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| BILBAO | |
| MADRID Rios Rosas, 24 |
BARCELONA Cortes, 579 |
| 1931 | |
Introducción
Oraçión qu'el arçipreste fizo á Dios
Intellectum tibi dabo
El Açipreste rrogó á Dios que le diese graçia que podiese facer este libro
Gozos de Santa María
Gozos de Santa María
Todo ome entre los sus cuydados se debe alegrar é de la disputaçión que los griegos é los romanos en uno ovieron
Los omes é las otras animalias quieren aver compañía con las fenbras
El Arcipreste ffué enamorado
El león estava doliente é las otras animalias lo venían á ver
Quando la tierra bramava
Todas las cossas del mundo sson vanidat, sinon amar á Dios
De lo que acontesçió al Arçipreste con Fernand García
De la constelaçión é de la planeta..., del fijo del rey Alcarez
El Arçipreste fué enamorado... del ladrón é del mastyn
El Amor vino al Arçipreste
Del garçón, que quería cassar con tres mujeres
De las ranas, en cómo demandavan rey á Don Júpiter
Del pecado de la cobdicia
Del alano, que llevava la pieça de carne en la boca
Del pecado de la ssobervia
Del cavallo é del asno
Del pecado de la avarizia
Del lobo é de la cabra é de la grulla
Del pecado de la luxuria
Del águila é del caçador
Del pecado de la invidia
Del pavón y de la corneja
Del pecado de la gula
Del león é del cavallo
Del pecado de la vanagloria
Del león, que se mató con yra
Del pecado de la acidia
Del pleito qu'el lobo é la rraposa, que ovieron ante Don Ximio
De la pelea, qu'el Arçipreste ovo con Don Amor (del rezo)
De la pelea, que ovo el Arçipreste con Don Amor (de las doncellas recogidas)
Del mur topo é de la rana
De la respuesta que Don Amor dió al Arçipreste (pintura de la dueña y de trotaconventos)
De los dos perezosos, que querian cassar con una dueña
Don Pitas Payas
De la propiedat qu'el dinero há
El Amor castiga al Arcipreste..., de bever mucho vino (cuento del ermitaño)
El Amor se partió del Arcipreste..., Doña Venus lo castigó
Cómo fué fablar con Doña Endrina el Arcipreste
De la abutarda é de la golondrina (y del lobo metido á abad)
Doña Endina fué á casa de la vieja é el Arçipreste acabó lo que quiso
El libro que tiene en sus manos el curioso lector es el libro más valiente que se ha escrito en lengua castellana. Nuestra literatura ofrece tres cimas, que se yerguen hasta las estrellas y sobresalen entre las obras más excelsas del ingenio humano. El Quijote en el género novelesco, La Celestina en el dramático, El Libro de Buen Amor en el satírico, en el lírico, en el dramático, en todos los géneros, porque todos los confunde la reventazón creadora de un poeta solitario, que alza su voz poderosa en el silencio de una sociedad medio guerrera y medio bárbara.
Pero en reciura de músculos, en volubilidad de meneos, en fuerza de rugiente vida, en desenfadada{viii} sinceridad y abertura de pecho, el Arcipreste de Hita se adelanta a todos los artistas del mundo.
Este hombre es el gigantazo aquel, llamado Polifemo, que nos pintó Homero, metido a escritor. Los sillares con que levanta su obra son vivos peñascos, arrancados de la cumbre de las montañas y hacinados sin argamasa ni trabazones convencionales de las que no pueden prescindir los más celebrados artistas.
"¡Qué lástima—dice benditamente Martínez de la Rosa—que un hombre de tanto ingenio naciese en un siglo tan rudo!" ¡Acaso, digo yo, naciendo en el que nacisteis, hubiera sido de vuestra atildada escuela! Porque, ¿quién sabe si vuestro ingenio académico, puesto en el siglo XIV, hubiera volado tan sin pihuelas como el del Arcipreste?
Su boca dice todo lo que encierra su pecho, y el pecho de este poeta primitivo es grande como el universo. ¡Una verdad tan sin tapujos, que tumba de espaldas al más arrojado! ¡Un realismo tan cimarrón, que ciega y acobarda al más atrevido!
Tan grande, tan colosal es el Arcipreste de Hita que, soprepujando a toda previsión y escapándose de toda medida, se les ha ido de vuelo a los críticos más avizores y de más firme mirar. El Greco se queda corto en pintura, para lo quez{ix} en literatura es Juan Ruiz. Su obra, repito, es el libro más valiente que se halla en esta literatura castellana de escritores valientes y desmesurados sobre toda otra literatura.
La obra del Arcipreste es toda suya, personal, originalísima. ¿Que glosó una comedieta latina, que engarzó en su libro fábulas orientales, de todos conocidas entonces, que tomó de la literatura francesa algún fabliau y el tema del combate entre D. Carnal y D.ª Cuaresma? Esos son materiales en bruto, que el poeta labró, pulió, vivificó con aliento nuevo y no soñado por los autores que tales materiales le ofrecieron.
Levántase el Arcipreste entre dos épocas literarias, sin pertenecer a ninguna de las dos, aunque con dejos de la que le precedió: la de los apólogos sentenciosos y últimos vagidos del mester de clerecia, que fué lo que hasta entonces se había escrito, y el renacimiento de torpe y retorcido decir de D. Enrique de Villena y el Marqués de Santillana, que vino a poco, seguido de la lírica postiza y desleída de los cortesanos de don Juan el II.
¡Increíble parece que, resonando todavía y retiñendo en lo hondo de los corazones aquel metal de voz de un tan verdadero vate como Juan Ruiz, tuvieran valor de chirriar, no uno ni una docena de afeminados boquirrubios, sino toda{x} aquella cáfila y enjambre de ahembrados poetillas, cuyas ñoñeces nos conservó Baena en su Cancionero, cerrando la procesión de tan almibarados donceles el por luengos años de más estruendo y más enrevesado y menos delicado y natural poeta que conozco, el famosísimo Juan de Mena!
Pasados los tiempos heroicos de la épica castellana con sus gestas, de las cuales nos ha quedado el más acabado modelo en el cantar de Mio Cid, nació en los comienzos del siglo XIII un género de poesía, ni épica ni lírica, que los mismos poetas llamaban mester de clerecia. Clérigos eran, efectivamente, por la mayor parte, porque apenas si la cultura y las letras alcanzaban más que a los clérigos. Fruto de la erudición latino-eclesiástica, por medio de la cual les llegaba por una cierta manera mitológica algo de la antigua historia y de sus héroes, eran aquellos poemas para leídos por monjes y estudiantes de las nacientes universidades; sus voces no llegaban a las mesnadas de guerreros, a las cortes de los reyes ni a las fiestas y regocijos populares.
Así era de prosaico y didáctico el tono de aquellas leyendas devotas y poemas de Berceo, del Alexandre, del Libro de Apolonio y otros, a vueltas de cierta candidez y color de primitivos, que si no enardece y levanta los pensamientos, agrada, y, sobre todo, contentaba a sus poco leídos{xi} lectores y más a sus autores, los cuales despreciaban la verdadera poesía del pueblo, que llamaban mester de juglaria.
Pero la cultura arábiga, fomentada por Alfonso el Sabio, trajo a España el saber grave, diluído en apólogos y sentencias, y de él se alimentó la prosa castellana, llevada a la legislación, a la historia y a la ciencia por el sabio rey. A poco la corriente lírica gallega se derramó por toda la Península, escribiéndose nuestra primera lírica en aquella dulce lengua, y desaparece el pesado alejandrino, substituyéndole la riqueza métrica de aquellos cantares cantables y ligeros de la musa, ya erudita, ya popular, venida de Galicia. La sociedad medioeval se transformaba a la par de caballeresca en burguesa, y el empuje realista del popular pensar y sentir no pudo menos de llegar a la literatura. Estos cambios se verificaron en el siglo XIV, en que vivió el Arcipreste de Hita. El añejo mester de clerecia se coloreó no poco con estas novedades, y a él pertenecen en el siglo XIV el Rabí D. San Tob de Carrión y el Canciller Pero López de Ayala. No menos pertenece a él nuestro Arcipreste por la intención moralizadora de su libro y por la doctrina y fábulas orientales de que lo entreveró; pero no menos, antes mucho más, ha de tenerse por poeta popular del{xii} mester de juglaria, como él mismo francamente lo proclama sin desdeñarse por ello (c. 1633):
Señores, hevos servido con poca sabidoría:
Por vos dar solás a todos fablévos en jograría.
Con estas palabras, y mucho más con su libro, sus cantares y "cántigas de dança e troteras, para judíos e moros e para entendederas, para ciegos y escolares, para gente andariega" (c. 1513, 1514) alzó bandera revolucionaria en el campo de la literatura erudita, injertándole la savia popular, la única que suele y puede engrandecerla. El fué quien enterró el mester de clerezia, desgarrándose de la tradición latino-eclesiástica; él quien rompió todos los moldes de erudiciones trasnochadas, de ritmos apesadumbrados y de entorpecidos andares; él quien supo aprovechar como nadie en sus apólogos la manera pintoresca y sentenciosa de la literatura oriental, harto mejor que en sus prosas D. Juan Manuel, su contemporáneo; él quien dió vida a la sátira moral, harto mejor que el Canciller y el Rabí; él quien llevó a la literatura castellana las cantigas, las villanescas y las serranillas gallegas; él quien zanjó para siempre el realismo de nuestra literatura; él, en una palabra, quien dió vida de un golpe y en un solo libro a la lírica, a la dramática, a la autobiografía{xiii} picaresca y, sobre todo, a la sátira en todos sus matices.
El Arcipreste de Hita no puede ser encasillado, como no pueden serlo los pocos altísimos ingenios, que se levantan sobre la muchedumbre de los poetas y escritores comunes, por sobresalientes que algunos de ellos sean. Fuelo, sin duda, el infante D. Juan Manuel, el único cuya voz puede oírse mientras canta el de Hita; pero entre uno y otro hay un abismo. Porque nuestro Arcipreste, no sólo es el primer poeta de su siglo, sino de toda la Edad Media española, y fuera de España tan sólo el Dante puede con él emparejar.
¿Quién fué este hombre tan extraordinario? Fuera de lo que nos pueda decir su Libro de Buen Amor no sabemos ni una palabra; y este libro es tan naturalmente artístico y tan irónico y socarrón y en castellano tan viejo y poco conocido escrito, que él y su autor siguen siendo hasta hoy una verdadera quisicosa, un enigma, aun para las personas más doctas. Para Menéndez y Pelayo fué el Arcipreste "un clérigo libertino y tabernario"; para Puymaigre, "un libre pensador, un enemigo de la Iglesia"; para José Amador de los Ríos, por el contrario, fué "un severo moralista y clérigo ejemplar, que si es cierto que cuenta de sí propio mil picardías, lo hace para{xiv} ofrecerse como víctima expiatoria de los pecados de su tiempo, acumulándolos sobre su inocente cabeza" (Menéndez y Pelayo, Antología, III, página LXII). Si con tan encontradas opiniones se juzga del hombre, de esperar es que con las mismas se juzgue de su obra, que no ha faltado quien la llamase nada menos que Libro de alcahuetería.
Bien es verdad que todos convienen en tenerle por extraordinario poeta. Pero, ¿puede ser poeta tan extraordinario un hombre que va contra el sentir de toda la sociedad cristiana en que vive, como lo supone Puymaigre? Los grandes poetas que conocemos sobresalieron entre sus contemporáneos; pero fueron la voz de toda la sociedad en que vivían, y eso les hizo ser grandes. ¿Puede ser extraordinario poeta un poeta "clérigo, libertino y tabernario; un escolar nocherniego, gran frecuentador de tabernas; un clérigo de vida inhonesta y anticanónica", como dice de él Menéndez y Pelayo? Yo concederé que entre tales hombres pueda darse un poeta; jamás un extraordinario poeta. Los más encumbrados pensamientos y los sentimientos más delicados no andan por las tabernas y lupanares. Si alguien puede creer lo contrario, respeto su opinión; pero me guardo la mía en todo contraria. Si otros creen que un desalmado sin conciencia y sin religión,{xv} en un siglo religioso sobre todo, puede ser poeta excelso, de los de gran talla, de los pocos que se levanten a lo más alto, como yo tengo fué el Arcipreste, tampoco me ofenderé; pero seguiré creyendo que esos altísimos ingenios jamás se dieron sin una honda creencia religiosa en el corazón, fuente la más pura y abundante de la sublime poesía. Pero todo esto es opinar. Lo que en limpio de todo ello se saca es que el valer del Arcipreste y de su libro sigue en balanzas, que el Libro de Buen Amor es todavía un enigma aun para los más doctos y discretos.
Descifrar el enigma, poner en claro el libro, que puedan leerlo, entenderlo y juzgarlo doctos e indoctos era empresa digna de acometerse y de que alguien fuera el primero en acometerla. Acaso el mal sino del Arcipreste haya sido el que fuera yo el primero que la acometiese; ello es que yo he sido, y hubiera deseado encuadrar esta sátira maravillosa de la clerecia y aun de toda la sociedad del siglo XIV, que a esto se reduce el libro, en un marco digno, que pintase y pusiese ante los ojos del lector aquella corrompida edad del cautiverio babilónico, como se ha llamado por la sustracción del Papa a la ciudad de Roma, llevado con miras políticas a Aviñón por los reyes de Francia.
No sufría tal espacio y vagar el estilo y tamaño{xvi} de los libros de esta biblioteca de Clásicos Castellanos, y he debido ceñirme a sus límites, aunque creo haber sacado en limpio el texto, haber aclarado su sentido literal de manera que cualquiera persona medianamente instruída llegue a entenderlo, y haber apuntado las suficientes noticias para que se conozca el ser y costumbres de aquel siglo.
Del libro, bien estudiado, se sacan las pocas noticias siguientes, tocantes al extraño personaje de su autor: Llamóse Juan Ruiz (c. 19 y 575). Nació en Alcalá de Henares (c. 326, 1510). Fué Arcipreste de Hita, villa en la provincia de Guadalajara. Cargo era éste de importancia, como entonces todos los eclesiásticos, y el primero de la villa, puesto que el Arcipreste es cabeza de todos los demás clérigos. Era ya muerto, probablemente, a no ser que hubiera dejado el arciprestazgo, el año 1351, pues en escritura que cita Antonio Sánchez era arcipreste allí y aquel año un tal Pedro Fernández; todavía parece más probable que hubiese muerto para el año 1348, como deduzco por cierta conjetura de la copla 326 (véase mi nota). Acabó de componer su libro el año 1343 (c. 1634), siendo ya viejo (c. 1692) y estando preso en Toledo por mandado del Arzobispo de aquella ciudad D. Gil de Albornoz (c. 1671, 1709).{xvii}
Compuso, por consiguiente, el libro en los últimos años de su vida, preso y lleno de angustias, agraviado e injustamente puesto en prisión, "por causas meramente curiales", dice Menéndez y Pelayo, muy probablemente por falsas delaciones sobre que hablaba contra el Arzobispo, llevadas de parte de los clérigos de Talavera, fuertemente enojados por la sangrienta sátira que contra ellos escribió (c. 1690).
Fué persona leída y entendida en Sagrada Escritura, Derecho civil y canónico, en la erudición latino-eclesiástica de su siglo y en los libros de D. Juan Manuel y demás obras que hasta entonces se habían escrito en lengua vulgar.
La biblioteca del Arcipreste debió de ser harto menguada. Por su libro se saca que conocía la Biblia, varias obras canónicas y jurídicas, que menciona en la copla 1152; las Decretales (c. 1148); el Decreto (introducción); el Especulo (c. 1152); el Libro de las tafurerias (c. 556); el Conde Lucanor, del cual sacó el asunto de algunas fábulas; el poema de Alexandre, al cual imita (c. 1266); algún Isopete, del que sacó el de otros apólogos;[A] el Pamphilus, que glosó; los Aforismos de Caton (introducción y c. 44, 568). A Aristóteles{xviii} cita en la copla 71, a Tolomeo en la 124 y a Hipócrates en la 303; pero sin duda de segunda mano.
No tenía ningún clásico latino ni menos griego, pues aunque cita a Ovidio (429, 446, 612, 891), para él y sus contemporáneos Ovidio Nason era principalmente el Pamphilus medioeval, obra de un monje imitador del verdadero Ovidio. Tampoco trae nada su libro de la Disciplina clericalis del judío converso español Pedro Alfonso ni del Libro de los engaños o Sendebar, mandado verter al castellano por el infante D. Fadrique, obras ambas que pudiera muy bien haber aprovechado por la comunidad de asuntos y que acaso leyó; pero que es extraño no hayan dejado la menor huella en el Libro de Buen Amor. De la poesía francesa debió de conocer algo, aunque no tanto como creyó Puymaigre, pues el cuento de Pitas Pajas probablemente fué español de origen, si no fué invento del mismo Arcipreste (474), y las serranillas tenían su abolengo en la lírica popular.[B] No habiendo conocido el Roman de la Rose, derramado por toda Europa y de asunto tan parecido al de su libro, ¿qué otra obra francesa iba a conocer?{xix}
Pero este maravilloso poeta, si no tenía libros, tampoco los necesitaba. Fué un vidente de la naturaleza, de las almas, de la sociedad en que vivía; un verdadero vate, que estaba por cima de los libros y calaba adonde los libros no alcanzan.
Que fué personaje de cuenta y de gran confianza para el gran estadista, no menor conocedor de hombres y severo y enterizo Arzobispo de Toledo, gran privado del emperador Alfonso XI y del Papa (notas a las coplas 1690, 1516), don Gil de Albornoz,[C] se ve claramente por la grave comisión que le encargó de llevar sus letras al clero de Talavera, con amplios poderes (c. 1690) para retraer a aquellos clérigos de la suelta vida que llevaban y hacerles apartar de sus mancebas, a ellos y a los seglares de aquella población. Puesto que D. Gil fué Arzobispo de Toledo desde el año 1337 hasta el 1350, en que se puso al servicio del Papa en Aviñón, esta comisión fué después del año 1337, algunos años más tarde, sin duda, y el Arcipreste era ya hombre entrado en años, pues él se llama viejo (c. 1692) y de conocido valer, prudencia y severas costumbres. Este hecho incontrastable y cierto de toda certeza es el que ha de tenerse bien en cuenta al juzgar de{xx} su persona y de su obra, la cual vino a escribir por las causas y acontecimientos que de todo esto se desprenden y son como siguen.
No debió de ser grande la enmienda de los clérigos de Talavera, cuando, a pocos años, escribió el Arcipreste la famosa sátira, que añadió más tarde al final de su libro. Poco después se vió puesto en prisión por causas desconocidas, y lo más probable por las dichas delaciones de aquellos señores (c. 1709). Entonces fué cuando, tomando aquella sátira clerical como boceto de otra mayor, compuso el Libro de Buen Amor, cuyo intento es claramente satirizar a los clérigos de vida airada que, como aquellos de Talavera, tanto abundaban por España (c. 505). El personaje principal de todo el libro es un arcipreste, como cabeza de clérigos perdidos y más perdido que todos ellos.
Para dar vida dramática a la sátira, habla en primera persona el de Hita, poniéndose así en el lugar del dicho arcipreste abstracto, que personifica toda la perdida clerigalla. De este modo, en forma autobiográfica, va describiendo cuanto a aquellos clérigos solía acontecerles, que se resume en la lucha en su alma y en sus obras entre el espíritu cristiano del amor de Dios o buen amor, como el Arcipreste le llama, y el espíritu carnal y mundano, que él intitula locura o loco amor. Llevado{xxi} de la naturaleza carnal, que el protagonista atribuye al sino, conforme a las doctrinas astrológicas de entonces, busca una tras otra mujeres para sus amoríos, valiéndose de tercerones y de terceronas viejas. La fe cristiana le vuelve una y otra vez a Dios y al buen camino mediante los desengaños, de que la gracia se vale, según la católica teología. Pero suele quedar vencedor el loco amor, porque tal sucede a los hombres de carne y hueso, y el Arcipreste no se espanta de pintar los hechos y la verdad como ella se es.
La idea capital del libro está, por consiguiente, en que pinta al hombre mundano, sobre todo cristiano y clérigo, el cual conoce el mal que hace y se arrepiente; pero que vuelve a caer en los lazos del loco amor, que acaba señoreándole. La unidad de plan no puede ser más clara ni el intento de satirizar a los locos clérigos, naturalmente para aprovechamiento de ellos y de los demás. Pero así como el ingenio poderoso de Cervantes convirtió en sátira de toda la sociedad de su tiempo y aun de toda la humanidad la que pretendió hacer de los libros de caballería, de la misma manera el ingenio del Arcipreste, tan grande acaso como el de Cervantes y, si menos clásico y en todo mesurado, más primitivo sin duda y montaraz, convirtió la sátira de los clérigos en la sátira de la sociedad del siglo XIV y de la humanidad de todos{xxii} los tiempos. El Libro de Buen Amor es, como dice Menéndez y Pelayo, la Comedia Humana del siglo XIV y la epopeya cómica de la Edad Media.
Un arcipreste erudito, canonista, grave y macizo, ya entrado en años y que sin embargo emprende y lleva a feliz cima semejante obra, hubo de ser de un temple capaz de hacer cara a todos los enemigos que, heridos en lo más vivo y poderosos por su estado clerical y asegurados en la costumbre, que viene a ser nueva naturaleza y nueva ley y derecho, se le echasen encima o solapadamente jurasen su perdición y se la tramasen por todas vías.
Tal sucedió, y no podía menos de suceder; pero la grandeza de corazón de aquel hombre queda, por lo mismo, fuera de todo debate.
Hay otro género de enemigos todavía peores, el de los mojigatos y escrupulosos, el de los hipócritas, que se espantan y se llevan las manos a la cabeza al leer la realidad de lo que cada día sucede, cuando hay quien sepa pintarla tal cual es, sin medias tintas que la ensombrezcan y suavicen, y que acaso acaso no se espanten de los hechos vistos y tocados, y quién sabe si por ellos mismos cometidos. Este linaje de gentes siguen siendo hoy mismo enemigos del Arcipreste de Hita, aunque parezcan tan anchos de manga como Puymaigre. Mas el alma del Arcipreste era de tan{xxiii} finos aceros y de tan levantados vuelos, que se sobrepuso a todos esos espantadizos y asombradizos grajos. Su pincel se tiñó en los hechos más sangrientos de la realidad y llevó al lienzo el más fiero realismo, chorreando sangre y verdad a puñados.
Pero no es lienzo ni pintura este libro; es piedra berroqueña, grabada a martillazo limpio por un cíclope. La literatura griega es de alfeñique ante esta obra de un verdadero primitivo del arte; sólo Esquilo puede aparearse con él en la fuerza, y sólo asentado entre los primitivos artistas egipcios se halla como en su casa y en compañía de quien le entienda, o codeándose con un Ecequiel y un Isaías, almas de la misma cantera que la de este hombre verdaderamente varonil y artista colosal.
No es que quisiera ofrecerse como víctima expiatoria de los pecados de su tiempo, como devotamente dijo Amador de los Ríos; es que no era hombre para entender que alguien se espantase de que se atribuyese a sí el papel de clérigo tabernario y libertino.
Todos hemos conocido en nuestra España curas de tan sanas costumbres como de desenfadado buen humor, que están por cima de hablillas y chismografías de barrio y les gusta terciar con todos y chocarrear a sus tiempos y aun tocar{xxiv} la guitarra y cantar flamenco, si a mano viene. De esta madera fué el Arcipreste. Sabía de cantares y tonadas, de cristianos, moros y judíos, que entonces vivían harto mejor hermanados de lo que se figuran los cuáqueros y cátaros que quieren ahora monopolizar la fe católica, tan grande de suyo, que no cabe ni asoma siquiera en pechos tan pequeños y apilongados. Para todos hacía coplas y tañía instrumentos, a lo menos entendía de ellos. Sabía de tonadillas y cantares arábigos. Conocía a entendederas o ensalmaderas y curanderas, a estudiantes nocherniegos y a ciegos cantadores y les hacía a todos coplas. Calaba las tramoyas de las viejas celestinas, llamadas entonces trotaconventos, grandes cuentas al cuello, enlabiadoras de dueñas, terceronas de clérigos. Todo ello lo tenía muy sabido el Arcipreste y lo pintó tal como lo sabía y no le pasó por pensamiento desdeñarse ni correrse ni menos asombrarse de escribirlo. Porque era un hombre, y los asombradizos de entonces y de ahora no sé lo que serán, pero hombres están lejos de serlo.
Sólo él, grave y regocijado a la par, podía escribir aquel carnaval de abigarrado colorido, en que van pasando todo linaje de gentes con sus locuras y solapadas intenciones, y él les va arrancando sin compasión la careta. Allí, como dice{xxv} Dozy, los caballeros que vienen presto al tomar de la paga, tarde al partirse a la frontera; jugadores de dados falsos; los jueces poco escrupulosos y los abogados intrigantes y cohechadores; los criados que se distinguen por catorce cualidades, pobres pecadores que guardan muy bien el ayuno cuando no tienen qué llevarse a la boca; las nobles damas vestidas de oro y seda; las delicadas monjas de palabrillas pintadas y sabrosas golosinas; las judías y moras; las villanas de la sierra, chatas y lujuriosas como cabras, de anchas caderas y macizas espaldas.
"La fantasía ingeniosa, la viveza de los pensamientos, la exactitud con que pinta las costumbres y los caracteres, la encantadora movilidad de su ingenio, el interés que acierta a comunicar al desarrollo de su obra, la verdad del colorido, la gracia con que cuenta los apólogos, y, sobre todo, la incomparable y profunda ironía, que ni a sí mismo perdona—dice el famoso crítico alemán Clarus (Guillermo Volk)—le elevan, no solamente sobre otros poetas españoles que le siguieron, sino sobre la mayor parte de los poetas de la Edad Media en toda Europa."
Menéndez y Pelayo señala como cualidades principales del Arcipreste: "La primera, el intenso poder de visión de las realidades materiales:{xxvi} en el Arcipreste todo habla a los ojos; todo se traduce en sensaciones; su lengua, tan remota ya de la nuestra, posee, sin embargo, la virtud mágica de hacernos espectadores de todas las escenas que describe."
"Es la segunda de sus dotes una especie de ironía superior y trascendental, que es como el elemento subjetivo del poema, y que unido al elemento objetivo de la representación, da al total de la obra el sello especialísimo, el carácter, general a un tiempo y personal, que la distingue entre todas las producciones de la Edad Media. La obra del Arcipreste refleja la vida entera, aunque bajo sus aspectos menos serios y nobles; pero en medio de la nimia fidelidad del detalle, que en cada página hace recordar las bambochadas y los bodegones flamencos, pasa un viento de poesía entre risueña y acre, que lo transforma todo y le da un valor estético superior al del nuevo realismo, haciéndonos entrever una categoría superior, cual es el mundo de lo cómico-fantástico. En este género de representaciones brilla principalmente el Arcipreste, y es lírico a su modo, con opulencia y pompa de color, con arranque triunfal y petulante verso, sin dejar de ser fidelísimo intérprete y notador de la realidad." (Antología, III, CX).
Pero no admito "la tercera y muy visible dote,{xxvii} la abundancia despilfarrada y algo viciosa de su estilo, formado principalmente a imitación del de Ovidio, de cuyas buenas y malas condiciones participa en alto grado, puesto que la riqueza degenera en prodigalidad, y la idea se anega en un mar de palabras..." Ni se formó en Ovidio, ni leyó siquiera un solo verso suyo, ni se le parece en nada más que en ser Ovidio elegantísimo y social poeta, y el Arcipreste poeta insociable y primitivo, de lo más primitivo, bronco y estupendamente salvaje que resolló y echó a este mundo la diosa Madre de la poesía universal, de la cual fueron hijas helénicas las elegantes Musas clásicas que conocemos.
En cambio, añado yo que el Arcipreste no fué poeta de una sola cuerda, como la mayoría de los poetas lo fueron. A lo aristofanesco de alguna serranilla y de la contienda entre Don Carnal y Doña Cuaresma, junta el candor de égloga, más natural que el de Teócrito, en otras serranillas; a la vena satírica quevedesca del poder del dinero y de las costumbres de los clérigos talaveranos, caballeros y monjas, la delicada y suave unción de los gozos de la Virgen, en el tono con que los ha cantado siempre el pueblo; a lo dramático y hondamente psicológico de la paráfrasis del Pamphilus, lo sublimemente trágico de la elegía a la Muerte; a lo tristísimamente endechado{xxviii} en las Cantigas a María, lo triunfalmente pindárico del epinicio cantado a Cristo como venciendo a la muerte misma, reina del universo; a lo sentencioso de los consejos de Don Amor y a lo oriental de los apólogos, lo muy occidental y jamás igualado cómico del rezo de los clérigos con sus amigotes golfines y en acecho de dueñas y mujerzuelas. Por tal brusquedad de saltos baja y sube nuestro Arcipreste de lo cómico a lo trágico, de lo lírico a lo dramático, de lo idílico a lo satírico, y todas las cuerdas las pulsa y tañe como poeta consumado, con un garbo y soltura asombrosa, sobresaliendo siempre la fuerza, el color, el sentimiento y la veracidad.
Nada diré acerca del estilo, porque tamaño escritor no podía menos de tenerlo, y lo tiene tan personal y propio como el más pintado de los escritores castellanos. Ni del caudal léxico y gramatical, que es en su tanto el más rico de los escritores de la Edad Media, y en su libro, como en ningún otro, puede estudiarse el castellano antiguo. Pero he de añadir que el Arcipreste emplea no pocas voces con el significado aragonés y algunas pura y exclusivamente aragonesas. ¿Bastará para dar razón del hecho el emplearse no pocos aragonesismos en Guadalajara, Segovia y, sobre todo, en Soria?
Dejóse decir Muymaigre (Les vieux auteurs{xxix} castillans, II, pág. 83) que el Arcipreste fué un discípulo de la literatura francesa y que en nada fué poeta español: "Ruiz n'a guère d'espagnol que sa langue, et encore y mêle-t-il grand nombre de mots d'origine étrangère." Yo, a salida de tal calibre, sólo le respondería que hasta hoy, por lo menos, no se ha dado en Francia escritor alguno del temple, de la fuerza y color que el Arcipreste de Hita; que sus grandes escritores y artistas son de otro jaez; que Juan Ruiz es el artista y escritor más español y más de raza que conozco. Sus cualidades son las de nuestra literatura y enteramente encontradas y opuestas a las de la literatura francesa.
Cuanto al "grand nombre de mots d'origine étrangère", el índice de voces de esta mi edición prueba claramente que ni una sola fué de otra cepa que la castiza y popular castellana. Por fortuna, nuestros tres principales escritores, Cervantes, Rojas y Juan Ruiz, nacieron en el centro de la meseta castellana y a pocas leguas en la misma región toledana, donde se fraguó nuestro lenguaje literario.
La versificación ordinaria del Libro de Buen Amor es el llamado tetrástrofo o copla de cuatro versos consonantes o quaderna via o alejandrino. Estos versos son de catorce sílabas los más y algunos de dieciséis, divididos en dos hemistiquios.{xxx} Se ha dicho que en aquel tiempo no se admitía la sinalefa, de modo que han de contarse todas las sílabas con sus vocales. Es cierto; y en vez de la sinalefa suprimían una vocal, lo cual indico yo con el apóstrofo:
Léase, pues, sin sinalefa, con sus 16 sílabas:
Sin embargo, no hallo medio de evitar la sinalefa en la c. 911, a no ser que cada hemistiquio forme verso aparte y el primero sea de ocho y el segundo de siete sílabas:
Si se admite lo primero, sería preferible escribir a lo romance la cuaderna vía.
Lo mismo la 912, donde la sinalefa no ha lugar:
Al revés, el primero de siete y el segundo de ocho, si no se omite la e final de guárdeme:
{xxxi} Pero no cabe omisión alguna en:
Hay que decir, por consiguiente, que en el tetrástrofo de Hita cabe igualmente el hemistiquio de siete y el de ocho sílabas en sus cuatro combinaciones:
Fuera de estos casos, la copia está errada por los copistas y admite corrección. Aún algunos hemistiquios de ocho creo yo serían de siete en el original; pues pronunciando el Arcipreste como el pueblo, haría más contracciones, por ejemplo: d' por de, qu' por que, 'l por el, etc. No me he atrevido a llevar al extremo este principio, aunque lo practico a veces. Alguna que otra hállanse segundos hemistiquios agudos de ocho sílabas; pero sabido es que la sílaba última en todas las métricas se enseña que suena menos fuerte, de manera que pudiera tomarse como por grave esa sílaba aguda final:
Y aun en el primer hemistiquio:
{xxxii}Las combinaciones de hemistiquios en cada tetrástrofo son muy variadas.
Ejemplos: 8+7, 7+8, 8+7, 8+8 en la copla 931; 7+7, 7+8, 7+7, 7+8, en la 930; 7+7, 8+8, 7+8, 8+7, en la 933.
No pocas composiciones del Arcipreste se han analizado mal métricamente por no haberse separado bien los versos (véase, por ejemplo, en Puyol); yo los he dividido como lo están pidiendo ellos mismos.
Conviene particularizar aquí las demás clases de versos y estrofas del Arcipreste, aunque no sea más que para admirar la riqueza que introdujo en esta parte este poeta revolucionario, quiero decir extraordinario, que supo campar por sí e inventar lo que nadie había soñado.
Además del tetrástrofo, tan variado como hemos visto en versos de 16 y de 14 sílabas en dos hemistiquios, quiso el Arcipreste "dar algunos leçion e muestra de metrificar e rrimar e de trobar; ca trobas e notas e rrimas e ditados e versos que fiz conplidamente, segund que esta çiencia requiere" (Introd.). De hecho nos dió en su libro versos de todas clases y estrofas variadísimas (24 clases de estrofas además del tetástrofo), como{xxxiii} antes de él no se conocían y pocos después de él abarcaron.
Versos dodecasílabos y endecasílabos ha creído hallar Puyol en las coplas 1049-1058 y 1678-1683, respectivamente; pero véanse en su lugar cómo, naturalmente, han de dividirse. Además, pues, de los versos de 14 y 16 sílabas del tetrástrofo, hay los versos siguientes:
Octosílabos en las coplas 1710-1719, 1720-1728, 1650-1660, 987-992, 1668-1672, 1059, 1060-1066, 959-971, 997-1005, 33-43.
Heptasílabos en las coplas 1635-1641, 1678-1683, 1661-1667, 1673-1677, 1684, 1685-1689, 21-32.
Hexasílabos en las coplas 1049-1058, 1642, 1649, 1022, 1023-1042.
Pentasílabos en las coplas 1678-1683.
Tetrasílabos en las coplas 1661-1667, 20-43, 1678-1683.
Mayor es la riqueza de combinaciones de los versos en estrofas y de las estrofas entre sí en toda la composición.
1. Estrofas de diez versos: heptasílabos, menos los 2.º, 5.º y 10, y consonantados los 1.º, 4.º, los 2.º, 5.º, los 3.º, 6.º, 7.º, los 8.º, 9.º, y el último con el último de todas las estrofas y con el de la primera, que es de cuatro versos, los tres primeros consonantados (c. 1661-1667).{xxxiv}
2. Estrofas de nueve versos octosílabos, consonantando los 1.º, 3.º, 5.º, 7.º y los 2.º, 4.º, 6.º, 8.º, y el último de todas las estrofas entre sí y con el 3.º de la primera estrofa, que es de tres versos, los dos primeros pareados (c. 987-992).
3. Estrofas de ocho versos heptasílabos, consonantando los 1.º, 3.º, los 2.º, 4.º, 5.º, 8.º y los 6.º, 7.º Además el consonante del primer verso de cada estrofa es el mismo del último de la anterior, y la primera estrofa es de cuatro versos consonantando los 1.º, 4.º, y los 2.º, 3.º (c. 1673-1677).
4. Estrofas de ocho versos octosílabos, consonantando los 1.º, 3.º, 5.º y los 2.º, 4.º, 6.º, luego los 7.º, 8.º, de todas las estrofas entre sí y con la estrofilla primera de cuatro versos (c. 1060-1066).
5. Estrofas de siete versos hexasílabos en combinación de a, b, a, b, a, b, y el final de 14 sílabas agudo, como estrambote, concertando el de todas las estrofas (c. 1049-1058).
6. Estrofas de siete versos: 1.º, 3.º, 5.º y 6.º, tetrasílabos agudos consonantados, y 2.º, 4.º, y 7.º, hectasílabos consonantados (c. 1678-1683).
7. Estrofas de siete versos consonantando los 1.º, 3.º, 5.º, y los 2.º, 4.º, 6.º, 7.º, todos hexasílabos menos el tetrasílabo último (c. 1642-1649).
8. Estrofas de siete versos octosílabos, consonantando{xxxv} los 1.º, 3.º, los 2.º, 4.º, 7.º y los 5.º, 6.º (c. 959-971).
9. Estrofas de siete versos octosílabos, consonantando los 1.º, 3.º, 5.º, los 2.º, 4.º, 6.º, 7.º (c. 997-1005).
10. Estrofas de siete versos heptasílabos, consonantando los 1.º, 3.º, los 2.º, 4.º, 7.º, los 5.º, 6.º (c. 1635-1641).
11. Estrofas de seis versos heptasílabos, consonantando los 1.º, 2.º, los 3.º, 4.º, y los 5.º y 6.º (c. 1721-1728).
12. Estrofas de seis versos heptasílabos, consonantando los 1.º, 2.º, 4.º, 5.º, y los 3.º, 6.º (c. 1685-1689).
13. Estrofas de seis versos, los dos primeros de 16 ó 14 sílabas y los otros cuatro octosílabos, consonantando los 1.º, 2.º, 3.º, 6.º, y los 4.º, 5.º (c. 1668-1672).
14. Estrofas de seis versos octosílabos, consonantando los 1.º, 3.º, 5.º, y los 2.º, 4.º, 6.º (c. 1710-1719).
15. Estrofas de seis versos, consonantando los octosílabos 1.º, 2.º, 4.º, 5.º, y los tetrasílabos 3.º, 6.º (c. 33-43).
16. Estrofas de cinco versos hexasílabos, consonantando los 1.º, 2.º, y los 3.º, 4.º, y el 5.º con los cuatro de la primera estrofa (c. 1023-1042).
17. Estrofa de cuatro versos octosílabos, consonantando{xxxvi} los tres primeros entre sí, y el cuarto de todas las estrofas con el pareado del principio de la composición (c. 1651-1660).
18. Estrofas de cuatro versos octosílabos, consonantando los tres primeros entre sí y el cuarto de todas las estrofas con la estrofa primera (c. 21-32; 116-120).
19. Estrofa de cuatro versos tetrasílabos, todos consonantados (c. 20).
20. Estrofa de cuatro versos hexasílabos, dos consonantados (c. 1022).
21. Estrofa de cuatro versos de siete sílabas, consonantados 1.º con 3.º y 2.º con 4.º (c. 1059).
22. Estrofa de dos versos octosílabos, consonantados (c. 1650 y 115).
Ediciones del Arcipreste puede decirse que no las hay. Don Tomás Antonio Sánchez, en el tomo IV de su Colección de poesías castellanas anteriores al siglo XV (año 1790, Madrid), formó un texto arbitrario de los tres códices, escardó lo que le pareció ir contra la moral, confundió la ortografía y dejó sin explicar la mayor parte del glosario. Janer (tomo 57, Bibliot. Rivadeneyra, 1864) enmendó yerros de lectura y entremetió los trozos suprimidos; pero sólo tuvo en sus manos el códice de Gayoso y fué menos sincero que su predecesor. Ducamin tuvo intención de hacer la{xxxvii} edición crítica, pero se entró en el claustro sin hacerla.
Le debemos, sin embargo, el mayor servicio que pudo hacer al libro del Arcipreste: hizo la edición paleográfica (Toulouse, 1901), recogiendo en su obra las variantes de los códices G y T al pie del texto íntegro del códice S, que tuvo por el mejor. Con este trabajo, que pocas veces habrá que recurrir a los códices, la edición estaba preparada. Adviértase que los códices G y T carecen de títulos y divisiones, que se hallan en S, de manera que no son del Arcipreste.
Los manuscritos principales del Libro de Buen Amor son:
El manuscrito G o de D. Benito Martínez Gayoso, que hoy es propiedad de la Academia Española y fué escrito el año 1389, esto es, cuarenta y un años después de escribir el autor su libro. Es, sin duda, el mejor, aunque Ducamin prefiera el manuscrito S por razones secundarias, pues G tiene ortografía más popular y más antigua y sus versos constan mejor que los de S, que se ve añadido y cambiado no poco por dar claridad al texto. Yo le sigo siempre que las variantes de los otros no prueben estar errado.
El manuscrito T o de la Catedral de Toledo, que hoy está en la Biblioteca Nacional (vitrina 4-8), concuerda más en todo con G que con{xxxviii} S y es de la misma época que G, lo cual comprueba la preferencia que doy a G, pero tiene más erratas. Otra copia del de Toledo en la Nac. Dd., 14.
El manuscrito S o del Colegio Mayor de San Bartolomé, de Salamanca, que hoy para en la Biblioteca Real, es el más moderno de los tres, de principios del siglo XV, su ortografía más complicada y conserva más trozos que los otros dos. Estas dos razones movieron a Ducamin a darle la preferencia; yo prefiero atenerme al texto más antiguo en todo caso y a la más antigua ortografía.
Los tres fueron impresos por Ducamin: S íntegramente, y los otros dos al pie en las variantes. Mi edición se atiene, en cuanto es posible, al texto más antiguo, que es G, corrigiendo por los demás y siempre con la ortografía del texto de donde las palabras se toman. Pero en todos los códices hay muchos versos de deslavazada expresión y en el cuento de sílabas echados a perder, por comezón de aclarar el texto.
Cuanto a la ortografía, conservo la de los códices y sólo pongo z por la ζ y ς de Ducamin, cuando responden a esta letra, dejando s en los trozos de G, cuando la llevan. Por nn siempre pongo ñ, como hizo Ducamin. El signo que responde a la conjunción y o et del latín, lo transcribo siempre é, pues escribiéndose indistintamente{xxxix} e y et en los libros de entonces y no evitándose el hiato en la poesía de aquellos tiempos, no creo que debía poner a capricho una u otra forma. Para que el lector no informado lea sin tropezar el texto, paréceme advertirle que f, ff y h tenían un mismo sonido, el de la h aspirada andaluza; que ç sonaba siseada, y todavía más suavemente z; que j, i, g sonaban como gi en italiano, menos g con a, o, u, hablando en general, pues a veces está por j y otras veces para que sonase como γ escribíase gua, gualardón; que b y v sonaban como hoy, esto es, v como b más suave entre vocales; que x valía lo que la ch francesa y ch lo mismo que ahora en castellano; que a menudo va la n sin tilde, pero que sonaba como ñ cuando está por ella en las voces que hoy la conservan; que ante labial siempre sonó n, como se halla en el texto, y no m.[D]
He arreglado enteramente la acentuación, que entonces no la había, y la puntuación, no menos que la unión en cada palabra de las sílabas que la forman. Los poetas medioevales empleaban siempre el hiato sin escrúpulo, y hase de tener en cuenta al leer sus versos; cuando lo evitaban era mediante la sinalefa, escribiendo entonces las dos palabras juntas como las pronunciaban; yo{xl} en este caso las separo, conforme al uso moderno, echando mano del apóstrofo o virgulilla superior que indica la vocal suprimida. No se hagan sinalefas al leer donde no las hay. Para no multiplicar las notas he puesto el Indice, donde se puede acudir cuando se dude del significado de una palabra.
Julio Cejador.
Señor Dios, que á los jodíos, pueblo de perdiçión,
{2}Sacaste de cabtivo del poder de Faraón,
A Daniel sacaste del poço de Babilón:
Saca á mi coytado desta mala presión.
Señor, tú diste graçia á Ester la reyna,
Ant'el rrey Asuero ovo tu graçia dina.
Señor, dame tu graçia é tu merçed ayna,
Sácame desta lazeria, desta presión...
{3}Señor, tú que sacaste al Profeta del lago,
De poder de gentiles sacaste á Santiago,
A santa Marina libreste del vientre del drago:
Libra a mí, Dios mío, desta presión do yago.
Señor, tú que libreste á la santa Susaña,
Del falso testimonio de la falsa conpaña:
Líbrame tú, mi Dios, desta coyta tan maña,
Dame tu misericordia, tira de mí tu saña.
{4}A Jonás, el Profeta, del vientre de la ballena,
En que moró tres días dentro en la mar llena,
Sacástelo tú sano, como de casa buena:
Mexías, tú me salva sin culpa é sin pena.
Señor, á los tres niños de muerte los libreste,
Del forno del grand fuego syn lisión...,
De las ondas del mar á sant Pedro tomeste:
Señor, de aquesta coyta saca al tu açipreste.
Aun tú, que dixiste á los tus servidores
Que con ellos serías ante reys dezidores
E les dirías palabras, que fabrasen mejores:
Señor, tú sey comigo, guárdame de traydores.
{5}Nonbre profetizado fué grande Hemanuel
Fijo de Dios muy alto, Salvador de Ysrael;
En salutaçión al ángel Grabiel
Te fizo çierta desto, tu fueste çierta dél.
Por esta profeçía é la salutaçión,
Por el nonbre tan alto, Hemanuel, salvaçión:
Señora, dame graçia, dame consolaçión,
Gáname del tu fijo graçia é bendiçión.
Intellectum[F] tibi dabo, et instruam te in via hac, qua gradieris: firmabo super te oculos meos. El profeta David, por Spíritu Santo fablando, a cada uno de nos dize en el psalmo triçesimo primo del verso dezeno, que es el que primero suso escreví. En el qual verso entiendo yo tres cosas, las quales dizen algunos doctores philósophos que son en el alma é propiamente suyas; son estas: entendimiento, voluntad é memoria. Las quales digo, si buenas son, que traen al alma conssolaçión é aluengan la vida al cuerpo é dánle onrra con pro é buena fama. Ca por el buen entendimiento entiende onbre el bien é sabe dello el mal. E por ende, una de las petiçiones que demandó David á Dios, porque sopiese la su Ley,{7} fué ésta: Da michi intellectum, etc. Ca el ome, entendiendo el bien, avrá de Dios temor, el qual es comienço de toda sabidoría, de que dize el dicho Profecta: Initium Sapientiæ timor Domini. Ca luego es el buen entendimiento en los que temen á Dios. E por ende sigue la razón el dicho David en otro logar, en que dize: Intellectus bonus omnibus facientibus eum, etc. Otrosí dize Salomón en el libro de la Sapiençia: Qui timet Dominum, façiet bona. E esto se entiende en la primera rrazón del verso, que yo començé en lo que dize: Intellectum tibi dabo. E desque está informada é instruyda el alma, que se ha de salvar en el cuerpo limpio, pienssa é ama é desea ome el buen amor de Dios é sus mandamientos. E esto atal dize el dicho Profecta: Et meditabor in mandatis tuis quæ dilexi. E otrosi desecha é aborresçe el{8} alma el pecado del amor loco deste mundo. E desto dize el salmista: Qui diligitis Dominum, odite malum, etc. E por ende se sigue luego la segunda rrazón del verso que dize: Et instruam te. E desque el alma con el buen entendimiento é la buena voluntad, con buena rremenbrança escoge é ama el buen amor, que es el de Dios, é pónelo en la çela de la memoria, porque se acuerde dello trae al cuerpo á fazer buenas obras, por las quales se salva el ome. E desto dize San Joan Apóstol en el Apocalipsi, de los buenos que mueren bien obrando: Beati mortui, qui in Domino moriuntur: opera enim illorum sequuntur illos. E dize otrosi el Profecta: Tu reddes unicuique juxta opera sua. E desto concluye la terçera rrazón del verso primero, que dize: In via hac qua gradieris: firmabo super te oculos meos. E por ende{9} devemos tener sin dubda que obras sienpre están en la buena memoria, que con buen entendimiento é buena voluntad escoje el alma é ama el amor de Dios por se salvar por ellas. Ca Dios por las buenas obras, que faze ome en la carrera de salvaçión, en que anda, firma sus ojos sobre él. Et esta es la sentençia del verso, que enpieça primero: Breve, como quier que á las vegadas se acuerde pecado é lo quiera é lo obre, este desacuerdo non viene del buen entendimiento, nin tal querer non viene de la buena voluntad, nin de la buena obra non viene tal obra; ante viene de la franqueza de la natura humana, que es en el ome, que se non puede escapar de pecado. Ca dize Catón: Nemo sine crimine vivit. E dízelo Job: Quis potest facere mundum de inmundo conceptum semine? Quasi dicat: Ninguno, salvo Dios. E viene otrosí de la mengua del buen entendimiento,{10} que lo non ha estonçe, porque ome piensa vanidades de pecado. E deste tal penssamiento dize el salmista: Cogitationes hominum vanæ sunt. E dize otrosí á los tales, mucho disolutos é de mal entendimiento: Nolite fieri sicut equus et mulus, in quibus non est intellectus. E aun digo que viene de la pobledat de la memoria, que non está instructa del buen entendimiento; ansí que non puede amar el bien nin acordarse dello para lo obrar. E viene otrosí esto por rrazón que la natura umana, que más aparejada é inclinada es al mal que al bien, é á pecado que á bien: esto dize el Decreto. E estas son algunas de las rrazones, porque son fechos los libros de la ley é del derecho é de castigos é constunbres é de otras çiençias. Otrosí fueron la pintura é la escriptura é las ymágenes primeramente falladas por rrazón que la memoria del ome desleznadera es: esto dize el Decreto. Ca tener todas las cosas en la memoria é non olvidar algo más es de la Divinidat que de la umanidad: esto dize el Decreto. E por esto es más apropiada á la memoria del alma, que es spíritu de Dios criado é perfecto é bive sienpre en Dios. Otrosí dize David: Anima mea illi vivet: quærite Dominum, et vivet anima vestra. E non es apropiada al cuerpo umano, que dura poco tiempo. E dize Job: breves{11} dies hominis sunt. E otrosí dize: Homo natus de muliere: breves dies hominis sunt. E dize sobre esto David: Anni nostri sicut aranea meditabuntur, etc. Onde yo, de mi poquilla çiençia é de mucha é grand rrudeza, entendiendo quántos bienes fazen perder al alma é al cuerpo é los males muchos que les aparejan é traen el amor loco del pecado del mundo, escogiendo é amando con buena voluntad salvaçión é gloria del parayso para mi ánima, fiz' esta chica escriptura en memoria de bien é conpuse este nuevo libro, en que son escriptas algunas maneras é maestrías é sotilezas engañosas del loco amor del mundo, que usan algunos para pecar. Las quales leyéndolas é oyéndolas ome ó muger de buen entendimiento, que se quiera salvar, descogerá é obrarlo há: é podrá dézir con el salmista: Viam veritatis, etc. Otrosí los de poco entendimiento non se perderán: ca leyendo é coydando el mal que fazen ó tienen en la voluntad de fazer, é los porfiosos de sus malas maestrías é descobrimientos publicado de sus muchas engañosas maneras, que usan para pecar é engañar las mujeres, acordarán la memoria é non despreçiarán su fama: ca mucho es cruel quien su fama menospreçia: el Derecho lo dize; é querrán más amar á sí mesmos que al pecado: que la ordenada caridad de sí mesmo comiença:{12} el Decreto lo dize; é desecharán é aborresçerán las maneras é maestrías malas del loco amor, que faze perder las almas é caer en saña de Dios, apocando la vida é dando mala fama é deshonrra é muchos daños á los cuerpos. Enpero, por que es umanal cosa el pecar, si algunos (lo que non los conssejo) quisieren usar del loco amor, aquí fallarán algunas maneras para ello. E ansí este mi libro á todo ome ó muger, al cuerdo é al non cuerdo, al que entendiere el bien é escogiere salvaçión é obrare bien amando á Dios, otrosí al que quisiere el amor loco en la carrera que andudiere, puede cada uno bien dezir: Intellectum tibi dabo e cetera. E rruego é conssejo á quien lo viere é lo oyere que guarde bien las tres cosas del alma. Lo primero, que quiera bien entender é bien juzgar la mi entençión porque lo fiz' é la sentencia de lo que y dize, é non al son feo de las palabras: é segund derecho, las palabras sirven á la intençión é non la intençión á las palabras. E Dios sabe que la mi intençión non fué de lo fazer por dar manera de pecar nin por mal dezir; más fué por reduçir á toda persona á memoria buena de bien obrar é dar ensienpro de buenas costumbres é castigos de salvaçión, é porque sean todos aperçebidos é se puedan mejor guardar de tantas maestrías como algunos usan por el loco amor.{13} Ca dize sant Gregorio que menos fieren al onbre los dardos que ante son vistos é mejor nos podemos guardar de lo que ante hemos visto. E conpósele otrosí á dar algunos leçión é muestra de metrificar é rrimar é de trobar: ca trobas é notas é rrimas é ditados é versos, que fiz', conplidamente segund que esta çiençia requiere. E porque de toda buena obra es comienço é fundamento Dios é la fe cathólica, é dízelo la primera decretal de las Crementinas, que comiença: Fidei Catholicæ fundamento, é do éste non es çimiento non se puede fazer obra firme nin firme hedifiçio, segund dize el Apóstol: por ende començé mi libro en el nombre de Dios é tomé el verso primero del salmo, que es el de la Santa Trinidad é de la fe cathólica, que es: Quicumque vult, el verso que dize: Ita Deus Pater, Deus Filius, etc.
Dyos Padre, Dios Fijo, Dios Spíritu Santo:
El que nasçió de Virgen esfuerçe nos de tanto,
Que sienpre lo loemos en prosa é en canto,
Sea de nuestras almas cobertura é manto.
El que fizo el çielo, la tierra é la mar,
Él me dé la su graçia é me quiera alunbrar,
Que pueda de cantares un librete rimar,
Que los que lo oyeren, puedan soláz tomar.
Tú, Señor é Dios mío, que al ome formeste,
Enforma é ayuda á mí, tu açipreste,
Que pueda facer Libro de Buen Amor aqueste,
Que los cuerpos alegre é á las almas preste.
{15}Sy queredes, señores, oyr un buen soláz,
Ascuchad el rromanze, sosegadvos en paz:
Non vos diré mintira en quanto en él iaz';
Ca por todo el mundo se usa é se faz'.
E porque mijor sea de todos escuchado,
Rrazón más plazentera, ffablar más apostado.
Es un decir fermoso é saber sin pecado,
Rrazón más plazentera, ffablar más apostado.
Non cuydés que es libro de neçio devaneo
Nin tengades por chufa algo que en él leo:
Ca segund buen dinero yaze en vil correo,
Asy en feo libro yaze saber non feo.
{16}El axenúz de fuera negro más que caldera,
Es de dentro muy blanco, más que la peñavera;
Blanca farina yaze so negra cobertera,
Açúcar dulce é blanco yaze en vil cañavera.
Desque el mandado oviste
Omilmente rresçebiste,
Luego, Virgen, conçebiste
Al fijo que Dios enbía.
{19}El terçero cuentan las leyes,
Quando venieron los reyes
E adoraron al que veyes.
En tu braço, do yazía.
El quinto plazer oviste,
Quando al tu fijo viste
Sobir al çielo e diste
Graçias á Dios o sobía.
{20}Madre, el tu gozo sesto,
Quando en los discípulos presto
Fué Spíritu Santo puesto
En tu santa conpanía.
Del seteno, Madre Santa,
La iglesia toda canta:
Suviste con gloria tanta
Al çielo é quanto y avia.
Reynas con tu fijo quisto,
Nuestro Señor Jhesuxristo:
Por ti sea de nos visto
En la gloria syn fallía.
Virgen, del çielo Reyna,
É del mundo melezina,
Quiérasme oyr muy dina,
Que de tus gozos ayna
Escriva yo prosa dina
Por te servir
Dezir t' he tu alegría,
{21}Rrogándote todavía
Yo pecador
Que á la grand culpa mía
Non pares mientes, María,
Más al loor.
Tú siete gozos oviste:
Primero, quando rresçebiste
Salutaçión
Del ángel, quando oiste:
Ave María, conçebiste
Dios, salvaçión.
El segundo fué cunplido,
Quando fué de ti nasçido,
É sin dolor,
De los ángeles servido,
Ffué luego conosçido
Por Salvador.
Fué el tu gozo terçero,
Quando vino el luzero
Á mostrar
El camino verdadero
Á los rreyes: conpañero
Fué en guiar.
Fué la quarta alegría,
{22}Quando te dixo, María,
El Grabiel
Que Jesuxristo vernía
É por señal te dezía
Que viera á él.
El quinto fué de grant dolçor,
Quando al tu fijo Señor
Viste sobir
Al çielo, á su Padre mayor,
E tu fincaste con amor
De á él yr.
No es el sesto de olvidar:
Los discípulos vino alunbrar
Con espanto,
Tú estavas en ese lugar,
Del çielo viste y entrar
Spritu Santo.
El seteno non ha par,
Quando por ti quiso enbiar
Dios tu Padre,
Al çielo te fizo pujar,
Con él te fizo assentar
Como á Madre.
{23}Señora, oy' al pecador:
Ca tu fijo el Salvador
Por nos diçió
Del çielo, en ti morador,
El que pariste, blanca flor,
Por nos nasçió.
A nosotros pecadores
Non aborrescas,
Pues por nos ser merescas
Madre de Dios;
Ant'él connusco parescas,
Nuestras almas le ofrescas,
Ruegal' por nos.
Palabras es del sabio é díselo Catón:
Que ome á sus cuydados, que tiene en coraçón,
{24}Entreponga plazeres é alegre la rrazón,
Ca la mucha tristeza mucho pecado pon'.
E porque de buen seso non puede ome reyr,
Abré algunas burlas aquí á enxerir:
Cadaque las oyeres non quieras comedir,
Salvo en la manera del trobar é dezir.
{25}Entiende bien mis dichos e piensa la sentençia,
Non contesca contigo como al dotor de Greçia
Con el rribal de Rroma é su poca sabençia,
Quando demandó Roma á Greçia la çiencia.
Asy fué, que rromanos las leyes non avíen,
Fueron las demandar á griegos, que las teníen;
Rrespondieron los griegos que non las meresçíen
Nin las podrían entender, pues que tan poco sabíen.
Pero, si las queríen para por ellas usar,
Que ante les conveníe con sus sabios desputar,
{26}Por ver si las entendrían é meresçían levar:
Esta rrespuesta fermosa davan por se escusar.
Respondieron rromanos que les plazía de grado;
Para la desputaçión pusieron pleito firmado;
Mas porque non entendrian el lenguaje non usado,
Que desputasen por señas, por señas de letrado.
Pusieron día sabido todos por contender,
Ffueron rromanos en cuyta, non sabiendo que fazer,
Porque non eran letrados ni podrian entender
Á los griegos dotores ni á su mucho saber.
Estando en su cuyta dixo un çibdadano
Que tomasen un rribal, un vellaco romano:
Quales Dios le mostrase fer señas con la mano,
Que tales las feziese: fuéles conssejo sano.
{27}Ffueron á un vellaco muy grand é muy ardid;
Dixieron: "Nos avemos con los griegos conbid'
"Por desputar por señas: lo que tu quisieres pid'
"E nos dártelo hemos; escúsanos desta lid."
Vestiéronle muy rricos paños de grand valía,
Como si fuese dotor en la philosofía;
Subió en alta catedra, dixo con bavoquía:
"D'oy máys vengan los griegos con toda su porfía."
Vino ay un griego, dotor muy esmerado,
Escogido de griegos, entre todos loado;
Sobió en otra cathreda, todo el pueblo juntado.
Començaron sus señas, como era tratado.
{28}Levantóse el griego, sosegado, de vagar,
E mostró sólo un dedo, qu' está çerca el pulgar;
Luego se assentó en ese mismo lugar;
Levantóse el rribaldo, bravo, de malpagar.
Mostró luego tres dedos fasia el griego tendidos,
El pulgar é otros dos, que con él son contenidos
En manera de arpón, los otros dos encogidos
Assentóse el neçio, catando sus vestidos.
Levantóse el griego, tendió la palma llana,
E assentóse luego con su memoria sana:
Levantóse el vellaco con fantasía vana,
Mostró puño çerrado: de porfia a gana.
A todos los de Greçia dixo el sabio griego:
"Meresçen los rromanos las leys, non gelas niego".
{29}Levantáronse todos en paz é en sosiego:
Grand onrra ovo Rroma por un vil andariego.
Preguntaron al griego qué fué lo que dixiera
Por señas al rromano é qué le rrespondiera.
Diz': "Yo dixe qu' es un Dios; el rromano dixo qu'era
"Uno en tres personas, é tal señal feziera.
"Yo dixe que era todo á la su voluntad;
"Rrespondió qu'en su poder lo teni' e diz' verdad.
"Desque vi que entendíen é creyen la Trinidad,
"Entendí que meresçíen de leyes çertenidad."
Preguntaron al vellaco quál fuera su antojo.
"Dixom' que con su dedo me quebraria el ojo:
"Desto ove grand pesar é tomé gran enojo.
"Rrespondile con saña, con yra é con cordojo
{30}"Que yo le quebraría, ante todas las gentes,
"Con dos dedos los ojos, con el pulgar los dientes.
"Díxome enpós esto que le parase mientes,
"Que m' daría grand palmada en los oydos rretenientes.
"Yo le respondí que l' daría tal puñada,
"Que en tienpo de su vida nunca le viés' vengada.
"Desque vió la pelea tan mal aparejada,
{31}"Dexó de amenazar do non le preçian nada."
Por esto diz' la pastraña de la vieja fardida:
"Non há mala palabra, si non es á mal tenida";
Verás que bien es dicha, si bien fues' entendida:
Entiende bien mi libro: avrás dueña garrida.
La bulrra que oyeres, non la tengas por vil;
La manera del libro entiéndela sotil:
Saber el mal, desir bien, encobierto, doñeguil
Tú non fallarás uno de trobadores mill.
{32}Ffallarás muchas garças, non fallarás un huevo;
Rremendar bien non sabe todo alfayate nuevo:
Á trobar con locura non creas que me muevo;
Lo que Buen Amor dize con rrazón te lo pruevo.
En general á todos ffabla la escriptura:
Los cuerdos con buen sesso entendrán la cordura,
Los mançebos livianos guárdense de locura,
Escoja lo mijor el de buena ventura.
Las del Buen Amor sson razones encubiertas;
Trabaja do fallares las sus señales çiertas;
{33}Ssi la rrazón entiendes ó en el sesso açiertas,
Non dirás mal del libro, que agora rrehiertas.
Como dize Aristótiles, cosa es verdadera:
El mundo por dos cosas trabaja: la primera,
Por aver mantenençia; la otra cosa era
Por aver juntamiento con fenbra plazentera.
Sy lo dexies' de mío, sería de culpar;
Dízelo grand filósofo: non so yo de reptar;
De lo que dize el sabio non devedes dudar,
Ca por obra se prueba el sabio é su fablar.
{37}Que diz' verdat el sabio claramente se prueva:
Omes, aves, animalias, toda bestia de cueva
Quiere, segunt natura, conpaña sienpre nueva;
E muncho más el ome, que toda cosa que s' mueva.
Digo muy más el ome, que de toda criatura:
Todas á tienpo çierto se juntan con natura;
El ome de mal sseso todo tienpo syn mesura,
Cadaque puede é quier' facer esta locura.
El ffuego ssienpre quiere estar en la çeniza,
Comoquier que más arde, quanto más se atiza:
El ome, quando peca, bien vee que desliza;
Mas non se parte ende, ca natura lo enriza.
{38}E yo, porque so ome, como otro, pecador,
Ove de las mugeres á vezes grand amor:
Provar ome las cosas non es por ende peor,
É saber bien é mal, é usar lo mejor.
Assy fué que un tienpo una dueña me prisso,
Del su amor non fuy ese tienpo rrepiso:
Ssienpre avía della buena fabla é buen rriso,
Nunca al por mí fizo nin creo que fer quiso.
{39}Era dueña en todo é de dueñas señora,
Non podía ser solo con ella una ora:
Muncho de ome se guardan ally do ella mora,
Más mucho que non guardan los judíos la Tora.
Ssabe toda nobleza de oro é de seda,
Muy conplida de byenes anda manssa é leda.
Es de buenas costunbres, sossegada é queda:
Non se podrá vençer por pintada moneda.
Enbiél' esta cántiga, que es deyuso puesta,
Con la mi mensajera, que yo tenía enpuesta;
{40}Dize verdat la fabla: que la dueña conpuesta,
Si non quiere el mandado, non da buena rrespuesta.
Dixo la dueña cuerda á la mi mensajera:
"Yo veyo muchas otras creer a ti, parlera,
"E fállanse mal ende: castigo en su manera,
"Bien como la rrapossa en agena mollera".
Diz' que yazíe doliente el león, de dolor:
Todas las animalias venieron ver su señor;
Tomó plazer con ellas é sentióse mejor:
Alegráronse todas mucho por su amor.
Por le fazer serviçio, por más le alegrar,
Conbidáronle todas que l' darían á yantar,
Dixieron que mandase qual quisiese matar:
Mandó matar el toro, que podría abastar.
Ffiz' partidor al lobo é mandó á todos diese:
El apartó el menudo por el león, que comiese,
E para sí la canal, la mayor que ome viese;
Al león dixo el lobo que la mesa bendexiese.
{42}"Señor, tú estás flaco: esta vianda liviana
"Cómela tú, señor, te será buena é sana;
"Para mí é los otros, la canal que es vana."—
El león fué sañudo, que de comer á gana.
Alçó el león la mano por la mesa santiguar,
Dió grand golp' en la cabeça al lobo por castigar:
El cuero con la oreja del casco le fué arrancar:
El león a la rraposa la vianda mandó dar.
La golpeja, con miedo é como es artera,
Toda la canal del toro al león la dió entera;
Para sí é los otros todo el menudo era:
Maravillós' el león de tan buen' ygualadera:
"Quién vos mostró, comadre, á fazer parteçión
"Tan buena é tan gisada, tan derecha con rrazón?"
Ella diz': "En la cabeça del lobo tomé liçión:
"En el lobo castigué qué feziese ó qué non."—
{43}"Por ende yo te digo, vieja é non amiga,
"Que jamás á mí vengas nin me digas tal, nemiga;
"Synon, te mostraré como el león santiga:
"Que el cuerdo en el mal ageno se castiga."—
Segund diz' Jhesuxristo, non ay cossa escondida,
Que á cabo de tienpo non sea bien sabida:
Ffué la mi poridat luego á plaça salida,
La dueña muy guardada ffué luego de mi partida.
Nunca desde esa ora yo más la pude ver:
Enbióme mandar que punase en fazer
{44}Algún triste ditado, que podies' ella saber,
Que cantase con tristeza, pues la non podi' aver.
Por conplir su mandado de aquesta mi señor,
Ffize cantar tan triste como este trist' amor:
Cantávalo la dueña, creo que con dolor,
Más que yo non podría sser dello trobador.
Diz' el proverbio viejo: "quien matar quier' su can,
Achaque le levanta, por que no l' dé del pan:"
Los que quieren partirnos, como fecho lo han,
Mescláronme con ella, dixiéronle de plan
Que me loava della como de buena caça,
E porfaçaba della como si fues' çaraça.
Diz' la dueña sañuda: "Non ay paño syn rraça,
"Nin el leal amigo non es en toda plaça."—
{45}Como dize la fabla, quando á otra someten:
"Quál palabra te dizen, tal coraçón te meten":
Posiéronle grand ssaña, desto se entremeten.
Diz' la dueña: "los novios non dan cuanto prometen."
Como la buena dueña era mucho letrada,
Sotil e entendida, cuerda, bien messurada,
Dixo á la mi vieja, que l' avía enbiada,
Esta fabla conpuesta de Ysopete sacada:
{46}"Quando quiere casar ome con dueña muy onrrada,
"Promete é manda mucho; desque la a ganada:
"De quanto le promete ó da poco ó da nada:
"Ffaze como la tierra, quando estaba prenada.
"Assi ffué que la tierra començó á bramar:
"Estaba tan fynchada, que quería quebrar;
"Á cuantos lo oyan, podía mal espantar,
"Como dueña en parto començós' á cuytar.
"La gente, que bramidos a tan grandes oya,
"Coydavan era preñada: atanto se dolía;
"Penssavan que grand sierpe ó bestia pariría,
"Que a todo el mundo conbrí' é estragaría.
{47}"Quando ella bramava, pensavan de foyr,
"E desque vino el día, que ovo de parir,
"Parió solo un mur topo: fué escarnio de rreyr,
"Ssus bramuras é espantos en burla fueron salir.
"Bien ansí acaesçió á munchos é á tu amo:
"Prometen muncho trigo: dan poca pajatamo;
"Çiegan munchos con viento, piérdense con mal ramo:
"¡Vete!, dil' que me non quiera, que no l' quiero, ni l'amo."
Ome, que mucho fabla, faze menos á veces,