ÁFRICA/NÍGER – “Nunca me he arrepentido de convertirme al cristianismo”.

di | 05/18/2022

Dosso – “No es fácil ser cristiano en Níger hoy en día, y más aún después del yihadismo alimentado por movimientos como Al Qaeda o Boko Haram, presentes en el país”, escribe a la Agencia Fides el P. Rafael Casamayor, sacerdote de la Sociedad para las Misiones Africanas , desde la misión de Dosso. El sacerdote comparte el testimonio de un cristiano que procedía del Islam y que ahora forma parte de la comunidad católica de Dosso: “No tardé en encontrar a Pierre, es un hombre discreto, de pocas palabras y de intensa vida interior. Es un tesoro en nuestra misión porque nos lleva directamente al corazón de nuestra fe, el amor a Dios y al prójimo”.
“Soy de Filengué, djerma o songhay, como se prefiera – interviene Pierre – y desde pequeño he recibido una educación musulmana. Después de la escuela iba a la madrasa coránica donde estudiaba los principios islámicos con niños y adolescentes de mi edad. Ya al final de la adolescencia empecé a trabajar como soldador en un taller donde un día encontré unos libros que habían dejado en las mesas. Cogí uno y me lo llevé a casa. Empecé a leerlo y no me he separado de el desde entonces, era el Nuevo Testamento”, señala el hombre. “Me encantó leer ese libro, hubo historias que me llegaron al corazón. Me gustaba hablar de ello con algunos compañeros de trabajo, ninguno de ellos era cristiano, pero sabían algunas cosas. Eran historias llenas de ternura y cercanía con los más pobres, pero no sabía a qué correspondían en la vida real, no conocía a ningún cristiano. Más tarde me enviaron a trabajar a Agadez y allí me uní a la comunidad cristiana. Quería saber más sobre los Evangelios y la vida de los cristianos”.
“Mi estancia en Agadez fue una bendición por todo lo que aprendí y experimenté con la comunidad cristiana tan diversa: había benineses, togoleses, burkineses, franceses, nigerinos. Vi reflejado el espíritu que creí descubrir en los Evangelios que leí en mi adolescencia en Filengué. Durante mis años en Agadez, no sólo descubrí el mensaje de Jesús y una comunidad de referencia que me ayudó a vivirlo, sino que también me abrió un camino espiritual que respondía a mis sueños de adolescente que habían alimentado mi lectura de los Evangelios”.
El misionero laico concluye su testimonio afirmando con certeza que nunca se ha arrepentido de haberse convertido a la fe cristiana, “ni siquiera un solo día. Lo que me cuesta aceptar es que mis hijos sigan siendo musulmanes aunque nunca les obligué a seguir mis pasos”.

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