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Nieto Aguilar, José – Mindanao: Su Historia y Geografía

EText-No. 15334
Title: Mindanao: Su Historia y Geografía
Author: Nieto Aguilar, José
Language: Spanish
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EText-No. 15334
Title: Mindanao: Su Historia y Geografía
Author: Nieto Aguilar, José
Language: Spanish
Link: 1/5/3/3/15334/15334-h/15334-h.htm

EText-No. 15334
Title: Mindanao: Su Historia y Geografía
Author: Nieto Aguilar, José
Language: Spanish
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EText-No. 15334
Title: Mindanao: Su Historia y Geografía
Author: Nieto Aguilar, José
Language: Spanish
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EText-No. 15334
Title: Mindanao: Su Historia y Geografía
Author: Nieto Aguilar, José
Language: Spanish
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EText-No. 15334
Title: Mindanao: Su Historia y Geografía
Author: Nieto Aguilar, José
Language: Spanish
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Fernández y González, Manuel – El cocinero de su majestad – Memorias del tiempo de Felipe III

EText-No. 33275
Title: El cocinero de su majestad – Memorias del tiempo de Felipe III
Author: Fernández y González, Manuel, 1821-1888
Language: Spanish
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EText-No. 33275
Title: El cocinero de su majestad – Memorias del tiempo de Felipe III
Author: Fernández y González, Manuel, 1821-1888
Language: Spanish
Link: 3/3/2/7/33275/33275-h/33275-h.htm

EText-No. 33275
Title: El cocinero de su majestad – Memorias del tiempo de Felipe III
Author: Fernández y González, Manuel, 1821-1888
Language: Spanish
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EText-No. 33275
Title: El cocinero de su majestad – Memorias del tiempo de Felipe III
Author: Fernández y González, Manuel, 1821-1888
Language: Spanish
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EText-No. 33275
Title: El cocinero de su majestad – Memorias del tiempo de Felipe III
Author: Fernández y González, Manuel, 1821-1888
Language: Spanish
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EText-No. 33275
Title: El cocinero de su majestad – Memorias del tiempo de Felipe III
Author: Fernández y González, Manuel, 1821-1888
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Adolfo de Castro – Historia de los Judíos en España – desde los tiempos de su establecimiento hasta principios del presente siglo

EText-No. 33885
Title: Historia de los Judíos en España – desde los tiempos de su establecimiento hasta principios del present siglo
Author: Castro, Adolfo de, 1823-1898
Language: Spanish
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EText-No. 33885
Title: Historia de los Judíos en España – desde los tiempos de su establecimiento hasta principios del present siglo
Author: Castro, Adolfo de, 1823-1898
Language: Spanish
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EText-No. 33885
Title: Historia de los Judíos en España – desde los tiempos de su establecimiento hasta principios del present siglo
Author: Castro, Adolfo de, 1823-1898
Language: Spanish
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EText-No. 33885
Title: Historia de los Judíos en España – desde los tiempos de su establecimiento hasta principios del present siglo
Author: Castro, Adolfo de, 1823-1898
Language: Spanish
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EText-No. 33885
Title: Historia de los Judíos en España – desde los tiempos de su establecimiento hasta principios del present siglo
Author: Castro, Adolfo de, 1823-1898
Language: Spanish
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EText-No. 33885
Title: Historia de los Judíos en España – desde los tiempos de su establecimiento hasta principios del present siglo
Author: Castro, Adolfo de, 1823-1898
Language: Spanish
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Fray Luis de León – Después que no descubren su lucero

Después que no descubren su lucero
mis ojos lagrimosos noche y día,
llevado del error, sin vela y guía,
navego por un mar amargo y fiero.

El deseo, la ausencia, el carnicero
recelo, y de la ciega fantasía
las olas más furiosas a porfía
me llegan al peligro postrimero.

Aquí una voz me dice: cobre aliento,
señora, con la fe que me habéis dado
y en mil y mil maneras repetido.

Mas, —¿cuánto desto allá llevado ha el viento?,
respondo: y a las olas entregado,
el puerto desespero, el hondo pido.

Fray Luis de León – Del mundo y su vanidad

Los que tenéis en tanto
la vanidad del mundanal ruïdo,
cual áspide al encanto
del Mágico temido,
podréis tapar el contumaz oído.

Porque mi ronca musa,
en lugar de cantar como solía,
tristes querellas usa,
y a sátira la guía
del mundo la maldad y tiranía.

Escuchen mi lamento
los que, cual yo, tuvieren justas quejas,
que bien podrá su acento
abrasar las orejas,
rugar la frente y enarcar las cejas.

Mas no podrá mi lengua
sus males referir, ni comprehendellos,
ni sin quedar sin mengua
la mayor parte dellos,
aunque se vuelven lenguas mis cabellos.

Pluguiera a Dios que fuera
igual a la experiencia el desengaño,
que daros le pudiera,
porque, si no me engaño,
naciera gran provecho de mi daño.

No condeno del mundo
la máquina, pues es de Dios hechura;
en sus abismos fundo
la presente escritura,
cuya verdad el campo me asegura.

Inciertas son sus leyes,
incierta su medida y su balanza,
sujetos son los reyes,
y el que menos alcanza,
a miserable y súbita mudanza.

No hay cosa en él perfecta;
en medio de la paz arde la guerra,
que al alma más quieta
en los abismos cierra,
y de su patria celestial destierra.

Es caduco, mudable,
y en sólo serlo más que peña firme;
en el bien variable,
porque verdad confirme
y con decillo su maldad afirme.

Largas sus esperanzas
y, para conseguir, el tiempo breve;
penosas las mudanzas
del aire, sol y nieve,
que en nuestro daño el cielo airado mueve.

Con rigor enemigo
las cosas entre sí todas pelean,
mas el hombre consigo;
contra él todas se emplean,
y toda perdición suya desean.

La pobreza envidiosa,
la riqueza de todos envidiada;
mas ésta no reposa
para ser conservada,
ni puede aquélla tener gusto en nada.

La soledad huida
es de los por quien fue más alabada,
la trápala seguida
y con sudor comprada
de aquellos por quien fue menospreciada.

Es el mayor amigo
espejo, día, lumbre en que nos vemos;
en presencia testigo
del bien que no tenemos,
y en ausencia del mal que no hacemos.

Pródigo en prometernos
y, en cumplir tus promesas, mundo, avaro,
tus cargos y gobiernos
nos enseñan bien claro
que es tu mayor placer, de balde, caro.

Guay del que los procura,
pues hace la prisión, a do se queda
en servidumbre dura,
cual gusano de seda,
que en su delgada fábrica se enreda.

Porque el mejor es cargo,
y muy pesado de llevar agora,
y después más amargo,
pues perdéis a deshora
su breve gusto que sin fin se llora.

Tal es la desventura
de nuestra vida, y la miseria della,
que es próspera ventura
nunca jamás tenella
con justo sobresalto de perdella.

¿De dó, señores, nace
que nadie de su estado está contento,
y más le satisface
al libre el casamiento,
y al que es casado el libre pensamiento?

«¡Oh, dichosos tratantes!»,
ya quebrantado del pegado hierro,
escapado denantes
por acertado yerro,
dice el soldado en áspero destierro,

«que pasáis vuestra vida
muy libre ya de trabajosa pena,
segura la comida
y mucho más la cena,
llena de risa y de pesar ajena».

«¡Oh, dichoso soldado!»,
responde el mercader del espacioso
mar en alto llevado,
«que gozas de reposo
con presta muerte o con vencer glorioso».

El rústico villano
la vida con razón invidia y ama
del consulto tirano,
que desde la su cama
oye la voz del consultor que llama;

el cual, por la fianza
del campo a la ciudad por mal llevado,
llama, sin esperanza
del buey y corvo arado,
al ciudadano bienaventurado.

Y no sólo sujetos
los hombres viven a miserias tales,
que por ser más perfetos
lo son todos sus males,
sino también los brutos animales.

Del arado quejoso,
el perezoso buey pide la silla,
y el caballo brioso
(mirad qué maravilla)
querría más arar que no sufrilla.

Y lo que más admira,
mundo cruel, de tu costumbre mala,
es ver cómo el que aspira
al bien, que le señala
su misma inclinación, luego resbala.

Pues no tan presto llega
al término por él tan deseado,
cuando es de torpe y ciega
voluntad despreciado,
o de fortuna en tierno agraz cortado.

Bastáranos la prueba
que en otros tiempos ha la muerte hecho,
sin la funesta nueva,
de don Juan, cuyo pecho
alevemente della fue deshecho.

Con lágrimas de fuego,
hasta quedar en ellas abrasado
o, por lo menos, ciego,
de mí serás llorado,
por no ver tanto bien tan malogrado.

La rigurosa muerte,
del bien de los cristianos invidiosa,
rompió de un golpe fuerte
la esperanza dichosa,
y del infiel la pena temerosa.

Mas porque de cumplida
gloria no goce —de morir tal hombre—
la gente descreída,
tu muerte les asombre
con sólo la memoria de tu nombre.

Sientan lo que sentimos;
su gloria vaya con pesar mezclada;
recuérdense que vimos
la mar acrecentada
con su sangre vertida y no vengada.

La grave desventura
del Lusitano, por su mal valiente,
la soberbia bravura
de su bisoña gente,
desbaratada miserablemente,

siempre debe llorarse,
si, como manda la razón, se llora;
mas no podrá jactarse
la parte vencedora,
pues reyes dio por rey la gente mora.

Ansí que nuestra pena
no les pudo causar perpetua gloria,
pues, siendo toda llena
de sangrieta memoria,
no se pudo llamar buena vitoria.

Callo las otras muertes
de tantos reyes en tan pocos días,
cuyas fúnebres suertes
fueron anatomías,
que liquidar podrán las peñas frías.

Sin duda cosas tales,
que en nuestro daño todas se conjuran,
de venideros males
muestras nos aseguran
y al fin universal nos apresuran.

¡Oh, ciego desatino!,
que llevas nuestras almas encantadas
por áspero camino,
por partes desusadas,
al reino del olvido condenadas.

Sacude con presteza
del leve corazón el grave sueño
y la tibia pereza,
que con razón desdeño,
y al ejercicio aspira que te enseño.

Soy hombre piadoso
de tu misma salud, que va perdida;
sácala del penoso
trance do está metida:
evitarás la natural caída,

a la cual nos inclina
la justa pena del primer bocado;
mas en la rica mina
del inmortal costado,
muerto de amor, serás vivificado.

Defendente Sacchi – La pianta dei sospiri – con alcuni cenni su la vita e su le opere dell’autore

EText-No. 26453
Title: La pianta dei sospiri – con alcuni cenni su la vita e su le opere dell’autore
Author: 1796;Sacchi, Defendente;1840
Language: Italian
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EText-No. 26453
Title: La pianta dei sospiri – con alcuni cenni su la vita e su le opere dell’autore
Author: 1796;Sacchi, Defendente;1840
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EText-No. 26453
Title: La pianta dei sospiri – con alcuni cenni su la vita e su le opere dell’autore
Author: 1796;Sacchi, Defendente;1840
Language: Italian
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EText-No. 26453
Title: La pianta dei sospiri – con alcuni cenni su la vita e su le opere dell’autore
Author: 1796;Sacchi, Defendente;1840
Language: Italian
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EText-No. 26453
Title: La pianta dei sospiri – con alcuni cenni su la vita e su le opere dell’autore
Author: 1796;Sacchi, Defendente;1840
Language: Italian
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O. C. Vallecchi – Note biobibliografiche su Angelica Palli Bartolommei

Angelica Palli Bartolommei nacque il 22 di novembre del 1798 in Livorno, da famiglia greca che vi ebbe fermato dimora. Fino dalla tenera età mostrò ingegno svegliato, onde i suoi ch’erano agiati, volenterosi di educarla ed istruirla, nulla trasandarono: però crebbe all’amore della Grecia e dell’Italia, le sue due patrie, sorelle di gloria e di sventura: studiò il greco antico e il moderno, ed ebbe a maestro nelle lettere italiane il chiarissimo De Coureil. Intanto “le vennero a grado le greche e italiane lettere,” dice il Guerrazzi, “che potè leggere l’originale greco di Omero in quella età in cui, troppo più che non vorremmo, fanciulle italiane appena appena compitano un libro nel paterno idioma.” In poco tempo appresso tutti i nostri scrittori classici, e massime i poeti, le furono così famigliari, che riteneva nella sua ferrea memoria, anco negli ultimi suoi anni, assai squarci di molti e quasi tutta la Gerusalemme del Tasso e gran parte delle Tragedie dell’Alfieri. L’indole e il genio di lei bentosto si rivelarono; e siccome sdegnava il manierato e le bolliva la vena veramente poetica, così ella si dètte allo improvvisare, dimostrandovisi, per quanto lo comporti il poetare improvviso, valentissima, improvvisando poesie di vario argomento, e perfino tragedie, “onde per giudizio universale lei reputarono piuttosto meravigliosa che rara.” Tra queste merita menzione il Tieste, egregio lavoro, tuttochè fosse parto dell’estro estemporaneo; il quale poi venne dato in luce con pochi emendamenti.
“Posato alquanto quel ribollimento dello spirito, ella ebbe in pregio più riposati studii, ed in questi perseverò con tanta costanza, che io stesso (seguita il Guerrazzi) ve la vidi versare quotidianamente per parecchie ore, sia in città, sia in campagna; nè mai le uscì dal labbro, detto, o dalla penna, scritto, che non promuovesse il culto di quanto veneriamo quaggiù per decoro, per gentile, per buono e per bello.”
Già ella aveva levato fama di sè, e in casa Palli convenivano i più eletti ingegni a conoscerla ed ammirarla. Una sera del 1827, il Lamartine ed il Manzoni vi si trovarono, rimasero affascinati nell’udirla improvvisare intorno a’ Dolori di Saffo, nè poterono astenersi dall’obbedire all’estro da essa suscitato negli animi loro: anzi vollero lasciarle per ricordo d’ammirazione alcuni versi che ciascuno nella propria lingua improvvisò a lode di lei “novella Saffo.”
Fu sposa a Giampaolo Bartolommei, gentiluomo, patriotta provato, facoltosissimo: “e quando arrise speranza di fati men tristi alle fortune afflitte della Patria, ella non distolse già il marito dal proposito di accorrere sulle pianure lombarde a combattere quella guerra, che allora senza eccezione da tutti celebravasi santa, e più da quelli che valicato ormai il confine ultimo dell’umana turpitudine la vilipendono adesso. Infamia di secolo che vince in abbiettezza il paragone d’ogni più vile metallo! Certo a Giovampaolo Bartolommei non faceva punto mestieri eccitamenti: tuttavolta glieli diè la consorte, diversa in questo dall’antica Andromaca e più animosa di lei; nè si ristette qui, che tolto seco l’unico e dilettissimo figlio, lasciando le morbidezze di vivere opulento, si condusse a perigliare sulle orme del marito, affinchè il figliuol suo si educasse di vista nei paterni esempi ad operar fortemente per la Patria. E quando per disposizione dei cieli, o come credo piuttosto per punta virtù nostra, le italiane sorti di liete mutaronsi in lagrimevoli; la egregia Donna non disperò, bensì cheta cheta, senza iattanza, condusse il figlio in Piemonte, e quivi lo arruolò semplice soldato nell’esercito che unico drappella adesso la insegna italiana. Stanziata a Torino, ella si mostra cortese di consiglio e di aiuto a quanti giovani toscani, e non sono pochi, si avviarono colà pel medesimo scopo: onde a molti di loro lontani dalle paterne case non sembra avere lontana la madre; chè lo affetto in lei per espandersi che faccia non menoma di calore e di luce.” Così parlava il Guerrazzi di lei, a cui volle dedicata La battaglia di Benevento.
Intrinsichezza di amicizia vera e schietta ella ebbe con G. B. Niccolini (di cui si conservano le lettere a lei indirizzate, alcune delle quali pubblicò il Vannucci); corrispose a lungo con lo Champollion, il quale pure le dava sovente relazioni dell’Egitto superiore in molte lettere pregevolissime. Quasi tutti i più insigni letterati furon conosciuti da lei, perchè tutti bramavano conoscerla: e Giuseppe Giusti e Francesco Domenico Guerrazzi e Carlo Bini furono ammirati del suo ingegno e delle sue virtù. Nè solo nelle italiane e nelle greche lettere era versatissima, delle quali fu sommo decoro; ma pure ebbe familiare la francese letteratura tanto da scrivere sotto la veste di essa alcuni drammi, e tenne in sommo pregio, la letteratura inglese di cui era cultrice assidua, ammiravane i poeti Shakespeare e Byron.
Tanta copia d’ingegno e tanta dovizia d’istruzione furono in lei quasi splendida cornice di un superbo quadro: perocchè Angelica Palli Bartolommei ebbe in singolar maniera elette le qualità dell’animo, forte, schivo di bassezze, di piaggerie; ed insieme d’una modestia senza pari, benevolo, dolce, affettuoso: tale insomma che la resero cara a tutti quanti la conobbero. La sventura, da cui venne per lunga stagione provata, fe’ spiccar sempre più la forte tempra del suo animo, alto, virile, nobilissimo. Chè quando la cospicua fortuna Bartolommei andò in fondo (al che per gran parte contribuirono le ingenti somme profuse a sovvenire la guerra della indipendenza del 1848-49), – ella non ismentì sè medesima. Nessuno le udì mai uscire della bocca un rimpianto del tempo lieto: e dopo che l’amato consorte, tuttora in fresca età, era morto, ella si confortò nell’amore del suo diletto figlio Luciano e in quello del suo affettuoso fratello Michele Palli.
“Delle opere di lei piacemi (parla il Guerrazzi) rammentarne sol due: l’Alessio ch’ella dettò per sovvenire alla Grecia pericolante nelle fiere fortune della guerra turchesca, e il libro non ha guari stampato a Torino per sovvenire alle fortune pericolanti dell’Italia.(1) Non senza speranza però di possibile riscossa, conciossiachè come patria ella amasse Italia e Grecia; questa perchè vi nacquero i suoi, quella perchè a lei diede vita: e certo ella non potea sortire dai cieli Patrie che più fossero degne di amore, nè più sventurate. Consiglio non solamente buono, ma caritatevole altresì, io per me non dubito dichiarare quello che indusse la onoranda Signora a comporre l’ultimo libro intorno ai costumi delle donne;(2) avvegnadio far pressa che leggi mutinsi e stato, è nulla, se prima il costume non mutisi: e grande cosa paia questa, che, mentre tutti si affannano a tutto mutare per di fuori, nessuno attenda a mutar niente in sè stesso….”
Troppo lungo sarebbe enumerare i lavori in prosa ed in verso, onde Angelica Palli Bartolommei arricchì il patrimonio delle patrie lettere. Trattò la lirica con affetto e con estro maravigliosi; ma per la sua innata modestia che non le faceva tener conto delle cose sue, esse furono stampate in mille e diversi giornali e in tempi differenti senza pur conservarne copia, sicchè accurate ricerche e diligenze infinite occorreranno a radunar le frondi sparte. Forse, o che io m’inganno, la lirica meglio ch’ogni altro genere fu da lei trattato, come più consentaneo alle ali del suo genio spregiatore di pastoie: e pure erano le liriche quelle, alle quali pareva c’affidasse meno sua fama, appunto per la facilità, onde la Musa le andava dentro dettando. Scrisse molti drammi, tra’ quali, oltre al Tieste testè rammentato, si vuol ricordare Buondelmonte, Saffo, Corinna, tutti e tre già editi, e Deifira ed altri molti inediti; i quali sono pregevoli, vuoi pel verso armonioso, vuoi per affetto patrio che suscitano, vuoi per caratteri bene delineati, vuoi per situazioni ed intreccio non comuni: ma che forse mancano del così detto effetto scenico. Più ancora ardua impresa riuscirebbe fare una rassegna dei suoi lavori in prosa tanti e diversi uscirono (perfino negli ultimi giorni di vita) dalla sua penna infaticabile: solo pe’ conforti di chi scrive questi cenni s’indusse proprio agli ultimi suoi mesi a raccogliere alcuni racconti già editi, e riunirli in un volume, come appunto escono oggi per le stampe. Anzi, quasi presagisse del suo prossimo fine, voleva raccomandato all’Editore ne affrettasse l’opera, “perchè altrimenti, diceva, non farebbe in tempo.” Questi suoi Racconti (così da lei intitolati, ma che sono veri romanzi) hanno stupende situazioni drammatiche, pitture di caratteri squisite; scevri di retorica e digressioni, bene coordinati allo scopo e per ordinario brevi, corrono rapidi ad un facile scioglimento. Sempre ornato e poetico e nobile lo stile, quindi non popolare: non affettato, non smanierato, ma chiaro e scorrevole, sebbene alquanto negletto: onde è che se nella forma ha qualche menda, ciò avviene o per difetto di lima o per ispregio della ricercatezza. Ma sventuratamente le incolse la morte, quando appena se ne erano stampate poche pagine.(3) – Negli ultimi mesi di sua vita, come se volesse tutta raccogliersi nel pensiero della morte, intese a far la traduzione del Cimitero campestre del Gray, che poi pubblicò.(4) È questa una delle sue più squisite liriche, mentre è la traduzione più fedele di quante siano state fatte fino ad ora di quella Elegia divina: anzi ne diceva, esserle costata gran fatica, perchè volle conservare nel verso italiano il ritmo e il metro pressochè uguali del testo inglese. Molte poesie lasciò inedite, e liriche e drammatiche: la traduzione di due tragedie dello Shakespeare: Macbeth e Il sogno di una notte d’estate; due o tre drammi scritti in francese, e la traduzione assai accurata delle Contemplazioni di Vittor Hugo, di cui alcune andarono già stampate in varii giornali. Importantissima poi per il patrimonio letterario tornerà la raccolta e il riordinamento delle lettere e da lei scritte e a lei dirette da illustri uomini, quali il Mazzini, G. B. Niccolini, il Guerrazzi e lo Champollion. Per ultimo ne preme trascrivere il bel sonetto che dettava dal suo letto di morte,(5) per dimostrar come nè l’età nè la sventura nè le sofferenze, avessero per nulla offuscato in lei la potenza dell’ingegno nè la fervida fantasia nè l’alto sentire.

EPIRO E TESSAGLIA.

Tessale valli, ove echeggiar s’udìo
L’inno di Riga, Epiro, oh tu, che il santo
Làbaro ergesti fra le rupi, ov’io
Sull’ali del pensiero errai cotanto;

Quando, lassa, darò l’ultimo addio
Ai miei cari, alla terra, al sole, al canto,
Liberi ancor voi non sarete: il rio
Giogo vi preme, e il tempo scorre intanto.

Sperai vicina la fulgente aurora
Di libertà; ma, oh Dio! su l’orizzonte
Folta, profonda, è la tenèbra ancora.

Ride l’Europa ai vostri danni, all’onte;
E mentre sull’altar la Croce adora,
L’armi in aita al Musulmano ha pronte.

Questo fu l’ultimo canto: come una sera degli anni scorsi aveva recitato l’ultimo suo canto improvviso, in geniale conversare in mezzo a’ suoi amici, con un sonetto sulla insurrezione dei generosi, ma sventurati e derelitti Cretensi, del quale rincresce che non rimanga traccia. – Angelica Palli Bartolommei morì il 6 di marzo 1875: la città di Livorno sua patria ne menò sincero, universale cordoglio: spontanee le funebri onoranze, cui tutti i cittadini di ogni condizione e d’ogni ceto parteciparono.

O. C. VALLECCHI.

Francesco Petrarca – Fiamma dal ciel su le tue treccie piova

Fiamma dal ciel su le tue treccie piova,
malvagia, che dal fiume et da le ghiande
per l’altrui impoverir se’ ricca et grande,
poi che di mal oprar tanto ti giova;

nido di tradimenti, in cui si cova
quanto mal per lo mondo oggi si spande,
de vin serva, di lecti et di vivande,
in cui Luxuria fa l’ultima prova.

Per le camere tue fanciulle et vecchi
vanno trescando, et Belzebub in mezzo
co’ mantici et col foco et co li Continua la lettura di Francesco Petrarca – Fiamma dal ciel su le tue treccie piova