ASIA/INDONESIA – Las Hermanas de la Santa Faz celebran 30 años de misión en la isla: “Ser siempre feliz en el Señor; sufrir, pero nunca hacer sufrir”

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Koting – El 24 de octubre de 2021, el mismo día en que la Iglesia celebró la Jornada Mundial de las Misiones, las religiosas de la Santa Faz presentes en Koting, Indonesia, celebraron sus 30 años de presencia en la tierra de la misión.

Sor Aloisia dal Bo, una misionera pionera en esa tierra, habla de esta jornada a la Agencia Fides: “El nuestro fue un himno de acción de gracias al Señor por las grandes obras que realizó. El amor fiel de Dios acompañó cada uno de nuestros pasos para anunciar el Evangelio y llevar la Santa Faz a todos los rincones de la tierra, especialmente a los lugares más pobres y abandonados, según el carisma de nuestra Madre Fundadora, la Beata María Pia Mastena. Hemos respondido al desafío del Evangelio de ir, llamar e invitar a los hermanos a la invitación de Dios a conocer su Palabra para vivir un gozo sin fin”.

“La celebración de la acción de gracias estuvo precedida de momentos de reflexión, profundización, relectura de vivencias y acontecimientos partiendo del Carisma y la Espiritualidad poniendo en el centro de todo el Rostro de Jesús presente en los hermanos pobres, abandonados y marginados. Un Rostro sufriente que continuamente nos llama y nos invita a la reparación. Rostro de un Dios sufriente que hemos buscado y encontrado en nuestro prójimo. Rostro que ha sonreído a través de nuestra sencilla presencia y nuestra capacidad de escuchar, de la solidaridad, de compartir, con nuestras obras educativas, religiosas y humanas”.

“El acto central de la jornada fue la Eucaristía presidida por el obispo de Maumere, monseñor Edwaldus Martinus Sedu, quien en su homilía nos invitó a seguir sirviendo fielmente al Señor, a buscar su Rostro y a repararlo sin cansarnos porque hemos sido llamados y enviados para esto”.

Sor Aloisia repasó brevemente la historia de la presencia de las religiosas en esta tierra de misión, la alegría y los temores que acompañaban su trabajo, invitando a las hermanas a “ser siempre felices en el Señor, sufrir, pero nunca hacer sufrir a las personas”, como les enseñó la Madre Fundadora.