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classicistranieri.com - The Mirrored Project Gutenberg eBook of Fortuna, by Enrique Perez Escrich

This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
almost no restrictions whatsoever.  You may copy it, give it away or
re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
with this eBook or online at www.gutenberg.net


Title: Fortuna

Author: Enrique Perez Escrich

Release Date: July 27, 2005 [EBook #16372]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK FORTUNA ***




Produced by John Hagerson, Kevin Handy, Chuck Greif and
the Online Distributed Proofreading Team.






Heath's Modern Language Series, by Enrique Pérez Escrich.

Heath's Modern Language Series


FORTUNA

BY ENRIQUE PÉREZ ESCRICH

EDITED WITH NOTES, DIRECT-METHOD EXERCISES, AND VOCABULARY
BY ELIJAH CLARENCE HILLS
PROFESSOR OF SPANISH IN THE UNIVERSITY OF CALIFORNIA
AND
LOUISE REINHARDT
INSTRUCTOR OF MODERN LANGUAGES IN THE COLORADO SPRINGS HIGH SCHOOL

D.C. HEATH & CO., PUBLISHERS
BOSTON NEW YORK CHICAGO
COPYRIGHT, 1920, 1922,
BY D.C. HEATH & CO.
PRINTED IN U.S.A.


CONTENTS


INTRODUCTORY
FORTUNA
CAPÍTULO PRIMERO
CAPÍTULO II
CAPÍTULO III
CAPÍTULO IV
CAPÍTULO V
NOTES
EJERCICIOS
ABBREVIATIONS
VOCABULARY


INTRODUCTORY

Fortuna is probably the most popular dog story in Spanish. It makes pleasant reading, it holds the student's interest throughout, and its language is clear and simple.

The author of Fortuna, Enrique Pérez Escrich (1829-1897), was born in Valencia, Spain, but he went to Madrid when a young man. He was a prolific writer of popular stories. Both Fortuna and Tony, another dog story by the same author, are evidence that Pérez Escrich knew dogs and loved them. One can not read these stories without feeling greater admiration and respect for the dog, the best friend that man has among the animals. Fortuna also gives an interesting account of the adventures of a boy who is kidnapped and is finally rescued with the aid of the dog whom he had befriended and who thus undertook to pay his debt of gratitude.

For a brief account of the life and works of Pérez Escrich, see Julio Cejador y Frauca, Historia de la Lengua y Literatura Castellana, Vol. VIII (pages 56-57), Madrid, 1918.

In this edition of Fortuna some words and sentences have been omitted from the text because they were uninteresting and unimportant. In a few cases expressions have been left out because they were unusual and therefore not adapted to elementary instruction.

In the exercises there is an abundance of direct-method material. Each of the exercises consists of four parts. The first part gives simple grammatical questions. The second contains idiomatic expressions to be committed to memory and to be used in the formation of sentences. The third part gives questions on the subject matter of the story which are to be answered in Spanish. And the fourth contains connected sentences to be translated from English into Spanish. Those teachers who prefer that the students in the elementary classes should not translate English into Spanish may postpone or omit altogether this part of the exercises if they wish to do so.

The language of Fortuna is so clear and simple that the story may be read to advantage in elementary classes. The notes, the direct-method exercises and the vocabulary have been prepared with a view to the needs of beginners.

The editors are glad to take this opportunity of expressing their thanks to Professor Juan Cano, Mr. Antonio Alonso, and Miss Madre Merrill of Indiana University, and Dr. Alexander Green and Miss Ellen E. Aldrich of D.C. Heath and Company for their valuable assistance in the preparation of this book.

E.C.H. L.R.


FORTUNA

HISTORIA DE UN PERRO AGRADECIDO

POR

ENRIQUE PÉREZ ESCRICH


CAPÍTULO PRIMERO

Sentenciado a muerte

El sol caía de plano calcinando el blanco polvo de la carretera, y las hojas de los temblorosos álamos, que bordeaban el camino, habían suspendido su eterno movimiento, adormecidas bajo el peso de una temperatura agostadora.

Un perro de raza dudosa, lomo rojizo, orejas de lobo y prolongado hocico, caminaba con el rabo caído, la mirada triste, la boca abierta y la lengua colgante.

De vez en cuando se detenía a la sombra de un álamo y levantaba la cabeza como si venteara ese aire húmedo e imperceptible para los hombres, pero que al delicado olfato de la raza canina le indica la fuente o el codiciado charco donde apagar su sed.

Entonces, de la encendida y húmeda lengua del perro caía gota a gota ese sudor interno que, no encontrando paso por los cerrados poros de la piel, se exhala por la boca.

El pobre animal parecía muy cansado y sus ijares se agitaban con precipitada respiración. Luego emprendía de nuevo su marcha por aquel largo camino solitario y abrasado.

De pronto se detuvo. Se hallaba en lo más alto de una cuesta, y a cien metros de distancia, en el fondo de un valle, se veía un pueblo.[1] El fatigado animal pareció vacilar, presintiendo sin duda lo que le esperaba en aquel pueblo que la blanca línea de la carretera dividía en dos mitades.[A]

Por fin se resolvió a continuar su camino porque la sed le devoraba, y en aquel pueblo debía haber agua.

Llegó al pueblo cuyas desiertas calles recibían de plano ese sol abrasador de un día del mes de julio.

Las paredes de las casas, las tapias de los corrales, no proyectaban la menor sombra; el reloj de la torre acababa de dar doce campanadas.

En la primera casa, a la sombra de un cobertizo, se hallaba una mujer lavando; cerca de ella y sobre una zalea se veía un niño que tendría dos años de edad.[2] El niño jugaba con sus rotos zapatos que había logrado quitarse de los pies.

La puerta del corral estaba entornada. El perro, que sin duda había olfateado el agua, la empujó con el hocico.

—¡Tuso!...—le gritó la mujer.

Pero como si este grito no bastara para ahuyentar al importuno huésped, cogió una piedra y se la arrojó con fuerza.

El pobre animal esquivó el cuerpo lanzando un gruñido y enseñándole los colmillos a la mujer; luego continuó su camino.

Un poco más abajo volvió a detenerse. La puerta de un corral estaba de par en par. En medio había un pozo y una pila de piedra rebosando agua.

El perro no vio a nadie y se decidió a entrar, pero al mismo tiempo salió un hombre de la cuadra con un garrote en la mano. El pobre animal, adivinando que aquel segundo encuentro podía serle más funesto que el primero, se quedó mirando al hombre con tristes y suplicantes ojos y moviendo el rabo en señal de alianza.[B]

El hombre, que sin duda tenía poco desarrollado el órgano de la caridad, se fué hacia el perro con el garrote levantado.

El perro indignado ante aquel recibimiento tan poco hospitalario, gruñó sordamente, enseñándole al mismo tiempo su robusta dentadura y su encendida boca.

—¿Estará rabioso?—se preguntó el hombre.

Y dándose él mismo una respuesta afirmativa, le arrojó el palo con fuerza y entró en la casa gritando:

—¡Un perro rabioso!... ¡Mi escopeta, mi escopeta!

Éste fué el toque de rebato que puso en conmoción a todos los vecinos, porque desgraciado del perro forastero que durante la canícula entra en un pueblo en las horas del calor y se le ocurre a alguno decir que rabia, porque desde este momento queda decretada su muerte; el arma con que debe ejecutarse la sentencia es igual; pues se emplean todas: la escopeta, la hoz, la horquilla, el palo, la piedra; lo primero que se halla a mano para herir.[C]

Basta un movimiento agresivo del perro para que todos huyan pronunciando allá en su interior la famosa frase de las derrotas: sálvese el que pueda.

Cuando el hombre que había lanzado el primer grito de alarma salió a la calle con la escopeta, el perro se hallaba cuatro o cinco casas más abajo, pero el hombre, sin encomendarse a Dios ni al diablo, se puso la escopeta a la cara e hizo fuego. Afortunadamente para el pobre perro, los perdigones fueron a aplastarse en un poyo de piedra; pero algunos de rechazo dieron en el lomo y en las ancas del animal, que lanzó un aullido doloroso.

Los vecinos salían a sus puertas, y enterándose al instante de lo que ocurría, comenzaron a dar voces y a arrojar sobre el animal, que ningún daño les había hecho, todo lo que encontraban a mano.

El perro, azorado y medroso, huía siempre confiando su salvación a la ligereza de sus piernas y ansioso de hallarse lejos de aquel pueblo inhospitalario en donde hasta las piedras se volvían contra él.

Ya casi iba a conseguir su objeto, cuando vio cerrado el paso por un hombre que montaba un caballejo de pobre y miserable estampa.

Era el cuadrillero del pueblo, que desenvainando un inmenso sable de caballería, se dispuso a cerrarle el paso, mientras que la gente que seguía al perro con palos, hoces y horquillas, le gritaba:

—¡Mátale, Cachucha, mátale; está rabioso!

El pobre animal miró a derecha e izquierda, buscando una salida salvadora.

La gente, lanzando gritos de guerra y exterminio, le iba estrechando por ambas partes de la calle.[3]

La situación del perro forastero era verdaderamente angustiosa, las piedras llovían sobre él dando muchas veces en el blanco, y el enorme sable del cuadrillero Cachucha centelleaba herido por los rayos del sol, amenazándole de muerte.

Sin embargo, nadie era tan valiente que se atreviera a ponerse al alcance de los colmillos del perro.

Entre los perseguidores del perro había tres o cuatro armados con escopeta, podían dar la muerte a su enemigo desde lejos, pero nadie disparaba, temerosos de herirse los unos a los otros.

De vez en cuando se oía la voz del cuadrillero Cachucha que gritaba:

—¡Cuidado con las escopetas!... ¡Ojo, que estoy aquí!...

En este momento aflictivo se abrió una pequeña puerta de la tapia de un jardín y el perro se metió por ella precipitadamente.

Cachucha bajó con ligereza del caballejo y corrió hacia la casa por donde había desaparecido el perro, agitando el sable en el aire con nerviosa mano y exclamando con toda la fuerza de sus pulmones:

—¡Compañeros, salvemos a nuestro padre, salvemos a nuestra providencia!


CAPÍTULO II

El indulto

Don Salvador Bueno era el vecino más respetable, más sabio, más caritativo y más rico del pueblo.

Sus sesenta años, su cabeza blanca como la nieve, su rostro bondadoso, su afable sonrisa y su mirada serena hacían exclamar a todo el mundo: ahí va un hombre de bien, un justo.

Don Salvador había viajado mucho y leído mucho con provecho. Sus conocimientos eran tan generales que su conversación resultaba siempre instructiva y amena. Veía las épocas antiguas con la misma claridad que la presente, y al hablar de los grandes hombres de Grecia y de Roma, parecía que hablaba de amigos íntimos que acababan de morir pocos días antes.

Aquel venerable anciano era una enciclopedia siempre a disposición de los que querían consultarla en el pueblo.

Tampoco habían faltado penas al señor Bueno: había visto morir a un hijo al año de terminar de un modo brillante la carrera de ingeniero de Caminos y Canales y a una hija a los seis meses de dar a luz un hermoso niño.[4]

Don Salvador se había quedado solo en el mundo con su nieto, que se llamaba Juanito y en la época que nos ocupa era un precioso niño de ocho años de edad.[D]

El abuelo se había propuesto hacer de su nieto un hombre perfecto.

—Yo le enseñaré—se decía—todo lo que puede enseñarse en un colegio, en el buen sentido de la palabra, porque en los colegios también se aprende algo malo. Procuraré, al mismo tiempo que educo su inteligencia en los sanos principios de la moral, de la caridad y del amor al prójimo, desarrollar sus fuerzas físicas, educar su cuerpo.

Juanito era un niño tan hermoso de cuerpo como de alma, con una inteligencia clarísima y un corazón bondadoso y caritativo.

Entremos ahora en casa de don Salvador Bueno.

El reloj de la iglesia acababa de dar las doce campanadas del mediodía.

La casa de don Salvador, situada a la salida del pueblo, tenía un espacioso jardín. En el centro de un grupo de corpulentos árboles se alzaba un pabellón en donde pasaban durante las calurosas horas de la canícula el abuelo y el nieto largos ratos, entregados unas veces a los ejercicios de la gimnasia y de la esgrima, otras a la lectura.[5]

En el momento que vamos a permitir a nuestros lectores que entren en el pabellón, don Salvador y Juanito se hallaban haciendo lo que en el lenguaje técnico de los gimnasios se llaman poleas, ejercicio que desarrolla los músculos de los brazos, ensancha el pecho y abre el apetito.

El viejo y el niño iban vestidos lo mismo, pantalón de lienzo blanco, una almilla rayada ceñida al cuerpo, zapatillas y cinturón de lona.

Este ligerísimo traje era el más a propósito para hacer gimnasia, sobre todo en las horas calurosas del mes de julio.

—Basta por hoy, Juanito, basta por hoy,—dijo el anciano, cogiendo un pañuelo y limpiando el sudor que corría con abundancia por la frente de su nieto.

—No estoy cansado,—contestó Juanito,—si Vd. quiere, podemos continuar hasta que Polonia nos llame para comer.

Polonia era el ama de gobierno y había sido nodriza de Juanito. El marido de Polonia ejercía en la casa las funciones de mayordomo.

—No, no; tienes la cara encendida como una amapola,—añadió el viejo acariciando la cabeza del niño—y antes de comer conviene que descanses un poco. Vaya, échate en el sofá con las manos cruzadas debajo de la cabeza: esa postura es muy higiénica. Yo voy a hacer lo mismo en esa mecedora.[6]

Juanito, que ya se había tendido en el sofá, se incorporó un poco y dijo:

—¿Ha oído Vd.? Parece que ha sonado un tiro a lo lejos, en la calle.

—Será algún cazador que vuelve del monte y habrá disparado la escopeta a la entrada del pueblo.

El niño, que sin duda no quedaba satisfecho con aquellas explicaciones, añadió:

—No, no, abuelito; yo oigo gritos y voces: algo sucede.

Don Salvador fijó un momento su atención y repuso:

—Efectivamente, se oye un gran alboroto en la calle. Los gritos, la algazara, no solamente iban en aumento, sino que parecían acercarse hacia aquel pacífico retiro.

Don Salvador descorrió la persiana de una de las ventanas del pabellón, y asomándose, dijo en voz alta:

—Atanasio.

—¿Qué manda Vd., señor?—contestó un hombre que se hallaba cavando un cuadro de tierra cerca del pabellón.

—Anda, hombre, anda por el postigo de la tapia a ver lo que sucede en la calle.

Atanasio corrió hacia el sitio indicado, pero al abrir la pequeña puerta que daba paso a la calle, retrocedió, cayendo de espaldas contra la tapia.

Al mismo tiempo un perro entró en el jardín como una exhalación, se refugió en el pabellón, y fue a esconderse debajo del sofá en donde se hallaba sentado Juanito.

Antes que don Salvador y su nieto se dieran cuenta de lo que sucedía, Cachucha el cuadrillero y veinte o treinta personas más invadieron el jardín dando gritos de terror.

Cachucha iba delante con su enorme sable desenvainado y haciéndole girar de un modo vertiginoso por encima de su cabeza.

Al penetrar aquella turba en el jardín, todos gritaban a un tiempo como si se hubieran ensayado:

—¡Está rabioso, está rabioso!... ¡Matadle, matadle!...

Al pronto, don Salvador, que no había visto pasar al perro, creyó que el rabioso era el pobre cuadrillero que, con el rostro descompuesto y los cabellos erizados, avanzaba a la carrera hacia el pabellón, blandiendo con vigorosa mano su terrible sable.[7]

Don Salvador se retiró de la ventana para proteger a su nieto, y al volverse, lo adivinó todo con espanto y lanzó un grito de horror, quedándose enclavado en el suelo sin poder avanzar ni retroceder.[E]

Allí, junto al sofá, arrodillado, se hallaba Juanito acariciando la sucia y empolvada cabeza de un perro desconocido.

Aquel animal, cubierto de sangre, de lodo y de polvo, miraba a Juanito con los ojos brillantes como dos ascuas de fuego, con la boca abierta y la lengua colgante.

De cuando en cuando el perro contenía su agitada respiración y lamía suavemente las manos de Juanito moviendo con pausa la cola, como si quisiera decirle:

—No tengas miedo, hermoso niño, yo pertenezco a una raza que tiene la gratitud en el corazón: en mi familia no se han conocido nunca ni los traidores ni los desagradecidos.

Cachucha entró precipitadamente en el pabellón seguido de un ejército de hombres, mujeres y niños.

El perro, con ese delicado instinto propio de su raza, se acercó un poco más al niño, tendiéndose a sus pies, seguro de que había encontrado un buen defensor para librarse de aquella horda de vándalos que pedía su muerte.

—Señorito, no toque Vd. a ese perro, que está rabioso,—exclamó Cachucha.—Apártese usted que voy a dividirle por la mitad.

—Rabioso...—exclamó Juanito riéndose y rodeando el cuello del perro con uno de sus brazos,¿rabioso, y me lame las manos y se echa temblando a mis pies para que le proteja? Bah, tú sí que estás rabioso, mi buen Cachucha; si te vieras la cara en el espejo, de seguro te darías miedo a ti mismo.

—Vamos, Cachucha,—dijo el abuelo, observando las pacíficas manifestaciones del perro—envaina ese sable que amenaza nuestras cabezas. El perro no está rabioso: son otros los síntomas que presentan esos pobres animales cuando se hallan atacados de esa terrible enfermedad. Verás lo que tiene.

Y don Salvador cogió una jofaina llena de agua y la puso en el suelo al lado del perro, que comenzó a beber con avaricia, agitando la cola.

Cachucha abrió inmensamente los ojos y dijo:

—¡Calla; pues es verdad; bebe agua!

Y volviéndose indignado contra la muchedumbre, añadió:

—¡Pedazos de brutos, animales! ¿Por qué me habéis dicho que estaba rabioso?

Nadie contestó, y el cuadrillero, envainando su sable, volvió a decir:

—Señor don Salvador, le ruego a Vd. que nos perdone por el susto que le hemos dado, pero conste que la intención era buena.

—Ya lo sé, hombre, ya lo sé, y lo agradezco con toda el alma.

Todos fueron saliendo del pabellón respetuosamente, asombrados del valor de Juanito y de su abuelo y sobre todo de la suerte que había tenido el perro forastero, refugiándose en aquella casa.[8]

—Pobrecito, qué sed tenía, y puede que tenga también hambre;—dijo el niño.—Debe estar herido; tiene sangre en el lomo; es preciso curarle. ¿Y cómo se llamará, abuelito?[F]

—¿Quién?

—Este perro.

—No lo sé, hijo mío;—contestó riéndose don Salvador,—y como tengo la completa seguridad de que si se lo pregunto no me lo ha de decir, no quiero tomarme esa molestia. Pero como todas las cosas deben tener un nombre, nosotros le pondremos uno y desde hoy a este perro se le llamará Fortuna, pues fortuna y no poca ha sido la suya refugiándose en esta casa, y encontrar al que le ha librado del terrible sable de Cachucha.[9]


CAPÍTULO III

Los secuestradores

Cuatro días después, el perro Fortuna estaba desconocido. Juanito le curó las heridas, que eran leves, con árnica, y luego, ayudado de Atanasio el jardinero, le lavó con jabón y un estropajo.

Entonces se vió que Fortuna no era tan feo como parecía bajo el andrajoso manto de la miseria, que con un buen collar y bien alimentado podía presentarse en cualquier parte sin que su amo se avergonzara.

Pero lo más hermoso de Fortuna eran los ojos, en donde resplandecía la inteligencia, sobre todo cuando sentado sobre sus patas traseras miraba fijamente a Juanito como deseando adivinar sus pensamientos para ejecutarlos.

Una tarde el abuelo y el nieto fueron a ver una viña rodeada de almendros que se había plantado la misma semana del nacimiento de Juanito y que en el pueblo llamaban La Juanita.

Don Salvador, en todos estos paseos campestres, llevaba siempre un libro.

Se sentaron a descansar a la sombra de un almendro, y a la caída de la tarde regresaron al pueblo.

Ya cerca de casa, don Salvador echó de menos el libro.

—¡Ah!—exclamó,—me he dejado al pie del árbol mi precioso ejemplar de El libro de Job, parafraseado en verso por Fray Luís de León. Es preciso volver por él sentiría perderlo.[10]

Fortuna, que iba detrás, de dos saltos se puso delante, y levantando la cabeza, se quedó mirando a sus amos.

El perro llevaba el libro en la boca con tal delicadeza, que ni siquiera lo había humedecido.

—Muchas gracias, Fortuna,—le dijo don Salvador acariciando la inteligente cabeza del perro.—Este ejemplar lo tengo en gran estima y hubiera sentido mucho el perderle porque es un recuerdo de mi madre. Esta noche cuando cenemos procuraré hacerte alguna fineza para demostrarte mi agradecimiento.[11]

El perro comenzó a dar saltos y a ladrar con gran alegría, no por la golosina ofrecida, sino porque comenzaba a ser útil a sus amos.

A los ocho días Juanito y Fortuna eran los dos mejores amigos del mundo: no se separaban nunca. El perro dormía sobre un pedazo de alfombra a los pies de la cama del niño.[12]

Una mañana don Salvador y Juanito se hallaban en el jardín: el perro les seguía como siempre. Don Salvador tendió horizontalmente el bastón que llevaba en la mano para señalar una planta, y entonces Fortuna dio un salto por encima del bastón con gran agilidad y luego se quedó sobre sus patas traseras, erguido y grave; volvió a tender su bastón don Salvador y volvió a saltar Fortuna, pero entonces se quedó con las manos apoyadas en el suelo y las patas traseras por el aire.

Un día Juanito estornudó con gran fuerza y Fortuna introdujo el hocico en el bolsillo de la americana del abuelo, le sacó el pañuelo y fue a presentárselo a Juanito.

Fortuna dio un salto por encima del bastón.

Esto hizo reír mucho al abuelo y al nieto, porque Fortuna iba presentando de día en día nuevas habilidades que le elevaban a la ilustrada categoría de perro sabio; por lo que dedujeron que en sus mocedades habría sido perro de volatinero, y tanto al abuelo como al nieto se les pasaban grandes ganas de saber el origen de aquel amigo que les había deparado su buena suerte.

De seguro que por nada del mundo hubiera Juanito vendido a su perro.

Así las cosas, una tarde del mes de agosto se paseaban por la carretera Juanito, Polonia su nodriza y el perro Fortuna.

Don Salvador se había quedado en casa con el alcalde y el secretario del ayuntamiento, que habían ido a consultarle un asunto grave.

El sol se hallaba próximo a su ocaso, la temperatura era agradable y en el cielo no se veía ni una nube.

De pronto interrumpió el silencio de los campos un lamento triste, prolongado, que al parecer salía de la débil garganta de un niño.

Juanito y Polonia se miraron; el perro Fortuna gruñó sordamente y se acercó a su amo como dispuesto a defenderle.

—¿Has oído, Polonia?—preguntó Juanito.

—Sí; parece un niño o una niña que se queja,—contestó la nodriza.

—Y debe ser muy cerca.

Una muchacha de diez a doce años de edad, flaca, encubierta de harapos, el pelo enmarañado y la tez cobriza, se levantó de la cuneta del camino, lanzando dolorosos lamentos.[G]

Fortuna gruñó de un modo amenazador y se acercó más a su amo, con el pelo del lomo erizado y enseñando sus blancos colmillos.

—Calla, Fortuna, calla,—le dijo Juanito, dándole una palmada en la cabeza y mirando al mismo tiempo a la niña mendiga que lloraba amargamente.

La muchacha siguió avanzando sin intimidarla los gruñidos amenazadores del perro.[13]

—¿Qué tienes, pobrecita?—le preguntó Juanito.

—¡Ah, señorito, qué desgracia tan grande para mí!—exclamó la mendiga con los ojos arrasados en lágrimas.—Mi pobre abuelo se cayó desfallecido de hambre, en el barranco de ese puente, y voy al pueblo a pedir auxilio a la guardia civil o a la primera persona caritativa que encuentre.

—¿Pero no podemos nosotros socorrerle?—contestó Juanito.—Mira, la primera casa del pueblo es la mía y allí yo te aseguro que no le faltará nada a tu abuelito.

—¡Pero si le faltan las fuerzas para tenerse en pie!...—añadió la mendiga.—Hace más de veinticuatro horas que el pobre no ha comido nada.[17]

—Pues bien, vamos a verle,—repuso Juanito,—y si no podemos llevarle nosotros, yo iré en una carrera al pueblo a traer lo que haga falta.

Y como el perro no cesaba de gruñir de un modo hostil a la niña mendiga, Juanito le dijo:

—Esta tarde tu mal humor es insufrible, Fortuna; te he dicho que te calles. La niña, sin dejar sus dolorosos lamentos, se encaminó en dirección al puente.

Juanito, Polonia y Fortuna la siguieron.

A la derecha del camino había una rampa que conducía al cauce del barranco.

Por allí bajaron todos.

El puente tenía tres arcos. En el primero, tendido boca abajo sobre la húmeda arena, se hallaba un hombre pobremente vestido. A su lado se veía un zurrón de sucio y remendado lienzo y un garrote.

A unos quince pasos de distancia, en la orilla del barranco, se alzaban unos espesos y grandes carrizales cuyas hojas, abrasadas por el ardiente sol del verano, tenían un color rojo amarillento.

—Abuelo, vamos, haga Vd. un esfuerzo para levantarse,—dijo la niña mendiga,—pues aquí vienen un señorito y una mujer para ayudarme a conducirle a Vd. al pueblo.

El hombre, exhalando gemidos, se movió pesadamente como si le faltara la fuerza para levantarse, luego apoyó una rodilla, después la otra y por fin las manos, quedándose a gatas y bajando la cabeza como si quisiera ocultar su cara.

Compadecidos ante tanta debilidad, se acercaron Juanito y Polonia para ayudarle a levantarse, y en el mismo momento que se inclinaban hacia la tierra, el hombre de un brinco se puso en pie, cogió por el cuello a Polonia y la derribó brutalmente en el suelo.

Al mismo tiempo la niña mendiga saltaba con la ligereza de una pantera sobre el aterrado Juanito, haciéndole rodar sobre la arena del barranco.

Fortuna se abalanzó furioso sobre la mendiga

El perro Fortuna se abalanzó furioso sobre la mendiga, haciéndole presa en una pierna y rasgándole en jirones el vestido.

La niña lanzó un grito agudo de rabia y de dolor.

—Maldito perro,—exclamó, cogiendo el garrote que había en el suelo y defendiéndose de Fortuna con un valor increíble a su edad.

Entonces salieron precipitadamente dos hombres de mala facha de uno de los carrizales. Llevaban revólver y cuchillo de monte en el cinto y escopetas de dos cañones en las manos.

—Vamos a ver si te callas, Golondrina; no hay que gritar tanto por un arañazo,—dijo uno de los hombres soltando una brutal carcajada.

—Despachemos antes que pase gente por la carretera,—añadió el otro hombre.

—¿Qué haremos de esta mujer?—preguntó el que tenía sujeta a Polonia.

—Atarle las manos a la espalda, ponerle una mordaza y dejarla para que vaya a contarle a su amo lo que voy a decirle.

—¿Pero dónde estará ese maldito perro?—preguntó la Golondrina.—Apenas os ha visto salir del carrizal ha desaparecido; parece que le dan asco las escopetas; pero yo juro que me las pagará, sí, me las pagará; volveré al pueblo y le daré pan con alfileres o con fósforos para que reviente.[14]

Todo esto lo decía la Golondrina poniéndose puñados de húmeda arena en las heridas que le había hecho Fortuna.

—Oye,—dijo a Polonia el jefe de los secuestradores,—dile a don Salvador que nos llevamos a su nieto, y que si quiere recuperarle, que cumpla al pie de la letra lo que le digo en este papel.[H]

Y el capitán metió brutalmente un papel en el pecho de Polonia, cuyos ojos enrojecidos parecían llorar sangre.

—¡Ah! no, no; yo no quiero ir con Vds.; mi abuelito les dará todo lo que quieran, pero yo no quiero ir,—exclamó Juanito, arrodillándose y juntando las manos ante aquellos miserables.

Polonia cayó también de rodillas como para unir sus súplicas a las del niño; pero todo fue inútil; los corazones de roca no se ablandan jamás ni ante las súplicas, ni ante las lágrimas de sus víctimas.

—Trae los caballos, Cascabel,—dijo el jefe dirigiéndose a uno de los suyos.

Y luego, cogiendo bruscamente por un brazo a Juanito que lloraba, añadió:

—A ver si cierras el pico, canario, y no me aturdas los oídos, porque me disgusta tu música.

Uno de los malhechores sacó del espeso carrizal tres jacas.

El jefe montó en una de ellas, colocando en la delantera a Juanito y rodeándole un brazo por la cintura.

Luego montaron los otros dos, y la Golondrina de un salto se puso en las ancas de una de las caballerías.

Polonia, al verles emprender a galope por el barranco abajo, lanzó un gemido y cayó de espaldas desmayada.

Entonces se agitaron las secas cañas del carrizal de la izquierda y el perro Fortuna asomó la cabeza. Se había refugiado allí rápidamente al ver a los hombres con las escopetas.

Su instinto le había aconsejado aquella retirada, porque sus enemigos eran muchos y ventajosamente armados para vencerlos.[15]

Fortuna permaneció un momento indeciso y moviendo la cabeza con recelo como si temiera alguna emboscada.

Por fin se acercó a donde estaba Polonia desmayada y le lamió las manos y la cara.

Luego levantó de nuevo la cabeza moviendo la negra membrana de su hocico, con esa rapidez nerviosa del perro que ventea un rastro caliente.

De pronto lanzó un aullido apagado, y bajando el hocico hacia el suelo, se lanzó a la carrera por el barranco, siguiendo las huellas de los secuestradores.


CAPÍTULO IV

La tempestad

Cuando Polonia recobró el conocimiento era de noche; quiso gritar, pero la mordaza ahogaba su voz en la garganta y su corazón latía de un modo violento.

Se levantó como pudo; sintió grandes dolores en todo su cuerpo. Comenzó a subir la rampa del barranco con gran fatiga.

Una vez en la carretera, echó a correr hacia el pueblo.

El cielo se había encapotado, el viento producía en las hojas de los árboles ese ruido que imita el eterno movimiento de las olas del mar al estrellarse sobre las rocas de las costas.

Este cambio repentino de tiempo, tan frecuente en el mes de agosto, no fué apercibido por Polonia, que corría y corría siempre, respirando de un modo fatigoso.

Ya cerca del pueblo vió venir gente hacia ella.

Eran don Salvador, el alcalde y el secretario, que, extrañándoles la tardanza de Juanito, iban en su busca.

Al ver a Polonia amordazada y con las manos atadas a la espalda, don Salvador lanzó un grito de espanto, como si lo adivinara todo.

El alcalde y el secretario quitaron la mordaza y las ataduras de las manos de Polonia, que cayendo de rodillas a los pies de su buen amo, sólo pudo decir:

—¡Me han robado a Juanito, señor, me lo han robado!...

Y volvió a desmayarse.

Don Salvador se quedó aterrado, le flaquearon las piernas y se abrazó al cuello del alcalde para no caerse.

Afortunadamente, la pareja de la guardia civil, que salía del pueblo a hacer el servicio nocturno de carretera, llegó a tiempo y pudieron conducir hasta su casa a don Salvador y a Polonia.

Reanimados un poco con los auxilios que les prestaron, la nodriza contó detalladamente todo lo que les había ocurrido desde que oyeron los tristes lamentos de la infame niña mendiga hasta el instante que perdió el sentido.

—¡Ah, si hubieras hecho caso de los gruñidos de Fortuna, que os anunciaban un peligro!—exclamó el anciano, golpeándose la frente.—¿Pero dónde está que no le veo?

—Indudablemente le matarían, porque yo tampoco le vi más desde que salieron aquellos hombres del carrizal.[16]

—En fin, dame, dame esa carta, Polonia; no se ha perdido todo; esto será cuestión de dos, de tres, de cuatro mil duros, de todo lo que poseo si se les antoja pedírmelo. ¿No es verdad, guardias? ¿No es verdad, señor alcalde? Los secuestradores son unos infames, unos criminales; pero generalmente no matan a los secuestrados. Me lo devolverán, sí; me lo devolverán, y yo en cambio les daré lo que me pidan. Don Salvador se ahogaba; tuvo que sentarse, se quitó la corbata y se desabrochó el chaleco; no podía respirar.[I]

Mientras tanto Polonia buscaba en vano la carta que tan brutalmente le había metido en el pecho el secuestrador.

—¡Pero no me das esa carta!—exclamó el anciano.

—Si no la encuentro, señor.

—¡Que no la encuentras!—exclamó el abuelo, pálido como un cadáver y levantándose de la silla como impulsado por una fuerza superior a su voluntad.[18]

—No; no la encuentro,—exclamó Polonia con desesperación;—me la metió uno de ellos en el pecho mientras otro me ataba las manos y me ponía la mordaza; pero como luego caí desmayada en el barranco....

—Entonces se te habrá caído en el barranco y es preciso ir a buscarla.[19]

Y don Salvador se dirigió a la puerta.

El alcalde le detuvo, diciéndole:

—Para buscar la carta bastamos nosotros. Polonia nos acompañará. El tiempo ha cambiado y amenaza tormenta. A ver; Atanasio, coge la linterna; vamos andando.

Don Salvador quiso acompañarlos, pero el médico y el cura, que también habían acudido al saber la desgracia de Juanito, se opusieron firmemente.

—¡Oh, Dios mío, Dios mío!—exclamó el anciano con desesperación;—si no encuentran esa carta, mi pobre Juanito está perdido, porque le matarán viendo que no se les da el dinero que piden. Salieron en busca de la carta Polonia, los dos guardias civiles, el alcalde, el secretario, Cachucha y el jardinero.[20]

El médico y algunos vecinos del pueblo se quedaron acompañando a don Salvador.

Cuando los expedicionarios salieron a la calle, los deslumbró un relámpago que fué seguido de un espantoso trueno:

La lluvia caía con esa violencia propia de las tormentas de verano. Nadie hizo caso. Caminaban en silencio por la carretera, preocupados en aquel triste acontecimiento que afligía a todo el pueblo.

Cuando llegaron al puente, Cachucha que iba delante se detuvo, reconoció el terreno, y dijo:

—Trabajo perdido; el barranco viene lleno de agua; es imposible bajar.

La avenida era grande; las turbias aguas se arrastraban con violencia sobre el pedregoso cauce del barranco, rugiendo de un modo amenazador.

—¡Qué lástima!—añadió un guardia civil;—no sólo hemos perdido la carta sino las huellas de los secuestradores.

—¿Y qué hacemos ahora?—preguntó Cachucha.[21]

—Toma; regresar al pueblo;—contestó el alcalde.

Y sin hablar más, regresaron al pueblo tristes, silenciosos y empapados de agua y lodo hasta los huesos.

El pobre don Salvador se quedó anonadado al saber la avenida del barranco.

Cayó de rodillas, juntó las manos y elevó los ojos llenos de lágrimas al cielo, murmurando con trémula voz:—Señor.... Dios mío.... Padre misericordioso, sin cuya voluntad no se mueve una hoja de los árboles ni un átomo de polvo de la tierra.... Vela por mi hijo, vela por Juanito.

Un profundo silencio se extendió por la habitación, todos rezaban en voz baja, todos le pedían a Dios por el niño secuestrado.[J]


CAPÍTULO V

El que siembra recoge

Transcurrieron dos días. El pobre abuelito estaba inconsolable; cuarenta y ocho horas sin dormir, sin comer, sin ver a su nieto.

El alcalde y la guardia civil habían oficiado a los pueblos inmediatos lo ocurrido, pero nadie tenía noticias de Juanito.

Aquel silencio era espantoso para el pobre anciano.

—Ah, sin duda en la carta—se decía—me fijaban un plazo para entregar el dinero.... Dios mío, ¿qué será de Juanito cuando ese plazo se cumpla?[22]

En el pueblo no se hablaba de otra cosa que del secuestro del niño. Todos hubieran dado la mitad de su sangre por encontrarle.

A fuerza de grandes ruegos consiguieron el cura y el médico que don Salvador tomara algún alimento.

Llegó el tercer día. El pobre abuelito, pálido como un muerto, con los ojos cerrados, se hallaba tendido en un sofá, y a no ser por los estremecimientos nerviosos que agitaban su cuerpo, se le hubiera tomado por un cadáver.

Comenzaba a obscurecer; la tenue luz del crepúsculo penetraba por una ventana iluminando con vaga claridad la habitación.

La puerta se abrió poco a poco y asomó por ella la cabeza de un perro. Era Fortuna, cubierto de lodo.

Se acercó al sofá y se quedó mirando fijamente al anciano. Esta contemplación duró algunos segundos; luego comenzó a lamerle las manos a don Salvador.

El cálido contacto de aquella lengua agradecida despertó al anciano. Al ver a Fortuna lanzó un grito que hubiera sido imposible definir, porque la presencia de aquel perro leal, que él creía muerto, le causaba al mismo tiempo una inmensa alegría y un profundo dolor.

—¡Ah, eres tú, Fortuna!—exclamó sentándose en el sofá.—¿Dónde está Juanito? ¿Dónde está el hijo de mi alma?

El perro ladró tres veces dirigiéndose hacia la puerta, en donde se detuvo para mirar a su amo.

—Sí, sí; te comprendo perfectamente; tú vienes a decirme: sígueme y te conduciré a donde está Juanito.

El perro ladró con más fuerza.

—¡Ah! qué importa que la naturaleza no te haya concedido el don de la palabra; yo te entiendo perfectamente; bendito sea el momento que te refugiaste en mi casa.

Y él mismo, que por instantes parecía recobrar sus perdidas fuerzas, comenzó a dar voces, diciendo:

—¡Polonia, Atanasio, Macario, todo el mundo aquí! Que aparejen mi jaca, que llamen a la guardia civil, al cuadrillero, a todo el que quiera seguirme.

Don Salvador mientras tanto había descolgado una escopeta de dos cañones del armero y se había ceñido una canana llena de cartuchos.

Algunos criados entraron precipitadamente en la habitación de su amo, creyendo que el dolor le había vuelto loco. Al verle con la escopeta, Polonia le dijo sobresaltada:[K]

—¿Pero adónde va Vd., señor?

—A donde está Juanito.... Mira, ahí tienes el amigo leal que va a conducirme a su lado.

—¡Fortuna!—exclamó Polonia, que hasta entonces no había visto al perro.

—Ése, ése sabe donde está mi nieto: sigámosle, pero es preciso hacer las cosas con método. Tú, Atanasio, llama a la guardia civil y al cuadrillero; tú, Polonia, pon en unas alforjas algunos comestibles; tú, Macario, apareja mi jaca, pero de prisa, muy de prisa, pues me mata la impaciencia.

Media hora después todo estaba dispuesto y los expedicionarios reunidos en casa de don Salvador.

El perro no cesaba de ladrar y hacer viajes hacia la puerta, indicando su impaciencia.

—En marcha, Fortuna, en marcha;—exclamó el anciano con firme entonación,—condúceme a donde está Juanito, y que Dios nos ayude.

El perro comenzó a dar saltos de alegría, salió a la calle y tomó a la derecha.

Todos le siguieron, Fortuna iba delante, luego dos guardias civiles a pie, don Salvador, el cuadrillero a caballo, y por último, cuatro criados de la casa.

Todos iban armados de escopetas y resueltos a salvar a Juanito. Tenían una fe ciega en las demostraciones del perro. Nadie dudaba de que aquel noble e inteligente animal les conduciría a donde estaba el niño secuestrado.

La noche era serena, apacible. La luna iluminaba con dulce claridad la tierra.

El perro, que caminaba siempre delante, volviendo de vez en cuando la cabeza para ver si le seguían, llegó al puente, y en vez de bajar al barranco, torció a la izquierda caminando por la orilla del cauce unos quinientos pasos. Allí bajó por una vereda, cruzó el barranco y tomó una senda que conducía al monte.

Todos le siguieron en el mayor silencio.

Todos le siguieron en el mayor silencio. Después de dos horas de trepar por aquel camino de cabras, los expedicionarios llegaron a la cumbre de una elevada montaña.

—Guardias, ¿están Vds. cansados?—les preguntó don Salvador.

—Adelante, adelante; éste es nuestro oficio,—contestó uno de ellos.—Mientras el perro no vacile, le seguiremos.

Se hallaban en una meseta sembrada de espesos chaparrales y copudas encinas. La luna lo iluminaba todo; aquel espesar era interminable; a lo lejos parecía distinguirse grandes grupos de árboles en el fondo de un valle encerrado entre dos altísimas montañas. El perro continuó descendiendo por la parte de la umbría durante media hora, luego torció a la derecha, caminando siempre a media ladera.[L]

Los expedicionarios comenzaban a impacientarse: llevaban cuatro horas de no interrumpida marcha por un camino fatigoso y duro.

Llegaron por fin al valle. Grandes grupos de fresnos y de álamos formaban aquí y allá espesos bosquecillos.

El perro penetró resueltamente en uno de aquellos espesares.

De pronto Fortuna se detuvo. Los expedicionarios vieron a pocos pasos de distancia una casa de pobre apariencia.

La casa sólo se componía de piso bajo.

El perro, con mucho recelo, y arrastrándose por la tierra, llegó a la puerta, la olfateó y luego, volviéndose a los que le seguían, formuló uno de esos gemidos tan peculiares a los animales de su raza para indicar la aproximación de su amo.

Todos oyeron este gemido y los resoplidos que daba Fortuna procurando introducir el hocico entre el dintel y la puerta.

A nadie le quedó la menor duda de que en aquella casa estaba Juanito o por lo menos había estado.[23]

Uno de los guardias civiles dijo en voz muy baja:

—Esta casa es la del guarda de esta umbría que acabamos de cruzar. Es hombre de malos antecedentes, ha estado en presidio y la guardia civil le tiene apuntado en su libro. Todo el mundo pie a tierra y preparados; mi compañero y yo entraremos delante. Tú, Cachucha, te pones de centinela por la parte del río, y si ves alguno que quiere escaparse saltando las tapias del corral, le haces fuego. Tú, Atanasio, ten la linterna prevenida por si hace falta.[24]

Se obedecieron las disposiciones del guardia.

Don Salvador sintió que su corazón latía con extremada violencia.

El guardia civil, con la culata de su carabina, dio dos fuertes golpes sobre la puerta.

Transcurrieron algunos segundos sin que nadie contestara. En la casa remaba un silencio sepulcral.

El guardia llamó segunda vez diciendo en voz alta:

—Cascabel (éste era el apodo del guarda del monte Corbel), abre a la guardia civil o descerrajamos la puerta a tiros.

—Allá va, allá va; un poco de paciencia, que me estoy vistiendo,—contestó una voz femenina.

Transcurrieron dos minutos. Dentro de la casa se oyó un ruido como si arrastraran un pesado mueble cambiándolo de sitio. Luego se abrió la puerta presentándose una mujer con un candil en la mano.

Tendría cuarenta años de edad, era alta, delgada, de color cetrino y pelo rojo y enmarañado. Todo en aquella mujer indicaba la falta de aseo; a primera vista era verdaderamente repugnante.

Al ver tanta gente retrocedió dos pasos frunciendo el entrecejo y dijo:

—¿Qué es esto?

—Esto es que venimos a hacerte una visita a ti y a tu marido,—contestó un guardia.—¿Dónde está Cascabel?

—Recorriendo el monte, porque hay muchos dañadores. ¿Pero qué le querían Vds.?—Tú ya sabes lo que nosotros queremos,—añadió el guardia.[M]

—¡Yo!... Pues aunque tuviera el don de la adivinanza,—exclamó haciendo una mueca la guardesa.[25]

—Vamos, menos palabras, y dinos dónde tienes al niño.

—Pues si yo no he tenido hijos nunca.

—Ya que no quieres a buenas, peor para ti, hablarás a malas.

El guardia hizo una seña a su compañero, y cogiendo a la guardesa cada uno de un brazo y juntándole los dedos pulgares de las manos por detrás de la espalda, le pusieron el tornillo y la cadenilla de hierro.

La guardesa exhaló un rugido de dolor, y haciendo rechinar los dientes, dijo:

—¡Vaya una hazaña! ¡qué valientes!

Todos escuchaban el diálogo con gran interés, cuando de pronto Fortuna comenzó a ladrar de un modo estrepitoso.

Al extremo de aquella sala-cocina se hallaba un enorme arcón viejo y desvencijado. El perro escarbaba con furia junto al arcón.

—Ahí está mi hijo,—gritó don Salvador.

Abrieron el arcón: no había nada. El perro continuaba ladrando y escarbando. La guardesa miraba a Fortuna con sombríos y recelosos ojos.

Atanasio y Macario quitaron el arcón de aquel sitio y debajo apareció una trampa de madera con una argolla de hierro.

El abuelo lanzó un grito de gozo, abalanzándose hacia la trampa. Uno de los guardias civiles le detuvo cogiéndole por el brazo y le dijo: —Todo se andará, don Salvador; pero antes conviene tomar algunas precauciones. Esta mujer bajará delante. Atanasio, coge la linterna y abre la trampa.

El jardinero levantó la trampa. La bajada a la cueva era muy rápida y resbaladiza. El perro Fortuna se precipitó por aquel boquete negro ladrando de un modo furioso.

Los guardias civiles empujaban a la guardesa delante de ellos.

Atanasio alumbraba con la linterna; el perro que se había internado en la cueva seguía ladrando a lo lejos.

Todos siguieron aquellos ladridos caminando por un terreno húmedo y resbaladizo, cuyas angostas paredes chorreaban agua.

De pronto se oyó una voz débil que dijo:

—Ah, Fortuna, ¿eres tú, Fortuna? ¡Cuánto te agradezco que vengas a verme!

—Es la voz de mi Juan,—gritó don Salvador.

—Aquí, aquí, abuelito de mi alma,—volvió a decir el niño.

Don Salvador, que iba detrás, apartó a todos y se puso delante, gritando:

—Alumbra, Atanasio, alumbra.

Entonces los claros reflejos de la linterna iluminaron un cuadro interesante: sobre un lecho de carrizo se hallaba Juanito con el traje en jirones y abrazado al perro Fortuna que le lamía la cara gimiendo dolorosamente.

El abuelo cayó también sobre aquel lecho y se abrazó llorando a su nieto, y entonces el perro repartía por igual sus caricias entre el viejo y el niño. Todos lloraban, todos, menos la guardesa, menos aquella fiera que miraba con ojos enjutos y torvo ademán el patético grupo que tenía delante y que iba a abrirle a ella, a su marido y a sus cómplices las puertas de un presidio.[N]


En el pueblo se recibió a Juanito y a los expedicionarios echando las campanas al vuelo. La alegría fue inmensa.[26]

Desde aquel día se miró al perro Fortuna con veneración.

Don Salvador mandó hacer un buen retrato al óleo del perro Fortuna y lo colocó en un sitio preferente de su casa.

Al pie de este retrato se leía esta inscripción:

«Este perro se llamó Fortuna y probó a los hombres que tuvieron la dicha de conocerle, que en este mundo el que siembra recoge.»


NOTES

[1] —el rabo...colgante: note the use of the definite article instead of the possessive adjective before nouns denoting parts of the body, etc. le refers to olfato and is needed for clearness since olfato precedes the verb. se veía un pueblo, a town was seen, or one saw a town.

[2] —tendría dos años de edad, was probably about two years old: tendría is the conditional of probability or conjecture.

[3] —que sin duda tenía poco desarrollado el órgano de caridad, whose organ of charity was doubtless not well developed. ¿Estará...? can he be? This is the future of probability or conjecture. desgraciado del perro, unlucky is the dog. Note this idiomatic use of de. sálvese el que pueda, let him save himself who can. —le iba estrechando, were pressing in upon him. Ir, with the present participle, is often used instead of estar, in order to express progressive action.

[4] —hacían exclamar a todo el mundo, made everybody exclaim. a disposición: many adverbial phrases are thus used without the definite article. había visto morir a un hijo al año de terminar..., he had seen a son die a year after completing.... a los seis meses de dar a luz..., six months after giving birth....

[5] —el abuelo y el nieto are the subject of pasaban.

[6] —tienes la cara encendida como..., your face is as red as.... Será, it is probably: future of probability or conjecture.

[7] —fué a esconderse. In English one would say: went and hid. no había visto pasar al perro, had not seen the dog pass. Note the difference between the English and the Spanish word orders. This is usual.

[8] —me, te: datives of possession. fueron saliendo: See Footnote C.

[9] —no me lo ha de decir is about equivalent to no me lo dirá. tomarme, to take (for myself): me is dative of concern or interest. a este perro se le llamará = llamarán a este perro. fortuna y no poca ha sido la suya = ha sido fortuna, y su fortuna no ha sido poca.

[10] —sin que su amo se avergonzara, without his master feeling ashamed. lo más hermoso de Fortuna, the handsomest thing about Fortuna. me: dative of concern or interest. Omit in translating. —Fray Luís de León (1528?-1591), a great Spanish mystic and poet.

[11] lo: an expletive pronoun, often used for clearness when the corresponding noun object precedes the verb. el perderle, to lose it. The article, which here modifies the infinitive, is not to be translated.

[12] A los ocho días, in a week's time. Note that ocho días, in certain expressions, means a week (the days at both ends of the week are counted).

[13] —sin intimidarle los gruñidos amenazadores, without being frightened by the threatening growls.

[14] —si te callas, if you can be still. ¿Pero dónde estará ese maldito perro? But where can that accursed dog be? Here estará is future of probability or conjecture. me las pagará, I'll get even with him (literally, he will pay me for them: las is an indefinite pronoun here and may mean las malas cosas, las ofensas, or something of the sort).

[15] —eran muchos y ventajosamente armados para vencerlos, were too many and too well armed (for him) to conquer them. In some expressions mucho means too much and muy means too.

[16] —matarían is conditional of probability or conjecture. Here translate Indudablemente le matarían, they undoubtedly killed him.

[17] —Si, why, or but.

[18] Que may be omitted in translating. Perhaps dices or some such expression was once understood before que.

[19] se te habrá caído, you must have dropped it.

[20] no se les da, is not given to them. Note that the subject of da follows the verb.

[21] —hacemos = haremos.

[22] —¿qué será de Juanito? what will become of Juanito?

[23] —A nadie le quedó la menor duda de que..., to no one did there remain the slightest doubt that...

[24] —le haces fuego, you fire at him. Here the present indicative has the force of an imperative.

[25] —Pues aunque...adivinanza: she does not complete the sentence.

[26] —se recibió a Juanito, they received Johnny or Johnny was received.


EJERCICIOS

Las divisiones de los ejercicios son:

A. Breve resumen o cuestionario gramatical.

B. Modismos (Idioms). Se aprenderán de memoria y se emplearán para formar oraciones completas.

C. Cuestionario basado en el texto indicado y al que se contestará en español.

D. Oraciones inglesas para traducir al español.

[A] EJERCICIO I

A. 1. ¿Cuál es el artículo definido (determinado) que corresponde a: raza, vez, aire, fuente, sed, sudor, boca, piel, animal, ijar, respiración, hombre, charco?

B. 1. De vez en cuando. 2. Gota a gota. 3. Caer de plano.

C. 1. ¿De qué raza era el perro? 2. ¿Cuál era el color de su lomo? 3. Describa usted (Describe) sus orejas. 4.—su hocico. 5.—su rabo. 6.—su mirada. 7.—su boca. 8.—su lengua. 9. ¿Dónde se detenía el perro de vez en cuando? 10. ¿Qué buscaba (was he looking for) para apagar su sed? 11. ¿Cuál era la estación (season) del año,—la primavera, el verano, el otoño, o el invierno? 12. ¿Cómo parecía el pobre animal?

D. 1. The poor dog seemed tired. 2. The sweat was falling from the dog's tongue. 3. He would stop (imperf.) in the shade of a poplar. 4. He would raise his head. 5. He was looking-for a pool where he might quench (= where to quench) his thirst. 6. The dog was (use ser or estar?) not handsome (hermoso). 7. His mouth was[1] open. 8. His tail was (use ser or estar?) down (= fallen). 9. The dog had wolf-like ears. 10. Was it a dog or a wolf?

[B] EJERCICIO II

A. 1. ¿Cuál es el plural de: corral, cuerpo, edad, pie, casa, mes, pueblo, sol? 2. ¿Cuál es la forma femenina de: desierto, pobre, menor, abrasador, roto?

B. 1. Por fin. 2. Debe de haber agua. 3. Debía de haber agua. 4. Acaba de llegar. 5. Acababa de llegar. 6. Tenía dos años. 7. Tendría dos años (probabilidad o conjetura). 8. Un poco más abajo.

C. 1. ¿A qué hora llegó el perro al pueblo? 2. ¿Qué acababa de dar doce campanadas? 3. ¿Quién se hallaba en la primera casa? 4. ¿Qué estaba haciendo la mujer? 5. ¿A quién se veía cerca de ella? 6. ¿Cuántos años tendría el niño? 7. ¿Con qué jugaba? 8. ¿Qué le gritó al perro la mujer? 9. ¿Qué le arrojó ella? 10. ¿Qué le enseñó a la mujer el perro?

D. 1. Near the woman was seen a child. 2. The child was-probably-about three years old. 3. It was playing with its shoes. 4. It was a day in the month of July. 5. The house did not cast the slightest shadow. 6. The clock had just struck twelve strokes-of-the-bell. 7. The dog pushed [open] the door with its muzzle. 8. The woman threw a stone at him. 9. The dog uttered a growl. 10. Then he showed her his teeth (colmillos).

[C] EJERCICIO III

A. Léase todo el pasaje cambiando al presente los verbos de tiempo pasado ("Ya casi va a conseguir...amenazándole de muerte.").

B. 1. Cerrarle el paso. 2. A derecha. 3. A izquierda. 4. Dar en el blanco. 5. Amenazar de muerte.

C. 1. ¿Quién era el hombre que montaba un caballo? 2. ¿Era hermoso el caballo? 3. ¿Cómo llamaban al cuadrillero? 4. ¿Qué desenvainó él? 5. ¿Era pequeño (small) el sable? 6. ¿Qué gritaba la gente? 7. ¿Con qué seguía la gente al perro? 8. ¿A dónde miró el pobre animal? 9. ¿Qué llovían sobre el pobre animal? 10. ¿De qué le amenazó Cachucha?

D. 1. The dog is mad. Kill him. 2. The poor dog looked to the right and to the left. 3. The people followed him with sticks and scythes. 4. They threatened him with death. 5. The stones rained upon the animal. 6. Cachucha unsheathed a cavalry saber. 7. He prepared to block his way. 8. The dog's situation was distressing. 9. He was tired and he was thirsty. 10. The people were closing in on him on both sides of the street.

[D] EJERCICIO IV

A. 1. Cámbiense los adjetivos en paréntesis a la debida forma: cabeza (blanco), conocimientos (general), épocas (antiguo), (poco) días, los (grande) hombres. 2. Cámbiense los infinitivos al presente de indicativo: Don Salvador (ser) rico; ahí (ir) un hombre de bien; él (leer) y (viajar) mucho; nosotros (exclamar); nosotros (parecer).

B. 1. Todo el mundo. 2. Un hombre de bien. 3. Pocos días antes. 4. Tampoco faltan penas. 5. Al año de terminar.

C. 1. ¿Cuál era el apellido (family name) de don Salvador? 2. ¿Era pobre el señor Bueno? 3. ¿Era ignorante o sabio? 4. ¿Qué edad tenía? 5. ¿Cómo había pasado la vida? 6. ¿Siempre había sido feliz? 7. ¿A quiénes había visto morir? 8. ¿Es buena carrera la de ingeniero de Caminos y Canales? 9. ¿Qué es un nieto? 10. ¿Cómo se llamaba el nieto de don Salvador?

D. 1. Mr. Bueno was rich and charitable. 2. His head was white as (the) snow. 3. He was probably about fifty years of age. 4. Everybody knew (use conocer) Don Salvador. 5. His daughter died six months after giving birth to Johnny. 6. Johnny was Don Salvador's grandson. 7. Mr. Bueno's son was an engineer of Roads and Canals. 8. He died a year after completing his course. 9. He had been a brilliant student (alumno). 10. He had read much to advantage.

[E] EJERCICIO V

A. 1. ¿Qué tiempo gramatical (tense) de los verbos se usa para describir condiciones o circunstancias pasadas? 2. ¿Qué tiempo se usa cuando un hecho (act) se verificó (took place)?

B. 1. Al abrir la puerta. 2. Daba paso a la calle. 3. Cayó de espaldas. 4. Debajo del sofá. 5. Encima de su cabeza. 6. Iba delante. 7. A un tiempo.

C. 1. ¿Qué abrió Atanasio? 2. ¿A qué daba paso la puerta? 3. ¿En dónde entró el perro? 4. ¿En dónde se refugió? 5. ¿Debajo de qué mueble (piece of furniture) se escondió? 6. ¿Quién se hallaba sentado en el sofá? 7. ¿Quiénes invadieron el jardín? 8. ¿Quién iba delante? 9. ¿Qué hacía girar él? 10. ¿Qué gritaban todos a un tiempo?

D. 1. Twenty people invaded the garden. 2. They were giving cries of terror. 3. Cachucha was going before. 4. He was whirling (= was making whirl) his saber over his head. 5. All were shouting: "He is mad!" 6. The dog came in like a flash. 7. He hid beneath the sofa. 8. Athanasius fell backward. 9. Johnny was (= found himself) seated on the sofa. 10. He ran toward the little door.

[F] EJERCICIO VI

A. Explíquese (Explain) el uso de cada imperfecto y de cada pretérito de indicativo en esta página.

B. 1. Al lado del perro. 2. Es verdad. 3. Se volvió. 4. Volvió a decir. 5. Le ruego a Vd. que nos perdone.

C. 1. ¿Qué cogió don Salvador? 2. ¿ De qué estaba llena la jofaina? 3. ¿En dónde puso la jofaina don Salvador? 4. ¿Qué comenzó a hacer el perro? 5. ¿Qué agitaba? 6. ¿Qué abrió Cachucha? 7. ¿Qué no beben los perros rabiosos? 8. ¿A quién pidió perdón Cachucha? 9. ¿Por qué le pidió perdón? 10. ¿Era buena o mala la intención de Cachucha?

D. 1. He put a basin full of water on the floor. 2. The basin was beside the dog. 3. The dog drank the water. 4. Is it true that (the) mad dogs do not drink water? 5. Was the dog wagging his tail? 6. A dog wags his tail when he is happy. 7. Are mad dogs happy? 8. Cachucha turned around and said: 9. "Why did you not tell me that he is not mad?" 10. No one answered, and Cachucha sheathed his sword.

[G] EJERCICIO VII

A. Substitúyanse los nombres por la debida forma del pronombre personal: extendió el bastón; para señalar la planta; encima del bastón; le sacó el pañuelo; fué a presentárselo a Juanito; se hallaban en el jardín; hizo reír al abuelo; llevándole los zapatos; el perro dormía.

B. 1. Las patas traseras. 2. Las manos del perro. 3. Se hallaban en el jardín. 4. El perro les seguía. 5. Dió un salto.

C. 1. ¿Quién es Fortuna? 2. ¿Cómo tendió el bastón don Salvador? 3. Entonces ¿qué dió Fortuna? 4. ¿Sobre qué se quedó luego? 5. ¿Qué volvió a hacer don Salvador? 6. ¿Qué volvió a hacer Fortuna? 7. Esta vez (This time) ¿cómo se quedó el perro? 8. Cuando Juanito estornudó ¿qué hizo Fortuna? 9. ¿En dónde encontró el pañuelo? 10. ¿Dónde estaban don Salvador, Juanito y Fortuna?

D. 1. Don Salvador extended the cane which he held in his hand. 2. Fortune gave a leap over the cane. 3. Don Salvador extended the cane again. 4. Fortune jumped again. 5. The dog remained with his front feet resting on the ground. 6. He remained with his hind feet in the air. 7. One day Fortune put his nose in Johnny's pocket. 8. He pulled out Johnny's handkerchief. 9. Then he presented it to the boy. 10. The dog always followed (say: followed always) Johnny.

[H] EJERCICIO VIII

A. 1. ¿Por qué tienen el acento: haciéndole, rasgándole, defendiéndose (haciendo, rasgando y defendiendo no tienen acento)? 2. ¿Qué formas del verbo son: derribo, derribó; abalanzo, abalanzó; grito, gritó?

B. 1. Se acercaron. 2. En el mismo momento. 3. Se puso en pie. 4. Haciéndole rodar. 5. Rasgándole el vestido.

C. 1. ¿Quién es Polonia? 2. ¿A quién ayudaron a levantarse Juanita y Polonia? 3. Cuando el hombre se puso en pie ¿a quién cogió? 4. ¿Qué hizo la niña mendiga al mismo tiempo? 5. ¿Con la ligereza de qué animal? 6. ¿Qué hizo Fortuna? 7. ¿Qué rasgó en jirones? 8. ¿Qué lanzó la niña? 9. ¿Cómo se defendió del perro? 10. ¿Cuál era la edad de la niña?

D. 1. The beggar girl jumped to her feet. 2. She seized Johnny by the neck. 3. The dog threw himself upon her. 4. He tore her dress into shreds. 5. The girl defended herself with courage. 6. She was not more than twelve years old. 7. Johnny was a little boy. 8. She made him roll on the sand. 9. Polonia was terrified. 10. They were in a dry (seco) ravine.

[I] EJERCICIO IX

A. 1. Explíquese el uso de a en al ver a Polonia. 2. ¿Cuál es el sujeto del verbo en extrañándoles la tardanza de Juanito?

B. 1. Cerca del pueblo. 2. Vió venir gente. 3. Iban en su busca. 4. Al ver a Polonia. 5. Cayó de rodillas.

C. 1. ¿Cuál era el mes en que se verificó (took place) el secuestro (kidnaping) de Juanito? 2. ¿Hacía frío o hacía calor? 3. ¿A quién vió venir hacia ella Polonia? 4. ¿Dónde estaba ella? 5. ¿Qué extrañaba don Salvador? 6. ¿Quiénes acompañaron (accompanied) a don Salvador? 7. ¿Qué quitaron de las manos de Polonia? 8. ¿Qué quitaron de la boca (mouth) de Polonia? 9. Al ver a Polonia ¿qué lanzó don Salvador? 10. ¿Estaban cerca o lejos (far) del pueblo?

D. 1. This sudden change of weather is frequent in the month of August. 2. Don Salvador and the mayor were near the town. 3. They saw people coming toward them. 4. The people were running and running. 5. Don Salvador was surprised at Johnny's delay. 6. He went in search of him. 7. When Don Salvador saw Polonia, he guessed everything. 8. Polonia was gagged and with her hands tied. 9. The mayor uttered a cry of terror. 10. Then he fell on his knees at Don Salvador's feet.

[J] EJERCICIO X

A. 1. En le matarán ¿cuál es la colocación del pronombre personal respecto del verbo (precede o sigue al verbo)? 2. En acompañarles ¿cuál es la colocación de les? 3. ¿Cuál es la regla? 4. ¿Hay otras formas del verbo a las cuales sigue el pronombre? ¿Cuáles son?

B. 1. Salieron a la calle. 2. Se quedaron. 3. Se opusieron. 4. Al saber la desgracia.

C. 1. ¿Quiénes habían acudido al saber la desgracia de Juanito? 2. ¿Qué perdió Polonia? 3. ¿Quiénes salieron en busca de la carta? 4. ¿Por qué no los acompañó don Salvador? 5. Cuando salieron a la calle, ¿qué los deslumbró? 6. ¿De qué fue seguido el relámpago? 7. ¿Dónde se quedó el médico? 8. ¿El pobre Juanito estará perdido? 9. ¿Quiénes le matarán? 10. ¿Por qué?

D. 1. Some neighbors remained in the company of (= accompanying) Don Salvador. 2. The mayor and Cachucha went out in search of Johnny. 3. Polonia has lost the letter. 4. If they do not find it, Johnny will be lost. 5. The kidnapers will kill the boy if Don Salvador does not give them the money. 6. The physician and the parish-priest are Don Salvador's neighbors. 7. They came on learning Johnny's misfortune. 8. A flash-of-lightning dazed the physician. 9. A frightful crash-of-thunder followed the lightning. 10. Heavens! exclaimed the physician in despair.

[K] EJERCICIO XI

A. 1. Explíquese el uso de la preposición a en: mirando fijamente al anciano; al ver a Fortuna; para mirar a su amo. 2. ¿Es diferente el uso de a en: comenzó a lamerle las manos a don Salvador?

B. 1. La puerta se abrió. 2. Se acercó al sofá. 3. Cubierto de lodo. 4. Al ver a Fortuna. 5. ¡Eres tú! 6. El perro se detuvo.

C. 1. ¿Qué se abrió poco a poco? 2. ¿Qué asomó por la puerta? 3. ¿De qué estaba cubierto Fortuna? 4. ¿A quién miró fijamente el perro? 5. Luego ¿qué comenzó a hacer Fortuna? 6. ¿Qué hizo el anciano al ver al perro? 7. ¿Por qué lo hizo? 8. Después de ladrar tres veces ¿a dónde se dirigió Fortuna? 9. ¿Para qué se detuvo en la puerta? 10. ¿Qué quería decir el perro?

D. 1. The dog awoke Don Salvador. 2. He licked Don Salvador's hands. 3. On seeing the dog, the old man sat-up on the sofa. 4. "Ah!" he exclaimed, "is it you, Fortune"? 5. The presence of that loyal dog caused him (an) immense joy. 6. The dog barked twice and then he made his way toward the door. 7. Fortune stopped in the door, in order to look at the old man. 8. Don Salvador understood him perfectly. 9. The dog came to say to him: 10. "If you follow me, I shall take you where your son is."

[L] EJERCICIO XII

A. Corríjanse estas frases: todos iban armado; resueltos a salvar Juanito; tomó una senda que condujo al monte; volviendo de vez en cuando su cabeza; en vez de bajando al barranco; la noche era sereno; las demostraciones de el perro; el cuadrillero en caballo.

B. 1. Iba delante. 2. A pie. 3. A caballo. 4. Volvió la cabeza. 5. De vez en cuando. 6. A la izquierda.

C. 1. ¿A quién siguieron todos? 2. ¿Quiénes siguieron a Fortuna? 3. ¿De qué iban armados todos? 4. ¿Qué iluminaba la tierra? 5. ¿Cómo la iluminaba? 6. ¿Iba delante Fortuna o seguía a los demás (others)? 7. ¿Para qué volvió la cabeza Fortuna? 8. Cuando llegaron al puente ¿torcieron a la derecha (right)? 9. ¿Por dónde caminaban? 10. ¿A qué conducía la senda que tomaron?

D. 1. The dog was turning his head from time to time. 2. He arrived at the bridge and went down into the ravine. 3. Instead of crossing the ravine, he took a path that led to the wooded hill (s). 4. Don Salvador and four house servants followed the dog. 5. Don Salvador was going on horseback and the servants were going afoot. 6. All the men were armed with guns. 7. The old man was resolved to save the boy. 8. The animal knew where the kidnapped boy was. 9. Fortune was going ahead and all were following him. 10. That dog was noble and intelligent.

[M] EJERCICIO XIII

A. 1. Súplanse las palabras que faltan: se componía de—— bajo; dijo en—— muy baja; es hombre de malos——; todo el mundo pie a——; ten la linterna prevenida por si hace——; si ves alguno que quiere escaparse, le haces——; esta umbría que—— de cruzar. 2. Corríjase: el perro llego a la puerta; todos oyó este gemido; en aquel casa; en aquélla casa; en voz muy bajo; ha sido en presidio; tu té pone de centinela; la tapias del corral.

B. 1. Se volvió. 2. Por lo menos. 3. En voz baja. 4. Acabamos de cruzarlo. 5. Todo el mundo. 6. Por si hace falta.

C. 1. ¿De cuántos pisos se componía la casa? 2. ¿De quién era la casa? 3. ¿Qué olfateó el perro? 4. ¿Dónde procuró introducir el hocico Fortuna? 5. ¿Era hombre de buenos antecedentes? 6. ¿Quién le tenía apuntado en su libro? 7. ¿Por qué? 8. ¿Quiénes entrarán en la casa delante de los demás (others)? 9. ¿Qué hará Cachucha? ¿Qué hará Atanasio? 10. ¿A quién buscaban en aquella casa?

D. 1. The dog knew that the boy had been in that house. 2. It was a house of (de) two stories (pisos), the ground floor and the upper (alto) story. 3. The kidnaper had been in jail. 4. Everybody went into the house. 5. The loyal and intelligent dog went before. 6. The kidnaper wished to jump over the wall. 7. Cachucha saw him and fired at him. 8. The dog uttered a whine peculiar to his race. 9. Cachucha did not hear the whine that Fortune gave. 10. There did not remain the slightest doubt that Johnny was there.

[N] EJERCICIO XIV

A. 1. Súplanse las preposiciones que faltan: se precipitó—— aquel boquete; apartó—— todos; volvió—— decir; es la voz—— mi Juan; te agradezco que vengas—— verme; caminando—— un terreno húmedo; seguía ladrando—— lo lejos; empujaban—— la guardesa. 2. Corríjase: delante ellos; aquí; es mi Juan voz; señor Salvador; don Bueno; un voz débil; una voz débila; ¿es tú?; aquel negro boquete; ¡cuánto te agradezco que vienes a verme!

B. 1. De un modo furioso. 2. A lo lejos. 3. De pronto. 4. Volvió a decir. 5. Iba detrás. 6. Se puso delante.

C. 1. ¿Qué levantó el jardinero? 2. ¿Cómo era la bajada a la cueva? 3. ¿Cómo ladraba Fortuna? 4. ¿Con qué alumbraba Atanasio? 5. ¿Qué chorreaban las paredes de la cueva? 6. De pronto ¿qué se oyó? 7. ¿Qué dijo la voz? 8. ¿Qué gritó don Salvador? 9. ¿Qué volvió a decir el niño? 10. Poniéndose delante ¿qué gritó don Salvador?

D. 1. The ground will be very damp and slippery. 2. The men will raise the trap door and go down. 3. The descent will be steep and very slippery. 4. Suddenly a strong voice will be heard which will say: 5. "How grateful I am that Fortune is looking-for (use buscar) Johnnie." 6. It will not be the voice of Don Salvador. 7. It will be the voice of Athanasius who will be following the dog. 8. Fortune will bark furiously. 9. Don Salvador who is going behind will put himself before them. 10. How grateful he is that we have found his darling Johnny.


ABBREVIATIONS

adj. adjective

adv. adverb

aug. augmentative

cf. compare

cond. conditional

dat. dative

def. art. definite article

dim. diminutive

dir. obj. direct object

exclam. exclamatory

f. feminine

fut. future

imp. imperfect

imper. imperative

inf. infinitive

interj. interjection

interr. interrogative

irr. irregular

lit. literally

m. masculine

past part. past participle

perf. perfect

pers. person

pl. plural

prop. noun proper noun

pres. part. present participle

pret. preterite

pron. pronoun

sing. singular

subj. subjunctive

trans. translation

ie, i, or ue, in parenthess, denotes that the verb is radical-changing.


VOCABULARY

A

a to, at, in, into, within; from

abajo below; más—farther down; boca—face down; por el barranco—down the ravine

abalanzarse rush, throw oneself

abierto,-a (past part. of abrir) open, opened

ablandar(se) soften, relent

abrasado,-a burned, burning, scorched

abrasador,-a scorching, burning

abrazar(se) embrace, put one's arms around (something); abrazado (a) with his arms around

abrir open; —el apetito give an appetite; la puerta se abrió the door opened; al— on opening

el abuelito dim. grandpa dear, dear grandfather

el abuelo, la -a grandfather, grandmother

la abundancia abundance; con— abundantly, copiously

acá here; por—here, this way

acabar finish; —de (+ inf.) finish (+ pres. part.) or have just (+ past part.)

acariciar caress, stroke

acercarse (a or hacia) approach, draw near (to), come

acompañar accompany;

acompañando a in the company of

aconsejar counsel, advise, suggest

el acontecimiento event

acudir (a) come to help, go for help (to), resort to

¡adelante! come in! forward! go ahead!

el ademán attitude, expression

adentro within

la adivinanza divination; mind reading

adivinar divine, guess, understand

adónde where

adormecido,-a drowsy

afable affable

afirmativo,-a affirmative

aflictivo,-a troublesome, painful

afligir afflict; —se be afflicted or worried; no se aflija usted tanto do not take it to heart so deeply

afortunadamente fortunately

la agilidad nimbleness

agitado,-a agitated

agitar agitate, move, brandish, shake, wag; —se move, stir

agostador,-a burning, shriveling

agosto m. August

agradable agreeable, pleasant

agradecer be thankful (for)

agradecido,-a grateful el agradecimiento gratefulness, appreciation, gratitude

agradezco pres. ind., 1st pers. sing., of agradecer

agresivo aggressive

el agua, f. water

agudo,-a acute, sharp

¡ah! ah! oh!

ahí there; por—there;—lo tienen ustedes behold him now, there he is

ahogar choke, smother; —se be choked or stifled; smother

ahora now, presently; —mismo just now

ahuyentar put to flight, drive away

el aire air; —libre open air, fresh air; por el—up in the air

al = a + el: —hablar on speaking

el álamo poplar, cotton-wood, aspen

la alarma alarm

el alboroto uproar, tumult

el alcalde mayor

el alcance: ponerse al—come within reach

la alegría merriment, joy; con, de—joyfully

el alfiler pin

la alfombra carpet, rug

la alforja saddlebag

la algazara shouting, uproar

algo something, somewhat; —malo something bad, some bad things

algún or alguno,-a some, any, some one, any one; —-a cosa something, anything

la alianza alliance, relationship, friendship

alimentar feed, nourish; —se take nourishment

el alimento food

el alma f. soul; de mi—beloved, darling; con toda el—deeply, sincerely

el almendro almond tree

la almilla jersey

altísimo,-a very high

alto,-a high, tall; loud; en lo más—on the highest part, on the top; en voz—-a in a loud voice

alumbrar light, give a light

alzar raise; —se arise, be visible

allá there; lo de más—still another; —va I am coming

allí there; por—(by) that way

el ama f. lady of the house, mistress;—de gobierno housekeeper

la amapola (red) poppy

amargamente bitterly

amarillento,—a yellowish; rojo—reddish yellow

ambos,—as both, the two

amenazador,—a menacing, threatening

amenazar (de) menace, threaten (with)

ameno,—a pleasing, delightful

la americana (sack) coat

amigo,—a friend

el amo,—a master, mistress, housekeeper; ¿cómo ama? what do you mean by housekeeper?

el amor (a) love (of)

amordazar gag

el anca, las—s haunch (es), hip(s), crupper

el anciano, la—a old or aged man, old or aged woman

ancho,-a wide

andar walk, go, go about, be; ¡anda! come! vamos andando let us be going; todo se andará we'll see to it, everything will be done in due time

andrajoso,-a ragged

angosto,-a narrow

angustioso,-a painful, distressing

el animal animal, brute; wretch

anonadar cast down, annihilate; stun

ansioso,-a (de) anxious, eager (to)

ante before, in the presence of;—todo, first of all

el antecedente antecedent, preliminary; de maloss with a bad record

antes before, first; —de (+ inf.) before; —(de) que (+subj.) before; —de comer before eating

antiguo,-a old, antique; former

antojar(se) (used only in the third pers.): antojársele a uno take a fancy, seem good to any one; se les antoja they have a notion (to)

anunciar announce, predict

añadir add

el año year; tener...—sbe...years old; al—de a year after

apacible peaceful, quiet, pleasant

apagado,-a faint, low (voice)

apagar quench

aparecer appear

aparejar saddle, rig

la apariencia appearance

apartar push aside;—-se leave, turn away, go away

apenas hardly, scarcely; as soon as

apercibir perceive

el apetito appetite

aplastarse flatten; fueron a—en were flattened against

el apodo nickname

apoyado,-a leaning (on), resting (on)

apoyar(se) support, lean, rest (on); press; apóyate lean on me

aprender learn

la aproximación proximity, approach

apuntar make a note of; aim; apuntándole aiming at him; le tiene apuntado has his record

aquel, aquella adj. that; aquél, aquélla, aquello pron. that (one); todo aquello everything

aquí here; —tienes here is; por—here, this way

el arañazo scratch

el árbol tree

el arco arch

el arcón aug. large chest

ardiente ardent, burning

la arena sand

la argolla large ring

el arma f. weapon

armado,-a armed

el armero gun-rack

la árnica arnica

arrasar fill; los ojos arrasados en lágrimas one's eyes filled with tears

arrastrarse drag along; crawl, creep

arrodillar(se) kneel (down); arrodillado,-a kneeling

arrojar throw (at)

el asco nausea, fear; le dan—las escopetas he is afraid of guns

el ascua f. red-hot coal; —s de fuego burning coals asegurar assure; ya se puede—you may be quite sure

el aseo cleanliness

así so, thus, like that, such; —las cosas thus matters stood;—lo dice that is the way he expresses it

asomar appear, show, stick out; —se peep over, look in or out

asombrar astonish; asombrado de amazed at

el asunto business, affair, matter

atacar attack; atacado de attacked by

la atadura bond, cord

Atanasio Athanasius

atar tie, bind

la atención attention

aterrado,-a terrified

el átomo atom

atreverse (a) dare, make bold

aturdir confuse; no me aturdas los oídos do not make me deaf

el aullido howl

el aumento: ir en—increase

aun or aún even, yet, still

aunque although, even if

el auxilio aid, help; pl. assistance

avanzar advance

la avaricia avarice; con—greedily

la avenida freshet, flood

avergonzarse (ue) be ashamed; sin que su amo se avergonzara without his master's being ashamed

ayudar(a) help, assist (in); ayudado de assisted by

el ayuntamiento town or city council

azorado,-a terrified, trembling

B

¡bah! pshaw!

la bajada descent

bajar descend, come down (stairs); get off; lower

bajo,-a low; el piso—the ground floor; adv. in a low voice, in an undertone; prep. under, beneath

el barranco ravine; el—de ese puente the ravine under that bridge

bastar suffice, be enough; basta (ya) this is enough

el bastón cane

el bebedero watering trough

beber drink

bendito,-a (irr. past part. of bendecir) blessed

el bien good, welfare; hombre de—honest man

bien well; está—it is all right; ¡está—! very well! si—although

blanco,-a white; el—mark, target

blandir brandish

la boca mouth; —abajo face down

el bolsillo pocket

bondadoso,-a kind, kindly

el boquete narrow entrance, opening

bordear border

el bosquecillo dim. small grove, clump of trees

el brazo arm

brillante brilliant, shining

el brinco bound, jump; de un— with a bound

bruscamente brusquely, roughly

brutal brutal

brutalmente brutally

el bruto brute

buen(o),-a good; a buenas willingly

la busca: en su—in search of him (her)

buscar look for

C

el caballejo dim. nag

la caballería cavalry; mount (such as horse, mule, donkey, etc.)

el caballo horse; a—-on horseback

el cabello hair; pl. hair

la cabeza head

la cabra goat; camino de—s goat trail

Cachucha a nickname; cap

cada each

el cadáver lifeless body, corpse

la cadenilla dim. (small) chain

caer(se) fall; caído fallen, (tail) between his legs

caí,-íste,-yó, etc., pret. of caer

la caída fall; —de la tarde late in the afternoon

calcinar calcine, scorch

cálido,-a warm

caliente hot, warm, fresh (trail)

el calor heat; horas de—hot hours, hot part of the day

caluroso,-a hot

callar(se) be silent; ¡calla! ¡calle! hush! I say! gracious! listen!

la calle street

la cama bed; a la—to bed

cambiar change, exchange; —lo de sitio change its position

el cambio change; en—in exchange, on the other hand

caminar walk, go, travel, move along

la caminata walk

el camino road, way, path; ponerse en—leave, start

la campana bell; echando las—s al vuelo with a furious ringing of the bells

la campanada stroke (of the bell)

campestre rural, in the country

el campo country, fields

el canal canal

la canana cartridge belt

el canario canary bird

el candil (Spanish) lamp (with wick floating in oil)

la canícula dog days

canino,-a canine

cansado,-a tired

la caña reed, cane

el cañon barrel (of gun); escopeta de dos—es double-barreled gun

el capitán captain

el capítulo chapter

la cara face; ponerse a la—aim

la carabina rifle

la carcajada (loud) laugh, laughter; soltar la (or una)—burst out laughing

la caricia caress

la caridad charity

caritativo,-a charitable

la carrera career, course (of study); —de ingeniero course in engineering; a la—, en una—in a hurry, on the run

la carretera highway, "pike"

el carrizal patch of reeds

el carrizo sedge, reed

la carta letter

el cartucho cartridge

la casa house; a—home; en—at home, in the house;

cerca de—near home; —de pueblo town house

el cascabel small bell

Cascabel nickname

casi almost

el caso case; hacer—(de) pay attention (to), heed

la categoría category, rank, class

el cauce bed of a stream, stream

causar cause

cavar dig

cayendo pres. part. of caer

cayó pret. 3d pers. sing., of caer

el cazador hunter

cenar sup, take supper

centellear sparkle, glisten

la centinela sentinel; ponerse de— be posted or serve as sentinel

el centro center, middle

ceñir (i) encircle, gird on, fit closely; ceñido al cuerpo tightly fitting

cerca (de) near; —de ella by her side

cerrar (ie) close, shut, bar; —le el paso block his way

cesar cease

cetrino: de color— lemon-colored

ciego,-a blind

el cielo sky, heaven

cien(to) (one, a) hundred

cinco five

el cinto belt

la cintura waist

el cinturón belt

ciñendo pres. part. of ceñir

la claridad clearness, brightness, light; con toda— plainly, clearly

clarísimo,-a very clear, bright

claro,-a clear, bright; ¡!of course!

el cobertizo shed

cobrizo,-a copper-colored

codiciar covet, long for

coger, catch, pick up, take (out), take hold of, seize

la cola tail

el colegio academy, private high school

colgante hanging (down), hanging out

el colmillo fang, tusk

colocar place, put

el color color

el collar collar (for a dog)

comenzar (ie) commence, begin

comer eat, dine

comestible eatable; los—s eatables

como as, as if, provided, how, like; —que as, since; ¿cómo? (¡cómo!) how? (!) why? (!) what?

compadecido,-a moved to pity

el compañero companion, colleague

completo,-a complete, perfect; por— completely

el or la cómplice accomplice

componer compose; repair; sólo se componía de piso bajo consisted of only one floor

comprender understand; ya comprendes of course you understand

con with

conceder concede, grant

conduciendo: see conducir

conducir lead, conduct, take

confiar (en) confide, trust (to, in), intrust

la conmoción commotion; poner en—arouse, throw in commotion

conmover (ue) move, stir, touch; —se be touched, moved

conocer know; se ha conocido has been known; haber conocido a usted have made your acquaintance

el conocimiento knowledge, attainment; consciousness

conseguir (i) attain, succeed (in); consiguieron...que don Salvador tomara got Don Salvador to take

consiguió,-ieron pret., 3d pers. sing. and pl., of conseguir

constar be clear, evident; appear; pero conste but I beg you to believe

consultar (con) consult; —le consult with him upon

el contacto contact

contar (ue) count, tell;—con count on

la contemplación contemplation, examination

contener restrain, hold

contestar answer

continuar continue; continuó su camino he continued on his way

contra against, toward

convenir suit, be fitting; conviene it is best

la conversación conversation

copudo,-a leafy, with dense foliage; domed

el corazón heart; de todo—most heartily

la corbata cravat, necktie

Corbel prop. noun

corpulento,-a corpulent, large

el corral yard

correr run, flow; —por la frente run down his face

la cosa thing; es—is something

la costa coast

creer believe, think

el crepúsculo dusk, twilight

creyendo pres. part. of creer

el criado, la -a servant

el criminal criminal

cruzar cross

la cuadra stable

el cuadrillero patrolman

el cuadro picture; —(de tierra) plot or bed (in a garden)

cual which, what; like, as; el(la, lo)—who, whom, which

¿cuál? which?

cualquier(a) any, any one; a—parte anywhere

cuando when; de—en—, de vez en—now and then

¿cuándo? when?

cuanto,-a (interr. and exclam. cuánto) how much; pl. how many, all that

cuarenta forty;—y ocho forty-eight

cuatro four; a few;—días después a few days later

cubierto irr. past part. of cubrir

cubrir cover

el cuchillo knife; —de monte hunting knife

el cuello neck

la cuenta account; darse—(de) realize

el cuerpo body

la cuesta hill, slope

la