ASIA/SIRIA – El cardenal Sandri en Damasco. Palabras y miradas, para nada descontadas, sobre las verdaderas plagas que asolan a los cristianos en Oriente Medio

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Damasco – “Somos nosotros los que debemos daros las gracias, porque regresamos mucho más ricos por dentro que cuando llegamos aquí”. Así lo ha dicho el cardenal Leonardo Sandri a los religiosos y religiosas católicos que en la noche del miércoles 27 de octubre, en el encuentro acogido por el Memorial San Paolo de Damasco. Por su parte los religiosos le han dado las gracias a él, a sus colaboradores y al papa Francisco por la cercanía y la solicitud mostrada por la Iglesia de Roma hacia los cristianos de Siria y todos los demás hijos del pueblo sirio.
El Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, inmerso en una visita pastoral que le llevará a varias ciudades de Siria hasta el 3 de noviembre, ha escuchado a lo largo de la jornada los relatos marcados por el dolor, la miseria y las penurias, pero también por los milagros de la fe, la esperanza y la caridad que jalonan la vida cotidiana de los cristianos de Siria devastada por el conflicto, el abuso de poder y las sanciones económicas impuestas por la comunidad internacional. Por ello, los detallados y preciosos relatos de la visita del cardenal, reproducidos diariamente por el Dicasterio de las Iglesias Orientales, están aportando informaciones y consideraciones realistas sobre la condición que viven las comunidades cristianas presentes en Siria, revelando fenómenos y acontecimientos habitualmente oscurecidos en las representaciones estereotipadas y manipuladoras que prevalecen en el sistema mediático mundial e incluso en ciertos periódicos “especializados” sobre el presente y el futuro de los cristianos en Oriente Medio.
Un problema constante abordado por el cardenal prefecto Sandri en todos sus encuentros con los miembros de las Iglesias locales es la grave “hemorragia” de bautizados, especialmente jóvenes, procedentes de Siria y de otros países de la zona. Ante estos procesos, todos reconocen la oportunidad de apoyar “pequeños proyectos” para ayudar a los cristianos a encontrar recursos y vivir con dignidad.
Pero en los informes publicados por la Congregación para las Iglesias Orientales también se hace referencia a “algunas comunidades evangélicas del extranjero, cuya acción no siempre es fácil de entender o se interpreta como una forma de proselitismo en el ámbito ortodoxo e incluso católico”.
En cuanto a las iniciativas de apoyo caritativo dirigidas a las comunidades cristianas locales, se subraya la necesidad de “coordinación en la labor de caridad, para evitar que alguien reciba más de una vez y se aproveche de ello, y que otros pobres queden cada vez más al margen”. Con palabras desprovistas de tono polémico, ha mencionado los casos en los que el sufrimiento de los cristianos en Oriente Medio se convierte en un pretexto para recaudar fondos en clave de autopromoción. “El sacerdote en primer lugar, especialmente el casado – se lee en el informe del miércoles 27 de octubre – debe ser el primero en afrontar el drama de la pobreza y la indigencia, sufriendo junto a la gente y teniendo que sostener juntos su esperanza”.
Se reconoce que en el contexto de la atormentada Siria, la Iglesia “tenia una gran oportunidad de estar cerca de la gente que sufre”, pero “algunos casos de corrupción o falta de transparencia han corrido el riesgo de oscurecer el mucho bien que se ha hecho y se está haciendo”. El informe señala que “la relación entre obispos y sacerdotes también puede mejorar, no como una mera transmisión de instrucciones a seguir, sino sobre todo creciendo en una verdadera confianza mutua, sin llamarse traidores”. El informe menciona también el fenómeno -poco vigilado- de “la difusión de algunas sectas con visiones dogmáticamente incorrectas para las que sería necesario crear una comisión teológica que estudie sus declaraciones”.
El programa de la visita del cardenal Sandri a Siria también está salpicado de importantes citas ecuménicas, como el encuentro “cordial y distendido” que el representante del Vaticano mantuvo el jueves 28 de octubre con Yohanna X, patriarca greco ortodoxo de Antioquía .
La actual condición de sufrimiento que experimenta la presencia cristiana en Oriente Medio, con cifras constantes de jóvenes y adultos que piden marcharse de forma más o menos legal, con padres incluso pueden ser ancianos pidiendo a sus hijos que se marchen, quedándose solos y sin posibilidad de subsistencia, hace que el dolor de la división entre los cristianos sea aún más escandaloso. El informe publicado por la Congregación para las Iglesias Orientales recuerda la paradójica situación de Alepo, donde, con una presencia de bautizados que ha disminuido drásticamente en los últimos años, sigue habiendo “hasta 11 obispos, entre católicos y no católicos”. También mencionan las tensiones existentes entre las Iglesias ortodoxas, o las rencillas reales en el Líbano entre los dirigentes políticos maronitas “con vistas a las elecciones previstas para 2022”.
Los informes publicados por la Congregación para las Iglesias Orientales dedican pasajes a veces conmovedores al espectáculo de la caridad imaginativa y gratuita que el Espíritu Santo mueve entre los cristianos sirios para salir al encuentro del sufrimiento de sus hermanos y compatriotas. Mencionan la labor de Cáritas Siria, la de la Sociedad de San Vicente de Paúl y el proyecto “Hospitales abiertos”, apoyado por AVSI, entre otros, que también pretende mantener “al personal médico y de enfermería en Siria con una prima salarial que les disuada de marcharse a otros países”.
Entre otras cosas, se menciona la valiosa labor realizada en Damasco por el Orfanato de San Pablo, dirigido por la Iglesia melquita, que asiste a “varios menores huérfanos o hijos de familias con dificultades”, y sigue los casos de “niños de familias cristianas cuyo padre se convierte en musulmán y obtiene el divorcio”, que por ley deben seguir a sus padres en la conversión al Islam. Las partes dedicadas al trágico empobrecimiento de la población siria están salpicadas por la nota constante que subraya la cruel inutilidad de las sanciones impuestas por la comunidad internacional a la República Árabe de Siria: “sanciones que ponen de rodillas a la población sin cambiar nada de lo que la comunidad de naciones quería establecer”. Una grotesca heterogeneidad de fines, reiterada también por numerosos embajadores y representantes diplomáticos de otras naciones al cardenal Sandri reunidos durante los primeros días de su visita a Siria: “En algunos intercambios”, informa el informe de la jornada del jueves 28 de octubre editado por la Congregación para las Iglesias Orientales, “se señaló que el actual sistema de sanciones internacionales ha matado de hambre a la población y ha creado mayor riqueza en algunas categorías de personas en Siria mediante el incremento de la corrupción”.