ASIA/LÍBANO – El patriarca Raï: necesario nuevo gobierno antes del 4 de agosto. Pero la “solución Mikati” no convence a los líderes políticos cristianos

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Beirut – Hay que hacer todo lo posible para crear un nuevo gobierno libanés antes del 4 de agosto, día en que se cumple el primer aniversario de la terrible explosión que hace un año devastó el puerto de Beirut, causando casi 200 muertos y más de 6.000 heridos. El cardenal Béchara Boutros Raï, patriarca de Antioquía de los Maronitas, ha realizado un llamamiento urgente a los políticos libaneses para que no dejen pasar esa fecha simbólica sin dotar al país de un nuevo ejecutivo. Lo ha dicho durante la homilía de la celebración eucarística que ha presidido el domingo 25 de julio en Diman, en la iglesia de la residencia patriarcal de verano.
Este llamamiento del patriarca Raï se produce en vísperas de la nueva ronda de consultas políticas entre las fuerzas políticas nacionales y el presidente libanés Michel Aoun, que comienzan hoy, lunes 26 de julio, con el objetivo de identificar a la persona a la que se le confiará el cargo de primer ministro y el mandato de presentar un nuevo equipo de gobierno al parlamento para obtener su confianza. El patriarca maronita ha señalado en su homilía dominical que las consultas debían realizarse sin el “habitual regateo” sobre las prerrogativas de los líderes o grupos individuales. Añadiendo que si los políticos no han conseguido reconstruir adecuadamente la dinámica y las responsabilidades de la catástrofe del Puerto, un año después de ese sangriento acontecimiento deberían al menos sentirse en el deber de dar al pueblo libanés un nuevo gobierno.
En el complejo sistema político e institucional del Líbano, el cargo de primer ministro debe ser ocupado por un musulmán suní. En agosto de 2020, tras la trágica explosión en el puerto de Beirut, el gobierno dirigido por el primer ministro Hassan Diab presentó la dimisión. Desde entonces, el país, que se enfrenta a la crisis económica y social más grave de las últimas décadas, está sin ejecutivo. Hace seis semanas, el candidato designado Saad Hariri, líder del Partido “Futuro”, también dimitió. Según informan los medios de comunicación libaneses, en los últimos días han aumentado las posibilidades de ver el cargo de nuevo primer ministro libanés confiado a Najib Mikati, el empresario que ya ha dirigido el gobierno del País del Cedro en dos fases recientes de la vida política libanesa . Mikati, gracias a sus actividades en el campo de las telecomunicaciones, aparece constantemente en las listas de los hombres más ricos del país, y su riqueza personal se acredita en más de 2.000 millones de dólares. En los últimos días, su candidatura ha recibido el apoyo de tres ex primeros ministros suníes y de varias fuerzas políticas libanesas. Analistas locales, consultados por la Agencia Fides, señalan, sin embargo, que la candidatura de Mikati -que en el pasado ha sido acusado de haber utilizado recursos públicos para financiar sus propias iniciativas empresariales privadas- no contaría con el apoyo de varios partidos dirigidos por líderes cristianos, como el Movimiento Patriótico Libre y las Fuerzas Libanesas. El juego que se está desarrollando en torno a la designación de Mikati podría remodelar las filas del complicado y siempre accidentado escenario político libanés. Representantes del Movimiento Patriótico Libre y de las Fuerzas Libanesas, que siempre han estado en bandos opuestos, han expresado en las últimas horas señales convergentes de apoyo a la figura del diplomático y jurista, Nawaf Salam, como potencial premier, como alternativa a Mikati. Salam, a lo largo de su carrera diplomática, ha sido también representante de Líbano en las Naciones Unidas, y tiene fama de ser una persona que goza del favor de los círculos políticos estadounidenses. Precisamente por ello, es poco probable que su candidatura reciba el apoyo del Partido Hezbolá, importante fuerza política aliada, desde hace tiempo, del Movimiento Patriótico Libre. Las desavenencias y los posicionamientos de las distintas fuerzas políticas en el proceso de dotar al país de un nuevo gobierno podrían también poner en tela de juicio las alianzas consolidadas que han contribuido en los últimos años a configurar y condicionar los escenarios políticos en Líbano.