ASIA/LÍBANO – Líderes cristianos convocados en Roma por el Papa Francisco para rezar y escudriñar juntos los “signos de los tiempos”

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Roma – Con toda probabilidad, 10 altos representantes de las Iglesias y comunidades eclesiales presentes en el Líbano participarán en el encuentro convocado en el Vaticano por el Papa Francisco para reflexionar y rezar juntos sobre el presente y el futuro del País de los Cedros. En la Sala Clementina del Palacio Apostólico ya se ha colocado la mesa circular en torno a la cual los participantes compartirán las tres sesiones de diálogo y debate que marcarán el intenso programa de la jornada.
Además del Papa Francisco, se sentarán a la mesa el Catolicós de Cilicia de los armenios, Aram I ; el cardenal Béchara Boutros Raï, patriarca de Antioquía de los maronitas; el patriarca de Antioquía de los greco-ortodoxos Yohanna X Yazigi; el patriarca de Antioquía de los sirio-ortodoxos Ignacio Aphrem II; Monseñor César Essayan, Vicario Apostólico de Beirut de los Latinos; el Reverendo Joseph Kassab, Presidente del Consejo Supremo de las Comunidades Evangélicas de Siria y Líbano; el Patriarca de Antioquía de los Siro-Católicos Ignace Youssif III Younan; el Patriarca de Antioquía de los Greco Melkitas Youssef Absi y el Obispo de Beirut de los Caldeos, Michel Kassarji. El Arzobispo Joseph Spiteri, Nuncio Apostólico en el Líbano, también estará presente en la reunión, mientras que por el momento parece confirmada la ausencia de un representante del Patriarcado de Cilicia de los Armenios Católicos, dado que todos los Obispos de esa Iglesia Patriarcal se encuentran todavía en el Líbano para participar en el Sínodo convocado para la elección del nuevo Patriarca.
Analistas libaneses consultados por la Agencia Fides expresan su deseo de que la cumbre convocada por el Papa Francisco no se reduzca a repetir la consabida lista de quejas y críticas dirigidas al inmovilismo y a los pecados de la clase política libanesa, sino que sea una oportunidad para mirar con realismo y esperanza, sin censuras ni remociones, los “signos de los tiempos” que aquejan la actual fase, incierta y dramática, de la historia del País de los Cedros, teniendo siempre presente la vocación de las comunidades eclesiales en el contexto libanés.
A pesar de todo, la convivencia entre las 18 confesiones religiosas que componen el mosaico libanés no se ha visto seriamente afectada por los conflictos sectarios que han desgarrado la vecina Siria y otros países de Oriente Medio, como Irak, en la última década. El “milagro” libanés, en el aire, entre la convivencia diaria entre cristianos y musulmanes chiíes y suníes, sigue estando siempre en peligro, pero el trágico recuerdo de los años de guerra civil -que también vio a cristianos matar a otros cristianos, y a musulmanes matar a otros musulmanes- parece haber sembrado en el alma de muchos libaneses poderosos anticuerpos que resisten las presiones de quienes querrían reducir las diferentes identidades confesionales a banderas ideológicas de frentes que luchan por el poder.
Ahora, la anomalía del “gran compromiso” libanés podría encontrar nueva inspiración en los caminos de la fraternidad sugeridos también por el Papa Francisco con el Documento de Abu Dhabi, con el viaje a Irak y el encuentro con el ayatolá Ali al Sistani y con la encíclica Fratelli Tutti. Superar las narrativas obsoletas y manipuladoras y engañosas que, especialmente en Occidente, siguen representando al Líbano como una especie de “bastión cristiano” asediado por la hostilidad islámica.