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Julio César

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Para otros nobles romanos con el mismo nombre véase Cayo Julio César (desambiguación).
Cayo Julio César
Dictador de la República Romana

Reinado octubre de 49 adC - 15 de marzo de 44 adC
Nombre real Gaius Julius Caesar
Nacimiento 12 de julio de 100 adC/102 adC
Roma, República Romana
Fallecimiento 15 de marzo de 44 adC
Roma, República Romana
Predecesor Lucio Cornelio Sila (como Dictador de la República Romana)
Sucesor César Augusto (como Emperador romano)
Consorte Cornelia Cinna minor (84 adC68 adC)
Pompeia Sulla (68 adC63 adC)
Calpurnia Pisonis (59 adC - 44 adC)
Descendencia Julia Caesaris
Dinastía Julio-Claudia
Padre Cayo Julio César
Madre Aurelia Cotta

Cayo Julio César, en latín Gaius Iulius Caesar[1] (Roma, 13 de julio, 101 adC[2]15 de marzo, 44 adC), fue un líder militar y político de la etapa final de la República de Roma. Sus conquistas en la Galia extendieron el dominio romano hasta el Océano Atlántico: un hecho cuyas consecuencias directas son visibles todavía hoy día. En el 55 adC César se lanzó a la primera invasión de Britania por parte de los romanos.

César luchó y ganó una guerra civil contra la facción conservadora del senado romano, cuyo líder militar era Pompeyo. Después de la derrota de los optimates, se convirtió en dictador vitalicio (en el concepto romano del término) e inició una serie de reformas administrativas y económicas en Roma.

Además de sus logros políticos y militares, también destacó en oratoria y escritura. Realizó un tratado sobre astronomía, otro sobre augures y auspicios y un estudio sobre la lengua latina, que no han llegado a nuestros días. Las únicas obras de él que se conservan son sus comentarios sobre la guerra de las Galias y sobre la guerra civil.

Su dramático asesinato en los idus de marzo por un grupo de senadores, entre los cuales estaba su amigo Bruto (su hijo adoptivo), tenía la intención de salvar la República ante el temor que los conspiradores tenían de que César se convirtiera en rey. Pero su asesinato desató una nueva guerra civil entre los partidarios de César (Octavio, Marco Antonio y Lépido), y los defensores de la República (Bruto y Casio, principalmente).

Este conflicto terminó con la victoria de los partidarios de César en la doble batalla de Filipos, y el establecimiento del Segundo Triunvirato en el cual Octavio, Marco Antonio, y Lépido se repartieron el control de Roma. Sin embargo, nuevas tensiones nacieron entre Octavio y Marco Antonio que llevaron a otra guerra civil, culminando con la derrota de Marco Antonio en la batalla de Accio, dejando a Octavio como el líder indiscutido del mundo romano. Este período de guerra civil transformó la República de Roma en el Imperio romano con el sobrino-nieto de César (e hijo adoptivo) Octavio, después conocido como César Augusto, el primer Emperador.

Los hechos militares de César y gran parte de su vida son conocidos a través de su propio puño y letra y de relatos de autores como Suetonio y Plutarco.

Tabla de contenidos

[editar] Primeros años

César nació en Roma, entre el 12 y 13 de julio del año 101 adC. Creció en el seno de una antigua familia de patricios, llamada Julia. Su ascendencia, de acuerdo con la leyenda, llegaba a Iulo, hijo del príncipe troyano Eneas y nieto de la diosa Venus.[3] En el apogeo de su poder, César inició en Roma la construcción de un templo a Venus Genetrix, en reconocimiento a su supuesta antepasada. César creció en el Subura, un barrio de clase baja de Roma.

Iulius Caesar
Iulius Caesar

Su padre, cuyo nombre era también Cayo Julio César, alcanzó en el cursus honorum el rango de pretor pero no pudo ascender más en él al morir en campaña. Su madre era Aurelia de la rama de los Aurelii Cottae, una familia plebeya de rango senatorial, rica e influyente. Tácito colocó en parangón con Cornelia, la madre de los Gracos, por su inteligencia, la pureza de sus costumbres y la nobleza de su carácter. Los Julios Césares, aunque patricios, no eran ricos para los patrones de la aristocracia romana de la época y por ese motivo, ni su padre ni su abuelo obtuvieron cargos prominentes en la República. Su tía paterna Julia se casó con el talentoso general y reformador Cayo Mario, líder de la facción progresista del Senado, los Populares, frecuentemente enfrentados a los Optimates (conservadores). Al final de la vida de Mario, las disputas internas entre las dos facciones habían llegado al punto de ruptura. En 86 adC estalló una guerra civil, cuyo resultado a largo plazo fue la dictadura (en el sentido romano del término) de Lucio Cornelio Sila.

Al ser hijo único, vivió sus años de infancia en un ambiente esencialmente femenino, entre su madre y sus dos hermanas. Julia, la esposa de Mario, tuvo un papel muy positivo en la educación y orientación del joven César. Se le inculcó el temor a los dioses, el respeto a las leyes, las reglas de la decencia, la modestia y la frugalidad. A la edad de 10 años se vio confiado a un grammaticus, Marco Antonio Gnifón, galo de origen pero formado en la escuela de retóricos alejandrinos, y considerado en su tiempo como particularmente versado en las literaturas griegas y latinas. Cesar aprendió a leer y a pensar en Homero, primero en la traducción latina de Livio Andrónico y luego en el texto original. Algunos fragmentos de autores contemporáneos vinieron a añadirse a esta base de literatura, que recibían de manera más o menos uniforme los jóvenes romanos de su tiempo. También tuvo que aprender a escribir poesía y la oratoria.[4]

En el año 85 adC a la edad de 16 años, César sufre una gran pérdida: su padre muere repentinamente cuando estaba en Pisa. En el año 84 adC fue nombrado Flamen dialis (sumo sacerdote de Júpiter) por Lucio Cornelio Cinna, aliado de Mario, y en ese momento Cónsul de la República y el padre de su esposa Cornelia Cinna minor. Tanto Mario como su padre legaron muchas de sus propiedades y riquezas al joven Julio, además de formarle intelectualmente.

En ese año Cinna es masacrado por sus soldados y tras vencer a Cneo Papirio Carbón, primer cónsul y al hijo de Mario, segundo cónsul Sila entra en Roma, César estaba unido por lazos familiares al bando perdedor: no sólo era sobrino de Mario, sino que también estaba casado con Cornelia, hija de Cinna. Su situación era insegura. Sila trató de atraerlo a su partido (gracias a la política exitosa que tuvo cerca de algunos marianistas notorios) y para probarlo le ordenó divorciarse de Cornelia para demostrar su lealtad al nuevo régimen, pero para sorpresa del dictador, César se negó. El dictador se enfureció y envió sicarios a capturarlo y asesinarlo; y a la vez hizo anular su nombramiento al flaminado y confiscó toda su fortuna. A Cesar no le quedó otra salida que la huida de Roma, se ve obligado a cambiar de refugio cada noche, al no estar acostumbrado a este tipo de vida cae enfermo y en una noche es sorprendido por los polizontes de Sila y es identificado, pero se salva gracias a que paga el precio de su cabeza (dos talentos). Después de este encuentro acepta las gestiones de su familia cerca de Sila para obtener su perdón. Sus tíos Marco, Cayo y Lucio Aurelio Cotta, junto con las vírgenes vestales y el propio yerno de Sila, Mamerco Emilio Lépido Liviano, convencieron al Dictador de perdonarle la vida. Sila accedió de mala gana pero, según Suetonio, les dijo que ese joven a quien habían salvado la vida sería la perdición de la facción de los Optimates, en la que ellos habían luchado y que "en él veo muchos Marios". Cesar se dio cuenta del que el perdón de Sila pudiera significar una corta tregua y que lo jucioso seria mantenerse lo más lejos de Roma. Se marcha a Oriente para servir en la guerra contra Mitrídates VI del Ponto junto con el cónsul Minucio Termo. Durante el sitio de Mitilene César se dirigió a Bitinia a requerir la flota del rey Nicomedes IV, al parecer el Nicomedes quedó deslumbrado al ver al joven mensajero romano que incluso lo invito a descansar en su habitación y participó en un festín donde sirvió de copero a Nicomedes durante el banquete (esta aventura se supo en Roma y produjo un serio perjuicio a su reputación, pues decían que se había prostituido con un rey bárbaro). El resto de la campaña le valió una mejor reputación, en donde Minucio Termo, en la toma de Mitilene le concede la corona cívica.

Después de la muerte de Sila en el 78 adC, César regresó a Roma e inició una carrera como abogado en el Foro romano, dándose a conocer por su brillante oratoria. Su primera víctima fue Cneo Cornelio Dolabela, quien era un protegido de Sila, en el 81 es consul y después al año siguiente procónsul en Macedonia en donde dejo en mal estado los fondos de estado. Dolabela al enterarse del proceso en su contra contrata para su defensa al ilustre abogado de la época Quinto Hortensio y a al eminente Aurelio Cota, pero a pesar de esto Cesar mostró su calidad de orador pero esto no le sirvió para ganar la causa. Al año siguiente unas ciudades griegas que fueron saqueadas por Cayo Antonio Hybrida durante la campaña de Sila en Grecia, le confían la causa a él. Habló ante el pretor Marco Terencio Varrón Lúculo con mucha elocuencia y gana el juicio, pero Híbrido apela a los tribunales de la plebe y es absuelto.

Con el perfeccionismo que siempre lo caracterizó, César no estaba contento consigo mismo y viajó a Rodas para estudiar filosofía y retórica con el gramático Apolonio Molón. Pero durante el viaje, su barco fue abordado por piratas que lo raptaron. Cuando exigieron un rescate de 20 talentos de oro (un talento equivalía a 26 kilos), César los desafió a pedir 50. 38 días después, el rescate llegó y César fue liberado después de un cautiverio bastante cómodo donde hizo amistad con algunos de los secuestradores. Recuperada su libertad, organizó una fuerza naval, capturó el refugio de los piratas y ordenó su crucifixión.

En el 69 adC, Cornelia murió al dar a luz a un niño que nació muerto y poco después César perdió la tía Julia, viuda de Mario, de quien era muy cercano. Contrario a la costumbre de la época, César insistió en organizar funerales públicos para ambas. Ambos funerales sirvieron también para desafiar las leyes de Sila, pues se exhibieron en el sepelio de Julia las imágenes de Cayo Mario y del hijo que había tenido con ella y que también había luchado contra Sila, Cayo Mario el Joven, y en el sepelio de Cornelia, la imagen de su padre Cinna. Todos ellos habían sido proscritos, y las leyes del dictador prohibían mostrar sus imágenes en público, pero César no vaciló en quebrar las reglas. Eso fue muy apreciado por la opinión pública y repudiado por los Optimates.

[editar] Cursus honorum

Busto de Julio César
Busto de Julio César

César fue electo cuestor por la Asamblea del Pueblo en el 69 adC, con 30 años de edad, como estipulaba el cursus honorum romano. En el sorteo subsiguiente, le correspondió un cargo en la provincia romana de Hispania Ulterior, situada en lo que es hoy día Portugal y el sur de España. Según cuenta una leyenda local, en el Herakleión de la ciudad de Gades (Cádiz), situado en lo que actualmente es el Islote de Sancti Petri, Julio Cesar tuvo un sueño que le predecía el dominio del mundo después de haber llorado ante el busto de Alejandro Magno por haber cumplido su edad sin haber alcanzado un éxito importante. Allí, como cuestor, conoce a Lucio Cornelio Balbo "El Mayor" el cual, posteriormente, se convirtió en consejero y amigo del futuro dictador y propretor de la Hispania Ulterior en el año 61, proporcionando Gades un gran apoyo a la flota romana en su campaña de Lusitania, donde Balbo ya era praefectus fabrum u oficial de la plana mayor de César.

A su regreso a Roma, César prosiguió su carrera como abogado hasta ser electo Edil en el 65 adC, el primer cargo del cursus honorum que tenía imperium. Las funciones de un edil pueden ser equiparadas a las de un moderno Presidente de una Junta Municipal e incluían la regulación de las construcciones, del tránsito, del comercio y otros aspectos de la vida diaria. Pero el cargo podía ser también un regalo envenenado, pues incluía la organización de los juegos en el Circus maximus lo que debido a lo limitado del presupuesto público, exigía la utilización de fondos personales del edil. Esto era especialmente verdad en el caso de César, que pretendía realizar juegos memorables para impulsar su carrera política. Y de hecho aplicó todo su ingenio para conseguirlo, llegando a desviar el curso del Tíber para una representación en el circo, pero acabó el año con deudas del orden de varios cientos de talentos de oro.

Sin embargo, el éxito como edil fue una ayuda importante en su elección para Pontifex Maximus en el año 63 adC, después de la muerte de Quinto Cecilio Metelo Pío. El día de su elección había sospechas de un atentado contra el, lo que obligó a Julio César a decir a su madre: Madre, hoy verás a tu hijo muerto en el foro o vistiendo la toga del sumo pontífice. El cargo implicaba una casa nueva en el Foro, la Domus Publica, la responsabilidad de toda la vida religiosa de Roma y custodia de las vírgenes vestales. Para la vida personal de César, también significaba el alivio del fin de las deudas.

Su estreno como pontifex maximus fue marcado por un escándalo. Después de la muerte de Cornelia Cinna, César se casó con Pompeya Sila (hija de Cornelia Sila y Quinto Pompeyo Rufo), nieta de Sila. Como esposa del pontifex maximus y una de las matronas más importantes de Roma, Pompeya era responsable de la organización de los ritos de la Bona Dea en diciembre, exclusivo a las mujeres consideradas sagradas. Pero durante las celebraciones, Publio Clodio Pulcro (un joven líder demagogo, considerado peligroso) consiguió entrar en la casa disfrazado de mujer. En respuesta a este sacrilegio, del cual ella probablemente no era culpable, Pompeya recibió una orden de divorcio. Cesar admitió en público que él no la consideraba responsable, pero justificó su acción con la célebre máxima: La mujer de César tiene que estar por encima de toda sospecha.

En el 63 adC César fue electo pretor y Marco Tulio Cicerón cónsul. Fue un año particularmente difícil no sólo para César, sino también para Roma. Durante su consulado, Cicerón reveló una conspiración para destronar a los magistrados electos, liderada por Lucio Sergio Catilina, un patricio frustrado por su falta de éxito político. El resultado fue una ejecución sin juicio de cinco prominentes romanos aliados de Catilina. Esto era un anatema para la sociedad romana, que raramente ejecutaba sus ciudadanos y cuando se hacía era sólo después de complejos procesos judiciales. César se opuso a esta medida usando para esos fines su mejor oratoria, pero fue vencido por la insistencia de Marco Porcio Catón el Joven y los 5 hombres fueron ejecutados ese mismo día. Fue también en esta dramática reunión del Senado que el romance de César con Servilia Cepionis, hermana de Marco Porcio Catón, salió a la luz. Los opositores políticos de César lo acusaron de formar parte de la conspiración de Lucio Sergio Catilina, lo que nunca fue probado ni perjudicó su carrera. Después de su complicado año como pretor, César fue nombrado gobernador de Hispania Ulterior.

[editar] El primer triunvirato y las guerras en la Galia

Artículo principal: Guerra de las Galias
Artículo principal: Primer Triunvirato
Campañas de Julio César en la Galia
Campañas de Julio César en la Galia

En el 59 adC César fue electo cónsul. Como segundo cónsul fue electo su enemigo político, Marco Calpurnio Bibulo, miembro de la facción conservadora y amigo de Catón el Joven. El primer acto de Bíbulo como cónsul fue retirarse de toda la vida política con el pretexto de dedicarse a la observación de los cielos en busca de presagios. Esta decisión, aparentemente de espíritu religioso, estaba destinada a impedir a César aprobar leyes durante su consulado, pero éste encontró aliados donde menos se esperaba.

En ese mismo año, Pompeyo se encontraba en disputa abierta con el Senado por causa del derecho de sus veteranos a tierras de cultivo. Al mismo tiempo, el antiguo cónsul Marco Licinio Craso, alegadamente el hombre más rico de Roma, se encontraba también en dificultades para obtener el tan deseado comando en la guerra contra el Imperio parto. César precisaba del dinero de Craso y de la influencia y popularidad de Pompeyo y así se formó una alianza informal. Los historiadores designan esta unión como el primer triunvirato, o el gobierno de los tres hombres. Para confirmar la alianza, Pompeyo se casó con Julia Caesaris, la única hija de César, y a pesar de la diferencia de edades y ambiente social el matrimonio fue un éxito.

Tras un año difícil como cónsul, César recibió poderes proconsulares para gobernar las provincias de Galia Cisalpina (actualmente al sur de Francia) e Iliria (la costa de Dalmacia) por cinco años. Una gobernación pacífica no se adecuaba bien a su personalidad y César inició las Guerra de las Galias (58 adC - 49 adC), donde conquistó la Galia (el resto de la actual Francia), parte de Germania e hizo una breve visita a las islas británicas. Entre sus legados se contaban, entre otros, los primos Lucio Julio César y Marco Antonio, Titus Labienus (Tito Labieno) y Quintus Tullius Cicero (Quinto Tulio Cicerón) (hermano más joven de Cicerón), todos hombres que habrían de ser personajes importantes en los años siguientes.

En materia de generalato, Julio César fue el maestro supremo de la guerra relámpago, a la que se conoció como celeritas caesaris, o «rapidez cesariana».

César derrotó pueblos como los helvéticos en 58 adC, la confederación belga y los nervios en 57 adC y los vénetos en 56 adC. Finalmente, en 52 adC, César venció a una confederación de tribus gálicas lideradas por Vercingetórix en la batalla de Alesia. Sus crónicas personales de la campaña están registradas en sus Comentarios (De Bello Gallico).

De acuerdo con Plutarco, la campaña resultó en 800 ciudades capituladas (como la de Avarico, la cual de los 40.000 defensores, solo quedaron 800), 300 tribus sometidas, un millón de galos reducidos a la esclavitud y otros tres millones muertos en los campos de batalla.

Era habitual sorprender al enemigo cuando, después de varios días de marcha hacía que sus soldados se enfrentasen directamente al adversario, pese a que éste consideraba que el cansancio invalidaría el empuje de sus legiones. Igualmente brillante en los asedios de ciudades, como en la conquista de las mismas, destacó en sus estrategia a campo abierto. Frente a Cneo Pompeyo Magno en la Batalla de Farsalia o frente a los últimos reductos republicanos (Quinto Cecilio Metelo Escipión y Marco Porcio Catón en la Batalla de Munda, César venció a lo largo de su carrera militar siempre en inferioridad numérica frente a sus enemigos. La triple aciex, o formación legionaria en tres líneas de ataque para el refresco de los soldados, fue empleada de manera insuperable por César con pequeños reductos de soldados en la retaguardia, a modo de refresco, así como con la reserva de caballería a los lados para lanzar coberturas envolventes.

Vercingetorix se rinde a César.
Vercingetorix se rinde a César.

En Alesia jugó su más brillante baza defensiva-ofensiva. César ordenó construir una doble línea de fortificaciones de varios kilómetros de diámetro para blindarse frente a los casi trescientos mil galos que procedían a ayudar a los ochenta mil asediados soldados de Vercingetórix a los que César tenía acosados dentro de la plaza. César, con menos de cincuenta mil efectivos correspondientes a diez legiones nunca completas tras ocho años de guerras en las Galias, venció a unos y a otros en la misma batalla en la que se decidió el destino de los galos.

Pero a pesar de sus éxitos y de los beneficios que la conquista de Galia llevó a Roma, César continuaba siendo impopular entre sus pares, en particular frente a los conservadores que temían su ambición. En el 55 adC, sus aliados Cneo Pompeyo Magno y Marco Licinio Craso fueron electos cónsules y honraron el acuerdo establecido con César al prolongar el proconsulado por cinco años adicionales. Éste fue el último acto del Primer Triunvirato.

Al año siguiente, Julia Caesaris murió durante un parto, dejando al padre y al marido muy apenados. Marco Licinio Craso, por su parte, murió en el 53 adC (en la Batalla de Carrhae, frente a los partos) durante la desastrosa campaña de Persia, condenada al fracaso desde el inicio por pésima planificación. Sin Craso y Julia, Pompeyo se aproximó a la facción conservadora. Todavía en la Galia, César trató de asegurarse la alianza con Cneo Pompeyo Magno proponiéndole matrimonio con una de sus sobrinas, pero éste prefirió casarse de nuevo con Cornelia Metella, hija de Quinto Cecilio Metelo Escipión, uno de los peores enemigos de César.

[editar] Guerra civil

Pompeyo el Grande. Louvre, París.
Pompeyo el Grande. Louvre, París.

El Senado liderado por Pompeyo había, en principio, enviado a César una sola proposición: mandar una de sus escasas legiones a oriente para vengar a Marco Licinio Craso y devolver otra a Pompeyo que se la había prestado para las operaciones en la Galia. Pero cuando el senado le contestó definitivamente impidiéndole concurrir al consulado y poniéndole el dilema: o dispersar el Ejército, o ser declarado enemigo público, comprendió que, de escoger la primera alternativa, se entregaba inerme en manos de un Estado que quería su pellejo. Presentó otra proposición al senado: licenciaría ocho de sus diez legiones si se le prolongaba la gobernación de la Galia hasta el 48. Cesar reunió a una de sus legiones, la decimotercera, y les explicó la situación preguntándoles si estaban dispuestos a enfrentarse a Roma, a su patria, en una guerra que les calificaría de traidores en caso de perderla. Los legionarios no sólo respondieron que sí unánimemente, sino que cuando les advirtió que no tenía dinero para pagarles la soldada estos respondieron entregando sus ahorros a las cajas de la legión. El 10 de enero del 49 adC «echó el dado» («Alea iacta est»), como él mismo dijo al cruzar el Rubicón con aquella legión de seis mil soldados dispuestos a luchar contra los sesenta mil de Cneo Pompeyo Magno. Era el primer acto de guerra civil que habría de poner fin al normal funcionamiento de las instituciones políticas de la República.

Los Optimates, incluidos Quinto Cecilio Metelo Escipión y Marco Porcio Catón, huyeron hacia el sur, sin saber que César estaba acompañado apenas por su decimotercera legión.

César y Cleopatra.
César y Cleopatra.

César persiguió a Pompeyo hasta el puerto de Brundisium en el sur de Italia, con la esperanza de poder rehacer su alianza, pero éste huyó hacia Grecia con sus seguidores. Entonces, César se dirigió a Hispania en una marcha forzada de apenas 27 días, para derrotar a los seguidores de Pompeyo en esa poderosa provincia. Sólo cuando consideró segura la retaguardia, y después de organizar las instituciones políticas en Roma, que caía en la anarquía, César se dirige a Grecia. El 10 de julio de 48 adC, César fue derrotado en la Batalla de Dirraquium. Sin embargo, Pompeyo no supo hacer uso de esta victoria para acabar con César, y éste conseguiría huir para luchar en otro momento con casi todo su ejército. El encuentro final se dio poco tiempo después, el 9 de agosto, en la Batalla de Farsalia. César obtuvo una victoria aplastante, sin embargo, sus enemigos políticos consiguieron huir: Cneo Pompeyo Magno para Egipto, Quinto Cecilio Metelo Escipión y Marco Porcio Catón para el norte de África. De regreso a Roma, fue nombrado dictador romano (un concepto diferente del actual), con Marco Antonio como Magister equestris, y fue, junto a Publio Servilio Vatia Isaúrico como colega junior, electo cónsul por segunda vez.

En 47 adC, César se dirigió a Egipto en busca de Pompeyo, lo sorprendió el hecho de que el viejo aliado y enemigo había sido asesinado el año anterior. Al saber de su suerte, César quedó destrozado por la pérdida y por haber perdido la oportunidad de ofrecerle su perdón. Tal vez debido a esto, César decidió intervenir en la política egipcia y substituyó al rey Ptolomeo XIII de Egipto, que ya tenía la dignidad de faraón, por su hermana Cleopatra. Durante su estancia, quemó sus naves para evitar que los egipcios hicieran un mal uso de ellas, lo que provocó el incendió y posterior destrucción de la Biblioteca de Alejandría. César tuvo un romance con la reina de Egipto y de la relación nació su único hijo, el futuro Ptolomeo XIV de Egipto (Cesarión), que sería el último faraón de Egipto.

Después de las campañas de Egipto, César se dirigió al Oriente Medio, donde derrotó al rey Farnaces de Bósforo en la Batalla de Zela, en la cual pronunció la famosa frase de Veni, vidi, vici («Vine, vi, vencí»), por lo fácil de su victoria. y después para el norte de África para atacar a los líderes de la facción conservadora allí atrincherados. En la batalla de Tapso en 46 adC, César tuvo una victoria más y vio desaparecer dos de sus peores enemigos, Quinto Cecilio Metelo Escipión y Marco Porcio Catón. Pero los hijos de Pompeyo, Cneo y Sexto Pompeyo Fastulos, así como su antiguo comandante de caballería Tito Labieno, consiguieron huir para Hispania. César no dudó en perseguirlos y en marzo de 45 adC derrotó el último foco de oposición en la Batalla de Munda.

[editar] La dictadura

Gaius Iulius Caesar.
Gaius Iulius Caesar.

Terminada la Segunda Guerra Civil de la República de Roma, gozó cuatro veces de los honores del triunfo, después de la victoria sobre Quinto Cecilio Metelo Escipión, con algunos días de intervalo, y la cuarta después de la derrota de los hijos de Pompeyo. El primer triunfo fue el de Alejandría, después el de El Ponto, África, y en último lugar el de Hispania, siempre con aparato y fausto diferentes. Es de destacar que cuando festejó la victoria sobre El Ponto, veíase entre los demás ornamentos triunfales un cartel con las palabras veni, vidi, vici (vine, vi y vencí), que no expresaba como las demás inscripciones los acontecimientos de la guerra, sino su rapidez.[5]

A cada infante de las legiones de veteranos les dio, además de los 2 000 sestercios que les había dado al principio de la Guerra Civil, a título de botín, 24 000 sestercios, asignándoles también terrenos, aunque no cercanos, para no despojar a los propietarios. Distribuyó al pueblo diez modios de trigo por cabeza y otras tantas libras de aceite con 300 sestercios, en cumplimiento de una antigua promesa que le había hecho, a los cuales agregó 100 más por la demora. Rebajó el alquiler de las casas: en Roma hasta la suma de 2 000 sestercios, en le resto de Italia hasta quinientos. Ademas añadió la distribución de carnes, y después del triunfo sobre Hispania dos festines públicos, y no considerando el primero bastante digno de sus magnificencias, el que ofreció cinco días después fue superabundante.[6]

Dio también espectáculos de varios tipos:

  • combates de gladiadores.
  • comedias en todos los barrios de la ciudad, desempeñandolas actores de todas las naciones y todos los idiomas.
  • juegos en el circo, atletas y una naumaquia.

En el Foro combatieron entre los gladiadores, Furio Leptino, de la familia pretoria, y Q. Calpeno, que había formado parte del Senado y defendido causas delante del pueblo. Los hijos de muchas príncipes de Asia y de Bitinia bailaron la pírrica. El caballero romano Decimo Liberio representó en los juegos un mimo de su composición, recibiendo quinientos sestercios y un anillo de oro y pasó después desde la escena por la orquesta a sentarse entre los caballeros. En el Circo se ensanchó la arena por ambos lados; abrieron alrededor un foso, que llenaron de agua, y jóvenes nobilísimos corrieron en aquel recinto cuadrigas y brigas, o saltaron en caballos adiestrados al efecto. Niños divididos en dos bandos, según la diferencia de edad, ejecutaron los juegos llamados troyanos. Se dieron 5 días a combates de fieras, y finalmente se dio una batalla entre dos ejércitos, cada uno comprendía 500 infantes, 30 jinetes y 20 elefantes. Con objeto de dejar a las tropas mayor espacio, habían quitado las barreras del circo, formando a cada extremo un campamento.[7]

Durante 3 días lucharon atletas en un estadio construido expresamente en las inmediaciones del Campo de Marte. Se hizo un lago en la Codeta menor (un lugar del otro lado del Tíber) y allí trabaron combate naval: birrimes, trirremes, cuatrirremes, figurando dos flotas, una tiria y otra egipcia, cargadas de soldados. El anuncio de estos espectáculos había atraído a Roma a una gran cantidad de forasteros, cuya mayor parte durmió en tiendas de campaña, en las calles y las plazas, y muchas personas, entre ellas dos senadores, fueron aplastadas o asfixiadas por la multitud.[7]

Cesar después de esto se dedicó a organizar la República:

  • Corrigió el calendario: En el que había tal desorden por culpa de los pontífices y por abuso, antiguo ya, de las intercalaciones, que las fiestas de la recolección no caían ya en estío, ni las vendimias en otoño, Ajustó el año al curso del sol, y lo compuso de 365 días, suprimiendo el mes intercalario y aumentando un día cada cuatro años. Para que este nuevo orden de cosas pudiera comenzar en las calendas de enero del año siguiente, añadió dos meses, entre noviembre y diciembre, teniendo por consiguiente este año quince meses, contando el antiguo intercalario que ocurría en él.[7]
  • Completó el Senado, creó nuevos patricios, aumentó el número de pretores, de ediles, de cuestores y de magistrados inferiores; rehabilitó a los que los censores habían despojado de su dignidad o condenado los jueces por cohecho. Compartió con el pueblo el derecho de elección de magistrados; de suerte que, exceptuando sus competidores al consulado, los demás candidatos los designaban por mitades, el pueblo y él. Los suyos los designaba en tablillas que mandaban a todas las tribus conteniendo esta breve inscripción: "Cesar dictador, a tal tribu. Os recomiendo a tal y cual para que obtengan su dignidad por vuestro sufragio". Admitió a los honores a los hijos de los proscritos.[7]
  • Estableció la contratación a extranjeros en las legiones y crea el cargo de Imperator, que sería el comandante del ejército.
  • Inició la reconstrucción de Cartago y Corinto y creó en Roma la primera biblioteca pública.
  • Restringió el poder judicial a dos clases de jueces, a los senadores y a los caballeros, y suprimió los tribunos del Tesoro (tribuno aurearii), que formaban la tercera jurisdicción.
  • Hizo el censo del pueblo, no de la manera acostumbrada, ni en el paraje ordinario, sino por barrios y según padrones de los propietarios de las casas: redujo el números de aquellos a quienes suministraba trigo el Estado, de 320 000 a 150 000; y para la formación de estas listas no pudiese ser en lo venidero causa de nuevos disturbios, decretó que el pretor pudiese reemplazar a los que fallecieran, por medio del sorteo, con los que no estaban inscritos.
  • Distribuyó a 80 000 ciudadanos en las colonias de ultramar, y para que no quedase exhausta la población en Roma, decretó que ningún ciudadano mayor de 20 años y menor de 60 años, que no estuviese obligado por un cargo publico, permaneciese más de 3 años fuera de Italia; que ningún hijo de senador emprendiese viajes lejanos, si no era en compañía o bajo el patronato de algún magistrado; y en fin, que los que criaban ganado tuviesen entre sus pastores, por lo menos, la tercera parte de hombres libres en edad de pubertad.[7]
  • Concedió el derecho de ciudadanía a cuantos practicaban medicina en Roma o cultivaban las artes literarias, debiendo este favor fijarlos en la ciudad y atraer a otros.
César fue el primer hombre vivo en aparecer en una moneda romana Republicana.
César fue el primer hombre vivo en aparecer en una moneda romana Republicana.
  • En cuanto a las deudas, en vez de conceder la abolición, con afán esperada y reclamada sin cesar, decretó que los deudores pagarían según la estimación de sus propiedades y conforme al precio de estos bienes antes de la guerra civil, y que se deduciría del capital todo lo que se hubiese pagado en dinero o en promesas escritas a titulo de usura, con cuya disposición desaparecería cerca de la cuarta parte de las deudas.[7]
  • Disolvió todas las asociaciones, exceptuando aquellas que tenían origen en los primeros tiempos de Roma.
  • Aumentó la penalidad en cuanto a los crimines, y como los ricos los cometían sin perder nada de su caudal, decreto contra los parricidas la confiscación completa y contra los criminales la de la mitad de sus bienes.
  • Privó del orden senatorio a los convictos de concusión.
  • Declaró nulo el matrimonio de un antiguo pretor que se había casado con una mujer al segundo día de separada de su marido, aunque no se la sospecha de adulterio.
  • Estableció impuestos sobre las mercancías extranjeras. Mandaba a los mercados guardias que secuestraban los artículos prohibidos y los llevaban a su casa, yendo algunas veces lictores y soldados a recoger en los comedores lo que había escapado a la vigilancia de los guardias.
  • Prohibió el uso de literas, de la púrpura y las perlas, exceptuando a ciertas personas, ciertas edades y en determinados días.

A Cayo Julio César no le bastó solo con esto y entre sus proyectos estaba:

  • La construcción de un templo a Marte, mayor que cualquier otro del mundo, rellenando hasta le nivel del suelo el lago en que dio la naumaquia.
  • La construcción de un teatro gigantesco al pie del Monte Tarpeyo.
  • Quería reducir a justa proporción todo el derecho civil, y encerrar en poquísimos libros lo mejor y más indispensable del inmenso y difuso número leyes existentes.
  • Quería formar bibliotecas publicas griegas y latinas, lo más numerosas posible, y encargó a M. Varrón el cuidado de adquirir y clasificar los libros.
  • Proponíase secar las lagunas Pontinas, abrir salida a las aguas del lago Fucino, construir un camino desde el mar Adriático hasta el Tíber, a través de los Apeninos, abrir el istmo de Corinto.
  • Reprimir a los dacios, que se habían extendido por El Ponto y la Tracia; enseguida llevar la guerra al Imperio Parto, pasando por Armenia Menor, y no combatirlos en batalla campal hasta haberles medido sus fuerzas.

[editar] La marcha hacia el trono

Gaius Julius Caesar, Museo de Historia del Arte, Viena, Austria.
Gaius Julius Caesar, Museo de Historia del Arte, Viena, Austria.

César, después de vencer tras el ultimo intento de los pompeyanos (dirigido por Cneo Pompeyo, hijo de Pompeyo Magno) se muestra desconfiado, pensando un inminente intento de asesinato. Muestra de ello es que en diciembre del año 45 adC en vísperas de las Saturnales, huyendo del tumulto de estas fiestas populares fue a pasar unos días con el suegro de Cayo Octavio (su sobrino nieto), en la residencia que este poseía cerca de Puteoli. Lo acompañaba una escolta de 2.000 hombres de su guardia personal, lo que demuestra que mantenía las sospechas que había dejado entrever en su discurso al Senado y seguía creyendo que su vida estaba amenazada.

Cicerón, cuya villa colindaba con la de Lucio Marcio Filipo, había pedido a César que le hiciera el honor de cenar con él. El dictador aceptó. De ahí, la celebre carta de Marco Tulio Cicerón a Tito Pomponio Ático que podía titularse: César de vacaciones. César llegó a la villa de Marco Tulio Cicerón acompañado de toda la guardia: así, ni la apacible residencia del viejo jurista le inspiraba la más mínima confianza. Éste palideció al ver penetrar en su casa dos mil soldados. El comandante de la escolta hizo acampar a sus tropas en el jardín, y los esclavos y libertos fueron conducidos a las habitaciones de los criados. Tres salones especiales recibieron al séquito de Cesar. La cena fue un gran éxito. "Como él [César] se había purgado", precisa Marco Tulio Cicerón, "bebió y comió con tanto apetito como energía". César se mostró conversador brillante e ingenioso. "por otra parte", añade su anfitrión, "ni una palabra de asuntos serios. Conversación enteramente literaria". Al día siguiente, 20 de diciembre, partió a Roma.[8]

El Senado había aprovechado la ausencia de César para votar en bloque conjunto de los decretos relativos a los honores que le eran conferidos. "Así", explica Dión Casio, "esta labor no debía parecer el resultado de una coacción, sino la expresión de su libre voluntad". Cuando César estaba ya de regreso en Roma, antes de colocarlos a los pies de Júpiter Capitolino los senadores decidieron presentárselos personalmente. De este modo, se subrayaba aún más la importancia del homenaje que el Senado le rendía. César estaba en el vestíbulo del templo de Venus, ocupado en discutir los planos de los trabajos que los arquitectos y artistas habían venido a someterle. Cuando se le anuncio que el Senado in corpere había venido a verlo precedido de los magistrados en ejercicio y de una multitud de ciudadanos de diversos rangos, hizo como que no le daba importancia alguna y continuó, sin interrumpirla, la conversación con sus colaboradores.[9]

Uno de los senadores se adelanta para pronunciar un discurso apropiado a las circunstancias. Entonces César se vuelve negligentemente hacia él y se prepara a escucharlo, sin dignarse siquiera a levantarse de su asiento. Así es como él intentaba hacer pagar la afrenta que le infligió el tribuno Aquila tres meses antes. Así mismo, su respuesta tiene el sello de perfecta insolencia: En vez de alargar la lista de honores a el acordados se debió más bien reducir... Pero no obstante los acepta. Esta actitud produjo una tremenda indignación entre los miembros del Senado y en la multitud que asistió a esta solemnidad. César no se limitó a aceptar con altanera condescendencia las distinciones honoríficas de las cuales lo había colado el Senado. Al mismo tiempo supo apoderarse de múltiples prerrogativas de un carácter más realista que le permitieron reunir en sus manos la totalidad del poder gubernamental. Exigió y obtuvo que todos sus actos fuesen ratificados por el Senado, y los funcionarios públicos fueron obligados a prestar juramento, desde la entrada en función, de no oponerse jamas a medida alguna emanada de él.El Senado no es ya más que una asamblea consultiva que aprueba resoluciones que el dictador puede pasar por alto, sin siquiera dar una explicación para ello. En lo sucesivo es César quien tendrá el derecho exclusivo de disponer de las finanzas del estado, es quien prepara la lista de los candidatos al consulado, y se hizo atribuir los privilegios de los tribunos de la plebe.[10]

Así, de hecho, ya posee todos los poderes de monarca. No le falta más que el título. A este respecto, empieza una propaganda insinuante emprendida por sus agentes para preparar a la opinión publica, que era muy hostil a la idea de volver a la monarquía. Sus enemigos esperan poder arruinarlo más fácilmente explotando su ambición y se organizan para actuar. Como resultado, seguirá una guerra solapada pero implacable.

Julius Caesar, por Nicolas Coustou.
Julius Caesar, por Nicolas Coustou.

Ésta comienza cuando la estatua de oro que acababa de ser erigida a César en la rostra, fuera coronada con una diadema portando una cintilla blanca (emblema de la realeza). Se trataba de una primera tentativa, todavía muy discreta, de sondear el terreno y simular un deseo popular en favor de la coronación de César como rey. Dos tribunos del pueblo ordenan arrancar la diadema y lanzarla lejos, hecho esto simulan erigirse en defensores de la reputación cívica de Cesar. En los últimos días de enero tenían lugar en el Monte Albano, en las cercanías de Roma, las tradicionales fiestas latinas. César estaba llamado a asistir como Pontífice Máximo y como dictador. Optó por esta ultima calidad, lo cual le permite, usando el privilegio que le habían acordado el Senado, figurar en estas ceremonias vistiendo la toga real de purpura y calzando las altas botas rojas de los reyes de antaño. A a conclusión de las fiestas, César hizo su entrada en Roma a caballo, parecido a un monarca de otra época. En medio de la multitud que lo esperaba, se habían apostado numerosos satélites debidamente aleccionados, y desde que se vio aparecer resonaron aclamaciones, escuchandoce voces que lo saludaban con el titulo de rey. Inmediatamente el partido opuesto interviene y se escuchan exclamaciones de protesta, César salva la situación respondiendo con amable modestia: "Mi nombre es César y no Rex", lo cual, en rigor, podría interpretarse que él solo veía en los saludos de que era objeto una alusión a su parentesco con la gens Marcci Reges, a la que pertenecía su madre.[11]

Un tercer experimento, cuya amplitud superaba a los precedentes y que en el ánimo de sus autores debía resultar decisivo, estaba previsto para el 15 de febrero, día de las fiestas Lupercales. Para asistir a ella César uso el mismo ropaje real que había usado en las fiesta latinas. Ocupó un sitial de oro en medio de la tribuna de las arengas delante del cual debía pasar la procesión conducida por Marco Antonio. Junto al dictador se situó, el cuerpo de magistrados en ejercicio: su jefe de caballería Marco Emilio Lépido, los pretores, los ediles, ect. Mientras defilaba delante de la tribuna el colegio de sacerdotes Julianos, uno de ellos, Licinio, aparece a nivel del estrado y deposita a los pies de César una corona de laurel entrelazada con la cintilla de la diadema real. Como si esperasen esa señal estallan los aplausos. Entonces Licinio sube a la tribuna y pone la corona sobre la cabeza de Cesar, este hace un gesto de protesta y se dirige a Lepido para que lo ayudara. El jefe de caballería se hace el sordo. Durante unos instantes la cintilla real flota por encima de la cabeza del dictador. De golpe Cayo Casio Longino, se adelanta y con un ademan brusco quita la corona de la cabeza de César y la pone sobre sus rodillas. A César no le queda más remedio que rechazarla. En un ultimo minuto, Marco Antonio trata de componer las cosas. Escala la rostra, se apodera de la corona y la coloca de nuevo sobre la cabeza de su jefe. Este visiblemente nervioso, se da cuenta que el empeño es desacertado, y quitándose esta vez el mismo la corona la arroja lejos de sí. Esto valió los aplausos de la multitud, pero los espectadores de la primera fila - escogidos muy bien - le piden que acepte la ofrenda del pueblo. Marco Antonio aprovecha esto para recoger el emblema trata de ceñirselo de nuevo a César. Se escuchan gritos de ¡Salud, oh rey! Pero con ellos se mezclan protestas indignadas. Como siempre, César logra salir del apuro con elegancia: ordena llevar la corona al templo de Júpiter "donde sera mejor colocada", y ordena al redactor de los actos públicos que haga contar allí que "habiéndole ofrecido el pueblo la realeza de manos del cónsul, el la había rechazado".[12]

Decididamente las manifestaciones publicas no producían ningún resultado. Se recurrió a los libros sibilinos que , habiendo sido consumidos por las llamas en tiempos de Lucio Cornelio Sila, fueron reemplazados desde entonces por imitaciones fraudulentas. Los quindecenviros encargados de la custodia de dichos libros anunciaron que ciertos pasaje de los mismos dejaban entender que los ejércitos romanos no podían obtener la victoria sobre los partas en la guerra que iba a comenzar de un momento a otro, sino cuando estuviesen mandados por u rey. Prontamente circuló en Roma el rumor que en la próxima sesión del Senado, que debía tener lugar el 15 de marzo, el quindecenviro L. Aurelio Cota, tío del dictador, tomaría la palabra para proponer que fuese conferido el titulo de rey a su sobrino.[13]

[editar] La conspiración

Muerte de César, de Carl Theodor von Piloty.
Muerte de César, de Carl Theodor von Piloty.

Cayo Casio Longino ante la tentativa de coronación que tuvo lugar, y al enterarse de lo que se preparaba para el 15 de marzo en el Senado, decidió pasar resueltamente a la acción. Se dirige a algunos hombres de los cuales cree estar seguro y que a su juicio comparten su idea de darle muerte al dictador para librar a Roma del destino que le esperaba, un nuevo imperio cosmopolita, dirigido desde Alejandría.

Inmediatamente salta a la vista que Cayo Casio Longino no es el hombre capaz para dirigir este tipo de acción y se recomienda que dirija a Marco Junio Bruto como el personaje indicado para este papel. Ambos están de acuerdo en que la libertad de la República esta en juego pero no tienen los mismo puntos de vistas de como actuar; Marco Junio Bruto no piensa asistir al Senado el día 15, o sea pasiva protesta (la abstención) pero Cayo Casio Longino le replica que como ambos son pretores, pueden obligarlos a asistir. Entonces responde Marco Junio Bruto: "mi deber será, no callarme, sino el oponerme al proyecto ley, y morir antes de ver expirar la libertad". Cayo Casio Longino rechaza de lleno esta solución, no es dandose muerte como se va a salvar la república, él lo exhorta a la lucha, a la acción. Su elocuencia inflada termina por convencer a Marco Junio Bruto.[14]

El nombre de Marco Junio Bruto atrae varias adhesiones valiosas, entre otras la de Décimo Junio Bruto Albino, un familiar del dictador, en quien éste tenía entera confianza. En total, el numero de los conjurados parecer haber sido de unos sesenta, de los cuales 23 se encargaron de la ejecución material. Durante las reuniones preliminares se elaboró un plan de acción. Se decidió por unanimidad, atentar contra Cesar en pleno Senado. De este modo, se esperaba que su muerte no pareciera una emboscada, sino un acto para la salvación de la patria, y que los senadores, testigos del asesinato, inmediatamente se declararían su solidarios.

[editar] Asesinato

Muerte de Julio César, obra de Vincenzo Camuccini, 1798.
Muerte de Julio César, obra de Vincenzo Camuccini, 1798.

En febrero, en las fiestas de Lupercalia en honor a Baco, Marco Antonio le ofreció una diadema, símbolo de un rey, a César, el cual la rechazó con vehemencia, depositándola ante el templo de Júpiter. No obstante, ese episodio le valió la desconfianza de sus pares, que comenzaron a temer su ambición.

Poco después, César fue asesinado en una reunión del Senado, en los Idus de Marzo (15 de marzo) del 44 adC, por un grupo de senadores que alegaban actuar en defensa de la República. Entre ellos estaban sus antiguos protegidos Marco Junio Bruto y Cayo Longino Casio. Tras recibir 23 puñaladas, César cayó a los pies de una estatua de Cneo Pompeyo Magno y sus últimas palabras son descritas en varias versiones:

  • Καὶ σὺ τέκνον. Kai sy, teknon? (Griego, ‘¿tú también, mi hijo?’). Suetonio.
  • Tu quoque, Brute, filii mei! (Latín, ‘¡Tú también, Bruto, mi hijo!’)
  • Et tu, Brute? (Latín, ‘¿Tú también, Bruto?’, versión inmortalizada en la pieza de Shakespeare).

Marco Antonio recogió el cuerpo de Cayo Julio César y lo mostró al pueblo, que quedo conmocionado por la visión del cadáver. Poco después los soldados de su decimotercera legión trajeron antorchas para prender el cuerpo de su querido líder. Luego los habitantes de Roma echaron al fuego todo lo que tenían en mano para avivar más el fuego. No obstante, existen historiadores que rechazan tan "honesta" actuación de Marco Antonio, afirmando que en realidad éste conocía la conjuración y no hizo nada por ayudar a César, esperando ser nombrado su sucesor. De esta manera, el cuerpo de César no habría sido recogido por Marco Antonio sino por su primo Lucio César el Viejo, y el testamento leído por Lucio Calpurnio Pisón, padre de su esposa y testaferro. La actuación de Marco Antonio habría sido mucho más individualista, tratando de ganar partidarios para enfrentarse a Cayo Octavio, ya legítimo heredero de Cayo Julio César.

La leyenda cuenta que Calpurnia Pisonis, la mujer de César, después de haber soñado con un presagio terrible, advirtió a César de que tuviera cuidado, pero César ignoró su advertencia diciendo: Sólo se debe temer al miedo. En otras se cuenta cómo un vidente ciego le había prevenido contra los Idus de Marzo; llegado el día, César le recordó divertido en las escaleras del Senado que aún seguía vivo, a lo que el ciego respondió que los idus no habían acabado aún.

En el lugar de su cremación se construyó un altar que serviría de epicentro para un templo a él dedicado.

Después de la muerte de César, estalló una lucha por el poder entre su sobrino-nieto César Augusto, a quién adoptó en su testamento, y Marco Antonio, que culminaría con la caída de la República y el nacimiento del Imperio romano.

[editar] César como historiador y escritor

La obra escrita que llega hasta nuestros días coloca a César entre los grandes maestros de la lengua latina. Sus trabajos incluyen:

Estas narraciones, aparentemente simples y directas, son en realidad sofisticadas maniobras de propaganda política dirigidas a la clase media de Roma.

En materia de generalato, Julio César fue el maestro supremo de la guerra relámpago, a la que se conoció como "celeritas caesaris" o la rapidez cesariana.

Era habitual sorprender al enemigo cuando, después de varios días de marcha hacía que sus soldados se enfrentasen directamente al adversario, pese a que éste consideraba que el cansancio invalidaría el empuje de sus legiones. Igualmente brillante en los asedios de ciudades, como en la conquista de las mismas, destacó en sus estrategia a campo abierto. Frente a Pompeyo en Farsalia o frente a los últimos reductos republicanos en Munda, César venció a lo largo de su carrera militar siempre en inferioridad numérica frente a sus enemigos. La triple acies, o formación legionaria en tres líneas de ataque para el refresco de los soldados, fue empleada de manera insuperable por César con pequeños reductos de soldados en la retaguardia, a modo de refresco, así como con la reserva de caballería a los lados para lanzar coberturas envolventes.

[editar] Descendencia y matrimonios

[editar] Cronología

  • 13 de julio 100 adC – Nace en Roma
  • 82 adC – Escapa de las persecuciones de Sila
  • 81/79 adC – Servicio militar en Asia y Cilicia
  • Años 70 adC – Carrera como abogado
  • 69 adC – Cuestor en Hispania Ulterior
  • 65 adC – Edil
  • 63 adC – Electo pontifex maximus y pretor urbano; conspiración de Catilina
  • 59 adC – Cónsul por primera vez; inicio del primer triunvirato
  • 58 adC – Comienza la campaña en las Galias
  • 54 adC – Muerte de Julia
  • 53 adC – Muerte de Craso: fin del triunvirato
  • 52 adCBatalla de Alesia
  • 49 adC – Atraviesa el Rubicón, comienza la guerra civil
  • 48 adC – Derrota a Pompeyo en Grecia; se convierte en dictador romano y cónsul por segunda vez
  • 47 adC – Campaña en Egipto, conoce a Cleopatra
  • 46 adC – Derrota a Catón y a Metellus Scipio en el norte de África; cónsul por tercera vez
  • 45 adC
    • Derrota la última oposición en Hispania
    • Regresa a Roma, cónsul por cuarta vez
  • 44 adC
    • Febrero, rehúsa la diadema ofrecida por Marco Antonio
    • 15 de marzo, asesinado

[editar] Bibliografía relacionada

[editar] Obra propia

  1. Volumen I: Libros I-II-III, 2.ª ed. revisada. 2ª Reimpresión, 1996. ISBN 9788424935474.
  2. Volumen II: Libros IV-V-VI, 2ª edición, 1996. ISBN 9788424910204.
  3. Volumen III: Libro VII, 2ª edición, 1989. ISBN 9788424910211.
  • –, Guerra de las Galias, Obra completa. Traducción a cargo de Valentín García Yebra, 2 volúmenes anotados Latín. Madrid: Editorial Gredos.
  1. Volumen I: Libros I-II-III-IV, 9ª edición revisada, 1999. ISBN 9788424933883.
  2. Volumen II: Libros V-VI-VII, 9ª edición, 1997. ISBN 9788424933890.
  • – & Autores del Corpus Cesariano, Guerra Civil; Guerra de Alejandría; Guerra de África; Guerra de Hispania, 2005. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 9788424927813.
  • –, Guerra Civil, Obra completa. Traducción a cargo de J. Calonge, 2 volúmenes bilingüe Latín. Madrid: Editorial Gredos.
  1. Volumen I: Libros I-II, 2ª edición, 1994. ISBN 9788424935306.
  2. Volumen II: Libro III, 2ª edición, 1989. ISBN 9788424935313.
  • –, Guerra Civil, Traducción a cargo de J. Calonge, un volumen anotado Latín, 6ª edición revisada, 1995. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 9788424933937.

[editar] Sobre Julio César

  1. Volumen I: Libros I-III, 1992 [1ª edición, 2ª impresión]. ISBN 9788424914929.
  2. Volumen II: Libros IV-VIII, 1992 [1ª edición, 2ª impresión]. ISBN 9788424914943.
  • Walter, Gerard, Cesar, Obra completa. La Habana: Editorial Ciencias Sociales. ISBN 956-06-0465-X.

[editar] Notas

  1. Epigráficamente, IMP·GAIVS·IVLIVS·CAESAR·DIVVS, es decir, el Divino Emperador Cayo Julio César, según el sistema de filiación (praenomen, nomen y patronimicus) de la nomenclatura romana.
  2. La fecha del nacimiento de César no aparece con claridad en ningún texto antiguo. Wilhelm Drumann, al que siguen Piganiol, Klotz y Cary, la sitúa en el año 100 adC; Theodor Mommsen en el 102, con el beneplácito de Fowler, Ferrero y Holmes. Es Jérôme Carcopino quien señala como fecha el año 101.
  3. El entronque entre la familia Julia y el legendario Yulo, lo explicita el propio César en el discurso fúnebre que pronuncia en el funeral de su tía Julia. Según Suetonio (Vida de César, 6): "Por parte materna la estirpe de mi tía tiene origen de reyes, por parte de padre está emparentada con los dioses inmortales. Pues los Marcio reyes proceden de Anco Marcio y de tal linaje ha sido su madre; y del de Venus los Julios, a cuya estirpe pertenece nuestra familia. Existe por tanto en la raza la sacralidad de los reyes, que destacan enormemente entre los hombres, y también el encumbramiento de los dioses, bajo cuya postestad están los mismos reyes."
  4. Cesar, Gerald Walter: Capítulo II pag 16. Impreso: Ediciones Ciencias Sociales ISBN 956-06-0465-X
  5. Vidas de los doce césares, Suetonio,: Capítulo I pag 24. Impreso: Ediciones Jackson, 1948 en Buenos Aires, Argentina
  6. Vidas de los doce césares, Suetonio,: Capítulo I pag 24. Impreso: Ediciones Jackson, 1948 en Buenos Aires, Argentina
  7. a b c d e f Vidas de los doce césares, Suetonio,: Capítulo I pag 25. Impreso: Ediciones Jackson, 1948 en Buenos Aires, Argentina
  8. Cesar, Gerard Walter: Capítulo 57 pag 482. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  9. Cesar, Gerard Walter: Capítulo 57 pag 483. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  10. Cesar, Geralrd Walter,: Capítulo 57 pag 484. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  11. Cesar, Geralrd Walter,: Capítulo 57 pag 485. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  12. Cesar, Geralrd Walter,: Capítulo 57 pag 486. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  13. Cesar, Geralrd Walter,: Capítulo 57 pag 487. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  14. Cesar, Gerard Walter: Capítulo 58 pag 491. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales

[editar] Véase también

[editar] Enlaces externos

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Precedido por:
Lucio Afranio y Quinto Cecilio Metelo Céler
Cónsul de la República Romana
junto con Marco Calpurnio Bíbulo

59 adC
Sucedido por:
Lucio Calpurnio Pisón Cesonino y Aulo Gabinio
Precedido por:
Lucio Cornelio Léntulo Crus y Cayo Claudio Marcelo
Cónsul de la República Romana
junto con Publio Servilio Isáurico

48 adC
Sucedido por:
Quinto Fufio Caleno y Publio Vatinio
Precedido por:
Quinto Fufio Caleno y Publio Vatinio
Cónsul de la República Romana
junto con Marco Emilio Lépido

46 adC
Sucedido por:
Él mismo sin colega
Precedido por:
Él mismo con Marco Emilio Lépido
Cónsul de la República Romana
(sin colega)
45 adC
Sucedido por:
Él mismo junto a Marco Antonio
Precedido por:
Él mismo sin colega
Cónsul de la República Romana
junto con Marco Antonio

44 adC
Sucedido por:
Aulo Hircio y Cayo Vibio Pansa Centroniano
Anterior dictador:
Lucio Cornelio Sila
Dictador de la República Romana
46 adC-44 adC