ÁFRICA/REP. CENTROAFRICANA – “Las zonas periféricas son víctimas de la violencia de los grupos armados” dicen los obispos que denuncian el uso de minas

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Bangui – “Con la liberación de los grandes centros urbanos, los grupos armados están concentrando su presencia en las zonas periféricas y en algunas localidades concretas donde cometen actos de violencia”, denuncia la Conferencia Episcopal de la República Centroafricana en el mensaje publicado al final del retiro anual en la ciudad de Bouar, al oeste del país. “Cuando llegaron las fuerzas armadas centroafricanas y sus aliados, los bandidos y guerrilleros se retiraron con armas y equipamiento dentro del bosque. Por tanto, siguen siendo una fuente de inseguridad para el resto de la población”, dicen los obispos.
Entre las zonas amenazadas por los grupos armados, los obispos citan “la razón del sureste desde Zémio hasta la frontera con Sudán del Sur, la de Mingala y Zangba en la prefectura de Bassa Kotto, la zona de Bocaranga a Ngaoundaye y de Ndim a Paoua en Ouham Pendé, y la frontera con Camerún y Chad”.
Los obispos se congratulan de los progresos realizados en el plano político, como la celebración de elecciones que han permitido elegir al Jefe de Estado y a los diputados de la Asamblea Nacional, pero lamentan el empeoramiento de la situación humanitaria con más de 700.000 desplazados internos, la mitad de la población en situación de inseguridad alimentaria, agravada por el hecho de que los rebeldes bloquean la circulación con la colocación de minas en las principales carreteras del país. “Observamos con desolación el uso de minas antipersona que causan desesperación en la población”, afirman.
Además, las actividades agrícolas están en peligro porque los agricultores y los pastores están siendo secuestrados con fines de extorsión. En consecuencia, el coste de la vida ha aumentado. La Conferencia Episcopal también está preocupada por los informes sobre los abusos cometidos por el Ejército Centroafricano y sus aliados. “Los soldados del ejército nacional tienen el deber de dar ejemplo”. Por último, los obispos reafirman su preocupación por el hecho de que el país se haya convertido en el escenario de una guerra por delegación entre Francia y la Federación Rusa
La solución del conflicto no puede ser sólo militar. “Debemos tender la mano”, dicen los obispos, que piden un diálogo inclusivo, el inicio del proceso de desarme, la desmovilización y la reinserción en la sociedad civil de los combatientes y la creación de la Comisión de Verdad, Justicia, Reparación y Reconciliación.