, madre! Sobre mi haz tendido va fermentando el anhelar dormido y, el germen abonado se agiganta, la gratitud es flor del alma mía, y no muere la clásica hidalguía donde se irgue tu cruz, tres reces santa. III Puede venir el águila altanera y hundir el corvo pico en la bandera de gualda y oro, que nos da alegría; podrán poner a mi garganta un nudo, que cuando ¡el labio se retuerza mudo, irá a gritar el alma: ¡Madre mía! IV ¡Dichoso instante aquel que vió a las olas dialogar con las naves españolas, llevando a Limasawa a Magallanes! De entonces a hoy, portentos mil se han visto, y es que el poder de España arraiga en Cristo, manso y sin hiel, multiplicando panes. V Soberbio es tu ideal, como tu gloria, largos siglos ataste a la victoria al carro de tu funesta monarquía. ¿Cómo no amar tu gesta no igualada, si en las fronteras que humilló tu espada, el gran disco del sol no se ponía? VI Mas, ¡no es la espada omnipotente sólo la que al brillar del uno al otro polo, obró cien maravillas en el llano; es la esencia vital de las Españas, que al invadir palacios y cabañas, prestó eficacia al ideal cristiano. VII Quién empuñó con varonil denuedo, en los tiempos de Lope y de Quevedo, "el cetro de oro y el blasón divino"; quién sembró de fé en la individual conciencia decoro en la mujer, que es otra herencia, luz en las mentes y oro en el camino. VIII La que duerme arrullada por el cántico de las ingentes olas del Atlántico; la que empujó a Colón hasta la entraña del mundo nuevo, que copió su hechura; la que llevó a las pueblos fé y cultura y áuras de libertad... Esa es España. IX España, la invencible soñadora, que monta rocinantes a deshora, los toros lidia, viste la mantilla, ama la jota y al _danzón_ se entrega, mas cuyo acero no es una hoz que siega, sino arado que pone la semilla; X La patria de la vid y la verbena, que fía a la guitarra su honda pena, dominadora de la Argel moruna, la que las tierras incas civiliza, hidalgo pueblo, de otros cien nodriza, única madre que meció mi cuna. XI Los claustros de tus Cuevas y tus Prados noche y día miráronse atestados de hijos nativos del saber amantes: hiciste héroes y armaste caballeros, y aun late en el cantar de mis troveros la dulcísima lengua de Cervantes. XII ¡Oh rica fabla espiritual! Simula cordaje de una cítara que ondula, --es blanda arcilla y música ese idioma--, claro choque de perlas y corales, remedo de los coros celestiales que de Dios mismo su raigambre toma. XIII Si lloro, se unifica con mi llanto, impregna hasta el _kundiman_[17] cuando canto, y es en la liza imprecación y alerta. Podrán hurtarme mis veneros de oro, pero al perder tan singular tesoro, es que habré sido traicionado y muerta. [Nota 17: Canto popular filipino.] XIV Rizal, Mabini, del Rosario y Luna, hijos míos y tuyos son. Cada una lleva en la frente un evangelio escrito. Si yo les dí mi maternal entraña, no empresa mía fué, sino de España, fundir el alma en su troquel bendito. XV La Cruz de Arrechedera y Urdaneta está en mis cielos, tabla es que sujeta, cuando zozobra, al bien; porque a despecho de las más encontradas ambiciones, tu religión, tu fé, tus tradiciones, han abrigo recóndito en mi pecho. XVI En el curso del tiempo, desenvuelto, tú, España, volverás,--¿Qué amor no ha vuelto?-- Presa en la red del propio bien perdido: serás un ave, enferma de añoranza, que va a volar cuando la noche avanza, en dirección al solitario nido... XVII Si están ahitos de llorar tus ojos, y en otros días te causara enojos, la era de paz y de perdón se inicie. ¡Oh, qué mejor que tras la despedida, seamos como el agua, en dos partida, que se torna a juntar en la planicie! XVIII ...Mientras la vista atónita vislumbra la luz de redención en la penumbra, e hijos del alma apréstanse a las lides; ¡vé, Madre! Y digan valles y colinas: ¡Gloria a la Madre España en Filipinas!... ¡Loor eterno a tí! Tú, no me olvides. Canon (Fernando) Veterano poeta cuyo plectro ha golpeado la lira bajo las dos soberanías. Nació en Biñán (Laguna), en 1860, Fué condiscípulo y _alter ego_ de Rizal en el Ateneo municipal, y juntos se graduaron de bachiller en 1877. Hacía versos a los catorce años. Cursó la carrera de ingeniero industrial, y para perfeccionar sus estudios viajó por Europa, Años residió en Barcelona. Son sus pasiones, además de la matemática, el ajedrez y la música. Fué general de ingenieros con el ejército revolucionario. Sus poetas dilectos son Campoamor y Villaespesa. Mora en Manila actualmente, siendo profesor de guitarra del Conservatorio. FLOR IDEAL El rocío de nubes blanquecinas Eterniza la _flor de las colinas_, Esa flor que en su cáliz peregrino Encierra el ósculo del amor divino, Llevado allí por las sublimes notas Del eterno cantar de los patriotas. Blanca flor de montañas Que en el azul empíreo se mece, Cuando surgen patrióticas hazañas Se multiplica y por doquier florece; Pero diz que se oculta y desparece, O se demuda roja, Cuando patria postrada se sonroja, Y vagan por las nubes sus raíces Lloradas por las musas infelices. En tanto llega el día En que, unido el valor a la hidalguía, Surje en la excelsa cumbre La cálida ambrosía Que, a la ignición de misteriosa lumbre, La planta vitaliza Y el amor de las musas fecundiza. Sus hojas transparentes, que guarnecen flexibles enramadas, Irradian luces mil, resplandecientes En medio de penumbras, azuladas, Y esparcen, difundidos en su brillo, Los campestres olores del tomillo Refrescados por niveas sampaguitas, Burlonas de las cuitas. Del filipino céfiro amoroso, Que atrae candencioso Mil íntimas fruiciones infinitas... Vértigo voluptuoso De sonrisas, caricias y murmullo Que vibran de una flor en el capullo. El tronco de esa planta legendaria Viste el tul que en la selva solitaria La quietud simboliza Y el frío del olvido cristaliza. Mas, en lo alto, los vientos con sus marchas Pasan para engarzar vivas escarchas En derredor del cristalino encaje Que en excelso ropaje El tronco viste... ¡signo de grandezas! Bajo una blanca trama de finezas. Misterioso tamiz de las virtudes Que alcanzan a divinas altitudes, y parece una espléndida bandera Que cubre un mástil de genial quimera. Veste reticular a cuyas mallas Llega el eco triunfal de las batallas, Velo quizás de nupcias redentoras Que a la patria querida Viene anunciando bendecidas horas De una raza indomable redimida. Y ¡lo que más asombra!... Sus raices nunca, yacen en la sombra. Se adaptan en graníticas fisuras, Desafiando el rigor de las alturas. Forman telas de mimbre, De finísima, urdimbre, Sobre cálido erial o entre los hielos... Sólidas, al amparo de los cielos, Y a la vista del sol y las estrellas, Bajo el fluído vital de las centellas. Y, hasta en sus pequeñeces, No puede la soberbia planta humana Hollar con altiveces La raiz soberana, Que en la cúspide siempre se coloca De acantilada roca, Por cortantes aristas defendida... Y es necesario despreciar la vida Para llegar al pie de la meseta Donde marca la flor dificil meta... Pináculo oriental de lo sublime Al que el astro solar su beso imprime. Genio inmortal que velas noche y día Por la ventura de la patria mía: ¿Cuando hallarás la _flor de los colinas_ En las altas montañas filipinas? "RIZAL ARTISTA" En sus juegos de niño, Al descender ufano Del tronco envejecido de un manzano, Miraba con cariño El fruto más hermoso, Que a mí me regalaba generoso, Y muy sério decía: "Es pequeña, redonda, Y parece una cara de muñeca Sonrosada y moronda... Y yo, en vez de comerla, le pondría Ojitos".--Y, apesar de alguna mueca, Convertía aquel fruto En busto de cupido diminuto. Lector; si crées invención galana La escultura pueril de la manzana, Admite estos detalles, Y prueba por tí mismo, (Siempre que iguales elementos halles Para el escultural idealismo), Hacer de aquella fruta Una muñeca fresca y diminuta. Manzana filipina, Sonrosada, aromosa, pequeñina, Y para dar una cabal idea, De la infantil presea, Te diré los coloquios que en la infancia Sostuve con Rizal, en una estancia. Parece que lo veo: Con un carbón muy negro y puntiagudo Le puso cejas y ojos... lo que pudo. --¿Sin narices? le dije, ¡oh que feo...! --"Estate quieto, espera, ya le pondremos la nariz de cera, Una nariz pequeña, filipina, Nariz de la modestia, simple y fina." --Pero dime, ¿y la boca? --"Eso aquí, muy pequeña, se coloca Sobre este hueco, ¡hoyuelo de bellezas! Expresión de inocentes gentilezas. Con dos más, forman una maravilla En cualquier sitio de infantil mejilla". --¿Queda sin cabellera? --Sí. Sólo una gorrita Con una blanca y grande _sampaguita_[18]. Un pámpano escotado por pechera, Y en el cuello... así... o como se quiera Por corbata _ilang-ilang_ o _champacas_[19] O las verdes hojuelas de albahacas; Por faldillas las rojas _gumamelas_[20] Y dos partidos mondos cacahuetes Por piés, con dos corolas por chinelas, Ocultas por ribetes Formados en minúsculos estambres, Y verdosos pistilos, Que ensartan dos alambres O metálicos hilos, A simular el oropel y encantos Que dan la majestad a regios mantos. [Nota 18: Aromosas flores del Archipiélago.] [Nota 19: Flor roja, silvestre, parecida a nuestra amapola.] [Nota 20: Hibiscos (Tagalog).] "¡Es niño filipino!",--me decía,-- "Le visto con suprema gallardía." Pasaron sin quebrantos Esos días de juegos infantiles; Vinieron los Abriles, Con todos sus encantos Haciendo palpitar los corazones. Y Rizal ya tallaba Machetes y cañones, Y siempre preparaba,-- ¡Manera singular de sus hazañas!-- Contra el cañón el triunfo de las cañas. Y esto es verdad, mi buen lector mundano, Porque él, con catapultas de cañizo, Con frecuencia deshizo El rico armón de mi cañón prusiano. ¡Del arte militar, el horizonte Que ve un Napoleón o un Jenofonte...! Mas tarde, siempre vencedor en tierra, Piensa en barcos de guerra filipinos... Y ya cansado un día De la dificultad que siempre encierra El triunfo en mar bravía, ¡Buscó en lo sobrehumano los destinos...! Se puso con empeño A esculpir en un leño El frío simbolismo de algún santo... Y el arte místico feliz nacía Con religioso encanto Al modelar su culta idolatría. Ya es preciso cruzar los anchos mares. Los genios tutelares Nos señalan el triunfo muy lejano. Allende el Océano Veremos a Rizal en Barcelona Sobre una mesa del "Café Pelayo" Mirarnos de soslayo, y con, medida artística segura y sonrisa burlona, En el mármol hermoso, muy pulido, Una caricatura Haciendo, pronto, igual y de corrido. y allí nos señalaba, Con rayas y con puntos Cada uno y todos juntos, Y caracterizaba Nuestras tendencias siempre juveniles En el loco correr de los Abriles. Do quiera, hasta en los días de algaradas Era Rizal artista en las veladas. Siempre sus poesías Eran una escultura, O luciente pintura, De sublimes, vibrantes melodías Que por los mares y hasta por los aires Transportaba, en patrióticos donaires, Su artístico altar de estro divino, Del suelo filipino Amor de sus amores, Búcaro inmenso de orientales flores. Recuerdo que una tarde del Otoño, En la Villa del oso y del madroño, En casa de Paterno, De filipinas glorias Recolector eterno Y pensador de idílicas historias, Se hallaban literatos, Ministros, periodistas, Músicos y pintores, Y todos los artistas, En raros pugilatos, A conquistar aplausos o bellezas Exhibiendo primores En cultas gentilezas... Rizal, con tino singular y austero, Me señaló en un rico musiquero La colección de músicas tagalas, Diciénidome sincero: "Mi corazón palpita Cuando a la luz de filipinas galas La música infinita De un canto lastimero Despierta el alma mía Al _kundiman_ de suave melodía..." Y me habló de la insólita guitarra Y me dijo galante: "Yo siempre pintaría al estudiante Con libro, con laúd y cimitarra". Y mientras la alegría fermentaba En aquellos espléndidos salones, De los ricos plafones Donde el genio ideal seleccionaba Filipinas pinturas, Y salacots y bolos... Mil bellas esculturas Y hasta los chirimbolos De igorrotes y aetas Y mandobles y cotas De ignorados atletas En regiones remotas, Y juventud allí rivalizaba... Y entre música y flores se libaba, En copa de abundancias, Amistad y elegancias. Rizal siente volar en el ambiente Las cadencias aladas Que allí llegaban desde Extremo Oriente Por aires filipinos transportadas... ¡Melancólica música sonriente, por el artístico ideal rimadas! Y siguiendo el relato De aquellas expansiones Que enaltecen patrióticas reuniones, Donde el ameno trato De jóvenes diplómatas noveles Para la Patria conquistó laureles; He de nombrar la femenil belleza, Ornada de modestas galanuras De filipina alteza, Con sus alegres castas timideces, Conjunto de hermosuras Mezcladas con ingenuas altiveces. Que preparó en su casa la velada, Do emulación despierta en dulce calma A filipina juventud mimada En amores artísticos del alma; La admirable Consuelo Ortiga y Rey, Que amó en Madrid la filipina grey. Allí Rizal "Me piden versos[21]" dijo En su patriótico amor siempre prolijo... Y aquella niña, sin igual hermosa, Divisó en lontananza alguna cosa Que faltaba en aquel rico concierto, En donde gracias, músicas y flores Esparcían fulgores, Pues Rizal se sentía _en un desierto_ Recordando a su Patria encadenada. La huérfana gentil cerró sus ojos, Y hasta arrugó su frente iluminada Por mil destellos rojos, Al pensar en su madre idolatrada... ¡Así Rizal llenó de pensamientos Aquella hora de luz y arrobamientos!... [Nota 21: Cópiase esta composición entre las del Dr. Rizal.] Es arte el de decir hondas tristezas, Revestidas de fuego y de bellezas. De Luna e Hidalgo es el cantor sublime. Del "Spoliarium" a mujer llorosa, Y de "Las Vírgenes" a voz que gime En cristiana actitud de fé radiosa, Cuando pinta con vívida hermosura La expresión de simbólica pintura En un brindis genial "A los pintores" Que a la patria llenaron de esplendores. Allí comienza el prólogo infinito De su pasión creciente Y patriotismo ardiente, En el _Noli me tángere_ descrito, Con al arte de hacer a los patriotas En las batallas de candentes notas. Clarividente y singular atleta Ya era Rizal el escultor profeta. En Leitmeritz he visto un esqueleto Que me llenó de asombro, Y cual un amuleto Me conmovió por su expresión macabra: Sobre cualquier escombro Puesta de pié, famélica osamenta Cubierta por sayal que apenas se abra. En el cuello un rosario. Y mujer macilenta, Forcejeando en ánsias ya mortales, Contra el lúbrico abrazo del falsario En sus horribles crápulas letales... Con sus órbitas huecas De carcomido sátiro en lujuria Que arranca, atroz, horripilantes muecas En la tragedia de bestial injuria. Así lanza Rizal su primer reto Al amor monacal en esqueleto... Y ya a Dámaso Ponce le vengaba Y a su historia infeliz se anticipaba. Borremos esa escena Do el arte lucha en la mortal gangrena. Otra rica escultura, En "La ciencia que triunfa en la muerte" Me enseñó Blumentritt con galanura, Por venturosa suerte Oí de aquellos labios La incomparable explicación de sabios. Un joven decidido y vigoroso En lo alto, con indómita energía, Cual bandera que ondea En terrible porfía, Ya blande victorioso Antorcha que flamea Para destruir el germen venenoso... Bajo los pies, la calavera chata En que ignorancia o muerte se retrata. Esas dos creaciones O esculturas que admiran las naciones, A Blumentritt le fueron regaladas Por el mismo Rizal, cuando, talladas, Buscó el depositario Que comprenda y explique Al pueblo filipino Aquel plan legendario Que opondrá eterno dique A la ruda invasión de un adversario En el duro camino Para alcanzar la justa independencia... ¡Expresión soberana de arte y ciencia! Blumentritt, en sus fúlgidos salones De filipino ambiente, Do laten filipinos corazones, Sincero y elocuente En aquel sitio mismo ¡Qué parece el dosel del patriotismo! Donde Rizal y él, solos conversaron... Y de su patria con amor trataron Me dijo conmovido: "Ah... esas dos hermosas obras de arte A solas, serán parte A preparar santuario indefinido Para un altar futuro Cuando el género humano, En su criterio puro, Y amor cosmopolita Del mundo, soberano, Viva doquier con libertad bendita, Y transforme del todo el fanatismo En virtud, ciencias, artes y civismo". Sí. De un templo en las gradas Fundó Rizal sus obras celebradas, !Texto o arquitectura De un amor infinito, legendario, Que revela en artística hermosura Su noble corazón humanitario. Y, por Rizal os juro, Al entregar el último retazo De este papel en que sus artes trazo, Que es preciso que "Euterpe" siempre viva En el amor más puro De aquella iniciativa. Y _creciente_ este círculo del arte, Con severa constancia Y oriental arrogancia, Levante inmaculado el estandarte Do brillarán los astros de la gloria Del libro artístico de nuestra historia. Casuso Alcuaz (Jesús) Hijo de Manuel Casuso. Nació en Manila en 1898. Murió en el Japon el 19 de Julio de 1918. Escribió, cuando cursaba el bachillerato, las composiciones que se copian. LAS CAÑAS Cada caña es una flauta que solloza inconsolable Si Céfiro agita blando sus penachos de esmeralda, Y en el tedio de las siestas, si cruzamos los senderos, Nos convidan a la sombra de sus plañideras ramas. Son sus voces cual las dulces de princesas medievales En el fondo de castillos imponentes encerradas, Que inspiraron a los bardos melenudos de Provenza Los más dulces madrigales arrancadas de sus arpas. En la calma apetecible de los pueblos escondidos, Como duendes protectores en las sendas se levantan, Declamando sus estrofas de lirismo incomprensible, A la vez que por sus hojas ruedan tímidas las lágrimas. Viajero, que con anhelos de poder llorar a solas Te encaminas de las selvas a las partes resguardadas, Llora, llora con el ritmo de las cañas majestuosas Bajo pálios florecidos de vegetación malaya. Cuántas veces he cruzado los caminos empolvados Con el sol que descendió como un manto a mis espaldas, Y he buscado la frescura de sus ramas temblorosas, Cual oásis en desierto la sedienta caravana. Y me han dicho sus tristezas, sus pesares, sus dolores; Me han abierto los arcanos musicales de sus almas; Me han narrado complacientes los sucesos culminantes Y apopeyas de los días venturosos de la patria. --"¿Dónde están aquellos fuertes y valientes Solimanes Que cruzaron otros tiempos estas selvas solitarias A la guerra? Todo duerme bajo el polvo de la muerte Y la voz del tiempo rudo va segando nuestra raza". --"En los pechos y en los brazos falta ya el viril denuedo Y en la frente el entusiasmo y en las bocas la palabra: Y la patria llora, llora, de sufrir el cautiverio, Y no hay hombres, no hay soldados, no hay valientes no hay espadas..." --"Cuan mejores, ¡ay! los días en que férricos guerreros Nuestros troncos con el bolo para fin marcial cortaban. Fuimos lanzas, fuimos saetas, que llevábamos la muerte A las filas del contrario, con apóstrofes de rabia." "Hoy dormidas, sólo tienen nuestros troncos musicales Armonías, que el ambiente saturando van de gracia, Y amedrentan a los niños, a los tímidos y púberes, Que imagínanse que oyen los gemidos de las almas." .................................................. Retiréme de la sombra de las cañas sollozantes Y me vine pensativo, ya muy tarde, hacia mi casa; ¡Y en el bosque proseguía dolorida sus lamentos Una orquesta fabulosa de un millar de verdes flautas! A ESPAÑA (FRAGMENTO) Allá, detrás del mar, descansa España con aire augusto de titán, rendida; que al peso tanto de su mucha hazaña, sobre sus lauros se cayó dormida... Allá la patria de Guzmán el Bueno, de un Cid que reta y en palestras mata; y su tizona, remedando el trueno, a los muslines en pavor desata... Allá la noble España, madre nuestra, aquí su noble hija del Oriente, que a los extraños y a los propios muestra que de ella supo levantar la frente... Allá lo grande y lo sublime impera; en Hispania halló el arte sus altares; aquí esta Perla, que felice fuera un pedazo de España en estos mares... Mas hoy, cortados los benditos lazos, tú estás muy lejos de nosotros, madre, y aquí tendemos hacia ti los brazos porque no hay suerte que sin ti nos cuadre... Tú diste al mundo tus caducas leyes, con cien coronas se ciñó tu frente; hollaste cetros, destronaste reyes, y ebria de gloria se durmió tu gente... Si tanta gloria sin igual tuviste y lauros cien tu señorial cabeza, deja que diga que si al fin caíste, fué tu caída tu mayor grandeza. ¿Mas, hemos de insultarte cuando vemos plegar tus alas que taparon soles? ¡Oh, nunca, nunca, que mejor seremos hermanos filipinos y españoles...! ALMAS Cuando inclinan las flores sus corolas sobre los tallos, meditan sus pesares y vierten llanto. A las flores he oído muchas veces gimiendo por lo bajo... ¿Tal vez entre sus pétalos el alma hay de un enamorado? ¿Tal vez las mismas flores aun lozanas reciban desengaños, y tengan de amarguras y dolores repletos los nectarios? Yo no sé, yo no sé qué es lo que tienen, pero ello es el caso que cuando agita el aire sus corolas suspiran por lo bajo... ¡Las flores son las almas de mujeres que en la tierra su crimen no purgaron, mujeres que murieron olvidadas después que tanto amaron, y ahora vagan sus almas de unas flores a otras emigrando, y en el crisol ardiente de sus penas purifican las huellas del pasado... ¡No arranquemos jamás con mano brusca una flor de su tallo: las flores tienen alma; las he oído gimiendo muchas veces por lo bajo...! ...................................... Salí al campo cantando una mañana, y vi sobre su alfombra una siembra de gotas cristalinas, de polícromas gotas. ¿Quién había llorado aquella noche? ¿Fueron, quizá, las sombras? ¿Fueron, quizá, los astros? ¿Fuera, quizá, la luna soñadora...? No sé, no sé quién fuera, pero lágrimas eran tales gotas; lágrimas transparentes y de luces radiantes como auroras...! Dicen que tienen alma las estrellas; mas, ¿por qué lloran? Yo conozco esas lágrimas y juro que son de penas hondas... A veces, cuando el cielo está sereno y la noche reposa, levanto al firmamento la mirada y pálidas las veo y ojerosas...! ¿Hay penas allá arriba? Y si penas no hay, ¿por qué sollozan? ¡Las estrellas son almas que vivieron errantes y azarosas, informando unos cuerpos de materia podrida y hedionda...! Marzo, 1916. Dayot (Rosario) Contemporánea. Alumna de tercer año en el Centro Escolar de señoritas (_High School_) de Manila. A ESPAÑA (OFRENDA.--DÍA ESPAÑOL, 25 JULIO 1922) Con lealtad y gratitud sincera, Unida a tí por irrompible lazo, el alma filipina, en tu regazo, Pone un beso de amor en tu bandera. Perdónala si evoca plañidera De tu recuerdo el indeleble trazo; ¡Oh! ¡cuán dulce calor el de tu abrazo Para el que sufre en angustiosa espera! Mas... escucha sus votos inmarchitos: Ni del tiempo los cursos infinitos, Ni el nuevo rumbo de tutela extraña. Extinguirán en tierra filipina La fe en tu amor, la fabla cervantina Ni este grito supremo: ¡Viva España! Fernández Lumba (Enrique) Nació en Manila en Abril de 1899. En San Juan de Letrán y en la Universidad de Santo Tomás, centros de enseñanza regidos por los frailes dominicos, se hizo bachiller y abogado. Fué redactor de "El Comercio", diario manileño en español. Lo es ahora del diario católico "La Defensa". LA MUJER Es del artista inspiración fecunda; flor divina en el huerto de la vida; del bardo en el laud nota escogida que de armonías la existencia inunda. Angel hermoso que a la tierra inmunda cayó del cielo con el ala herida; blanca luz de la gloria desprendida, que del vivir la lobreguez profunda disipa con la magia de su encanto. Es talismán de poderoso hechizo que al brío de su amor no hay quien resista, ni pecho que no ablande con su llanto. ¡Es Eva que nos quita el paraíso, y es María que el cielo nos conquista! 1919. MIENTRAS DICEN... Madre España, por tu gloria, por el brillo de tu historia, por tu hazaña de tres siglos en la tierra de mi amor, por la sangre que vertiste en las Américas, por tus luchas tan homéricas, por la gloria de tu enseña bicolor, hoy levanto la ideal copa de mi canto, mientras dicen mis hermanos, los poetas, en estrofas peregrinas: ¡viva españa en Filipinas! ¡viva España y su memoria...! y proclaman las trompetas de la gloria tu mirífica victoria. Yo quisiera que mi verso condensara el sentir de veinte pueblos hermanados por tu idioma de armonía tan preclara; veinte pueblos troquelados en el fuego de tu alma generosa; veinte pueblos herederos de tu historia y tu nobleza. Yo los miro en este día como pétalos de rosa colocada en el altar de tu grandeza; como cuerdas de una lira colosal que, pulsada por el genio de la historia, suena un cántico real de sublimes resonancias, que venciendo las distancias publicando va tu gloria por los lindes del planeta... Madre España: por tu honor, por tu idioma, por Legazpi y Urdaneta, por la gloria de tu enseña bicolor, por la cruz que nos legaste, yo levanto la ideal copa de mi canto, mientras cantan mis hermanos, los poetas, en estrofas peregrinas: ¡viva España en Filipinas! Y proclaman las trompetas de la gloria lo inmortal de tu victoria... Julio, 1920. A PLARIDEL[22] Luchaste allá en la vieja monarquía con voluntad exenta de egoísmo, sirviéndote de escudo el patriotismo y nuestra santa libertad por guía. Vertiste gota a gota tu energía en la lucha mental del periodismo, al pueblo predicando el heroismo y encendiéndole en sacra rebeldía. Y es justo que hoy, en los nativos lares, ensalce el vate en líricos cantares tu nombre pregonado por doquiera; y es justo que la patria agradecida, por quien supistes inmolar la vida, ¡guarde en su seno tu mansión postrera...! Noviembre, 1920. [Nota 22: Seudónimo que usó en el periódico "La Solidaridad", por él fundado, el escritor filipino Marcelo H. del Pilar. "La Solidaridad" se publicó en Barcelona.] A MAGALLANES (EN EL CUARTO CENTENARIO DEL DESCUBRIMIENTO DE FILIPINAS) En vano tu recuerdo y tu nombre esclarecidos indignas almas viles intentan olvidar; los signos de tu gloria quedaron esculpidos en páginas eternas del libro universal. Jamás el hombre aleve podrá borrar la estela que tus sencillas naves dejaron en el mar; el genio de la historia por tu recuerdo vela y tu glorioso nombre los siglos guardarán. La noche del olvido no puede con sus brumas de tu memoria egregia las luces apagar; constante el mar azota las peñas, y en espumas tan sólo se convierte su furia pertinaz. No en vano con tus naves cargadas de nobleza, del todo lo sublime que Iberia pudo dar, venciste los embates del mar y su fiereza, trayendo con tu espada la cruz y la verdad. Tu gloria es como el astro que intenso resplandece; mirar tal vez no quieran su bello fulgurar, pero su clara lumbre ni muere ni decrece, y en los espacios célicos luciendo siempre está. Mi débil voz te anuncia que tu gloriosa hazaña trayendo a Filipinas--¡a mi adorado lar!-- la lengua de Castilla, la fe de aquella España, los buenos filipinos jamás olvidarán. En vano la desidia pretenderá olvidarte, que el eco de tu nombre resuena sin cesar; se oye entre las ruinas que sirven de baluarte a un ayer glorioso que nunca cederá; lo lleva entre los labios el hijo de esta tierra: nombrar a Filipinas tu nombre es pronunciar; si el tiempo borra un día la losa que te encierra, no temas, pues tu nombre jamás se perderá. Después de cuatro siglos aun tu gloria existe aun recuerda el pueblo tu hazaña singular, que el tiempo ni los hombres la sangre que vertiste borrar no pueden ellos del suelo de Mactán. ............................................. ¡Oh, insigne Magallanes, bendita tu memoria! ¡Bendito aquel instante cuando cruzaste el mar, trayendo a estas regiones un nombre y una historia, y con la cruz de Cristo la luz de la verdad! Noviembre, 1921. LAS TRES BANDERAS I Vedla, llena de gloria, ondear pacífica Sin los arrestos bélicos de ayer, Es la bandera bicolor, magnífica, Que arrastró un día el triunfo por doquier. Es la de España, la nación prolífica Que a pueblos dió la libertad y el ser; La gualda y roja, a cuya luz mirífica Pudo Iberia la gloria retener... Yo te saludo con el alma extática, Que siempre fué por tu esplendor fanática Queriendo verte ondear en el confín. Rotos los lazos de la unión política, Bendícete mi patria en la hora crítica como al emblema de un amor sin fin... II Ved la otra que se ostenta dominante Llena de juventud y de vigor, Y porque es ella fuerte va delante Deslumbrando con su áurico fulgor. Ayer en Francia se mostró gigante Guiada por el genio vencedor; Hoy por el mundo llévala triunfante De la concordia el ángel mediador. Es la enseña que anuncia libertades Prometiendo trocar en realidades De los pueblos las ansias de vivir... ¡Oh bandera de América potente! Mi pueblo te saluda reverente Como al signo de un bello porvenir... III Y allí la siempre amada y bendecida Que un tiempo se eclipsó de nuestros cielos; La que entrevió Rizal en sus desvelos Y en el supremo instante de su vida. La enseña que en Malolos vióse erguida Colmando de mi patria los anhelos; La que a mi pueblo préstale consuelos En tanto espera verla enaltecida... ¡Bendita seas, tricolor enseña! Mirarte libre un día mi alma sueña, Derramando la luz de tus colores; Y cuando llegue aquel dichoso instante. Yo te diré con alma delirante ¡Que tú eres el amor de mis amores! Enero, 1922. ¿QUE MAS DECIR...? A ESPAÑA Por cantar tu excelsa gloria los poetas ya agotaron los acentos de sus liras, los vocablos del lenguaje... ¿Qué poetas, inspirados por tu historia, no cantaron la nobleza de tus hechos, la virtud de tu linaje? ¿Qué oceanos los colores de tu enseña no copiaron? ¿Qué naciones no sintieron el vigor de tu coraje? ¿Qué países tus soldados con su sangre no sellaron y qué historia habrá en el mundo que a tus fastos aventaje? ¿Qué cultura habrá más alta que la tuya tan cristiana? ¿Cuál más dulce que tu idioma, que parece una fontana que hace siglos se desliza sobre un lecho de diamantes? --Y en el alma filipina, ¿qué recuerdo habrá más dulce? ¿Qué potencia irresistible que al progreso nos impulse, Que la fe de Jesucristo, más la lengua de Cervantes...? Julio, 1922. Guerrero (Fernando María) Nació en el barrio playero manilense de la Ermita, año de 1873. Cursó la segunda enseñanza en el Ateneo municipal. Se hizo perito mecánico y abogado luego. Aunque siempre con aficiones literarias, no comenzó a lucir como poeta hasta el cese de la soberanía española. A partir de 1898, consagróse al periodismo. Dirigió "El Renacimiento", diario filipino, nacionalista, escrito en castellano. Usó el pseudónimo _Belisario Rosas_. En 1907 fué elegido diputado. Ultimamente era secretario del Senado. Es correspondiente de la Real Academia Española. A FILIPINAS Virgen de la Malasia, ramo de flores que argentan con su espuma los roncos mares: tuyos son mis suspiros y mis amores, tuyo el ritmo tembloso de mis cantares. Ya está tu sien radiante libre de abrojos; ya, como ayer, no arrastras veste de ilota, y ya el alba soñada brilla en tus ojos, y tu clámide limpia de manchas flota. Tú eres hoy la sirena del mar malayo, el hada rozagante que endechas quiere y vive de los astros al níveo rayo, cantando su amor puro que nunca muere. ¡Escúchame! En las rimas del bardo errante flamea el sacro fuego del sol de Oriente; deja que al son del arpa tu nombre cante, porque beses siquiera su mustia frente. Sobre un lecho, adormida, de piedras finas, te arrullan de los bosques las auras suaves; velan tus sueños de oro castas ondinas, te murmuran mil trovas parleras aves. Palpita en tus entrañas, arde en tu suelo la áurea y candente lava de los volcanes; sierpes de escamas ígneas hienden tu cielo cuando ruedan crujiendo los huracanes. Ondulando en el éter, sobre los campos, despliega la neblina su blanco tul, y la apolínea antorcha, con vivos lampos, arrebola del cielo la veste azul. En la cúspide esbelta de las montañas, donde el águila altiva trenza su nido, mecidas por la brisa sueñan las cañas con la inflexión de un hondo flébil quejido. A impulsos de la savia de su energía, agitan las palmeras sus verdes plumas; mientras allá, en la selva fresca y sombría, van flotando calladas las densas brumas. Como alígeras flores de oro y zafiro llevadas por el hálito de auras sutiles, los insectos se esparcen con manso giro a libar la ambrosía de los pensiles. Desde la agreste cumbre, suelta, hervorosa, su penacho de linfas la catarata: en él dibuja el iris su franja hermosa, que el lago en sus cristales después retrata. Por tu atmósfera vírgen, urna de aromas, donde sus róseos labios la aurora imprime, vuelan y se acarician blancas palomas, suspirando de amores himno sublime. Y cuando por las tardes el sol desmaya sobre olas de esmeralda su frente roja, niñas de tez morena van a la playa a recoger las conchas que el mar arroja. Son dulces y mimosas como las hadas, rutilan en su rostro ojos traviesos, y hay caricias eternas en sus miradas, y hay un fuego divino que arde en sus besos. Asidas de la mano, suelto el cabello, cruzan nuestras praderas siempre inmarchitas, ostentando en su grácil, flexible cuello, perfumados collares de sampaguitas. Y en la paz de los bosques, en donde vuela el céfiro de mayo vertiendo olores, con los ritmos dolientes de una vihuela mezclan la voz sin mancha de sus amores. ........................................ ¡Patria! ¡Patria bendita, ramo de flores, que besan con sus ondas los roncos mares! Ya que fuiste la cuna de mis amores, ¡Oh! sé también la tumba de mis pesares. Noviembre 1898. BAJO LAS CAÑAS Solemne y honda la mudez del campo; cálido el aire, el término azuloso... Todo vibra de gloria bajo el lampo de un sol que es siempre, cual Apolo, hermoso. En el bochorno de la tarde estiva, sueña la flor y duerme hasta la idea. Sólo aparece como mancha viva, allá en lo alto, la llama que caldea. Silencio y paz... El único sonido que el ambiente volcánico desgarra, lo da, bajo el ramaje florecido, con su música agreste, la cigarra. El espacio es cristal; fulge y ondula cual la cuerda de un arpa estremecida, y mientras más el término se azula, más bellos son los sueños de la vida. ¡Soñar! ¡Vivir...! Soñar bajo las cañas y vivir a su sombra eternamente, sin sentir esas penas tan extrañas que ensombrecen el alma lentamente. Soñar que el corazón es siempre joven y que esa juventud es una gloria, sin cuitas que en el vértigo nos roben lo más caro escondido en la memoria. Soñar así es soñar de color rosa; vivir así es vivir en pleno idilio; es tener en el alma, en vez de prosa, una égloga admirable de Virgilio... ¡Oh, dulces soledades campesinas! ¡Oh, refugio de amor de los cañales...! Tan sólo allí las almas filipinas consiguen olvidar todos sus males. Allí se escucha la palabra santa, la dulce voz de la querida tierra, esa que llora, y regenera, y canta, y en sí las notas de lo grande encierra. Allí todas las almas se expansionan y se abren al amor los corazones, y hasta las frentes tristes se coronan con flores, muy abiertas, de ilusiones. Allí, por un milagro, se ensimisma el alma de la patria con la nuestra, y allí la vemos, bajo el propio prisma, dentro del corazón como maestra... ¡Soñar! ¡Vivir! ¡Soñar allí a la sombra, con la vista clavada en el celaje, que cuanto se contempla y aun se nombra es filipino todo en el paisaje...! Eso es soñar triunfando de la pena y mover con la fe hasta las montañas. ¡Oh, dejadme soñar en mi hada buena a la sombra piadosa de las cañas...! FANTASIA CARNAVALESCA Y cruzaban, y cruzaban sobre el lomo verdinegro del antiguo Pasig[23], todas las espléndidas y gráciles, las espléndidas pagodas como notas fugitivas y triunfantes de un alegro, fusionando con las odas, con los ecos de las odas que exhalaban de sus labios, parecidos a sublimes instrumentos de invisibles gnomos sabios, los espíritus acuáticos y las diosas de los vientos. Y cruzaban las pagodas, y cruzaban las pagodas cual visión de mil colores, como regias invitadas a las bodas de la luz de las estrellas y el aroma de las flores. Y eran flores, flores bellas, las que mórbidas, y esbeltas, y rientes, arrastraban al claror de las estrellas y al sollozo de las aguas somnolentes, sus disfraces de princesas, de princesas refulgentes y de históricas marquesas, con magníficas diademas y con túnicas crujientes. [Nota 23: Río caudaloso que nace en la Laguna de Bay y cruza la capital del Archipiélago, donde vierte al mar.] .................................................. Ya arribaron todas, todas, con sus pórticos y flámulas y sus globos de escarlata: ya arribaron las pagodas... Las pagodas han tocado la marmórea escalinata del palacio del Gran Hombre de mortífera sonrisa, y cuyo nombre lo repiten la corriente de las aguas y los vientos en sus odas y en los flébiles arpegios de su eterna serenata. Ya están quietas las pagodas, ya están quietas cual quelónidos fosfóricos que han plegado sus aletas, escindidas en las ramas de los bosques madrepóricos. Ya las flores van brotando, flores bellas, flores mórbidas, rientes, que recogen, al claror de las estrellas y al murmullo de las ondas balbucientes, los cendales de sus pétalos divinos, y las nieblas de sus túnicas crujientes empapadas en la gama de color de los ardientes paisajes filipinos. Los voltáicos van vertiendo con sus ánforas de plata raudales diamantinos, y en la lámina del agua y en la breve escalinata, la luz blanca va escribiendo mil ensueños peregrinos, mil curiosas historietas de mundanas e inocentes, de galanes y poetas, y de flores, y de flores que vibraron entre ráfagas inquietas de los cierzos destructores, y murieron en un vértigo de amores, reposando todas, todas, al igual de las gloriosas, las espléndidas pagodas, que se aduermen, que están quietas como saurios gigantescos, cual quelónidos fosfóricos que han plegado sus aletas desgarradas en las puntas de los bancos madrepóricos. .................................................. Está lleno el gran palacio. En los fúlgidos salones los disfraces van bailando y ondulando, al compás de locos valses y corteses rigodones. Está lleno el gran palacio. Los voltaicos sinfonizan un poema de alas blancas y eucarísticos jazmines, mientras mugen los trombones, mientras miman los violines con sus mimos que electrizan, y rotundos bordonean los pastosos violoncelos unas músicas de ensueño que la mente narcotizan como un opio de los cielos, y derraman los oboes la armonía voluptuosa del amor y del idilio que recuerda bellas páginas del gran Longo y de Virgilio, ¡bellas páginas soñadas en la Hélade y el Lacio, tierra azul de las ideas! con sus Dafnis y sus Cloes, con sus Títiros agrestes y sus lindas Galateas... ¡Está lleno el gran palacio! Y se agitan los disfraces en tumulto pintoresco, y fascinan con sus ropas, con sus ropas policrómicas, con su rostro pierrotesco, y entre rápidas volutas del furioso torbellino, burbujea efervescente, hasta el borde de las copas delicadas y sonoras, la alegría del buen vino. Las parejas se entrelazan, las parejas sudorosas se entrelazan en la fiesta, como ramas de mil árboles que se funden y se abrazan; y a los sones de la orquesta, que acaricia con sus flautas, sus oboes y violines, los sedeños zapatitos y los nítidos botines van trazando nuevas vueltas y espirales, nuevas curvas ideales a la luz de los voltaicos semejantes a jazmines, a jazmines de florestas siderales, de corolas luminosas, de pistilos colosales, mientras sobre el lomo ingente del gran Pasig verdinegro, las pagodas todas, todas, las hieráticas pagodas, se fastidian y bostezan, envidiosas del alegro, las fantásticas pagodas. .................................................. Ya amanece. Ya el sol bello pontifica en el espacio, en su altar de azul y grana y con su hostia de topacio. ¡Ya está mudo el gran palacio! Diciembre, 1903. DOLORA DE PASCUA ¡Alma de Diciembre, perfume de Pascua, que impregnas la arcilla de mi corazón, y en lo frío pones de mi vida un ascua de alegría ingenua y otra de ilusión...! Sonajas y parches alzarán en coro frente a los belenes pastoril canción, y sobre el establo, una estrella de oro marcará la senda de la adoración. Son trozos de espejo los azules lagos, algodón las nubes, lo demás cartón; cruzarán un puente los tres Reyes Magos y ordenará Herodes la degollación... ¡Ah! sí, muy dichosos los que todavía no han roto los velos de la encantación, y sueñan de noche, y también de día, en que son las nubes copos de algodón. ¡Dichosas las manos de los pequeñuelos que aun aroma el óleo de la tradición, y dejan zapatos como barquichuelos en espera de algo, sobre algún balcón...! Si ellas no tocaran jamás una herida ni tocaran nunca la humana ficción, fueran inocentes por toda la vida y en Belén durmiera toda su ilusión. Pero se harán grandes, palparán desdenes, tomarán un cetro: el de la Razón, y ya no habrá el goce de erigir belenes ni soñar en Reyes Magos de cartón... ....................................... ¡Alma de Diciembre, beso de la Pascua que aromas la arcilla de mi corazón! ¿Por qué en nuestras vidas no pones un ascua de candor eterno y eterna ilusión? MAS QUE TODO, MI CRUZ... Hay un amor oculto en cada cosa y en cada cosa una sutil tristeza, lo mismo en una rosa --vaso que Abril llenó de su belleza-- que en la fina y voluble mariposa de lírica hermosura, que, al posarse temblando en tu cabeza, surmonta su locura a tu locura. Cuando despunta un sueño y florece en la vida una quimera, el fondo de las cosas es risueño porque es azul como una primavera. Pero si un sueño muere y la quimera amable nos olvida, cada cosa es un dardo que nos hiere, y lloran no sé qué miserere las cosas de la vida. Todavía eres joven, pero yo voy haciéndome ya viejo, y antes que tu primor los años roben y te diga el espejo la verdad de un encanto destruído, permite que te envíe este consejo del corazón, un poco entristecido: Busca el amor oculto en cada cosa, quédate con el alma de la rosa, con su aroma y color; y de las alas de la mariposa toma el vuelo sutil, la gracia leve, y hallarás en la vida, que es tan breve, una divina suavidad de amor. Busca en la quieta fuente la armonía del agua que hace santa la enorme soledad; busca en la ondulación de la corriente, que a veces llora y otras veces canta, el hondo arcano de la libertad. No interrogues al astro perdido en el zafir, por tu senda o tu rastro, o lo que ha de venir. Pregunta por su luz, tan dulce y pura, pregunta por su inmensa trayectoria, y si es verdad que en la celeste altura existe o no la gloria. Busca, en fin, un amor en cada cosa y cada amor te ofrecerá su rosa. Yo, mientras tanto, buscaré en las cosas una lágrima oculta, una tristeza. Es justo. En mis jardines ya no hay rosas sino espinas: ¡las lleva mi cabeza! He cambiado las llaves del cariño por las llaves del cofre del dolor, y voy, o como un viejo o como un niño, muerto para las glorias del amor. Quede en tus manos, pues, la mariposa, quede en tus manos la divina rosa, el agua mansa y la celeste luz, y déjame en limosna la tristeza, las espinas que ciñen mi cabeza, y, más que todo, mi sangrienta cruz. LA BANDERA Corre el torrente alborotado y ciego, y el Derecho parece una quimera; pero aun hay fe, y allí donde yo llego ha de llegar conmigo mi bandera. Es bandera muy santa. Me la dieron hombres ya muertos de mi propia raza. Ellos la amaron mucho y defendieron cuando tronó el insulto o la amenaza. Y hoy la defiendo yo. No sea el torrente la fuerza superior que la derribe. Esa bandera es algo omnipotente que flota y obsesiona, y siempre vive. ¡Vivirá...! Si algún día de mis manos un golpe del azar la desprendiera, en pos de mí vendrían mis hermanos a tremolar de nuevo esa bandera. Fija en la brecha está. Ese es su puesto; allí la encontrarán otras edades; allí irán a besar su hierro enhiesto rayos de gloria o fieras tempestades. Allí la mirarán, siempre clavada, flameando al sol, las esperanzas mías; vieja quizás, pero jamás hollada, jamás vendida por el bravo _Elías_...[24] [Nota 24: Interesante personaje de _Noli me tangere_.] Y Elías es mi hermano. Su firmeza arde en todas las almas filipinas, ya la ciñan de flores o de espinas, y satura de fe nuestra cabeza. ¿Y qué brazo mejor que el brazo hermano para sostén de la bandera santa? Ese la salvaría del pantano, como la salva ahora y la levanta. ¡Alcémosla...! ¡Que llegue hasta los cielos, que ondee y que restalle muy arriba, que cubra con su gloria nuestros duelos y que mantenga la esperanza viva! Y aunque ciego el raudal se precipite y parezca el Derecho una quimera, nadie, mientras la fe no se marchite, podrá decir que ha muerto esa bandera... Junio, 1905. MARCHA FUNEBRE DE CHOPIN Pausas, grandes pausas, notas largas, estertores musicales, lloriqueos de almas rotas, fusión de cosas amargas, y entre el lloro de las notas lamentables y solemnes, melancólicas y graves, un olor a flores mustias, un vuelo de negras aves cantando en el aire gélido la canción de las angustias. Pausas, grandes pausas. (Va el cortejo, con sus sombríos crespones, por la calle silenciosa, de los cirios al reflejo, farfullando rezos tristes. Los relinchantes bridones estremecen sus gualdrapas y sacuden sus airones negros como las coronas, las estolas y las capas...) Pausas, grandes pausas. Amarguras, humedades en los ojos, en el pecho una honda herida... ¡Oh, flor de las sepulturas! ¡oh, tristeza de la vida! .................................................. De repente un gran quejido, de repente un gran lamento. una armonía inefable, un suspiro sofocado bajo las alas del viento... ¡algo que queda imborrable...! El muerto va en la carroza, anegada hasta los bordes de muchas rosas muy pálidas... Detrás, la pobre familia que padece y que solloza, ¡caras de pena que cubren temblonas manos escuálidas! El quejido pasa y muere en languidez dolorosa, y a lo lejos va llorando sus llantos el _Miserere_, ¡triste canción de la fosa! ...Y luego una melodía, una música de ensueño y de aflicción resignada, como el hielo, blanca y fría, como el beso, delicada... (El cuerpo es el del amado... ¡Adiós! Blanquea un pañuelo sobre el negror de unos ojos que suben desde el cadáver hasta la gloria del cielo lleno de matices rojos...) Crepúsculo. Entra el cortejo en la ciudad de los muertos. Pausas, grandes pausas, notas largas, armonías lamentosas, soledad de los desiertos, ¡inmensas cosas amargas...! ¡Oh, Chopín! ¡Oh, gran maestro! (Ya están cayendo las hojas, ya está cayendo la escarcha). Haz que suenen en el aire melancólico y siniestro, cerca a mí, las armonías funerales de tu _Marcha_... Octubre, 1905. ANTIFONARIO ORACIÓN DE TODA HORA Santa Reina del amor: tú sabes que noche y día te rezo la letanía y la salve del dolor. Tú sabes que es el deleite de mi alma sentimental llenar de fragante aceite tu lámpara de cristal, y con mano temblorosa mi luz votiva encender, y enflorar con una rosa tus leves pies de mujer. Señora: por la belleza de toda melancolía; por la vesperal tristeza de mi ruta; por la fría cerrazón de mis mañanas; por las rosas que en Abril mueren solas y tempranas; por toda brisa sutil que besó flores amargas; por toda negra visión y por las horas ¡tan largas! en que espera el corazón; por los escollos adversos donde se estrella mi esquife; por mis lágrimas y versos y por el mismo arrecife, libértame del delito de hablarte a veces en prosa; libértame, y pues contrito estoy de mi culpa odiosa, guárdame en tu corazón y en tu memoria también, y dame tu bendición por siempre jamás. Amén. ORACIÓN MATINAL Nuestra Señora de la mañana: tú, que deslíes sobre las nieblas tu suave grana; tú, que te enjoyas de mil rubíes; tú, soberana, que te sonríes como una dulce Fata Morgana, pon en mi lengua sabor de mieles y una sonrisa bajo mis labios. No me des nunca laureles sabios... Odio lo amargo: gloria, laureles. Guíame al prado de tu optimismo, donde el buen Emerson, todo sonrisa, dijo su misa, que era la misa de su pietismo... ¡Santa mañana, reina ideal, vaso de lirios en eclosión, arca de gemas y de cristal, por tí suspira mi corazón! Reina inmortal, manda a mi pluma tu tentación, toda la excelsa luz de tu edén; libra mis sueños de todo mal, y haz que a tu diestra me siente. Amén. ORACIÓN DEL MEDIODÍA Padre y señor. Tú, Mitra, el del ojo sanguíneo, gran arquero celeste que lo penetras todo con tu dardo lumíneo; tú, el de la roja veste con orlas y con flecos de eternas igniciones; tú, Helios, y tú, Osiris, por quien vive el imperio de las constelaciones y se hace en las alturas el milagro del iris; tú, bello emperador, envíanos tus dones, tus púrpuras de gloria y tu vital calor. Derrite en tus brasas todos los corazones, para que al fin, señor, salgan del frío ártico de su inercia y desdén, y en su nuevo ecuador reciban el espíritu del arte nuevo. Amén. ORACIÓN VESPERAL Madona crepuscular que de nostalgias te vistes, cuando, tristes, caen las rosas del otro lado del mar; Madona, tú que, si pasas sobre el camino del hombre, dejas en toda frente prendidas las tenues gasas de unas "saudades" sin nombre; ¡Madona! ¡Madona mía! la de los ojos cargados de resplandores violeta, fuente de melancolía del poeta; tiende tus pálidas manos al que en tus velos de reina clara un dardo de ironía, porque no entiende tu culto ni sabe de tus arcanos, ¡santa mía! Dale a besar tus anillos en que Véspero escintila, tus collares, tus zarcillos, tu boca roja y tranquila... Y cuando tu seducción divina y crepuscular conquiste para tu rito algún nuevo corazón que sepa quimerizar, extiende sobre el neófito tus manos en bendición, ¡oh Madona!, y alrededor de su sien pon las perlas de nostalgia que tiemblan en tu corona, por toda tu vida. Amén. ORACIÓN DE LA ALTA NOCHE ¡Noche...! Sulamita, tan hermosa y tan negra cual mis propios pesares, como aquella que muere de langor, y palpita entre los nardos del _Cantar de los cantares_; emperatriz augusta del silencio y la sombra, noche meditabunda, ¡salve, mil veces salve! Por mi voz que te nombra, por mi vida errabunda, por mi senda cubierta de propósitos muertos y de muertas venturas; por la luz que no encuentran mis jardines desiertos, por todas mis tristuras; unge mi pecho en un claror de luna, en un beso de brisas; dame el bien de todos tus misterios, noche bruna, y no me prives de tu luna. Amén. 1908. HORA CALIDA ¡Oh calor de la siesta filipina, calor de corazón, calor de fragua, en que hierve en la copa cristalina, con temblores estuosos, hasta el agua! Una suave molicie que alucina irrumpe en nuestra carne, y la cabeza, como agobiada de sopor, se inclina florecida de rosas de pereza. Hay como una decadencia en las pupilas húmedas de pasión; y mientras fiera la luz solar sobre las cosas arde, beben las almas graves y tranquilas el vino del ensueño y la quimera en el cálido vaso de la tarde. Octubre, 1908. LA ISLA HERMANA Isla de los tesoros, Mindanao, isla fuerte de cristianos y moros, grande bajo el aliento del polífono mar; isla de bravas gestas y pugnas legendarias, que tiene por reductos las selvas milenarias y por vivac inmenso el campo secular. Isla maravillosa, sultana bella y grácil a quien vemos ansiosa poner oro y corales sobre el nativo altar, y buscar en la arena de sus sonoras playas, como sus dos hermanas, cual Luzón y Bisayas, la perla de un ensueño que no quiere llegar... La gran Naturaleza te dió la magia augusta de su inmortal belleza, su savia formidable, su sol canicular; por eso son enormes tus bosques y tus ríos, y hacen temblar ejércitos tus indomables bríos, y el Apo a las estrellas no cesa de retar. Eres como tus lagos, para la flor propicios, para el pirata aciagos, épicos en la guerra, líricos en la paz; y eres, cuando el peligro tus lares amenaza, la cúspide en que erige sus tiendas una raza para gritar:--"¡Atilas! mi gloria no es fugaz. "Yo soy como el granito; mi sed de vivir sube hasta el infinito como las flechas ágiles de mi aljaba ancestral. Yo, aunque me ciña ajorcas, zarcillos y turbante, tengo en las venas mías la sangre palpitante, la misma que en el ara oblacionó Rizal." ¡Loor a tu boca altiva, Mindanao, isla de oro, Cólquida rediviva, a donde van los Argos de un moderno Jasón! Tu increpación histórica tiene inmanente vida; es la consigna étnica de que jamás se olvida ni el hombre de Bisayas, ni el hijo de Luzón. Un vínculo más fuerte que el puño de los Césares y que la misma muerte hace de las tres islas un solo corazón; que tendrá, en la ventura, una sonrisa única, y, en las adversas horas, sabrá rasgar su túnica con un definitivo y unánime tirón. ¿No son tus noches bellas las mismas que las nuestras? ¿No es luz de tus estrellas la que reciben juntas Bisayas y Luzón? ¿No es aroma indígena del _ilang-ilang_ regio el que a leer nos mueve un solo florilegio y a sentir, alma adentro, una sola emoción? ¡No morirás...! No temas que extrañas manos roben tus collares de gemas y maten de un hachazo tu árbol tradicional: los que guardan su libro de gestas legendarias y tienen por reductos las selvas milenarias, clarinearán mañana una marcha triunfal... Cólquida filipina, Mindanao, isla hermana, isla bella y divina en cuyo honor dispara sus retumbos el mar: para quien sea osado a herir tus esperanzas, sé como nuestra piña, corónate de lanzas y quede en ellas muerto el pulpo secular. Agosto, 1908. ILANG-ILANG _Ilang-ilang_ de los huertos filipinos, donde aroman aurinegras mariposas sus dos alas de colores vespertinos cual flabeles para reinas voluptuosas; _ilang-ilang_ de ramaje desmayado --varillaje de verdosos parasoles-- tú eres fuerte por el beso que han dejado en tu copa melodiosa muchos soles. Son tus flores glaucos astros pensativos y eres todo, cuando ondulas, incensario ante el ara de los dioses primitivos en el templo de algún bosque milenario. Tu perfume, como un alma grande y sola, ha pasado del terruño las fronteras; y el prestigio que embellece tu corola no lo olvidan las beldades extranjeras. De sus áureos tocadores los cristales --ostensorios de tu lírica fragancia-- reverdecen en los lechos virginales un delirio que halló vida en la constancia... _Ilang-ilang_, árbol patrio, suave y bello: a tu sombra dicen cuentos y cariños nuestras musas de negrísimo cabello y alma ingenua como el alma de los niños. Si tus hojas, bajo el ala de la brisa, dan al aire de la noche madrigales, no hay un labio que no enflore una sonrisa ni una fuente que no azule sus cristales. _Ilang-ilang_ que arrojaste tus corolas en mis sendas a la luz del plenilunio: ¡cuántas almas que están tristes y están solas han cubierto con tus flores su infortunio! Y han creído que era un beso muy cercano el suspiro de tus flores estelares, y han gritado: "¡Ya, ya viene el beso hermano a la herida que han abierto los pesares!" Por tí, todo: por la gloria de tu esencia, por tus hojas que alcatifan nuestra ruta, por tu sombra, donde es buena la existencia y pensamos que no es todo fuerza bruta. Danos siempre con tu olor de primavera un anhelo de ser libres como el viento, que sacude tu fragante cabellera y emborracha nuestra vida con su aliento. _Ilang-ilang_ de los huertos filipinos a que el alma de mis cánticos se abraza; sé tú el árbol de verdores matutinos que perfume las tristezas de mi raza. Septiembre, 1909. EL DOLOR DE LAS CUARTILLAS VÍRGENES Quedó sin nada en la mesa la inmaculada cuartilla, y yo me dí en pensar hondo pidiendo una maravilla a la luz chisporroteante de una candela amarilla de pena... Quedó sin nada la inmaculada cuartilla. Yo quise llenar el pliego, casto por sus resplandores, de mis locuras de niño, de mis risas y dolores, del aroma inolvidado de no sé qué santas flores, y así convertir el pliego en libro de mis amores. Era la noche de luna. Fuera decían los vientos el suspiro milenario de sus plácidos lamentos. En mi frente había un loco florecer de pensamientos y de tristezas nocturnas... ¡Fuera lloraban los vientos! Mis pobres quimeras iban rotas en el torbellino; mis pies no tenían rumbo, ni mi espíritu destino; pero allá lejos un niño, un niño ciego y divino, me disparaba una flecha y me enseñaba el camino. Tomé la pluma. En mi mano hubo temblores febriles, miedo de no encarnar nunca en las palabras sutiles la voz de mi vida; el miedo de un _bebé_ de cuatro abriles a las brujas y los duendes de los cuentos infantiles. ¿Qué escribir? ¿Qué pensamientos consignar en aquel trozo de papel? ¿Mis ilusiones? ¿La hora triste o la del gozo? Miré dentro de mi vida y mi vida era un destrozo; miré fuera, y desde fuera llegó a mí un hondo sollozo. Solté el cálamo. Mi vida no me daba la respuesta; no había una flor en toda la inmensidad de la cuesta; mi fatiga siempre grande, la carga siempre molesta, y en el aire ni el susurro de la más leve respuesta. ¿Qué escribir...? La tinta obscura del tintero era tristeza; tristeza el silencio augusto de la gran Naturaleza, y en medio de este dualismo de dolor y de aspereza, se moría lo más triste de lo triste: mi cabeza. Quedó sin nada en la mesa la cuartilla inmaculada. Hundí en las manos mi frente ardorosa y quebrantada; pedí al pábilo amarillo la lumbre de una mirada, y en el fondo de mi vida no hubo nada, nada... nada. ¡Oh vacío de las almas...! ¡Oh negras horas tediosas en que no hay para las manos que tiemblan divinas rosas, ni para los ojos tristes un vuelo de mariposas novias del sol...! ¡Oh infinita pesadumbre de las cosas! Dejadme esta noche solo retroceder a mi cuna, ver que la besa y la envuelve un suave rayo de luna; no me arranquéis de los ojos una lágrima importuna... ¡Dejadme solo esta noche, que la noche está de luna! Alcé mi frente. La vida no me daba su respuesta. No había una flor en toda la inmensidad de la cuesta; mi fatiga siempre grande, mi carga siempre molesta, y los labios de mi musa no me daban la respuesta... Y mientras yo meditaba sobre la virgen cuartilla, penetró por mi ventana un ave de pesadilla; yo pedí que me cantara un canto de maravilla, y el ave mató la luz de la candela amarilla. Quedó sin nada en la mesa la