ÁFRICA/MOZAMBIQUE – En el norte, varias zonas liberadas de los yihadistas, “pero mientras la seguridad sea precaria, será difícil retomar las actividades de la Iglesia”.

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Maputo – “La seguridad sigue siendo precaria. Lo primero que tenemos que garantizar es que la gente pueda volver a la seguridad para poder retomar su vida con tranquilidad. Pero creo que aún necesitamos tiempo”, dice Su Exc. Mons. António Juliasse Ferreira Sandramo, administrador apostólico de Pemba, capital de la provincia de Cabo Delgado, en el norte de Mozambique, asolada desde 2017 por la violencia cometida por grupos yihadistas. Desde julio, una ofensiva de las tropas gubernamentales, con el apoyo de Ruanda y de la Comunidad para el Desarrollo del África Meridional , han conseguido aumentar la seguridad, recuperando varias zonas en las que había presencia rebelde, entre ellas la localidad de Mocímboa da Praia, que estaba ocupada desde agosto de 2020.
El problema ahora es el retorno de los desplazados a sus hogares. “Si la gente regresa, también consideraremos la posibilidad de que los misioneros vuelvan allí. Pero para nosotros el termómetro será comprender el grado de seguridad real”, subraya Mons. Juliasse. Entre otras cosas, sigue sin resolverse la cuestión de quién destruyó una iglesia en Mocímboa da Praia. Mons. Juliasse dice: “La destrucción vino de arriba, de los bombardeos de los helicópteros. Tanto en Muidumbe como en Mocímboa da Praia. La pregunta sigue siendo la misma: ¿quién destruyó la Iglesia?”.
En julio, la directora de la Comisión de Migrantes, Refugiados y Desplazados de la Conferencia Episcopal de Mozambique, la hermana Marines Biasibetti, dijo que unas 900.000 personas se habían desplazado en las provincias de Cabo Delgado y sus alrededores, como Niassa, Zambézia y Nampula. De ellos, la mitad son niños.
Mons. Juliasse reconoce que, gracias a los esfuerzos de los militares, se han reconquistado varias zonas a los insurgentes, “pero todavía no hay garantía de seguridad, de que esas zonas sean realmente seguras”.
Además, subraya también que la Iglesia colabora estrechamente con diversos organismos de la ONU para prestar ayuda humanitaria a los desplazados, principalmente mediante el suministro de alimentos y medicinas, pero también con asistencia psicológica y la distribución de semillas y herramientas agrícolas para que la gente pueda producir sus propios alimentos.
Ayer, 21 de septiembre, el gobierno de Maputo aprobó un plan para la reconstrucción de Cabo Delgado, que se extenderá de 2021 a 2024.