EUROPA/ITALIA – Misioneros italianos, personas que anuncian a Cristo con su vida por el mundo entero

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Roma – Hay siete mil misioneros italianos en el mundo, de los cuales unos cuatro mil son de órdenes religiosas consagradas, mientras que los tres mil restantes son voluntarios laicos. Estas son las cifras comunicadas ayer durante la Primera Conferencia de Misioneros Italianos en el Mundo celebrada en la Farnesina . La primera parte, además de los saludos introductorios, estuvo dedicada a cuestiones institucionales, mientras que la segunda parte estuvo marcada por los testimonios de los misioneros, la mayoría de los cuales se conectaron desde sus respectivos países de misión.
El Jefe de Estado expreso su agradecimiento hacia la labor de los misioneros italianos en un mensaje leído en la apertura de la conferencia por el Director General para los Italianos en el Extranjero y Políticas Migratorias, Luigi Maria Vignali, que moderó durante toda la mañana.
Mons. Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede, dijo: “La misión es saber dejar atrás las certezas para construir otras nuevas. En esta perspectiva, comprendemos aún más el tema del mensaje elegido por el Papa para la 95ª Jornada Mundial de las Misiones, «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído», y recuerda lo que movió a los apóstoles y a los primeros cristianos a ir entre las naciones y dar testimonio de lo que habían visto y oído”.
El punto central se la conferencia fueron los cinco testimonios de los misioneros y misioneras. Comenzando por la hermana Anna Molinari, hija de la caridad canosiana desde 1978, que desde entonces ha trabajado como misionera en diferentes realidades australianas. Un camino complejo, no exento de dificultades y momentos de desánimo, compuesto de muchas experiencias diferentes: desde el servicio a las comunidades italianas a los refugiados de África hasta el papel de Consejera General en la Congregación, que la llevó a viajar a las comunidades canosianas de todo el mundo, desde la India a Brasil y China. “Ser misionero no está determinado por el servicio que uno realiza o por la necesidad que atiende”, explicó la hermana Anna, “he comprendido que para mí ser misionera significa estar con Jesús, servir a Jesús, comunicar su palabra en todas partes y a todos”.
El padre Livio Maggi, del Instituto Pontificio de Misiones Extranjeras, sacerdote desde 1994, se conectó desde Yangon, en Asia. El padre Maggi, que también ha trabajado en Tailandia, se encuentra actualmente en Myanmar, donde trabaja en proyectos de cooperación en los ámbitos de la discapacidad, la educación, la inclusión social y el desarrollo agrícola en New Humanity International. “La misión es tomar el compromiso de mirar al hombre en su realidad y en sus necesidades”, explicó el padre Maggi, que en su discurso recordó la labor de los numerosos misioneros que trabajan en Asia, mencionándolos a cada uno por su nombre.
El padre Luca Bergamaschi, por su parte, intervino de forma presencial. P. Luca partió por primera vez a Perú en 1992 como laico, permaneciendo dos años como voluntario al servicio de los pobres y de las diversas obras de caridad, fue ordenado sacerdote en el 2000 y partió de nuevo a Perú en 2006, donde se encuentra hasta la fecha, primero fue párroco de Shilla y ahora de Chacas. “El misionero es como una piedrecita en el zapato de todos – dijo el padre Bergamaschi – agradezco a los pobres que me permiten aprender a amar. Para conocerlos, también nosotros debemos aprender a frecuentar las periferias”.
La hermana María Lurdes Lodi Rissini, que pertenece a la Congregación de las Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo Scalabriniana, se conectó desde Johannesburgo, África. De 1998 a 2001, la hermana sirvió en Filipinas, donde fundó una escuela y dirigió un proyecto de educación para hijos de inmigrantes. En 2007 trabajó en España en servicios sociales para personas mayores. Desde febrero de 2018 trabaja en la Conferencia Episcopal Sudafricana. “He colaborado con un centro de refugiados para mujeres y niños procedentes de guerras. Es una herramienta para que las mujeres redescubran su capacidad de hacer frente a la pobreza”, dijo, hablando también de sus experiencias con los inmigrantes en la actual situación de crisis.
Por último, desde Europa del Este, de forma online desde Ereván, en Armenia, se conectó la hermana Benedetta Carugati, de la Congregación de las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta. La hermana es licenciada en medicina y emitió sus votos en 1991. Desde esa fecha y hasta 1999 trabajó como médico misionero en el Líbano y de 2000 al 2012 en Jordania. Actualmente trabaja en el orfanato para niños discapacitados de la capital armenia: “Nuestra misión no es interesarnos por los grandes problemas políticos ni hacer grandes planes, sino encontrarnos con la gente y decirles que Dios se interesa por él, por ella”.