Archivi tag: si

Si me llamam a mí llaman – Jacob Heringman e Catherine King

      01-Si me llaman a mi llaman-Jacob Heringman and Catherine King.mp3

Folgore da San Gimignano – Fior di virtú sí è gentil coraggio

Fior di virtú sí è gentil coraggio,
e frutto di virtú sí è onore,
e vaso di virtú sí è valore
e nome di virtú è uomo saggio;

e specchio di virtú non vede oltraggio
e viso di virtú, chiaro colore,
ed amor di virtú, buon servitore,
e dono di virtú, dolce lignaggio.

E letto di virtú è conoscenza,
e seggio di virtú, amor leale,
e poder di virtú è sofferenza;

e opera di virtú, esser leale,
e braccio di virtú, bella accoglienza:
tutta virtú è render ben per male.

Vittoria Colonna – Sì largo vi fu ‘l ciel che ‘l tempo avaro

Sì largo vi fu ‘l ciel che ‘l tempo avaro
Quanto s’affretta più, meno divora
Signor la fama vostra, e d’ora in ora
Scopre cagion di farvi eterno e raro.
Fanno il vostro valor sempre più chiaro
Quei che agguagliarsi a voi speran forse ora,
Come veggiam paragonarsi ancora
Color contrari posti insieme a paro.
Si scorge un error quasi in ogni effetto
Di forza o ingegno d’altri, che raccende
Nei saggi petti ognor la vostra gloria.
Per proprio onor ciascuno alto intelletto
Farà dell’opre vostre eterna istoria;
Perchè chi men le loda, men l’intende.

Fray Luis de León – Del conocimiento de sí mismo

En el profundo del abismo estabas
del no ser encerrado y detenido,
sin poder ni saber salir afuera,
y todo lo que es algo en mí faltaba,
la vida, el alma, el cuerpo y el sentido;
y en fin, mi ser no ser entonces era,
y así de esta manera
estuve eternamente
nada visible y sin tratar con gente,
en tal suerte que aun era muy más buena
del ancho mar la más menuda arena;
y el gusanillo de la gente hollado
un rey era, conmigo comparado.

Estando, pues, en tal tiniebla oscura,
volviendo ya con curso presuroso
el sexto siglo el estrellado cielo,
miró el gran Padre, Dios de la natura,
y viome en sí benigno y amoroso,
y sacóme a la luz de aqueste suelo,
vistióme de este velo,
de flaca carne y güeso,
mas diome el alma, a quien no hubiera peso,
que impidiera llegar a la presencia
de la divina e inefable Esencia,
si la primera culpa no agravara
su ligereza y alas derribara

¡Oh culpa amarga, y cuánto bien quitaste
al alma mía! ¡Cuánto mal hiciste!
Luego que fue criada y junto infusa,
tú de gracia y justicia la privaste,
y al mismo Dios contraria la pusiste;
ciega, enemiga, sin favor, confusa,
por ti siempre rehúsa
el bien, y la molesta
la virtud, y a los vicios está presta;
por ti la fiera muerte ensangrentada,
por ti toda miseria tuvo entrada,
hambre, dolor, gemido, fuego, invierno,
pobreza, enfermedad, pecado, infierno.

Así que en los pañales del pecado
fui, como todos, luego al punto envuelto
y con la obligación de eterna pena,
con tanta fuerza y tan estrecho atado,
que no pudiera de ella verme suelto
en virtud propia ni en virtud ajena,
sino de aquella (llena
de piedad tan fuerte)
bondad, que con su muerte a nuestra muerte
mató, y gloriosamente hubo deshecho,
rompiendo el amoroso y sacro pecho,
de donde mana soberana fuente
de gracia y de salud a toda gente.

En esto plugo a la bondad inmensa
darme otro ser más alto que tenía,
bañándome en el agua consagrada;
quedó con esto limpia de la ofensa,
graciosísima y bella el alma mía,
de mil bienes y dones adornada;
en fin, cual desposada
con el Rey de la gloria,
¡oh, cuán dulce y suavísima memoria!,
allí la recibió por cara Esposa,
y allí le prometió de no amar cosa
fuera de él o por él, mientras viviese.
¡Oh, si, de hoy más siquiera, lo cumpliese!

Crecí después y fui en edad entrando;
llegué a la discreción, con que debiera
entregarme a quien tanto me había dado,
y, en vez de esto la lealtad quebrando,
que en el bautismo sacro prometiera
y con mi propio nombre había firmado,
aún no hubo bien llegado
el deleite vicioso
del cruel enemigo venenoso,
cuando con todo di en un punto al traste.
¿Hay corazón tan duro en sí, que baste
a no romperse dentro en nuestro seno,
de pena el mío, de lástima el ajeno?

Más que la tierra queda tenebrosa,
cuando su claro rostro el sol ausenta
y a bañar lleva al mar su carro de oro;
más estéril, más seca y pedregosa,
que cuando largo tiempo está sedienta,
quedó mi alma sin aquel tesoro,
por quien yo plaño y lloro,
y hay que llorar contino,
pues que quedé sin luz del Sol divino,
y sin aquel rocío soberano,
que obraba en ella el celestial verano;
ciega, disforme, torpe y a la hora
hecha una vil esclava de señora.

¡Oh, Padre inmenso, que inmovible estando
das a las cosas movimiento y vida,
y las gobiernas tan süavemente!,
¿qué amor detuvo tu justicia, cuando
mi alma tan ingrata y atrevida,
dejando a ti, del bien eterno fuente,
con ansia tan ardiente
en aguas detenidas
de cisternas corruptas y podridas,
se echó de pechos ante tu presencia?
¡Oh, divina y altísima clemencia,
que no me despeñases al momento
en el largo profundo del tormento!

Sufrióme entonces tu piedad divina
y sacóme de aquel hediondo cieno,
do, sin sentir aún el hedor, estaba
con falsa paz el ánima mezquina,
juzgando por tan rico y tan sereno
el miserable estado que gozaba,
que sólo deseaba
perpetuo aquel contento;
pero sopló a deshora un manso viento
del Espíritu eterno, y, enviando
un aire dulce al alma, fue llevando
la espesa niebla que la luz cubría,
dándole un claro y muy sereno día.

Vio luego de su estado la vileza,
en que, guardando inmundos animales,
de su tan vil manjar aún no se hartara;
vio el fruto del deleite y de torpeza
ser confusión, y penas tan mortales;
temió la recta y no doblada vara,
y la severa cara
de aquel juez sempiterno;
la muerte, juicio, gloria, fuego, infierno,
cada cual acudiendo por su parte,
la cercan con tal fuerza y de tal arte,
que, quedando confuso y temeroso,
temblando estaba sin hallar reposo.

Ya que, en mí vuelto, sosegué algún tanto,
en lágrimas bañando el pecho y suelo,
y con suspiros abrasando el viento:
«Padre piadoso, dije, Padre santo,
benigno Padre, Padre de consuelo,
perdonad, Padre, aqueste atrevimiento;
a vos vengo, aunque siento,
de mí mismo corrido,
que no merezco ser de vos oído;
mas mirad las heridas que me han hecho
mis pecados, cuán roto y cuán deshecho
me tienen, y cuán pobre y miserable,
ciego, leproso, enfermo, lamentable.

Mostrad vuestras entrañas amorosas
en recebirme agora y perdonarme,
pues es, benigno Dios, tan propio vuestro
tener piedad de todas vuestras cosas;
y si os place, Señor, de castigarme,
no me entreguéis al enemigo nuestro;
a diestro y a siniestro
tomad vos la venganza,
herid en mí con fuego, azote y lanza;
cortad, quemad, romped; sin duelo alguno
atormentad mis miembros de uno a uno,
con que, después de aqueste tal castigo,
volváis a ser mi Dios, mi buen amigo».

Apenas hube dicho aquesto, cuando
con los brazos abiertos me levanta
y me otorga su amor, su gracia y vida,
y a mis males y llagas aplicando
la medicina soberana y santa,
a tal enfermedad constituida,
me deja sin herida,
de todo punto sano,
pero con las heridas del tirano
hábito, que iba ya en naturaleza
volviéndose, y con una tal flaqueza,
que, aunque sané del mal y su accidente,
diez años ha que soy convaleciente.

Inghilfredi, Sì alto intendimento

Sì alto intendimento
m’ave donato Amore,
ch’eo non sac[c]io invenire
in che guisa possa merzè trovare.
Però lo mio talento
m’a[ve] miso in errore,
ca non volse soffrire
di non voler sì altamente amare.
Ma poi che piacere
à l’Arnore, che tant’è poderoso,
ciò è lo mio volere;
m’à miso il core in af[f]anno gravoso,
non saccio loco che n’agia ragione.
Penso se narramento
è fatto [a] alcun signore
per dover diffinire
al qual de’ dui s’ac[c]orda più, ‘ver pare.
Non è gran fallimento
d’amar, poi che ‘l meo core
è voluto asentire
a tal voler ch’eo no ‘l posso abentare.
E però degia avere
l’amore forza in loco dobitoso;
e facci’ a lei sapere
che son le pene del male amoroso:
forza d’amar mi mette a condizione.
Lo meo innamoramento
m’à sì tolto ‘l valore
[ . . . . . . ]
Però ‘l gran valimento
di lei, cui chiamo fiore,
vorria, s’eo l’auso dire,
umilmente di merzè pregare
di darme alegiamento
di pic[c]iolo sentore
[ . . . . -ire]
la dolce c[i]era sol d’uno isguardare,
perchè lo meo dolere
avesse via di non esser dottoso
contra l’alto parere
di lei, che m’è come l’omo nascoso,
che per aguaito face offensione.

Mazzeo di Ricco, Chi conoscesse sì la sua fallanza

Chi conoscesse sì la sua fallanza
com’om conosce l’altrui fallimento
di mal dire d’altrui avria dottanza
per la pesanza del su’ mancamento.
Ma per lo corso de la iniqua usanza
ogn’om si cred’esser di valimento,
e tal omo è tenuto in dispregianza
che spregia altrui, ma non sa zo ch’i’ sento.
Però vor[r]ia che fosse distinato
che ciascun conoscesse il so onore
e ‘l disinore e ‘l pregio e la vergogna.
Talotta si commette tal peccato
che, s’omo conoscesse il so valore,
di dicer mal d’altrui non avria sogna.

Giacomino Pugliese, Morte, perchè m’ài fatta sì gran guerra

Morte, perchè m’ài fatta sì gran guerra,
che m’ài tolta madonna, ond’io mi doglio?
La fior de le belleze mort’ài in terra,
per che lo mondo non amo, nè voglio.
Villana morte, che non à[i] pietanza,
disparti amore e togli l’allegranza
e dài cordoglio.
La mia alegranza post’ài in gran tristanza,
chè m’ài tolto la gioia e l’alegranza,
c’avere soglio.
Solea aver sollazo e gioco e riso
più che null’altro cavalier che sia;
or n’è gita madonna in paradiso,
portòne la dolze speranza mia,
lasciòmi in pene e con sospiri e planti,
levòmi de [sollazo], gioco e canti
e compagnia;
or no la vegio, nè le sto davanti
e non mi mostra li dolze sembianti
che [far] solia.
Oi Deo, perchè m’ai posto in tale iranza?
ch’io son smaruto, non so ove mi sia,
chè m’ài levata la dolze speranza,
partit’ài la più dolze compagnia,
che sia i[n] nulla parte, ciò m’è aviso.
Madonna, [ chi lo tene ] lo tuo viso
in sua balia?
lo vostro insegnamento e dond’è miso?
e lo tuo franco cor chi mi l’à priso
[ma]don[n]a mia?
Ov’è madonna e lo suo insegnamento,
la sua belleza e la gran canoscianza,
lo dolze riso e lo bel portamento,
gli oc[c]hi e la boc[c]a e la bella sembianza,
suo adornamento e sua cortesia?
Madonna, per cui stava tut[t]avia
in alegranza,
or no la vegio nè notte nè dia,
non m’abella, sì come far solia
in sua sembianza.
Se fosse mio ‘l reame d’Ungaria,
con Greza e Lamagna infino in Franza,
lo gran tesoro di Santa Sofia,
non por[r]ia ristorar sì gran perdanza
come fu in quella dia che si n’andao.
Madonna de sta vita trapassao,
con gran tristanza
sospiri e pene e pianti mi lasciao,
e già mai nulla gioia mi mandao
per confortanza.
Se fosse al meo voler, donna, di voi,
dicesse a Dio sovran, che tut[t]o face,
che giorno e notte istessimo ambonduoi.
Or sia il voler di Dio, da c’a Lui piace.
Membro e ricordo quand’era co mico,
sovente m’appellava «dolze amico»,
ed or no ‘l face,
poi Dio la prese e menolla con sico.
La Sua vertute sia, bella, con tico
e la Sua pacc.

Rinaldo d’Aquino, Per fino amore vao sì letamente

Per fino amore vao sì letamente
ch io non agio veduto
omo che ‘n gioi mi possa aparigliare;
e paremi che falli malamente
omo c’à receputo
ben da segnore e poi lo vol celare.
Ma eo no lo celeragio
com’altamente Amor m’à meritato,
che m’à dato a servire
a la fiore di tutta caunoscenza
e di valenza,
ed à belleze più ch’eo non so dire.
Amor m’à sormontato
lo core in mante guise e gran gioi n’agio.
Agio gioi più di null’om certamente,
ch’Amor m’à sì ariccuto
da c’a lei piace ch’eo la degia amare;
poi che dell’altre donne è la più gente,
sì alto dono aio avuto,
d’altro amador più degio in gioia stare;
ca null’altro coragio
por[r]ia aver gioi ver core innamorato:
dunqua senza fallire
a la mia gioi null’altra gioi si ‘ntenza,
nè ò temenza
c’altr’amador potesse unque avenire,
per suo servire a grato
de lo suo fino amore, al meo paragio.
Para non averia, s’iss’è piagente,
che lu mondo à cresciuto
lo suo presio, si lo sape avanzare;
presio d’amore non vale neente,
poi donna à ritenuto
un servidore e altro vol pigliare:
chè l’amoroso usagio
non vol che sia per donna meritato
chiù d ‘uno a ritenire,
ched altrui ingannare è gran fallenza,
in mia parvenza:
chi fa dal suo servire dipartire
quello c’assai ci è stato
senza mal fare, mal fa segnoragio.
Segnoria vol ch’eo serva lealmente
che mi sia ben renduto
bon merito, ch’eo non saccia blasmare;
ed eo mi laudo che più altamente
ca eo non ò servuto
Amor m’à cominzato a meritare.
E so ben ch’eo saragio
quando sarò d’Amor così ‘nalzato.
Però vorria complire
ome de’ fare chi sì ben comenza,
ma ò credenza
ch’unque avenisse mai per meo valire:
si d’Amor so aiutato,
in più [n]d’aquisto ch’eo non serviragio.

Guittone d’Arezzo, Deo, che non posso or disamar sì forte

Deo, che non posso or disamar sì forte,
como fort’amo voi, donna orgogliosa!
Ca, poi che per amar m’odiate a morte,
per disamar mi sareste amorosa;
ch’altresì, com’è bon diritto, sorte
che l’uno como l’altro essere osa,
poi di gran torto, ch’ème ‘n vostra corte
fatto, me vengerea d’alcuna cosa.
Torto è tale, no lo vidi anco pare:
non osarme piacer ciò ch’è piacente,
ed essere odiato per amare,
Malgrado vostro e mio son benvogliente,
e serò, ché non posso unque altro fare,
e fa mister che pur vegna vincente.