AMÉRICA/PUERTO RICO – El rechazo de la vacuna contra el COVID-19 no tiene fundamento en la enseñanza de la Iglesia, señalan los obispos

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San Juan – La pandemia COVID-19 ha causado hasta ahora 4.459.946 víctimas en todo el mundo. En Puerto Rico han muerto 2.742 personas, 164.179 lo han sufrido y estas cifras continúan aumentando, al igual que las hospitalizaciones. Así lo recuerda la Conferencia Episcopal de Puerto Rico en un decreto que lleva la fecha del 24 de agosto de 2021, en el que, haciéndose eco de las numerosas intervenciones del Papa Francisco en las que el Pontífice destacó que vacunarse es “un acto de amor, un gesto de caridad hacia uno mismo y hacia el prójimo, a favor del bien común”, reiteran que no existe “objeción moral, ética o de conciencia a la vacunación contra el coronavirus”.

“La solicitud del Gobernador a los empleados públicos y privados de vacunarse ante esta pandemia, – subraya el texto enviado a Fides -, no contradice las enseñanzas de la Iglesia ni las expresiones y acciones del Papa Francisco en relación a la vacunación contra el COVID-19”. El Gobernador ha proporcionado una exención de vacuna para los empleados y estudiantes cuyos líderes religiosos declaren, bajo juramento, que las enseñanzas de su fe prohíben esta vacuna. Dado que algunos fieles laicos han pedido a sacerdotes, diáconos o agentes pastorales que declaren que las enseñanzas morales de la Iglesia católica se oponen a esta vacuna, los Obispos de Puerto Rico reiteran que “los sacerdotes, diáconos o agentes pastorales de la Iglesia no deben declarar bajo juramento tales exenciones que no tienen fundamento en la doctrina moral de la Iglesia”.

A partir del Magisterio de la Iglesia y de las palabras del Santo Padre, los obispos de Puerto Rico comunican en este decreto sus decisiones como reservar un espacio para los no vacunados en las celebraciones litúrgicas. Por el momento, se aconseja a las personas no vacunadas que se abstengan de participar en otras actividades pastorales comunitarias en presencia y, a partir del 15 de septiembre, todos los sacerdotes y diáconos que presiden las liturgias deben estar vacunados o al menos haber recibido la primera dosis de la vacuna. Los obispos también estipulan que ningún sacerdote, diácono o trabajador pastoral de la Iglesia está autorizado a declarar bajo juramento, ante notario, exenciones de la vacuna por razones religiosas que no tengan fundamento. “Incluso si los fieles son responsables de sus propias acciones, debemos dejarles claro que no pueden utilizar las enseñanzas morales de la Iglesia católica como base para rechazar las vacunas”, dice el documento que prosigue indicando que “todos los empleados y voluntarios que trabajen u ofrezcan su colaboración en nuestras diócesis de forma continua y en presencia, deberán estar vacunados antes del 15 de septiembre, de lo contrario no podrán continuar en su servicio”.