ASIA/TIERRA SANTA – Las Iglesias católicas de Tierra Santa confirman su “hospitalidad eucarística” hacia los bautizados de las Iglesias orientales no católicas

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Jerusalén – Un sacerdote perteneciente a una de las comunidades católicas presentes en Tierra Santa puede administrar los sacramentos de la penitencia, la eucaristía y la unción de los enfermos también a los cristianos y a los cristianos pertenecientes a las Iglesias ortodoxas y orientales no católicas, si lo solicitan espontáneamente por iniciativa propia “y están adecuadamente preparados”. Esta es la disposición más ejemplar contenida en el texto de las “Directrices pastorales ecuménicas” para las Iglesias católicas que acaba de publicar en árabe la Asamblea de los obispos ordinarios católicos de Tierra Santa.
El documento proporciona directrices e incluso disposiciones vinculantes sobre cuestiones cruciales para la vida espiritual de los cristianos pertenecientes a las numerosas comunidades eclesiales presentes en la región. Las directrices pastorales pretenden “iluminar, estimular y guiar las relaciones ecuménicas de la Iglesia católica en Tierra Santa”, aplicando al actual contexto eclesial local la enseñanza y las directrices seguidas en materia sacramental por la Iglesia católica.
Las directrices se aplican a todas las Iglesias católicas de Tierra Santa , implican a las comunidades católicas latinas, maronitas, melquitas, caldeas, sirias, armenias y coptas, y se refieren en particular a la participación en la vida sacramental, cuestión crucial de gran interés para la vida ordinaria y el testimonio común de los bautizados en las tierras donde Jesucristo nació, vivió, murió y resucitó. Otros temas -como la educación ecuménica en las escuelas y la promoción de iniciativas caritativas compartidas entre comunidades eclesiales católicas y no católicas- serán abordados en futuros pronunciamientos de la Asamblea de Obispos Católicos Ordinarios de Tierra Santa.
En la primera parte de las directivas se destaca la particular importancia de la “cuestión ecuménica” en el contexto de Tierra Santa, donde siempre han coexistido múltiples ritos y tradiciones eclesiales. Esta diversidad, a lo largo de la historia, en lugar de ser reconocida y acogida como una riqueza, se ha reducido a menudo a un mero instrumento de diferenciación identitaria en las divisiones doctrinales, jurisdiccionales y de poder que han desgarrado la comunión entre los cristianos.
El documento de orientación publicado por los obispos católicos de Tierra Santa reconoce que la situación es ahora “completamente diferente”. La vía ecuménica fuertemente promovida tras el Concilio Vaticano II, gestos como la peregrinación del Papa Pablo VI a Tierra Santa en 1964 y también las difíciles condiciones políticas y sociales vividas en Tierra Santa en las últimas décadas han contribuido a acercar a las Iglesias, que también han asumido juntas el reciente compromiso de restauración de la Basílica del Santo Sepulcro. Los cristianos de Tierra Santa, aunque pertenezcan a comunidades diferentes -subraya el documento con preciosas y elocuentes anotaciones- viven “uno al lado del otro”, y reconocen la vocación común de confesar juntos la fe en Cristo en el contexto actual de Tierra Santa, marcado por conflictos, sufrimientos y fundamentalismos opuestos. Los matrimonios mixtos, entre cónyuges cristianos pertenecientes a distintas confesiones, son ahora una constante en la vida familiar de todos los bautizados de la zona, que “a veces llegan a decir que están en plena comunión, y que la división es sólo cosa del clero”.
La convivencia diaria lleva a los bautizados a no dar demasiada importancia a las fronteras confesionales entre una comunidad eclesial y otra, incluso en lo que respecta a la vida litúrgica y la práctica sacramental. Los bautizados “se identifican espontáneamente como cristianos, mientras que los sacerdotes tienden a definirse según las normas confesionales”. Este proceso espontáneo se ha enfrentado en los últimos años y “en algunos lugares”, con una cierta “tendencia a reafirmar la identidad sectaria”, marcada a veces también por una actitud de cierre y hostilidad hacia otras comunidades cristianas.
Las disposiciones de los obispos católicos de Tierra Santa recuerdan explícitamente como fuentes de inspiración las declaraciones esenciales de la doctrina católica en materia ecuménica, refiriéndose a los documentos del Concilio Vaticano II y al plan pastoral emitido por el sínodo diocesano de las Iglesias católicas de Tierra Santa en 2000. Todos los católicos bautizados están llamados a respetar “fielmente” las disposiciones concretas que emanan de esos textos magisteriales. Por lo que se refiere a la vida sacramental y litúrgica, se reitera que es necesario tener en cuenta los diferentes grados de “comunión imperfecta” que comparten los católicos con los cristianos de otras Iglesias y comunidades eclesiales, y por ello hay que distinguir siempre las relaciones que se pueden tener con las Iglesias ortodoxas y orientales de las que se pueden vivir con las Iglesias y grupos surgidos de diversas maneras de la Reforma.
La tercera sección define detalladamente los criterios y las directrices que deben guiar a los católicos -clérigos y laicos- a la hora de compartir la vida sacramental con los bautizados de otras confesiones cristianas.
En primer lugar, el documento de orientación anima a los creyentes a “practicar su fe y su vida sacramental en sus propias iglesias”, y a evitar cualquier actitud de indiferencia descuidada hacia la disciplina de la Iglesia en relación con las celebraciones litúrgicas y la administración de los sacramentos. Reafirma que “todo cristiano tiene derecho, por razones de conciencia religiosa, a decidir libremente su propia afiliación eclesiástica”. Y reafirma la “distinción permanente y clara entre la participación en el culto litúrgico no sacramental y la vida de los sacramentos, en particular la Eucaristía”.
A continuación, el documento proporciona directrices relativas a la participación en la vida sacramental con los hijos de las Iglesias orientales o de las Iglesias ortodoxas orientales. Reitera explícitamente que los sacerdotes católicos están autorizados a conceder los sacramentos de la penitencia, la eucaristía y la unción de los enfermos a los fieles de las Iglesias orientales, si lo solicitan y están adecuadamente preparados. Al mismo tiempo, se aclara que los cristianos ortodoxos y los de las antiguas Iglesias orientales no católicas están obligados a respetar la disciplina y las costumbres con las que se administran los sacramentos en la Iglesia católica. Se aclara que un bautizado perteneciente a las Iglesias ortodoxas y orientales no católicas puede actuar como padrino o madrina, junto con un padrino o madrina católico, en el bautismo de un católico. Del mismo modo, un cristiano perteneciente a una Iglesia oriental puede ser testigo de un matrimonio en una Iglesia católica.
En continuidad con las directrices ya definidas por la gran disciplina de la Iglesia católica, se repite también que, en situaciones de peligro de muerte, “los sacerdotes católicos pueden administrar los sacramentos de la penitencia, la eucaristía y la unción de los enfermos a miembros de otras Iglesias o grupos eclesiales”, cuando no puedan recurrir a sacerdotes o ministros de culto pertenecientes a la propia comunidad eclesial, siempre que quienes pidan estos sacramentos lo hagan por propia iniciativa y con plena libertad, expresando su fe en el sacramento que reciben.