ÁFRICA/TOGO – Iglesias cerradas hasta mediados de octubre pero los misioneros continúan con la solidaridad

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Kolowaré – La Conferencia Episcopal de Togo ha pedido en este mes del Rosario que se encienda una vela el 7 de octubre, fiesta de Nuestra Señora del Rosario, delante de las puertas cerradas de todas las iglesias parroquiales. A pesar de la imposición del cierre de las iglesias en el país africano, el compromiso de los misioneros no se detiene.
“Aquí estoy de nuevo en Kolowaré. Regresé el 16 de septiembre tras mi habitual estancia anual en Génova, en la Casa Provincial de la Sociedad para las Misiones Africanas de Italia”. El padre Silvano Galli, sacerdote de la Sociedad para las Misiones Africanas, misionero en Togo, cuenta a la Agencia Fides su regreso a la tierra de misión que le acoge desde hace 17 años, tras 22 años pasados en Costa de Marfil.
“Salí de Génova y llegué a Lomé media hora antes de lo previsto”, escribe. “Después de todos los controles, me presenté en la aduana. El escáner de equipaje estaba estropeado y me hicieron abrir las maletas. Se me acerco al jefe de los aduaneros, le salude con un convencido Salam Aleikoum, luego unas palabras en kotokoli, para explicarle que soy el padre de Kolowaré y, con una sonrisa, me dejaron pasar. Bassarou, el conductor de Kolowaré, me esperaba para ir a la Maison Régionale”.
El misionero explica que esta “casa regional”, situada en el barrio de Beh, en Lomé, es el punto de referencia para todos los padres SMA que trabajan en Togo. “Se convertirá en un centro de acogida de los propedéuticos, con jóvenes que deseen incorporarse a nuestra comunidad, en la que también estaré presente a partir de enero, cuando deje Kolowaré”.
“Al día siguiente partimos e hicimos una parada en Amakape, donde nos ofrecieron varios paquetes de medicamentos para el dispensario de Sokodé”, prosigue el padre Silvano. “A la entrada de Sokodé, un policía nos preguntó qué contenían los paquetes. Respondí: ‘Medicamentos para el dispensario de Kolowaré’. El policía se alegró: ‘Yo fui a la escuela en Kolowaré, vivía detrás de la vieja iglesia’. Cuando llegamos a la misión, descargamos las medicinas delante del almacén de las religiosas, ya que las iglesias de aquí están cerradas hasta mediados de octubre. Al día siguiente, a primera hora de la mañana, hubo algunas visitas: un grupo de chicos llegó con sus zapatillas de deporte, Charles con una gallina, Jean con verduras del huerto, Celine con una jarra de cerveza local, y luego el grupo de niños que había venido con cestas de estiércol para el huerto. Se han enterado de mi llegada, ¡y aquí están! Estos pequeños misioneros me hicieron sentir de nuevo en casa”, concluye el P. Galli.