EUROPA/ESLOVAQUIA – El papa Francisco en Bratislava: “El ‘centro’ de la Iglesia no es ella misma”

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Bratislava – “Estoy seguro de que nunca se sabrá de donde viene esto. Les digo algo que pasó hace tiempo. La carta de un obispo, hablando de un nuncio. Decía: “Bueno, nosotros estuvimos 400 años sometidos por los turcos y sufrimos. Después 50 sometidos por el comunismo y sufrimos. ¡Pero los siete años con este nuncio han sido peor que las otras dos veces!”. Esta anécdota ha sido contada por el Papa Francisco, en uno de los parágrafos “improvisados” que el Pontífice ha incluido en el discurso pronunciado esta mañana, lunes 13 de septiembre, en el segundo día de su visita apostólica a Eslovaquia. El comentario ha provocado hilaridad y risas entre los reunidos en la catedral de San Martín, en Bratislava, para participar en el encuentro del Papa con obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas y catequistas de la nación centroeuropea. “¿cuánta gente puede decir lo mismo del obispo o del párroco que tiene? ¿Cuánta gente? No. Sin libertad, sin paternidad las cosas no funcionan” ha añadido el Papa Francisco.
La anécdota del nuncio “opresivo” ha sido añadida por el Papa en los pasajes del texto oficial que destacaban la libertad como rasgo distintivo de toda auténtica aventura cristiana. Toda la intervención papal se ha articulado en torno a tres expresiones – libertad, creatividad y diálogo – que el Pontífice ha esbozado como los tres rasgos que parecen más consonantes y connaturales al modus operandi de la Iglesia y a su misión de anunciar el Evangelio en el tiempo presente.
“La Iglesia no es una fortaleza” ha insistido el Sucesor de Pedro en la parte introductoria de su discurso “no es una potencia, un castillo situado en alto que mira el mundo con distancia y suficiencia”, sino más bien “es la comunidad que desea atraer hacia Cristo con la alegría del Evangelio, es la levadura que hace fermentar el Reino del amor y de la paz en la masa del mundo”. El camino propio de la misión de la Iglesia será siempre el de “ser humilde como era Jesús, que se despojó de todo, que se hizo pobre para enriquecernos. Así vino a habitar entre nosotros y a curar nuestra humanidad herida”. Sólo en el seguimiento de Cristo – ha sugerido el Papa- podemos superar el repliegue y la introversión de toda ‘autorreferencialidad’ eclesial: “El centro de la Iglesia no es ella misma” ha recordado el obispo de Roma “Salgamos de la preocupación excesiva por nosotros mismos, por nuestras estructuras, por cómo nos mira la sociedad… Adentrémonos en cambio en la vida real, la vida real de la gente”.
Por su naturaleza – ha proseguido el Papa – la novedad del Evangelio se comunica aceptando el “riesgo” de la libertad y buscando creativamente nuevas formas de anunciar la salvación prometida por Cristo en los contextos y condiciones culturales en que viven las mujeres y los hombres de cada época.
“En la vida espiritual y eclesial” ha explicado el Papa deteniéndose sobre la consonancia entre el anuncio del Evangelio y la libertad “existe la tentación de buscar una falsa paz que nos deja tranquilos, en vez del fuego del Evangelio que nos inquieta, que nos transforma. Las seguras cebollas de Egipto son más cómodas que las incertidumbres del desierto. Pero una Iglesia que no deja espacio a la aventura de la libertad, incluso en la vida espiritual, corre el riesgo de convertirse en un lugar rígido y cerrado. Tal vez algunos están acostumbrados a esto; pero a muchos otros —sobre todo en las nuevas generaciones— no les atrae una propuesta de fe que no les deje su libertad interior, no les atrae una Iglesia en la que sea necesario que todos piensen del mismo modo y obedezcan ciegamente”. La Iglesia de Cristo – ha añadido el Papa -, “no quiere dominar las conciencias y ocupar espacios, quiere ser una ‘fuente’ de esperanza en la vida de las personas”.
La característica de la creatividad como rasgo de toda obra apostólica ha sido esbozada por el Papa a través de varias referencias a la aventura misionera de los santos Cirilo y Metodio, los “apóstoles” que llevaron el anuncio del Evangelio a las tierras de Europa Oriental. “Cirilo y Metodio recorrieron juntos esta parte del continente europeo y, ardientes de pasión por el anuncio del Evangelio, llegaron a inventar un nuevo alfabeto para la traducción de la Biblia, de los textos litúrgicos y de la doctrina cristiana”. Los dos hermanos santos “fueron creativos en la traducción del mensaje cristiano, estuvieron tan cerca de la historia de los pueblos que encontraban, que hasta llegaron a hablar su lengua y asimilar su cultura. Luego el Papa ha añadido que también hoy, la tarea más urgente de la Iglesia con los pueblos de Europa es “encontrar nuevos ‘alfabetos’ para anunciar la fe”. En las tierras donde una rica tradición cristiana “permanece en el recuerdo de un pasado que ya no habla ni orienta más las decisiones de la existencia – ha proseguido el Papa – no sirve lamentarse, atrincherarse en un catolicismo defensivo, juzgar y acusar al mundo malo, no; es necesaria la creatividad del Evangelio”. Es aconsejable seguir las sugerencias del “gran creativo”, que es “el Espíritu Santo”: Y “si con nuestra predicación y nuestra pastoral no logramos entrar más por la vía ordinaria, intentemos abrir espacios diferentes, experimentemos otros caminos. Cirilo y Metodio desplegaron esta creatividad nueva, lo hicieron y nos dicen esto: el Evangelio no puede crecer si no está radicado en la cultura de un pueblo, es decir, en sus símbolos, en sus preguntas, en sus palabras, en su modo de ser. Los dos hermanos tuvieron muchos obstáculos y persecuciones, ustedes lo saben – ha proseguido el Pontífice -. Fueron acusados de herejía porque se habían atrevido a traducir la lengua de la fe. Así es la ideología que nace de la tentación de uniformar”. Mientras que el verdadero heraldo del Evangelio – ha explicado el Papa en otro pasaje añadido al texto oficial -, “es como el labrador que siembra, después se va a su casa y duerme. No se levanta para ver si crece, si brota. Dios es el que hace crecer”. En la parte final de su discurso, el Papa también ha destacado la apertura al diálogo como rasgo distintivo de toda auténtica dinámica eclesial, recordando la figura de una Iglesia que no pretende crear un “grupito selecto,” sino por el contrario “sabe dialogar con el mundo, con el que confiesa a Cristo sin que sea “de los nuestros”, con el que vive la fatiga de una búsqueda religiosa, también con el que no cree”. El recuerdo de las heridas – ha añadido el Papa, con una referencia implícita al pasado reciente de los países de Europa del Este – “puede hacer caer en el resentimiento, en la desconfianza, incluso en el desprecio, induciendo a levantar barreras ante el que es distinto de nosotros. Pero las heridas pueden ser accesos, aberturas que, imitando las llagas del Señor, dejan pasar la misericordia de Dios, su gracia que cambia la vida y nos transforma en agentes de paz y de reconciliación”. Como ejemplo de este posible milagro, el Papa Francisco ha recordado la figura del cardenal eslovaco Jan Korec , despertando los aplausos y la emoción de los presentes. Korec – ha dicho el papa Francisco – “era un cardenal jesuita, perseguido por el régimen, encarcelado, obligado a trabajar duramente hasta que se enfermó. Cuando vino a Roma para el Jubileo del año 2000, fue a las catacumbas y encendió una vela por sus perseguidores, pidiendo misericordia para ellos. ¡Este es el Evangelio! ¡Este es el Evangelio! Crece en la vida y en la historia por medio del amor humilde, por medio del amor paciente.”.