ASIA/TIERRA SANTA – En Jerusalén la fiesta litúrgica de la Ascensión de Cristo también se celebra en una mezquita

di | 05/30/2022

Jerusalén – Sólo ocurre en Jerusalén: es allí donde un día al año, en la cima del Monte de los Olivos, se celebran liturgias eucarísticas de rito romano también en una mezquita. Sucede un jueves, en el día en que la Iglesia de Roma celebra la solemnidad litúrgica de la Ascensión del Señor Jesucristo. El lugar sagrado donde se repite cada año esta tradición – otra singularidad que viven los cristianos en Tierra Santa – es la pequeña Capilla de la Ascensión, un edificio de origen cruzado que según la tradición contiene la última huella de Cristo, poco antes de su ascensión al cielo. El lugar de culto se construyó como capilla octogonal en 1152, y en 1198 fue transformado en mezquita por el sultán Salah al Din , artífice de la reconquista islámica de Jerusalén. En la actualidad, la capilla sigue formando parte de la llamada Mezquita de la Ascensión, construida para celebrar la Ascensión de Jesús. A quien los musulmanes reconocen y celebran como el Profeta ʿĪsā. El antiguo lugar de culto cristiano está abierto a los visitantes y peregrinos durante todo el año, y en la fiesta de la Ascensión, por concesión especial de la antigua tradición, los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa celebran allí liturgias eucarísticas a las que asisten grupos de cristianos autóctonos y peregrinos.
Este año, el jueves 26 de mayo – informan los medios de comunicación oficiales del Patriarcado Latino de Jerusalén – frente al edículo de la capilla de la Ascensión, se ha celebrado una misa en árabe a las 8 de la mañana, y otra liturgia eucarística en latín a las 9.30. En un día muy caluroso, tras la liturgia, los asistentes se reunieron en el interior de la capilla para contemplar el lugar desde el que, según la tradición local, Jesús ascendió al Padre.
La fiesta de la Ascensión celebra el acontecimiento -recogido en los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles- en el que Jesús resucitado se despide de sus discípulos y asciende al cielo. “Después de hablarles, el Señor Jesús -leemos en el Evangelio de Marcos-, fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaba” . El Evangelio de Lucas relata que la Ascensión del Señor tuvo lugar fuera de Jerusalén, de camino “a Betania”, una aldea situada en el Monte de los Olivos.
La tradición bizantina -como señalan también las aportaciones del obispo Manuel Nin, Exarca apostólico de Grecia- en los textos litúrgicos de la solemnidad de la Ascensión de Cristo al Padre recorre los grandes momentos de la historia de la salvación, desde la encarnación del Verbo eterno de Dios, pasando por su nacimiento, pasión y muerte, hasta su resurrección y ascensión, desde donde envía, como don suyo y de su Padre, al Espíritu Santo, cuya obra hace posible la misión de la Iglesia. Desde el primer troparium de las vísperas de la fiesta, la liturgia bizantina relata también el asombro de los ángeles al ver a un hombre que sube con su carne a la derecha del Padre: “El Señor ha subido a los cielos para enviar al Paráclito al mundo. Los cielos han preparado su trono, las nubes el carro en el que ascender; asómbrense los ángeles al ver a un hombre sobre ellos. El Padre recibe al que desde la eternidad habita en su seno”.

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