EUROPA/ESLOVAQUIA – Il Papa: el testimonio cristiano nace del triunfo de la Cruz y no sigue los caminos del “triunfalismo” mundano

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Prešov – La misión de la Iglesia no sigue los caminos mundanos del “triunfalismo” y la autoafirmación. Todo auténtico testimonio cristiano nace del misterioso triunfo de la Cruz de Cristo y lo testimonia, configurando sus formas y sus movimientos al «amor humilde» de Cristo que «es fecundo en lo cotidiano y hace nuevas todas las cosas desde dentro, como semilla caída en tierra, que muere y da fruto». Así, el papa Francisco, en la fiesta litúrgica de la Exaltación de la Santa Cruz, ha señalado una vez más el vínculo que une inseparablemente la cruz de Cristo y el camino de la Iglesia en la historia. Lo ha dicho en su homilía durante la Divina Liturgia Bizantina de San Juan Crisóstomo, que ha presidido en la ciudad de Prešov, en la plaza de la Mestská športová hala, en la mañana del tercer día de su visita apostólica a Eslovaquia.
El obispo de Roma ha señalado como el misterio de la cruz de Cristo sugiere y da forma para siempre a los movimientos con los que los cristianos están presentes y trabajan en el mundo, testimoniando a sus compañeros de viaje la salvación de Cristo anunciada en el Evangelio. El modo inédito en que el propio Misterio ha elegido revelarse sigue siendo la fuente del testimonio cristiano, que por eso mismo no puede compararse con cualquier forma de propaganda cultural, política o religiosa.
«A los ojos de la sabiduría humana, representa todo lo contrario – ha recordado el Papa al inicio de su homilía, citando a san Pablo – es “escándalo”, “locura” . La cruz era instrumento de muerte, y sin embargo de allí ha venido la vida. Era lo que nadie quería mirar, y aun así nos ha revelado la belleza del amor de Dios. Por eso el santo Pueblo de Dios la venera y la liturgia la celebra en la fiesta de hoy».
A veces – ha reconocido el Papa – también entre quienes se dicen cristianos se asoma la tentación «de no aceptar que Dios nos salve dejando que se desate sobre sí el mal del mundo». Una tentación que parece prevalecer en quienes aspiran «a un cristianismo triunfador que tenga relevancia e importancia, que reciba gloria y honor. Pero un cristianismo sin cruz es mundano y se vuelve estéril». Mientras que quienes reconocen «en Cristo crucificado la gloria de Dios», dan testimonio del dinamismo de la encarnación, que de alguna manera se desprende de los propios movimientos en los que se plasma el testimonio cristiano.
El misterio de la cruz – ha reconocido el papa Francisco – sólo puede ser recibido con gratitud – conmovido hasta las lágrimas – de quién recibe un regalo inmerecido e inimaginable. Hacer discursos sobre la cruz «no sirve de nada si no nos detenemos a mirar al Crucificado y no le abrimos el corazón, si no nos dejamos sorprender por sus llagas abiertas por nosotros, si el corazón no se llena de conmoción y no lloramos delante del Dios herido de amor por nosotros». Por esto – ha remarcado el Papa – la cruz no puede ser nunca reducida a «un objeto de devoción, mucho menos a un símbolo político, a un signo de importancia religiosa y social».
Por eso, el testimonio que nace de la contemplación del Crucificado, y que tiene su cúlmen en el martirio – ha sugerido el Papa-, nunca actúa de forma arrogante y “triunfalista”, sino que se configura y asimila a los rasgos de la Cruz. «Si se ahonda la mirada en Jesús, su rostro comienza a reflejarse en el nuestro, sus rasgos se vuelven los nuestros, el amor de Cristo nos conquista y nos transforma. Pienso en los mártires, que testimoniaron el amor de Cristo en tiempos muy difíciles de esta nación, cuando todo aconsejaba callar, resguardarse, no profesar la fe. Pero no podían, no podían dejar de dar testimonio. ¡Cuántas personas generosas aquí en Eslovaquia sufrieron y murieron a causa del nombre de Jesús! Un testimonio realizado por amor a Aquel que habían contemplado largamente. Tanto, hasta el punto de asemejarse a Él, incluso en la muerte».
En nuestro tiempo, incluso en lugares donde los cristianos no sufren persecución – ha señalado el Papa – «el testimonio puede ser socavado por la mundanidad o la mediocridad». El sello de todo testimonio auténtico no es la transformación de la cruz en «una bandera», sino la vida vivida «según el Evangelio, el de las Bienaventuranzas». El testigo de la cruz – ha proseguido el Sucesor de Pedro «no recuerda los agravios del pasado y no se lamenta del presente», «no usa los caminos del engaño y del poder mundano, no quiere imponerse a sí mismo y a los suyos, sino dar la propia vida por los demás. No busca los propios beneficios para después mostrarse devoto». Las características del testimonio cristiano, conforme a la Cruz de Cristo, son de naturaleza diferente a las de cualquier tipo de “propaganda”, dado que «el testigo de la cruz persigue una sola estrategia, la del Maestro, que es el amor humilde». Por eso, el testimonio que se transmite por ósmosis, de persona a persona, es el camino por el que la salvación de Cristo puede llegar y tocar el corazón de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. «Los testigos – ha dicho el Papa en la parte conclusiva de su homilía – engendran otros testigos, porque son dadores de vida. Y así se difunde la fe. No con el poder del mundo, sino con la sabiduría de la cruz; no con las estructuras, sino con el testimonio».