AMÉRICA/BOLIVIA – Los obispos: “es hora de cumplir las promesas de gobernar escuchando a todos los sectores del pueblo”

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Cochabamba – “Construyamos juntos un sueño de País, casa común donde todos sean reconocidos como ciudadanos con sus derechos, respondan con sus deberes y gocen de una vida digna de hijos de Dios en una sociedad unida, fraterna, justa y solidaria. Sólo este emprendimiento nos dará futuro; en cambio, optar por la violencia y la confrontación traerá pobreza, sufrimiento y más control y limitación de la libertad”. Esta es la exhortación que los obispos de Bolivia dirigen al pueblo de Dios en el mensaje “de esperanza y paz” publicado al final de su asamblea plenaria, en el que han examinado la realidad del país a la luz del Evangelio .
Entre las preocupaciones de los obispos, el mensaje enviado a la Agencia Fides, pone en primer lugar la pandemia del Covid 19, que sigue causando “sufrimiento y luto a la familia boliviana; nos pone a prueba y nos exige responder con responsabilidad y solidaridad”. Seguidamente mencionan “la promulgación de proyectos y leyes de dudosa constitucionalidad, hecha sin el adecuado estudio, consenso y socialización, como debe ser en un estado de derecho y democracia plena”. Algunos sectores se han movilizado “para abrogar estas normativas, percibidas como vulneración a la libertad y a los derechos fundamentales”, que abriría camino a un Estado autocrático. Los obispos avisan que la confrontación en la calle, en la que se enfrentan hermanos contra hermanos, “no puede ser una respuesta, genera dolor, heridas y muerte, además de odios y resentimientos que tardarán años en ser superados”, por lo tanto el camino es la abrogación de estas leyes, con la esperanza de que dicho paso concreto abra el diálogo sincero y constructivo sobre una agenda nacional.
“Otro problema preocupante, que espera una respuesta consensuada y justa, son los avasallamientos de grupos violentos a parques, reservas protegidas, tierras comunitarias y privadas, violando los derechos humanos de grupos y personas, hechos que quedan en la impunidad” prosiguen los obispos. El mensaje subraya que “la ausencia de Estado incrementa el riesgo de que surjan grupos irregulares con posibles vínculos con el narcotráfico” y que es necesario responder a muchas familias, en todas las regiones de Bolivia, que necesitan poseer tierras, “y sin discriminaciones con un programa legal y sostenible”.
Los actos que afectan a las personas y a las comunidades en la defensa de la vida, como la violación, el abuso de niños y mujeres, el feminicidio, el abandono y el abuso de niños, y los ataques a la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, preocupan a los pastores. “Estos delitos contrarios a los valores humanos y cristianos son más reprochables porque son perpetrados en contra de vidas inocentes ante la indiferencia o complicidad de quienes están llamados a defenderlas”.
Tras enumerar los principales motivos de preocupación por la realidad boliviana, los obispos consideran que “es hora de cumplir las promesas de gobernar escuchando de verdad a todos los sectores del pueblo; en particular, a los que están afectados, instaurando un diálogo serio, transparente y abierto que genere respuestas equitativas y consensuadas en las instancias pertinentes. Esto pide señales concretas y viables de buena voluntad de parte de las autoridades constituidas en respuesta al clamor de los sectores involucrados”.
El mensaje se concluye recordando que las iniciativas de la Iglesia a nivel Latinoamericano y Universal, en espíritu Sinodal – es decir, hacer camino juntos- “nos iluminan en la búsqueda de respuestas a estos desafíos como pueblo de Dios, dando testimonio de Jesucristo, Señor de la paz y la vida”. La próxima Asamblea Eclesial de América Latina y Caribe “será la oportunidad de repensar y renovar nuestro compromiso cristiano. Las dificultades que podremos enfrentar no nos deben desanimar. La Asamblea Eclesial nos recuerde el compromiso de caminar juntos hacia una única meta: anunciar la alegría del Evangelio de Cristo y ser misioneros y servidores del reino de Dios, en un mundo sediento de autenticidad y de paz, y de una naturaleza pulcra, “casa común” para nosotros y las futuras generaciones”.