AMÉRICA/VENEZUELA – Comienza el curso escolar en un contexto crítico donde la educación, es el antídoto natural a una crisis globalizada

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Caracas – “Familia y educación: una tarea común” es el título del mensaje publicado por la Comisión Episcopal para la Familia y la Infancia y por la Comisión Episcopal para la Educación Universitaria y Pastoral, con motivo del inicio del año escolar 2021-2022 en Venezuela, que este año será presencial tras un largo período en el que las lecciones habían sido interrumpidas debido a la pandemia. “Esta crisis, con implicaciones económicas, culturales y sociales, nos lleva a pensar que estamos ante una nueva crisis antropológica”, escriben los obispos en la introducción de este texto enviado a la Agencia Fides, que recuerda además las dificultades que afronta la familia y el gran compromiso creativo de la escuela venezolana, – pública y privada-, para seguir brindando a los jóvenes otras posibilidades educativas.

En el mensaje, dividido en 6 puntos, destaca, en primer lugar, que la realidad no se puede ocultar: “Estamos inmersos en una profunda crisis pandémica que ha actuado como detonador de otras situaciones que agravan los males de nuestra sociedad”. El número de infecciones por Covid-19 sigue siendo alto entre la población venezolana lo que pone de manifiesto que “los esfuerzos en la vacunación no han sido suficientes” ya que los maestros, el personal de los centros y los estudiantes deberían estar todos ya vacunados. También se observa que el alto coste de vida ha provocado un creciente absentismo escolar, ya que cada vez son más los niños que trabajan o mendigan por las calles de la ciudad. También se ha deteriorado el nivel de educación universitaria.

“No escondemos nuestra gran preocupación por el inicio del nuevo curso escolar. Para retomar las lecciones presenciales, inmersos todavía en esta pandemia, se recomienda que la incorporación a las aulas sea progresiva, escalonada y diversificada, teniendo en cuenta las preocupaciones de familias, sindicatos y sectores educativos”. Reiteran que el inicio de lecciones es necesario, ya que “sin educación tendremos un país sin oportunidades”. El mensaje destaca que en todo caso “es necesario tener tiempo para permitir planificar el uso correcto de los recursos existentes, con responsabilidad y creatividad”.

El tercer párrafo está dedicado “a los maestros venezolanos, héroes no reconocidos”, que son “víctimas de la compleja crisis humanitaria que vive nuestro pueblo”. “Sin ellos no hay educación”, subrayan. “Hoy el maestro se siente subestimado, desamparado, desmotivado, humillado y bajo presión, por lo que es necesario salir de esta situación cuidando a los docentes, asegurándoles salarios dignos, seguridad social, atención médica, oportunidades de aprendizaje permanente, así como un ambiente laboral sano, confiable y seguro. Todos tenemos que luchar por unas condiciones educativas de calidad: es el entorno donde se forman nuestros hijos”, prosigue el mensaje.

“La familia venezolana ha experimentado progresivamente un deterioro en la calidad de vida, por lo que muchos niños y jóvenes se han visto obligados a abandonar sus estudios y a trabajar o mendigar. Muchas familias se han visto tocadas por la emigración y la educación a distancia debido a la pandemia de coronavirus ha puesto de relieve la falta de apoyo familiar dando como resultado malas calificaciones de los estudiantes. A pesar de todo, permanece la convicción de que la familia es la base de la construcción del tejido social, en ella reside el germen de un nuevo Pacto Educativo”, indica el texto.

La parte final reafirma el compromiso de la Iglesia de iluminar con la luz de la palabra de Dios “la realidad de la educación venezolana, para que sea integral y de calidad”, respondiendo a la invitación del Papa Francisco a un Pacto Educativo Global: “Como católicos, asumamos el compromiso y la responsabilidad de hacer viva la vocación educativa de la sociedad, invitando a todos a dar más y lo mejor, para que la educación sea un antídoto natural a la crisis globalizada”.