EUROPA/ITALIA – El Papa Francisco a la Iglesia de Roma: La misión es obra del Espíritu Santo, cuidado con los riesgos de una Iglesia “hecha a medida”

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Roma – La Iglesia es sinodal por naturaleza, y cumple su misión sólo si sigue dócilmente la obra presente y eficaz del Espíritu Santo, como leemos en los Hechos de los Apóstoles. Sólo así se puede superar “la tentación de ir por libre”, y de “ocupar el lugar de Dios, pretendiendo modelar la Iglesia según las propias convicciones culturales”. Como si, “habiendo subido al cielo, el Señor hubiera dejado un vacío por llenar”. Así lo ha dicho el papa Francisco, este 18 de septiembre en el Aula Pablo VI del Vaticano, hablando a los representantes de las parroquias de la Diócesis de Roma. En su extenso discurso, el Obispo de Roma ha señalado los Hechos de los Apóstoles como el texto paradigmático al que hay que ir para reconocer las fuentes y la naturaleza misma de la misión a la que está llamada la comunidad eclesial, huyendo de la perenne tentación de construir una Iglesia “a medida” y de reducir incluso las reuniones sinodales a un “parlamento diocesano”.
El discurso del Papa parte del “camino sinodal” que implica a toda la Iglesia en vista de la Asamblea del Sínodo de los Obispos de 2023. “En un viaje así – ha señalado el Pontífice – no se trata de recoger opiniones, no es una investigación, sino de escuchar al Espíritu Santo”.
El tema de la sinodalidad – ha continuado el Papa- no es un capítulo de un tratado de eclesiología, ni mucho menos una moda”, ya que la sinodalidad “expresa la naturaleza de la Iglesia, su forma, su estilo, su misión”. Así lo atestiguan los Hechos de los Apóstoles, que el Papa ha definido como “el primer y más importante ‘manual’ de eclesiología”. Un “camino común” que se realiza siguiendo las obras del Espíritu Santo, abiertos a sus sorpresas, testigos de un impulso que pone a los propios Apóstoles “en crisis, que les empuja a atreverse, a cuestionar, a reconsiderar, a equivocarse y a aprender de los errores, sobre todo a esperar a pesar de las dificultades”. “Es el Espíritu Santo –ha continuado el Papa- quien les hace descubrir la geografía de la salvación divina, abriendo puertas y ventanas, derribando muros, rompiendo cadenas, liberando fronteras”. Por ello, puede ser necesario salir, cambiar de dirección, superar las convicciones que nos frenan y nos impiden avanzar y caminar juntos.
Siguiendo el “camino hecho juntos” en el seguimiento del Espíritu Santo, los primeros Apóstoles encontraron soluciones reales a los problemas que surgían en la vida cotidiana, como cuando se decidió “designar a siete hombres que se comprometiesen a tiempo completo a la diaconía, a servir”. La obra del Espíritu Santo, en la primera comunidad, siempre creó armonía en la “confrontación entre visiones y expectativas diferentes”. “No hay que temer – ha señalado el Obispo de Roma- que esto siga ocurriendo hoy en día. Son signos de docilidad y apertura al Espíritu. También puede haber enfrentamientos que alcanzan cotas dramáticas, como ocurrió con el problema de la circuncisión de los paganos, hasta la deliberación de lo que llamamos el Concilio de Jerusalén”. En aquel primer Concilio de la Iglesia Apostólica –ha recordado el Papa- se discutió mucho. Se trataba de reconocer la libertad de la acción de Dios, y que no había obstáculos que le impidiesen llegar al corazón de las personas, fuese cual fuese su formación moral o religiosa”. Aquel sínodo concluyó con un mensaje que todavía representa la definición más eficaz del “protagonismo” del Espíritu Santo en la dinámica real de la vida de la Iglesia: “Al Espíritu Santo y a nosotros nos ha parecido bien no imponeros ninguna otra obligación” que no sea la necesaria . Sin el Espíritu –ha señalado el Obispo de Roma en uno de los añadidos al texto escrito- incluso el Sínodo acaba reduciéndose a un “parlamento diocesano”.
En realidad – ha continuado el Papa-, sólo cuando la Iglesia da testimonio, con palabras y con hechos, del amor incondicional de Dios, de su amplitud hospitalaria, expresa verdaderamente su propia catolicidad. Y es impulsada, interior y exteriormente, a cruzar espacios y tiempos. El impulso y la capacidad vienen del Espíritu”.
Un camino sinodal realizado en el seguimiento y la compañía del Espíritu Santo -ha señalado el Sucesor de Pedro, volviendo al tema central de su discurso- es reconocible porque está marcado por la escucha “de la totalidad de los bautizados, sujeto del sensus fidei infalible in credendo”, y también supera la resistencia “a superar la imagen de una Iglesia rígidamente dividida entre dirigentes y subalternos, entre los que enseñan y los que deben aprender, olvidando que a Dios le gusta dar la vuelta a las posiciones”, y que “en la historia de la salvación, todos somos ovejas respecto al Pastor que es el Señor”.
El ejercicio y el seguimiento del sensus fidei –ha aclarado el Papa- “no puede reducirse a la comunicación y a la comparación de las opiniones que podamos tener sobre tal o cual cuestión”, o a la idea “de distinguir mayorías y minorías, esto lo hace el Parlamento”. Sobre todo, el sensus fidei guiará el camino sinodal para reconocer y afirmar concretamente la predilección de Cristo por los pobres y para eliminar cualquier reducción elitista y exclusivista de la pertenencia al pueblo de Dios. Dicha pertenencia –ha aclarado el Papa Francisco- no es “un privilegio”, sino “un don que alguien recibe para todos, que nosotros hemos recibido para los demás”, para “testimoniar con hechos y no sólo con palabras las maravillas de Dios, que, si se conocen, ayudan a los hombres a descubrir su existencia y a aceptar su salvación”.
Las formas concretas de realizar este camino sinodal deben evitar la tentación de concebir y presentar las parroquias, los movimientos y las comunidades eclesiales como si fueran clubes exclusivos: “Recomiendo – ha sugerido el Obispo de Roma – que dejéis las puertas y las ventanas abiertas, que no os limitéis a tener en cuenta sólo a los que asisten o piensan como vosotros. Dejad que todos entren… Permitiros salir a su encuentro y dejad que os interroguen, que sus preguntas sean vuestras preguntas, dejad que caminéis juntos: el Espíritu os guiará”. El mismo pueblo de Roma – ha señalado el Sucesor de Pedro en la parte final de su discurso- contiene la variedad de todos los pueblos y de todas las condiciones”.