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Carolina Coronado – Al Liceo de La Habana

Aquí ha vivido al pie de la corriente
conmigo nada más la golondrina;
¿quién pudo en ese vasto continente
el nombre repetir de Carolina?
¿quién os dijo que canto tristemente
sino fuera del valle esa vecina,
que os va a contar al cielo americano
lo que pasa en mi tierra en el verano?

¿Es esa negra quien mi voz sorprende
cuando gimo en el valle descuidada,
y allá más lejos mi secreto vende
cuando yo de su amor no cuento nada?
No ha (altro…)

Carolina Coronado – Al Liceo de Badajoz

Vamos a vindicar de Extremadura
la capital oscura
y a levantar en palmas, extremeños:
que, por Dios es vergüenza,
que otra ciudad nos venga
siendo de igual poder nosotros dueños.

Vamos a levantarla como espuma,
la pereza que abruma
los talentos brillantes sacudiendo;
y un mentís de tal modo
a dar al reino todo
que está de nuestra inercia sonriendo.

Porque los ojos fijos en la tierra,
que ilustre cuna encierra
del más valiente capitán del mundo,
España atentamente
siempre aguarda impaciente
nuevas llores de suelo tan fecundo.

Porque (altro…)

Carolina Coronado – Al Hado

La estrella, el signo… ¡Ideal!
el Hado infausto… locura;
que para todo mortal
propicia, fácil, igual
en el mundo es la ventura.

Para el monarca opulento,
para el mendigo indigente
tiene la vida igualmente
un oportuno momento
de sonrisa complaciente.

No es la fortuna obtener
ese atributo del ser
que jamás faltó a ninguno:
la buena estrella es saber
asegurar cada uno
su fugitivo placer.

Fruto es la felicidad
para gustarle en sazón;
quien malogra la ocasión,
culpa la casualidad,
y llama a su imprevisión
destino, fatalidad.

Unos su influjo sintieron
porque su influjo (altro…)

Carolina Coronado – Al Emperador don Pedro de Portugal

Si mi extranjera planta, lusitanos,
gustaseis cortesanos
por la tierra guiar, para mí extraña,
a cantaros iría
una tierna poesía
del gran Pedro en honor, la hija de España.

¿En dónde yace el capitán osado,
en dónde el celebrado
conquistador, de vuestras tierras fama?
¿Dónde están sus despojos
porque admiren mis ojos
de sus laureles la fecunda rama?

Con el fuego que brota de la tierra
que sus restos encierra,
mi corazón entonces abrasado
audaz prorrumpiría
en himnos de armonía
que dejaran al pueblo entusiasmado.

Cantara del gran Pedro (altro…)

Carolina Coronado – Al Emperador Carlos V

¡Memoria al grande César! Yo le canto.
Si el rayo sacrosanto
del entusiasmo que mi sangre enciende,
alienta la poesía,
¿cuál mejor que la mía
de Carlos el espíritu comprende?

Alta categoría entre los reyes,
fueron, ya, de sus leyes
soberanos altivos los vasallos;
los príncipes de Europa
le siguieron en tropa,
sirviendo a su carroza de caballos.

Aun su excelso valor, su genio santo
al héroe de Lepanto
y a Felipe virtudes infundieron,
que bastó la vertiente
del colosal torrente
para engendrar los ríos que corrieron.

¡El César! (altro…)

Vittoria Colonna – Al bel leggiadro stil subietto uguale

Al bel leggiadro stil subietto uguale
Porge ora il cielo ed al vostro alto canto,
Ch’eterno far potete il nome santo
Di quei, che diero a voi vita mortale.
Al vol del merto lor conformi l’ale
Veggio a voi solo, ed essi sol di tanto
Frutto ben degni; il qual ornar di quanto
Pôn dar le stelle a chi più in pregio sale.
Opra è da voi con l’armonia celeste
Del vostro altero suon, che nostra etade
Già dell’antico onor lieta (altro…)

Vittoria Colonna – Quanta invidia al mio cor, felici e rare – ARGOMENTO. Invidia la sorte dei genitori di Francesco Molza, che morirono nel giorno istesso.

Quanta invidia al mio cor, felici e rare
Anime, porge il vostro ardente e forte
Nodo, che l’ultime ore a voi di morte
Fe dolci che son sempre agli altri amare!
Non furo ai bei desir le parche avare
In filar nè più lunghe nè più corte
Le vostre vite; ond’or con egual sorte
Sete vive nel ciel, nel mondo chiare.
Se ‘l fuoco sol d’amor legar può tanto
Due voglie, or quanto a voi natura e amore,
I corpi quella (altro…)

Veronica Franco – S’io v’amo al par de la mia propria vita

S’io v’amo al par de la mia propria vita,
donna crudel, e voi perché non date
in tanto amor al mio tormento aita?
E se invano mercé chieggio e pietate,
perch’almen con la morte quelle pene,
ch’io soffro per amarvi, non troncate?
So che remunerar non si conviene
mia fé cosí; ma quel mal, che ripara
a un maggior mal, vien riputato bene
piú d’ogni morte è la (altro…)

Miguel de Unamuno – Al Nervión

Una vez más, Bilbao, sobre tu seno
maternal descansando mi cabeza
vuelvo a soñar la vida de esperanzas
y ensueños juveniles
que me conservas.
Esas nubes que embozan las montañas,
seto de mi primer visión del mundo,
las nubes son en que atisbé visiones
de allende el valle humano…
¿serán de lágrimas?
En las sombrías hoces de tus calles,
de la lluvia al reflejo ojos humanos
con mis ojos mejieron sus miradas,
ansiosas de alimento
de formas vivas.
¡Oh mis calles de sombra y de recuerdos,
encañadas (altro…)

Miguel de Unamuno – Al estado natural

Sucesor de Pilato, entregas Cristo
al sucesor de Anás, esto es al Papa,
porque: «La majestad civil no tapa
con su ley soñadores; no me invisto

—dices— de extraña autoridad so capa
de orden; allá la religión; malquisto
no me es el Hombre-Dios, pero resisto
que me conviertan la nación en Trapa».

La Iglesia libre en el Estado libre
y a Cristo, como a rey de mofa vendes,
juzgando así facilitar tu obra;

mas castigado vas, quien equilibre
los dos poderes no hallarás (altro…)

Miguel de Unamuno – Al Dios de España

Sólo las patrias son la gran escuela
del ideal de la hermandad humana,
pues de las patrias es de donde emana
la fe en nuestro destino, la que apela

al Dios de todos. Aunque su faz vela
del Sinaí en las nubes, Él se allana
a dar sus tablas a Moisés y arcana
antes su ley en patria se revela.

¡Oh Dios de Covadonga y Roncesvalles,
Dios de Bailén, señor de nuestra hueste,
que tu nombre por tierras y por valles

bendigan (altro…)

Miguel de Unamuno – Al destino

En inquietud ahógame el sosiego
tu secreto velándome, Destino,
no me dejes parar en mi camino,
sin inquirirte te obedezca ciego.

Ni hora me des de queja ni de ruego,
aguíjeme tu pica de contino,
y que en el mundo, insomne peregrino,
a cuestas lleve de mi hogar el fuego.

Quiero mi paz ganarme con la guerra,
conquistar quiero el sueño venturoso,
no me des ocio, el que tu entraña encierra

de esclarecer enigma tenebroso,
y cuando al seno torne de la tierra,
haz (altro…)

Miguel de Unamuno – Al azar de los caminos

Nudo preso al azar de los caminos
bajo el agüero de una roja estrella,
él desde el cierzo, desde el ábrego ella,
rodando a rumbo suelto peregrinos.

Al mismo arado uncieron sus destinos
y sin dejar sobre la tierra huella
se apagaron igual que una centella
de hoguera. Y se decían los vecinos:

¿De dónde acá ese par de mariposas?
¿y hacia dónde se fue? ¿cuál su ventura?
su vida, ¿para qué ? como las rosas

se ajaron sin dar fruto; ¡qué (altro…)

Miguel de Unamuno – Al amor de la lumbre

Al amor de la lumbre cuya llama
como una cresta de la mar ondea.
Se oye fuera la lluvia que gotea
sobre los chopos. Previsora el ama

supo ordenar se me temple la cama
con sahumerio. En tanto la Odisea
montes y valles de mi pecho orea
de sus ficciones con la rica trama

preparándome al sueño. Del castaño
que más de cien generaciones de hoja
criara y vio morir cabe el escaño

abrasándose el tronco con su roja
brasa me reconforta. ¡Dulce (altro…)

Jacopo d’Aquino, Al cor m’è nato e prende uno disio

Al cor m’è nato e prende uno disio
d’amar, che m’à sì lungiamente priso
e sì mi stringe forte ch’io non crio
che d’altr’amor mi piacc[i]a gioi nè riso.
Vaio nè griso, – nè nulla gioi che sia
io non vor[r]ia,
nè signoria,
ma tut[t]avia – veder lo bello viso.
Così m’afina Amore, che m’à tolto
core e disio e tut[t]a la mia mente,
e d’altra donna amar non sono ac[c]orto,
che tanto si’ amorosa nè piacente;
non m’è neente – sed io (altro…)

Franco Sacchetti – Piero Brandani da Firenze piatisce, e dà certe carte al figliuolo; ed elli, perdendole, si fugge, e capita dove nuovamente piglia un lupo, e di quello aúto lire cinquanta a Pistoia, torna e ricompera le carte

Nella città di Firenze fu già un Piero Brandani cittadino che sempre il tempo suo consumò in piatire. Avea un suo figliuolo d’etade di diciotto anni, e dovendo fra l’altre una mattina andare al Palagio del Podestà per opporre a un piato, e avendo dato a questo suo figliuolo certe carte, e che andasse innanzi con esse, e aspettasselo da lato della Badía di Firenze; (altro…)