AMÉRICA/BRASIL – A 36 años del asesinato del padre Ramin: siguiendo su ejemplo se renueva el compromiso con los pobres y la creación

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Ji-Paraná – El padre Ezechiele Ramin, misionero Comboniano , oriundo de Padua , llegó a Brasil en 1983, a la diócesis de Ji Paraná, que comprende la parte central del estado de Rondônia y el extremo noroeste de Mato Grosso. En la región existía una marcada situación de desigualdad social, y los grandes terratenientes recurrían habitualmente a la violencia para ampliar sus posesiones. El misionero estuvo al lado de los indígenas y de los pequeños trabajadores rurales en su lucha no violenta por el derecho a la tierra, al trabajo y a una vida digna. El 24 de julio de 1985, el padre Ezequiel fue brutalmente asesinado cuando regresaba de una misión de paz: se había reunido con un grupo de colonos para convencerlos de que no se alzaran en armas contra los terratenientes. Antes de morir, susurró las palabras “os perdono”. El 25 de marzo de 2017 finalizó la fase diocesana de la causa de su beatificación. Casi cuarenta años después del suceso, el recuerdo del padre Ezequiel sigue muy vivo en Brasil, especialmente entre los indígenas, los campesinos y la gente sencilla .
En el 36º aniversario de la muerte del misionero, se celebraron dos misas de acción de gracias por la vida y la misión del padre Ezequiel Ramin, los días 24 y 25 de julio, en la diócesis de Ji-Paraná: el 24 en Cacoal y el 25 en Rondolândia, donde fue ejecutado. Las misas fueron celebradas por el obispo de Ji-Paraná, monseñor Norberto Foerster, y por el padre Dario Bossi, superior provincial de los Misioneros Combonianos en Brasil.
Según la información difundida por la Conferencia Episcopal de Brasil , recibida en la Agencia Fides, en la conmemoración, el padre Darío Bossi ha destacado: “Recordamos y renovamos el compromiso de la Iglesia local unida a las muchas comunidades de todo Brasil que celebran, renuevan y recuerdan el compromiso martirial de Ezequiel por una vida plena, por la tierra, por un techo, trabajo y por una naturaleza que tenga su selva exuberante, la abundancia y el compartir para todos. Para el padre Bossi, celebrar la memoria del padre Ezequiel significa -junto con el Papa Francisco y la Iglesia de la Pan-Amazonía- escuchar el grito de la tierra y el grito de los pobres: “Con el compromiso de Ezequiel con los más pobres, debemos renovar también esta alianza entre los pueblos de la tierra y la creación, como nos pide el papa Francisco en Laudato Si”.
Para monseñor Norberto Foerster, el padre Ezequiel tenía el mismo sueño eclesial que el papa Francisco ha expresado en Laudato Si: “Quería cuidar las raíces de los pueblos amazónicos. Defendió a los pequeños agricultores que hacen agricultura familiar sin pesticidas y su sueño eclesial era el de pequeñas comunidades de pobres y humildes. El padre Ezequiel sigue vivo en los tiempos actuales y sigue vivo en esta Exhortación Postsinodal del papa Francisco, Laudato Si”. El arzobispo de Porto Velho, monseñor Roque Palosqui, ha subrayado que el padre Ezequiel “abrazó lo que el episcopado latinoamericano había constatado en Medellín: la Iglesia no puede permanecer indiferente ante las injusticias sociales que existen en América Latina, que mantienen a nuestros pueblos en una dolorosa pobreza que en muchos casos es miseria humana. El padre Ezequiel era consciente de que la Iglesia tiene que ser misionera, una Iglesia misionera es aquella que anuncia y denuncia lo que va en contra de la vida y especialmente de la vida de los más pequeños y de la vida de toda la creación”.