ASIA/AFGANISTÁN – Sin la ayuda exterior, la situación social puede degenerar en un conflicto civil y un desastre humanitario

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Herat – La reapertura de las escuelas de Herat a las niñas de 7º a 12º curso podría ser una maniobra de los talibanes para mostrar “un rostro más humano” del régimen, con el fin de obtener ayuda de Occidente. Lo explica a la Agencia Fides Luca Lo Presti, presidente de la Fundación Pangea Onlus, comprometida desde hace 18 años en actividades de desarrollo y promoción de la mujer en Afganistán: “El país se está derrumbando – advierte Lo Presti – y se prepara para vivir una crisis humanitaria sin precedentes: se prevé que para el próximo año la desnutrición entre los niños puede aumentar hasta el 97%. Sin ayuda exterior, la situación podría degenerar en guerras civiles y desastres humanitarios, un escenario desastroso. Dar señales de gran resonancia en los medios de comunicación, como la noticia de la re-apertura de la escuela para niñas en Herat, podría impulsar la corriente de pensamiento de que hay talibanes moderados”.
Dentro de poco, recuerda Lo Presti, las agencias de la ONU gestionarán varios miles de millones de dólares asignados en la reunión especial del G20 sobre Afganistán. Esta ayuda es tentadora para los talibanes: “Al conceder algunas aperturas, la opinión pública podría pensar que los talibanes podrían elegir un camino moderado. Sin embargo, los persistentes rumores de asesinatos indiscriminados son motivo de preocupación”.
Pangea está presente en Afganistán desde 2003 y ha puesto en marcha numerosos proyectos para la emancipación de las mujeres. Desde que los talibanes se hicieron con el control del país, las mujeres, los activistas y las minorías corren gran peligro. En los últimos meses, Pangea ha lanzado un llamamiento y una campaña de recaudación de fondos para poder continuar con sus proyectos en Afganistán a pesar de la situación de crisis. “La situación en Afganistán es muy grave para quienes en los últimos años han participado en proyectos e iniciativas a favor de la sociedad civil; es aún más grave para nuestros colaboradores que desde hace 20 años luchan por la emancipación y la promoción de la mujer. Como sus vidas corren peligro, hemos conseguido esconder o expatriar a algunas de las mujeres, pero ahora son las familias las que pagan por ellas: hemos tenido noticias de represalias y secuestros en las casas de los familiares”, señala Lo Presti.
“Todas las empresas de mujeres que hemos creado han dado autoestima y bienestar económico a las familias; y esta misma economía aporta emancipación y crecimiento cultural y social. Todo ello debe estar apoyado por una serie de actividades que no pueden faltar, como la escolarización, la formación para el trabajo y los derechos humanos, la asistencia sanitaria, las clínicas, los jardines de infancia, una escuela para niñas sordomudas, incluso escuelas y asociaciones deportivas”, concluye.