ASIA/FILIPINAS – Los cementerios católicos acogen a las víctimas de la pandemia, de cualquier religión

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Manila – La archidiócesis de Cebú, en el centro de Filipinas, ha decidido acoger en sus cementerios católicos los cuerpos de las personas, de cualquier religión, fallecidas a causa de la pandemia. Según ha comunicado la Iglesia local, el arzobispo José Palma ha querido ayudar a los no católicos debido al aumento de las muertes por el coronavirus en la provincia de Cebú, ya que los ciudadanos no pueden encontrar espacios de enterramiento en los cementerios públicos. “Es un acto de caridad permitir su entierro en nuestros cementerios católicos en estos tiempos de pandemia”, ha dicho el Arzobispo.
El Ayuntamiento de Cebú informa de que sigue habiendo necesidad de espacios funerarios en la ciudad, a pesar de que en los últimos días se ha producido un descenso significativo de los casos graves de Covid y de las muertes. La comunidad civil aprecia mucho el hecho de que cuatro cementerios principales de la archidiócesis de Cebú se hayan puesto a disposición del gobierno local para construir nuevas tumbas. La Archidiócesis ha confirmado su decisión de proporcionar al gobierno de la ciudad espacios de plaza especiales en los cementerios de Cabantan, Carreta, Talamban y Calamba.
“La caridad no conoce fronteras. Me parece un gesto significativo de solidaridad hacia los más pobres y de respeto a la vida y a la dignidad humana. Esta decisión de la Iglesia de abrir los cementerios católicos a los demás refleja el verdadero espíritu cristiano”, comenta a la Agencia Fides John Lerry Merrono, dirigente laico católico.
Monseñor José Palma, al intervenir hace unos días en el 52º Congreso Eucarístico Internacional de Budapest, ha subrayado el espíritu de la elección: del “ser familia”, que los fieles experimentan cada vez que celebran la Eucaristía. “Al comienzo de la misa, dejamos nuestra condición social y las muchas cosas que nos dividen, para convertirnos en una sola familia de creyentes. En cada Eucaristía abandonamos nuestros títulos y nos llamamos cada uno de nosotros como hermanos, pidiendo al Señor que mi sacrificio y el vuestro sean agradables al Padre omnipotente”. Este espíritu de familia y fraternidad, ha dicho, debe extenderse a toda la humanidad como un regalo, especialmente en tiempos de sufrimiento y pobreza.